No funciona mucho mi truco de descansar de una lectura en otra. Son dos intensidades dolorosas. Puñaladas, dedos en la llaga.
Ayer decía en el taller de Alan Cabral que propuso la lectura del cuento de Oates "Un libro de mártires" y yo me metí en la novela Un libro de mártires americanos, decía yo que lo que he leído de Oates me parece siempre meterse en medio de grandes debates, temas no resueltos ni personal ni socialmente, en el ojo del huracán, a hacernos escuchar (y entender, pro no decir justificar) las voces que detestamos.
A Dani Zelko también llegué por otro taller, con Adri Kogan. Hay más amor, aunque el dolor es igual de lacerante. Como impotencia, como mucho para pensar en relación con la función de la poesía y les poetas.
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