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Lunes por la madrugada
El placer de bloguear
lunes, 30 de marzo de 2026
sábado, 28 de marzo de 2026
La ternura
“La ternura es la forma más modesta de amor (…)
Aparece donde miramos de cerca y con cuidado a otro ser, a algo que no es nuestro «yo». La ternura es espontánea y desinteresada; va mucho más allá del sentimiento de empatía. Es en cambio el compartir consciente, aunque quizás un poco melancólico, del destino común. La ternura es una profunda preocupación emocional por otro ser, su fragilidad, su naturaleza única y su falta de inmunidad al sufrimiento y los efectos del tiempo. La ternura percibe los lazos que nos conectan, las similitudes y la similitud entre nosotros. Es una forma de mirar que muestra al mundo como vivo, interconectado, cooperando y codependiente de sí mismo.”
Olga Tokarczuk: "El narrador tierno". Discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura 2018.
jueves, 26 de marzo de 2026
Donde tus pies no llegan del todo al fondo
Dice David Bowie en un correo que me llega por no sé qué carril:
Nunca toques para la galería. Nunca trabajes para los demás en lo que haces. Recuerda siempre que la razón por la que empezaste a trabajar fue que había algo dentro de ti que sentías que, si conseguías manifestarlo de alguna manera, entenderías mejor quién eres y cómo coexistes con el resto de la sociedad.
Creo que es tremendamente peligroso para un artista satisfacer las expectativas de los demás.
Si te sientes segura en el área en la que trabajas, no estás trabajando en el área correcta. Adéntrate siempre un poco más en el agua de lo que crees que puedes, ve un poco más allá de tu profundidad. Cuando sientas que tus pies no llegan del todo al fondo, estarás justo en el lugar adecuado para hacer algo emocionante.
O sea, nadar.
Escrituras rumiantes
Ex Sisí
Yo, que tuve un grupo de alupnis que me decía Sísí porque a todo, se ve que preguntaban cosas buenas, yo les respondía "sísí", estoy autodiagnósticandome, con moderación de analista personal, el decir a todo (o un poco): nono. No puedo, no quiero, no sé, no tengo ganas, no ahora, no en ese momento, no me obligues, no me reclames, no quiero pasarla mal, no me gusta más que estar en mi casa, no me muero por ir, ni por verte, ni por estar en medio de ese kilombo.
Amo mi casa
Caparazón. Piel multiescamas. Cueva. Trampolín. Redil. Madriguera. Laberinto. Anfiteatro. Biblioteca. Dormidero. Pesebre. Constelación. Colección. Vivero. Invernadero. Pista de aterrizaje. Escenario. Ecosistema. Simbiosis. Paisaje. Monstruo. Heroína. Secuencia narrativa. Canción. Instrumento. Cuerda. Eco. Amplificador. Micro universo. Galaxia. Luna. Estrella. Sol. Nube. Cielo. Viento. Ventana. Alféizar. Umbral. Telaraña. Panal. Retícula octagonal. Almácigo. Verano. Castillo. Enredadera. Patio. Jardín secreto. Territorio. Magia. País. Feérica. Feeral. Voladora. Dulce. Helado. Caramelo.
miércoles, 25 de marzo de 2026
Todos los cuentos no contados, todas las nanas no cantadas
Tatiana Tibuleac. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. P. 63-64. Capítulo 30
Me preguntó si quería palomitas y sí quería. ¿Y cerveza? También
cerveza. Esos eran nuestros desayunos favoritos, poco saludables, por
supuesto, pero, en nuestra situación, ¿a quién le preocupaba la salud? Un
cuerpo devorado por el cáncer y un cerebro enfermo. Aquel año me
autodestruí mucho más que el resto de los años y, sin embargo, nunca
estuve más lleno de vida. Mi madre parecía una planta de interior sacada al
balcón. Yo parecía un criminal lobotomizado. Éramos, por fin, una familia.
«Aleksy —empezó mi madre en tono culpable apretando con dedos
nerviosos la taza de café—, perdóname.»
Aquella mañana mi madre parecía una araña joven que acabara de
atrapar en la telaraña a su primera víctima. Era como Mika envejecida.
Como la abuela de joven. Nunca la había visto así por la sencilla razón de
que nunca había sido así. Mi madre me miraba con amor.
Esa mirada suya —que yo había esperado y mendigado toda mi infancia
y por la que me habría desprendido voluntariamente de todo mi capital de
niño ahorrador— la recibía ahora gratis. Mi madre, por fin, me la ofrecía en
bandeja, sonriente y benévola, tal y como en los grandes almacenes unas
guapas vendedoras ofrecen productos caducados a los ingenuos.
Habría querido tirarla de la silla de una patada, como había hecho ella
conmigo a lo largo de aquellos siete meses. Me habría gustado meterle
aquel amor por los ojos a puñetazos y decirle que se lo guardara para el otro
mundo, en el que, si tenía suerte, conseguiría engatusar a alguien y
convencerle de que era capaz de amar. Me habría gustado arrancarle en
aquel segundo, con unas tenazas al rojo vivo, todos los cuentos no contados,
todas las nanas no cantadas, todas las caricias en el pelo que me
correspondían, pero que ella me había escamoteado como una roñosa.
«Mamá, no es necesario», le respondí rápidamente y ella se contuvo.
Terminamos de comer en silencio y nos despedimos para el resto de la
jornada.
Odio leer en pdf porque no puedo subrayar
"Ya no era un hijo, tampoco ella era una madre. Éramos un mortal asustado y una hechicera que arrastraba a su presa a otro mundo"
Pienso en el dolor narrado con imágenes llenas de violencia, comparaciones dolorosas en referencia a todo, al clima, al paisaje, a la casa, a las acciones más cotidianas. La hijidad y la maternidad descompuestas como un mecanismo incomprensible que, sin embargo, se busca y se busca entender.
Palabras suspendidas en el aire, reverberando, mantenidas en el tiempo, "Como unas gotas de aceite en un vaso de agua". Por intensidades como esta la gente escapa de las conversaciones reales, de las lecturas que te desarman, te desordenan todo lo conocido.
Sueño de niño con las rodillas de la madre.
Estoy mirando la crueldad puesta en las comparaciones. Más allá de que se refiera o no a la madre, toda la voz del narrador está cargada de odio, de resentimiento, de una ternura violenta que es violenta porque no puede ser ternura.
Creo que lo que me asusta es la felicidad
¿O la belleza? Siento que voy a explotar. Que mi cuerpa no resistirá. Tanta.
Cuando empecé esta novela no pude avanzar por su violencia verbal. Ahora reintento en taller
Fragmento de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac.
«Párate, párate», las oía sin escucharlas y yo respondía en la misma
lengua que había encontrado de repente en mi cerebro, como encuentran los
bebés el pezón de su madre. Habría dado cualquier cosa por morir en ese
momento, por descomponerme en millones de partículas y unirme a aquella
columna temblorosa e infinita, aunque eso hubiera significado despertar
formando parte de un monstruo desconocido. Sin embargo, la voz de la
abuela desapareció de repente, tal y como había aparecido antes, llevándose
consigo el secreto más bello que se me ha mostrado jamás.
Regresé a mi herida, que se había abierto de nuevo y supuraba. Me
acosté como un perro en el umbral frío y azulado; entretanto, el aire a mi
alrededor había empezado a hervir y a sacudir todos los objetos como si
fueran adornos de silicona. El montón de piedras junto al cobertizo formó
una línea recta y larga y partió, ondulándose como una serpiente, hacia el
horizonte, que castañeteaba como una boca abierta. La casa me
contemplaba desde arriba como el rostro de un muerto, con unos postigos
verdes en lugar de párpados.
Quería poder morir con sencillez, con comodidad, deprisa. Quería que
la muerte se doblegara a mi voluntad, poder invocarla en cada segundo sin
esfuerzo y sin costes. Ello habría sido posible si la muerte hubiera sido
inventada por alguien con más discernimiento, alguien que no la hubiera
protegido tanto, sino que la hubiera reducido a una simple función. Un
tercer ojo, una tercera sien, un corazón a la derecha que desconectaran
unilateralmente los cuerpos inútiles en caso de necesidad.
La imposibilidad de morir cuando tenía la necesidad absoluta de hacerlo
fue la injusticia más grande que se ha cometido conmigo, y conmigo se han
cometido muchas injusticias. Empezando por mi nacimiento de una mujer
completamente desconocida.
Lunes por la madrugada...
que sonríe cómplice de amor...



























































