El bombo, en el taller de murga. Hubiera debido, si quería flashear coherencia y lucir talentos, quedarme en la comisión de letras. Pero carrera de conchudas y sentido de la palabra. No tuve ganas. Mejor llevar el ritmo, de a tres, de a cuatro, de a cinco, en el patio, debajo de la enredadera. Pum, pam... punpun. Pum, pam... punpun. Me encantó.
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