Circuito Centro de La Noche en Vela
Obelisco, Av. Corrientes y Av. de Mayo – San Telmo
SABADO 26 DE MARZO
CULTURA TODA LA NOCHE
Actividades gratuitas desde la 19:00 hasta las 07:00 horas.
Av. Corrientes y 9 de Julio
LA HORA DEL PLANETA: En el marco de la acción global de lucha contra el cambio climático, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación Vida Silvestre adhieren a esta propuesta que invita a ciudades de todo el mundo a apagar las luces de edificios y monumentos emblemáticos durante una hora. Espectáculo producido en conjunto por el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público.
20:15 horas: ELENA ROGER: La extraordinaria artista argentina que triunfa en el mundo dará inicio con sus canciones a La hora del planeta.
20:30 horas: Conteo y apagado de luces.
TAIKOS: Show de percusión de tradicionales tambores japoneses.
LIGHT TRIP (Fragmentos): Performance de la compañía Babel que utiliza láser, leds, electroluminiscencia, bailarinas y actores, dentro de un juego de percepciones en vivo. Dirección: Darío Pedreira.
21:30 horas: FUEGOS ARTIFICIALES
Obelisco | Av. Corrientes y 9 de Julio
21:45 horas: INSTALACIÓN LUMÍNICA SOBRE EL OBELISCO
Intervención con proyecciones sobre dos caras del Obelisco a cargo de Luca Ruzza, arquitecto y escenógrafo italiano residente en Roma. Artista de alto nivel internacional, el dibujo, la arquitectura y la alta tecnología en sistemas son los principales focos de interés de sus propuestas.
22:00 horas: ORQUESTA SINFÓNICA DE MOSCÚ
Teatro Presidente Alvear | Corrientes 1659
19:00 a 07:00 horas: LA DELICADA FRAGANCIA DEL AMOR EN LOS BOSQUES DE CAÑUELAS.
Instalación de Martín Calcagno realizada con árboles y troncos tallados en madera, con mensajes de amor, odio o displicencia. Estas marcas son testigos de momentos significativos que quedan plasmados en las cortezas de los árboles.
Teatro General San Martín | Av. Corrientes 1530
19:00 horas: MÚSICA EN EL HALL: D’Coté (TANGO)
GALERÍA SOLAR DE THISISNOTAGALLERY: Módulo urbano, externo y transportable, que decide acercar el arte a la gente, compartiendo, de una manera imprevista y original una obra de videoarte en el espacio público. ThisIsNotAGallery, gracias al uso de la energía solar, además de promover el arte y sus artistas, intenta promover el uso de energías renovables y limpias para el cuidado del planeta.
Corrientes y Callao – ESCENARIO DEL TANGO
Milonga en la calle. Clases, exhibiciones y conciertos
20:00 horas: DOCUMENTALES TANGUEROS
22:30 horas :D J TANGO Y CLASES DE BAILE
00:00 horas: MARIA JOSE DEMARE QUINTETO
00:40 horas: HOMENAJE A LOS MAESTROS MILONGUEROS
01:00 horas: SEXTETO MILONGUERO
02:00 horas: EXHIBICIÓN DE BAILE
02:30 horas : LOS REYES DEL TANGO
03:30 horas: MORA GODOY
04:30 horas: MILONGA LIBRE
05:30 horas: DESAYUNO TANGUERO: El Gato Negro | Av. Corrientes 1669
21:30 horas: JULIO LACARRA Concierto de folclore argentino: Petit Colón | Libertad 505
01:30 horas: FEDERICO MIZRAHI TRIO
02:30 horas: BORGES Y EL INFINITO TANGO Dialogo entre la poesía y la música a cargo de Ingrid Pellicori y Antoliano Rojas.
03:30 horas: aNA MORAITIS Concierto de música griega.
Casa de la Cultura | Av. De Mayo 575
19:00 a 07:00 horas
AUGUSTO ZANELA: Plano: Instalación anamorfótica en el Pasaje de los Carruajes de la Casa de la Cultura. Un paisaje urbano trazado con la técnica de deformación de imágenes (anamorfosis), se reconstruirá sobre una pantalla en tiempo real donde el espectador se verá involucrado.
LEONARDO GOTLEYB: Ya-caré-cito. Video instalación. Los ojos del yacaré, animal en extinción del noreste argentino, nos muestran a su presa evidenciando la fragilidad de la condición humana.
21:00 horas: EL TANGO, ESCENARIO VERTICAL. Horacio Ferrer, Guillermo Fernández, Pablo Agri, Julián Vat, Valeria Lima, Paula Parrondo, Víctor Nieva, Juan Pablo Navarro y Lautaro Greco.
Escenario Plaza de Mayo | Bolívar y Av. De Mayo
22:00 horas: LA CLAVE. Espectáculo de murga uruguaya.
00:00 horas: BABEL ORKESTA
01:00 horas: COPLANACU
Av. De Mayo 600 al 900
19:00 a 07:00 horas: ZOO DIGITAL. Videoinstalaciones que utilizan como soporte los kioscos de diarios y revistas.- María Antolini. GONG. – Mariano Ramis. TODAS LAS PALABRAS SON EXTRANJERAS ENTRE SÍ -
Gabriela Golder: VACIO – Toia Bonino: EL JARDÍN DE LAS DELICIAS – Matilde Marín: ALERTA
Hotel Castelar | Av. De Mayo 1152
20:15 y 21:30 horas: ESCRITORES Y PERSONAJES DE LA AV DE MAYO. Una original visita guiada que combina, teatro música y literatura en dos caminatas inigualables por los rincones ocultos de la emblemática Avenida de Mayo en la que vivieron y se inspiraron famosos literatos.
Banco de la Nación | Av. Rivadavia 317, esquina 25 de Mayo
23:15 y 00:30 horas: ESCRITORES Y PERSONAJES DE LA AV DE MAYO
Palacio Barolo | Av. de Mayo 1370
00:00 horas: VITRIOL Adaptación teatral del Purgatorio de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri.
Av. De Mayo 640 | 19:00 a 07:00hs
ARTIFICIA. Video juego gigante. Mapping interactivo con la funcionalidad de un videojuego multijugador, que invita a los espectadores a realizar diferentes acciones mecánicas, a partir de las cuales se obtiene una respuesta virtual. Tomamos como plataforma la arquitectura urbana, convirtiendo el escenario en una experiencia lúdica a gran escala, generando una nueva interfaz entre realidad y virtualidad.
Producido por Universidad Maimónides.
Bar Hotel Castelar | Av. de Mayo 1148/50
22:00 horas: JOSI DIAS – GABRIEL RIVANO Concierto de música brasileña.
00:00 horas: DANIELA HOROVITZ Concierto de jazz, bossa nova y otros géneros
London City | Av. de Mayo 599
21:00 horas: BRIAN CHAMBOULEYRON Concierto de tango.
23:00 horas: PABLO PORCELLI Concierto de jazz.
01:00 horas: MIRIAM MARTINO Concierto de música Latinoamericana
02:30 horas: AMORES PERROS. Programa de Radio de la Ciudad en el que se cuentan puntualmente historias de amor de distintas personalidades, con un enfoque periodístico y de investigación.
36 billares | Av. de Mayo 1265
01:00 horas: ADRIÁN BIRLIS Concierto de latin jazz
Bar Británico | Brasil 399
21:00 horas: FABIO ZINI Concierto de guitarra
Bar Iberia | Av. de Mayo 1196
23:00 horas: HECTOR ROMERO / NICO DEL CID Espectáculo de flamenco.
00:30 horas: JAQUELINE SIGAUT Concierto de tango.
02:00 horas: ELÍAS ESPIL Concierto de flamenco arábigo.
MAMBA *| Av. San Juan 350
19:00 a 07:00 horas: PARASITOPHONÍA / MUSICA PARA EDIFICIOS
19:00 a 22:00 horas: ARTISTAS TRABAJANDO Artes visuales para chicos y artistas en vía pública.
* El museo permanecerá abierto toda la noche.
CCEBA sede Balcarce (Ex Padelai) | Balcarce 1150
19:00 a 07:00 horas: IMÁGENES COMPARTIDAS Muestra retrospectiva. Instalación urbana y proyecciones sobre las relaciones entre el cine argentino y el español.
Museo de la Ciudad | Defensa 219
21:00, 23:00 y 01:00 horas: VISITAS GUIADAS DE 1810
Visitas con actores vestidos de época en los balcones del edificio de Los Altos de Elorriaga.
Casa de Elorriaga | Defensa y Alsina
19:00 a 07:00 horas: BAR DE ÉPOCA
Ambientación de un café de los años 1820 y 1830. Degustación de comidas típicas.
Pasaje Giuffra y Balcarce
20:00 y 23:00 horas: MOEBIUS. Proyección al aire libre del film argentino dirigido por Gustavo Mosquera R. en 1996. En una Buenos Aires futura, el subterráneo se agigantó a niveles desconocidos y uno de los trenes se desvanece en el espacio y en el tiempo.
Casa del Virrey Liniers (Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico) | Venezuela 469
ALVERVERÁS Intervención audiovisual del paisaje urbano.
Proyección de imágenes y sonidos sobre la fachada de la Casa de Liniers y medianeras de edificios lindantes que buscan reactivar la reflexión sobre el espacio urbano público y su estatuto artístico.
20:00, 22:00, 00:00 y 02:00 horas: HISTORIAS DE AMOR EN VELA
Caminata por las calles del Casco Histórico recordando las historias más románticas de nuestra historia argentina y porteña.
Punto de Encuentro: Patio de la Casa de Liniers, entrada por Bolívar 462 .
Club Burton | Estados Unidos 700:
20:00 horas: PRESENTACIÓN DE LAS ACTIVIDADES DEL CELG
El Centro de Estudios de Literatura Geográfica (CELG) fue fundado por un grupo de viajeros provenientes de diversas disciplinas y reunidos bajo la premisa de integrar talleres consagrados a la investigación, la lectura, el análisis y la producción de literatura geográfica. En este encuentro los responsables del CELG presentarán los módulos de estudio, los cursos, los talleres de lectura y escritura, las actividades y las publicaciones estipuladas para el año en curso.
19:00 a 01:00 horas:IGLESIAS EN VELA
Actividades culturales y religiosas en los templos históricos del centro porteño. Una muestra de la diversidad religiosa y cultural de las comunidades inmigrantes.
Basílica Nuestra Señora del Rosario (Católica Apostólica Romana) | Av. Belgrano y Defensa
Parroquia San Ignacio (Católica Apostólica Romana) | Bolívar y Alsina
Iglesia Presbiteriana de San Andrés (Escocesa) | Av. Belgrano 575
Iglesia Luterana Dinamarquesa | Carlos Calvo 257
Catedral Anglicana San Juan Bautista | 25 de mayo 282
21:00 a 00:00 horas: Catedral Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad | Brasil 315
Bares Notables que ofrecerán desayuno al cierre de La Noche en Vela a partir de las 07:30 horas
36 BILLARES | Av. De Mayo 1265/71
BAR IBERIA | Av. De Mayo 1196
HOTEL CASTELAR | Av. De Mayo 1048//50
PETIT COLON | Libertad 505
BAR BRITÁNICO | Brasil 399
BAR EL FEDERAL | Carlos Calvo 599
BAR LA POESÍA | Chile 502
Establecimientos gastronómicos que adhieren y ajustan sus horarios a las actividades de La Noche en Vela
ESTACIÓN PLAZA | Av. De Mayo 702
AM CAFÉ | Av. De Mayo 937
CAFÉ RITZ | Av. De Mayo 1101
MOVING BAR | Av. De Mayo 1119
NUEVO LIDO’S BAR | Av. De Mayo 1341
DE CLOVER | Av. De Mayo 1357
EL SITIO | Av. De Mayo 1354
LA COLONIAL | Alsina 302
LA CAMBUSA | Alsina 431
LALO | Montevideo 353
CHIQUILIN | Sarmiento 1599
PIPPO | Montevideo 341
PEPITO | Montevideo 383
EL PALACIO DE LA PAPA FRITA | Av. Corrientes 1612
SUIPACHA | Suipacha 425
BANCHERO Centro | Corrientes 1300
EL PALACIO DE LA PIZZA | Av. Corrientes 751
GÜERRIN | Corrientes 1368
LAS CUARTETAS | Corrientes 838
Hasta las 3 de la mañana.
EL GAUCHO | Lavalle 870
No extiende su horario
SATTVA | Montevideo 446
No extiende su horario
EVA BISTRO | Av. De Mayo 714
No extiende su horario
La Continental | Defensa y Chile
Hasta las 3 de la mañana.
La Continental | Avda.de Mayo 1389
Hasta las 3 de la mañana.
Circuito Norte de La Noche en Vela
Recoleta| Palermo
SABADO 26 DE MARZO
CULTURA TODA LA NOCHE
Actividades gratuitas desde la 19:00 hasta las 07:00 horas.
Clásica y Moderna | Av. Callao 892
00:30horas: Tangos y Susurros: Historia de amor enlazada con poesía argentina y tangos. Dirección: Mónica Maffia. Tenor: Mario Solomonoff. Música: AnÍbal Zorilla. Poemas: Ingrid Pellicori.
01:30 horas: ALFREDO PIRO: Presenta el espectáculo musical “Guitarra Negra”.
Callao 1040 y 1066
19:00 a 07:00 horas: LEO NÚÑEZ
Intervención lumínica sobre cabinas de teléfonos: En la era de las comunicaciones, las formas de intercambio de información se transforman rápidamente, tendiendo hacia la masividad, la compresión y la velocidad. Las cabinas telefónicas se extienden en la ciudad como recuerdos del momento en que la telefonía celular no era un recurso masivo. Hoy, las necesidades de comunicación son variadas y las cabinas ampliarán sus servicios a espacios multimediales. Producido por Fundación Telefónica.
Biblioteca Ricardo Güiraldes | Talcahuano 1261
23:00 a 02:00 horas: NOCHE GÓTICA
Actuación de la banda electro-gótica “Lacrima in Vitro”. Lecturas de autores del romanticismo y género de terror. Cosplay, desfile performático de jóvenes interpretando personajes del cómic.
Cementerio de la Recoleta | Junín 1760
Desde las 21:00 horas: MAPPING 3D SOBRE EL CEMENTERIO
“Paradojas sobre el muro”, a cargo de La Doble A. Dirección: Joaquín Marques, Francisco Alcaro y Esteban Sapir. Producción: Emiliano Riasol.
Se abren los muros del Cementerio de la Recoleta a través de proyecciones tridimensionales musicalizadas. Con la Dama de Blanco como guía, se recorren sus calles, realzando su patrimonio escultórico y arquitectónico.
Centro Cultural Recoleta | Junín 1930
19:00 horas: LECTURAS + MÚSICA
Palabras y baile, historias y sonidos, experiencias y fantasías. Imaginación, color. Escuchar y formar parte de la belleza y la sorpresa. A cargo de Cecilia Szperling, con autores y músicos invitados.
21:00 a 23:00 horas: CONCURSO DE MICROFICCIÓN: UNA NOCHE, UN TWEET, UN CUENTO
Un jurado integrado por Marina Mariasch, Daniel Molina y Diego Erlan seleccionará, en base a la calidad literaria y la originalidad del texto, los mejores microcuentos en formato Twitter que lleguen entre las 21 y las 23 horas del 26 de marzo con el hashtag #una noche.
Plaza Francia | Av. Del Libertador y Pueyrredón
19:00 horas: ENCUENTRO DE COROS POR LA PAZ
Formaciones corales reunidas en ADICORA despliegan un repertorio que tiene como denominador común la revalorización del concepto de la paz para la convivencia mundial.
19:30 a 00:00 hs:MÚSICAS ANFIBIAS, SONORIDADES EXTRAÑAS, ACCIONES HÍBRIDAS
Recital de bandas de música experimental: Random Select, Sahlieh/Grinenco, Enjambre de Guitarras, FOTO
, Buenisssimo, PROYECTO GÓMEZ CASA
Plaza San Martín de Tours | Eduardo Schiaffino y Posada
00:00 horas: CIUDANZA
6 obras de danza contemporánea. Duración total 90’
Degas-móvil (Dirección: Alejandro Cervera)- 15 (Dirección: Manuel Attwell)- Tal vez a causa del vestido (Creación e interpretación: Valeria Martínez)- Rota (Dirección: Emanuel Ludueña) – Tierra y Cemento (raíces)
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Circuito Sur de La Noche en Vela
La Boca | Barracas | Villa Lugano
SABADO 26 DE MARZO
CULTURA TODA LA NOCHE
Actividades gratuitas desde la 19:00 hasta las 07:00 horas.
Fundación PROA | Pedro de Mendoza 1929
20:00 a 00:00 horas
SOMBRAS COMPLEMENTARIAS
Jorge Pastorino, La Linterna Mágica y a77.
En el marco del Centro Cultural Nómade, Jorge Pastorino realizará un espectáculo de luces sobre Maman, monumental escultura de la artista Louise Bourgeois. Al inicio de la actividad, se proyectará la película “El pibe”, de Charles Chaplin, en un espectáculo al aire libre, con música en vivo, a cargo de La Linterna Mágica.
Centro Metropolitano de Diseño | Villarino 2498
19:00 a 00:00 horas
MUESTRA DE VESTIDOS DEL BICENTENARIO
La muestra exhibe los vestidos de doce diseñadores contemporáneos que reinterpretaron la moda de Buenos Aires desde 1910 hasta la actualidad. Desde la Belle Epoque hasta la crisis de 2001, cada diseñador representó una época, reflejando el funcionamiento de la sociedad y evidenciando en cada prenda su identidad personal.
Bar Los Laureles | Iriarte 2290
21:30 horas: EMILIANO Y LAUTARO GRECO – Concierto de tango.
23:30 horas: CECILIA BONARDI – Concierto de tango.
01:30 horas: KARINA BEORLEGUI – Concierto de tango y fados.
Pasaje Lanín 33
19:00 a 21:00 horas: A PINTAR EN LA CIUDAD
Cada chico de entre 3 y 12 años podrá realizar su obra en pintura collage modelado o mosaico. Para la actividad contará con su caballete y materiales.
21:00 horas: BABEL ORKESTA
Babel Orkesta da cuenta de la convivencia de culturas variadas y promueve el respeto a las identidades culturales. Alienta la integración social de distintas colectividades, explorando las relaciones y la dinámica que se da entre comunidades. Babel busca ponerle música a las historias contadas de padres a hijos y de abuelos a nietos; ser la banda de sonido de la tradición oral; retratar las costumbres, la atmósfera de las fiestas populares y las orquestas itinerantes. Literalmente poner a bailar a los ancestros que llevamos dentro.
22:00 a 07:00 horas: ESTANDARTES DE ARTISTAS
Se expondrán estandartes de autor en los balcones de los edificios de la calle Lanín.
En Espacio efímera | Lanín y Bransend
ACCIÓN DE STREET ART: GROTHESQUE + RCF1: Grothesque es Lucas Cruz, argentino, nacido en 1980. Vive y trabaja en Buenos Aires. Compone sus obras moviéndose cómodamente en la ilustración, la pintura y el street art. Define su trabajo como la evolución de personajes y mundos oníricos en un contexto psicodélico y oscuro que permanentemente va mutando dependiendo de lo versátil que puede ser una inquietud o un impulso.
INTERVENCIÓN EN LOS FRENTES DE LAS CASAS: Durante toda la jornada, Marino Santa María y su equipo intervendrán los frentes de las casas con mosaico y a la vista del público.
PROYECCIONES: En pantalla y sobre los muros de dibujos realizados por artistas nacionales
00:00 a 02:00 horas: ESTÉNCIL DE MARINO SANTA MARÍA: La imagen de Carlos Gardel o de la obra abstracta de Santa María será impresa sobre papel por los asistentes y entregada en forma gratuita con la firma del autor.
Barrio General Savio | Soldado de la Frontera y Uriburu
19:00 horas: PLAZA DE ÁNGELES
Les Estudies de Cirque de Marseille. Dirección: Ana Rache y Stephane Girard.
Espectáculo con acróbatas aéreos, un ángel inflable de 15 m3, una tempestad de una tonelada de plumas, luces y sonido. Blancos ángeles acróbatas van invadiendo lentamente el cielo sobre hilos invisibles y comienzan a lanzar miles de plumas hasta llenarlo de nubes blancas. Antes de llegar al suelo, las plumas acarician suavemente a la multitud. Finalmente ocurre la erupción: propulsadas, dando vueltas con carruseles o cayendo en cascada, las plumas transforman el lugar como si se tratara de una mágica exhibición de fuegos artificiales.
Parque de la Ciudad | Av. Escalada 4502
19:00 a 07:00 horas: CHRISTIAN WLOCH
Acción lumínica sobre la Torre del Parque de la Ciudad.
La acción consiste en una modulación de haces de luz con dispositivos robóticos y lumínicos de última generación que se proyectarán sobre la torre y hacia múltiples direcciones de la ciudad. Los haces lumínicos tendrán movimiento en relación al edificio y se irán modificando a lo largo de toda la noche y podrán ser vistos a gran distancia y desde diversos puntos de la ciudad.
Anfiteatro Barrio Copello | Av. Dellepiane Norte 4900
20:00 horas: ENSAMBLE GUITARRAS DEL SUR
Formación integrada por participantes de los Centros Culturales Barrio Copello, CEPNA y Juan Carlos Castagnino de Villa Lugano, y Eladia Blázquez de Villa Soldati)
Dirección: Nelson Fistolera.
21:00 horas: ORQUESTA ZAP
Concierto de la agrupación musical dirigida por Claudio Spector, perteneciente al Proyecto Orquestas Infantiles y Juveniles del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
Actualmente, cuenta con diecisiete orquestas distribuidas en los barrios porteños de Villa Lugano, Flores Sur, Parque Avellaneda, Mataderos, Retiro, Barracas, La Boca, Constitución y Balvanera y el número de niños y jóvenes participantes asciende a mil cuatrocientos.
Bares Notables que ofrecerán desayuno al cierre de La Noche en Vela a partir de las 07:30 horas
LOS LAURELES | Iriarte 2290
Establecimientos gastronómicos que adhieren y ajustan sus horarios a las actividades de La Noche en Vela
LA FLOR DE BARRACAS | Av. Suárez 2095
LA DESPENSA | Isabel la Católica 310
POTENZA | Av. Montes de Oca 778
FLORA | Av. Suárez 1618
ARRABIATA | Isabel la Católica 470
PARRILLA LANIN | Av. Suárez 1999
FILIBERTO | Magallanes 826
LA YUNTA DE CAMINITO | Magallanes 854
LA BARRICA | Magallanes 845
BANCHERO Boca | Almirante Brown 1200
jueves, 17 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
Nueva editorial de poesía
Información tomada del perfil de facebook de Claudia Masin
Se viene Curandera! Con Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik y Soledad Castresana creamos esta nueva editorial de poesía, aquí la invitación para la presentación de nuestro primer título.
El primer libro de Curandera Ediciones será HIJA DE PERRA, primera edición en la ... Argentina de un libro de culto de Malú Urriola, escritora chilena cuya poética, de una rara intensidad, ha marcado -y marca- la poesía chilena y latinoamericana contemporánea. Los invitamos a escuchar a Malú leyendo sus textos el JUEVES 7 de ABRIL en ACEVEDO 1031, entre Jufré y Lerma, Palermo, a las 19,30 hs. Habrá poesía, brindis y festejo. Les agradecemos la difusión.
Se viene Curandera! Con Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik y Soledad Castresana creamos esta nueva editorial de poesía, aquí la invitación para la presentación de nuestro primer título.
El primer libro de Curandera Ediciones será HIJA DE PERRA, primera edición en la ... Argentina de un libro de culto de Malú Urriola, escritora chilena cuya poética, de una rara intensidad, ha marcado -y marca- la poesía chilena y latinoamericana contemporánea. Los invitamos a escuchar a Malú leyendo sus textos el JUEVES 7 de ABRIL en ACEVEDO 1031, entre Jufré y Lerma, Palermo, a las 19,30 hs. Habrá poesía, brindis y festejo. Les agradecemos la difusión.
Teoría y análisis literario
Aprobé con un humilde 7. Fue más difícil de lo que todos me habían dicho. Pero mejor. La profe (que yo no conocía) me iba preguntando cosas muy interesantes a las que yo respondía con conceptos sueltos o agarrados con alfileres. La remamos juntas.
Yo preparé S/Z de Barthes y de allí pasamos por "De la obra altexto" y "La muerte del autor" y Mitologías. Anduvimos por Benjamin, y Foucault y esta cuestión de la función autor y el autor como productor. Cuando aterrizamos en Derridá no logré explicar lo de acontecimiento y firma.
La profeme dijo que todo lo que dije está bien pero que trate de hacerle preguntas al texto (así como ella me hacía, sí, pero sola NOOOOOOO es tan fàcil) y revisar los artículos que se ve que había leído pero no tenía demasiado frescos (más que frescos estaban frizados para que no me hicieran agua en el descongelamiento). Je.
Me dan muchas ganas de entender de verdad todo, de poner tantos autores y textos en remojo, dejarlos decantar y volver al ataque. Quizá hasta elija esta orientación.
Yo preparé S/Z de Barthes y de allí pasamos por "De la obra altexto" y "La muerte del autor" y Mitologías. Anduvimos por Benjamin, y Foucault y esta cuestión de la función autor y el autor como productor. Cuando aterrizamos en Derridá no logré explicar lo de acontecimiento y firma.
La profeme dijo que todo lo que dije está bien pero que trate de hacerle preguntas al texto (así como ella me hacía, sí, pero sola NOOOOOOO es tan fàcil) y revisar los artículos que se ve que había leído pero no tenía demasiado frescos (más que frescos estaban frizados para que no me hicieran agua en el descongelamiento). Je.
Me dan muchas ganas de entender de verdad todo, de poner tantos autores y textos en remojo, dejarlos decantar y volver al ataque. Quizá hasta elija esta orientación.
sábado, 12 de marzo de 2011
Una ley invasiva
abortos
Leyes tejanas
Por Pedro Mairal | 12.03.2011 | 00:42
En Texas intentan pasar una ley que exige que las mujeres que quieren abortar escuchen antes el latido de su embarazo en una ecografía. Las mujeres que quedaron embarazadas por una violación también estarán obligadas a asistir a la ecografía, y a los médicos que practiquen un aborto sin realizar antes esta ecografía se les quitará la licencia. El gobernador Perry tiene que decidir si promulga la propuesta de ley. Me pregunto si los hombres pueden incidir sobre leyes que deciden sobre algo que nunca les va a tocar en carne propia. Siempre me pareció que la opinión de un hombre con respecto al aborto tiene menos peso que la opinión de una mujer por el simple hecho de que es la mujer la que pone el cuerpo en esa situación. Pero volvamos a la ley. Se practican más de un millón de abortos por año en Estados Unidos: relaciones sin anticonceptivos, descuidos, preservativos que se rompen, pastillas y DIUs que fallan, incestos, violaciones... Si votan la ley, todo eso va a seguir sucediendo. Seguirá habiendo embarazos no deseados y abortos, pero con una diferencia. Supongamos que de cien chicas que oyen el latido del bebé, dos deciden no abortar. Entonces terminamos con dos niños en la boca del lobo y 98 chicas traumatizadas. No cierra mucho la ecuación.
Es una sicopateada, una ley invasiva que podría abrir la puerta para que sigan otras peores. ¿Qué les impediría incurrir en más manipulaciones emocionales? Por ejemplo: con una foto de la mujer embarazada o (si la tuvieran) con una foto de la pareja, hacen una proyección por computadora de cómo será la cara de ese embrión si se desarrollara, naciera y creciera. Entonces le mostrarían a la mujer una imagen de su supuesto futuro hijo al que incluso con animación podrían hacerlo decir “mami, no me mates”. O supongamos que obligan a la mujer a dormir junto a ropa de bebé la noche antes del aborto. Escenas siniestras que podría provocar una ley siniestra. ¿Quién defiende a esas chicas de quince años que deciden hacerse un aborto? Se podría pensar al revés: que obliguen a los congresistas que votan a favor de esta ley a ver imágenes de la vida de cada chica que decide no abortar: la vida de esa chica de quince embarazada en el colegio, o perdiendo su trabajo, la chica pasando hambre, la chica esperando sola el ómnibus afuera del hospital, con el bebé en brazos... O se podría expandir hacia otras áreas del derecho y podrían obligar a los miembros de cada jurado a mirar una foto del hombre que están por condenar a pena de muerte, cuando tenía 8 años.
Publicado en Perfil
Leyes tejanas
Por Pedro Mairal | 12.03.2011 | 00:42
En Texas intentan pasar una ley que exige que las mujeres que quieren abortar escuchen antes el latido de su embarazo en una ecografía. Las mujeres que quedaron embarazadas por una violación también estarán obligadas a asistir a la ecografía, y a los médicos que practiquen un aborto sin realizar antes esta ecografía se les quitará la licencia. El gobernador Perry tiene que decidir si promulga la propuesta de ley. Me pregunto si los hombres pueden incidir sobre leyes que deciden sobre algo que nunca les va a tocar en carne propia. Siempre me pareció que la opinión de un hombre con respecto al aborto tiene menos peso que la opinión de una mujer por el simple hecho de que es la mujer la que pone el cuerpo en esa situación. Pero volvamos a la ley. Se practican más de un millón de abortos por año en Estados Unidos: relaciones sin anticonceptivos, descuidos, preservativos que se rompen, pastillas y DIUs que fallan, incestos, violaciones... Si votan la ley, todo eso va a seguir sucediendo. Seguirá habiendo embarazos no deseados y abortos, pero con una diferencia. Supongamos que de cien chicas que oyen el latido del bebé, dos deciden no abortar. Entonces terminamos con dos niños en la boca del lobo y 98 chicas traumatizadas. No cierra mucho la ecuación.
Es una sicopateada, una ley invasiva que podría abrir la puerta para que sigan otras peores. ¿Qué les impediría incurrir en más manipulaciones emocionales? Por ejemplo: con una foto de la mujer embarazada o (si la tuvieran) con una foto de la pareja, hacen una proyección por computadora de cómo será la cara de ese embrión si se desarrollara, naciera y creciera. Entonces le mostrarían a la mujer una imagen de su supuesto futuro hijo al que incluso con animación podrían hacerlo decir “mami, no me mates”. O supongamos que obligan a la mujer a dormir junto a ropa de bebé la noche antes del aborto. Escenas siniestras que podría provocar una ley siniestra. ¿Quién defiende a esas chicas de quince años que deciden hacerse un aborto? Se podría pensar al revés: que obliguen a los congresistas que votan a favor de esta ley a ver imágenes de la vida de cada chica que decide no abortar: la vida de esa chica de quince embarazada en el colegio, o perdiendo su trabajo, la chica pasando hambre, la chica esperando sola el ómnibus afuera del hospital, con el bebé en brazos... O se podría expandir hacia otras áreas del derecho y podrían obligar a los miembros de cada jurado a mirar una foto del hombre que están por condenar a pena de muerte, cuando tenía 8 años.
Publicado en Perfil
El artista deviene primitivo
"El artista deviene primitivo. No “se hace”, no lo imita, simplemente se afecta por esta lógica y se trastoca en ella. Aquí no hay lugar para exotismos ni para fantasías de una representación como correspondencia, lo que hay son afecciones e intensidades. Hay un cuerpo que se deja consumir por lo salvaje, no como identificación de una conciencia sino como momento antropofágico de involución creadora. El artista aquí es el bárbaro que ha renunciado a la modernidad y ha quedado penetrado en el fallo del disturbio; el extranjero –el gringo— que no conquista sino que es conquistado y que vive también la violencia del choque de dos lógicas civilizatorias, la racional y la sacrificial.
Francis Alÿs, se sitúa en ese fallo y en su deambular encuentra los momentos de irrupción donde la lógica de lo primitivo excede los lineamientos de la racionalidad occidental. Dos instantáneas, una constelación:
1. Un zorro recorre los salones vacíos de la Nacional Portrait Gallery de Londres mientras las cámaras de los circuitos de vigilancia registran todos sus movimientos. El intruso asecha los espacios en los que cuelgan los retratos que intentan fijar la humanidad en la representación del rostro: el noble, el santo, el poderoso, el conquistador, el civilizado. Lo salvaje asecha sin invocar ningún momento chamánico. Aquí el zorro es el salvaje que se mantiene como vivo cuando sus cazadores sólo existen como imago. Su existencia es vigilada, pues los mecanismos de poder saben que de su control depende nuestra soberanía. Reverso dialéctico de la construcción moderna del salvaje-muerto, civilizado-vivo. Aquí, el intruso, el salvaje, el animal cazado, es el que vive, el que acecha a una representación de la humanidad que cuelga petrificada en los muros de un espacio de dominación que se sospecha como cancelación de lo existente.
2. En un paisaje desierto se escucha cómo ladra un perro ante la presencia de un intruso a su territorio, ladrido que crece y decrece en la tensión de acercamiento-distanciamiento. La cámara es claramente el otro; el perro convoca a otros perros como único poder soberano, su furia es la defensa ante la amenaza porque aquí “el gringo” es el enemigo, el peligro. Espacio incontrolado por la modernidad, donde el territorio es el propio cuerpo del animal, su habitáculo y su fuerza. El perro es aquí el salvaje que nos devuelve, con su presencia, a una lógica primitiva: la razón no sirve para establecer jerarquías de dominación sino que el flujo de vida es la fuerza que resiste, que convoca a nuestros cuerpos y nos devuelve a una piel como herida y a unos dientes como lanza, estremecimiento que hace emerger una inmanencia animal.
Dos momentos de irrupción que no intentan asimilar la experiencia de estos espacios dislocados en una representación. Imagen como pura alegoría de lo cancelado, de lo que vuelve y acecha. Aquí el artista es el bárbaro, aquél que presta su cuerpo a la violencia del choque, que carga la herida como entrada infecciosa, que se manifiesta para propagar el contagio y devolver así la posibilidad de un devenir animal del hombre."
Gilles Deleuze y Félix Guattari, “DEVENIR INTENSO, DEVENIR-ANIMAL, DEVENIR-IMPERCEPTIBLE…” Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia.
Francis Alÿs, se sitúa en ese fallo y en su deambular encuentra los momentos de irrupción donde la lógica de lo primitivo excede los lineamientos de la racionalidad occidental. Dos instantáneas, una constelación:
1. Un zorro recorre los salones vacíos de la Nacional Portrait Gallery de Londres mientras las cámaras de los circuitos de vigilancia registran todos sus movimientos. El intruso asecha los espacios en los que cuelgan los retratos que intentan fijar la humanidad en la representación del rostro: el noble, el santo, el poderoso, el conquistador, el civilizado. Lo salvaje asecha sin invocar ningún momento chamánico. Aquí el zorro es el salvaje que se mantiene como vivo cuando sus cazadores sólo existen como imago. Su existencia es vigilada, pues los mecanismos de poder saben que de su control depende nuestra soberanía. Reverso dialéctico de la construcción moderna del salvaje-muerto, civilizado-vivo. Aquí, el intruso, el salvaje, el animal cazado, es el que vive, el que acecha a una representación de la humanidad que cuelga petrificada en los muros de un espacio de dominación que se sospecha como cancelación de lo existente.
2. En un paisaje desierto se escucha cómo ladra un perro ante la presencia de un intruso a su territorio, ladrido que crece y decrece en la tensión de acercamiento-distanciamiento. La cámara es claramente el otro; el perro convoca a otros perros como único poder soberano, su furia es la defensa ante la amenaza porque aquí “el gringo” es el enemigo, el peligro. Espacio incontrolado por la modernidad, donde el territorio es el propio cuerpo del animal, su habitáculo y su fuerza. El perro es aquí el salvaje que nos devuelve, con su presencia, a una lógica primitiva: la razón no sirve para establecer jerarquías de dominación sino que el flujo de vida es la fuerza que resiste, que convoca a nuestros cuerpos y nos devuelve a una piel como herida y a unos dientes como lanza, estremecimiento que hace emerger una inmanencia animal.
Dos momentos de irrupción que no intentan asimilar la experiencia de estos espacios dislocados en una representación. Imagen como pura alegoría de lo cancelado, de lo que vuelve y acecha. Aquí el artista es el bárbaro, aquél que presta su cuerpo a la violencia del choque, que carga la herida como entrada infecciosa, que se manifiesta para propagar el contagio y devolver así la posibilidad de un devenir animal del hombre."
Gilles Deleuze y Félix Guattari, “DEVENIR INTENSO, DEVENIR-ANIMAL, DEVENIR-IMPERCEPTIBLE…” Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia.
Irrupción triunfal de la planta en nosotros
"El mimetismo es un mal concepto, producto de una lógica binaria, para explicar fenómenos que tienen otra naturaleza. Ni el cocodrilo reproduce el tronco de un árbol, ni el camaleón reproduce los colores del entorno. La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruptura, su propia línea de fuga, llevar hasta el final su «evolución aparalela». Sabiduría de las plantas: incluso cuando tienen raíces, siempre hay un afuera en el que hacen rizoma con algo: con el viento, con un animal, con el hombre (y también un aspecto por el que los animales hacen rizoma, y los hombres, etc.). «La embriaguez como irrupción triunfal de la planta en nosotros.» Continuar siempre el rizoma por ruptura, alargar, prolongar, alternar la línea de fuga, variarla hasta producir la línea más abstracta y más tortuosa de n dimensiones, de direcciones quebradas."
Deleuze y Guatari, en "Rizoma"
Deleuze y Guatari, en "Rizoma"
Un libro no tiene objeto ni sujeto
"Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas,
de fechas y de velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el libro a un sujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones. Se está fabricando un buen Dios para movimientos geológicos. En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentaridad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación. Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contrario, de precipitación y de ruptura. Todo eso, las líneas y las velocidades mesurables, constituye un agenciamiento (agencement). Un libro es precisamente un agenciamiento de ese tipo, y como tal inatribuible. Un libro es una multiplicidad. Pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo. Un. agencia miento maquínico está orientado hacia los estratos, que sin duda lo convierten en una especie de organismo, o bien en una totalidad significante, o bien en una determinación atribuible a un sujeto; pero también está orientado hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras, de atribuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nombre como huella de una intensidad."
Gilles Deleueze y Felix Guatarri, en "Rizoma"
de fechas y de velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el libro a un sujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones. Se está fabricando un buen Dios para movimientos geológicos. En un libro, como en cualquier otra cosa, hay líneas de articulación o de segmentaridad, estratos, territorialidades; pero también líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación. Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contrario, de precipitación y de ruptura. Todo eso, las líneas y las velocidades mesurables, constituye un agenciamiento (agencement). Un libro es precisamente un agenciamiento de ese tipo, y como tal inatribuible. Un libro es una multiplicidad. Pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo. Un. agencia miento maquínico está orientado hacia los estratos, que sin duda lo convierten en una especie de organismo, o bien en una totalidad significante, o bien en una determinación atribuible a un sujeto; pero también está orientado hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras, de atribuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nombre como huella de una intensidad."
Gilles Deleueze y Felix Guatarri, en "Rizoma"
viernes, 11 de marzo de 2011
Esto en feis sobre David Viñas
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Santiago Arcos
DAVID:
En 1984 entre los estudiantes de Letras de la facultad de la calle M. T. de Alvear, mientras esperáramos antes de entrar a los teóricos de literatura argentina I, circulaba un chiste tonto, propio de los principiantes . “¿da vid viñas?”. Él casi siempre también esperaba, mezclado entre los estudiantes, con enormes libros vie ...jos y deshojados debajo del brazo.
Santiago Arcos
Luego de entrar al aula, acomodaba los libros ( que no abriría), y el reloj pulsera sobre el escritorio y se lanzaba durante 90 minutos a un espectáculo brillante de oratoria cruzado de digresiones, chistes, diatribas y cuanta posibilidad d ...ialéctica se le ofreciera para tramar un discurso denso, irrepetible, donde se narraban fragmentos de biografías de escritores, las matanzas y degüellos del siglo xix, la historia del ferrocarril en EEUU, el entrenamiento de las milicias en el uso apropiado del Winchester para cazar aborígenes, noticias del día (siempre de La Nación). Como sutura citaba de memoria a Sarmiento, Cambaceres, E. Wilde, Gutiérrez… Salíamos de la clase borrachos de un vino espeso y milagroso.
El que lo probó, sigue extasiado. Eso es para siempre.Ver más
Santiago Arcos
De él aprendimos los rudimentos de la polémica, un género que compartía con Borges: el texto de cuchillo corto y alcance profundo, medido, irreversible y, a veces, irrefutable.
La construcción de la frase, su "ademán", ritmado por cuatro o ...cinco clishés con marca registrada.
Todos reconocemos que la crítica literaria y el comentario sobre literatura argentina es una reescritura y una nota al píe (un desarrollo)de los esbozos que están diseminados en su obra.
Santiago Arcos Eso se sabe.
Santiago Arcos En la intimidad: criadores con hielo, al mediodía, en La Paz, luegod e haber subrayado y anotado con bolígrafo "El país" y de "La Nación", ¡hasta los clasificados donde se ofrecían los servicios de prostitutas!
Santiago Arcos Se preguntaba: "El diario clerical..., ¿cuánto factura por estos avisitos?
Santiago Arcos David fue un pedagogo, un docente, un maestro.
Dignidad y coherencia fueron los atributos que intentó transferir David a través de sus actos.
Poca gente hoy te enseña eso, si se aprende es para siempre.
Damián Ríos Un grande. Fue al único autor de los que edité algún libro (en este caso, una reedicón) al que le tuve miedo de presentarle el boceto de una tapa (la de "Hombres de a caballo"). Después de mesarse los bigotes, me dio el o, en el bar de la Gandhi. Sentí que había aprobado un final muy dífícil o algo así.
Santiago Arcos
DAVID:
En 1984 entre los estudiantes de Letras de la facultad de la calle M. T. de Alvear, mientras esperáramos antes de entrar a los teóricos de literatura argentina I, circulaba un chiste tonto, propio de los principiantes . “¿da vid viñas?”. Él casi siempre también esperaba, mezclado entre los estudiantes, con enormes libros vie ...jos y deshojados debajo del brazo.
Santiago Arcos
Luego de entrar al aula, acomodaba los libros ( que no abriría), y el reloj pulsera sobre el escritorio y se lanzaba durante 90 minutos a un espectáculo brillante de oratoria cruzado de digresiones, chistes, diatribas y cuanta posibilidad d ...ialéctica se le ofreciera para tramar un discurso denso, irrepetible, donde se narraban fragmentos de biografías de escritores, las matanzas y degüellos del siglo xix, la historia del ferrocarril en EEUU, el entrenamiento de las milicias en el uso apropiado del Winchester para cazar aborígenes, noticias del día (siempre de La Nación). Como sutura citaba de memoria a Sarmiento, Cambaceres, E. Wilde, Gutiérrez… Salíamos de la clase borrachos de un vino espeso y milagroso.
El que lo probó, sigue extasiado. Eso es para siempre.Ver más
Santiago Arcos
De él aprendimos los rudimentos de la polémica, un género que compartía con Borges: el texto de cuchillo corto y alcance profundo, medido, irreversible y, a veces, irrefutable.
La construcción de la frase, su "ademán", ritmado por cuatro o ...cinco clishés con marca registrada.
Todos reconocemos que la crítica literaria y el comentario sobre literatura argentina es una reescritura y una nota al píe (un desarrollo)de los esbozos que están diseminados en su obra.
Santiago Arcos Eso se sabe.
Santiago Arcos En la intimidad: criadores con hielo, al mediodía, en La Paz, luegod e haber subrayado y anotado con bolígrafo "El país" y de "La Nación", ¡hasta los clasificados donde se ofrecían los servicios de prostitutas!
Santiago Arcos Se preguntaba: "El diario clerical..., ¿cuánto factura por estos avisitos?
Santiago Arcos David fue un pedagogo, un docente, un maestro.
Dignidad y coherencia fueron los atributos que intentó transferir David a través de sus actos.
Poca gente hoy te enseña eso, si se aprende es para siempre.
Damián Ríos Un grande. Fue al único autor de los que edité algún libro (en este caso, una reedicón) al que le tuve miedo de presentarle el boceto de una tapa (la de "Hombres de a caballo"). Después de mesarse los bigotes, me dio el o, en el bar de la Gandhi. Sentí que había aprobado un final muy dífícil o algo así.
martes, 8 de marzo de 2011
Mamushkas heroicas
Mamushkas
Roberta Iannamico
Una mamushka en el desierto
Rueda sobre la arena
Se pasa la lengua por los ojos
Para no morir de ser
Las mamushkas en el océano
No flotan
Como botellas se hunden
Los barcos perdidos
Vienen a comérselas
Más lentos que el óxido.
Las mamushkas juntan las casas
Que los caracoles abandonan
A veces viven ahí
Y los caracoles guardan el sonido de
Las mamushkas
Para siempre
(Mañana, en mi seminario sobre poesìa en la facu, presento mi no-camino de la heroìna en este libro de poemas)
Roberta Iannamico
Una mamushka en el desierto
Rueda sobre la arena
Se pasa la lengua por los ojos
Para no morir de ser
Las mamushkas en el océano
No flotan
Como botellas se hunden
Los barcos perdidos
Vienen a comérselas
Más lentos que el óxido.
Las mamushkas juntan las casas
Que los caracoles abandonan
A veces viven ahí
Y los caracoles guardan el sonido de
Las mamushkas
Para siempre
(Mañana, en mi seminario sobre poesìa en la facu, presento mi no-camino de la heroìna en este libro de poemas)
Deslenguadas
La siguiente columna de la poeta y ensayista argentina Tamara Kamenszain fue publicada en la revista Ñ, el sábado 19 de febrero pasado.
Traducir sin lengua
Por haber sido recientemente publicada en Inglaterra, fui invitada a participar del workshop “Problemas en la traducción de poesía” que coordina Cecilia Rossi en la East Anglia University y donde participan aspirantes a traducir poesía al inglés desde diversas lenguas. Cecilia llevó a la clase lo que ella denominó una versión “literal” –aunque aclaró que descreía de ese concepto- de un poema de mi libro El eco de mi madre. Después dividió a los 20 participantes en cuatro grupos con la consigna de que en cada uno debía haber por lo menos alguien que dominara el español, y les pidió que en dos horas y usando como base esa versión literal, pergeñaran otra. A mí me sentó al frente de la clase y dijo que ahí me tenían para preguntarme lo que quisieran. Para mi sorpresa, las preguntas casi no apuntaron al significado de las palabras. Lo que a los futuros traductores en un principio les urgía era cotejar referencias biográficas: saber, por ejemplo, si el libro aludía a mi propia madre y si ella había padecido Alzheimer como lo sugería el estado de desorientación en el que yo la situaba. Después, al calor del trabajo, las preguntas variaron hacia la indagación de giros, inflexiones de sintaxis o modismos que me llevaron a escribir el poema de esa manera y no de otra. Como si, aliviados de no tener que dar una versión fiel de un hecho real -les cité a Goethe: “mi poesía no contiene nada que no haya sido vivido pero tampoco nada tal y como se vivió”- se hubieran ido dejando tomar por el ritmo íntimo de la experiencia que se les hacía presente. El producto, cuatro versiones muy distintas del original, tuvo sin embargo algo en común: gente que en su mayoría no manejaba mi idioma, había captado, mejor o peor, y teniendo solucionada la instancia “literal”, eso que en el decir le gana a la lengua y apunta a la vida. No a un dato biográfico constatable sino a un sentimiento singular de eso vivido que, justamente por ser indecible, resulta fácil de traducir. Porque la poesía se escribe sin lengua y para traducirla también hay que deslenguarse (además de deslomarse)
Traducir sin lengua
Por haber sido recientemente publicada en Inglaterra, fui invitada a participar del workshop “Problemas en la traducción de poesía” que coordina Cecilia Rossi en la East Anglia University y donde participan aspirantes a traducir poesía al inglés desde diversas lenguas. Cecilia llevó a la clase lo que ella denominó una versión “literal” –aunque aclaró que descreía de ese concepto- de un poema de mi libro El eco de mi madre. Después dividió a los 20 participantes en cuatro grupos con la consigna de que en cada uno debía haber por lo menos alguien que dominara el español, y les pidió que en dos horas y usando como base esa versión literal, pergeñaran otra. A mí me sentó al frente de la clase y dijo que ahí me tenían para preguntarme lo que quisieran. Para mi sorpresa, las preguntas casi no apuntaron al significado de las palabras. Lo que a los futuros traductores en un principio les urgía era cotejar referencias biográficas: saber, por ejemplo, si el libro aludía a mi propia madre y si ella había padecido Alzheimer como lo sugería el estado de desorientación en el que yo la situaba. Después, al calor del trabajo, las preguntas variaron hacia la indagación de giros, inflexiones de sintaxis o modismos que me llevaron a escribir el poema de esa manera y no de otra. Como si, aliviados de no tener que dar una versión fiel de un hecho real -les cité a Goethe: “mi poesía no contiene nada que no haya sido vivido pero tampoco nada tal y como se vivió”- se hubieran ido dejando tomar por el ritmo íntimo de la experiencia que se les hacía presente. El producto, cuatro versiones muy distintas del original, tuvo sin embargo algo en común: gente que en su mayoría no manejaba mi idioma, había captado, mejor o peor, y teniendo solucionada la instancia “literal”, eso que en el decir le gana a la lengua y apunta a la vida. No a un dato biográfico constatable sino a un sentimiento singular de eso vivido que, justamente por ser indecible, resulta fácil de traducir. Porque la poesía se escribe sin lengua y para traducirla también hay que deslenguarse (además de deslomarse)
Soñado y olvidado
Hace un par de dìas que vengo pensando en escribir este post sobre mi sueño de la otra noche. Pero lo fui postergando y el sueño se me fue yendo, asì que sòlo recuerdo lo que pensaba escribir y me olvidè de lo que realmente habìa soñado.
Me acuerdo que yo lloraba porque habìa tenido que dejar a mis gatos en una casa de la que me habìa mudado a las corridas. ¿Mi hermano, o mi amigo Martín? me decìa que no me preocupara, que los gatos estarìan bien en la casa. Ahì aparecìa un gato amarillo pero no era el mìo y yo lloraba peor. Pensaba en todo lo que habìa dejado en la otra casa, en que solamente tenìa una muda de ropa conmigo.
El sueño era muy angustiante y no recuerdo, no recordaba, creo, aùn cuando me despertè, en què casa estaba ni de què casa venìa. Sè que pensè que habìa soñado con estar muerta, con irme de "la casa" y que "allá" habìa otras cosas, gente conocida y que me recibìa, pero yo lloraba mucho porque extrañaba lo que no habìa podido traer.
Me acuerdo que yo lloraba porque habìa tenido que dejar a mis gatos en una casa de la que me habìa mudado a las corridas. ¿Mi hermano, o mi amigo Martín? me decìa que no me preocupara, que los gatos estarìan bien en la casa. Ahì aparecìa un gato amarillo pero no era el mìo y yo lloraba peor. Pensaba en todo lo que habìa dejado en la otra casa, en que solamente tenìa una muda de ropa conmigo.
El sueño era muy angustiante y no recuerdo, no recordaba, creo, aùn cuando me despertè, en què casa estaba ni de què casa venìa. Sè que pensè que habìa soñado con estar muerta, con irme de "la casa" y que "allá" habìa otras cosas, gente conocida y que me recibìa, pero yo lloraba mucho porque extrañaba lo que no habìa podido traer.
sábado, 5 de marzo de 2011
El ángel de la historia

Tengo las alas prontas para alzarme, Con gusto vuelvo atrás, Porque de seguir siendo tiempo vivo, Tendría poca suerte.
GERHARD SCHOLEM: Gruss vom Angelus.
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Walter Benjamin, en Tesis para una filosofía de la historia.
jueves, 3 de marzo de 2011
La promesa de Silvina Ocampo
Silvina Ocampo inédita
A más de un cuarto de siglo de su muerte, se publica, por fin, La promesa, la conmovedora novela en la que la escritora trabajó durante años y donde se refleja nítidamente su propia vida
Viernes 25 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa
Por Hugo Beccacece
Para LA NACION
En el mar tan amado por ella, quiso, odió y, convertida en profetisa, sembró la dicha y la desdicha. Los barcos fueron el escenario donde transcurrieron algunos de los momentos más importantes en la vida de Silvina Ocampo. En los lujosos transatlánticos de otras épocas, cruzó muchas veces el océano, de Europa a Buenos Aires, de Buenos Aires a Europa. Desde la cubierta contemplaba el mar, detrás de los anteojos negros de montura blanca, los típicos anteojos de las hermanas Ocampo, que le servían para protegerse del sol y para espiar a su esposo, el apuesto Adolfo Bioy Casares. Los salones de esos palacios flotantes fueron el escenario donde vivió historias de amor, reales e imaginarias, a menudo tortuosas. Sus ocasionales compañeras de travesía le pedían con temeridad que les leyera las manos, porque "todo Buenos Aires" sabía que ella era vidente. Y ella lo hacía, según la ocasión, maliciosa, sincera hasta la impiedad o embustera como una chica traviesa. En los oídos ávidos de sus compañeras de viaje dejaba caer palabras terribles o venturosas, con esa voz hecha de temblores y entrecortada, que subía y bajaba quebrada por espasmos, que a veces prolongaba las vocales en signo de asombro, de dolor o de fingida admiración: una voz y una elocución inimitables, en la vida y en la literatura, que todos quienes la conocieron han tratado de imitar alguna vez. De uno de esos viajes volvió a Buenos Aires con Marta, la hija de Adolfito con otra mujer, que pasó a ser la hija del matrimonio. El mar es el paisaje espléndido y desierto donde transcurre La promesa (Lumen), la novela inédita que Silvina terminó mientras luchaba contra la enfermedad que carcomía su lucidez y sus fuerzas.
La trama de La promesa es simple: una pasajera se cae de un barco al mar y le promete a santa Rita que, si la salva, escribirá un libro, a pesar de ser analfabeta. La pasajera es buena nadadora y se mantiene a flote nadando o haciendo la plancha. Para no desesperar y hundirse, hace una especie de diccionario de recuerdos, una serie de retratos de personas que ha conocido. En esa galería, los perfiles se encadenan hasta formar la narración que tenemos entre las manos. Hacia el final, el agua que entra, cada vez con más frecuencia, por la boca de la Scheherezade marina anuncia el final inminente mientras la memoria reitera, sin advertirlo, las mismas palabras y las mismas imágenes. El movimiento de la conciencia se atasca y adquiere la lógica siniestra de la agonía o de una demencia repetitiva. Como señala Ernesto Montequin, a cuyo cuidado estuvo la edición, en las últimas páginas la voz del personaje, en la ficción, y la voz de la autora, en la realidad, coinciden. Esas frases fueron algunas de las últimas que Silvina Ocampo escribió sobre el papel casi a modo de espejo. "Los espejos son las puertas por las que va y viene la Muerte" (Jean Cocteau).
Montequin dice que entre 1988 y 1989 la escritora corrigió y completó el texto en el que había trabajado con largas intermitencias durante veinticinco años. Sin saberlo -o más bien, con la intuición oscura pero implacable de quien presiente cuál ha de ser su destino- contaba la historia de la protagonista y, al hacerlo, no hacía sino narrar su propio naufragio.
Ella se consideraba fea, a pesar de la belleza de su cuerpo, que el baile había modelado. Se quejaba de su boca que, con los años, según sus propios ojos, se había vuelto obscena. Sus amigos José Bianco y Enrique Pezzoni, a la hora de hablar en privado de la "fealdad" de Silvina, decían que, por el contrario, era muy atrayente. Y lo decían porque ellos habían caído en distintas oportunidades bajo el influjo de esa especie de hechicera. Era cierto que Silvina podía ser atractiva de un modo irresistible, pero había tenido la mala suerte de nacer en una familia donde había mujeres de una hermosura más convencional, casi clásica, como la de su hermana Victoria Ocampo. Sin embargo, apenas uno la veía moverse y, sobre todo, cuando desplegaba sus juegos de seducción, en los que se mezclaban la gracia, el don de la réplica, el lirismo, las asociaciones delirantes y la atención aplicada con que escuchaba a su futura presa como si no hubiera nada más importante en el mundo que la persona que la enfrentaba, uno comprendía que debía de ser difícil escapar de esas redes si ella decidía echarlas al agua. Además era de una delicadeza extrema. Esa mujer debía de acariciar con una suavidad y una precisión inolvidables. Una muestra de La promesa : "El mar desviste a las personas como si tuviese enamoradas manos". A esas manos se refiere la poeta Alejandra Pizarnik en una carta a Silvina:
Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. [...] Yo adoro tu cara. Y tus piernas y surtout [sobre todo] tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.
El amor, el sexo y el tormento de los celos recorren toda la obra de Silvina Ocampo. Ella, que admiraba al Proust de La prisionera y de La fugitiva , tuvo a su lado a Adolfo Bioy Casares, estímulo inagotable para que el deseo surgiera acompañado por el miedo a la traición. Fue la persona que más quiso en su vida, pero él, que correspondía a su modo esa pasión, no podía prescindir de la conquista continua de otras mujeres. Ella no terminó nunca de acostumbrarse a esas infidelidades, las toleraba, pero temía que él la dejara, algo imposible, porque ¿dónde podía encontrar Adolfito una mujer que pudiera compararse con Silvina? Por cierto, ella también tenía otros amores, como señaló su esposo en una entrevista (ya muerta Silvina), cuidadoso de que su esposa no apareciera como una más de las tantas víctimas de los maridos tradicionales.
Hoy, que se ha publicado buena parte de los Diarios de Bioy Casares y que siguen apareciendo obras inéditas de Silvina, resulta imposible no leer los textos de esa pareja literaria sin pensar en las referencias biográficas. Por ejemplo, en La promesa , se encuentra este pasaje: "Leandro necesitaba que Irene amara a otro ser que no fuera él mismo para interesarse un poco en ella. Es tan abrumador ser amado con exclusividad".
En el libro, hay un diálogo entre Leandro y su amante, Irene, que revela del modo más directo cómo amaba Silvina:
-¿Qué preferís: que te quieran o querer? -interrumpió Leandro [...].
-Querer-respondía Irene
-Quereme, entonces.
Y querer, en esas condiciones, es sufrir.
La definición del amor que se encuentra en La promesa no puede ser más cruda: "¿Qué es enamorarse? Perder el asco, perder el miedo, perder todo".
Para Silvina Ocampo, el asco era una sensación que acechaba amenazante en todo lo que la rodeaba, desde el olor de las flores marchitas de los velorios hasta la nata de la leche, que le provocaba arcadas. Pero esa colección de ascos también la atraía: le causaba curiosidad ver cómo los demás se comportaban ante las cosas "asquerosas". Y es cierto que el sexo, cuando no se desea, puede ser una experiencia repugnante, pero aun así produce fascinación. Gabriela, la niña de La promesa , piensa a menudo en esa experiencia por la que no ha pasado: "Lo que más deseaba en el mundo de su curiosidad era ver a un hombre y a una mujer haciéndolo". Esa misma curiosidad despertó la precocidad sexual y amorosa de Silvina Ocampo. En una entrevista que le hice en 1987 en la Revista de este diario, ella contaba:
Cuando tenía veinte años me decía: "Ay, cuándo tendré cuarenta o cincuenta para no enamorarme más, para no desear más a nadie, para vivir tranquila, sin preocupaciones, sin celos, sin angustias, sin ansiedad". Llegué a los cuarenta, a los cincuenta, y seguía enamorándome y deseando a la gente hermosa. Es terrible. Y ahora el sexo me resulta tan interesante como cuando era chica y acababa de descubrir lo que era. A mí me importó siempre. Ahora también. ¿Cómo puede dejar de importar? Es una condena y un placer.
Por el amor, no sólo el de la pasión sexual, los personajes de Silvina Ocampo pueden ser crueles y rencorosos, como ella lo podía ser en la vida. El miedo de ser dejada por los seres que quería la llevaba a utilizar todo tipo de artimañas, a veces dañinas, para retenerlos. Quizá eso ocurría porque le costaba dejar de querer a quienes había amado. Dice en La promesa : "Lo peor es no dejar de querer del todo".
Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo formaron durante mucho tiempo un trío literario que produjo la ejemplar Antología de la literatura fantástica . Pero Silvina nunca se sintió del todo cómoda en ese trío. Tenía una sensibilidad mucho más amplia y afinada que la de Borges y Bioy. A ellos sólo les interesaba la literatura; ella, en cambio, tampoco podía prescindir de la pintura ni de la música. La admiración declarada de Borges por el Réquiem alemán , de Brahms, no era sino una apropiación, no digerida, del gusto de Silvina por esa obra. Las Ocampo, o por lo menos tres de ellas (Victoria, Angélica y Silvina), tenían una pasión por Brahms, así como la tenían por Chopin.
Para Silvina Ocampo, había un solo modo de olvidarse de sus sospechas, de las "otras" que buscaban arrebatarle a Bioy, de los interludios amorosos con hombres y mujeres que la distraían del tormento de los celos: pintar y, sobre todo, escribir. En sus poemas, en sus relatos, ella era la que manejaba el destino de los personajes. Ella era la que les infligía la muerte, el ridículo o se asestaba a sí misma la puñalada de un recuerdo para después prodigar páginas de un humor invencible. Se convertía en la soberana de un reino cuyos habitantes tenían nombres improbables como Rodolfa, Cornelia, Cleóbula. En esa comarca imaginaria, todo era posible: la cursilería, la venganza, la impiedad, el impudor infantil o las enumeraciones caóticas en las que a una catedral y a un navío les sucedía la mención de los tallarines como una irrupción escandalosa.
Con todo, hasta en ese dominio, "su dominio", la reina sabía que estaba amenazada. La acosaba el temor de no llegar a terminar lo que estaba haciendo: un cuento, un poema, una fotografía no revelada, un retrato. "Siempre me pareció criminal dejar inconcluso algo que uno ha empezado", dijo alguna vez. Ése fue el temor que la llevó a terminar La promesa . En 1989, ya sabía que el olvido la asediaba y la llevaba a repetirse como a la narradora de su libro. El tiempo la castigaba con una traición inesperada: la de la memoria. Por eso conmueve leer el agradecimiento de esa mujer de La promesa que flota en el mar, ahogada por el agua de los recuerdos. "Gracias, Dios mío, por facilitarme la vida, por permitirme escribir hasta el último orgasmo y por haber escrito esta novela en tu honor." Dios debe de haberle abierto las puertas del Cielo de par en par ante ese homenaje estremecido.
En no sé qué laberinto del sueño
"Alguien me pidió un cuento. Hay veces que un cuento sale naturalmente de mi máquina. Una máquina misteriosa que a veces se descompone, cuyas letras salen de su sitio. A veces una o se eleva como un globo entre las otras letras. A veces una a permanece porfiadamente en el mismo sitio, inamovible. Otras veces las frases se posan con facilidad sobre el papel, corresponden a una idea o a una sensación precisa, como si hubieran vivido en mi mente, como si hubieran nacido, prosperado en ella. Se impregnan del aire que respiro, de los diálogos que tuve. Antes de haber escrito ese cuento, cuyas frases acuden a mi mente con esmero, lo veo ya escrito, con letras nítidas, con muchas tachaduras tal vez. Otras veces lo busco asiduamente, desesperadamente. Se esconde en no sé qué laberinto del sueño de donde surge su primera frase, al principio indescifrable y luego clara como la palabra que aquí escribo... [...]."
Silvina Ocampo, en Las repeticiones y otros cuentos inéditos. Lumen.
Silvina Ocampo, en Las repeticiones y otros cuentos inéditos. Lumen.
Este libro empieza tres veces
Soy un bravo piloto de la nueva China, Ernesto Semán
(Mondadori, 288 págs., $ 65.-)
Este libro empieza tres veces: Rubén, un geólogo que vive en el exterior, vuelve a la Argentina para acompañar a su madre durante sus últimas semanas de vida. Un colectivo-submarino de dos pisos conducido por mujeres que cubre el recorrido Buenos Aires-La Pampa-California, y cuyo destino final es una isla infinita dirigida por una pareja diabólica. La rutina de un campo de detención durante la dictadura.
Los distintos puntos de partida de Soy un bravo piloto de la nueva China hacen que la novela pueda leerse como se mira una escultura, caminando a su alrededor hasta creer que la hemos logrado ver por completo. Pero como los mejores escultores, Ernesto Semán consigue sorprendernos una y otra vez con un ángulo desconocido, obligándonos a pararnos en una nueva posición para descubrir siempre algo inesperado sobre la familia Abdela, las relaciones amorosas entre hermanos, amantes, padres e hijos, y la historia de una Argentina sombría.
Tomado del blog de Eterna Cadencia
(Mondadori, 288 págs., $ 65.-)
Este libro empieza tres veces: Rubén, un geólogo que vive en el exterior, vuelve a la Argentina para acompañar a su madre durante sus últimas semanas de vida. Un colectivo-submarino de dos pisos conducido por mujeres que cubre el recorrido Buenos Aires-La Pampa-California, y cuyo destino final es una isla infinita dirigida por una pareja diabólica. La rutina de un campo de detención durante la dictadura.
Los distintos puntos de partida de Soy un bravo piloto de la nueva China hacen que la novela pueda leerse como se mira una escultura, caminando a su alrededor hasta creer que la hemos logrado ver por completo. Pero como los mejores escultores, Ernesto Semán consigue sorprendernos una y otra vez con un ángulo desconocido, obligándonos a pararnos en una nueva posición para descubrir siempre algo inesperado sobre la familia Abdela, las relaciones amorosas entre hermanos, amantes, padres e hijos, y la historia de una Argentina sombría.
Tomado del blog de Eterna Cadencia
Y su orgullo insensato
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, Patricio Pron
(Mondadori, 224 págs., $ 59.-)
Si la excelente acogida de su novela El comienzo de la primavera sirvió para que Pron dejara de ser un escritor en la sombra, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan ratifica la calidad de su escritura incisiva, poderosa y certera. Los relatos que componen el libro son una soberbia interrupción de todas las convenciones del género, al tiempo que una extraordinaria exploración de la identidad, la memoria, la mentira y, sobre todo, la escritura como profesión, arte y forma de vida. El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan nos recuerda que la lucha y la determinación de los escritores, y su orgullo insensato, a veces también conducen a la gloria, íntima y secreta.
(Mondadori, 224 págs., $ 59.-)
Si la excelente acogida de su novela El comienzo de la primavera sirvió para que Pron dejara de ser un escritor en la sombra, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan ratifica la calidad de su escritura incisiva, poderosa y certera. Los relatos que componen el libro son una soberbia interrupción de todas las convenciones del género, al tiempo que una extraordinaria exploración de la identidad, la memoria, la mentira y, sobre todo, la escritura como profesión, arte y forma de vida. El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan nos recuerda que la lucha y la determinación de los escritores, y su orgullo insensato, a veces también conducen a la gloria, íntima y secreta.
cuando un hombre no ama, se vuelve torpe para abrazar
La promesa, Silvina Ocampo
(Lumen, 146 págs., $ 55.-)
Una mujer cae accidentalmente al océano desde el barco en que viajaba. Mientras flota a la deriva, hace una promesa a Santa Rita, la “abogada de lo imposible”: si logra salvarse, escribirá la historia de su vida. Personas y lugares comienzan a desfilar tumultuosamente por su memoria, mientras el mar despliega alrededor de ella su repertorio de prodigios y amenazas. Poco a poco, la imaginación de la náufraga va apoderándose de sus recuerdos hasta liberarlos de la esclavitud de lo verosímil: la batalla contra la muerte admite todos los recursos narrativos, todas las invenciones que sólo la prosa certera y siempre inspiradora de Silvina Ocampo puede proporcionar.
Esta “novela fantasmagórica” -así la definió su autora, que trabajó sigilosamente en ella durante casi veinticinco años- deslumbra por su osadía formal, por la riqueza inagotable de su trama. Con esta historia concéntrica y vertiginosa, Lumen continúa la publicación de la obra inédita de Silvina Ocampo, un universo que, para felicidad de sus lectores, está en constante expansión.
“…cuando un hombre no ama, se vuelve torpe para abrazar. Los brazos y las piernas le sobran, se llena de huesos, de codos, de rodillas. Es casi imposible que pueda producir un orgasmo. Antes se deslizaba como el agua sobre mí, ahora me lastima.”
Tomado del blog de Eterna Cadencia.
(Lumen, 146 págs., $ 55.-)
Una mujer cae accidentalmente al océano desde el barco en que viajaba. Mientras flota a la deriva, hace una promesa a Santa Rita, la “abogada de lo imposible”: si logra salvarse, escribirá la historia de su vida. Personas y lugares comienzan a desfilar tumultuosamente por su memoria, mientras el mar despliega alrededor de ella su repertorio de prodigios y amenazas. Poco a poco, la imaginación de la náufraga va apoderándose de sus recuerdos hasta liberarlos de la esclavitud de lo verosímil: la batalla contra la muerte admite todos los recursos narrativos, todas las invenciones que sólo la prosa certera y siempre inspiradora de Silvina Ocampo puede proporcionar.
Esta “novela fantasmagórica” -así la definió su autora, que trabajó sigilosamente en ella durante casi veinticinco años- deslumbra por su osadía formal, por la riqueza inagotable de su trama. Con esta historia concéntrica y vertiginosa, Lumen continúa la publicación de la obra inédita de Silvina Ocampo, un universo que, para felicidad de sus lectores, está en constante expansión.
“…cuando un hombre no ama, se vuelve torpe para abrazar. Los brazos y las piernas le sobran, se llena de huesos, de codos, de rodillas. Es casi imposible que pueda producir un orgasmo. Antes se deslizaba como el agua sobre mí, ahora me lastima.”
Tomado del blog de Eterna Cadencia.
martes, 1 de marzo de 2011
Te declaro: contigo pan
Te declaro: contigo pan
y cebolla
conmigo
piden tus manos y se abren, pero dan
no me mires profundo
no me mires
torturador es mi cuerpo, nada le alcanza
y él mismo se sobra.
Sed
Verónica Viola Fisher, de A boca de jarro
y cebolla
conmigo
piden tus manos y se abren, pero dan
no me mires profundo
no me mires
torturador es mi cuerpo, nada le alcanza
y él mismo se sobra.
Sed
Verónica Viola Fisher, de A boca de jarro
lunes, 28 de febrero de 2011
Sexo con el control remoto
Mi sexto sentido
Por Pedro Mairal
Durante el fin de la infancia y toda mi adolescencia desarrollé una especie de sexto sentido para descubrir sexo con el control remoto. Los años de zapping intuitivo y frenético me dejaron esta habilidad que ya es involuntaria y casi un karma. La gente que ha visto televisión a mi lado es testigo. Enciendo el televisor y con apretar dos o tres botones pongo justo el canal donde hay una escena erótica. Quizá hago un barrido mínimo, una pausa en una película, y ahí están, jugando a la bestia de dos espaldas como dice Yago en Otelo.
La práctica creo que empezó en esa época en que veía Función privada los sábados a la noche. Ya mis hermanas salían, pero el benjamín se quedaba frente a la tele haciéndole el ole con los botones del control a cuanto miembro de la familia cruzaba frente a la tele que, desgraciadamente, estaba en un lugar de alta circulación doméstica. Tenía que cambiar de canal cuando pasaban. ¿Qué hacés viendo Grandes valores del tango?, me decía mi hermana del medio, poniéndose los aros. Me gusta, decía yo y pensaba, por favor terminá de arreglarte y despejá que esta película promete. Ya la música misma de Amarcord con la que empezaba Función privada me hacía pasar a la clandestinidad, porque me delataba y tenía que ponerla bajito. Empezaba lo prohibido: en ATC, Carlos Morelli y Rómulo Berruti, wisky en mano, frente al gran poster de Marilyn, presentaban cine italiano, francés y argentino, y siempre prometían escenas muy fuertes. Era la época del destape, la televisión recién empezaba a relajarse. La temprana curiosidad hormonal apenas, y encontraba esos pocos carriles para incursionar en el mundo adulto.
El cine que Función privada nos mostró a toda una generación por esos años era bueno, aunque lo hayamos visto con intenciones bastante poco artísticas, esperando la escena en que finalmente los amantes se iban a los bifes. Yo fui aprendiendo que si era una película italiana había cachondeo de punta a punta, pero no era nada demasiado explícito como desnudos frontales, sino más bien una sucesión de escotes y curvas admirables. Si era francesa, había que soportar a las parejas hablando mucho, pero los diálogos post coitales en general mostraban desnudos largos y despreocupados, francesitas flacas fumando en tetas. Si era una europea de soldados, por ejemplo, estaba asegurada una escena en un burdel. Si era argentina y aparecía Camila Perissé o la pelirroja Katja Alemann había chances de altos momentos, aunque siempre con zamarreada, semi violación y cachetazo pesado de los machotes locales, como Rodolfo Ranni o Federico Luppi (mucha doble consonante en los elencos patrios). El cine argentino no concebía la posibilidad de una escena sexual sin sometimiento; nunca se veía a dos personas pasándola bien, eso se lo dejaban a las de Porcel y Olmedo. Como si el sexo consensuado fuera light o poco interesante para el imaginario post dictadura.
Era lo que había. La idea de Internet estaba todavía oculta en algún cerebro norteamericano, dividida en dos neuronas que no habían hecho sinapsis. No había llegado el cable con los cuerpos verdes, azules y naranjas flameando confusos en el porno codificado. No eran los 90 todavía. Sólo había canales de televisión abierta, de manera que cada centímetro de piel prohibida tenía audiencia total, como si se pasara en cadena nacional. Además, los niños no podíamos entrar al cine a ver Expertos en pinchazos o Las colegialas se divierten. Lo único que nos quedaba era transgredir el horario de protección al menor para ver esas escenas eróticas que quedaron grabadas a fuego. Las escenas de Tacos altos, con Susú Pecoraro, me impresionaron mucho porque en esa época salíamos del colegio en Olivos a almorzar a un bar cerca de la estación donde comía también una prostituta que se paraba en una esquina de Libertador con las mismas calzas rojas que Luisa, el personaje de Susú. Nos veía mirarla comer su hamburguesa y nos sonreía y a veces hasta nos tiraba besitos. Otras había escenas nos tocaban de cerca. En Los chicos de la guerra, un adolescente se va a la casa con la compañera del colegio y después de buscar un disco se da vuelta y ella está desnuda con la corbata de él puesta. Era Emilia Mazer, si no me equivoco. Después estaba todo el género lesbopenitenciario que atravesó los ochentas con Edda Bustamante. Y títulos como Las lobas, con Leonor Benedetto, Los gatos, con Reina Reech... (siguen las dobles letras). Todas esas musas componen mi sexto sentido. Estoy hecho y formado por sus rayos catódicos.
No reniego de mi habilidad.
Tomado de http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0550/articulo.php?art=27378&ed=0550
Por Pedro Mairal
Durante el fin de la infancia y toda mi adolescencia desarrollé una especie de sexto sentido para descubrir sexo con el control remoto. Los años de zapping intuitivo y frenético me dejaron esta habilidad que ya es involuntaria y casi un karma. La gente que ha visto televisión a mi lado es testigo. Enciendo el televisor y con apretar dos o tres botones pongo justo el canal donde hay una escena erótica. Quizá hago un barrido mínimo, una pausa en una película, y ahí están, jugando a la bestia de dos espaldas como dice Yago en Otelo.
La práctica creo que empezó en esa época en que veía Función privada los sábados a la noche. Ya mis hermanas salían, pero el benjamín se quedaba frente a la tele haciéndole el ole con los botones del control a cuanto miembro de la familia cruzaba frente a la tele que, desgraciadamente, estaba en un lugar de alta circulación doméstica. Tenía que cambiar de canal cuando pasaban. ¿Qué hacés viendo Grandes valores del tango?, me decía mi hermana del medio, poniéndose los aros. Me gusta, decía yo y pensaba, por favor terminá de arreglarte y despejá que esta película promete. Ya la música misma de Amarcord con la que empezaba Función privada me hacía pasar a la clandestinidad, porque me delataba y tenía que ponerla bajito. Empezaba lo prohibido: en ATC, Carlos Morelli y Rómulo Berruti, wisky en mano, frente al gran poster de Marilyn, presentaban cine italiano, francés y argentino, y siempre prometían escenas muy fuertes. Era la época del destape, la televisión recién empezaba a relajarse. La temprana curiosidad hormonal apenas, y encontraba esos pocos carriles para incursionar en el mundo adulto.
El cine que Función privada nos mostró a toda una generación por esos años era bueno, aunque lo hayamos visto con intenciones bastante poco artísticas, esperando la escena en que finalmente los amantes se iban a los bifes. Yo fui aprendiendo que si era una película italiana había cachondeo de punta a punta, pero no era nada demasiado explícito como desnudos frontales, sino más bien una sucesión de escotes y curvas admirables. Si era francesa, había que soportar a las parejas hablando mucho, pero los diálogos post coitales en general mostraban desnudos largos y despreocupados, francesitas flacas fumando en tetas. Si era una europea de soldados, por ejemplo, estaba asegurada una escena en un burdel. Si era argentina y aparecía Camila Perissé o la pelirroja Katja Alemann había chances de altos momentos, aunque siempre con zamarreada, semi violación y cachetazo pesado de los machotes locales, como Rodolfo Ranni o Federico Luppi (mucha doble consonante en los elencos patrios). El cine argentino no concebía la posibilidad de una escena sexual sin sometimiento; nunca se veía a dos personas pasándola bien, eso se lo dejaban a las de Porcel y Olmedo. Como si el sexo consensuado fuera light o poco interesante para el imaginario post dictadura.
Era lo que había. La idea de Internet estaba todavía oculta en algún cerebro norteamericano, dividida en dos neuronas que no habían hecho sinapsis. No había llegado el cable con los cuerpos verdes, azules y naranjas flameando confusos en el porno codificado. No eran los 90 todavía. Sólo había canales de televisión abierta, de manera que cada centímetro de piel prohibida tenía audiencia total, como si se pasara en cadena nacional. Además, los niños no podíamos entrar al cine a ver Expertos en pinchazos o Las colegialas se divierten. Lo único que nos quedaba era transgredir el horario de protección al menor para ver esas escenas eróticas que quedaron grabadas a fuego. Las escenas de Tacos altos, con Susú Pecoraro, me impresionaron mucho porque en esa época salíamos del colegio en Olivos a almorzar a un bar cerca de la estación donde comía también una prostituta que se paraba en una esquina de Libertador con las mismas calzas rojas que Luisa, el personaje de Susú. Nos veía mirarla comer su hamburguesa y nos sonreía y a veces hasta nos tiraba besitos. Otras había escenas nos tocaban de cerca. En Los chicos de la guerra, un adolescente se va a la casa con la compañera del colegio y después de buscar un disco se da vuelta y ella está desnuda con la corbata de él puesta. Era Emilia Mazer, si no me equivoco. Después estaba todo el género lesbopenitenciario que atravesó los ochentas con Edda Bustamante. Y títulos como Las lobas, con Leonor Benedetto, Los gatos, con Reina Reech... (siguen las dobles letras). Todas esas musas componen mi sexto sentido. Estoy hecho y formado por sus rayos catódicos.
No reniego de mi habilidad.
Tomado de http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0550/articulo.php?art=27378&ed=0550
domingo, 27 de febrero de 2011
En la mesita de luz
Un escritor, diez libros. Hoy: Fabián Casas
No te formaron diez libros, te formaron millones de libros. Pero sí haría una cosa como de por orden de aparición en i vida más que por importancia.Acá está Celine. Tengo la edición esta de Viaje al fin de la noche. Este libro lo debo haber leído, no sé, quinientas veces… lo leí un montón de veces. Y este libro cuando leí por primera vez me modificó. Después, en un momento esto me transtornó. Los siete locos y los lanzallamas. El prólogo de Arlt es uno de los paradigmas de la literatura argentina. Ese y el prólogo de Ferdydurke de Gombrowicz y la carta de Walsh a la junta militar, eso para mí es el manifiesto de la literatura argentina, cruzándose. Después este, este libro me rompió la cabeza. El traductor, de Salvador Benesdra , trabajó en Página. Para mí es una de las grandes novelas de todos los tiempos, que leí en Argentina. Zelarayán, La piel del caballo. A veces un libro que va a imantar toda una generación o modificar algo no es necesario que tenga muchas páginas. Molloy, de Beckett. Este libro también, me rompió la cabeza. Un libro que es muy hermoso para mí es un libro de Rudy Versafransky que se llama Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía. Esto fue lo que me introdujo en Schoppenhauer y le tengo un cariño increíble. Lo tengo todo marcado y hay frases que son poesía directamente y que me acuerdo me estimulaban muchísimo para escribir. Voy a elegir como último libro un libro que me rompió la cabeza, porque me parecía increíble que un tipo que se estuviera muriendo estuviera escribiendo esto. 2666 de Bolaño. Pensar que el tipo estaba escribiendo esto que es algo tan bueno, tan increíble, que es una máquina, Bolaño es como una máquina narrativa que te dan ganas de escribir cuando lo lees. Aparte hay que leerlo, ¿no? Te separa del tiempo. Hay libros que te sacan tiempo vital y te reclaman que vos te vayas a leer al libro. Acá hay otro libro que me interesó mucho, Noches sin fortuna, de Andrés Caicedo. Un escritor colombiano que se suicidó. Tiene como una cosa de esa literatura, viste como esa literatura que, lo asocio a las matas de pasto que crece entre las rendijas de las paredes. Como que no hay nadie que las propicie y sin embargo crecen ahí y están ahí y son fuertes. Bueno, para mí la literatura de Caicedo es eso. Salinger, los Nueve cuentos. Para mí acá hay cuentos… o sea yo tengo amigos que lo tienen en la mesita de luz, este libro. Viste como cuando sos viejo que tenés en la mesita de luz el vaso de agua con la dentadura. Bueno ellos tienen esto ahora… y yo también. Me parece un libro genial. T.S. Elliot, The waste land. Me parece una obra maestra total. Este libro es increíble. Yo con estos me la bancaría en una isla desierta, me parece.
Fabián Andrés Casas nació el 7 de abril de 1965 en la ciudad de Buenos Aires. Es autor de los libros de poemas "Tuca", "El salmón", "Pogo", "Oda" y "El spleen de Boedo" y el ensayo "Matas de pasto". Publicó también las novelas "Ocio" y "Veteranos del pánico" y el libro de cuentos "Los Lemmings y otros".
Tomado de http://ilgarash.blogspot.com/2011/02/un-escritor-diez-libros-hoy-fabian.html
No te formaron diez libros, te formaron millones de libros. Pero sí haría una cosa como de por orden de aparición en i vida más que por importancia.Acá está Celine. Tengo la edición esta de Viaje al fin de la noche. Este libro lo debo haber leído, no sé, quinientas veces… lo leí un montón de veces. Y este libro cuando leí por primera vez me modificó. Después, en un momento esto me transtornó. Los siete locos y los lanzallamas. El prólogo de Arlt es uno de los paradigmas de la literatura argentina. Ese y el prólogo de Ferdydurke de Gombrowicz y la carta de Walsh a la junta militar, eso para mí es el manifiesto de la literatura argentina, cruzándose. Después este, este libro me rompió la cabeza. El traductor, de Salvador Benesdra , trabajó en Página. Para mí es una de las grandes novelas de todos los tiempos, que leí en Argentina. Zelarayán, La piel del caballo. A veces un libro que va a imantar toda una generación o modificar algo no es necesario que tenga muchas páginas. Molloy, de Beckett. Este libro también, me rompió la cabeza. Un libro que es muy hermoso para mí es un libro de Rudy Versafransky que se llama Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía. Esto fue lo que me introdujo en Schoppenhauer y le tengo un cariño increíble. Lo tengo todo marcado y hay frases que son poesía directamente y que me acuerdo me estimulaban muchísimo para escribir. Voy a elegir como último libro un libro que me rompió la cabeza, porque me parecía increíble que un tipo que se estuviera muriendo estuviera escribiendo esto. 2666 de Bolaño. Pensar que el tipo estaba escribiendo esto que es algo tan bueno, tan increíble, que es una máquina, Bolaño es como una máquina narrativa que te dan ganas de escribir cuando lo lees. Aparte hay que leerlo, ¿no? Te separa del tiempo. Hay libros que te sacan tiempo vital y te reclaman que vos te vayas a leer al libro. Acá hay otro libro que me interesó mucho, Noches sin fortuna, de Andrés Caicedo. Un escritor colombiano que se suicidó. Tiene como una cosa de esa literatura, viste como esa literatura que, lo asocio a las matas de pasto que crece entre las rendijas de las paredes. Como que no hay nadie que las propicie y sin embargo crecen ahí y están ahí y son fuertes. Bueno, para mí la literatura de Caicedo es eso. Salinger, los Nueve cuentos. Para mí acá hay cuentos… o sea yo tengo amigos que lo tienen en la mesita de luz, este libro. Viste como cuando sos viejo que tenés en la mesita de luz el vaso de agua con la dentadura. Bueno ellos tienen esto ahora… y yo también. Me parece un libro genial. T.S. Elliot, The waste land. Me parece una obra maestra total. Este libro es increíble. Yo con estos me la bancaría en una isla desierta, me parece.
Fabián Andrés Casas nació el 7 de abril de 1965 en la ciudad de Buenos Aires. Es autor de los libros de poemas "Tuca", "El salmón", "Pogo", "Oda" y "El spleen de Boedo" y el ensayo "Matas de pasto". Publicó también las novelas "Ocio" y "Veteranos del pánico" y el libro de cuentos "Los Lemmings y otros".
Tomado de http://ilgarash.blogspot.com/2011/02/un-escritor-diez-libros-hoy-fabian.html
Deseos de cosas imposibles
Igual que el mosquito más tonto de la manada,
yo sigo tu luz aunque me lleve a morir,
te sigo como les siguen los puntos finales,
a todas las frases suicidas que buscan su fin.
Igual que el poeta que decide trabajar en un banco,
sería posible que yo en el peor de los casos,
le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón,
haciendo que firme llorando esta declaración:
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón.
Pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré tan sólo a ti.
Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate,
igual que una flor resignada decora un despacho elegante,
prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño
y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.
Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo,
procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso,
un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver,
reduciendo estas palabras a un trozo de papel.
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré tan sólo...
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré,
en silencio te amaré.
La oreja de Van Gogh
yo sigo tu luz aunque me lleve a morir,
te sigo como les siguen los puntos finales,
a todas las frases suicidas que buscan su fin.
Igual que el poeta que decide trabajar en un banco,
sería posible que yo en el peor de los casos,
le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón,
haciendo que firme llorando esta declaración:
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón.
Pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré tan sólo a ti.
Igual que el mendigo cree que el cine es un escaparate,
igual que una flor resignada decora un despacho elegante,
prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño
y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.
Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo,
procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso,
un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver,
reduciendo estas palabras a un trozo de papel.
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré tan sólo...
Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón,
pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré,
en silencio te amaré.
La oreja de Van Gogh
Lista de autobiográficos
Los mejores libros breves de narrativa y autobiografía argentina y latinoamericana...
de Santiago Llach,
Tomado de las notas del espacio de facebook de Santiago Llach. Viernes, 25 de febrero de 2011 a las 23:19
...de los últimos 30 años, según el conjunto arbitrario de amigos facebookeros que contestaron a mi pregunta original, fueron los que siguen. ¿Cuáles faltan? Cuáles sobran? Yo pedí (muy arbitrariamente) que no incluyeran a Aira, Saer, Piglia y Alan Pauls.
No sé que otro objetivo tiene esto que confeccionar colectivamente una extensa lista de libros que en su mayoría, yo al menos, no he leído. ¿Hay alguien que haya leído una buena parte de ellos?
(es la primera vez que etiqueto una nota, etiqueto a los que contestaron y a un par más, quien quiera borrarse puede eliminar la etiqueta, disculpen si es molestia)
"En la pausa", de Diego Meret.
"Una idea genial", de Inés Acevedo.
Solo para Fumadores de Ryberyro
Lo Demás es Silencio de Monterroso
El Grafógrafo de Elizondo
"Marrakech" de Jorge Consiglio
Un año sin amor, de Pablo Pérez
La intemperie, de Gabriela Massuh.
Camilo Asciende, de Hebe Uhart
Linaje, de Gabriela Bejerman
Phoenix, de Muslip
El Grito del Ada de Adolfo Macías (Ecu)
Felipe Delgado de Jaime Sanz (Bol)
Aberración de Bernardo Carvalho (BRA)
Tradiciones Peruanas de Ricardo PALMA
Salón de masajes de Bellatin
La manifestación de Jorge Asis
Una antología de cuentos (algunos son buenos, otros no tanto) de Edmundo Paz Soldán
'Natalia', de Pablo Azócar
'Tengo miedo torero' de Lemebel
Algunos cuentos de Rubem Fonseca
Coronel De Caballería de Murena
Cuentos de Onetti
Tesis sobre un Homicidio, de Diego Paszkowski.
El abra de Luisa Mercedes Levinson
El blog de Monica Muller, viejossonlostrapos
Los papeles salvajes de Marosa di Giorgio
"La virgen de los sicarios", de Fernando Vallejo
"El asco", de Castellanos Moya
"Grieta de fatiga", de Fabio Morábito.
Llamadas de Amsterdan,. de Juan Villoro
la casa de papel, de Carlos María Domínguez
Ciudadano de mis zapatos, de Luis Pescetti
Rivera con El Farmer, La sierva., El amigo de Baudelaire
"La revolución es un sueño eterno" de Andrés Rivera.
"Los ejércitos", de Evelio Rosero (Colombia), "
El desbarrancadero", de Vallejo.
La última de Villoro, "8.8", y
El último cuento de Villoro que está en "Los culpabes", que en realidad es una nouvelle.
"El mendigos chupapijas", de PPérez
"Entrerrianos", de D. Ríos.
"La memorias del Baruni (Tomo I)", de José Leandro Urbina (Chile)"
"La soledad de los aviones", de Sergio Galarza (Perú);
"Carta al padre y otros escritor íntimos", de Daniel Link
"Fantasmas literarios", de Hernán Valdés (Chile-Alemania).
El resplandor de la hoguera, de Héxtor Tizón
Martin Rejtman
Rosario Tijeras.
El testamento de O'Jaral, de Marcelo Cohen
Mongolia, de Bernardo Carvalho,
LA BOLIVIANA de ricardo strafacce
SOCIEDAD DE CONSUMO de javier ragau
DIARIO de alejandro rubio
LOS SECRETOS DE ROMINA LUCAS, ercole lissardi
"Historia de una bliblioteca" de Thomas Abraham.
Historia de mi madre de la Gorodischer
los tres libros de maxine swann
Lamborghini (Osvaldo)
Martín Kohan. Ell último, "Cuentas pendientes"
"Su turno" de Laiseca,
"Plop" de Rafael Pinedo
"La ciudad" Mario Levrero
"Diez" de Juan Emar (chileno)
"Carcel de árboles" R. Rey Rosa
"Muchacha punk"...
portland de ferreiro
Claudia Gilman El Che quiere verte, de Ciro Bustos. Alucinante!
era el cielo de bizzio es buenisimo
En otro orden de cosas, Fogwill
Mairal http://pedromairal.blogspot.com/2007/03/hoy-temprano.html
Emilio, los chistes y la muerte del mexican Fabio Morábito
"El asesino de chanchos", de Luciano Lamberti
"00" de federico Falco,
de Santiago Llach,
Tomado de las notas del espacio de facebook de Santiago Llach. Viernes, 25 de febrero de 2011 a las 23:19
...de los últimos 30 años, según el conjunto arbitrario de amigos facebookeros que contestaron a mi pregunta original, fueron los que siguen. ¿Cuáles faltan? Cuáles sobran? Yo pedí (muy arbitrariamente) que no incluyeran a Aira, Saer, Piglia y Alan Pauls.
No sé que otro objetivo tiene esto que confeccionar colectivamente una extensa lista de libros que en su mayoría, yo al menos, no he leído. ¿Hay alguien que haya leído una buena parte de ellos?
(es la primera vez que etiqueto una nota, etiqueto a los que contestaron y a un par más, quien quiera borrarse puede eliminar la etiqueta, disculpen si es molestia)
"En la pausa", de Diego Meret.
"Una idea genial", de Inés Acevedo.
Solo para Fumadores de Ryberyro
Lo Demás es Silencio de Monterroso
El Grafógrafo de Elizondo
"Marrakech" de Jorge Consiglio
Un año sin amor, de Pablo Pérez
La intemperie, de Gabriela Massuh.
Camilo Asciende, de Hebe Uhart
Linaje, de Gabriela Bejerman
Phoenix, de Muslip
El Grito del Ada de Adolfo Macías (Ecu)
Felipe Delgado de Jaime Sanz (Bol)
Aberración de Bernardo Carvalho (BRA)
Tradiciones Peruanas de Ricardo PALMA
Salón de masajes de Bellatin
La manifestación de Jorge Asis
Una antología de cuentos (algunos son buenos, otros no tanto) de Edmundo Paz Soldán
'Natalia', de Pablo Azócar
'Tengo miedo torero' de Lemebel
Algunos cuentos de Rubem Fonseca
Coronel De Caballería de Murena
Cuentos de Onetti
Tesis sobre un Homicidio, de Diego Paszkowski.
El abra de Luisa Mercedes Levinson
El blog de Monica Muller, viejossonlostrapos
Los papeles salvajes de Marosa di Giorgio
"La virgen de los sicarios", de Fernando Vallejo
"El asco", de Castellanos Moya
"Grieta de fatiga", de Fabio Morábito.
Llamadas de Amsterdan,. de Juan Villoro
la casa de papel, de Carlos María Domínguez
Ciudadano de mis zapatos, de Luis Pescetti
Rivera con El Farmer, La sierva., El amigo de Baudelaire
"La revolución es un sueño eterno" de Andrés Rivera.
"Los ejércitos", de Evelio Rosero (Colombia), "
El desbarrancadero", de Vallejo.
La última de Villoro, "8.8", y
El último cuento de Villoro que está en "Los culpabes", que en realidad es una nouvelle.
"El mendigos chupapijas", de PPérez
"Entrerrianos", de D. Ríos.
"La memorias del Baruni (Tomo I)", de José Leandro Urbina (Chile)"
"La soledad de los aviones", de Sergio Galarza (Perú);
"Carta al padre y otros escritor íntimos", de Daniel Link
"Fantasmas literarios", de Hernán Valdés (Chile-Alemania).
El resplandor de la hoguera, de Héxtor Tizón
Martin Rejtman
Rosario Tijeras.
El testamento de O'Jaral, de Marcelo Cohen
Mongolia, de Bernardo Carvalho,
LA BOLIVIANA de ricardo strafacce
SOCIEDAD DE CONSUMO de javier ragau
DIARIO de alejandro rubio
LOS SECRETOS DE ROMINA LUCAS, ercole lissardi
"Historia de una bliblioteca" de Thomas Abraham.
Historia de mi madre de la Gorodischer
los tres libros de maxine swann
Lamborghini (Osvaldo)
Martín Kohan. Ell último, "Cuentas pendientes"
"Su turno" de Laiseca,
"Plop" de Rafael Pinedo
"La ciudad" Mario Levrero
"Diez" de Juan Emar (chileno)
"Carcel de árboles" R. Rey Rosa
"Muchacha punk"...
portland de ferreiro
Claudia Gilman El Che quiere verte, de Ciro Bustos. Alucinante!
era el cielo de bizzio es buenisimo
En otro orden de cosas, Fogwill
Mairal http://pedromairal.blogspot.com/2007/03/hoy-temprano.html
Emilio, los chistes y la muerte del mexican Fabio Morábito
"El asesino de chanchos", de Luciano Lamberti
"00" de federico Falco,
Carancho
Muy buena historia. Muy buen planteo de argumento y resolución. Excelentes actuaciones. Personajes vivos, queribles-odiables, reconocibles.
Muy dolorosa la corrupción de la medicina y de la abogacía, lo irremediable de algunos situaciones argentinas, el hospital Posadas, el creer que se puede "hacer las cosas bien" y no.
No me gustó.
Muy dolorosa la corrupción de la medicina y de la abogacía, lo irremediable de algunos situaciones argentinas, el hospital Posadas, el creer que se puede "hacer las cosas bien" y no.
No me gustó.
viernes, 25 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
18 por 18 en Eterna
:: Martes de Eterna Cadencia ::
Un fresco literario en una lectura multitudinaria
24-02-2011 |
Dieciocho escritores compartieron dos minutos de sus lecturas favoritas.
Por PZ.

jorge consiglio
A finales del año pasado, la revista Lamujerdemivida convocó a diferentes personas del mundo literario para participar en la presentación del número 61. Esa tarde, cada invitado debía leer un minuto de un texto favorito. La propuesta fue tan interesante que esta vez, iniciando nuestro ciclo de actividades, le pedimos permiso a la gente de la revista para reeditar el evento.
El martes pasado, entonces, dieciocho escritores participaron en una lectura multitudinaria en la terraza de la librería. Le pedimos a cada uno que leyera un fragmento de dos minutos de un escritor favorito y, además, que contaran el por qué de su elección. El resultado fue un fresco literario en el que distintos escritores de distintos intereses y estilos leyeron a distintos escritores de distintos intereses y estilos.
Inauguró el encuentro Jorge Consiglio. El autor de El otro lado leyó el comienzo de Los adioses de Onetti. “Lo que a mí más me apasiona –dijo– tiene que ver no solamente con la estética sino con el intento de rozar la verdad dentro de la ficción”. En una apuesta diferente, siguió Gabriela Bejerman que histriónica, conquistando la escena, leyó dos poemas eróticos de Luciana Caamaño, a quien conoció en el Festival de Poesía de Rosario. Con gestos de superada tiraba las hojas a medida que avanzaba la lectura.

gabriela bejerman
Hernán Ronsino leyó “El gallo de la viuda del coronel”, un cuento para adultos (”esa categoría es rara, ¿no?”) de Javier Villafañe incluido en el libro Paseo con difuntos. La cuarta en leer fue María Rosa Lojo: la autora de La princesa federal y Arbol de familia eligió un fragmento de La rosa en el viento, de Sara Gallardo: “su prosa me parece fascinante, creo que encarna un particular ideal de poesía”.
Guillermo Piro parece haber leído todo lo que se publicó desde los Diez Mandamientos a la fecha y probablemente todo lo que se vaya a publicar en los próximos seis meses. Es capaz de vincular libros y narrativas por los espacios menos pensados. El autor de Celeste y Blanca leyó Arno Schmidt (”uno de mis tótems”) traducido por Luis Alberto Bizzio. La lectura de Piro fue un momento maravilloso porque el evidente afecto con el que leía. No pudo esconder la sonrisa durante todo el tramo.
Siguió Hinde Pomeraniec, directora de la editorial Norma. “Pensé en leer a un autor argentino -dijo–. Entonces aparecieron las cuestiones sentimentales: uno puede decir rápidamente que va a leer lo que está leyendo, pero es lindo jugar a ver qué es lo primero que aparece y entre esas cosas apareció El entenado que es una de mis novelas favoritas de Saer. Pensaba en la respiración de la prosa y me acordaba de una anécdota de fines de los ochenta en la que Saer recibía unos anónimos que decían algo así como «yo, intento, trato, pero no consigo, escribir, como ese hijo de remil putas de Saer». Algunas versiones dicen que Fogwill era el que mandaba esos anónimos a París. Teniendo en cuenta que es una de mis novelas favoritas, uno de mis autores favoritos a quien tuve la suerte de entrevistar varias veces, que es además la novela con la que mi maestro Nicolás Rosa entró en la carrera de Letras y que tuvimos el placer de tener un seminario con esta novela voy a leer el fragmento del asadito”.
La elección de Esteban Castromán, escritor, poeta y editor de Clase turista, fue Los inconsolables de Kazuo Ishiguro. Sorprendió que eligiera un autor de un estilo tan clásico siendo Castromán alguien que se maneja con una estética pop en sus propias producciones. “Habrá que ver cuánto de Ishiguro se cuela en mis novelas –dijo–. La primera vez que leí esta novela me aburrió un poco, la segunda vez me hizo reír mucho y en la tercera me obsesioné y empecé a memorizar fragmentos de memoria”, dijo.
Stuart Crimco acompañó a la poeta y traductora Cecilia Pavón. Ella fue quien lo presentó: “voy a leer un poema de un libro que publicamos hace poco en Belleza y Felicidad, de mi amigo Stuart Crimco. Cuando estoy traduciendo algo que elijo traducir sólo me gusta eso”. Ambos leyeron “Psicoanalisis”, primero Pavón en español, luego Crimco en el inglés original.
La décima en leer fue Mariana Enriquez, que leyó el principio de Una temporada en el infierno de Rimbaud. “Mi autor favorito de verdad es Rimbaud, a quien debo haber leído a los diez u once años, lo que habla de la libertad estrafalaria que había en mi casa. Me dieron Una temporada en el infierno y Las flores del mal. Una temporada en el infierno me gustó un poco más; no lo entendí, pero me pareció que era buenísimo. La edición venía con una foto: no sé si lo vieron a Rimbaud pero hoy hubiera estado fuerte. Me enamoré entonces y sigo enamorada, lo que la hace la relación más larga que he tenido en mi vida. El murió a los 37 años, que es la edad que tengo, así que ahora voy a estar enamorada de un hombre que es más joven que yo y que encima está muerto… Todo complicadísimo.”
Gustavo Ferreira, autor de Piquito de oro y Dóberman, contó que después de dudar mucho se decidió por el comienzo de Jakob von Gunten de Robert Walser, porque hubiera sido difícil acotar a Celine en dos minutos: “aunque no voy a leerlo –dijo– recomiendo el fragmento de la revisación médica de Ferdinand para comenzar a trabajar en la Ford”. Entre clásico y clásico, Gabriela Cabezón Cámara intercaló unos párrafos de Bombilla macabra, una novela aún inédita de Rodolfo Demarco, que dentro de un par de meses será publicada por la editorial Blatt-Ríos.
La propuesta de Luis Diego Fernández es la de recontextualizar la filosofía partiendo de diferentes vínculos del hedonismo, por eso en su Escuela de filosofía realiza cursos en los que relaciona los textos de Platón o Nietzsche con una cepa de vino o con un tipo de comida. Fiel a esa propuesta, leyó fragmentos de Ecce homo en los que Nietzsche habla de gastronomía. En oposición a la lectura de Fernández, la poeta Mercedes Halfon leyó un poema de Sylvia Plath: “Siempre que lo leo me causa algún efecto. Se llama “Regalo de cumpleaños” y lo voy a leer porque no es mi cumpleaños; si lo fuera me daría un poco de miedo”.
Carlos Busqued había pensado traer poemas de Carver o de Hans Magnus Enzensberger, pero finalmente prefirió leer ocho breves fragmentos de Bob Chow, “alguien que está bordeando la esquizofrenia”. Los textos que leyó se publicaron hoy en la sección Ficción del blog.
Patricia Kolesnicov, autora de Biografía de mi cáncer, leyó el comienzo de Autobiografía de mi madre de Jamaica Kincaid. “Kincaid toma la brutalidad del colonialismo, la brutalidad de los vínculos y la brutalidad del cuerpo y hace un extracto de eso”, dijo.
“Elegí un fragmento de un poeta ensayista cuentista novelista cubano llamado Antonio José Ponte”, dijo Oliverio Coelho, casi cerrando el encuentro. “Elegí un fragmento de La fiesta vigilada que caracteriza a un linaje de escritores que reivindica su condición irónica, que la pasan mal en Cuba. Que no son oficialistas, pero tampoco son cubanos profesionales. Quedan entre dos aguas y a menudo, como ocurrió con Cabrera Infante, viven con la pesadilla del escritor acechado. Ponte se dio cuenta que se estaba transformando en un muerto civil y tuvo que exiliarse, pero hasta último momento se quedó en Cuba”.
La última lectura estuvo a cargo de Matilde Sánchez. En realidad fueron dos lecturas: el comienzo de Casa de Ottro, de Marcelo Cohen, y el final de Rabia de Sergio Bizzio. “Tenía ganas de traer libros de escritores de mi generación y no me podía decidir. Como soy la última quizá tengan un poco de paciencia y compartan, no mi elección, si no mi indecisión. Marcelo Cohen es un autor cuya obra me encanta, lo descubro tardíamente. Este es un excelente momento de él como autor, es un maestro de la prosa. Cada párrafo y cada renglón de esos párrafos es significativo. Y Rabia, de Bizzio, es uno de los mejores libros que se publicaron en los últimos diez años, creo que no se le dio el lugar que merece. Con Sergio no tengo un universo de ficciones en común, pero me gusta mucho cómo escribe. Tiene una capacidad contraria a la de Marcelo Cohen, que es la de ocultar su prodigiosa escritura. Su prosa jamás hace alarde y eso me provoca muchísima admiración. Nunca cede a una actitud narcisista de mostrar todo lo que puede hacer.”

parte del público
La tarde se hizo oscura y los escritores invitados terminaron leyendo con el foco de una lámpara amarilla que apuntaba hacia la mesa, generando un ambiente de intimidad y misterio. Así recibimos la noche. Seguramente cuando vayamos a las crónicas de Hinde Pomeraniec buscaremos los ecos de Saer o a Onetti en los cuentos de Consiglio o la ironía de Ponte detrás de la de Coelho. Cada invitado dejó una pista, una cifra, una herramienta para buscar, como un rastro arqueológico, las influencias de aquellas otras voces en estas tan vigentes.
Un fresco literario en una lectura multitudinaria
24-02-2011 |
Dieciocho escritores compartieron dos minutos de sus lecturas favoritas.
Por PZ.

jorge consiglio
A finales del año pasado, la revista Lamujerdemivida convocó a diferentes personas del mundo literario para participar en la presentación del número 61. Esa tarde, cada invitado debía leer un minuto de un texto favorito. La propuesta fue tan interesante que esta vez, iniciando nuestro ciclo de actividades, le pedimos permiso a la gente de la revista para reeditar el evento.
El martes pasado, entonces, dieciocho escritores participaron en una lectura multitudinaria en la terraza de la librería. Le pedimos a cada uno que leyera un fragmento de dos minutos de un escritor favorito y, además, que contaran el por qué de su elección. El resultado fue un fresco literario en el que distintos escritores de distintos intereses y estilos leyeron a distintos escritores de distintos intereses y estilos.
Inauguró el encuentro Jorge Consiglio. El autor de El otro lado leyó el comienzo de Los adioses de Onetti. “Lo que a mí más me apasiona –dijo– tiene que ver no solamente con la estética sino con el intento de rozar la verdad dentro de la ficción”. En una apuesta diferente, siguió Gabriela Bejerman que histriónica, conquistando la escena, leyó dos poemas eróticos de Luciana Caamaño, a quien conoció en el Festival de Poesía de Rosario. Con gestos de superada tiraba las hojas a medida que avanzaba la lectura.

gabriela bejerman
Hernán Ronsino leyó “El gallo de la viuda del coronel”, un cuento para adultos (”esa categoría es rara, ¿no?”) de Javier Villafañe incluido en el libro Paseo con difuntos. La cuarta en leer fue María Rosa Lojo: la autora de La princesa federal y Arbol de familia eligió un fragmento de La rosa en el viento, de Sara Gallardo: “su prosa me parece fascinante, creo que encarna un particular ideal de poesía”.
Guillermo Piro parece haber leído todo lo que se publicó desde los Diez Mandamientos a la fecha y probablemente todo lo que se vaya a publicar en los próximos seis meses. Es capaz de vincular libros y narrativas por los espacios menos pensados. El autor de Celeste y Blanca leyó Arno Schmidt (”uno de mis tótems”) traducido por Luis Alberto Bizzio. La lectura de Piro fue un momento maravilloso porque el evidente afecto con el que leía. No pudo esconder la sonrisa durante todo el tramo.
Siguió Hinde Pomeraniec, directora de la editorial Norma. “Pensé en leer a un autor argentino -dijo–. Entonces aparecieron las cuestiones sentimentales: uno puede decir rápidamente que va a leer lo que está leyendo, pero es lindo jugar a ver qué es lo primero que aparece y entre esas cosas apareció El entenado que es una de mis novelas favoritas de Saer. Pensaba en la respiración de la prosa y me acordaba de una anécdota de fines de los ochenta en la que Saer recibía unos anónimos que decían algo así como «yo, intento, trato, pero no consigo, escribir, como ese hijo de remil putas de Saer». Algunas versiones dicen que Fogwill era el que mandaba esos anónimos a París. Teniendo en cuenta que es una de mis novelas favoritas, uno de mis autores favoritos a quien tuve la suerte de entrevistar varias veces, que es además la novela con la que mi maestro Nicolás Rosa entró en la carrera de Letras y que tuvimos el placer de tener un seminario con esta novela voy a leer el fragmento del asadito”.
La elección de Esteban Castromán, escritor, poeta y editor de Clase turista, fue Los inconsolables de Kazuo Ishiguro. Sorprendió que eligiera un autor de un estilo tan clásico siendo Castromán alguien que se maneja con una estética pop en sus propias producciones. “Habrá que ver cuánto de Ishiguro se cuela en mis novelas –dijo–. La primera vez que leí esta novela me aburrió un poco, la segunda vez me hizo reír mucho y en la tercera me obsesioné y empecé a memorizar fragmentos de memoria”, dijo.
Stuart Crimco acompañó a la poeta y traductora Cecilia Pavón. Ella fue quien lo presentó: “voy a leer un poema de un libro que publicamos hace poco en Belleza y Felicidad, de mi amigo Stuart Crimco. Cuando estoy traduciendo algo que elijo traducir sólo me gusta eso”. Ambos leyeron “Psicoanalisis”, primero Pavón en español, luego Crimco en el inglés original.
La décima en leer fue Mariana Enriquez, que leyó el principio de Una temporada en el infierno de Rimbaud. “Mi autor favorito de verdad es Rimbaud, a quien debo haber leído a los diez u once años, lo que habla de la libertad estrafalaria que había en mi casa. Me dieron Una temporada en el infierno y Las flores del mal. Una temporada en el infierno me gustó un poco más; no lo entendí, pero me pareció que era buenísimo. La edición venía con una foto: no sé si lo vieron a Rimbaud pero hoy hubiera estado fuerte. Me enamoré entonces y sigo enamorada, lo que la hace la relación más larga que he tenido en mi vida. El murió a los 37 años, que es la edad que tengo, así que ahora voy a estar enamorada de un hombre que es más joven que yo y que encima está muerto… Todo complicadísimo.”
Gustavo Ferreira, autor de Piquito de oro y Dóberman, contó que después de dudar mucho se decidió por el comienzo de Jakob von Gunten de Robert Walser, porque hubiera sido difícil acotar a Celine en dos minutos: “aunque no voy a leerlo –dijo– recomiendo el fragmento de la revisación médica de Ferdinand para comenzar a trabajar en la Ford”. Entre clásico y clásico, Gabriela Cabezón Cámara intercaló unos párrafos de Bombilla macabra, una novela aún inédita de Rodolfo Demarco, que dentro de un par de meses será publicada por la editorial Blatt-Ríos.
La propuesta de Luis Diego Fernández es la de recontextualizar la filosofía partiendo de diferentes vínculos del hedonismo, por eso en su Escuela de filosofía realiza cursos en los que relaciona los textos de Platón o Nietzsche con una cepa de vino o con un tipo de comida. Fiel a esa propuesta, leyó fragmentos de Ecce homo en los que Nietzsche habla de gastronomía. En oposición a la lectura de Fernández, la poeta Mercedes Halfon leyó un poema de Sylvia Plath: “Siempre que lo leo me causa algún efecto. Se llama “Regalo de cumpleaños” y lo voy a leer porque no es mi cumpleaños; si lo fuera me daría un poco de miedo”.
Carlos Busqued había pensado traer poemas de Carver o de Hans Magnus Enzensberger, pero finalmente prefirió leer ocho breves fragmentos de Bob Chow, “alguien que está bordeando la esquizofrenia”. Los textos que leyó se publicaron hoy en la sección Ficción del blog.
Patricia Kolesnicov, autora de Biografía de mi cáncer, leyó el comienzo de Autobiografía de mi madre de Jamaica Kincaid. “Kincaid toma la brutalidad del colonialismo, la brutalidad de los vínculos y la brutalidad del cuerpo y hace un extracto de eso”, dijo.
“Elegí un fragmento de un poeta ensayista cuentista novelista cubano llamado Antonio José Ponte”, dijo Oliverio Coelho, casi cerrando el encuentro. “Elegí un fragmento de La fiesta vigilada que caracteriza a un linaje de escritores que reivindica su condición irónica, que la pasan mal en Cuba. Que no son oficialistas, pero tampoco son cubanos profesionales. Quedan entre dos aguas y a menudo, como ocurrió con Cabrera Infante, viven con la pesadilla del escritor acechado. Ponte se dio cuenta que se estaba transformando en un muerto civil y tuvo que exiliarse, pero hasta último momento se quedó en Cuba”.
La última lectura estuvo a cargo de Matilde Sánchez. En realidad fueron dos lecturas: el comienzo de Casa de Ottro, de Marcelo Cohen, y el final de Rabia de Sergio Bizzio. “Tenía ganas de traer libros de escritores de mi generación y no me podía decidir. Como soy la última quizá tengan un poco de paciencia y compartan, no mi elección, si no mi indecisión. Marcelo Cohen es un autor cuya obra me encanta, lo descubro tardíamente. Este es un excelente momento de él como autor, es un maestro de la prosa. Cada párrafo y cada renglón de esos párrafos es significativo. Y Rabia, de Bizzio, es uno de los mejores libros que se publicaron en los últimos diez años, creo que no se le dio el lugar que merece. Con Sergio no tengo un universo de ficciones en común, pero me gusta mucho cómo escribe. Tiene una capacidad contraria a la de Marcelo Cohen, que es la de ocultar su prodigiosa escritura. Su prosa jamás hace alarde y eso me provoca muchísima admiración. Nunca cede a una actitud narcisista de mostrar todo lo que puede hacer.”

parte del público
La tarde se hizo oscura y los escritores invitados terminaron leyendo con el foco de una lámpara amarilla que apuntaba hacia la mesa, generando un ambiente de intimidad y misterio. Así recibimos la noche. Seguramente cuando vayamos a las crónicas de Hinde Pomeraniec buscaremos los ecos de Saer o a Onetti en los cuentos de Consiglio o la ironía de Ponte detrás de la de Coelho. Cada invitado dejó una pista, una cifra, una herramienta para buscar, como un rastro arqueológico, las influencias de aquellas otras voces en estas tan vigentes.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Las ciudades y Calvino
“¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles.
A este emperador melancólico que ha comprendido que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla de ciudades imposibles, por ejemplo una ciudad microscópica que va ensanchándose y termina formada por muchas ciudades concéntricas en expansión, una ciudad telaraña suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana”.
Italo Calvino
Texto: Italo Calvino * // Imágenes: Josefina Hurtado
Isaura

Las ciudades sutiles
Se supone que Isaura, ciudad de los mil pozos, surge sobre un profundo lago subterráneo. Dondequiera que los habitantes, excavando en la tierra largos agujeros verticales, han conseguido sacar agua, hasta allí y no más lejos se ha extendido la ciudad: su perímetro verdeante repite el de las orillas oscuras del lago sepulto, un paisaje invisible condiciona el visible, todo lo que se mueve al sol es impelido por la ola que bate encerrada bajo el cielo calcáreo de la roca. En consecuencia, religiones de dos especies se dan en Isaura. Los dioses de la ciudad, según algunos, habitan en las profundidades, en el lago negro que alimenta las venas subterráneas. Según otros, los dioses habitan en los cubos que suben colgados de la cuerda cuando aparecen fuera del brocal de los pozos, en las roldanas que giran, en los cabrestantes de las norias, en las palancas de las bombas, en las palas de los molinos de viento que suben el agua de las perforaciones, en los andamiajes de tela metálica que encauzan el enroscarse de las sondas, en los tanques posados en zancos sobre los techos, en los arcos delgados de los acueductos, en todas las columnas de agua, las tuberías verticales, los sifones, los rebosaderos, subiendo hasta las veletas que coronan las aéreas estructuras de Isaura, ciudad que se vuelve toda hacia lo alto.
Tecla

Las ciudades y el cielo
El que llega a Tecla poco ve de la ciudad, detrás de las cercas de tablas, los abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda, los esqueletos de alambre. A la pregunta: —¿por qué la construcción de Tecla se hace tan larga?— los habitantes, sin dejar de levantar cubos, de bajar plomadas, de mover de arriba abajo largos pinceles: —Para que no empiece la destrucción —responden. E interrogados sobre si temen que apenas quitados los andamios la ciudad empiece a resquebrajarse y hacerse pedazos, añaden con prisa, en voz baja: —No sólo la ciudad.
Si, insatisfecho con la respuesta, alguno apoya el ojo en la rendija de una empalizada, ve grúas que suben otras grúas, armazones que cubren otras armazones, vigas que apuntalan otras vigas.
—¿Que sentido tiene este construir?—pregunta—. ¿Cuál es el fin de una ciudad en construcción sino una ciudad? ¿Dónde está el plano que siguen, el proyecto?
—Te lo mostraremos apenas termine la jornada; ahora no podemos interrumpir —responden.
El trabajo cesa al atardecer. Cae la noche sobre la obra en construcción. Es una noche estrellada.
—Éste es el proyecto— dicen.
Filides

Las ciudades y los ojos
Al llegar a Fílides, te complaces en observar cuántos puentes distintos uno del otro atraviesan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas, colgantes, con parapetos calados; cuántas variedades de ventanas se asoman a las calles: en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o por rosetones; cuántas especies de pavimentos cubren el suelo: cantos rodados, lastrones, grava, baldosas blancas y azules. En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por los muros de la fortaleza, las estatuas de tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz el que tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada. Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días. Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no te fijas. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar a la tienda de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que se encuentra fuera de los ojos sino adentro, sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre es porque por el pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o bien sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que ya no recuerdas dónde estaba. Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa.
Tomado de http://www.bifurcaciones.cl/004/Invisibles.htm
A este emperador melancólico que ha comprendido que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla de ciudades imposibles, por ejemplo una ciudad microscópica que va ensanchándose y termina formada por muchas ciudades concéntricas en expansión, una ciudad telaraña suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana”.
Italo Calvino
Texto: Italo Calvino * // Imágenes: Josefina Hurtado
Isaura

Las ciudades sutiles
Se supone que Isaura, ciudad de los mil pozos, surge sobre un profundo lago subterráneo. Dondequiera que los habitantes, excavando en la tierra largos agujeros verticales, han conseguido sacar agua, hasta allí y no más lejos se ha extendido la ciudad: su perímetro verdeante repite el de las orillas oscuras del lago sepulto, un paisaje invisible condiciona el visible, todo lo que se mueve al sol es impelido por la ola que bate encerrada bajo el cielo calcáreo de la roca. En consecuencia, religiones de dos especies se dan en Isaura. Los dioses de la ciudad, según algunos, habitan en las profundidades, en el lago negro que alimenta las venas subterráneas. Según otros, los dioses habitan en los cubos que suben colgados de la cuerda cuando aparecen fuera del brocal de los pozos, en las roldanas que giran, en los cabrestantes de las norias, en las palancas de las bombas, en las palas de los molinos de viento que suben el agua de las perforaciones, en los andamiajes de tela metálica que encauzan el enroscarse de las sondas, en los tanques posados en zancos sobre los techos, en los arcos delgados de los acueductos, en todas las columnas de agua, las tuberías verticales, los sifones, los rebosaderos, subiendo hasta las veletas que coronan las aéreas estructuras de Isaura, ciudad que se vuelve toda hacia lo alto.
Tecla

Las ciudades y el cielo
El que llega a Tecla poco ve de la ciudad, detrás de las cercas de tablas, los abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda, los esqueletos de alambre. A la pregunta: —¿por qué la construcción de Tecla se hace tan larga?— los habitantes, sin dejar de levantar cubos, de bajar plomadas, de mover de arriba abajo largos pinceles: —Para que no empiece la destrucción —responden. E interrogados sobre si temen que apenas quitados los andamios la ciudad empiece a resquebrajarse y hacerse pedazos, añaden con prisa, en voz baja: —No sólo la ciudad.
Si, insatisfecho con la respuesta, alguno apoya el ojo en la rendija de una empalizada, ve grúas que suben otras grúas, armazones que cubren otras armazones, vigas que apuntalan otras vigas.
—¿Que sentido tiene este construir?—pregunta—. ¿Cuál es el fin de una ciudad en construcción sino una ciudad? ¿Dónde está el plano que siguen, el proyecto?
—Te lo mostraremos apenas termine la jornada; ahora no podemos interrumpir —responden.
El trabajo cesa al atardecer. Cae la noche sobre la obra en construcción. Es una noche estrellada.
—Éste es el proyecto— dicen.
Filides

Las ciudades y los ojos
Al llegar a Fílides, te complaces en observar cuántos puentes distintos uno del otro atraviesan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas, colgantes, con parapetos calados; cuántas variedades de ventanas se asoman a las calles: en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o por rosetones; cuántas especies de pavimentos cubren el suelo: cantos rodados, lastrones, grava, baldosas blancas y azules. En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por los muros de la fortaleza, las estatuas de tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz el que tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada. Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días. Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no te fijas. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar a la tienda de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que se encuentra fuera de los ojos sino adentro, sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre es porque por el pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o bien sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que ya no recuerdas dónde estaba. Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa.
Tomado de http://www.bifurcaciones.cl/004/Invisibles.htm
martes, 22 de febrero de 2011
Las mamushkas aman las cucharas soperas
Serie mamushkas #16 Tomado del blog Realidad Atolondrada
Las mamushkas aman las cucharas soperas
Las usan de espejo
para verse del revés
Mamushkas, Roberta Iannamico, 2000
Entrevista con roberta, abril, 2009: nos dice cuáles eran las dos influencias más grandes mientras escribía sus mamushkitas. Son su embarazo y el aleph de Borges. ¿Qué tienen que ver con la mamushka (o matrioshca como se conoce en el resto del mundo, las muñequitas rusas)? Todos son lugares multi-espaciales. Todos son un punto espacial solo que contiene una multiplicidad de espacios adentro.
Entonces, ¿por qué las mamushkas aman tanto las cucharas soperas?
Qué es el espejo, si no el no lugar de la reproducción de imágenes. Es el lugar espacial solo donde es posible reproducir las imágenes de varios lugares. Pensá en la peluquería con dos espejos enfrentándose….
Acá enfrentamos una reproducción infinita de imágenes dentro de un espacio confinado. La mamushka es uno de esos espejos; también lo es la cuchara sopera. Por eso, poner cara a cara la mamushka y la cuchara sopera es estar en la peluquería viendo la reproducción infinita de esas imágenes.
Las mamushkas aman las cucharas soperas
Las usan de espejo
para verse del revés
Mamushkas, Roberta Iannamico, 2000
Entrevista con roberta, abril, 2009: nos dice cuáles eran las dos influencias más grandes mientras escribía sus mamushkitas. Son su embarazo y el aleph de Borges. ¿Qué tienen que ver con la mamushka (o matrioshca como se conoce en el resto del mundo, las muñequitas rusas)? Todos son lugares multi-espaciales. Todos son un punto espacial solo que contiene una multiplicidad de espacios adentro.
Entonces, ¿por qué las mamushkas aman tanto las cucharas soperas?
Qué es el espejo, si no el no lugar de la reproducción de imágenes. Es el lugar espacial solo donde es posible reproducir las imágenes de varios lugares. Pensá en la peluquería con dos espejos enfrentándose….
Acá enfrentamos una reproducción infinita de imágenes dentro de un espacio confinado. La mamushka es uno de esos espejos; también lo es la cuchara sopera. Por eso, poner cara a cara la mamushka y la cuchara sopera es estar en la peluquería viendo la reproducción infinita de esas imágenes.
domingo, 20 de febrero de 2011
¿Y si escribir fuera sólo la modesta antesala de una pasión pictórica?
Mario Bellatin
El problema Bellatin
por Alan Pauls
Tomado de http://www.elinterpretador.net/20AlanPauls-ElProblemaBellatin.html
Me cuesta imaginar a Mario Bellatin como un escritor. Hace algunos años que no hago más que leerlo, que todo lo que sé de él me llega por vía escrita y que su "obra", como quien dice, se la pasa proliferando en plaquettes, en nouvelles, en libritos como éste que hoy presentamos, La escuela del dolor humano de Sechuán. Y sin embargo, no hay caso: no consigo verlo del todo como un escritor. Es más: muchas veces tengo la impresión de que esa identidad —la identidad „literaria" de Bellatin— no es otra cosa que un trompe l’oeil, una especie de alias, la impostura que Bellatin ha venido poniendo a punto con el tiempo para —en algún momento, tal vez esta misma noche, acá, como se dice: en vivo— llegar al límite, colmar el vaso de su propia comedia y desenmascararse y revelar por fin qué diablos era esa otra dimensión con la que flirteaba pero en la que nunca terminaba de instalarse, cuál esa otra práctica que nos hacía desear y de la que no dejaba de mantenernos apartados, qué clase de identidad ésa que la suya, la identidad del "Bellatin escritor", se regodeaba tanto insinuando y aplazando.
Más de una vez Bellatin ha dicho que la clave, para él, es crear "mundos propios, universos cerrados que sólo tengan que dar cuenta a la ficción que los sustenta". Todos sus libros, hay que decirlo, acatan esa ley al pie de la letra. Lo primero que hacen, siempre, es establecer coordenadas, delimitar territorios, mapear con precisión el material que se disponen a abordar. Como si la única manera de romper el silencio fuera decir: "Las cosas son así, esto sucede en tal zona, tiene este nombre, se rige por tales reglas y exige satisfacer tales y cuales condiciones". Ése sería un poco el gesto inaugural de las ficciones de Bellatin: una manera de empezar donde se mezclan la excitación despótica del juego, la monotonía administrativa del contractualismo y la fruición un poco malsana de los protocolos experimentales. Pero lo extraño de Bellatin —lo que llamaríamos su sello de fábrica de escritor, que también es, sin embargo, lo que no deja de poner en veremos su identidad literaria— es que apenas establece esos puntos de partida programáticos, verdaderos manuales de instrucciones de los mundos que vendrán, esa operación, que debería obligar al libro a cerrarse sobre sí mismo, como las escotillas de los submarinos, y a instalarse en el limbo satisfecho de la autarquía, produce el efecto exactamente inverso: la ficción, de un modo imperceptible, se vuelve adyacente, como subsidiaria, y se pone a acompañar, a escoltar, a duplicar alguna otra cosa, y cuando queremos darnos cuenta —si es que queremos darnos cuenta—, la ley a la que responde ya no es propia sino ajena, de otro orden, de un orden que no vemos, que se nos sustrae o que ha quedado fuera de cuadro.
El formato de los libros de Bellatin tiene algo que ver con eso, me parece. Se diría, a primera vista, que Bellatin escribe corto. Sus libros a duras penas suelen superar las cien páginas. Pero eso no es nada. Porque los textos que componen esos libros cortos son igualmente cortos, nunca de más de tres páginas. Son parpadeos: empiezan y terminan de golpe, como visiones que destellan entre dos fundidos a negro, y en algunos casos —Lecciones para una liebre muerta, por ejemplo— parecen encaminarse hacia una especie de existencia mínima, unimembre, como de telegrama beckettiano póstumo. La impresión, siempre, es que esos libros cortos que leemos, trenzados e intermitentes, como lo dicta la lógica Bellatin, son en realidad derivados, reliquias, ruinas impecablemente presentadas que sobrevivieron —después de una serie de operaciones de corte, puesta entre paréntesis, elipsis, deshidratación, compactamiento— de un corpus gigante, monstruoso, que seguramente nunca conoceremos. (Para comparar maneras de ser breve: lo que escribe Aira —otro al que le gusta mucho proliferar— es siempre lo que hay; Bellatin, en cambio, escribe siempre lo que queda.) Es como si la Obra ya hubiera sido concebida, una obra inmensa, oceánica, sin forma ni límites, y ahora, para escribirla, Bellatin se limitara a volver a ella como a un stock, un archivo, y a elegir, encuadrar, recortar los momentos que después se publicarán en forma de libros. La prodigiosa concisión de la prosa de Bellatin —esa extraña aleación de compactez y porosidad— también viene de ahí, creo: de la relación entre la forma breve y ese fantasma de Obra que los libros, los libritos, parecen citar de manera más o menos alucinatoria. (Hay mucho para admirar en la literatura de Bellatin: un arte diabólico de la construcción, un humor exhausto, un tratamiento de la lengua elegante y anoréxico… Pero hay una destreza más fina, más invisible, que es quizá la que lo ate profunda, estéticamente, al mundo japonés que sus libros frecuentan tan a menudo: es su talento para el contorno. No hay artista del fragmento que no sea un maniático del encuadre y el delineado. Bellatin no es una excepción: sus fragmentos, siempre abiertos —porque siempre están en diálogo con el fantasma de Obra—, son a la vez formas herméticas, ensimismadas, en virtud de ese orillado de calígrafo con el que Bellatin los circunscribe. Una vez más, la literatura tiembla: ¿y si escribir fuera sólo la modesta antesala de una pasión pictórica?)
En ocasiones, Bellatin incluye ese otro orden en sus libros. De una profusión irónica, la galería iconográfica de Shiki Nagaoka: una nariz de ficción (fotos de familia, postales, recortes de diario, grabados, mapas) pretende probar que el personaje del libro „no es un personaje de ficción". Cada relato de Flores, minúsculo como un pétalo, termina en una imagen de flor igualmente minúscula, menos figurativa que gráfica, que remata el texto como un colofón vagamente ideogramático. Un apéndice de Perros héroes compila una secuencia fotográfica que evoca, fragmentándolos hasta volverlos irreconocibles, los extraños ceremoniales a los que se entregan el amo tetrapléjico, el enfermero y la manada de perros belgas malinois. Aquí, en todos los casos, Bellatin hace visible la relación entre la literatura y ese otro orden que la saca de quicio, esta vez encarnado en la imagen, y pone en escena —en una economía estética desconcertante— los mil equívocos que la amenazan: el relato podría ser el epígrafe, la nota al pie, el prólogo o el epílogo de la imagen; la imagen el condensado, el resumen, la jibarización muda del relato. La literatura apunta su índice a la imagen; la imagen demuestra a la literatura. Pero esta reciprocidad delatora no tiene paz; nada la fija, nada le impone una dirección; no hay ida ni vuelta: escritura e imagen, digamos, están en una relación de histeria fría. La imagen no desea exactamente a la literatura: envidia la relación sesgada que la literatura tiene con lo que nombra; y la literatura no desea a la imagen: codicia el modo puntual que la imagen tiene de representar.
Lo escrito se delata como insuficiente y llama a la imagen; la imagen nunca alcanza y añora lo escrito. Este régimen de histeria fría tiene un signo fuerte en los libros de Bellatin: es el signo del presente. El presente como tiempo verbal, tiempo casi exclusivo en el que Bellatin viene escribiendo desde hace algunos años. (No parece haber sido siempre así: tal vez la irrupción del presente como régimen dominante funcione como un corte, uno de los puntos de inflexión que disparan a su autor y su práctica en direcciones „no literarias".) El presente pega bien con el registro descriptivo de Bellatin, con esa mirada cruda, descarnada, extremadamente nítida, que parece abstenerse de narrar para limitarse a dar fe, a testimoniar, a dejar sentado. El presente es el tiempo de la constatación por excelencia, y todas las ficciones de Bellatin se definen por una pulsión constativa primordial. Así empieza por ejemplo La escuela del dolor humano de Sechuán: „En algunas regiones se representa con cierta regularidad lo que algunos estudiosos llaman el teatrillo étnico". Lo que importa aquí, por supuesto, es la palabra „regularidad": no sólo el hecho de que lo que Bellatin describe sucede repitiéndose, sucede en la repetición, sino también, y sobre todo, que eso que describe tiene reglas, patrones, modalidades más o menos fijas de aparición, y por lo tanto siempre está llamado a suceder una vez más, a repetirse. El gran objeto de las ficciones de Bellatin es el ritual, y los rituales suceden y se cuentan siempre en presente. En realidad, más que de la narración, el presente es el tiempo de la transmisión, en el sentido en que se hablaba, al menos hasta hace algún tiempo, de „transmitir" un espectáculo deportivo, un partido, una carrera, una competencia. En La escuela del dolor humano de Sechuán, Bellatin transmite escenas clásicas del teatrillo étnico. Las transmite como si estuvieran ahí, sucediendo ante sus ojos, o como si tuvieran lugar una y otra vez en el tiempo y el espacio del ritual, donde no podrían dejar de suceder ni aunque quisieran. Pero transmitir, en cualquier caso, es poner al relato en una condición paradójica, a la vez de potencia y de desamparo: en una transmisión el relato es todo, pero es un todo que gotea, que pierde, que se pierde —por exhaustivo que sea— siguiendo las huellas de la experiencia que trasmite. En esa especie de manía del presente que afecta a Bellatin veo también el síntoma de su impostura, la fragilidad de su identidad de escritor o el peligro que corre. Nunca la ficción ha sido menos autónoma que aquí, nunca menos „cerrada" y soberana, y nunca ha puesto tanto en evidencia hasta qué punto necesita de otra cosa para existir, y hasta qué punto esa otra cosa ya está alojada en su corazón, desgarrándola, y la empuja a salirse de sí.
El presente es también el tiempo clásico de los catálogos, las sinopsis, los resúmenes, los monitoreos: todos géneros con los que los libros de Bellatin juegan a menudo a aparearse, todos géneros fundados en la promesa de algo que está fuera de ellos. El presente es el tiempo de la pedagogía (otra vez la transmisión) y el tiempo del exotismo (otra vez la constatación y la perplejidad). Y es naturalmente el tiempo del dolor, quizás una de las últimas experiencias de autocontemporaneidad que tolere la vida contemporánea. „El dolor es un instante y su permanencia una representación", se dice en un momento en La escuela del dolor humano de Sechuán. Pero Bellatin no está dispuesto a sacrificar nada: quiere el instante y la representación, el pliegue súbito y el archivo, el happening y la duración. Sabe que la literatura podría encargarse de todo, como a menudo lo hace, pero se resiste: habría que „hacer estilo", „belleza", y ni siquiera así habría garantías. Bellatin prefiere dejar que la literatura esté en falta y busca afuera —en la imagen, la performance, incluso la pedagogía heterodoxa de la Escuela Dinámica de Escritores— las fuerzas capaces de pensar sus vacíos y sus límites, no sólo como práctica sino como institución. Es en ese sentido que Bellatin no es exactamente un escritor, o que está dejando de serlo, o que sólo lo es, sólo podemos hablar de „Bellatin escritor" en los mismos términos de histrionismo, incluso de farsa, en que La escuela del dolor humano de Sechuán, por ejemplo, habla de „hombres pájaro".
Alan Pauls
Agosto de 2005
El problema Bellatin
por Alan Pauls
Tomado de http://www.elinterpretador.net/20AlanPauls-ElProblemaBellatin.html
Me cuesta imaginar a Mario Bellatin como un escritor. Hace algunos años que no hago más que leerlo, que todo lo que sé de él me llega por vía escrita y que su "obra", como quien dice, se la pasa proliferando en plaquettes, en nouvelles, en libritos como éste que hoy presentamos, La escuela del dolor humano de Sechuán. Y sin embargo, no hay caso: no consigo verlo del todo como un escritor. Es más: muchas veces tengo la impresión de que esa identidad —la identidad „literaria" de Bellatin— no es otra cosa que un trompe l’oeil, una especie de alias, la impostura que Bellatin ha venido poniendo a punto con el tiempo para —en algún momento, tal vez esta misma noche, acá, como se dice: en vivo— llegar al límite, colmar el vaso de su propia comedia y desenmascararse y revelar por fin qué diablos era esa otra dimensión con la que flirteaba pero en la que nunca terminaba de instalarse, cuál esa otra práctica que nos hacía desear y de la que no dejaba de mantenernos apartados, qué clase de identidad ésa que la suya, la identidad del "Bellatin escritor", se regodeaba tanto insinuando y aplazando.
Más de una vez Bellatin ha dicho que la clave, para él, es crear "mundos propios, universos cerrados que sólo tengan que dar cuenta a la ficción que los sustenta". Todos sus libros, hay que decirlo, acatan esa ley al pie de la letra. Lo primero que hacen, siempre, es establecer coordenadas, delimitar territorios, mapear con precisión el material que se disponen a abordar. Como si la única manera de romper el silencio fuera decir: "Las cosas son así, esto sucede en tal zona, tiene este nombre, se rige por tales reglas y exige satisfacer tales y cuales condiciones". Ése sería un poco el gesto inaugural de las ficciones de Bellatin: una manera de empezar donde se mezclan la excitación despótica del juego, la monotonía administrativa del contractualismo y la fruición un poco malsana de los protocolos experimentales. Pero lo extraño de Bellatin —lo que llamaríamos su sello de fábrica de escritor, que también es, sin embargo, lo que no deja de poner en veremos su identidad literaria— es que apenas establece esos puntos de partida programáticos, verdaderos manuales de instrucciones de los mundos que vendrán, esa operación, que debería obligar al libro a cerrarse sobre sí mismo, como las escotillas de los submarinos, y a instalarse en el limbo satisfecho de la autarquía, produce el efecto exactamente inverso: la ficción, de un modo imperceptible, se vuelve adyacente, como subsidiaria, y se pone a acompañar, a escoltar, a duplicar alguna otra cosa, y cuando queremos darnos cuenta —si es que queremos darnos cuenta—, la ley a la que responde ya no es propia sino ajena, de otro orden, de un orden que no vemos, que se nos sustrae o que ha quedado fuera de cuadro.
El formato de los libros de Bellatin tiene algo que ver con eso, me parece. Se diría, a primera vista, que Bellatin escribe corto. Sus libros a duras penas suelen superar las cien páginas. Pero eso no es nada. Porque los textos que componen esos libros cortos son igualmente cortos, nunca de más de tres páginas. Son parpadeos: empiezan y terminan de golpe, como visiones que destellan entre dos fundidos a negro, y en algunos casos —Lecciones para una liebre muerta, por ejemplo— parecen encaminarse hacia una especie de existencia mínima, unimembre, como de telegrama beckettiano póstumo. La impresión, siempre, es que esos libros cortos que leemos, trenzados e intermitentes, como lo dicta la lógica Bellatin, son en realidad derivados, reliquias, ruinas impecablemente presentadas que sobrevivieron —después de una serie de operaciones de corte, puesta entre paréntesis, elipsis, deshidratación, compactamiento— de un corpus gigante, monstruoso, que seguramente nunca conoceremos. (Para comparar maneras de ser breve: lo que escribe Aira —otro al que le gusta mucho proliferar— es siempre lo que hay; Bellatin, en cambio, escribe siempre lo que queda.) Es como si la Obra ya hubiera sido concebida, una obra inmensa, oceánica, sin forma ni límites, y ahora, para escribirla, Bellatin se limitara a volver a ella como a un stock, un archivo, y a elegir, encuadrar, recortar los momentos que después se publicarán en forma de libros. La prodigiosa concisión de la prosa de Bellatin —esa extraña aleación de compactez y porosidad— también viene de ahí, creo: de la relación entre la forma breve y ese fantasma de Obra que los libros, los libritos, parecen citar de manera más o menos alucinatoria. (Hay mucho para admirar en la literatura de Bellatin: un arte diabólico de la construcción, un humor exhausto, un tratamiento de la lengua elegante y anoréxico… Pero hay una destreza más fina, más invisible, que es quizá la que lo ate profunda, estéticamente, al mundo japonés que sus libros frecuentan tan a menudo: es su talento para el contorno. No hay artista del fragmento que no sea un maniático del encuadre y el delineado. Bellatin no es una excepción: sus fragmentos, siempre abiertos —porque siempre están en diálogo con el fantasma de Obra—, son a la vez formas herméticas, ensimismadas, en virtud de ese orillado de calígrafo con el que Bellatin los circunscribe. Una vez más, la literatura tiembla: ¿y si escribir fuera sólo la modesta antesala de una pasión pictórica?)
En ocasiones, Bellatin incluye ese otro orden en sus libros. De una profusión irónica, la galería iconográfica de Shiki Nagaoka: una nariz de ficción (fotos de familia, postales, recortes de diario, grabados, mapas) pretende probar que el personaje del libro „no es un personaje de ficción". Cada relato de Flores, minúsculo como un pétalo, termina en una imagen de flor igualmente minúscula, menos figurativa que gráfica, que remata el texto como un colofón vagamente ideogramático. Un apéndice de Perros héroes compila una secuencia fotográfica que evoca, fragmentándolos hasta volverlos irreconocibles, los extraños ceremoniales a los que se entregan el amo tetrapléjico, el enfermero y la manada de perros belgas malinois. Aquí, en todos los casos, Bellatin hace visible la relación entre la literatura y ese otro orden que la saca de quicio, esta vez encarnado en la imagen, y pone en escena —en una economía estética desconcertante— los mil equívocos que la amenazan: el relato podría ser el epígrafe, la nota al pie, el prólogo o el epílogo de la imagen; la imagen el condensado, el resumen, la jibarización muda del relato. La literatura apunta su índice a la imagen; la imagen demuestra a la literatura. Pero esta reciprocidad delatora no tiene paz; nada la fija, nada le impone una dirección; no hay ida ni vuelta: escritura e imagen, digamos, están en una relación de histeria fría. La imagen no desea exactamente a la literatura: envidia la relación sesgada que la literatura tiene con lo que nombra; y la literatura no desea a la imagen: codicia el modo puntual que la imagen tiene de representar.
Lo escrito se delata como insuficiente y llama a la imagen; la imagen nunca alcanza y añora lo escrito. Este régimen de histeria fría tiene un signo fuerte en los libros de Bellatin: es el signo del presente. El presente como tiempo verbal, tiempo casi exclusivo en el que Bellatin viene escribiendo desde hace algunos años. (No parece haber sido siempre así: tal vez la irrupción del presente como régimen dominante funcione como un corte, uno de los puntos de inflexión que disparan a su autor y su práctica en direcciones „no literarias".) El presente pega bien con el registro descriptivo de Bellatin, con esa mirada cruda, descarnada, extremadamente nítida, que parece abstenerse de narrar para limitarse a dar fe, a testimoniar, a dejar sentado. El presente es el tiempo de la constatación por excelencia, y todas las ficciones de Bellatin se definen por una pulsión constativa primordial. Así empieza por ejemplo La escuela del dolor humano de Sechuán: „En algunas regiones se representa con cierta regularidad lo que algunos estudiosos llaman el teatrillo étnico". Lo que importa aquí, por supuesto, es la palabra „regularidad": no sólo el hecho de que lo que Bellatin describe sucede repitiéndose, sucede en la repetición, sino también, y sobre todo, que eso que describe tiene reglas, patrones, modalidades más o menos fijas de aparición, y por lo tanto siempre está llamado a suceder una vez más, a repetirse. El gran objeto de las ficciones de Bellatin es el ritual, y los rituales suceden y se cuentan siempre en presente. En realidad, más que de la narración, el presente es el tiempo de la transmisión, en el sentido en que se hablaba, al menos hasta hace algún tiempo, de „transmitir" un espectáculo deportivo, un partido, una carrera, una competencia. En La escuela del dolor humano de Sechuán, Bellatin transmite escenas clásicas del teatrillo étnico. Las transmite como si estuvieran ahí, sucediendo ante sus ojos, o como si tuvieran lugar una y otra vez en el tiempo y el espacio del ritual, donde no podrían dejar de suceder ni aunque quisieran. Pero transmitir, en cualquier caso, es poner al relato en una condición paradójica, a la vez de potencia y de desamparo: en una transmisión el relato es todo, pero es un todo que gotea, que pierde, que se pierde —por exhaustivo que sea— siguiendo las huellas de la experiencia que trasmite. En esa especie de manía del presente que afecta a Bellatin veo también el síntoma de su impostura, la fragilidad de su identidad de escritor o el peligro que corre. Nunca la ficción ha sido menos autónoma que aquí, nunca menos „cerrada" y soberana, y nunca ha puesto tanto en evidencia hasta qué punto necesita de otra cosa para existir, y hasta qué punto esa otra cosa ya está alojada en su corazón, desgarrándola, y la empuja a salirse de sí.
El presente es también el tiempo clásico de los catálogos, las sinopsis, los resúmenes, los monitoreos: todos géneros con los que los libros de Bellatin juegan a menudo a aparearse, todos géneros fundados en la promesa de algo que está fuera de ellos. El presente es el tiempo de la pedagogía (otra vez la transmisión) y el tiempo del exotismo (otra vez la constatación y la perplejidad). Y es naturalmente el tiempo del dolor, quizás una de las últimas experiencias de autocontemporaneidad que tolere la vida contemporánea. „El dolor es un instante y su permanencia una representación", se dice en un momento en La escuela del dolor humano de Sechuán. Pero Bellatin no está dispuesto a sacrificar nada: quiere el instante y la representación, el pliegue súbito y el archivo, el happening y la duración. Sabe que la literatura podría encargarse de todo, como a menudo lo hace, pero se resiste: habría que „hacer estilo", „belleza", y ni siquiera así habría garantías. Bellatin prefiere dejar que la literatura esté en falta y busca afuera —en la imagen, la performance, incluso la pedagogía heterodoxa de la Escuela Dinámica de Escritores— las fuerzas capaces de pensar sus vacíos y sus límites, no sólo como práctica sino como institución. Es en ese sentido que Bellatin no es exactamente un escritor, o que está dejando de serlo, o que sólo lo es, sólo podemos hablar de „Bellatin escritor" en los mismos términos de histrionismo, incluso de farsa, en que La escuela del dolor humano de Sechuán, por ejemplo, habla de „hombres pájaro".
Alan Pauls
Agosto de 2005
Mario Bellatin
Me los compré a los dos juntos. Leí anoche Jacobo el Mutante. Empecé hoy La escuela del dolor humano de Sechuán. Nada es igual que ayer.
Para desanudar las almas que se aferran
LA NOCHE DE TANABATA
Susana Villalba
Es la noche
de Tanabata
pero yo no sé dónde está
la orilla del río
del cielo.
Ni el cielo
lo dice.
No sé cuál es el puente
que nos une
y nos separa.
Yo no sé qué pasó,
la vida no es un lugar
seguro.
No hay ceremonias,
los amantes unidos
por un hilo de plata.
Sueño con calles
en las que estás caminando
mientras sueño,
al despertar es tarde.
Yo no sé qué hacer,
el amor es animal.
El camino terminaba
en un acantilado.
Iba un loco
en un coche policial,
feliz de andar en auto,
sentí miedo del dolor,
de la química,
de las palabras que se quiebran
de pronto.
Fuera de mí,
fuera de mi casa,
fuera de todo lo que te ofrecí
voy.
Pero vuelvo, no creas
que pedía más
que la intensidad del azul
ante el naranja.
Yo no sé qué pensar,
para qué
si no quiero entender,
si no hay razones
a veces.
No sé si creer otra vez
en signos que no sé leer
en el río del cielo.
No sé si buscar el puente,
quizá nunca lo hubo.
No sé qué decir,
acaso te convoco sin saber
adónde.
No importa,
haré una ceremonia incorrecta
mirando la luna.
Pregunto a tu parte oscura
si es cierto
que desayunamos juntos.
El tiempo pasa,
no hay aniversarios.
La vida gira
bruscamente,
yo no vi la señal.
Ya no sé si es mejor
perder lo que se debe
para encontrar,
antes me dije estas cosas
pero estoy cansada.
¿No hay nada que decir?
No hay nada que hacer
para desanudar las almas que se aferran
a otras almas anudadas
a otras almas.
¿No hay parte en el amor
que guarde algún recuerdo?
de la luz
sobre la contingencia.
Acaso es un torrente
continuo
y precisamente
por eso.
Ya no sé quién sos.
No pudimos despedirnos
de los muertos.
Así sin inhumar
el cuerpo de este amor
enterrará el próximo amor.
Como fui yo el cordero
bajo el mismo puñal
que habías recibido.
Ahora soy quien pregunta
al río:
el amor es un torrente
continuo
pero estamos fijos en el horror
de no permanecer.
Hasta el fuego
necesita adherencia,
sólo la noche existe
aunque nadie la mire.
Acaso el puente para dejar
en claro:
cada uno ocupa un sitio
diferente.
No era necesario,
siempre estamos solos,
siempre está a la vista.
No te pedía el alma
por un pacto,
ya no hay pactos,
“es la estrategia del demonio
hacer creer que ya no existe”.
Ya no sé si creer
en las palabras,
es la noche de Tanabata
y no lo sabés,
no leímos los mismos libros.
No sé el lugar
que no conozco,
no hay corazón tan sabio
ni vocación de tenerlo
ni quien
indique el camino.
No hay caminos,
es el momento para inventar
liturgias,
construir un gesto,
un filme o un río
para los separados eternamente.
Eternamente despidiéndose
de sí mismos.
Reconstruirse en el dolor
es otro dolor:
que lo desee
no hará que exista.
Preparo café,
ya no puedo sentir más frío
por hoy,
por este año.
Todo ha sido
una actuación en el vacío,
algo se quiebra
para instaurar.
En todo viaje, la ausencia
o volver,
se mueve el paisaje.
De todos modos el río
está cegado aquí,
tiene una sola orilla
y cada vez
se es más inteligente.
Quiero decir más triste.
Ahora sé
que está cayendo la noche
de Tanabata
como una noche
más.
De MATAR UN ANIMAL
Susana Villalba
Es la noche
de Tanabata
pero yo no sé dónde está
la orilla del río
del cielo.
Ni el cielo
lo dice.
No sé cuál es el puente
que nos une
y nos separa.
Yo no sé qué pasó,
la vida no es un lugar
seguro.
No hay ceremonias,
los amantes unidos
por un hilo de plata.
Sueño con calles
en las que estás caminando
mientras sueño,
al despertar es tarde.
Yo no sé qué hacer,
el amor es animal.
El camino terminaba
en un acantilado.
Iba un loco
en un coche policial,
feliz de andar en auto,
sentí miedo del dolor,
de la química,
de las palabras que se quiebran
de pronto.
Fuera de mí,
fuera de mi casa,
fuera de todo lo que te ofrecí
voy.
Pero vuelvo, no creas
que pedía más
que la intensidad del azul
ante el naranja.
Yo no sé qué pensar,
para qué
si no quiero entender,
si no hay razones
a veces.
No sé si creer otra vez
en signos que no sé leer
en el río del cielo.
No sé si buscar el puente,
quizá nunca lo hubo.
No sé qué decir,
acaso te convoco sin saber
adónde.
No importa,
haré una ceremonia incorrecta
mirando la luna.
Pregunto a tu parte oscura
si es cierto
que desayunamos juntos.
El tiempo pasa,
no hay aniversarios.
La vida gira
bruscamente,
yo no vi la señal.
Ya no sé si es mejor
perder lo que se debe
para encontrar,
antes me dije estas cosas
pero estoy cansada.
¿No hay nada que decir?
No hay nada que hacer
para desanudar las almas que se aferran
a otras almas anudadas
a otras almas.
¿No hay parte en el amor
que guarde algún recuerdo?
de la luz
sobre la contingencia.
Acaso es un torrente
continuo
y precisamente
por eso.
Ya no sé quién sos.
No pudimos despedirnos
de los muertos.
Así sin inhumar
el cuerpo de este amor
enterrará el próximo amor.
Como fui yo el cordero
bajo el mismo puñal
que habías recibido.
Ahora soy quien pregunta
al río:
el amor es un torrente
continuo
pero estamos fijos en el horror
de no permanecer.
Hasta el fuego
necesita adherencia,
sólo la noche existe
aunque nadie la mire.
Acaso el puente para dejar
en claro:
cada uno ocupa un sitio
diferente.
No era necesario,
siempre estamos solos,
siempre está a la vista.
No te pedía el alma
por un pacto,
ya no hay pactos,
“es la estrategia del demonio
hacer creer que ya no existe”.
Ya no sé si creer
en las palabras,
es la noche de Tanabata
y no lo sabés,
no leímos los mismos libros.
No sé el lugar
que no conozco,
no hay corazón tan sabio
ni vocación de tenerlo
ni quien
indique el camino.
No hay caminos,
es el momento para inventar
liturgias,
construir un gesto,
un filme o un río
para los separados eternamente.
Eternamente despidiéndose
de sí mismos.
Reconstruirse en el dolor
es otro dolor:
que lo desee
no hará que exista.
Preparo café,
ya no puedo sentir más frío
por hoy,
por este año.
Todo ha sido
una actuación en el vacío,
algo se quiebra
para instaurar.
En todo viaje, la ausencia
o volver,
se mueve el paisaje.
De todos modos el río
está cegado aquí,
tiene una sola orilla
y cada vez
se es más inteligente.
Quiero decir más triste.
Ahora sé
que está cayendo la noche
de Tanabata
como una noche
más.
De MATAR UN ANIMAL
Sobre un fondo de árboles frutales
RESEñA
Pizarnik y sus metáforas
EL POEMA Y SU DOBLE
Anahí Mallol
Simurg
Buenos Aires, 2003
259 págs.
Por Patricio Lennard
¿Por qué no empezar la lectura de un libro en la foto de su autor? ¿Por qué no ver en el gesto adusto, en la sonrisa fingida, en el cigarrillo mise en scéne consumiéndose entre los dedos, o en las muecas autosuficientes de los escritores consagrados, un índice de algo de lo que el texto nos depara? En El poema y su doble de Anahí Mallol, sin ir más lejos, la solapa la muestra leyendo atentamente, sobre un fondo de árboles frutales, un libro que –si se acerca la mirada– ostenta el nombre de Alejandra Pizarnik en su tapa. Y como leer muchas veces es dar cuenta del mundo que en algunos escritos se resume en un ínfimo detalle, bien vale ver en esa foto el álgebra de un texto que de entrada pregunta: “¿Quién no tuvo un affair con Alejandra Pizarnik?”.
De hecho, el mayor interés que tiene el mapa de la poesía argentina de los últimos treinta años, que Mallol diseña, reside en el análisis que hace de cómo la poesía de Pizarnik ha expandido su influjo sobre los poetas que vinieron luego. A lo que habría que responder –si se retoma la pregunta antedicha– “que quien esté libre de pecado, arroje la primera piedra”.
Mallol, poeta que lee a otros poetas (lo que hace de la figura del doble uno de los problemas teóricos del libro, en tanto la poesía misma, por momentos, se reescribe poéticamente en el discurso crítico), piensa el jardín como imagen del poema, como un espacio figurativo que le permite hilvanar –siguiendo su huella– las obras de autores tan diversos como Susana Thénon, María Moreno, Delfina Muschietti, Mirta Rosenberg, Tamara Kamenszain, Arturo Carrera, Diana Bellesi y Olga Orozco. Así, más allá del modo en que una selección de este tipo privilegia una cierta imagen de la tradición por sobre otras, el saldo de la “deuda Pizarnik” no sólo se expone en los ensayos que la autora dedica, en la primera parte, a cada uno de estos poetas, sino que también es un punto de aproximación a “la poesía joven de los noventa”.
La hipótesis de que la obra tardía de Pizarnik anticipa –en su progresivo barroquismo– el “neobarroso” de Perlongher y las humoradas y juegos de disfraces de la poesía de la última década, o aquella que piensa la obra de Olga Orozco como precursora –en las imágenes que revelan al sujeto poético sobre todo– de la poesía de Alejandra, están entre las más interesantes del libro. Por su parte, la idea de que en los noventa se pone en evidencia el agotamiento de esa “poesía del poetizar” que tiene, con seguridad, en Pizarnik a uno de sus más brillantes exponentes, expresa una de las marcas generacionales que la autora atribuye a los jóvenes poetas. En este sentido, en los textos de Martín Gambarotta, Santiago Llach, Washington Cucurto y Marina Mariasch (por nombrar tan sólo a algunos de los escritores que aparecen en la segunda parte), Mallol recorta el desparpajo, la furia, la fascinación por la cultura de masas, el humor y la polifonía exacerbada como claves para entrar a ese corpus poético que está en plena ebullición en el presente.
Si un poema o una obra literaria no puede ser leída (ni escrita) sino en función de la tradición que forman los textos que se han escrito previamente, la tarea de reponer un universo tan heterogéneo e inaprensible como la escritura poética de un período, y desde una perspectiva más o menos diacrónica, supone un riesgo que no cualquier crítico está dispuesto a correr. Mallol se anima y consigue momentos hartoiluminadores. Momentos en que la poesía parece hacer muecas desde esas fotografías que ella, como cualquier crítico (aunque ninguno lo diga), busca tomar a los inquietos sentidos de los textos que lee.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-1063-2004-05-16.html
Pizarnik y sus metáforas
EL POEMA Y SU DOBLE
Anahí Mallol
Simurg
Buenos Aires, 2003
259 págs.
Por Patricio Lennard
¿Por qué no empezar la lectura de un libro en la foto de su autor? ¿Por qué no ver en el gesto adusto, en la sonrisa fingida, en el cigarrillo mise en scéne consumiéndose entre los dedos, o en las muecas autosuficientes de los escritores consagrados, un índice de algo de lo que el texto nos depara? En El poema y su doble de Anahí Mallol, sin ir más lejos, la solapa la muestra leyendo atentamente, sobre un fondo de árboles frutales, un libro que –si se acerca la mirada– ostenta el nombre de Alejandra Pizarnik en su tapa. Y como leer muchas veces es dar cuenta del mundo que en algunos escritos se resume en un ínfimo detalle, bien vale ver en esa foto el álgebra de un texto que de entrada pregunta: “¿Quién no tuvo un affair con Alejandra Pizarnik?”.
De hecho, el mayor interés que tiene el mapa de la poesía argentina de los últimos treinta años, que Mallol diseña, reside en el análisis que hace de cómo la poesía de Pizarnik ha expandido su influjo sobre los poetas que vinieron luego. A lo que habría que responder –si se retoma la pregunta antedicha– “que quien esté libre de pecado, arroje la primera piedra”.
Mallol, poeta que lee a otros poetas (lo que hace de la figura del doble uno de los problemas teóricos del libro, en tanto la poesía misma, por momentos, se reescribe poéticamente en el discurso crítico), piensa el jardín como imagen del poema, como un espacio figurativo que le permite hilvanar –siguiendo su huella– las obras de autores tan diversos como Susana Thénon, María Moreno, Delfina Muschietti, Mirta Rosenberg, Tamara Kamenszain, Arturo Carrera, Diana Bellesi y Olga Orozco. Así, más allá del modo en que una selección de este tipo privilegia una cierta imagen de la tradición por sobre otras, el saldo de la “deuda Pizarnik” no sólo se expone en los ensayos que la autora dedica, en la primera parte, a cada uno de estos poetas, sino que también es un punto de aproximación a “la poesía joven de los noventa”.
La hipótesis de que la obra tardía de Pizarnik anticipa –en su progresivo barroquismo– el “neobarroso” de Perlongher y las humoradas y juegos de disfraces de la poesía de la última década, o aquella que piensa la obra de Olga Orozco como precursora –en las imágenes que revelan al sujeto poético sobre todo– de la poesía de Alejandra, están entre las más interesantes del libro. Por su parte, la idea de que en los noventa se pone en evidencia el agotamiento de esa “poesía del poetizar” que tiene, con seguridad, en Pizarnik a uno de sus más brillantes exponentes, expresa una de las marcas generacionales que la autora atribuye a los jóvenes poetas. En este sentido, en los textos de Martín Gambarotta, Santiago Llach, Washington Cucurto y Marina Mariasch (por nombrar tan sólo a algunos de los escritores que aparecen en la segunda parte), Mallol recorta el desparpajo, la furia, la fascinación por la cultura de masas, el humor y la polifonía exacerbada como claves para entrar a ese corpus poético que está en plena ebullición en el presente.
Si un poema o una obra literaria no puede ser leída (ni escrita) sino en función de la tradición que forman los textos que se han escrito previamente, la tarea de reponer un universo tan heterogéneo e inaprensible como la escritura poética de un período, y desde una perspectiva más o menos diacrónica, supone un riesgo que no cualquier crítico está dispuesto a correr. Mallol se anima y consigue momentos hartoiluminadores. Momentos en que la poesía parece hacer muecas desde esas fotografías que ella, como cualquier crítico (aunque ninguno lo diga), busca tomar a los inquietos sentidos de los textos que lee.
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