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viernes, 9 de julio de 2021

Melancolía y deseo: lo conocido y lo sorprendente

 Hoy salí caminando hacia lo de una amiga que hace un locro genial y me tenía reservadas dos porciones de las que ya he dado (cuenta: de la mía, digo, mi porción). La casa de ella queda a como 20 cuadras de la mía y en la esquina de la que fue la casa de mis viejes. El recorrido a pie me hizo reflexionar sobre la identidad de los barrios soris y los barrios populares, las metamorfosis del arroyo Los berros, los muros con alambre de púan, las veredas avanzadas de cumbia y de ramas para prender mi salamandra.

Estoy, otra vez, con conflicto de vivienda porque me aumenta el alquiler y no sé, realmente no sé, dónde quiero vivir. El ex barrio de mis viejes fue odiado por mí durante muchos años pero es hermoso y muy tranquilo, sin gente, vegetal, lleno de pájaros. Mi barrio tiene todo el aguante pero me asusta su circulación ansiosa y su fealdad en los zanjones y las paredes sin revocar. 

Ya se imaginarán todo lo melanco que puedo haberme puesto mientras miraba tronquitos y ramitas por el camino y no los juntaba porque pesan y planeaba volver con el auto (que también era de mi mamá) y todos mis planteos sobre irme a vivir a lugares desconocidos y descubrir el universo (sea José C. Paz o Guatemala) o quedarme entre estas 20 cuadras que eligieron mis viejes cuando planearon la familia que me dio origen.

domingo, 14 de marzo de 2021

Mi vecino el que todo lo poda

 Uno de mis vecines corta las ramas de mi morera que se pasan para su lado y pone un toldo de tela plástica negra, media sombra le dicen. Él no me entiende las hojas secas, el suelo manchado de violeta, los insectos visitantes. Yo no le entiendo la predación, el calor inhumano y refractario, la fealdad.

lunes, 24 de agosto de 2020

Para adentro

 No tengo ganas ni de publicar cosas en el feis. Vengo y escribo acá porque necesito decir y sacar pafuera pero que el afuera sea padentro. ¿Se entiende? Quiero estar cada vez más conmigo y no andar buscando respuestas que nunca me gusta lo que me contestan. O es poco o es malo.

Es raro. Como si quisiera ya no comunicarme con nadie o como si buscara otra dimensión de comunicación que todavía no conozco. Me duelen más que siempre las mezquindades, las pobrezas y las repeticiones.

Pintó el bajón

 Hace una semana que estoy medio que me arrastro. Nada grave, sólo que extraño mi chispita y disfrutar de todo como pelotuda. No sé si fue día del ninie, que extraño mucho a mis hijes y les vi a todes juntes, por fin y quedé colgada. O ver al pelotas tristes de mi ex que odio que disfrute de todo lo que es mío. O que tengo resaca de carne y cerveza que es mi peor combineta.

Igual sigo tachando ítems mortales en mi lista carentenera: envié PDF a concurso y me anoté en taller nuevo: Poesía y Tarot con Paula Jimenez España y Mercedes Araujo.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Adios a Liliana

"¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan años y años de los árboles? Tampoco lo conozco yo. Y, dime, ¿cómo nacerían manzanas nuevas si las que ya cumplieron con lo suyo no dejaran sitio en las ramas? ¿Quién le enseñaría a quién? La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden pero pocos perdonan.... Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras. Tampoco cantarían. Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo. Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz."




Liliana Bodoc




viernes, 12 de enero de 2018

Releo estos poemas de Miriam Cairo y me reconozco Cheever aunque quisiera ser Marosa

¿Cómo ama una mujer?


 Por Miriam Cairo
* Las Marosas
Hay mujeres que aman como Marosa.
Diablas de diversos tipos y colores. No es necesario detenerse y preguntarse de dónde salen porque se nos imponen ante los ojos en un entrechocar de nácares, de tacones, de espuma.
Las llamadas 'catalinas' son de ojos azules y pestañas muy largas.
Las 'lorenas', con pechos exuberantes en bandeja; dulces tartas caídas para acabar con el hambre en el mundo.
Las 'juanas' se pintan las uñas de las manos y de los pies. Se embarazan muy fácilmente. Hacen dulce de higo con los hijos hervidos en azúcar.
Estas diablas están a las veras de los tazones de porcelana transparente y de las inminencias. Son de diversos tipos y colores. Las hay con cabello trenzado y con cabellos de niebla.
Las hay azucenas.
Las hay suplicantes.
Las hay perdidas en su propia casa.
Las hay nacidas con tacos altos, rojos, finos, precedidas por una jauría de perros invisibles.
Las hay morenas.
Las hay prohibidas.
Las hay desmelenadas que caen sobre los labios de los hombres como diamelas.
Se ven sus carnadas de diablos en los árboles, en las bocas de tormenta, en los postes de luz, en las cucharas de té, en el revoltijo hechizado de los agapantos. Los cebos de sus malignidades cuelgan del anzuelo del día y de las redes el anochecer.
Las muy diablas caminan por las calles de la ciudad como gladiolos travestidos de personas.
Las muy diablas suspiran.
* Las Giocondas
Hay mujeres que mueven los hilos de la marioneta con el talento de Gioconda Belli. Gatunamente enrolladas en la cama, siguen paso a paso las fórmulas de su mentora. El muñeco se les acurruca en un nido prefabricado de besos, tacatá, tacatá,
y de palabras, tacatá, tacatá,
y lo alimentan con un panal de miel rancia hasta desmentirlo,
tacatá, tacatá,
hasta hacerle vomitar diminutivos espeluznantes,
tacatá, tacatá,
que atontan los sentidos, tacatá, tacatá,
y horadaran el huequito,
tacatá, tacatá,
despacito,
tacatá, tacatá,
hasta el bosquecito de arbustos, tacatá, tacatá,
ese lugarcito apretado,
tacatá, tacatá.
Estas diosas lujuriosas enseñan al muñeco a caer una y otra vez en todos los lugares comunes, tacatá, tacatá, guiadas por su mentora, tacatá, tacatá. Son los corceles del amor, tacatá, indómitas gacelas, tacatá, tacatá, ariscas yeguas, tacatá, tacatá,
la poesía estupefacta,
casi muere, tacatá, tacatá.
El juguete dopado de obediencia, construye el castillo de arena y abre la puertecita por donde la arisca yegua se amansa, tacatá, tacatá, como un ama de casa, tacatá, tacatá, y una vez adentro del palacio cambia los frenesíes del amor por el melodrama, tacatá, tacatá.
Ascendentes, salientes, entrantes en todas las direcciones posibles, las mujeres diminutivas se instalan como un corazón suplementario. Y la asfixiada marioneta tiene por futuro morir ahogada en su propio esperma, tacatá, tacatá.
* Las Cheever
Hay mujeres que aman como Cheever, nadando contra corriente, flotantes y encendidas, sin que el orden de sus asuntos les impida incidir en los asuntos del mundo.
Sus cabezas son nubes a la hora de la desnudez cabeza abajo.
Sus pies vienen de un país visitado por un sueño reciente y sus manos corrigen el error que la luna produce.
Un polvillo de azúcar sobre la frente les da una blancura de esmeralda, amatista o misterio.
Son mujeres que aman con un pie en la confusión y otro en las tormentas.
Con un pie en la ternura y otro en el espejismo.
En la absoluta inmovilidad del tiempo y del espacio, siguen hacia delante porque saben que en este siglo no pueden detenerse.
Las mujeres que aman como Cheever les temen a los diminutivos.
Les temen a los anzuelos.
Les teman a los estribillos.
Les temen al subconsciente de Gioconda Belli. Les temen al subconsciente de las marionetas. Al subconsciente de los Reyes Magos. Al subconsciente de Dios. Al subconsciente de las indómitas gacelas.
Con qué esmeril, con qué esmeralda, con qué esmero corren peligro las peligrosas mujeres que temen a los diminutivos.
Las mujeres que aman como Cheever están en alguna parte del aire, debajo, o detrás, o del otro lado de las sombras, en puntas de pie sobre el límite sobrenatural de las cosas, o sobre una pluma de cisne.
Es casi imposible que las mujeres que aman como Cheever no atraigan la mirada de los lectores de Cheever, que las distinguen entre la multitud con destreza desesperada.
Así es.
El fenómeno de las mujeres en sí es inquietante, porque todas coinciden en el mismo mundo, como los animales medio dormidos coinciden en la selva con los animales medio despiertos.
cairo367@hotmail.com

lunes, 29 de mayo de 2017

Tengo una depre marca cañones y no se lo digo a nadie

Al pedo, si odio que me consuelen con frases pedorras, si al rato se me pasa, si lo único que necesito es descargar mi odio hacia la rutina, el conformismo, la mediocridad, la cartuchería y el culo apretado y quejoso de la gente que no sabe vivir su vida y se te pega como vieja del agua para chuparte la energía.
Puteo un rato y dejo de ver mierda y vuelvo a ver sol. (Hasta acabo de componer mi primera estrofa punteada en viola:

"No me pidan que no vaya
por la calle cantando.
Yo canto lo que yo quiero
vos te podés ir cagando.")


(Toy muy coprolálica)

lunes, 21 de marzo de 2016

Me sube me baja me sube me baja me sú

Ni bloguear me logra estabilizar un poco (sólo un poco) el ánimo de barrilete con piola finita y demasiado larga. No sé lo que quiero, la cabeza se me llena de muerte, el cuerpo quiere librarse del dolor, no sé, no sé, no sé.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...