martes, 24 de marzo de 2026

Energía matinal

 Anoche me acosté bien. No sé si echarle la culpa de mi mejoría a la charla cuir que me encantó y me recordó todo lo que quiero hacer y decir en la vida, a Rafa que finalmente se fue a tocar y me sacó la desubicada atención que le pongo a él y a los perros cuando está él, o a unos capítulos de la serie que estoy mirando (Talamasca) que me dediqué a ver sin tejer, raro para mí ver solo la tele y no querer "aprovechar el tiempo". Así que me dormí tranqui, escuché a Rafa que volvía no sé a qué hora, Fido durmió hasta recién tipo 9, ya lo saqué afuera y limpié donde cagó y meó. Ya desayuné, ya lavé unos calzones, ya me apronto para dar mi primera clase de hoy.

lunes, 23 de marzo de 2026

Mil años de historia no lineal, Manuel De Landa

 vistas como etapas progresivamente más sofisticadas de una evolución que culminaría en la humanidad como la corona de todo el proceso. Es verdad que un pequeño subconjunto de materiales geológicos (carbón, hidrógeno, oxígeno y otros nueve elementos) constituyeron el sustrato necesario para la emergencia de los seres vivos; de igual forma, un pequeño subconjunto de materia orgánica (ciertas neuronas en la neocorteza del cerebro humano) proporcionó el sustrato necesario para el lenguaje. Pero lejos de ir avanzando en etapas progresivas que irían incrementando el grado de perfección, estas emergencias sucesivas son meras acumulaciones de diferentes tipos de materiales, acumulaciones en las que cada capa sucesiva no forma un nuevo mundo encerrado en sí mismo, sino, por el contrario, se resuelve en coexistencias e interacciones de distintos tipos. Además, cada una de las capas acumuladas es animada desde dentro por procesos de autoorganización que son comunes a todas las capas.

En un sentido muy real, podemos decir que la realidad es un flujo continuo de materia y energía experimentando transiciones críticas, y en las que cada nueva capa de material acumulado enriquece la reserva de dinámicas y combinatorias no lineales disponibles para la generación de nuevas estructuras y procesos. Las rocas y los vientos, los gérmenes y las palabras, son diferentes manifestaciones de esta realidad dinámica y material. En otras palabras, todas estas entidades representan los diferentes caminos por los cuales un flujo único de materia y energía se expresa a sí mismo. De este modo, las páginas que siguen no serán una crónica del “hombre” y sus logros históricos, sino una reflección filosófica sobre la historia de la materia y la energía en sus diferentes manifestaciones, así como de sus múltiples coexistencias e interacciones. A los diferentes materiales geológicos, orgánicos y lingüísticos se les permitirá hablar, y el coro de voces resultante nos proporcionará una nueva y más fresca perspectiva de los distintos procesos y acontecimientos que dieron forma a la historia del pasado milenio. ®

Mil años de historia no lineal, publicado por Gedisa, 2012.

Lee aquí la entrevista de Naief Yehya a Manuel DeLanda.

Notas

Recién estuve en este conversatorio: Todos los multiversos en movimiento

 


Muy buenas las exposiciones, la claridad conceptual, el proyecto de la revista y la próxima formación de una biblioteca abierta en la que ir sumando textos científicos y literarios.

El arco iris de la evolución

 

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‘El arcoíris de la evolución’: la sexualidad de la naturaleza

Con prólogo de Alana Portero llega El arcoíris de la evolución. Diversidad, género y sexualidad en la naturaleza y en las personas, un ensayo para mentes abiertas y ávidas de superar apriorismos y liberarse de mochilas y certezas científicas y morales establecidas. Traducido por Patricia Teixidor Monsell.

La distinguida bióloga evolutiva estadounidense Joan Roughgarden desafía en este libro la sabiduría establecida sobre la identidad de género y la orientación sexual.

Cuestionando varios conceptos científicos y médicos, la Biblia, las ciencias sociales e incluso al propio Darwin, Roughgarden conduce al lector a través de una fascinante discusión sobre la diversidad de género y sexualidad entre peces, reptiles, anfibios, aves y mamíferos.

Explica cómo esta diversidad se desarrolla a partir de la acción de genes y hormonas y cómo las personas llegan a diferir entre sí en todos los aspectos del cuerpo y el comportamiento.

El arcoíris de la evolución: biología y ciencias sociales

La autora sostiene que los elementos principales de la teoría de la selección sexual darwiniana son falsos y sugiere una nueva teoría que enfatiza la inclusión social y el control del acceso a los recursos y las oportunidades de apareamiento.

El arcoíris de la evolución.
El arcoíris de la evolución.

Ella cuestiona una variedad de conceptos científicos y médicos, incluido el determinismo genético del comportamiento de Wilson, la psicología evolutiva, la existencia de un gen gay, el papel de la crianza en la determinación de la identidad de género y el “gen egoísta” de Dawkins como impulsor de la selección natural.

Roughgarden reconstruye la ciencia primaria a la luz de las críticas feministas, homosexuales y transgénero y redefine nuestra comprensión del sexo, el género y la sexualidad. Ingenioso y atrevido, El arcoíris de la evolución revolucionará nuestra comprensión de la sexualidad.

El libro desafía a las ciencias sociales a respetar la racionalidad de las personas diversas; muestra que muchas culturas en todo el mundo y a lo largo de la historia se adaptan a personas que hoy etiquetamos como lesbianas, gais y transexuales; y pide a la religión cristiana que reconozca los muchos pasajes de la Biblia que respaldan la diversidad de género y sexualidad.

Este trabajo es una mezcla profunda de biología y ciencias sociales que presenta una nueva perspectiva evolutiva.

Joan Roughgarden desafía la sabiduría aceptada sobre la identidad de género y la orientación sexual

Roughgarden tiene 75 años, es autora de más de 5 libros y 180 artículos. Es profesora de la Universidad de Stanford desde 1972. Ha fundado y dirigido el Earth Systems Program de Stanford y ha recibido premios por sus servicios a la educación universitaria.

Declaró públicamente su transexualidad a los 52 años tras tomarse un año sabático, continuando después con las clases en Stanford, la investigación y la publicación. Su línea de investigación actual reúne la ecología con la teoría económica. Es profesora adjunta de Biología Marina en la Universidad de Hawaii, donde vive desde 2012.

El arcoíris de la evolución, publicado originalmente en 2004, supone una obra de crítica científica con el potencial de revolucionar la forma en que los lectores conciben el género y la sexualidad en el mundo natural. Una de sus virtudes es que su enfoque es biológico, mientras que la mayor parte de los libros sobre género y sexualidad provienen de las humanidades o la medicina.

Desafiando a Darwin

Con valentía y rigor propios, Roughgarden se enfrenta a las convenciones. Ha estudiado la naturaleza y cree que las reglas deben cambiar. Para ella, esto significa desafiar a Darwin sobre el sexo, pero en su ingeniosa teoría no lo ataca, sino que lo complementa.

Para esta bióloga, si bien hay dos sexos y la biología ha intentado agrupar así la inmensa variación que hay en la naturaleza (los arcoíris) en categorías simples, en muchas especies esas líneas básicas se difuminan produciendo identidades sexuales flexibles, que no se ajustan a las definiciones estándar.

Ella, en vez de ver esto con la lente convencional de la selección sexual de las especies de Darwin, sugiere que la biología amplíe la mirada clásica y piense en términos evolutivos distintos.

El arcoíris de la evolución.
El arcoíris de la evolución.

El arcoíris de la evolución concluye con recomendaciones audaces para mejorar la educación en biología, psicología y medicina; para democratizar la ingeniería genética y la práctica médica; y por construir un monumento público para afirmar la diversidad como uno de los principios definitorios de nuestras naciones.

En conclusión, el libro es una reflexión y una propuesta. Un trabajo que anima a alimentar nuestra tolerancia con la diversidad y a romper las concepciones y certezas científicas y morales establecidas. En su texto, la autora se despoja de mochilas y aprioris e invita a la gente a que lo haga también.

Joan Roughgarden

Joan E. Roughgarden (Paterson, Nueva Jersey, 13 de marzo de 1946) es una bióloga estadounidense de 75 años. Se licenció en Biología y su Licenciatura en Arte en Filosofía en la Universidad de Rochester en 1968. En 1971 consigue su doctorado en Biología en la Universidad de Harvard.

Joan Roughgarden. El arcoíris de la evolución
Joan Roughgarden.

Roughgarden es profesora de la Universidad de Stanford desde 1972. Ha fundado y dirigido el Earth Systems Program de Stanford y ha recibido premios por sus servicios a la educación universitaria. Declaró públicamente su transexualidad a los 52 años tras tomarse un año sabático, continuando con las clases, la investigación y la publicación. Su línea de investigación actual reúne la ecología con la teoría económica.

Además de un libro de texto de ecología básica escrito con Paul R. Ehrlich, Roughgarden, en 2004 publicó El arcoíris de la evolución donde cuestiona algunos de los principios de la teoría evolutiva moderna. No es un ataque a la idea central de la selección natural, sino que propone una corrección a la explicación de Darwin del mecanismo de selección. El marco teórico de Roughgarden para la selección sexual, en lugar de oponerse al de Darwin, lo complementa.

El libro también contiene una revisión de estudios científicos sobre comportamiento sexual inesperado en animales: comportamiento homosexual; existencia de varios “géneros sexuales” y dos sexos en una especie (en la que un género nunca participa directamente en la reproducción sexual, aunque lo hace indirectamente, influyendo así en la selección natural).

Un artículo publicado sobre estas ideas por su laboratorio en la revista Science fue muy criticado. Cuarenta científicos escribieron diez cartas, y un científico incluso dijo que era “ciencia muy pobre y poca erudición”. Sin embargo, Roughgarden respondió que “no estaba del todo sorprendida” por el volumen de la protesta, argumentando que su equipo había respondido a la mayoría de las críticas

Roughgarden es cristiana y ha escrito sobre la relación entre el cristianismo y la ciencia. Asistió y dio una conferencia en el simposio Beyond Belief 

Me duele la cabeza

 Fumo como una boluda, siento la llamada de la adicción y apenas lo prendo ya me duela la garganta, me marea, no lo puedo terminar. Me digo que basta, que es el último, me escondo el paquete y el encendedor. Pero repito, voy de acá para allá, barro el pasillo, lavo la cama de Fido que se meó anoche, junto soretes, saco hojitas secas, ya no sé qué más hacer para aquietarme. Desasosegada.

Aquietarme

 No puedo. Estoy nerviosa, angustiada. Le echo la culpa a los perros que Rafael puede dejar salir a la calle en cualquier momento y se pueden pelear con el Roco de al lado o ser atropellados por un auto o lastimar a un vecine o traerme un pañal lleno de caca de la basura ajena. 

Hoy toca Rafa




 

Me hubiera gustado ser una niña prodigio

 Claro, hacen falta xadres que apoyen, que estimulen, que permitan o, al menos, que exijan ser genial. O al menos una abuela o una madrina, siempre soñé con hadas madrinas, que te empuje a escondidas, que tenga varita mágica. No se debe esconder, claro, mi problema siempre fue el secreto, el silencio, el no se puede, o no se debe. 

(El inicio del año zodiacal, con tanto aries y portales, me está pegando de rebobine infantil y reclamación)

domingo, 22 de marzo de 2026

Más amenazas que he conocido

 No sé qué me pintó ahora la denuncia: Te vas a ligar tal pateadura que te vas a morir de hambre en el aire, Te voy a voltear todos los dientes de un cachetazo. Te voy a regalar un maraño, un sorete de este tamaño. O un burro para que te cague a patadas. 

La ternura ante todo. ¿No?

Mamporro, castañazo, coscorrón, tortazo

 Sí, está en el diccionario de la RAE. Con estos otros sinónimos también aplicados lingüísticamente correctos pero amorosamente incorrectos durante mi infancia.

Mamporro

 Me acabo de acordar de esta palabra que usaba mi madre. ¿Existe? Te decía: Deja de llorar al pedo o Dejá de lloriquear que te voy a dar un mamporro para que llorés con motivo. No es una golosina. Ni siquiera una tarea o algo con mal olor. Siempre dejé de llorar. 

Cambio de era


 

Más registros de ayer













 

Me dejo halagar

 Ayer me presentaron como "maestra" y como poeta tan "necesaria". Orgullo y nada de necesidad de justificarme ni explicarme. A la organizadora del evento le encantó Mi tren monoplaza, su preferido dice que es el poema largo, no de los que escribí a los 17, el que dice que "mi puerta, todas las puertas, impiden todo intento de regreso".

Fotos afanadas que me hacen muy feliz




 

Feliz de ser poeta en el día de la poesía y en los 50 años del golpe












 

sábado, 21 de marzo de 2026

Feliz cumple, má

 21 de marzo. Y llegada del otoño y día de la poesía. A la tarde-noche leo en librería amiga. Ahora llueve. Hoy estuve escribiendo un cuento en el que la voz narrativa es, o quiere ser, la de mi madre. No le hubiera gustado. O tal vez sí. ¿Hubiera mejorado su humor con los años? ¿O a mí ni se me hubiera ocurrido parodiarla?

viernes, 20 de marzo de 2026

Esta novela resulta embriagadora

Solenoide de Mircea Cartarescu. Acá https://impedimenta.es/archivos/4215


Ediciones IMpedimenta



 El protagonista escribe convencido: “Si no existieran los sueños, jamás habríamos sabido que tenemos alma. El mundo real, concreto, tangible, sería lo único que existe, el único sueño permitido y, en tanto que único, incapaz de reconocerse a sí mismo como sueño. Dudamos de él porque soñamos”. Sus sueños, no obstante, están repletos de horribles imágenes, muchas son fantasmagóricas pesadillas, a través de las cuales mide la realidad de su día a día, que es a su vez triste y oscura. Al menos hasta que aparece en su vida el solenoide, la enigmática bobina energética que da título a esta subyugante novela.

La estética de Solenoide viene de algún modo apadrinada por los desvelos oníricos de Nicolas Vaschide y las filigranas tecnológicas de Nikola Tesla, éste último padre putativo del solenoide, engendro mecánico con el que Cartarescu hace verdadera magia. Bastará con pulsar el interruptor del aparato para que el lector se vea suspendido, como sus protagonistas, en un mundo de fantasía más físico de lo que uno quisiera admitir. Así de intensa es la lectura de estos pasajes, toda una experiencia tremendamente difícil de compartir aquí en unas pocas líneas.

Pero si una visita al “lado salvaje” de esta novela resulta embriagadora, no menos intenso se presenta el acompañar al protagonista por las desnudas y moribundas calles de una Bucarest levantada sobre hierro y cemento, aquí dibujada magistralmente a través de un realismo imponente, frío y gris, que choca de frente con esos otros aires pesadillescos, casi lovecraftianos, que recorren Solenoide. Igualmente fascinante resulta asistir a esas reuniones de profesores sepultados por la rutina, en un muy crítico retrato soterrado del régimen de Ceaucescu, nada complaciente.

El cómo consigue Cartarescu intercalar atmósferas tan dispares resulta simple y llanamente admirable y quizás radique ahí el secreto de su éxito, en esa capacidad para igualar el tono de una narración que se mueve entre tantos mundos, todos ellos retratados con precisión de entomólogo. No por nada, los bichos, la vida microscópica, poseen una importancia capital a lo largo de está novela cósmica de aires decimonónicos, única en su género. Para hacerse una idea aproximada de en qué submundos se mueve Solenoide, tan solo se me ocurre un juego macabro: imaginen una historia de Franz Kafka (aquí el gran homenajeado) filmada (a su bola, cómo no) por David Lynch, a ver qué les sale. Las referencias a Borges terminarán resultando, por otro lado, inevitables. Tampoco Cartarescu querrá ocultarlas. Solenoide es un perpetuo homenaje a los lectores, también a la misma historia de la literatura.

En el posfacio que acompaña a esta elegante primera edición en cartoné (la segunda, según se ha anunciado, será en rústica), Marius Chivu califica a Cartarescu de narrador “lírico-fantástico-metafísico”, y no se me ocurre mejor definición. Solenoide no deja de ser un ejercicio estilístico supremo, que incurre, como todo tocho que se precie, en una serie de excesos: un quizás demasiado rimbombante uso del lenguaje (sobre todo del lenguaje técnico o científico), algún que otro ramalazo de cursilería (a Solenoide, en ocasiones, se le ven las costuras de “novela de poeta”), una cierta tendencia a sublimar lo cotidiano (todos hemos ido con miedo al dentista), y, sobre todo, un imperdonable (por pueril) abuso de la palabra “socorro” a lo largo de diez páginas completas.

Con todo, dichos excesos (defectos) son absorbidos por el artefacto que es Solenoide, toda vez que pueden achacarse al protagonista de la novela, ese frágil letraherido que mientras desgrana en sus diarios sus frustraciones humanas y sus temores más íntimos va creando involuntariamente la más grande e insospechada de sus obras literarias, una suerte de bola de nieve de palabras, dotada de una poética propia y delirante, también errática, finalmente peligrosa, que lo consumirá.

Solenoide no es una obra maestra, ni falta que le hace. Le ocurre igual que a La broma infinita (1996), de David Foster Wallace, obra con la que comparte no pocos paralelismos. Ambas son novelas totalizadoras de las estéticas de sus autores, ambas funcionan como catálogos razonados de sus filias y sus fobias. En Solenoide, obra personalísima como pocas, nacen y mueren todas las vidas de Cartarescu, también, cómo no, todas sus literaturas. Empiecen o terminen por aquí, da igual. Pero léanla. Porque por su contundencia y ambición, Solenoide está llamado a convertirse en uno de los títulos importantes de lo que llevamos de siglo.

P.D.: Resulta imposible no alabar la impecable traducción que se ha marcado aquí Marian Ochoa de Eribe, conocedora en profundidad de la obra del rumano, cuyo trabajo se antoja perfecto. Ella es en gran medida responsable de que la lectura de Solenoide se termine convirtiendo en toda una experiencia inolvidable.


Leo a Cartarescu y me asusto

 Solenoide. Página 551: "Si no existieran los sueños, jamás habríamos sabido que tenemos alma. El mundo real, concreto, tangible, sería lo único que existe, el único sueño permitido y, en tanto que único, incapaz de reconocerse a sí mismo como sueño. Dudamos de él porque soñamos”.

Mircea Cartarescu

Haciendo amigues con arte



 

Dice Rafa que es el mejor color que tuve hasta ahora




 

Talamasca: La orden secreta

 Me gustan las de vampiros, las de cositas sobrenaturales, las de órdenes secretas, las del universo de Anne Rice. Pero esta me aburrió un poco. Nada nuevo ni sorprendente en los dos primeros capítulos. Un poco de misterio, un vampiro graciosito, un no creyente que debe ser convencido, una conspiración sin que sepamos quién es quién. Y el prota no me aporta mucho.

Mucho texto en esta bloga

 De repente las entradas sin fotos tienen más visitas que las de puras imágenes.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...