Qué tipo magnífico el Negro Rada. Qué maravilla de talento, de alegría, de conciencia, de inteligencia hermosa. Mis primeros recuerdos de su música son allá por el 83. Mis 15 años de primavera alfonsinista. Gracias, Negro por tanto. Y que te diviertas bailando siempre por plena.
jueves, 27 de agosto de 2026
Porque yo en vida he sido feliz
MURIENDO DE PLENA
Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena
Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo
De bailar hasta que muera
No quiero a la gente
Todita de negro
Prefiero de rojo
Vestido a mi suegro
Y quiero en la tumba
Pollito y arroz
Patitas de cabra
Con todo el melón
Porque yo en la vida
He sido feliz
Y quiero morirme comiendo perdiz
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena
Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo
De bailar hasta que muera
No quiero a la gente
Todita de negro
Prefiero de rojo
Vestido a mi suegro
Y quiero en la tumba
Pollito y arroz
Patitas de cabra
Con todo el melón
Porque yo en la vida
He sido feliz
Y quiero morirme comiendo perdiz
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena
Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo...
lunes, 17 de agosto de 2026
Me encontré este poetazo buscando versos sobre Jonás y la ballena para mi novela
Tomado de revista Otra Parte, marzo 2026
Canto ceremonial contra un oso hormiguero
Antonio Cisneros
Hay una corriente importante de la poesía del siglo XX que se construye sobre el trabajo de desacralización, incluso de irrisión, de la poesía y de la figura del poeta, conceptos antes escritos casi con mayúsculas. Dentro de esa corriente, la poesía del peruano Cisneros se destaca porque al gesto iconoclasta suma un modo particular del humor. Es un humor que se hila mediante figuras, imágenes y metáforas inesperadas, que surgen de lo cotidiano, incluso de lo devaluado. Son a la vez precisas y un poco exageradas, insólitas pero hacen que uno se pregunte, cómo no lo veía, cómo no se me ocurrió. Y hay también una tristeza de trasfondo que es una tristeza, si se puede llamar así, latinoamericana. El yo que escribe es el de un hombre de origen latino que se ha visto desplazado; vive en el Primer Mundo siempre como extranjero, desclasado, y añora un lugar y un tiempo que tampoco fueron mejores, pero en los que había algo verdadero: la gente, sus comidas, sus costumbres, un paisaje deteriorado pero marcado con las huellas de las vidas que allí transcurren.
Hay poemas que se escriben desde locaciones, entonces, pero también desde una temporalidad específica: no hay dónde ubicarse, entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Perú, entre los sueños juveniles de una sociedad sin clases y su caída por los errores y fracasos de la izquierda. Nómade por circunstancia, el yo poético sobrevuela espacios, tiempos y lecturas, y, a veces socarrón, otras dolido, arma un paisaje imposible de la última mitad del siglo XX. El canto ceremonial para el oso hormiguero es ese tono particular, las cosas serias mezcladas con lo de todos los días, y con el absurdo de cada idea caída. Entre medio la voz recorre citas cultas y populares, imágenes, afectos, y lleva al lector en ese recorrido: risa, ternura, dolor. Como cuando le pide perdón al hijo por haberlo traído al mundo: “Queda un poco de sol, crujen los cables y el lomo de las aguas / una y otra vez se bambolea entre las blancas rejas. / Ni un pájaro me sobrevuela, Diego mío, y antes que la noche apriete pienso en ti. / Perdóname, perdónala”, sin efusividad ni sentimentalismo (y ahí radica su fuerza) o como cuando escribe a un Marx muerto: “Ah el viejo Karl moliendo y derritiendo en la marmita los diversos metales / mientras sus hijos saltaban de las torres de Spiegel a las islas de Times / y su mujer hervía las cebollas y las cosas no iban y después sí y entonces / vino lo de plaza Vendôme y eso de Lenin y el montón de revueltas y entonces / las damas temieron algo más que una mano en las nalgas y los caballeros pudieron sospechar / que la locomotora a vapor ya no era más el rostro de la felicidad universal”. O el poema “In memoriam” que empieza “Yo vi a los manes de mi generación, a los lares, /cantar en ceremonias, alegrarse / cuando Cuba y Fidel y aquel año 60 eran apenas / un animal inferior, invertebrado. Y yo los vi después” para terminar: “Hay un animal noble y hermoso cercado entre ballestas. En la frontera Sur la guerra ha comenzado. La peste, el hambre, en la frontera Norte”.
La voz se ensancha, y se puede escuchar a su través la historia de tantos escritores y no escritores que han tenido que armar un lugar para vivir, pensar y escribir en este nomadismo. Porque ser poeta y ser latinoamericano, parece decir Cisneros, es esa tensión misma. Su carcajada entonces resuena, y desde los versos largos y rítmicos, repercute y sigue sonando, en esta reedición de Nebliplateada, que se ha propuesto hacer circular en el país libros que no se conseguían y que son fundamentales para una cultura poética latinoamericana (la primera edición se hizo en 1968 y ganó el premio de Casa de las Américas). El libro cierra con una muy buena entrevista de Néstor Colón a Cisneros del año 2009.
Antonio Cisneros, Canto ceremonial contra un oso hormiguero. Ediciones Nebliplateada, 2025
lunes, 3 de agosto de 2026
lunes, 27 de julio de 2026
martes, 30 de junio de 2026
sábado, 6 de junio de 2026
Toda la vida dije "un anti Barrabás"
Un Poco de Amor Francés
Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota
Una tipa rapaz, como te gusta a vos
Esa tipa vino a consolarte
Un poco de amor francés no muerde su lengua, no
No es sincera, pero te gusta oírla
Es una linda ración
Con un defecto, con uno o dos
Y es un cóctel que no se mezcla solo
Quiere, si quiere más
Ya no la engatusás
Es una copa de lo mejor
Cuando se ríe
Quiere, si quiere más
Ya no la engatusás
Es una copa de lo mejor
Cuando se ríe
El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó
De esa miel no comen las hormigas
Una tipa rapaz, como te gusta a vos
Esa tipa vino a consolarte
Quiere, si quiere más
Ya no la engatusás
Es una copa de lo mejor
Cuando se ríe
lunes, 25 de mayo de 2026
Gente necesaria en La rueda celeste
"¿Existen de veras personas ajenas al resentimiento, al odio?, se preguntó ella. ¿Gente que nunca maldice al universo? ¿Capaces de reconocer la maldad, que se le resisten, que no les afecte lo más mínimo?
Pues claro que las hay. Innumerables, los vivos y los muertos. Quienes han regresado por pura compasión a la rueda, quienes siguen el camino que no puede tomarse sin saber por dónde se va, la mujer del aparcero de Alabama, y el lama del Tibet, y el entomólogo de Perú, y el molinero de Odessa, y el verdulero de Londres y el pastor de Nigeria y el anciano, el viejo que talla la punta de un bastón junto a un sauce seco de algún rincón de Australia, y todos los demás. No hay uno solo de nosotros que no los haya conocido. Son los suficientes. Bastantes para que todos sigamos adelante. Tal vez."
Úrsula K. Le Guin (1971). Pág. 123 de Ediciones Minotauro (2018)
martes, 19 de mayo de 2026
jueves, 14 de mayo de 2026
jueves, 22 de enero de 2026
Los inicios de Mariana Enríquez
Dice Mariana Enríquez: “No escribí mi primera novela porque quería ser escritora, ni porque quería publicar, ni porque conocía a escritores y los admiraba y quería ser como ellos. La escribí porque no encontraba nada ni nadie que contara lo que me pasaba y lo que yo misma leía en los libros que compraba: Pregúntale al polvo de John Fante, Última salida para Brooklyn de Hubert Selby Jr., Menos que cero de Bret Easton Ellis, o los discos, The Birthday Party, The Velvet Underground, Sex Pistols, Bowie, The Cult, The Stooges. La vida era de noche, un guepardo callejero con el corazón lleno de napalm como cantaba Iggy Pop, bares patéticos y vino barato, baños llenos de orín, ojos delineados de negro, el pelo largo y teñido del tono más oscuro posible. Y las revistas, también: vivía en La Plata y el kiosco del barrio a veces traía Cerdos y Peces, la revista de Enrique Symns.
Recuerdo una tapa con una chica poeta, que no sé si existía o no – porque ellos usaban ese procedimiento de falsos personajes, falsas firmas, yo me creía todo–, que escribía poemas rimbaudianos y, en la entrevista, decía que nunca salía de la casa. Otro poema hablaba de rebanarse las encías en un pasillo. Ella tenía el pelo corto, una melenita masculina, y yo la amaba y quería ser como el.
Escribí mi primera novela a máquina, un artefacto pesado y duro, las teclas me rompían las uñas, que acabo de encontrar en la casa de mi madre después de un año de ignorar su paradero. No soy fetichista, no me hubiese importado si se hubiera perdido en una mudanza. Escribí la novela de noche y tardé bastante en terminarla, algunos años. La empecé, no estoy se gura, en el último de mi secundaria, a los diecisiete. Los dos protagonistas de la novela, Narval y Facundo, vivían en mi cabeza y tenía que desalojarlos porque no me dejaban lugar. Constantemente pensaba en ellos, eran un concentrado de mis obsesiones adolescentes, que son muy parecidas a mis obsesiones actuales: el vampirismo, el sexo entre hombres, la turbia belleza baudelairiana, la belleza injuriada de Rimbaud, la literatura fantástica y de horror, los subterráneos, los demonios, River Phoenix y Keanu Reeves, Lestat y Louis. Mi novela, Bajar es lo peor, fue una especie de reescritura de Mi mundo privado de Gus Van Sant y Entrevista con el vampiro de Anne Rice, pero ubicada en Buenos Aires. Yo quería ver reflejada mi experiencia en un texto escrito en argentino, pero no quería que necesariamente fuese realista. Pensar que la experiencia solo se puede reflejar desde el realismo es un error común y una falta de imaginación grave, la misma que nos hace pensar que el realismo es para adultos y el género – el fantástico, la épica, el terror– para jóvenes y niños, malentendido por el cual los adolescentes leen La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, una novela sobre la tolerancia, la fluidez de la sexualidad, el estalinismo y las sociedades jerárquicas, y los adultos leemos a Elena Ferrante. Las dos son buenísimas y no hay motivo en el mundo que nos impida leer a las dos a la par – excepto el gusto, pero eso también se construye.
No pensaba en publicarla. No pensaba en ser escritora, creo que no pensaba en ninguna forma de la escritura profesional salvo el periodismo y solo porque quería ir a recitales gratis y tenía esperanzas de ser corresponsal y acabar como enviada especial a Glastonbury. No vivía en Buenos Aires cuando escribí la novela, vivía en La Plata. Iba a Capital los fines de semana. A boliches y antros legendarios como Bolivia, a Cemento, a fiestas en La Boca y Parque Chacabuco. Esperaba, durmiendo en el suelo de la estación Once, con la cabeza sobre la mochila, el colectivo de vuelta a La Plata, de madrugada. Las noches que no podía viajar a la capital – porque no tenía dinero o porque había otro plan– caminaba por La Plata, los alrededores de la catedral incompleta, los misterios de plaza Moreno y el teatro Princesa; jugaba a la ouija y quería aprender a tirar el Tarot. Tomaba licor de mandarina en la plaza Pas.
La novela se llamó Bajar es lo peor por una frase supuestamente real de un cocainómano en una entrevista que leí en Cerdos y Peces. Hablaba de la resaca de la cocaína, que en Argentina se llama «bajar», y decía que era lo peor. Yo estaba de acuerdo.
Fue leída – según las pocas, muy pocas reseñas que salieron– como una novela de realismo sucio. Un crítico la destrozó y me mandó a escribir guiones de televisión para series de adolescentes. Para él era un insulto: yo creo que Buffy la cazavampiros o My So-Called Life son genialidades que nunca podría escribir. Con los años, algunos críticos, como Elvio Gandolfo, escribieron que tenía elementos de terror moderno, de Hellraiser de Clive Barker. Para mí siempre fue una novela filofantástica con noche y drogas. Con el romanticismo de Cumbres borrascosas y la geografía del sur de la ciudad porque la conocía y, sobre todo, porque por ahí transitan Martín y Alejandra en Sobre héroes y tumbas (Facundo es un poco Alejandra, también, y el trío que acecha a Narval es un poco la Secta de los Ciegos). Cumbres borrascosas y Sobre héroes y tumbas eran mis novelas favoritas aquellos años.
Bajar es lo peor es el único de mis libros – no tengo tantos, pero no pasó con ningún otro– con el que recibí cartas de fans. Muchas y muy febriles, todas de chicas que me contaban sus vidas, sus excesos, el amor desesperado por alguien o directamente por Facundo, el chico que armé con retazos de Ian Astbury, Nick Cave y Charlie Sexton – sobre todo, de Astbury–, la combinación que yo juzgaba alquimia de la hermosura y la crueldad. A muchas de esas chicas tuve que decirles que Facundo no existía y se enojaron. Una fan llegó a venir al lugar donde todavía trabajo, el diario Página/12, a exigirme que le marcara dónde quedaban las casas de los protagonistas, cuál era el sitio exacto del departamento donde Narval se despertaba frente al Riachuelo, dónde quedaba el sitio donde había crecido Facundo. Le dije que ninguna casa existía, que había casas que me habían inspirado, sí, pero en La Plata. Se ofuscó la chica. No me creyó. Después trajo a su exnovia, que también era mi fan. Estaban peleadas. La primera chica, la exigente, quería recuperar a la novia haciéndole un regalo, y ese regalo era yo, la autora de su libro favorito. Las tres tuvimos una conversación muy larga e incómoda en un bar. Días después, la primera chica volvió, sola – el regalo no arregló la situación–, me contó que su novia la amaba, pero que los padres y su clase social no la dejaban ser lesbiana, me dejó un libro de poemas y se fue. Nunca más las vi ni supe de ellas.
Quise acercarme a varias de las chicas que me escribieron. Ninguna quiso, que yo recuerde, concretar un encuentro. Salvo dos: una trabajaba en medios, era productora de televisión; la otra terminó filmando la película Bajar es lo peor, que no se estrenó comercialmente”.
Mariana Enriquez (editado x Pan)
martes, 23 de diciembre de 2025
Lunes por la madrugada...
que sonríe cómplice de amor...



















































