Fumo como una boluda, siento la llamada de la adicción y apenas lo prendo ya me duela la garganta, me marea, no lo puedo terminar. Me digo que basta, que es el último, me escondo el paquete y el encendedor. Pero repito, voy de acá para allá, barro el pasillo, lavo la cama de Fido que se meó anoche, junto soretes, saco hojitas secas, ya no sé qué más hacer para aquietarme. Desasosegada.
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