jueves, 28 de mayo de 2026

Son las 2 de la mañana

 La jubilada, en dos días cumplimos 4 años de, va a contramano del tiempo y del espacio. Se desplaza por su palacio, cubil, habitáculo, vivienda, laberinto, como sierpe de mirada que petrifica, como lombriz de tierra, humus, como hidra que ni te me acerques. No tiene horarios, no sabe de tareas programadas por fuera de la propia neurosis, del llamado de la selva, del picor de la entrepierna. Ahora tenemos sueño, sueños, ahora hambre, ahora un pucho, ahora baldear el patio, cortar limones, sacarles fotos a la bignonia, ir al chino, volver, hacer empanadas de espinaca, fideos con manteca y queso rayado, ensalada de zanahoria, pepino, tomate, dos lechugas. Ahora pasarse todo el feriado leyendo a la Úrsula K, ahora llorar soledad, rememorar la vida de madre pariendo, reescribir el cuento del hada y de la caminante, reiniciar proyecto novela con diccionario en 40 tomos. Hasta mañana.

Contra natura: Ecologías cuy(r) y afectividades biodiversas

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Este ensayo es el último de una serie que busca investigar las relaciones entre las prácticas artísticas y las subjetividades queer, cuir1, cuy(r) y de las disidencias sexuales. A partir de la revisión de proyectos curatoriales, de artistas y de material de archivo buscaré desarrollar una reflexión sobre las relaciones entre archivxs, prácticas expositivas y políticas de la memoria y el territorio que se han dado en diferentes contextos sociopolíticos, históricamente marcados por el colonialismo.

Este texto establece un vínculo entre la disidencia sexual racializada e indígena y valores ancestrales como la espiritualidad, la Pachamama y los seres vivos no humanos. Lxs artistas e imágenes apuntan a la necesidad de descentralizar la posición que el ser humano tiene en el conjunto de prácticas teóricas, artísticas, activistas, etc. identificadas como queer; apuntando a que lo cuir implica asumir los vínculos de dependencia de lo humano con otras formas de vida no humana. El texto aboga por una perspectiva basada en la movilización de políticas queer, cuy(r) hacia una imaginación ecológica radical.

La ecología queer reconoce que a menudo las personas consideran a la naturaleza –y a lo relacionado con ella– en términos dualistas como natural y antinatural, vivo y no vivo o humano y no humano, cuando, en realidad, la naturaleza existe en un estado continuo. La idea de lo natural surge de las perspectivas del mismo ser humano sobre este concepto y no de la naturaleza en sí misma. La ecología queer también identifica que las ideas heteronormativas saturan la comprensión humana de la naturaleza y la sociedad y pide la inclusión de lo cuyr/queer en los movimientos ambientales. Rechaza las asociaciones que existen entre natural y heterosexual y llama la atención sobre cómo la naturaleza, los grupos sociales marginados y las disidencias sexuales han sido históricamente explotadas.

Considerar a las personas LGBTIQ+ como "antinaturales" y calificar sus acciones como "crímenes contra la naturaleza" son posturas que tienen una larga historia. Los políticos, la iglesia y el control policial evocan de manera cotidiana acciones que afectan y continúan poniendo en peligro las vidas de personas queer y su relación con el entorno natural no humano. Un ejemplo literal tuvo lugar en una ceremonia religiosa en 2008, durante el "saludo" navideño del Papa Benedicto XVI al personal superior del Vaticano. Su discurso se convirtió en un pronunciamiento en contra de la naturaleza y de la comunidad de la disidencia sexual cuando habló de lo natural como hombre y mujer y se refirió a una “ecología del ser humano”. Explicó que ignorar esta ecología humana (al participar en comportamientos destructivos y antinaturales) sería el equivalente a destruir las selvas tropicales más vulnerables del mundo. Su discurso refuerza la idea arraigada de que las personas LGBTIQ+ son antinaturales; afecta la forma en que las disidencias sexuales piensan y se relacionan con el entorno natural, el medio ambiente, el lenguaje y los problemas ambientales y tensiona las experiencias LGBTIQ+ y su conexión con la naturaleza2.

La “naturaleza” y “lo natural” se han pronunciado durante mucho tiempo contra la comunidad LGBTIQ+. También lo han hecho contra las mujeres, las personas racializadas y los pueblos indígenas. El darwinismo social, el colonialismo, el primitivismo y otras formas de racismo infundido científicamente han incitado críticas indispensables de la mezcla de "raza" y naturaleza3 y gran parte de la teoría queer ha puesto entre paréntesis, expulsado o distanciado las categorías volátiles de la [naturaleza] y el deseo, que se sitúan dentro de un hábitat enteramente social y muy humano. Este tipo de segregación –entre lo queer y la naturaleza– no es un hecho sugestivo para quienes buscan un ambientalismo aliado con las disidencias sexuales y una política disidente sexual que también sea ecologista. La cuestión de si la naturaleza no humana puede ser queer suscita preguntas más amplias dentro de la teoría interdisciplinaria con respecto a las relaciones entre discurso y materialidad, mundos humanos y más que humanos, así como entre teoría cultural y ciencia.

En su artículo más reciente, Diego Falconí Travéz busca dar cuenta de lo “cuy(r) como gesto contestatario y de “mala traducción” del concepto queer, que pretende juntar disidencia sexual y anticolonialidad en el contexto andino, en la segunda década del siglo XXI. El cuy andino al funciona con una [deliberada] mala traducción de lo queer que toma como base al “conejillo de indias”, el cuy, (que bien podría ser pensado como la cuy o acaso lx cuy), “uno de los animales prehispánicos domesticado por las poblaciones ancestrales (Diamond, 2003, p. 213) y posteriormente por las mestizas”4.

Falconí expone algunos argumentos a partir del poder de la metáfora del cuy. En uno de ellos, menciona “el cambio de paradigma humanista-ambientalista cuy, donde el/la/lo cuy posibilita revalorizar formas ancestrales que reconocen a la naturaleza como un sujeto viviente y que a la vez cuestionan la jerarquía colonial que posiciona al ser humano como el centro del mundo. Además, menciona una vuelta a la ruralidad, poniendo en entredicho la urbanidad como símbolo de mejora vital”5.

La acuarela de autor anónimo «Hombres pasándose aguardiente de boca a boca», realizada en el siglo XIX, registra una costumbre indígena en la que dos hombres se están pasando una bebida juntando sus labios en una acción que sugiere un beso. Precisamente esto es lo primero que perciben las personas que visitan el Museo Nacional en Ecuador: una pintura de un beso entre dos personas del mismo sexo. Esta forma de mirar una imagen explora la imposición de las categorías epistemológicas europeas sobre culturas ancestrales, durante la conquista española y portuguesa de las Américas. Las prácticas inscritas con un sentido abominable (según la devoción religiosa) fueron erradicadas con violencia moral, la colonia subordinó los cuerpos y los hizo asumir culpas que antes no les pertenecían. En este sentido, esta imagen cuestiona y desnaturaliza el orden sociosexual occidental a partir de la representación de una realidad diversa.

En el idioma mapudungun6, kowkülen significa estar en estado líquido. Un estado en que la materia se presenta como una sustancia fluida y con volúmen, pero sin forma definida. Ko, o agua, constituye uno de los componentes fundamentales de la mapu o “la tierra y el espacio en su conjunto”. La frase genule ta ko, gerkelayafuy ta mogen es una expresión de la gente mapuche cuando quiere decir que “no existiría vida si no tuviéramos agua”, pues lxs mapuches son tradicionales portadores de agua y dadores de vida. Los pueblos y territorios mapuches continúan estando profundamente vinculados al agua para el bienestar físico y espiritual, como cuidadores de ríos, lagos, arroyos y océanos que tienen un impacto en la salud, en los cuerpos de las comunidades y en nuestra relación con el mundo natural.

En «Kowkülen», Sebastián Calfuqueo sostiene su cuerpo de un árbol con atados shibari, y así se suspende y roza su piel con el agua de un río localizado en territorio Wallmapu7. Mientras el agua acaricia la piel de Sebastián y fluye atravesando su cuerpo, se lee un texto en mapudungun y castellano que da cuenta de toponimias vinculadas al agua y de anacronismos y relaciones complejas entre distintos términos y palabras mapuche, que permiten entrar y salir de distintos imaginarios –mapuche y no mapuche– para intentar entrelazar la defensa de las aguas desde la perspectiva de los derechos de la naturaleza y los pueblos. “Mi cuerpo es agua, nuestros cuerpos en el agua, itrofill mongen8”. Entonces, para las personas mapuche, el agua –en cualquiera de sus formas y estados– jamás está sola, es decir, siempre habrá un ente espiritual que la acompañe.

En la escritura de Gloria Anzaldúa, en sus poemas «Mexicana de este lado» y «No Basta», se hace explícita una relación del cuerpo con un entorno natural íntimo. La intimidad se desborda de la piel y la carne y se vuelve una sola con lo no humano.

Oigo el llorido del mar, el respire del aire,
mi corazón se dispara con el latido del mar.
En la gris neblina del sol
el agudo aullido hambriento de las gaviotas,
el agrio olor del agua calándome.

Pero la tierra no tiene costuras.
El mar no se puede vallar,
no termina en las fronteras.
Para mostrar al hombre blanco lo que pensaba de su arrogancia,
Yemayá hizo volar ese muro de espino.9

No basta con abrirte
una sola vez.
De nuevo debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
desgarrarte,
dejar caer ratas muertas y cucarachas
lluvia de primavera, mazorcas en capullo.
Virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.10


El artista Gian Cruz, en su serie de fotografías «(séro)TROPICAL(e)», negocia los trópicos como un potente sitio de resistencia, que trabaja contra la explotación colonial de la tierra y los cuerpos y la naturalización del cis-sexismo y la heterosexualidad. Estas imágenes sirven como autorretratos imaginarios, atípicos y performativos del artista en relación a superar las complicaciones de salud relacionadas con el VIH/sida a principios de 2015. Aquí, el paisaje visual encarna las intersecciones de lo corporal, lo viral y lo ecológico y en el proceso se hacen visibles las narrativas del VIH/sida en el contexto del arte del sudeste asiático (específicamente en Filipinas), mientras se enfrentan al surgimiento de pandemias como fenómenos coloniales impulsados por la extracción de recursos naturales y el despojo de las tradiciones indígenas.

Las plantas, cuidar de ellas y sentir su compañía, significaron un ritual de sanación para Gian. Estar cerca y rodeado de vegetación tropical supuso para él una forma de proteger su cuerpo y su salud y también de volverse parte de ese entorno, de encarnar planta. Un sitio para conocimientos situados sobre percepciones fluidas y no binarias del género y su relación con lo no humano, lo vegetal. En esta serie de fotografías, el artista se pregunta ¿cómo podrían entonces emerger los trópicos no sólo como resistencia a las ideologías sexuales coloniales, sino también como alternativas a las terminologías y los léxicos de lo queer/occidental?11 «(séro)TROPICAL(e)» ofrece una reflexión sobre las ecologías queer decoloniales como una forma de forjar imaginarios queer regionalmente específicos y de enfrentar el trauma no lineal de las pandemias del VIH/sida y el COVID-19.

Necesitamos formas más sólidas y complejas de involucrarnos productivamente con la materialidad no humana; formas que den cuenta de la diversidad y promiscuidad de una multitud de culturas de la naturaleza; formas que puedan comprometerse con las disidencias sexuales así como con los estudios científicos y con lxs artistas indígenas, cuy(r) y queer, que pueden fomentar tales formulaciones. Encarnando profundas revisiones epistemológicas, así como desafíos filosóficos, políticos y estéticos al binario sexo y naturaleza, estas imágenes y artistas apuntan a una ecología que abraza la desviación y la extrañeza como una parte necesaria de la biofilia, el placer sexual y la transgresión como fundamento de la ética ambiental, la política y la resistencia a la heteronormatividad como parte integral de la ecología y las ciencias naturales.

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miércoles, 27 de mayo de 2026

Me la nombraron en un chat, me leí el prólogo de La Enriquez, me llega el viernes

 

La escritora ecuatoriana publicó "La Santita"

Mafe Moscoso: "Hablo desde el mestizaje profundo"

La relación entre vivos y muertos es uno de los ejes,de este libro de relatos, además de las cuestiones de raza, clase y género que la autora explora. La Santita es parte de un puente que Moscoso tiende entre ficción y etnografía, que según ella funcionan como "modos de conectar con aquello que es invisible".

Moscoso se define como una "antropóloga disidente".
Moscoso se define como una "antropóloga disidente".

En los cuentos de La Santita (Consonni), debut ficcional de la escritora ecuatoriana Mafe Moscoso, ronda la muerte. Pero la muerte es vida, crucifixión, entierro, resurrección, destierro, invocación, reencarnación, identidad, memoria y olvido (quizás la verdadera muerte, la más radical). En Latinoamérica los vínculos con este fenómeno son muy diversos dependiendo de las cosmovisiones de cada región. Esa relación entre vivos y muertos es uno de los ejes centrales, además de las cuestiones de raza, clase y género que la autora explora en este libro.

Mafe es Doctora en Antropología. Hace veinte años reside en Barcelona –donde investiga y da clases– pero en 2024 fue elegida como becaria por el Centro de Estudios Apocalípticos y Post-Apocalípticos Käte Hamburger en la Universidad de Heidelberg, Alemania. Desde allí se comunicó con Página/12 para hablar sobre este lanzamiento. Moscoso se define como una "antropóloga disidente" y, sobre esa categoría, amplía: "Me refiero a que hago una anti-antropología. Me interesa muchísimo más la etnografía que la antropología, ya casi no trabajo con antropólogxs, estoy en una facultad de artes así que tengo otros diálogos y mis prácticas están enfocadas hacia disciplinas que, desde mi perspectiva, son mucho menos rígidas".

Ese dato sobre su práctica profesional tiene bastante que ver con La Santita porque –tal como señala Gabriela Wiener en un notable artículo– este libro puede pensarse como una "operación alucinante de restitución" de ciertos vaciamientos que a menudo suceden en la cultura, "una poética política de la re-encarnación". ¿Qué pasa cuando a las expresiones populares se les amputa su espíritu y se esteriliza su belleza, cuando el pueblo que las creó queda completamente borrado? En sus textos Mafe es cuidadosa de esa voz para no apropiarse de algo que no le pertenece.

La Santita es parte de un puente que la autora tiende entre ficción y etnografía, que según ella funcionan como "modos de conectar con aquello que es invisible". Moscoso asegura que el libro es "muchos mundos en un mundo" pero sobre todo habla de "los vivos, las vivas, los muertos y las muertas". Ese abordaje, dice, es desde la cultura andina porque es la que mejor conoce: "Yo vengo de Quito, una ciudad entre montañas. Mi familia viene de las provincias, de zonas volcánicas, entonces esa es la cosmovisión que me aompaña, que intento reconstruir pero que también reinvento".

–Tu libro se resiste a los binarismos en varios sentidos. Por un lado, las fronteras entre géneros son bastante difusas desde lo formal; por otro, hay un tratamiento de lo queer desde la narrativa que es muy interesante. ¿Cómo fue ese trabajo?

–Hay una intención de deshacer ciertos binarismos marcadamente occidentales, blancos, patriarcales y coloniales: masculino/femenino, vida/muerte, ciencia/magia, objetivo/subjetivo, naturaleza/cultura. Hay un tejido minucioso y artesanal de las relaciones en las que todo está conectado y se produce una desintegración del hechizo colonial. Al menos esa es la búsqueda. Hay un trabajo de experimentación con el lenguaje que busca deshacer esos binarismos. En Ecuador hay un movimiento que propone definir lo cuir o cuy(r), que son estos animalitos que tienen una presencia muy importante en nuestra región, justamente para tomar distancia del término gringo que tiende a homogeneizar el lugar de las disidencias. Varios pensadores y activistas como Diego Falconí están repensando lo cuir desde lo andino.

Antes de la colonia, en muchos zonas del continente no existían géneros binarios ni prácticas estrictamente heterosexuales. La autora cuenta que en la región de Manabí (que inspiró "Soap opera enchaquirada") se convive con "un tercer género, lxs enchaquiradxs, que se asumen como herederxs de estas prácticas precoloniales de resistencia frente a la imposición colonial de heterosexualidad obligatoria donde la sodomía era castigada". La escritora intentó alejarse de las intenciones puristas o realistas para crear otra cosa, algo que mixture lo ancestral y lo moderno porque, en definitiva, eso es América Latina: puro mestizaje. En sus textos conviven Obi-Wan Kenobi, Chayanne, Kitty, Cristal, Gilda y Julio Jaramillo. "Si hay un lugar desde el cual yo hablo, es desde el mestizaje profundo: el mestizaje andino, el mestizaje cuir, el lugar del entremedio. Esa es mi voz", destaca.

La Santita aloja siete historias y un universo: los mundos invisibles y los personajes de cada relato se conectan entre sí; a todos los une un mismo ritmo, una misma música, como un conjuro. Mafe dice que "hay algo de ritual" y agrega: "Hay un trabajo artesanal con el lenguaje. En el proceso muchas veces eso ha tenido más lugar que la propia historia. Se trabajó con varias capas y una de ellas es la música. No sólo las canciones que aparecen (el libro incluye una playlist) sino la musicalidad y el ritmo de escritura. No se trata de una banda sonora súper sofisticada, en absoluto. Son los referentes con los que crecí, es la banda sonora de donde vengo".

El último cuento narra la complicidad de un grupo de abuelas y nietas para restituir la memoria de un pueblo que ha olvidado cómo morir (y vivir). "Sabía que se había abierto para ella una puerta a otro lugar que era tan real como este mundo", escribe Mafe. Los lectores de Argentina quizás encuentren resonancias con los terrores de la última dictadura cívico-militar; ella cuenta que se inspiró en un trabajo de Carolina Meloni, filósofa argentina muy amiga suya. "Ella es de Tucumán, tiene un tío desaparecido y escribió un artículo sobre los espíritus de los desaparecidos que claman por ser encontrados. Ese cuento está basado en algunos de los documentos que ella utilizó para ese ensayo".

Otro elemento interesante en su narrativa es el punto de vista. En varios casos la perspectiva es la de niñxs y entonces la escucha –una herramienta muy útil en la etnografía– se vuelve fundamental. "Yo trabajé durante muchísimos años con la memoria de niñxs. A veces se asume que no la tienen y te aseguro que yo a los 8 años ya tenía una biografía, un pasado bien pesado, una memoria y una historia. Ya me habían ocurrido cosas, mi cuerpo y mi vida ya estaban marcados. Sin embargo, desde el adultocentrismo que es muy violento se tiende a borrar la subjetividad, a verlos solo como seres del futuro y no como seres con pasado, se los infatiliza. Pero si hay alguien que transmite una verdad radical son los niños. Los mundos infantiles son mundos serios y muy verosímiles".

–En "La Santita" hay una enumeración extensa que decanta en una frase que hoy impacta mucho: "Todos la mataron". ¿Cómo ves este renacer de los discursos de odio y los actos de discriminación hacia lo diferente a nivel global?

–Por un lado, parecería que hay una sensibilización o cierta conciencia; por otro, hay un movimiento reaccionario que exacerba esos binarismos. Es un terreno muy fértil para que crezcan los fascismos que ya están. Esto me recuerda un episodio que acaba de ocurrir en Guayaquil: cuatro niños fueron desaparecidos por militares y el 31 de diciembre recibimos la devastadora noticia de que habían sido torturados, desaparecidos e incinerados por el Estado ecuatoriano, que es fascista y racista. Verónica Yuquilema, una gran amiga mía, escribió algo así como "todos los mataron" y es así. Esos crímenes de Estado nos competen a todos.

Moscoso subraya que intenta escapar de la exotización o folklorización de lo andino: "Huyo de cualquier voz que se enuncie como representativa de una voz que no es la mía. Por ejemplo, lo indígena. Cuando se escribe en contextos europeos, a veces se cae en la trampa de querer satisfacer la visión que los europeos tienen sobre los pueblos del mundo andino y Latinoamérica. Muchas veces se inventa algo que no existe y no tiene nada que ver con los mundos indígenas que son tan cambiantes, heterogéneos, complejos e inabarcables".

Entrevista a un insecto atravesado por la luz

 Muhammad Ali dijo: «Vuela como una mariposa y pica como una abeja» y brotaron luciérnagas. 

Manush Romanov dijo: «Enterradme de pie. Llevo toda la vida de rodillas» y brotaron luciérnagas. 

A la pregunta: «¿Hay esperanza?», Angela Davis respondió: «No lo sé, pero hay que vivir como si la hubiera» y brotaron luciérnagas.



—Entrevista a un insecto atravesado por la luz, 

Helios F. Garcés

Seis y media de la tarde y ya está oscuro

 Pero el "fin del día" me tranquiliza. Paso del miedo a que salgan los perros, a que se peleen con el de al lado, a que Rafael los deje en la vereda o trabe la puerta o entre y salga y haga frío, a la tranquilidad del estamos todes adentro, el culo en la estufa, tirades en la alfombra, mate y picadillo con medicación para Fido y les demás aguanten.

Fumando espero

 a la mujer que quiero.

lunes, 25 de mayo de 2026

Gente necesaria en La rueda celeste

 "¿Existen de veras personas ajenas al resentimiento, al odio?, se preguntó ella. ¿Gente que nunca maldice al universo? ¿Capaces de reconocer la maldad, que se le resisten, que no les afecte lo más mínimo?

Pues claro que las hay. Innumerables, los vivos y los muertos. Quienes han regresado por pura compasión a la rueda, quienes siguen el camino que no puede tomarse sin saber por dónde se va, la mujer del aparcero de Alabama, y el lama del Tibet, y el entomólogo de Perú, y el molinero de Odessa, y el verdulero de Londres y el pastor de Nigeria y el anciano, el viejo que talla la punta de un bastón junto a un sauce seco de algún rincón de Australia, y todos los demás. No hay uno solo de nosotros que no los haya conocido. Son los suficientes. Bastantes para que todos sigamos adelante. Tal vez."


Úrsula K. Le Guin (1971). Pág. 123 de Ediciones Minotauro (2018)


Mi yo adolescente

 Leo a Úrsula K. Le Guin. Una de sus novelas, La rueda celeste, de 1971, y me vuelve la Paulita de los 80, la que la descubrió a los 16 años, la que ha estado en ese universo leguineano toda la vida, la que puede volver a pensarse en Terramar, en el multiverso onírico, al lado de personas personajes para quienes lo importante es narrar y vivir la dignidad, la integridad, la entereza. 

Poetas que yo tendría en agenda







 

Mi mamá siempre estaba

 Anoche soñé un sueño de lectora, de asustadita y de hija que reconoce y agradece. Todo en un par de imágenes no más. Lo de lectora lo conecto con que estoy leyendo La rueda celeste de Le Guin donde el prota cambia la realidad a través de lo que sueña, no por voluntad propia, manipulado por su inconciente o su psiquiatra, muy angustiante y voy por la mitad de la intriga. 

En mi sueño yo tenía que prender la cocina de mia casa (no sé cuál) y se zafaba una perilla y el gas se empezaba a salir como agua y yo me desesperaba y no sabía qué hacer y mis hijes alrededor no me daban bola, me minimizaban la angustia. Yo veía que las hornallas se encendían con unas llamas de más que desbordaban todo el artefacto. La única que aparecía y me decía que estaba bien, que ya había cerrado la llave bien y que se iba a consumir el gas esparcido y listo, era mi mamá. Viva, creo que más joven que en sus últimos tiempos, no sé si más joven que yo ahora, ¿de la misma edad que yo en el sueño? ¿una amiga? Recién ahora se me ocurre... Pero gracias, má. No siempre noté, anoté que en las cosas prácticas, de supervivencia, de la casa y los arreglos siempre conté con ella y con mi viejo. Criticones y fríos pero presentes.

domingo, 24 de mayo de 2026

La rueda celeste, de Úrsula K. Leguin

 Tenía esta novela en mis nobibliotecas desde julio de 2019, fruto de acumulaciones varias como siempre y siempre fieles a mis placeres ideológicos lectores. Ahora la agarré porque en uno de los talleres que estoy haciendo leídos "Los que abandonan Omelas". Me avivé que también tengo tres novelas más de ella sin leer, así que... Aquí vamos...

Googleo y me doy cuenta de que no hay crítica de este libro. Apenas alguna reseña y avisos de venta con contratapas resumidoras y opiniones escuetas. Me anoto la tarea, como siempre. Si una estudió literatura y crítica feminista es para esto, ¿no? Proponer alguna hipótesis, encadenar con otras obras de ella o de otres. Por ahora leo y anoto.

Imágenes de arena fascinantes































 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...