Hace dos noches terminé de leer De Purs Hommes, de Mohamed Mbougar Sarr maravilla. Y empecé Árbol, de Aya Koda, en la tablet; La plus secret memoire des hommes en la cama porque libro gordito pero de bolsillo y cómodo; y Un tranvía llamado deseo en la mesa porque libro viejito, amarronado, medio descuartizado pero que me gusta escribirle los márgenes amplios.
Triple genialidad en tres intensidades distintas después de la novelita del senegalés de esas que tantas veces digo: un antes y un después.
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