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viernes, 24 de julio de 2026

No arranco a hacer nada


 

Esta mañana cuando abrí los ojos y vi que había luz en la ventana, que eran las 9 y Fido ni había llorado nin llamado en toda la noche me sospeché algo. No era la primera mañana que pensaba que lo mejor era que se quedara dormidito, pero constatar lo inevitable duele igual, sorprende igual, te hace sentir chiquita y desvalida igual.

sábado, 20 de septiembre de 2025

De repente me puse triste

 Gente chota que ni un pelo me mueve, el descubrimiento de que ya ni los debates sobre cf y feminismos me resultan novedosos, la tormenta y el frío de nuevo, extraño a mis hijes ninies, tener que prender la estufa y sacar el agua que entra por debajo de la puerta. 

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Será esto lo de atravesar la tristeza?

 ¿Por qué le doy tanto relevancia a esto? ¿Por qué le doy tanto poder a un episodio que ya sé cómo funciona? Ayer estuvo mijita y le hice todo el cuento y ella dice que ya me había pasado el año pasado y para qué vuelvo a insistir con lo mismo, con dejarme manipular, ensuciar, maltratar, malograr mis ganas. Que quién me obliga, que haga de mi culo un candelero, que nadie me puede hacer hacer lo que no quiero. Yo siento que tengo que jugar con las reglas del juego ajeno y me pone re mal.

jueves, 31 de octubre de 2024

Ese entendimiento

 La Tristeza 

Hay un tipo de tristeza que viene de saber demasiado, de ver el mundo como realmente es.

Es la tristeza de entender que la vida no es una gran aventura, sino una serie de pequeños, insignificantes momentos, que el amor no es un cuento de hadas, sino una emoción frágil y fugaz, que la felicidad no es un estado permanente, sino una rara y fugaz vista de algo que nunca podremos sostener.

Y en ese entendimiento, hay una profunda soledad, una sensación de estar aislado del mundo, de otras personas, de uno mismo. 


Virginia Woolf

martes, 20 de junio de 2023

La tristeza de Murakami

 A mi amiga Monica Cordoni le gustaba mucho Murakami. Yo quería leerlo con ella y comentarlo pero ya no podrá ser y me queda justo esa tristeza...







 
“En este mundo existe un tipo de tristeza que no te permite verter lágrimas. Es una de esas cosas que no puedes explicar a nadie y, aunque pudieras, nadie te comprendería. Y esa tristeza, sin cambiar de forma, va acumulándose en silencio en tu corazón como la nieve durante una noche sin viento.”
― Haruki Murakami, Hard-Boiled Wonderland y el fin del mundo

domingo, 20 de marzo de 2022

Como duraznos blancos y me autocompadezco

 Tengo manía de dar explicaciones. De entregar mis historias de vida, mis conclusiones filosóficas a cualquier. Que ni las pide, ni las agradece e, incuso, alguna vez, las usa en mi contra.

Alguna vez alguien me enseñó que tengo que pagar con narración, lírica y dramática el exceso de emoción, sensación y experiencia del que gozo. Que eso se paga caro, que nunca se deja de justificar una ante les tímides mediocres que nos hacen árbol caído pero sin vocación siquiera de juntar leña.

sábado, 3 de octubre de 2020

La tristeza de que no tenga arreglo

 Murió mi ex suegro y pensé que mi ex iba a venir corriendo a buscar consuelo en mí. Tantas veces tantas veces. El mismo deseo ridículo. Ya se me pasó hasta el odio contra misma que me da desear todavía estas pelotudeces. Lo escribo acá cual epitafio en una lápida que vive abriéndose y abriéndose y abriéndose. El peor de los zombis.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Estoy buscando...

... no un símbolo de paz, sino un cachito de paz, de armonía, de amor, de coherencia. Y nadie entiende nada, o muy pocos, o entienden y se hacen les dolubus para evitar la fatiga. Y yo metiéndole energía al no entender por qué les parece más fácil ser cobardes si, entre todes, sería mucho más lindo ser valientes.

viernes, 12 de enero de 2018

Releo estos poemas de Miriam Cairo y me reconozco Cheever aunque quisiera ser Marosa

¿Cómo ama una mujer?


 Por Miriam Cairo
* Las Marosas
Hay mujeres que aman como Marosa.
Diablas de diversos tipos y colores. No es necesario detenerse y preguntarse de dónde salen porque se nos imponen ante los ojos en un entrechocar de nácares, de tacones, de espuma.
Las llamadas 'catalinas' son de ojos azules y pestañas muy largas.
Las 'lorenas', con pechos exuberantes en bandeja; dulces tartas caídas para acabar con el hambre en el mundo.
Las 'juanas' se pintan las uñas de las manos y de los pies. Se embarazan muy fácilmente. Hacen dulce de higo con los hijos hervidos en azúcar.
Estas diablas están a las veras de los tazones de porcelana transparente y de las inminencias. Son de diversos tipos y colores. Las hay con cabello trenzado y con cabellos de niebla.
Las hay azucenas.
Las hay suplicantes.
Las hay perdidas en su propia casa.
Las hay nacidas con tacos altos, rojos, finos, precedidas por una jauría de perros invisibles.
Las hay morenas.
Las hay prohibidas.
Las hay desmelenadas que caen sobre los labios de los hombres como diamelas.
Se ven sus carnadas de diablos en los árboles, en las bocas de tormenta, en los postes de luz, en las cucharas de té, en el revoltijo hechizado de los agapantos. Los cebos de sus malignidades cuelgan del anzuelo del día y de las redes el anochecer.
Las muy diablas caminan por las calles de la ciudad como gladiolos travestidos de personas.
Las muy diablas suspiran.
* Las Giocondas
Hay mujeres que mueven los hilos de la marioneta con el talento de Gioconda Belli. Gatunamente enrolladas en la cama, siguen paso a paso las fórmulas de su mentora. El muñeco se les acurruca en un nido prefabricado de besos, tacatá, tacatá,
y de palabras, tacatá, tacatá,
y lo alimentan con un panal de miel rancia hasta desmentirlo,
tacatá, tacatá,
hasta hacerle vomitar diminutivos espeluznantes,
tacatá, tacatá,
que atontan los sentidos, tacatá, tacatá,
y horadaran el huequito,
tacatá, tacatá,
despacito,
tacatá, tacatá,
hasta el bosquecito de arbustos, tacatá, tacatá,
ese lugarcito apretado,
tacatá, tacatá.
Estas diosas lujuriosas enseñan al muñeco a caer una y otra vez en todos los lugares comunes, tacatá, tacatá, guiadas por su mentora, tacatá, tacatá. Son los corceles del amor, tacatá, indómitas gacelas, tacatá, tacatá, ariscas yeguas, tacatá, tacatá,
la poesía estupefacta,
casi muere, tacatá, tacatá.
El juguete dopado de obediencia, construye el castillo de arena y abre la puertecita por donde la arisca yegua se amansa, tacatá, tacatá, como un ama de casa, tacatá, tacatá, y una vez adentro del palacio cambia los frenesíes del amor por el melodrama, tacatá, tacatá.
Ascendentes, salientes, entrantes en todas las direcciones posibles, las mujeres diminutivas se instalan como un corazón suplementario. Y la asfixiada marioneta tiene por futuro morir ahogada en su propio esperma, tacatá, tacatá.
* Las Cheever
Hay mujeres que aman como Cheever, nadando contra corriente, flotantes y encendidas, sin que el orden de sus asuntos les impida incidir en los asuntos del mundo.
Sus cabezas son nubes a la hora de la desnudez cabeza abajo.
Sus pies vienen de un país visitado por un sueño reciente y sus manos corrigen el error que la luna produce.
Un polvillo de azúcar sobre la frente les da una blancura de esmeralda, amatista o misterio.
Son mujeres que aman con un pie en la confusión y otro en las tormentas.
Con un pie en la ternura y otro en el espejismo.
En la absoluta inmovilidad del tiempo y del espacio, siguen hacia delante porque saben que en este siglo no pueden detenerse.
Las mujeres que aman como Cheever les temen a los diminutivos.
Les temen a los anzuelos.
Les teman a los estribillos.
Les temen al subconsciente de Gioconda Belli. Les temen al subconsciente de las marionetas. Al subconsciente de los Reyes Magos. Al subconsciente de Dios. Al subconsciente de las indómitas gacelas.
Con qué esmeril, con qué esmeralda, con qué esmero corren peligro las peligrosas mujeres que temen a los diminutivos.
Las mujeres que aman como Cheever están en alguna parte del aire, debajo, o detrás, o del otro lado de las sombras, en puntas de pie sobre el límite sobrenatural de las cosas, o sobre una pluma de cisne.
Es casi imposible que las mujeres que aman como Cheever no atraigan la mirada de los lectores de Cheever, que las distinguen entre la multitud con destreza desesperada.
Así es.
El fenómeno de las mujeres en sí es inquietante, porque todas coinciden en el mismo mundo, como los animales medio dormidos coinciden en la selva con los animales medio despiertos.
cairo367@hotmail.com

martes, 27 de septiembre de 2016

Me sobra amor

Creo que uno de los motivos de la tristeza que siento por mis hijes que se van y viven sin mí es que me sobra una ternura que escondo, que no sé dónde poner si no es en mis niñes pequeños e incondicionales. Plantas, animales, una amiga. Pero sigue sobrando...

sábado, 27 de agosto de 2016

Contarle la lluvia a los muertos

Llueve. Quería contártelo.


Mi comentario anterior quiso ser una burla a los estados del face y su pelotudeo. Y una parodia de lo romántico de conectar clima y estados de ánimo y un subrayado del hecho trascendente de narrar. Pero, de repente, pensé en mi mamá y en Martín, dos personas a las que hubiera llamado hoy por teléfono para decirles "Mirá cómo llueve". Y me puse triste.


Debajo de la lluvia, voy a comprar pan calentito y solamente tres facturas para mí.


Debajo de la lluvia, el jazmín del fondo abrió (o quizás fue ayer) su primera florcita. Una sola.


Debajo de la lluvia, Fido me rasca la puerta del fondo y se me mete debajo de la mesa.


Debajo de la lluvia, le digo a un vecino que me voy a empapar por media cuadra. Él me dice que tiene tres cuadras en bicicleta. Tiemblo. No se sabe para qué lado sopla el viento y es un señor mayor.

viernes, 2 de octubre de 2015

Lloro una infancia que nunca tuve, vuelvo a donde nunca he estado

POR EL RÍO VOLVERÉ

Por el río volveré
A las tardes que dejé
Entre rondas bajo el naranjal
Qué guainita tan feliz
Qué prolijo el delantal
Y esas trenzas sin atar

En la esquina el almacén
De don braulio donde aún
Me recuerdo niña regresar
Puñadito de monedas
Que mi madre no me vea
Escapada una vez más

Voy siguiendo un camalote
Salpicado con estrellas
Que por el remanso va
Tarareando entrecortado
Un chamamé que me enseñaron
De guainita por allá

Mientras voy hacia el recuerdo
Se ha dormido en mi canoa
Una luna de cristal
Todo el cielo de la tarde
Se ha quedado en las orillas
Sólo a verme regresar
Por el río paraná

No se me escape esta siesta
Decía mi madre, cuidado
Que ahí anda un duende chiquito
Trepado por los naranjos
El pueblo tenía murmullos
De grillos, ramas y pájaros
Nunca pude resistirme
Al sortilegio de andarlo
A esa hora exactamente
El corazón apurado
Los pies ligeros descalzos
Buscando urgentes las sombras
De los oblicuos tejados

Por el río volveré
Al azul jacarandá
Cuya copa no alcancé jamás
Que perdone doña clara
Pero aún me quedan ganas
De robar su naranjal

jueves, 24 de septiembre de 2015

Mis protectores lunares

Digo, la gente que me cuida, mis redes debajo del trapecio: amigas corporales, amigas de la palabra, gente virtual, desconocidos que me caen encima a través de links en la red y en la vida como equipo Swat al rescate.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...