Pero me aguanto. No decir nada, no reclamar, no ponerles en su lugar, no hacerles pelota, no mostrar que recibí sus patadas, sus puñaladas traperas, sus traiciones. No exhibir la herida, no confesar el dolor. Vehiculizar por otro lado, ni siquiera guardar rencor, olvidarles. Eso me sale bastante bien.
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