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jueves, 27 de agosto de 2026

Porque yo en vida he sido feliz

 

MURIENDO DE PLENA


Rubén Rada


Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena


Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo
De bailar hasta que muera


No quiero a la gente
Todita de negro
Prefiero de rojo
Vestido a mi suegro
Y quiero en la tumba
Pollito y arroz
Patitas de cabra
Con todo el melón


Porque yo en la vida
He sido feliz
Y quiero morirme comiendo perdiz


Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto


Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena


Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo
De bailar hasta que muera


No quiero a la gente
Todita de negro
Prefiero de rojo
Vestido a mi suegro
Y quiero en la tumba
Pollito y arroz
Patitas de cabra
Con todo el melón
Porque yo en la vida
He sido feliz
Y quiero morirme comiendo perdiz


Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto
Pero con vino tin-tinto
Pero con vino tinto


Cuando yo me muera
No quiero canto mi pena
Prefiero que se me velen
Bailando una rica plena
Y si no me muero
Tampoco me hago problema
Porque tengo todo el tiempo...

miércoles, 26 de agosto de 2026

Perfumado de amor toda la vida y haciéndola bendita

 Credo


Gabriela Mistral



Creo en mi corazón, ramo de aromas 
que mi Señor como una fronda agita, 
perfumando de amor toda la vida 
y haciéndola bendita. 

Creo en mi corazón, el que no pide 
nada porque es capaz del sumo ensueño 
y abraza en el ensueño lo creado: 
¡inmenso dueño! 

Creo en mi corazón, que cuando canta 
hunde en el Dios profundo el flanco herido, 
para subir de la piscina viva 
recién nacido. 

Creo en mi corazón, el que tremola 
porque lo hizo el que turbó los mares, 
y en el que da la Vida orquestaciones 
como de pleamares. 

Creo en mi corazón, el que yo exprimo 
para teñir el lienzo de la vida 
de rojez o palor, y que le ha hecho 
veste encendida. 

Creo en mi corazón, el que en la siembra 
por el surco sin fin fue acrecentado. 
Creo en mi corazón siempre vertido 
pero nunca vaciado. 

Creo en mi corazón en que el gusano 
no ha de morder, pues mellará a la muerte; 
creo en mi corazón, el reclinado 
en-el pecho de Dios terrible y fuerte. 

lunes, 17 de agosto de 2026

El mar está muy cerca

 Antonio Cisneros (Perú, 1942-2012)

CRÓNICA DE LIMA

 

Para calmar la duda
que tormentosa crece
acuérdate, Hermelinda,
acuérdate de mí.
HERMELINDA, vals criollo.

Aquí están escritos mi nacimiento y matrimonio, y el
día de la muerte
del abuelo Cisneros, del abuelo Campoy.
Aquí, escrito el nacimiento del mejor de mis hijos, varón
y hermoso.
Todos los techos y monumentos recuerdan mis batallas
contra el Rey de los Enanos y los perros
celebran con sus usos la memoria de mis
remordimientos.
(Yo también
harto fui con los vinos innobles sin asomo de vergüenza
o de pudor, maestro fui
en el Ceremonial de las Frituras.)
Oh ciudad
guardada por los cráneos y maneras de los reyes que
fueron
los más torpes -y feos- de su tiempo.
Qué se perdió o ganó
entre estas aguas.
Trato de recordar los nombres de los Héroes, de los
Grandes Traidores.
Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.

Las mañanas son un poco más frías,
pero nunca tendrás la certeza de una nueva estación
-hace casi tres siglos se talaron los bosques y los pastos
fueron muertos por fuego.
El mar está muy cerca,
Hermelinda,
pero nunca tendrás la certeza de sus aguas revueltas, su
presencia habrás de conocerla en el óxido de todas las ventanas,
en los mástiles rotos,
en las ruedas inmóviles,
en el aire color rojo-ladrillo.
Y el mar está muy cerca.
El horizonte es blando y estirado.
Piensa en el mundo
como una media esfera -media naranja, por ejemplo-
sobre cuatro elefantes,
sobre las cuatro columnas de Vulcano.
Y lo demás es niebla.
Una corona blanca y peluda te protege
del espacio exterior.
Has de ver
4 casas del siglo XIX
9 templos de los siglos XVI, XVII, XVIII.
Por 2 soles 50, también, una caverna
donde los nobles obispos y señores -sus esposas, sus
hijos-
dejaron el pellejo.
Los franciscanos -según te dirá el guía-
inspirados en algún oratorio de Roma convirtieron
las robustas costillas en dalias, margaritas, no-me-olvides
-acuérdate, Hermelinda- y en arcos florentinos las tibias
y los cráneos.
(Y el bosque de automóviles como un reptil sin sexo y
sin especie conocida
bajo el semáforo rojo.)
Hay, además un río.
Pregunta por el Río, te dirán que ese año se ha secado.
Alaba sus aguas venideras, guárdales fe.
Sobre las colinas de arena
los Bárbaros del Sur y del Oriente han construido
un campamento más grande que toda la ciudad, y
tienen otros dioses.
(Concerta alguna alianza conveniente.)
Este aire -te dirán-
tiene la propiedad de tornar rojo y ruinoso cualquier
objeto al más breve contacto.
Así,
tus deseos, tus empresas
serán una aguja oxidada
antes de que terminen de asomar los pelos, la cabeza.
Y esa mutación -acuérdate, Hermelinda- no depende de
ninguna voluntad.
El mar se revuelve en los canales del aire,
el mar se revuelve,
es el aire.
No lo podrás ver.
Mas yo estuve en los muelles de Barranco
escogiendo piedras chatas y redondas para tirar al agua.
Y tuve una muchacha de piernas muy delgadas. Y un
oficio. Y esta memoria -flexible como un puente de barcas-
que me amarra
a las cosas que hice
y a las infinitas cosas que no hice,
a mi buena o mala leche, a mis olvidos.
Qué se ganó o perdió
entre estas aguas.
Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.

ENTRE EL EMBARCADERO DE SAN NICOLÁS Y ESTE GRAN MAR

For you my son
I write what we were
Horace Gregory

Queda un poco de sol, crujen los cables y el lomo de las aguas
una y otra vez se bambolea entre las blancas rejas.

En San Nicolás he visto a dos muchachos apretarse contra una grúa roja.
El viento soplaba y resoplaba desde el Sur como el chillido de quinientos demonios.
¿Quién me llama? ¿He apagado la luz de la cocina? ¿Qué olvidé entre mis libros?
Y la respuesta no llega como nunca el palmoteo amable de los dioses.
Ella era muy delgada y revolvía sus manos bajo la negra chompa del muchacho.
Mar de San Nicolás, olas de aceite.
Día que me sorprendes muros adentro de Jerusalén y en deuda con mi hermano:
poco aviso fue el semáforo de Delfos. ¡Oh gran remoridimiento!
no acicalé mi casa para el día.
¿Ya rechina la viola de los muertos contra una grúa roja?
Perdóname.
¿Qué polvo de hierro se arremolina en nuestro corazón?
Perdóname.
Los muchachos subieron hasta un bosque de latas y encendieron la luz.
Y la Osa Mayor era brillante y su peludo rabo colgaba desde el cielo.
Perdóname.
Yo andaba por los muelles más informe que una medusa muerta.
Y el viento soplaba y resoplaba sobre ti, nuestro recién nacido:
cáscara de plátano donde pastan las moscas.
Perdóname
Después, aullaron las sirenas de San Juan y Acarí, y a las siete nos hicimos a la mar.

Queda un poco de sol, crujen los cables y el lomo de las aguas
una y otra vez se bambolea entre las blancas rejas.
Ni un pájaro me sobrevuela, Diego mío, y antes que la noche apriete pienso en ti.
Perdóname, perdónala.


Me encontré este poetazo buscando versos sobre Jonás y la ballena para mi novela

 Tomado de revista Otra Parte, marzo 2026

Canto ceremonial contra un oso hormiguero

Antonio Cisneros

LITERATURA IBEROAMERICANA
 

Hay una corriente importante de la poesía del siglo XX que se construye sobre el trabajo de desacralización, incluso de irrisión, de la poesía y de la figura del poeta, conceptos antes escritos casi con mayúsculas. Dentro de esa corriente, la poesía del peruano Cisneros se destaca porque al gesto iconoclasta suma un modo particular del humor. Es un humor que se hila mediante figuras, imágenes y metáforas inesperadas, que surgen de lo cotidiano, incluso de lo devaluado. Son a la vez precisas y un poco exageradas, insólitas pero hacen que uno se pregunte, cómo no lo veía, cómo no se me ocurrió. Y hay también una tristeza de trasfondo que es una tristeza, si se puede llamar así, latinoamericana. El yo que escribe es el de un hombre de origen latino que se ha visto desplazado; vive en el Primer Mundo siempre como extranjero, desclasado, y añora un lugar y un tiempo que tampoco fueron mejores, pero en los que había algo verdadero: la gente, sus comidas, sus costumbres, un paisaje deteriorado pero marcado con las huellas de las vidas que allí transcurren.

Hay poemas que se escriben desde locaciones, entonces, pero también desde una temporalidad específica: no hay dónde ubicarse, entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Perú, entre los sueños juveniles de una sociedad sin clases y su caída por los errores y fracasos de la izquierda. Nómade por circunstancia, el yo poético sobrevuela espacios, tiempos y lecturas, y, a veces socarrón, otras dolido, arma un paisaje imposible de la última mitad del siglo XX. El canto ceremonial para el oso hormiguero es ese tono particular, las cosas serias mezcladas con lo de todos los días, y con el absurdo de cada idea caída. Entre medio la voz recorre citas cultas y populares, imágenes, afectos, y lleva al lector en ese recorrido: risa, ternura, dolor. Como cuando le pide perdón al hijo por haberlo traído al mundo: “Queda un poco de sol, crujen los cables y el lomo de las aguas / una y otra vez se bambolea entre las blancas rejas. / Ni un pájaro me sobrevuela, Diego mío, y antes que la noche apriete pienso en ti. / Perdóname, perdónala”, sin efusividad ni sentimentalismo (y ahí radica su fuerza) o como cuando escribe a un Marx muerto: “Ah el viejo Karl moliendo y derritiendo en la marmita los diversos metales / mientras sus hijos saltaban de las torres de Spiegel a las islas de Times / y su mujer hervía las cebollas y las cosas no iban y después sí y entonces / vino lo de plaza Vendôme y eso de Lenin y el montón de revueltas y entonces / las damas temieron algo más que una mano en las nalgas y los caballeros pudieron sospechar / que la locomotora a vapor ya no era más el rostro de la felicidad universal”. O el poema “In memoriam” que empieza “Yo vi a los manes de mi generación, a los lares, /cantar en ceremonias, alegrarse / cuando Cuba y Fidel y aquel año 60 eran apenas / un animal inferior, invertebrado. Y yo los vi después” para terminar: “Hay un animal noble y hermoso cercado entre ballestas. En la frontera Sur la guerra ha comenzado. La peste, el hambre, en la frontera Norte”.

La voz se ensancha, y se puede escuchar a su través la historia de tantos escritores y no escritores que han tenido que armar un lugar para vivir, pensar y escribir en este nomadismo. Porque ser poeta y ser latinoamericano, parece decir Cisneros, es esa tensión misma. Su carcajada entonces resuena, y desde los versos largos y rítmicos, repercute y sigue sonando, en esta reedición de Nebliplateada, que se ha propuesto hacer circular en el país libros que no se conseguían y que son fundamentales para una cultura poética latinoamericana (la primera edición se hizo en 1968 y ganó el premio de Casa de las Américas). El libro cierra con una muy buena entrevista de Néstor Colón a Cisneros del año 2009.

 

Antonio Cisneros, Canto ceremonial contra un oso hormiguero. Ediciones Nebliplateada, 2025

viernes, 31 de julio de 2026

Ayer en mi primer encuentro con Inspiradas y el club de 3 escritoras canadienses


Hablamos de OSO, de Marian Engel. Hermosa novela y hermoso debate. 72 personas y ninguna dijo que no le haya gustado. Yo sumé idea de novela de aprendizaje o iniciática y referencia a la Mujer Salvaje, la Huesera en Mujeres que corren con los lobos de Clarisa Pínkola Estés. Terminamos con poema de Mary Oliver.





 

"Primavera", de Mary Oliver


En algún lugar

     una osa negra    

        acaba de despertarse

            y contempla


montaña abajo:

    Toda la noche

        en la viva y rasa inquietud

            de la primavera apenas iniciada


Pienso en ella,

    sus cuatro puños negros

        removiendo la grava

            su lengua

como un fuego rojo

    rozando la hierba

        el agua fría.

            Hay un solo tema:


cómo amar este mundo.

    Pienso en ella

        alzándose

            como un reborde laminado y negro

para clavar sus zarpas contra

    el silencio

        de los árboles.

            Sea lo que sea

mi vida

    con sus poemas

        y su música

            y sus ciudades de cristal,


también es esta deslumbrante oscuridad

    que baja

        la montaña,

            respirando y paladeando;


todo el día pienso en ella-

    sus dientes blancos,

        su mutismo,

            su amor perfecto.






Traducción de Diana Bellesi, en contéstame, baila mi danza. Ediciones Salta el Pez.



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martes, 28 de julio de 2026

Y tiemblas al oir que te dicen "¡Cariño!"

 

3 poemas de Joseph Brodsky

3 poemas de Joseph Brodsky

Esta antología demuestra que Joseph Brodsky tuvo la inmensa suerte de ser bilingüe. Porque sus poemas son la prueba de que, gracias a esa diglosia, pudo revitalizar con singular desenvoltura el lenguaje heredado, así como elevar su poesía a una forma particular de metafísica.

En Zenda reproducimos tres piezas de Poemas escogidos (1962-1996), de Joseph Brodsky (Siruela).

***

Cerca de nuestro fuego, aquella noche…

«El cielo oscuro aligeró sus pasos
y no pudo fundirse con la sombra».
Cerca de nuestro fuego, aquella noche,
fue cuando vimos al caballo negro.

No puedo recordar nada tan negro.
Sus patas eran como unos carbones.
Del color de la noche, del vacío.
De la crin a la cola, todo negro.
Pero en su lomo sin montura había
un color negro un poco diferente.
Se quedó inmóvil. Como si durmiese.
Sus oscuras pezuñas asustaban.

Era tan negro que no daba sombra.
Nada había que fuese más oscuro.
Tan negro como espectro a medianoche.
O como el interior de alguna aguja.
Tan negro como el bosque ante nosotros,
o un lugar en el pecho, entre costillas;
hueco en la tierra para la simiente.
Lo negro habita dentro de nosotros.

Sin embargo, ¡sus ojos eran negros!
Los relojes marcaban medianoche.
No dio siquiera un paso hacia nosotros.
En sus ancas, la oscuridad sin fondo.
No se podía distinguir su lomo,
ni un destello de luz por ningún sitio,
solo el brillo azabache de sus ojos
y esas pupilas fijas, tan extrañas.
Era como lo negativo de alguien.

¿Por qué entonces detuvo su carrera
y estuvo con nosotros hasta el alba?
¿Por qué no se apartó de nuestro fuego?
¿Por qué el aire sombrío, enrarecido?
¿Por qué crujieron las oscuras ramas
y una luz negra brotó de sus ojos?

Un jinete buscaba entre nosotros.

[1962]

***

Einem alten Architekten in Rom (II y X)

II

La llovizna pellizca las hojas, los pedruscos,
la cresta de las olas. En su lengua burlona,
va murmurando el río, con peces aturdidos
que miran hacia abajo desde la barandilla
del puente, como si los hubiese arrojado
alguna onda expansiva. (Una marea sin marcas).
En su malla de acero, una carpa reluce.
Los árboles susurran frases en alemán.

X

No importa si una grieta ha comenzado a abrirse
entre tus sentimientos, o si tras la tristeza
lánguida estaba el miedo o un foso de maldad.
Porque en esta era atómica en que las rocas tiemblan
solo podrán salvarse los muros del hogar.

Se funden corazones con esa misma fuerza
que los mantiene unidos a un destino mortal.
Y tiemblas al oír que te dicen «¡Cariño!».

[1964]

***

1 de enero de 1965

 Esta noche los Reyes olvidarán tus señas.
No habrá ninguna estrella que brille sobre ti.
Y tal vez solo puedas escuchar el aullido
ronco de la ventisca, como en los viejos tiempos.
Descargarás la sombra de tus hombros cansados
y apagarás la vela, justo antes de dormir.
Porque este calendario tiene muchas más noches
que velas disponibles.

¿Qué es esto? ¿La tristeza? Quizás sea la tristeza.
Esa vieja canción que sabes de memoria.
Que se va repitiendo. Deja que se repita.
Y déjala que vuelva a suceder de nuevo.
Y que suene también en la hora de la muerte.
Como agradecimiento de los ojos y labios
hacia aquello distante que a veces nos obliga
a entrenar la mirada.

Y contemplando el techo, te quedas en silencio:
el calcetín, colgado, exhibe su vacío.
Entiendes finalmente que tanta mezquindad
es solo garantía de que te has hecho viejo.
Que es demasiado tarde para creer en milagros.
Y al alzar tu mirada hacia el oscuro cielo
de pronto te das cuenta de que hoy el más sincero
regalo eres tú mismo.

[1965

—————————————

Autor: Joseph Brodsky. Título: Poemas escogidos (1962-1996). Traducción: Ernesto Hernández Busto. Editorial: Siruela. Venta: Todostuslibros.

BIO

Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940-Nueva York, 1996) fue procesado por «parasitismo social» en 1964 y condenado a cinco años de trabajos forzados. Gracias a la intercesión de varios intelectuales, cumplió solo una parte de la pena, pero en 1972 acabó expulsado de la Unión Soviética. Tras dos breves estadías en Viena y Londres, se instaló en Estados Unidos, donde impartió clases en varias universidades y obtuvo una nueva nacionalidad en 1977. En 1987 recibió el Premio Nobel de Literatura.

viernes, 3 de julio de 2026

Vallejo por Bogado

 Dice Fernando Bogado en feis:

Luego de muchísimo, muchísimo trabajo, entre el año pasado y este, entre Lima, Belo Horizonte y Buenos Aires, viajando con libros y libros de donde saqué versiones, revisé fuentes, contrasté referencias, en medio de duros meses en donde poco sonreía el Pensar, como diría Marcelo Cohen, por fin salió la edición de la "Poesía completa" de César Vallejo, a cargo del especialista Ricardo González Vigil.


Entre las cosas que sumé, con el permiso de Vigil, fue un Apéndice con fragmentos críticos de especialistas argentinos que algo han dicho sobre Vallejo: Enrique Pezzoni (cuyas clases visité gracias a la gente de SIM apuntes), Delfina Muschietti (de quien escuché por primera vez los conceptos que no me canso de repetir de Iuri Tinianov), Susana Cella, Gustavo Lespada, Alejo López, pero también el amigo poeta y catedrático Paolo de Lima, entre otros. Tuve la falta de pudor de poner parte de un artículo mío referido a una relación poco explorada y apenas mencionada de la poesía de Vallejo con la de Juan Larrea y, sobre todo, su nieto, Vicente Luy. Era obvio que otra forma de remarcar ese vínculo es cerrar el libro con un poema de Vicente.


El libro se está distribuyendo en este momento, habrá presentaciones en diversos lugares que iré comunicando, pero ya está, ya existe, ya es. Gracias Mariano Sverdloff, Soledad Quereilhac y Ediciones Colihue por confiar en que podía con esta aventura.


No dejé de pensar nunca en Vallejo, casi les digo, desde que Panesi lo citara en aquella declaración de su persona como ciudadano ilustre de la Ciudad. Así estuvimos, estamos, en estos días aciagos, fósforo a fósforo, siguiendo. No soy partidario de pensar a la poesía como un reservorio emocional en tiempos crueles: me quedo con el camino de Vallejo hacia "España, aparta de mí este cáliz". La poesía está más cerca de la guerra que del consuelo. 


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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...