domingo, 27 de septiembre de 2026

Síntomas de dhysporia mundi en la literatura mundial










 

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Yerai Cortés y qué hermoso lo que dice de él Manuel Villegas















 

El procedimiento de Reunión y todo ahí para leer y decir

 





Estoy leyendo Oates y Zelko

 No funciona mucho mi truco de descansar de una lectura en otra. Son dos intensidades dolorosas. Puñaladas, dedos en la llaga.

Ayer decía en el taller de Alan Cabral que propuso la lectura del cuento de Oates "Un libro de mártires" y yo me metí en la novela Un libro de mártires americanos, decía yo que lo que he leído de Oates me parece siempre meterse en medio de grandes debates, temas no resueltos ni personal ni socialmente, en el ojo del huracán, a hacernos escuchar (y entender, pro no decir justificar) las voces que detestamos.

A Dani Zelko también llegué por otro taller, con Adri Kogan. Hay más amor, aunque el dolor es igual de lacerante. Como impotencia, como mucho para pensar en relación con la función de la poesía y les poetas.

Oates por Enriquez

 Artículo "Pesadilla americana". Página 12.

 https://www.pagina12.com.ar/134466-pesadilla-americana/


"En el New York Times, Ayana Mathi no estaba tan impresionada. Al contrario: “En la novela, la religión es un trastorno, y no hace nada de lo que ha hecho por la gente a lo largo de milenios: ofrecer sabiduría o consuelo”, escribía. “Es cierto que no hace falta que la obra defienda a la cristiandad, pero tampoco debería rendirse a los estereotipos sobre la fe y los creyentes. En todo ello hay una buena dosis de engreimiento y, lo que es peor, un peligroso paternalismo. El Otro, en este caso los blancos trabajadores pobres, es despachado sumariamente como una horda ignorante necesitada de guía (liberal). El extenso intento de Oates de ahondar en sus vidas deriva en una caricatura deshumanizadora. La literatura carga con la tarea de encontrar el matiz, de observar los puntos de vista rígidos que la rodean. Si no cumple su tarea no puede triunfar artísticamente, o, como en el caso de esta novela, ni siquiera como la obra se ha propuesto”. Tiene algo de razón y Oates lo reconoce: “Es una novela pro-choice”, ha dicho, “porque yo soy una persona pro-choice. Traté de no retratar el otro lado como villanos o idiotas. No es sátira. No me burlo de ellos. Me pregunto por qué son tan apasionados, de dónde vienen. Trato de que hablen ellos, no yo”.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...