2027 en Buenos Aires. Qué felicidad. Y la confirmación de que Mahoma viene, de que no necesito ser montaña ni ir con sacrificio a ningún lado. Ya activando.
Lunes por la madrugada
El placer de bloguear
lunes, 12 de octubre de 2026
"Color puerta"
Fragmento de Huaco retrato, de Gabriela Wiener
Mi abuelo Bravo era carpintero. Mi abuelo Wiener
administrativo. Mis abuelas iban al mercado, cocinaban silenciosas y
cuidaban a sus nietos con amor. Ni los Wiener eran basura blanca, ni
los Bravo cholos de mierda, pero sus vidas corrieron en paralelo
como solo pueden correr las vidas separadas por el color en la
excapital del virreinato del Perú. Por eso, quizá, los Wiener
consiguieron aferrarse como a un clavo ardiendo a la clase media
estable y aspirante, mientras los Bravo siempre han hecho
equilibrismo al filo del precipicio.
Hasta que un día esas vidas se cruzaron como dos ríos.
Mi padre fue el único que no se casó con una mujer mestiza
blanca. Sus dos hermanos lo hicieron. El hermano de mi mamá se
casó con una mestiza blanca. Mi mamá se casó con un hombre
mestizo blanco.
Pero mi papá se casó con una chola.
Durante mucho tiempo, de niña y adolescente, quise sentirme más
Wiener que Bravo, porque ya intuía que eso me daría más privilegios
o menos sufrimientos, pero mis evidentes rasgos físicos, el color
marrón que me hace india en España y «color puerta» en Perú, me
hicieron una Bravo más. Cuando vine a vivir a Madrid y supe lo que
quería decir sudaca no me sorprendí. En Lima muchas veces había
oído asociar mi color de piel con el color de la caca.
Mis abuelos paternos eran tan blancos que no me sentía cómoda
con ellos. Cuando murió mi abuelo blanco, mi abuela blanca empezó
a tocarnos un poco más y a tirarse pedos mientras iba de una
habitación a otra, salió del armario como católica simpática y me
enseñó a tejer. Mi abuela chola me balanceaba en sus pantorrillas y me enseñaba a rezar, mientras le hablaba a mi papá como si le
hablara al dueño de la hacienda, hasta que enfermó y comenzó a
mandar a la mierda a todos.
La abuela de mi madre, Josefina, tuvo seis hijos de hombres
distintos. Mi mamá dice que esa fue la manera de Josefina de
sobrevivir a la pobreza y al abandono, volver a juntarse con un
hombre tras otro, para seguir ofreciendo un hogar a sus hijos. A
causa de la fiebre de Malta, mi bisabuela pasó décadas de su vida
en silla de ruedas tomando todas las decisiones sobre su familia
desde ahí. Cuando era niña, visitarla era desconcertante. No
entendía que siendo de la misma familia pudiera haber un abismo tan grande entre nosotros.
Un correo suyo desde la muerte
Fragmento de Huaco retrato, de Gabriela Wiener
Cada día me envío a mí misma, desde su cuenta, los correos que
escribió tanto a mi madre como a mi madrastra oculta. Más tarde
olvido que lo he hecho y me sorprendo al ver en mi bandeja un nuevo
correo de papá, con su nombre en negritas, sin abrir, y por un
segundo, solo por un segundo, creo que de verdad me ha escrito,
que me ha llegado un correo suyo desde la muerte.
En sus mails a veces habla de sus enfermedades. Papá se fingió
tantas veces enfermo para volver a dormir con mi mamá sin que su
novia sospechara, y viceversa, que terminó enfermando de verdad. Tenía carpetas distintas, cada una con un nombre distinto de
mujer. Ella y mi mamá tenían su propia carpeta con su nombre, llena
de cartas, y había un par de nombres más, con dos o tres correos.
Archivaba sus relaciones y sus comunicaciones con las mujeres.
Tenía un archivador del amor y otro del deseo. Qué curioso que lo
que podía organizar en carpetas virtuales no podía organizarlo en la
vida.
Al descubrirlo, no puedo dejar de pensar, de temer, de llorar, de
encontrarme explosivamente con la naturaleza humana. Pienso en
Jaime y en Roci, en sus vidas secretas, en las mías, en lo que
siempre he temido, en lo que siempre he temido de mí. ¿Alguna vez
podré dejar de sentir miedo? No me gustaría acabar siendo una carpeta con un nombre.
El hermano más joven era su hijo
Fragmento de Huaco retrato, de Gabriela Wiener
La bastardía corre por mis venas en las dos direcciones. El
hermano más joven de Victoria, mi abuela materna, era en realidad
su hijo, el hermano bastardo de mi madre. Mi abuela había tenido un
bebé a los quince años, por lo visto con un extraño. No sabemos
cómo, no sabemos casi nada, solo que Victoria se lo dio a su madre
para que lo criara y comenzó todo este cuento de que era su
hermano. Lo escondió y seguro lo sufrió en silencio. Murió sin decir
una palabra de ello. Muchos pensamos que mi abuela tardó en
morirse diez años por ese secreto.
¿De dónde vienen tantas visitas?
Epa. Cantidad de gente por acá triplicada hace un par de días. Y ahora última entrada y ante última (???) multiplicadas por 10. Me da mucha curiosidad. Decime algo. Acá se comenta abajo, ¿viste?
¿Venís de mi perfil de feis? ¿Me hice famosa en alguna parte del mundo y ni enterada? ¿Qué puse que te llamó la atención?
La hija de la esposa
Fragmento de Huaco retrato, de Gabriela Wiener
Soy la hija de la esposa. Lo digo así porque hay un libro de la
escritora norteamericana A. M. Homes, llamado La hija de la
amante. Yo soy lo contrario. Homes fue adoptada al nacer por una
familia y más de cuarenta años después apareció su madre
biológica, una mujer frágil y pusilánime que había renunciado a ella
porque el hombre que la había embarazado, su amante, estaba
casado. Es la reconstrucción de la historia de su verdadero origen.
Ser la hija de la amante está muy mal visto, conlleva el estigma de la
descendencia espuria y una marca de nacimiento que suele durar
toda la vida. Hay niños que nacen bajo ese signo y ya adultos siguen
habitando la sombra de la extraoficialidad, rechazados por sus
familias, ignorados y destinados a formar sus propias familias
también en la sombra. En la Grecia antigua los bastardos eran
vendidos como esclavos, en Roma no tenían derechos de sucesión y
vivían aislados, sin familia.
Se supone, en cambio, que ser la hija de la esposa está bien.
Sobre todo si el esposo nunca deja a la esposa. Nadie cuestiona tu
lugar en el mundo. Eres parte de la institución y del orden, aunque
estos se subviertan cada tarde. Pero a mí me pasa todo lo contrario.
Yo nunca le encontré la dignidad a ser la hija de la esposa. ¿Por qué
querría ser la hija de la mujer traicionada si podía haber sido la hija de una pasión inevitable, de una relación clandestina, llena de
atracción e imposibilidad? Eso me convertiría algún día en una
bastarda orgullosa, como la que reivindica la boliviana María Galindo,
me haría ser la memoria que activa el conflicto, el producto de algo
remoto y violento. ¿Para qué intentar diluir la contradicción, para qué
buscar la autenticidad, la paz, el mestizaje?
domingo, 11 de octubre de 2026
Lavar la ropa a mano, ir a ver qué hace mi peral
Mis tareas mientras blogueo y me decido a avanzar con mi novela y hacer los poecartones que me vengo prometiéndome hace semanas para tener listos para la presentación del 16 y la feria paceña del 23.
Iré cuando tenga ganas
A todos esos eventos y cosas que suceden fuera de mi casa y ahora digo que no.
Dije que no
Tres eventos me invitaron gentilmente este finde y dije que no. Yo me debatí entre si "debería" o no ir solamente por dos o tres minutos en cada caso. Ya no siento que sea una ortiva, una desagradecida o una enconchada. Sé que tengo ganas de estar acá y que tengo mucha tarea acá y no me obligo a sociabilizar ni a compartir ni a andar en tren y en bondi de acá para allá deseando volver.
La flor púrpura
No tener con quien ir
Es rara para mí esta paz de decir: Es así y está bien. No comparto esto con nadie y punto. Solía hacerme sentir muy sola, muy enconchada, que tenía algún problema por el cual no puedo conservar a mis amigues. Pero no. No tengo ningún problema. Soy lo que soy. Y que vengan les que se la banquen.
No tengo con quién ir así que la miro por pantalla pero re estoy
Cada año me conflictúa un montón estar o no estar en los encuentros de Mujeres y disidencias. Ya 40 años... He ido solo a dos y he deseado ir a todos desde... Creo que fui conciente de mis ganas y posibilidades de ir tipo 2003. Antes me era imposible porque casada y madre, estudiante y trabajadora full time.
Me da culpa no ir, me da ganas estar pero este año me enrosco menos. Mijita está allá y ya sé que no es con ella y con sus amigas con quien me corresponde. Amigas que vayan no tengo, ir sola no me animo, ya me pelié con gente careta que decía estar pero soretas.
Así que estoy tranquila. En mi casa que, ya sabemos, es todo lo que podría desear en cualquier vida. Y haciendo mi tarea desde acá. Y prometiéndome que voy a ir cuando me sienta parte y comparte con otra que lo (me) desee de la misma manera.
39ª encuentro plurinacional de Mujeres y disidencias
(Me encanta poner LGBTQ+ pero también LGBTTNB pero también la palabra "disidencias" en sí misma)
"disidencias" en sí)
Lectoris blogueres
¿Qué pasó, amigues misterioses? Desde ayer a hoy se triplicaron las visitas a mis entradas acá anteriores. ¿Qué hice, qué dije, qué les trae por acá?
sábado, 10 de octubre de 2026
El estero que te daba palabras luminosas
¿Has Olvidado que el Bosque era tu Hogar?
Por Jorge Teillier (1935-1996
¿Has olvidado que el bosque era tu hogar?
¿Que el bosque grande, profundo y sereno
te espera como a un amigo?
Vuelve al bosque allí aprenderás a ser de nuevo un niño.
¿Por qué olvidaste que el bosque era tu amigo?
Los caminos de las hormigas bajo el cielo,
el estero que te daba palabras luminosas,
el atardecer con el que juegas con la lluvia.
¿Por qué lo has olvidado?
¿Por qué no recuerdas nada?
viernes, 9 de octubre de 2026
Los mapuche comemos cuando tenemos hambre
Lo acaba de decir Carina Carriqueo en el taller de Cultura viva mapuche en la Biblioteca nacional. "Comemos cuando tenemos hambre, cuando tenemos qué comer, no con horarios fijos cuatro veces al día".
Y yo sentí que algo se me acomodaba adentro. Como encontrar familia cisne. Como entender que una dysphoria tan básica como la comida y el comer que me ha torturado toda la vida, no se enraíza en ningún "raye" o "etapa" mía, sino en un no haber sido respetada en mi forma no horaria, no "civilizada" a la europea, de alimentarme.
Y no quiere decir que no nos alimentemos.
También me dijo Carina, cuando yo conté que como no conozco la historia de mi abuela me la invento en mi literatura, que puede ser que no me la invente, que haya un "alma" de la abuela, les abueles, que me dicte. Que hay que estar atenta, saber oir.
Lunes por la madrugada...
que sonríe cómplice de amor...























































