lunes, 31 de enero de 2022

El tiempo y el espacio

 “El tiempo existe para que no todo ocurra al mismo tiempo… y el espacio para que no todo te ocurra a ti".

Susan Sontag


ūüď∑Olga Ageeva
Puede ser una imagen en blanco y negro de persona y ni√Īo(a)

Que las emociones lleguen despacio

 


"Mi deseo es vivir una vida en la que las emociones lleguen despacio, como las nubes en un d√≠a tranquilo. Ves c√≥mo la nube se acerca, reparas en su belleza, la contemplas mientras pasa y la dejas ir. No te obsesionas con lo que has visto, no lamentas su desaparici√≥n. Te conformas con entender que nunca aparecer√° una nube id√©ntica a esa, por muy hermosa, por √ļnica que sea. Y no lloras por haberla perdido"


"Delatora", Joyce Carol Oates



ūüď∑Ferdinando Scianna
Puede ser una imagen en blanco y negro de una persona, al aire libre y monumento

Donde anidan los gorriones

 ESTAMOS EN LA CIUDAD


La cabeza del toro colgada de un gancho en la tienda del  
carnicero

poco nos podr√° decir de extensas, feraces praderas
o del sol que hiciera crecer los pastos
a la altura de un hombre de buena estatura.
Estamos en la ciudad. Nadie se equivoque.
Las mesas y las sillas ya no recuerdan aquí a los bosques.
Las piedras de río se las pelean los coleccionistas.
El viento huele a veces a motores Diesel, a asfalto
recalentado.

Los gorriones anidan felices en los transformadores de
alta tensión.




Hernán Miranda Casanova (Quillota , Región de Valparaíso, 1941) es un poeta chileno de la llamada generación literaria de 1960.

 

Los dos preferíamos los vanos de las puertas

 INSECTARIO



Yo me enamoré una vez de una muchacha maravillosa
y los dos preferíamos los vanos de las puertas,
los rincones m√°s oscuros de los cines,
de las plazas p√ļblicas.
Huíamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad
y esper√°bamos la noche
y apag√°bamos todas las luces para hacernos el amor.
Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo
centímetro a centímetro
como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.
Y ella tenaz y laboriosa como ninguna
tejía y destejía en silencio su tela sobre mis labios.
Un día nos equivocaríamos de grieta
o la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones
y nos perdimos de vista entre la multitud.
De ese tiempo,
mi sensación de llevar antenas en la frente
y los ojos facetados.
De ese tiempo,
mis pesta√Īas sensibles a la luz del sol
y mi forma de andar
de insecto extraviado entre los hombres.



Hern√°n Miranda Casanova

martes, 25 de enero de 2022

Tres escritoras ecuatorianas

ESCRIBIR COMO LA HUELLA DEL CAMINO TRAS AQUELLO QUE SE ESCAPA


TRES ESCRITORAS ECUATORIANAS EN VALPARA√ćSO


Por Am√≠as √Āvalos


Enero 15, 2022



 Autoras s√≥lidas y serias de varios g√©neros, Daniela Alc√≠var Bellolio (Guayaquil, 1982), Gabriela Ponce (Quito, 1977) y Yuliana Ortiz Ruano (Esmeraldas, 1992) fueron las representantes de Ecuador, pa√≠s invitado a la √ļltima versi√≥n de la Feria Internacional del Libro de Valpara√≠so. Conversamos con ellas sobre su pa√≠s y la escritura.


Las ferias de libros, si han de ser ferias de libros y no pompas de jabón tras las cuáles corren los escritores para ver su propio reflejo reventar ante ellos, son una oportunidad para contaminarse no sólo de la escritura, sino de los cuerpos detrás de esas escrituras. Parece una obviedad superficial. Habrá quienes piensen que la literatura es una cuestión solitaria, que se juega en ese momento del uno frente al objeto. No pretendo contradecirles, diré que sí, pero que cuando esa etapa está resuelta, por una cuestión que me permitiré llamar humanidad, uno quiere más.

Quieres saber qu√© hay detr√°s de ese tono, esa sintaxis, esa prosodia que nos produjo inter√©s, curiosidad, tristeza o admiraci√≥n. Y no creo que se reduzca al farandulismo, aunque haya faranduleros de la literatura como los hay del f√ļtbol o la pol√≠tica. Estoy pensando m√°s bien en aquella respuesta de Einstein recogida en el Diario (1893-1937) del Conde Harry Kessler, que tengo ahora entre mis manos: «Detr√°s de la naturaleza queda algo sutil, intangible e inexplicable. La veneraci√≥n por esta fuerza m√°s all√° de cualquier cosa que podamos comprender es mi religi√≥n».

Como mi religión es la escritura, instancias como la Feria Internacional del Libro de Valparaíso, que se hace con o sin financiamiento, con o sin ayuda oficial, de la mano de esa trabajadora total que es la poeta Gladys González, me conmueven y sensibilizan en extremo.

En esta versión, además de haber tenido la oportunidad de ver caminando en nuestra ciudad al autor del mítico Metales Pesados, Yanko González, y a una de las mejores traductoras de poesía del continente, Verónica Zondek, ambos provenientes de Valdivia, pudimos escuchar, ver y en mi caso conversar, con tres autoras ecuatorianas, pues tal país era el invitado de la feria: Gabriela Ponce, Yuliana Ortiz Ruano y Daniela Alcívar Bellolio.

La primera vez que le√≠ Cuaderno sobre el imposible retorno a pangea (Ediciones Libros del Cardo, 2021) lo hice como el arquetipo que mencion√© m√°s arriba: sujeto versus objeto. De esa lectura saqu√© en limpio el equilibrio (madurez, dir√≠a) que tiene la autora para que secciones de poemas con registros formales muy dis√≠miles sean, al mismo tiempo, coherentes entre s√≠ y respecto de las dem√°s. Me llam√≥ la atenci√≥n que la densidad conceptual y tem√°tica detr√°s de cada uno de los poemas no los supera, como suele pasarles a muchas escrituras j√≥venes que abordan temas candentes como territorio y g√©nero. Para pensar los poemas de Yuliana conviene recordar la calle Marina en Vi√Īa del Mar, o la avenida Err√°zuriz en Valpara√≠so, pasado el puerto, en d√≠as de marejadas. Vas en la micro o en el auto, detr√°s de la vereda hay un pared√≥n desde el que en d√≠as normales la gente pasea viendo las olas acariciar las rocas. E interrumpe la normalidad del tr√°nsito un abanico de agua que llega a la calle y la moja. Una ola demasiado grande moj√≥ la avenida y te recuerda de golpe que viv√≠s frente a un monstruo al que te acostumbraste.

Uno transita por poemas con gran ritmo, y de pronto una ola conceptual choca contra un verso y el lector es salpicado por el agua del conocimiento profundo del territorio, la racializaci√≥n, la pertenencia que produce diferencia: «El no hogar televisado:/ Una orilla desfigurada a trav√©s de los recorridos de los pies de/ santos y balazos». Despu√©s uno sigue, onda verde en la avenida del libro, no hay sem√°foros rojos, cada tanto una ola nos recordar√° que del otro lado de la satisfacci√≥n que produce un poema bien escrito, habita el monstruo que lo impuls√≥: «Amarte son millones de enc√©falos colgando de esa estanter√≠a:/ —No los mires—».

En la segunda lectura que hice de Cuaderno… google√© Limones, Esmeralda, Ecuador, y el resultado fue intenso. En efecto hab√≠a un algo m√°s que el objeto. Limones, el trozo de Pangea donde naci√≥ Yuliana que flota a la deriva. Es una isla peque√Īa, con mayor√≠a de poblaci√≥n negra, muy cercana a Colombia. Como sus habitantes, racializados, no le interesan a la oficialidad racista, la infraestructura que se ve en videos y fotos, a diferencia de la explotada Gal√°pagos, se reduce a un par de muelles a los que llegan lanchas peque√Īas e inestables trayendo provisiones e isle√Īos, que van y vienen de Guayaquil o Colombia, y en las que subimos una y otra vez en los poemas de Cuaderno…

Comprendo que no asistimos a metáforas, aunque estaba satisfecho con ellas, sino a la perspectiva de la autora, a sus ojos, a su memoria, y el libro, perdonen por apelar a esa caprichosa vara estética, me gusta el doble.

En el restor√°n del hotel en que alojaron inici√© la conversaci√≥n preguntando sobre la revuelta de octubre del 2019 en Ecuador: ¿Estaban en el pa√≠s cuando sucedi√≥ el paro? ¿C√≥mo afect√≥ eso a su escritura? La primera que me responde es Yuliana.

 

Yuliana: Yo estaba en Guayaquil, la ciudad m√°s facha de Ecuador. Lleva m√°s de treinta a√Īos el mismo partido de derecha, el socialcristiano. Ha sido como una alcald√≠a heredada. Practican un sistema de hipnopedia casi, en la metrov√≠a, que es el transporte p√ļblico, tienes un sistema de televisores donde est√°n estas personas de derecha hablando todo el tiempo. En los sectores m√°s alejados donde doy clases hay una red de propaganda horrible de estas personas, todas muy contrarias al paro. El alcalde dijo algo horrible a prop√≥sito, que los ind√≠genas vuelvan al p√°ramo, como si no hubiesen ind√≠genas en Guayaquil, haciendo lo que hacen siempre en Ecuador: sugerir que los ind√≠genas pertenecemos a ciertas geograf√≠as.

Sin embargo hubo una movilizaci√≥n. Hab√≠a estudiantes de universidades p√ļblicas, tambi√©n se organizaron junto a nosotros muchas personas ind√≠genas de los mercados.

Una vez nos echaron a patadas para hacer una contra marcha con carros de San Borondón, donde la gente marchaba de blanco, muchos portando látigos. Ahí te dabas cuenta de algo evidente, Guayaquil nunca dejó de ser una hacienda, y quienes no pertenecemos a las élites somos los peones para ellos. Y no tenemos un derecho legítimo sobre la ciudad.

Y esto m√°s que modificar mi escritura me permiti√≥ entender que es necesaria mi existencia, esto se suscribe a la escritura o lo que t√ļ hagas. En una ciudad tan racista se volvi√≥ importante hacer lo que una hace.

Conoc√≠ a Daniela hace unos a√Īos como un nombre respetado por lectores y lectoras muy distintos entre s√≠ en edades y gustos. Uno de ellos, el m√°s extra√Īo y riguroso, me prest√≥ Pararayos (Turbina, 2016), un libro que podr√≠amos llamar de ensayos, pero para hacerlo sin faltar a la verdad, deber√≠a explayarme sobre la escritura de Daniela. Tanto en este libro como en Para esta ma√Īana di√°fana (Ruido Blanco, 2016; Ediciones Libros del ardo, 2018), que podr√≠amos llamar de relatos, lo que pasa es lo siguiente: su escritura es una idea a la que llega una escritora.

Pero imaginen la palabra idea de manera material, p√≥nganle forma de casa o sal√≥n en el que rompen el silencio unos pasos, es decir un ritmo, y despu√©s el ruido de sillas siendo arrastradas sobre el suelo; Daniela las corre a un costado, de modo que vuelve la idea-sal√≥n una pista de baile donde entran m√°s y m√°s amigos: los muertos y lejanos —Barthes, Suely Rolnik o Deleuze—; los cercanos y vivos —Alberto Giordano, Sergio Chefjec—. Y con las ciudades hace lo mismo.

Las presenta en el texto pero no como cuadro estático. Las camina, se apoya a descansar en sus paredes, y mientras hace eso las piensa, haciendo entrar al cuerpo en el texto y a nosotros en esas ideas de esos amigos, la mayoría de las veces poniéndolas en escena, alejándose de ese mal contemporáneo que es el uso de la cita como una institución de autoridad casi teológica, puestas para que los lectores digan amén sin chistar.

A la pregunta por el paro de octubre responde:

Daniela: Fue una grieta en mi sensibilidad y en mi imaginario del país.

Estar ah√≠ era habitar un lugar que pon√≠a en crisis un mont√≥n de cosas. Por m√°s que una no sea racista y est√© posicionada en un lugar pol√≠tico, otra cosa es vivir esa constataci√≥n de cosas que van en contra de todo lo que a una le ense√Īaron, porque desde que uno tiene uso de raz√≥n, le dicen que los ind√≠genas son brutos, sobre todo manipulables. Estar en el paro fue vivir exactamente lo contrario a todo eso. Ver una organizaci√≥n s√ļper s√≥lida, que pon√≠a en escena una serie de estructuras que no son con las que una creci√≥, porque s√≠ hay liderazgo, s√≠ hay dirigencia, pero hay una fuerza de las bases, en las mujeres, c√≥mo las mujeres marchaban con las guaguas, carg√°ndolas, era parte de la potencia.

Respecto de mi escritura lo que veo muy claramente es que es un fenómeno que se me resiste. Fue algo tan singular, que hay una resistencia de eso a ser escrito. Yo sigo intentando y aproximándome, sigo volviendo a esas imágenes. Y ese trabajo con esa resistencia es lo que va quedando escrito. Estoy por publicar una novela y ahí trabajo un poco alguna texturas de la revuelta, tratando de huir un poco a estos lenguajes ya cristalizados, en que el feminismo agota, o que los discursos militantes agotan, tratando de ver cómo meterme con el lenguaje en ese movimiento tan indescifrable. No tenemos todavía lenguaje, es una experiencia refractaria, entonces antes que colonizarla con los lenguajes que ya están fijados, es rico ver cómo ese acontecimiento intempestivo se resiste a ser dicho, y tratar de decirlo con un lenguaje que no lo fije, que no lo cristalice.

Gabriela Ponce es escritora y directora de teatro. Obtuvo el Premio del Ministerio de Cultura de Ecuador por su primer libro de relatos, Antropofaguitas, de 2015, y el premio Joaqu√≠n Gallegos Lara en dos oportunidades, en 2018 por su obra de teatro Lugar, y en 2021 por su primera novela, Sangu√≠nea.

Los premios nunca aseguran del todo la calidad de una obra, aunque hay que estar escribiendo en serio para obtenerlos. Entonces podemos extraer de estos tres premios en tres géneros diferentes la potencia híbrida de su escritura, cuya piedra angular es el cuerpo.

En sus obras (he leído la novela y tres de sus obras de teatro) el lector asiste, como quien ve amanecer desde Chile (una obviedad, el sol sale todos los días, pero verlo vencer dos cordilleras lo sensibiliza a uno de que en verdad es un hecho extraordinario) asiste, digo, a la constatación de que esta estructura que nos contiene es un medio de transporte y un instrumento de medición del mundo, que está conectado con los micro-organismos que componen la existencia, que siente y al hacerlo los límites físicos se relativizan, la escritura de Gabriela te conmueve, o mejor, te toca.

Pero no por los t√≥picos que aborda, aunque como una po√©tica muy intensa y delicada el erotismo la atraviese, sino por el uso del lenguaje. En Sangu√≠nea recordamos todo el tiempo cu√°l es la diferencia entre contar y narrar, entre la mera an√©cdota y aquello que hace que la an√©cdota se convierta para el lector en una experiencia vital.

Gabriela: Para m√≠ fue m√°s como encontrar el lugar para acompa√Īar ese levantamiento. Me sent√≠a dislocada, en otra ciudad, en otro tiempo. Como que se abri√≥ otra experiencia de la ocupaci√≥n, en los lugares que estaban siendo ocupados c√≥mo se generaban estas cartograf√≠as de la solidaridad. Las redes se convirtieron tambi√©n en espacios de batalla, yo me alej√©, romp√≠ con gente, porque ah√≠ se visibiliz√≥ una fractura, c√≥mo estamos marcados por esa distancia, por ese racismo. Por esta idea de la ciudad, de por qu√© vienen a mi ciudad, esa idea de pertenencia, ¿no? ¿a qui√©n le pertenece un espacio? esas preguntas fueron bien importantes. Los miedos pero la exigencia personal de estar igual, son cuestiones que muchas de nosotras experimentamos estando ah√≠, y escribiendo. Yo hago teatro, y escrib√≠ un art√≠culo m√°s acad√©mico sobre esas teatralidades, esos gestos que surgen en el momento de la protesta, del canto, de la voz, de la pancarta, de levantar.

Es llamativo porque sus libros est√°n escritos antes de la revuelta, sin embargo hay una minuciosidad muy notoria en la descripci√≥n de la ciudad, del entorno. ¿Qu√© lugar tiene la ciudad en su escritura?

Y: Voy a hablar de Ecuador, pero si viviera en Valpara√≠so me ser√≠a muy dif√≠cil no hablar sobre el exterior. Yo vengo de una geograf√≠a insular, donde literalmente el agua marca ciertos par√°metros, te dice hasta aqu√≠, ahora contin√ļa, ahora tienes que nadar. El afuera configura el adentro. Dependiendo si hay una lluvia o una tormenta, que all√° son con mucho viento, ah√≠ se configura la casa tambi√©n, no s√©, tienes que poner algo atr√°s de las ventanas para que no te entre agua. O no s√©, cavar una zanja. Todo el tiempo la geograf√≠a configura el adentro, incluso la comida, todo tiene que ver con qu√© est√° pasando afuera.

Con esas condiciones se me har√≠a muy dif√≠cil rehuir el afuera y hacer estas escrituras escapadas. Cuando era m√°s chica conoc√≠ mucha gente, escritores varones sobre todo, que en talleres te ven√≠an con una exigencia muy extra√Īa de no hablar del lugar que habitamos, sino hablar siempre de otra cosa.

 

G: A m√≠ me interesa c√≥mo el exterior va configurando tu sensibilidad. De alguna manera siento que toda esa materialidad en la infancia por ejemplo, c√≥mo te va relacionando con los espacios arquitect√≥nicos, las paredes, las gradas, las flores, el jard√≠n. Entonces se va generando sentido a partir de la relaci√≥n con esos espacios. Por mi parte me interesa la recuperaci√≥n de c√≥mo empec√© a descubrir el mundo a trav√©s del tacto, una topograf√≠a de la casa, de generar mundo dentro de los mundos. Armar universos con los espacios peque√Īos. Y con la ciudad me pasa eso. Me genera una nostalgia, una experiencia sensible que activa mucho mi escritura la relaci√≥n con ciertas calles, en paisajes muy concretos en los que sucedieron o me sucedieron algunos acontecimientos afectivos. Hay una b√ļsqueda de encontrar esa potencia en el espacio en relaci√≥n de lo que estaba habilitando adentro.

 

D: Para m√≠ es obsesivo. Mi tesis de doctorado fue sobre la noci√≥n de paisaje como imagen. Pararayos tambi√©n. Yo estoy marcada por migraciones, en la primera pas√© de vivir en Guayaquil a vivir en Quito, a los ocho a√Īos, que es un cambio de paisaje radical. Guayaquil es la planicie, el puerto, el r√≠o, el calor y la humedad y Quito es el fr√≠o, la monta√Īa, lo seco. Guayaquil est√° trazado por cierto amarillo aplastado, y Quito est√° marcado por un azul transparente. Recuerdo haber llegado y recibir un impacto visual. Las monta√Īas, una cosa lejana y enorme. Y luego pas√© a una Guayaquil m√°s hermosa, que es Buenos Aires, otra vez esta planicie, esta ausencia de accidentes geogr√°ficos que me ubicaran. Esos cambios, me doy cuenta, me impactaron much√≠simo. Y luego volver a Quito en medio de un duelo que estaba atravesando, volver a estar rodeada de estas monta√Īas activas, que empiezan de repente a explotar, me hac√≠an sentirme protegida. No quer√≠a m√°s esa intemperie, tambi√©n porque la muerte que estaba llorando se hab√≠a dado en Buenos Aires. En resumen, el paisaje para m√≠ es una preocupaci√≥n √©tica, algo que me hace escribir.

 Quer√≠a preguntarte a vos y a Yuliana por el retorno. En tu caso aparece en la escritura el ir y venir de Quito, en tu caso Yuliana est√° Limones.

 

Y: Claro, y es algo raro lo que pasa. Porque las personas no ven como una migraci√≥n ir de Limones a Esmeraldas o a Quito, est√° muy naturalizado. Y a m√≠ me interesaba trabajar con esas peque√Īas migraciones que hacemos. Esos tr√°nsitos afectivos con nuestras cositas metidas en un bolso. La gente cuando vuelve a Limones, que van mucho para la fiesta de San Mart√≠n de Porres. Es algo muy, es una ridiculez, est√°n tocando marimbas en las lanchas, el cura disfrazado bailando, tomas con el narco, el narco est√° tirando balazos al aire.

 

Recuerdo que en un poema mencionás la palabra balazos, pensé que era metáfora.

 

Y: ¡No! Los balazos han marcado mi infancia. Es una zona militarizada por el tema del narco. Limones est√° m√°s cerca de Colombia que del centro de Ecuador. Lo que comes, la ropa que usas, todo viene de Colombia. La bebida. La primera cosa que beb√≠ de adolescente fue la √Āguila Dorada y no la Pilsener, que es la cerveza de Ecuador. O decir «V√°monos a Tumaco», y luego te enteras que es otro pa√≠s, pero nadie te hace migraci√≥n, y t√ļ vas y vienes como si nada.

 

Pero dec√≠s algo muy lindo: «cuna de un bolero a√ļn no inventado». Limones como el caldo de cultivo de un g√©nero.

 

Y: Lo que pasa con las islas negras del caribe es una conexi√≥n muy loca, una especie de hermandad que trasciende lo idiom√°tico. Hoy d√≠a tengo las herramientas te√≥ricas para palabrarlo, con Kamau Brathwaite, √©l habla de lenguaje-naci√≥n. Los lenguajes que la gente negra va criando a partir de las lenguas que los colonizan. Pero a√ļn as√≠ vas invadiendo, inventando una lengua a partir de la lengua impuesta.

Pero respecto del retorno. Pienso que cuando uno migra no vive ni aqu√≠ ni all√°, hay una especie de crear un espacio idealizado, porque lo que uno recuerda siempre es una idealizaci√≥n. Y en esos momentos de extra√Īar t√ļ olvidas que era peligroso, que no hab√≠a agua, que por eso migraron. Entonces hay una creaci√≥n de un espacio que no existe, y que es resultado de tu memoria inventando el lugar que dejaste. Extra√Īas algo que no es as√≠. Que est√°s creando con lo que viste y que recuerdas. A la vez, ese hablar de los otros espacios, hace que no puedas vivir en el que est√°s ahora. Mi libro es tambi√©n un homenaje a Aim√© C√©saire, a su Cuaderno de Un Retorno al Pa√≠s Natal. Porque yo creo que √©l tambi√©n habla de la imposibilidad de un retorno, habla del pa√≠s con un enorme desasosiego, y cuando encalla y camina las calles el desasosiego es mayor. Entonces pese a que yo vuelva a Limones, no vuelvo al que yo viv√≠. Recuerdo que uno de los momentos m√°s hermosos que recuerdo, tendr√≠a once a√Īos y mi mam√° nos llev√≥ al San Mart√≠n de Porres, en ese momento estaba de moda «Fruit de la passion», una canci√≥n en franc√©s, de Martinica, que se puso muy de moda en la isla. Una canci√≥n en franc√©s pero que tiene muy buen ritmo, y la verdad es que nosotros somos esclavos del ritmo, eso no se puede negar. Entonces esa canci√≥n sonando por todas partes, las lanchas, el sol… Para m√≠ eso es Limones y a ese momento no se puede volver. Y hay otra sonoridad, otra comida, otros olores que ya no son.

 

D: En mi caso el retorno se parecía a lo que decía Yuli. Después de estar atravesada por una infancia medio nómade, con una migración más precaria, una familia sin padre y con una madre peleándola. Cuando migré a Buenos Aires adopté animales, compré una casa, me casé ahí. Hice todo como si nunca fuera a volver. Yo necesito hogar, solidez, por esa marca de la infancia.

As√≠ que el retorno tiene que ver con un retorno geogr√°fico, que es sobre todo afectivo. Quiero volver al lugar que dej√©, y que no haya cambiado, y que todas las personas que estaban ah√≠ sean id√©nticas a lo que yo necesito que sean. Siempre una idealizaci√≥n. Eso marca mis dos primeros libros que son Para esta ma√Īana… y Pararayos.

Y ya poco a poco esa idea de retorno se hace menos ingenua, y responde a una necesidad muy f√≠sica, muy profunda de salir de la melancol√≠a, para citar a Ser√ļ Gir√°n. Yo tuve que sobrevivir a la muerte de mi hijo, desde ese momento empieza a ser muy importante salir de la melancol√≠a, porque si no salgo de eso me muero. Entonces una idea muy fuerte que surge a partir de esta vida, y del proceso de duelo de mi hijo fue la de no enamorarme de la p√©rdida, no jugar el juego melanc√≥lico de engolosinarme con ella. Aunque despu√©s de ese evento la p√©rdida no pueda no ser una parte estructural de mi cuerpo. Pero resistirme a eso. Como dice Giordano, no encarnar la herida para que la herida pueda volverse lienzo. As√≠ que comienza a ser todo un trabajo que aparece solamente con la escritura. Que yo descubro en m√≠ solamente escribiendo en este proceso de duelo, descubro la posibilidad de que la p√©rdida sea un lugar del hacer, un lugar donde algo puede convertirse en posibilidad de vida. Entonces a partir de ah√≠ esta idea de retorno para m√≠ se convierte en otra cosa, deja de ser este espacio perfecto donde yo era yo, sino que se convierte tambi√©n en una posibilidad de escritura de esto que es huidizo, y ah√≠, en el recuerdo, incluso puede haber un goce, teniendo conciencia plena de que el recuerdo es una invenci√≥n, pero que a su vez tiene algo de impredecible. Entonces poder gozar, aunque este goce tenga un elemento de p√©rdida, gozar de la imprevisibilidad del pasado, del recuerdo como aparici√≥n, que no tenga nada que ver con el yo de ahora, y sin embargo constituye al yo, aunque el yo ni se entere, y se entera cuando del olvido se desprende una imagen que te impacta y te cambia.

El trabajo de la escritura despu√©s de Siberia, que tiene que ver con la muerte de mi beb√©, me ayud√≥ a desprenderme del engolosinamiento, de ese enamoramiento de la p√©rdida, para sobrevivir. Por eso la escritura es para m√≠ no un refugio, sino un salvavidas.

 Te quer√≠a preguntar, Gabriela, sobre el tr√°nsito del teatro a la novela.

 

G: Siempre escrib√≠ diarios. Ten√≠a una pr√°ctica de escritura relacionada con ese espacio de clandestinidad. Yo estudi√© sociolog√≠a y luego llegu√© al teatro. Un poco sin tener claro a qu√© dedicarme porque adem√°s hab√≠a hecho una maestr√≠a en filosof√≠a, hasta cierto punto llegu√© adulta al teatro, entonces dije bueno, esto lo voy a hacer m√≠o, ya entend√≠ que no va a llegar algo para lo que soy buena sino que yo me voy a apropiar de algo. Entonces lo primero que publiqu√© fue teatro porque me sent√≠a autorizada a hacerlo, hab√≠a estudiado una maestr√≠a en direcci√≥n, ten√≠a un colectivo en el que √©ramos todas actrices y actores, entonces escrib√≠ porque surgi√≥ la necesidad de hacerlo, porque nadie escrib√≠a y yo ten√≠a un v√≠nculo ya. Me sent√≠a en cierto sentido autorizada como no me pasaba con la narrativa. Un poco «yo hago teatro, pero no escribo», algo que dec√≠a la Dani, que estas grandes historias, estas grandes √©picas no era capaz de hacerlas. Y empec√© a escribir cuentos, asumiendo fuertemente un v√≠nculo con lo personal, con mucha honestidad y sin filtro, lo que me produc√≠a mucha inseguridad, preguntarme si esto que estaba haciendo ten√≠a un valor, si dialogaba con alguien m√°s.

El paso a la novela fue con esa misma inseguridad. Nunca estoy segura qu√© estoy haciendo cuando escribo, no estoy segura qu√© va a ser esa escritura. Cuando escrib√≠ Sangu√≠nea tampoco lo sab√≠a.

 

¿En qu√© momento lo supiste?

 

G: Creo que cuando desbord√≥ el formato que yo pensaba en el teatro y en el cuento. Tom√≥ un camino que se fue configurando como eso, y luego ya estuvo. Bueno, ahora se mont√≥ Sangu√≠nea como teatro, y ya se convirti√≥ en otra cosa.

 

¿Vos adaptaste?

 

G: Y dirig√≠, estaba programado que viajara a Espa√Īa para hacerlo, pero vino la pandemia y no se pudo, as√≠ que lo hicimos a distancia. Fue muy raro. De hecho, un d√≠a antes de estrenar est√°bamos haciendo las pruebas de luces, a distancia, imag√≠nate, y las chicas dan vuelta la mesa y yo «pero c√≥mo, la mesa no es blanca, ¡ten√≠a que ser blanca!» y las chicas «no, es madera, nunca fue blanca». Ah√≠ ya dije basta, esto no es lo que pens√©, es otra cosa, y qued√≥ muy bien.

 

Para cerrar, ¿c√≥mo ven el panorama cultural o literario en Ecuador?

 

Y: Tal vez lo m√°s interesante suceda en peque√Īas ferias de publicaciones en riso, fanzines, autopublicaciones que diversifican el acceso al libro, que en Ecuador es muy caro. Y en editoriales que te permiten publicar de manera material alternativa al libro convencional.

 

G: Con el colectivo tenemos una casa. La experiencia de llevarla adelante nos hizo entender que es muy dif√≠cil sostener iniciativas e instancias como estas sin apoyo estatal, muchas veces tenemos que poner de nuestros trabajos para que esto resulte. Y no s√≥lo el Estado no ayuda, sino que muchas veces entorpece, exigiendo lo mismo que a una empresa, cuando lo que tenemos es una sala de teatro, una librer√≠a y un laboratorio fotogr√°fico que claramente no dan plata. Faltan, si no financiamiento, al menos unas leyes que sean consistentes con lo que sucede a nivel cultural. Sin embargo llevamos cinco a√Īos en funcionamiento, y hay otras casas similares que empiezan a agruparse. Eso es ch√©vere.

 

D: Lo que dice Yuli es bien importante, la diversidad incluso sexi-gen√©rica en las voces que se publican en un pa√≠s tan conservador. Justo este libro (lo tiene sobre la mesa) publicado por una editorial muy linda llamada Severo, que se llama Los fantasmas se cabrearon (Cr√≥nicas de la despenalizaci√≥n de la homosexualidad en el Ecuador), escrita por una mujer trans que se llama Purita Pelayo, y es una serie de cr√≥nicas de estas mujeres trans que durante los noventa fueron violadas, quemadas, asesinadas o desaparecidas. Son unas cr√≥nicas en primera persona de todo eso que se vivi√≥, con un registro fotogr√°fico y un trabajo de escritura realizado bajo una extrema precariedad que pod√≠a habitar la Purita Pelayo, siendo prostituta y perseguida por el Estado. Entonces hay un trabajo hermoso que va en ese sentido.

Desde el ámbito de la gestión, yo dirijo la Casa Benjamín Carrión, un centro cultural que es del Estado, y como tal tiene una serie de estructuras horribles de las cuales es muy difícil escapar. La cultura tiene esto de querer reducir todo a la escala de categorías manejables, el arte en cambio se escapa todo el tiempo, es difícil de fijar.


Tomado de http://lapalabraquebrada.cl/escribir-como-la-huella-en-el-camino-tras-aquello-que-se-escapa-tres-escritoras-ecuatorianas-en-valparaiso/?fbclid=IwAR322UoVs4uQhW4Frm16p3nNmjnmMQrMSAf9gYmvMg_y4dwmwtyh3L9FbYA


Café con aroma de mujer: 88 capítulos

 Rojo caf√©, verde Colombia, amor multicolor: serie terminada. Me encant√≥ todo ese final cl√°sico de telenovela pero con variantes feministas, anticapitalistas y ut√≥picas. Como estoy grande para babear con galanes y muchachas, mis personajes preferides son do√Īa Carmenzana y do√Īa Julia.


No vi la versi√≥n original de Caf√© con aroma de mujer. ¿Me cuentan similitudes y diferencias? Esta versi√≥n nueva tiene muchos ingredientes muy actuales, no? ¿Como se planteaban hace treinta a√Īos las distintas formas de ser madre, las luchonas, la guerrilla, la violencia dom√©stica, el trabajo de cuidado no remunerado, el amor gay, la discriminaci√≥n por racismo e imagen, los contactos por internet, el divorcio?

Pintuslabios y pintusu√Īas: El color caf√© NO es marr√≥n

 Mi quijotizacion nefliteana o mi bobarismo sigloveinteano me han dado ganas de ir a comprarme labial y esmalte de u√Īas, yo que jam√°s me maquillo. Adivinen de qu√© color... Quiz√°s combine bien con unas sombras color tierra... Ya estoy en edad de dejar de andar a cara lavada y u√Īas saltadas, no?


En la novela que acabo de terminar, Caf√© con aroma de mujer, Gaviota le cuenta a las mujeres de su cooperativa que el patr√≥n cuando se puso a ense√Īarle c√≥mo recoger caf√©, se le apareci√≥ con un esmalte de u√Īas colorado, le dijo que se pintara los pulgares y que solamente pusiera en su canasto el fruto del cafetal de ese color, ni verde, ni pasado. La marca del caf√© cosechado y producido por estas mujeres en comunidad se llamar√° "Rojo caf√©".

En el camino

 "La √ļnica gente que me interesa es la que est√° loca por vivir, por hablar, por salvarse, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que ara√Īas entre las estrellas".

"En el camino", Jack Kerouac

La mentira justifica nuestra mala vida

 


Puede ser una imagen en blanco y negro de una persona e interior
"A todos nos gusta m√°s la verdad que la mentira, pero cuando se trata de nuestra vida, a menudo preferimos la mentira a la verdad, porque la mentira justifica nuestra mala vida, mientras que la verdad la desenmascara".
"Aforismos", León Tolstói
ūüď∑ Alfred Eisenstaedt

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...