Otro fragmento de El jardín de vidrio, de Tatiana Tibulack. P. 236
Con el amor, Lastochka, no te compliques. No corras tras él, no lo
incites, porque no le gusta. Si te sale al camino, agáchate y guárdalo
en el bolsillo. Si no, no lo busques por tu cuenta. No le coloques una
corona en la frente, no le levantes un monumento. No se merece
tantas palabras con todo el daño que ha causado en este mundo.
Recuerda lo que te digo. El amor, el amor. Todos gimen, discuten,
gastan dinero. Un asesino, eso es el amor. Porque aquel que no
ama, ¿qué hace? Vive, trabaja, es persona… una persona que no
ama. Busca el sosiego en otras cosas, disfruta, por ejemplo, con la
lluvia. Y aquel que ama —esa persona—, ¿cómo es? Una nopersona,
eso es lo que es. Ni duerme, ni está satisfecho ni tiene luz en la
mirada. Piensas que no sé lo que estoy diciendo, ¿eso piensas? En
vano. También Zahar Antonovich fue joven en otro tiempo. Con
manos y con pies, con dientes. No era guapo, pero tampoco santo,
tenía de todo. Un asesino —como ya he dicho, el amor—, y vosotros
lo cantáis como idiotas.




































