miércoles, 4 de marzo de 2026

La esquivaban e insultaban porque se peinaba de otro modo

 Herta Müller. "En tierras bajas"


Las mujeres llevaban consigo a sus hijos pequeños cuando 

salían a trabajar al patio o al huerto, los metían en canastas de 

mimbre, entre mantas, y dejaban las canastas a la sombra de los 

árboles. Arrancaban manojos de hierba de los bancales con raíz y 

terrón incluidos. Tomaban aliento, volvían a escardar y sudaban. 

Ella vivía a la orilla del pueblo. Aquel día estaba en el huerto y 

había dejado al niño en la canasta de mimbre, bajo el árbol. Junto a 

la canasta había una botella de leche. Estaba escardando la hierba del 

bancal de patatas. Olía a sudor. De pronto miró hacia el sol, puso a 

un lado el azadón y se dirigió al árbol. 

La mirada se le vació, la ropa se le pegó a la piel. Se quedó 

paralizada. Levantó bruscamente al niño, sollozó y gritó, y mientras 

se tambaleaba sobre la hierba, la serpiente salió de la canasta 

arrastrándose lenta y perezosa por el suelo, y la mujer encaneció en 

cuestión de segundos. 

En el huerto se quedaron el azadón y la canasta de mimbre 

bajo el árbol. La serpiente se había bebido la leche de la botella. 

El pelo le quedó blanco a la mujer y la gente del pueblo tuvo 

por fin la prueba de que era una bruja. 

Ya sólo hablaban de brujería y no se juntaban con ella. La 

esquivaban e insultaban porque se peinaba de otro modo, porque se 

ataba el pañuelo a la cabeza de otro modo, porque pintaba sus 

puertas y ventanas de modo distinto a como lo hacía la gente del 

pueblo, porque usaba otro tipo de ropa y tenía otros días de fiesta, 

porque nunca barría el empedrado de la calle y en los días de 

matanza bebía como un hombre y por la noche estaba borracha y envez de lavar la vajilla y salar tocino, bailaba sola con su escoba. 

Y al llegar la primavera su marido se puso pálido y

transparente, y un día amaneció tieso y frío en la cama. 

Tuvo que enterrarlo detrás del cementerio, entre los juncos, allí 

donde el agua gorgotea cuando caminas. 

El juncal parecía más alto e impenetrable que nunca aquel 

verano. 


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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...