miércoles, 4 de febrero de 2026

Me enamoré de Klaus y Lucas, de Ágota Kristof

 "Nuestros estudios



Para nuestros estudios, contamos con el diccionario de nuestro padre y la

Biblia que hemos encontrado aquí en casa de la abuela, en el desván.

Damos lecciones de ortografía, de redacción, de lectura, de cálculo

mental, de matemáticas y hacemos ejercicios de me-moria.

Usamos el diccionario para la ortografía, para obtener explicaciones y

también para aprender palabras nuevas, sinónimos y antónimos.

La Biblia nos sirve para la lectura en voz alta, los dictados y los

ejercicios de memoria. Nos aprendemos de memoria, por tanto, páginas

enteras de la Biblia.

Así es una lección de redacción.

Estamos sentados a la mesa de la cocina con nuestras hojas

cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos.

Uno de nosotros dice:

—El título de la redacción es: «La llegada a casa de la abuela».

El otro dice:

—El título de la redacción es: «Nuestros trabajos».

Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema y dos

hojas de papel a nuestra disposición.

Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de

nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del

diccionario, y en la parte baja de la página pone: «bien» o «mal». Si es

«mal», echamos la redacción al fuego e intentamos tratar el mismo tema en

la lección siguiente. Si es «bien», podemos copiar la redacción en el

cuaderno grande.

Para decidir si algo está «bien» o «mal», tenemos una regla muy

sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que

vemos, lo que oímos, lo que hacemos.

Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». ser bonito para nosotros y feo para otras personas.

Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es

verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que

ignoramos. Escribimos, sencillamente: «el ordenanza nos ha dado unas

mantas».

Escribiremos: «comemos muchas nueces» y no: «nos gustan las

nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de

precisión y de objetividad. «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra

madre» no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un

gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.

Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor

evitarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y

de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos."



Página 30-31. Ediciones Del asteroide

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...