Ayer fue el encuentro de Tribu lectora para hablar de la novela de Maggie O 'Farrel. Logré superar mi nagustia, mi negación a compartir nada de esta experiencia con nadie. O quizás no superé mi manía de participar en todo y no pude quedarme callada. Con la voz quebrada y el micrófono inestable "tiré la piedra", en términos de una cumpa, del abandono de Williams hacia su esposa y toda su familia. Claro que me saltaron con el contexto y la época y que "era así" y que la familia ampliada y que cada une duela como puede y que priorizó su talento. Todo sí, pero sigue siendo abandono. Yo no lo juzgo ni lo acuso, entiendo que se muestra cómo Agnes lo perdona, lo justifica, le ayuda a irse, pero eso no quita que sea abandono. Incluso antes de la muerte del hijo ya el padre había dejado la casa para irse a Londres aunque su hija no pudiera ir.
Ayer también dije que pensé en O' Farrel extractando de la obra de teatro del dramaturgo famoso elementos para armar su desconocida vida. Cuánto de Agnes, de Judith, de Susanne hay en Ofelia, cómo todo se amasa en la creación teatral. No lo dije ayer, se me ocurrió recién que en la obra de teatro hay ya un abandono del padre muerto que obliga al hijo a hacerse cargo, a actuar en venganza, a elegir los deseos del otro y dejar los propios para morir a su vez por otros. El Rey obliga a Hamlet a vengarlo, a dudar, a olvidarse de Ofelia. El dramaturgo obliga a su único hijo varón a buscar, como un fantasma, ayuda para su hermana enferma, a hacerse cargo de la peste, a tomar la muerte sobre sí mismo. Desviaciones del mismo dolor.
¿Los materiales vitales para el Claudio traidor salieron del abuelo? ¿No encontró O'Farrel ningún elemento del hermano asesino en la familia que le imaginó a Shakespeare?
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