miércoles, 4 de febrero de 2026

La felicidad también se narra

 Y sí. Hoy que estoy contenta mejor hacer una entrada para decirlo. No sé si será que llueve, que anoche dormí bien y Fido también, aunque le dije a Rafael a las 10 de la noche que no podía irlo a buscar hasta Saenz Peña y me dormí con culpa pero ni lo sentí llegar. No sé si será la clase de guitarra que me alegra siempre la vida, o la conversación con Laura desde España por nuestra antología que va viento en popa, o que logré enviarle todos los datos a la contadora para facturar, o que en un rato tengo taller nuevo sobre mis nuevos amores: Klaus y Lucas y más tarde el último encuentro del de Frankestein. Bueno, muchas cosas para ser feliz en miércoles.

Lo que extraño de ser la profe

 Decir: "Explicar con citas textuales".

Explicar lo que son y cómo se usan las citas textuales.

Escribir en el pizarrón y darme vuelta y ver todas esas caras.

Sonreir y que a tantas gente le llame la atención que yo sonría.

Decir: "Tiene una profesora injusta, qué pena" o "Tema 1, tema 2, tema 1, tema 2" o "Yo no soy maestra jardinera, ni guardiacárceles, ni domadora de circo", o "Vaya y vuelva en seguida" o "¿Dónde estaba usted cuando expliqué esto?", o "¿Me promete leerla para la semana que viene?"

Me enamoré de Klaus y Lucas, de Ágota Kristof

 "Nuestros estudios



Para nuestros estudios, contamos con el diccionario de nuestro padre y la

Biblia que hemos encontrado aquí en casa de la abuela, en el desván.

Damos lecciones de ortografía, de redacción, de lectura, de cálculo

mental, de matemáticas y hacemos ejercicios de me-moria.

Usamos el diccionario para la ortografía, para obtener explicaciones y

también para aprender palabras nuevas, sinónimos y antónimos.

La Biblia nos sirve para la lectura en voz alta, los dictados y los

ejercicios de memoria. Nos aprendemos de memoria, por tanto, páginas

enteras de la Biblia.

Así es una lección de redacción.

Estamos sentados a la mesa de la cocina con nuestras hojas

cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos.

Uno de nosotros dice:

—El título de la redacción es: «La llegada a casa de la abuela».

El otro dice:

—El título de la redacción es: «Nuestros trabajos».

Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema y dos

hojas de papel a nuestra disposición.

Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de

nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del

diccionario, y en la parte baja de la página pone: «bien» o «mal». Si es

«mal», echamos la redacción al fuego e intentamos tratar el mismo tema en

la lección siguiente. Si es «bien», podemos copiar la redacción en el

cuaderno grande.

Para decidir si algo está «bien» o «mal», tenemos una regla muy

sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que

vemos, lo que oímos, lo que hacemos.

Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». ser bonito para nosotros y feo para otras personas.

Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es

verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que

ignoramos. Escribimos, sencillamente: «el ordenanza nos ha dado unas

mantas».

Escribiremos: «comemos muchas nueces» y no: «nos gustan las

nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de

precisión y de objetividad. «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra

madre» no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un

gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.

Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor

evitarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y

de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos."



Página 30-31. Ediciones Del asteroide

martes, 3 de febrero de 2026

La niña y el Kiwi




 

Odio desviado

 Como estoy fastidiosa, cansada, acalorada, enojada con el mundo, no con el mundo no, con la burocracia y la falta de mi guita, preocupada por Fido y pensando en gente muerta que desperdició su vida, el odio se me va hacia cualquier parte:

Odio al pelotudo de la cola del banco que le dice a otro pelotudo, dos viejos chotos de 60-70 que se hacen los cancheros, que él es un pecador y otras sanatas confesionales. Qué pecador vas a ser vos, mecha corta, que ni para pecar te da el cuero.

Odio a la vieja, gorda y con solera tipo batón, que amo en mí, que se vanagloria de su talle 100 de corpiño y que "hay que sostener estas".

Odio a la que no se mueve y parece meada y le pide permiso a un pie para mover el otro.

Odio al feo vestido de rockero de los 80 (los muchachos de mi época ya tienen 60 años), con la barba crecida, los rulos canosos hasta los hombros, la remera de La renga metida en el jean, la cadena de perro como cinturón, que se me sienta al lado y babea entre cabezazo de sueño y cabezazo de pajero.

Odio al empleado que habla a los gritos para explicar todo lo que sabe de estas mierdas de sistemas computacionales de atención al cliente que lo único que hacen es desatenderte.

Odio al de seguridad masculino que le sonríe a la de seguridad femenina y están ahí en la puerta pelotudeando.

Odio a la madre con el bebé en una teta que no se sienta para amamantarlo y sigue caminando con el carriro y el celu en la otra mano. 

Odio a la vieja con botulismo y andador que tiraniza a un marido, una hija y una nieta dándo indicaciones apensas inaudibles y sacudiendo sus manos manicureadas de rojo. Yo debería encontrar a quién tiranizar.

Odio odio odio

 Dos horas y media hoy en el banco, presencial porque el home banking no pudo darme lo que necesito y ni la empleada pudo acreditarme mimimimimi dinero proveniente de Colombia por mimimimimi cuento. Son dos mangos pero son míos y los quiero, pero resulta que desde la app no se puede y mejor entrar por el buscador y llenar un montón de mierdas y justo al final te pide adjuntar documentación pertinente que viene a ser factura e que tengo que hacer como monotributista. Así que la transferencia se queda con mi 20%, tengo que pagar honorarios de contadora para alta, baja y facturación de monotributo y fumarme todo el tramiterío. Me consuelo con mis chotas opciones: dejar esas monedas en el aire y ni cobrar la mitad de lo que creía, o haber dicho que, si sabía todo este kilombo, no quería que me publicaran el cuento. Y no. Así que "agua y ajo" y a llorar a la lloradera. Y apechugar con todo como siempre.

Ella, la flor más bella, vagando por las estrella brilla más que el sol


 

Fragmentos de intensidad



 

No necesitás ser invencible, ser fuerte también es eso

 Pienso si decirle a Rafa o no todo lo que me dijo la vete de Fido: cosas que ya sabíamos, obvias por su edad, pero él no quiere medicarlo y gastar plata pero yo no puedo no hacer nada. Se lo digo en un audio. Me dice que ya viene. Me animo y empieza a salirme una angustia que lleva años ahí atragantada. Mi mamá con un trapo de piso limpiando el pis que va dejando mi abuela, la nonna, su suegra, por el comedor y diciéndole que se meó y la vieja diciendo que no y las dos gritándose su odio mutuo. Todes nosotres callades, sin posibilidad de decir ni hacer nada, viviendo nuestras niñeces entre esos filos.

Se lo conté a Rafa porque no es necesario ya, ya no, que le evite ningún dolor a nadie a costa de dolerme yo sola. Le cuento también que cuando tuve a Julián, a los 21 años, sola, maltratada, triste, sin saber dónde poner mi alegría por el bebé, mi mamá me dijo que si con eso "revivía" a la nonna ella me mataba. La vida y la muerte como culpa, como deseo, como esperanza bicha. Una mierda. Y yo nunca se lo había contado a nadie, absolutamente nadie. Ni siquiera se lo había reprochado a mi mamá.

Llevé a Fido a la vete y me puse triste. Elles me bancan


 

Afuera

 Alguien viene golpeando las manos de casa en casa por mi vereda. Me angustia la búsuqeda del mango ajeno, al menos yo lo único que tengo que hacer es no gastar lo que no tengo. 

Alguien pía del otro lado, en el patio. Muy cerca de mi ventana. Son muches. Les entiendo.

Tampoco mis cuentos por ahora

 Salió la decisión de la primera de mis tres convocatorias en Baltasara, la de cuentos. Siga participante, señora.

Visitas a esta bloga

 De repente creo que tiene más visitas la entrada que replico o que pongo alguna cita de alguien conocide. Y de repente me doy cuenta que hay el doble de entradas a mis comentarios más personales, más íntimos. Yo no sé quiénes son ustedes pero gracias por hacerme saber que existen. 

(Me hartan las grupas de wasap que nadie lee y la militancia con estados e historias efímeros como un pedo en un canasto y la repetición de trucos y quejas para que el algoritmo esto y lo otro y lo que "tenés" que hacer)

domingo, 1 de febrero de 2026

La sabiduría de Alicia

 


Primis en traje de baño




 

Cuidar un jardín y escribir

Dice Mauricio Kartun en feis:


Pocas cosas me hacen reír en soledad. Se ve que es rito social, porque sin gente me sale poco. Pero de entre las escasas hay tres que no me fallan: unos videítos de Capussoto, la aparición de alguna imagen suculenta mientras estoy escribiendo. Y la de la primera flor de alguna planta del jardín. Una alegría radiante. Y me río solo como los locos. 


Yo soy tirando a agnóstico, pero mi mujer, que es más de fe, suele hablarme del concepto de la gracia, la manifestación de lo sagrado. Se ve que el humor, la poesía y las plantas son el módico altarcito que venero.


"Para ser feliz un rato, emborracharse. Para ser feliz una semana, hacer un viaje. Para ser feliz un año, casarse. Para serlo toda la vida, cuidar un jardín". Así dicen los chinos, tan proverbiales siempre los tipos. Grandes, los chinos. 


Una verdad como un ombú: de nada disfruto tanto como de trabajar en el jardín. Y nada le va mejor, estoy convencido, al trabajo del escritor (le siguen, cerquita, los gatos, pero quedan segundos ahí). 


Jardín y escritura son el par maestro. Y analógico: crear una pequeña utopía y habitarla. Recorrerla a diario metiendo mano aquí y allá. Sembrar. Componer. Podar. Sacar hojarasca. No hay nada de lo que hago con las manos en la tierra que no encuentre su semejante con las manos en la tinta. Y encima se alternan en secuencia prolija. Dejar el papel para ir a la tierra, y volver de la tierra al papel.


Creo mucho en la mano verde. No es un invento de las viejas ni una cursilería. Es el contacto profundo y paciente con lo lento y lo silencioso. Nada de quieto ni mudo: eso es ingenuo. Se mueven y hablan, sólo que hay que saber escuchar y tener paciencia. 


Saber escuchar y esperar el crecimiento de una imagen: de nada sabemos mejor los chupatintas. A lo que llamamos allá mano verde, le decimos acá inspiración: gemelos separados al nacer. 


Retoco la proverbialidad oriental: Para ser feliz toda la vida, cuidá un jardín parando de a ratos para escribir.



Más cositas a crochet









 

Opciones

 Para frenar mis ataques de autocompasión me doy cuenta de todas las opciones que tengo y no elijo. Podría ir a miles de lugares, buscar gente y compañía, compartir comidas y zambullidas, charlas vanas o sólo música fuerte. Y no tengo ganas de eso. Yo elijo quedarme en casa con mis perros, mis gatas y mi jardín. 

El cordón de mi vereda

 No voy a decir que limpié la vereda porque limpia no quedó. Pero hoy domingo, a mediodía y bajo un sol tremendo, salí con pala ancha y escobillon, shorts, top y panza al aire, y junté las mugres de plástico, tiré algo de barro sobre el.pasto e hice correr el agua que suelta mi vecino el de la pileta. Justo en medio de mi frente se hace un pozo y el agua no corre ni para un lado ni para otro. Se estanca. Verdín pero inaquietable.

viernes, 30 de enero de 2026

Buscar llantén


 

Piluso y ojos celestes




 

Se casó lamiga


 

No las tejí yo pero hermosas patitas



 

Tejer amapolas y mariposas


















 

Se me tambalea

 El ánimo se me desequilibra. No sé si será la falta de mis adaptógenos que hace como dos meses que no me compro, la falta de terapia ya hace un mes por vacaciones, las desiciones chotas que he tomado respecto de vínculos chotos que me cuesta dejar de lado, la calor, la gerontoatención de Fido pobrecito del que me ocupo todo el día, todo lo anterior. La cosa es que hace mucho no me subía y bajaba tanto el ánimo en un mismo día, hora, momento. Escribo, leo, canto, bailo para encontrarme. Querer que mi alegría se quede quieta y no se transmute en ninguna otra cosa ¿es mucho pedir?

Limpié, rearmé y a llenar con aguita





 

La belleza que me equilibra





 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...