miércoles, 25 de marzo de 2026

Odio leer en pdf porque no puedo subrayar


El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibureac



"Ya no era un hijo, tampoco ella era una madre. Éramos un mortal asustado y una hechicera que arrastraba a su presa a otro mundo"

Pienso en el dolor narrado con imágenes llenas de violencia, comparaciones dolorosas en referencia a todo, al clima, al paisaje, a la casa, a las acciones más cotidianas. La hijidad y la maternidad descompuestas como un mecanismo incomprensible que, sin embargo, se busca y se busca entender.



Palabras suspendidas en el aire, reverberando, mantenidas en el tiempo, "Como unas gotas de aceite en un vaso de agua". Por intensidades como esta la gente escapa de las conversaciones reales, de las lecturas que te desarman, te desordenan todo lo conocido.



Sueño de niño con las rodillas de la madre.




















 Estoy mirando la crueldad puesta en las comparaciones. Más allá de que se refiera o no a la madre, toda la voz del narrador está cargada de odio, de resentimiento, de una ternura violenta que es violenta porque no puede ser ternura.

En es párrafo que subrayé hay tres comparaciones y las tres toman elementos violentos como alusión, aunque el objeto que se quiere describir no sea violento de por sí. El cielo nublado se compara con un accidente, la lluvia con los golpes de una muchacha, las pestañas con unas pinzas que se clavan en la piel.

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...