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domingo, 10 de noviembre de 2024

Costura histórica

 

La museóloga y emprendedora que cose blanquería con máquinas a pedal y manivela: “Es un viaje en el tiempo”

Agustina Tula, de Adrogué, es una “costurera histórica”, según su definición. El recuerdo de su abuela Amalia que marcó su camino y los años con las Hermanas Dominicas en el Hogar Santa Rosa de Lima, de La Plata, quienes le enseñaron técnicas de costura a mano. El emprendimiento con piezas inspiradas en el pasado que fue creciendo y los talleres que comenzará a dictar

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Después de estudiar Museología, Agustina Tula aprendió de forma autodidacta "Costura histórica"
Después de estudiar Museología, Agustina Tula aprendió de forma autodidacta "Costura histórica"

“Yo siempre digo que la costura histórica es un arte. Que une pasado y presente. Este arte no solo trata de preservar la cultura y el estilo de épocas pasadas, sino también que permite una conexión con la historia a través de las telas, los hilos y la costura”, introduce en su temática la museóloga Agustina Tula, de 46 años, desde su casa en Adrogué, ciudad donde nació y eligió vivir toda la vida.

Agustina, una emprendedora que se define como “costurera histórica”, en su caso se dedica a la decoración textil del hogar, con la particularidad de que sus piezas, inspiradas en la época victoriana (1837) y eduardiana (1901 a 1910), las confecciona con viejas máquinas de coser, a manivela, que fue adquiriendo a lo largo de su vida. Hace cortinas, mantelería, blanquería, basada en moldes, patrones y técnicas de confección que estaban perdidas o en desuso.

Agustina muestra sus piezas inspiradas la época victoriana y eduardiana en su cuenta Instagram
Agustina muestra sus piezas inspiradas la época victoriana y eduardiana en su cuenta Instagram

“Yo soy licenciada en Museología y me especialicé en costura histórica de forma autodidacta. Esto sucedió cuando yo estudiaba Museología. Estuve viviendo unos años con las Hermanas Dominicas en el Hogar Santa Rosa de Lima y fueron ellas las que me enseñaron las técnicas de costura a mano. Fue algo que realmente cambió mi vida para siempre”, relata.

Agustina en el salón comedor del Hogar Santa Rosa de Lima, de La Plata
Agustina en el salón comedor del Hogar Santa Rosa de Lima, de La Plata

Además de llevar adelante su emprendimiento textil, Agustina ya puso fecha para talleres de costura histórica. El objetivo es que quienes asistan puedan transportarse a distintos momentos de la historia y aprendan sobre ese tipo de costura. “Sobre todo que tengan una hermosa experiencia. Yo siempre digo que son viajes en el tiempo. Uso maquinaria auténtica de los siglos XIX y XX, sin electricidad”, detalla.



La infancia entre costuras

Cuando Agustina habla de su pasado, el primer nombre que menciona es Amalia, su abuela, quien la educó “sentimentalmente” y despertó su interés por la historia. “Ella me llevaba a museos con mi hermana. Mi mamá era pianista y profesora de música. Siempre tuvimos de muy chiquitas muy presente la historia, la cultura y la música”, expresa. Tanto su mamá como su abuela solían coser en su casa. Era algo natural que todas lo hicieran, sin embargo, fue cuando se fue a vivir a La Plata para cursar sus estudios perfeccionó sus trabajos con aguja e hilo.


Con su abuela Amalia el día que le regaló su primer costurero
Con su abuela Amalia el día que le regaló su primer costurero

“Como yo estudiaba Museología, necesitaba quedarme en algún lugar en La Plata porque el viaje era muy cansador. Entonces me recomendaron el Hogar Santa Rosa de Lima. Fui a hablar con la Madre superiora y me quedé cuatro años viviendo con ellas. Fue un antes y después en mi vida. Fue una experiencia hermosa y siempre voy a estar agradecida con ellas porque me enseñaron un oficio”, explica la museóloga. En esos tiempos vio con claridad que podía unir la museología que amaba con la costura. Puntada a puntada, y con curiosidad, dio un paso más y se volcó a la costura histórica. “En la Argentina no hay una especialización para formarse. Por eso, hice todo de forma autodidacta”, aclara.

Una imagen del jardín del Hogar Santa Rosa de Lima
Una imagen del jardín del Hogar Santa Rosa de Lima

Los años en el Hogar Santa Rosa de Lima fueron trascendentales en la vida de Agustina que siempre fue creyente. “Yo siempre recomiendo que las conozcan porque son amor puro. Estoy tan agradecida, tanto por el oficio que me enseñaron, como en la parte espiritual y de ayuda al prójimo”, dice la costurera quien años después regresó a su lugar de origen donde está arraigada. “Yo amo Adrogué y voy a morir en Adrogué”, manifestó.


La máquina a pedal de la abuela

La primera máquina de coser con historia que llegó a sus manos perteneció a su abuela Amalia: una Singer a pedal. Más tarde, fue adquiriendo maquinaria en el exterior y también dentro del país con algo en común, todas que funcionan a manivela. “Eran las primeras máquinas de coser. Tengo de 1895 en adelante”, subraya.

Su emprendimiento nació hace 10 años, mientras trabajaba en una mueblería. De forma paralela comenzó con la confección a mano de almohadones y le empezó a ir bien. En 2018 abrió las puertas de su primer local comercial en el que vendía muebles de hierro, de mimbre y los textiles que cosía a mano con una máquina a pedal y todas las que fue comprando. Todo andaba sobre rieles hasta que llegó la pandemia y se vio obligada a cerrar. “Fueron tiempos muy duros”, cuenta la emprendedora, que está casada con Mariano y tiene una hija de 9 años llamada Antonieta, que ya sabe coser a mano y ahora está aprendiendo a usar las máquinas a manivela.


En su local comercial, antes de que lo cerrara por la pandemia
En su local comercial, antes de que lo cerrara por la pandemia

Como Agustina necesitaba seguir trabajando se le ocurrió abrir el taller en su casa. Empezó a teñir lienzos, a pintarlos, a bordarlos a mano, a coserlos. “Y me empezó a ir muy bien, gracias a Dios. En Instagram (@agustinatula.costurahistorica) me está yendo bastante bien. Un camino lento pero a paso firme”, detalla. Y le quedaba una cuenta pendiente, que eran los talleres. El 3 de agosto dará el primero, luego fijó fechas para septiembre y octubre. Está muy feliz por la recepción que están teniendo, a cupo lleno. “La verdad no lo puedo creer. Sinceramente por todo el amor que me están dando y las cosas hermosas que dicen de mi trabajo”, expresa.

Agustina Tula con una de sus máquinas de coser a manivela
Agustina Tula con una de sus máquinas de coser a manivela

Sin uso de electricidad, Agustina produce objetos textiles de uso cotidiano, como mantelería, cortinados, servilletas, inspiradas en el pasado. Dice que no puede hacer réplicas porque le insumiría mucho tiempo y porque además elevaría los costos y sería muy caro. De manera que le encontró la forma. La materia prima que busca se basa en fibras naturales (nada de sintéticos) y emplea muchas puntillas antiguas, francesas, inglesas, que compró y le regalan, además de tules bordados. Muchos de los diseños son suyos, y además, echa mano a patrones que encuentra en museos de Inglaterra, por ejemplo, que los dejan al alcance de la mano y de costureras históricas, como Agustina.

Agustina ya está transmitiendo el saber familia a su hija Antonieta, de 9 años
Agustina ya está transmitiendo el saber familia a su hija Antonieta, de 9 años

Ahora su objetivo es que quienes asistan a su taller aprendan a coser con estas máquinas. “Una piensa que son máquinas inservibles que se utilizan para decorar un rincón y no, uno puede hacer un emprendimiento con las máquinas de coser de 1895, por ejemplo”, concluye.

martes, 23 de agosto de 2022

Encontré mi lugar en ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y CRÍTICA

ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y CRÍTICA 

Otra vez Trilce. La vanguardia mañana 

18, 19 y 20 de noviembre de 2022 / Buenos Aires, Argentina



 Mesa 3: Mientras tanto. ¿De qué trabajan lxs poetas? Trabajo, dinero, Tareas de cuidado y tiempo en la poesía latinoamericana. 

Coordinadoras: Melina Alexia Varnavoglou. Ova Incompleta (m.varnavoglou@gmail.com) 

Natalia Iñíguez. Ova Incompleta (nataliainiguez@gmail.com) 


En 1980 en su Carta a las escritoras tercermundistas, Gloria Anzaldúa agita: “Olvídate `del cuarto propio´, escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar despierta”. El tiempo que se le asigna al trabajo asalariado fue mutando desde el siglo xx. La tendencia a la hiperproductividad y la falta de ocio configuran un espacio-tiempo indeterminado entre la casa y el trabajo, lo doméstico y el afuera. Las sucesivas crisis económicas y del sistema de cuidados hacen de esta una discusión que nos atraviesa, especialmente como mujeres y personas LGTBIQ+ latinoamericanxs que escribimos, siempre en el “entre” y el “mientras tanto”. La chicana se pregunta: “¿quién tiene el tiempo o la energía para escribir después de cuidar al marido o al amante, los hijos y casi siempre otro trabajo fuera de casa?” El objetivo de esta mesa es doble: por un lado reflexionar e historizar las materialidades que sostienen la escritura de poesía ¿De qué trabajaron y trabajan lxs poetas? De maestras rurales a influencers, variadas son las actividades que lxs poetas ejercen paralelamente al trabajo no remunerado de la escritura poética. Por ende, múltiples los mundos en los que los poemas que llegamos a escribir se inscriben y también las formas en que la relación trabajo/género se ha representado en la poesía y sus posibilidades de lenguaje; lo cual constituye nuestro segundo objetivo. “Yo estuve lavando ropa mientras mucha gente desapareció” dice -y fue criticada- Irene Gruss, haciendo de un poema doméstico, a la vez, un poema político. Así hace hablar Cristina Peri Rossi a la encajera de un cuadro de Vermeer “Madre, yo no quiero hacer encaje no quiero los bolillos/no quiero la pesarosa saga/No quiero ser mujer”. Como Victoria Cóccaro indaga “¿Qué hay entre la dactilógrafa tuberculosa, la costurerita que dio el mal paso o la pianista prostituta y la proletaria sensible de Fernanda Laguna?”. Abrir esta relación nos permitirá encontrar otros gestos vanguardistas que reactualizan y disputan no sólo construcciones de género, sino también de memoria, futuros e imaginación política en la poesía latinoamericana.

domingo, 17 de enero de 2021

Hoy a mí me dijeron hermosa

 







La higuera

Juana de Ibarbourou


Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...