lunes, 23 de febrero de 2026

Wendía, awela


 

La tía Irma


 

Los cortadores, podadores, amputadores, mutiladores

 Lo pongo en masculino por su esencia pero hay miles de minas. Se creen que hablan en nombre de la prolijidad, hasta de la salud y la belleza. Les encanta cortar, desmalezar, sacar, reducir, controlar. Te dicen que "es un asco" todo esto salvaje y lleno de bichos. Te dicen que tu casa parece abandonada o incluso que "la gente" va a pensar qué no te depilás así como no cortás el pasto (¿Y entonces?)

Son muy mierdas. 

Veo a mijito flotar entre esta madre rebrotada y esos equipos de gente "normal". A un año de no pasar la desmalezadora y ninguna otra máquina podadora de césped (no quiero "césped" ni "jardín", quiero pradera y selva) vino y se fumó todos los kilombos de las maquinarias y de esta señora diciéndole qué yuyo cortar y cuál respetar. Preguntó y vio que "la selva era linda" pero "todo tiene un límite". Sí, le dije, y mi límita, por eso te dejé cortar hoy, es este: ya no veía los soretes de los perros para juntarlos.

Me gusta porque mijito acepta, aprende y respeta. Que él se acomodo después con otros stándares y medidas. Y que en su casa haga lo que quiera.

Domingo ayer de jardinería en casa























 

domingo, 22 de febrero de 2026

Hermosura que crece




 

Cenizo, superalimento salvaje en mi cuarto de baño






 

Mi primera parte preferida de El verano en que mi madre


 

Me parece que lo que leo me habilita el odio

 Es como si fuera eligiendo narrativas violentas, detestantes, puteadora, constructoras de placer en el odio. Para habilitar mi propio permiso de alejarme de gente que me hace daño. Mi permiso para ser mala y no ser incondicional, no estar siempre, no poner ninguna mejilla.

IT y algo más

 Vengo de lecturas intensas que se me trenzan, me persiguen y me confunden: Solenoide que arrastro desde el año pasado, Hamnet de la que apenas puedo hablar, Claus y Lucas que me deslumbra en castellano y en francés, IT de la que atravesé ya 800 y pico de páginas y tengo pánico de habitar, y ahora subo El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, cuya violenta crueldad hace pensar que no se trata de una novela, de un artefacto simbólico inofensivo sino de uan patada en la mitad de la cara. Y así y todo está ahí la belleza, la dulzura.

viernes, 20 de febrero de 2026

Año del caballo de fuego

 Acabo de ver dos videos que me dejaron pasmá. Pero contenta. Con la idea de todo lo que trae esta intensa cabalgata 2026 y con las ideas de que el eclipse de hace tres días fue un reinicio a nivel planetario. Yo no estaría loca ni enconchada sino reconfigurando con toda la humanidad sensible una nueva percepción que mi cuerpa ya conoce, ya se ha venido preparando, y mi cerebro todavía no comprende. Así que descansar, limpiar lo viejo y hacer espacio para lo que viene. No cagarse en las patas, creer en una. Me gustó algo de no ser optimista hueca ni dejar hablar al monstruo negativo que dice que todo va a ir mal o es imposible, la actitud sería abierta entre esos dos extremos: ver qué llega, creer que es posible, dejarse habitar, no controlar ni planear todo antes cerrando posibilidades. Difícil pero en eso estamos.

Hamnet y Hamlet

 Ayer fue el encuentro de Tribu lectora para hablar de la novela de Maggie O 'Farrel. Logré superar mi nagustia, mi negación a compartir nada de esta experiencia con nadie. O quizás no superé mi manía de participar en todo y no pude quedarme callada. Con la voz quebrada y el micrófono inestable "tiré la piedra", en términos de una cumpa, del abandono de Williams hacia su esposa y toda su familia. Claro que me saltaron con el contexto y la época y que "era así" y que la familia ampliada y que cada une duela como puede y que priorizó su talento. Todo sí, pero sigue siendo abandono. Yo no lo juzgo ni lo acuso, entiendo que se muestra cómo Agnes lo perdona, lo justifica, le ayuda a irse, pero eso no quita que sea abandono. Incluso antes de la muerte del hijo ya el padre había dejado la casa para irse a Londres aunque su hija no pudiera ir.

Ayer también dije que pensé en O' Farrel extractando de la obra de teatro del dramaturgo famoso elementos para armar su desconocida vida. Cuánto de Agnes, de Judith, de Susanne hay en Ofelia, cómo todo se amasa en la creación teatral. No lo dije ayer, se me ocurrió recién que en la obra de teatro hay ya un abandono del padre muerto que obliga al hijo a hacerse cargo, a actuar en venganza, a elegir los deseos del otro y dejar los propios para morir a su vez por otros. El Rey obliga a Hamlet a vengarlo, a dudar, a olvidarse de Ofelia. El dramaturgo obliga a su único hijo varón a buscar, como un fantasma, ayuda para su hermana enferma, a hacerse cargo de la peste, a tomar la muerte sobre sí mismo. Desviaciones del mismo dolor.

¿Los materiales vitales para el Claudio traidor salieron del abuelo? ¿No encontró O'Farrel ningún elemento del hermano asesino en la familia que le imaginó a Shakespeare?

jueves, 19 de febrero de 2026

El abanico, como los gorros en invierno, crea adicción



 

Yuyitas astrológicos




 

Me encontré un borracho en la esquina











 

Mirá si te voy a dar pelota justo ahora

 Me cuesta dejar atrás el lastre. Me siento mala y ortiva. Pero estoy en lo mejor de mi vida, desesperada por darme pelota a mí misma, por expresar lo que tuve escondido tantos años, por brillar tipo Leo sin asustarme. Y andar conectando con las pelotudeces de mi vida anterior sé, lo sé, lo sé, es la cobardía que me hace retroceder, buscar terreno conocido, quejarme de las mismas pelotudeces de siempre y no enfrentar todo todo todo lo que sé que quiere ser y hacer y me resulta tan desafiante.

Las tres novelas de Claus y Lucas

 Me habían recomendado el libro varias veces y desde ópticas de lectores diferentes. Está caro porque Ediciones del eclipse es genial y trae las tres novelas juntas. Ahora logré leerlo, primero en pdf, porque apareció curso gratuito.

Un flash de historia de guerra y posguerra, dolorosísima, con infancias vulnerabilizadas al límite, pero más que nada, una, muchas, historias de escritores y escrituras. Ayer hablaba en el taller y mi visión se recortaba diferente de las de otres lectores que buscaba "qué sucedió en realidad" o "a quién le pasó esto" o "a quién creerle". Yo sé lo que hace la ficción con la experiencia. Yo sé cómo se amasa y se pegotea la escritura a la vida. Yo dije que todo es "verdad" porque lo "verdadero" es la emoción, el sentimiento, el dolor, más allá de la anécdota que se le adjudique a cada personaje. Dije también que no sé quién es personaje de quién.

Cuando iba por la mitad de la segunda novela, ya muy caliente, encontré en mercado libre una edición usada y muy barata de la tercera novela en el francés original. Se llama La troisieme mensonge. Alguien preguntó cuáles son las dos mentiras anteriores. Obvio, obvio, obvio. Leí en francés todo el sábado, la devoré del mediodía a la noche. Ya no soy la misma.

En el medio terminé mi cuento "Cómo y por qué traer a la abuela Celia al 2172".

Mijito y sus bebas







 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...