De repente entiendo que la vida es sencilla. No hay peligros detrás de cada puerta ni en los espacios abiertos. Nadie me odia tanto ni tengo tantas tareas pendientes. No hago cagadas a cada paso y no me persiguen los acreedores morales y de los otros.
A todo esto se pasó el finde largo. Bueno, como si a la jubilada le cambiaran algo los nombres de los días de la semana...
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