jueves, 26 de marzo de 2026

Donde tus pies no llegan del todo al fondo

 Dice David Bowie en un correo que me llega por no sé qué carril:



Nunca toques para la galería. Nunca trabajes para los demás en lo que haces. Recuerda siempre que la razón por la que empezaste a trabajar fue que había algo dentro de ti que sentías que, si conseguías manifestarlo de alguna manera, entenderías mejor quién eres y cómo coexistes con el resto de la sociedad.

Creo que es tremendamente peligroso para un artista satisfacer las expectativas de los demás.

Si te sientes segura en el área en la que trabajas, no estás trabajando en el área correcta. Adéntrate siempre un poco más en el agua de lo que crees que puedes, ve un poco más allá de tu profundidad. Cuando sientas que tus pies no llegan del todo al fondo, estarás justo en el lugar adecuado para hacer algo emocionante. 

 

O sea, nadar.

Escrituras rumiantes

 

¡Hola, lectorxs!
 
En abril lanzamos un nuevo libro de La Libre Editora que se suma a la Colección Miscelánea, dedicada a la no-ficción y el pensamiento contemporáneo. 
 
Esta vez se trata de la reedición de una compilación de textos que tuvieron su circulación en ediciones independientes, artesanales y fanzines. Nos llegó primero como fanzine y luego como librito artesanal de la mano de su autora, gracias a lo cual la pudimos conocer. Es una enorme alegría para La Libre estar publicando hoy esta obra.
 
Escrituras rumiantes. De comadres y pastoreos es un libro que propone una manera de escribir como los animales que rumian: con paso lento, digiriendo varias veces las ideas antes de abonar el suelo con ellas. Lucrecia Masson publicó el primer texto, Epistemología rumiante, hace diez años, y a partir de allí comenzó el desarrollo por esta filosofía basada en su experiencia creciendo en el campo, la pampa seca argentina, rodeada de rumiantes, de viento y de pasto, donde sus amigas las vacas le enseñaron el arte de echarse, de observar, de estar cerca de la tierra. 
 
Sus publicaciones, hoy reunidas en un solo libro, fueron material de talleres, obras, performance y lecturas en toda América Latina y España. Este es un libro que en un mundo acelerado nos invita a detenernos, donde la poesía y las ideas se entremezclan. 
 
El libro está disponible en La Libre (Chacabuco 917, San Telmo), en nuestra tienda virtual y próximamente en otras librerías de Argentina, Uruguay y Chile. Hacemos envíos a todo el país y el mundo.
 
La presentación será el próximo domingo 5 de abril, seguí leyendo para más información. ¡Te esperamos!
CONSEGUILO ACÁ

Sobre el libro
Escrituras rumiantes. De comadres y pastoreos es la invitación de Lucrecia Masson Córdoba a detenernos en la vorágine, conectando con mundos de cuerpos, exceso y animalidad a través de la figura de la vaca y sus estómagos. 
 
La autora propone una deslectura del tiempo y el progreso, explotando lo lento y lo anómalo en tres textos: epistemología rumiantemondongo exercise y viento y tierra. Este libro abraza la impureza y nos reta a pensar más allá de lo humano y de la racionalidad occidental. De comadres y pastoreos es una carta intensa que complementa esta exploración reflexionando sobre el proceso creativo. Masson analiza la escritura como una práctica colectiva, conectada íntimamente al cuerpo y al comadreo. 
 
A diez años de la publicación de epistemología rumiante, que inaugura toda la serie, esta edición ampliada y con prólogo de val flores propone revisitar un texto que circuló en fanzines y ediciones independientes para que siga encontrándose con sus lectorxs.
Sobre la autora
Foto de Sofía Álvarez Capuñay
Lucrecia Masson Córdoba es una investigadora y artista cuyas principales indagaciones son cuerpos, otros-que-humano y cosmografías. Trabaja con distintos registros experimentando sobre todo con escrituras y performance. De la teoría le interesa la imaginación y cree porfiadamente que no se puede pensar sin el cuerpo. Es Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y realizó el Programa de Estudios Independientes (PEI 2014-2015) del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) y la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente es candidata a Doctora en Filosofía por la Universidad de Zaragoza. Ha publicado en numerosas ediciones independientes sus trabajos alrededor de lo rumiante, así como ha participado en numerosísimas publicaciones colectivas, antologías, catálogos o revistas. Es parte del Colectivo Ayllu junto a quienes ha participado en exposiciones artísticas como la Bienal de Sydney (2020), la 35ª Bienal de Sao Paulo (2023) o ciudades como Nueva York, Quito, París, entre otras, además de coordinar el Programa Orientado a Prácticas Subalternas (POPS). Desde hace años investiga-con rumiantes.

Presentación
Presentamos Escrituras rumiantes. De comadres y pastoreos 
 
Tenemos el honor de recibir a Lucrecia Masson, autora del libro, que estará de paso por Buenos Aires para presentar esta nueva edición de su obra. Conversarán y leerán fragmentos del libro Laura Contrera, Gabo Munguía, Brenchx, Mati Poloni y Gisela Rebichini.
 
Les esperamos para rumiar, brindar y celebrar esta publicación.
 
Domingo 5 de abril a las 17 hs. en La Libre - Chacabuco 917, San Telmo

Otros libros de la editorial
 
 

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Ex Sisí

 Yo, que tuve un grupo de alupnis que me decía Sísí porque a todo, se ve que preguntaban cosas buenas, yo les respondía "sísí", estoy autodiagnósticandome, con moderación de analista personal, el decir a todo (o un poco): nono. No puedo, no quiero, no sé, no tengo ganas, no ahora, no en ese momento, no me obligues, no me reclames, no quiero pasarla mal, no me gusta más que estar en mi casa, no me muero por ir, ni por verte, ni por estar en medio de ese kilombo.

Amo mi casa

 Caparazón. Piel multiescamas. Cueva. Trampolín. Redil. Madriguera. Laberinto. Anfiteatro. Biblioteca. Dormidero. Pesebre. Constelación. Colección. Vivero. Invernadero. Pista de aterrizaje. Escenario. Ecosistema. Simbiosis. Paisaje. Monstruo. Heroína. Secuencia narrativa. Canción. Instrumento. Cuerda. Eco. Amplificador. Micro universo. Galaxia. Luna. Estrella. Sol. Nube. Cielo. Viento. Ventana. Alféizar. Umbral. Telaraña. Panal. Retícula octagonal. Almácigo. Verano. Castillo. Enredadera. Patio. Jardín secreto. Territorio. Magia. País. Feérica. Feeral. Voladora. Dulce. Helado. Caramelo.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Todos los cuentos no contados, todas las nanas no cantadas

 Tatiana Tibuleac. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. P. 63-64. Capítulo 30



Me preguntó si quería palomitas y sí quería. ¿Y cerveza? También

cerveza. Esos eran nuestros desayunos favoritos, poco saludables, por

supuesto, pero, en nuestra situación, ¿a quién le preocupaba la salud? Un

cuerpo devorado por el cáncer y un cerebro enfermo. Aquel año me

autodestruí mucho más que el resto de los años y, sin embargo, nunca

estuve más lleno de vida. Mi madre parecía una planta de interior sacada al

balcón. Yo parecía un criminal lobotomizado. Éramos, por fin, una familia.

«Aleksy —empezó mi madre en tono culpable apretando con dedos

nerviosos la taza de café—, perdóname.»

Aquella mañana mi madre parecía una araña joven que acabara de

atrapar en la telaraña a su primera víctima. Era como Mika envejecida.

Como la abuela de joven. Nunca la había visto así por la sencilla razón de

que nunca había sido así. Mi madre me miraba con amor.

Esa mirada suya —que yo había esperado y mendigado toda mi infancia

y por la que me habría desprendido voluntariamente de todo mi capital de

niño ahorrador— la recibía ahora gratis. Mi madre, por fin, me la ofrecía en

bandeja, sonriente y benévola, tal y como en los grandes almacenes unas

guapas vendedoras ofrecen productos caducados a los ingenuos.

Habría querido tirarla de la silla de una patada, como había hecho ella

conmigo a lo largo de aquellos siete meses. Me habría gustado meterle

aquel amor por los ojos a puñetazos y decirle que se lo guardara para el otro

mundo, en el que, si tenía suerte, conseguiría engatusar a alguien y

convencerle de que era capaz de amar. Me habría gustado arrancarle en

aquel segundo, con unas tenazas al rojo vivo, todos los cuentos no contados,

todas las nanas no cantadas, todas las caricias en el pelo que me

correspondían, pero que ella me había escamoteado como una roñosa.

«Mamá, no es necesario», le respondí rápidamente y ella se contuvo.

Terminamos de comer en silencio y nos despedimos para el resto de la

jornada.

Odio leer en pdf porque no puedo subrayar


El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibureac



"Ya no era un hijo, tampoco ella era una madre. Éramos un mortal asustado y una hechicera que arrastraba a su presa a otro mundo"

Pienso en el dolor narrado con imágenes llenas de violencia, comparaciones dolorosas en referencia a todo, al clima, al paisaje, a la casa, a las acciones más cotidianas. La hijidad y la maternidad descompuestas como un mecanismo incomprensible que, sin embargo, se busca y se busca entender.



Palabras suspendidas en el aire, reverberando, mantenidas en el tiempo, "Como unas gotas de aceite en un vaso de agua". Por intensidades como esta la gente escapa de las conversaciones reales, de las lecturas que te desarman, te desordenan todo lo conocido.



Sueño de niño con las rodillas de la madre.




















 Estoy mirando la crueldad puesta en las comparaciones. Más allá de que se refiera o no a la madre, toda la voz del narrador está cargada de odio, de resentimiento, de una ternura violenta que es violenta porque no puede ser ternura.

En es párrafo que subrayé hay tres comparaciones y las tres toman elementos violentos como alusión, aunque el objeto que se quiere describir no sea violento de por sí. El cielo nublado se compara con un accidente, la lluvia con los golpes de una muchacha, las pestañas con unas pinzas que se clavan en la piel.

Creo que lo que me asusta es la felicidad

 ¿O la belleza? Siento que voy a explotar. Que mi cuerpa no resistirá. Tanta.

Cuando empecé esta novela no pude avanzar por su violencia verbal. Ahora reintento en taller

Fragmento de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac.




 «Párate, párate», las oía sin escucharlas y yo respondía en la misma

lengua que había encontrado de repente en mi cerebro, como encuentran los

bebés el pezón de su madre. Habría dado cualquier cosa por morir en ese

momento, por descomponerme en millones de partículas y unirme a aquella

columna temblorosa e infinita, aunque eso hubiera significado despertar

formando parte de un monstruo desconocido. Sin embargo, la voz de la

abuela desapareció de repente, tal y como había aparecido antes, llevándose

consigo el secreto más bello que se me ha mostrado jamás.

Regresé a mi herida, que se había abierto de nuevo y supuraba. Me

acosté como un perro en el umbral frío y azulado; entretanto, el aire a mi

alrededor había empezado a hervir y a sacudir todos los objetos como si

fueran adornos de silicona. El montón de piedras junto al cobertizo formó

una línea recta y larga y partió, ondulándose como una serpiente, hacia el

horizonte, que castañeteaba como una boca abierta. La casa me

contemplaba desde arriba como el rostro de un muerto, con unos postigos

verdes en lugar de párpados.

Quería poder morir con sencillez, con comodidad, deprisa. Quería que

la muerte se doblegara a mi voluntad, poder invocarla en cada segundo sin

esfuerzo y sin costes. Ello habría sido posible si la muerte hubiera sido

inventada por alguien con más discernimiento, alguien que no la hubiera

protegido tanto, sino que la hubiera reducido a una simple función. Un

tercer ojo, una tercera sien, un corazón a la derecha que desconectaran

unilateralmente los cuerpos inútiles en caso de necesidad.

La imposibilidad de morir cuando tenía la necesidad absoluta de hacerlo

fue la injusticia más grande que se ha cometido conmigo, y conmigo se han

cometido muchas injusticias. Empezando por mi nacimiento de una mujer

completamente desconocida.

Carrito vs upa

Dice Julián en feis: Feli, a papá no le gusta el carrito y por eso vas siempre a pasear a upa 😃







Mi primer poema de la Mistral y planeta aburrido



 

Capturas que me gustan



 

Me molesta esto y los autos y motos que pasan derrapando y bocinas


 

Sala otoñal de lectura




















 

Nunca más






 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...