domingo, 23 de agosto de 2026

No escribir más. ¿Tampoco leer?

 ¿Y si no escribiera más? Nada más, ni esta novela mar ni ninguna otra. ¿Si no me obigara a escribir? Si volviera tal vez a la poesía que “me sale”, al poema desordenado y urgente, a escribir en papelitos y olvidarlos. Como hacía antes, antes de ser escritora, cuando vivía no más y “la vida” no me dab tiempo libre para esta pantalla y estos pryectos que vengo sosteniendo, con alegría, hay que decirlo, desde hace… ¿16 años? ¿20? Después de mis dos primeros libros, que fueron juntar poemas sueltos y armarlos, desde mi tercer libro que pensé como idea completa, como libro de poemas “conceptual”. Es verdad que tenía algunos cuentos, pero ya los publiqué también. ¿Y si ya estuviera todo hecho y no “necesitara” escribir más? ¿Si este “deseo” de escribir una novela, dos, tres, empezadas ya hace 30 y pico de años y nunca terminadas…? Mentira, tengo una novela ya terminada. Y me gustó mucho escribirla y terminarla y voy a ganar con ella un premio muy importante. 

¿Y si tampoco leyera más? ¿Me obligo a mí misma a leer, a conocer, a hacer y consumir literatura? ¿Y si lo dejara todo? ¿Si me olvidara de la literatura? ¿Si sacara la cabeza de esta ola que siempre creí mi elemnto natural, mi ser como un pez en el agua, si fuera mentira? ¿Si me dejara ser sin literatura? ¿Qué uedaría de mi vida? Tantas cosas… Vivir sin pensar en escribirlo, levantarme, lavarme los dientes, ir a la dentista, a la farmacia, a la verdulería, comer, cocinar, tomar un té de manzanilla, cantar, bailar flamenco, escuchar música, ir al teatro, visitar amigues, encontrar un amor, estar detrás de mis hijes y mis nietas, cuidarles, atenderles, ser pesada como madre y abuela, o no, disfrutarles sin salir corriendo a encerrarme con mis libros, con mis palabras y mis oraciones. Limpiar mi casa todos los días, plantar mis plantas, podar, cortar el pasto, recibir visitas, viajar, sacar fotos sin ponerlas en ningún blog, quizás en las redes sociales para sonreir y que mucha gente me ponga corazoncitos. Pero que no sea un mar de palabras. Dejar de ser anfibia, submarina, volverme puramente terrestre, como cualquier hija de vecina. Planear asados, juntar plata para comprarme ropa y zapatos, un lavarropas, pagarle a un jardinero, a un plomero, a un albañil que amplíe mi casa, que me haga un quincho, una pileta, esperar a los trabajadores, cebarles mate, vivir para esas cositas, festejar mis cumpleaños, la primavera, el amanecer, hacer amigues nueves, conocer gente, encontrar a alguien que quiera comer conmigo y dormir conmigo, charlar de sus hijes y les míes, hacerle upa a les bebés, llevarles a pasear, regalarles muñecas y autitos. No me imagino un día mío sin literatura. ¿La angustia me viene de la literatura? ¿Del deseo de escribir y no poder? ¿No puedo escribir? Sí, puedo. ¿Me es difícil, me requiere un esfuerzo de claridad y de explicación que me angustia?

Estoy tentada de explicar acá qué estoy leyendo. Para justificar este repentino ataque de no-literatura. No lo voy a hacer. Me jode la literatura, cualquier arte, como justificación, como “sentido” de la vida superior a la vida simple. Creo que por el lado de lo artesanl y lo manual es mejor. Creo que si pienso en escribir como en tejer es mejor. Una belleza, no una necesidad. Un placer, no es trabajo. Otra vez me estoy explicando…

Mijita acaba de mandarme un mensaje. Estaba esperando su respuesta desde hace tres días. Es normal que ella se desconecte del teléfono, pero no logro entender por qué se desconecta de mí. Ahora me responde, ahora dejo de escribir y la atiendo. Eso estoy segura de que me gusta hacerlo, también estoy segura de que es algo bueno y de que es necesario para mi vida y la de ella. 

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...