sábado, 31 de enero de 2015

Leda y el patito feo


A nadie sorprendió que terminaran en el lecho Leda y el patito feo.

Estados de la cuestión


Ayer fui hasta la cocina, lavé los platos, abrí mi heladera, armé las empanadas y fui feliz.


Mi señor es el mejor de los mejores: No sé de dónde saca paciencia, ni yo me soporto tanto como él.


Ayer también puse el lavarropas. Pero colgó mijita.


Anoche, 23 hs, entre curación de herida y mi señor que salía dela ducha, terminé de leer Glosa, de SAer. Hoy, que el mundo es diferente después de esa novela, empiezo Cicatrices que me regaló Silvana Albertina Oyarzabal


Fui a poner a lavar la ropa rodando en mi silla de escritorio. Y me quedé leyendo un poema de Saer al lado de WEnceslao, mi lavarropa fiel.


Estoy tan al pedo que me saqué todos los pelos de la pierna derecha con la pincita de depilar. Cejas, bozo y axilas a cargo de Andrea Distefano Distefano a domicilio. ¡GRAAAAAAACIAS!!!!! Seré renga pero no peluda.


Esto es la mejor excusa para andar todo el día en patas, en bombacha y no bañarme.

Confusión

Dentro y fuera del rebaño

El mar inquieto

No existen las mareas, es el mar que se mueve, inquieto, soñando sirenas.
/imagen via Elsa Vázquez

Me agarran unas olas tremendas de amor amor amor amor

Amor, Saer y Wenceslao

Hoy amanecí de muy buen humor: anoche mi señor y yo estuvimos jugando a cosas lindas (sin forro no hay cajeta pero hay creatividad) y él se quedó dormido a las 6 y salió corriendo a las 7 mientras me dejaba un vaso de agua y un durazno para tomar el antibiótico. Me volví a despertar a las 10 y Rafa me trajo la bandeja con el mate y después me levanté al baño y me fui en silla con rueditas de escritorio hasta la cocina. Puse a andar a Wenceslao, pensé cuánto amo mi casa y mi familia y cómo se hace patente ese amor en los gestos rutinarios, en el elegir qué ropa lavar con cuál, por ejemplo.
SEntadita junto a mi amigo blanco y con programa de lavado intenso, descubrí que tengo más títulos de Saer (de quien acabo de terminar Glosa y empiezo Cicatrices) de los que creía. Pensé en traerme los 5 libros para la pieza pero decidí dejar que alguien me los alcanzara para hacer ostentación de cuánto y cómo conozco mis nobibliotecas, je. No resistí la tentación de El arte de narrar, el libro de poemas de Saer. Ahí no más me leí este poema:







LO QUE CANTAN LAS SIRENAS




JUAN JOSÉ SAER






El país natal
es como el pozo púrpura entre muslos de oro
del que la barba vuelve humedecida. Y ese otro
vicio, el de los viajes, cabalgar
un animal de madera que se sacude
siempre en el mismo punto. Somos
la oscuridad esmeralda, fría y sin ruido,
y cantamos la derrota: no hay vendas
tan hondas que protejan los ojos
de este nuestro tumulto de luz. El coro
llameante boya y recuerda
el desierto de las ciudades, la agonía
de estar sentado y esperar, agregando horas a la noche,
la mañana imposible,
las manos que no aferran nada,
la discordia perpetua del llano y la geometría,
los pájaros que vienen como piedras a morir.
Al trayecto que ya pasó se lo come la niebla
y el pozo del deseo está seco para regar lo que falta.
No están aquí porque llegaron
ni porque busquen ningún lugar
y hay un lugar más grande
en el que están y no saben.
Somos la espuma que murmura, dorada, del abismo mudo.
Nuestra canción canta lo mismo en los oídos que no nos oyen,
nuestros rayos relumbran en los ojos que no nos ven:
años enteros de furia lenta
trabajando contra el momento del amor
y esta no es todavía ni la mitad
del camino.

El verano enterrado entre hojaspodridas

MOTIVOS




JUAN JOSÉ SAER



Gotas frías en hojas grises
y el viento con acero de mayo.
Con minucia, el otoño
perfora el corazón
del verano enterrado entre las hojas podridas.
En la reunión del fin y del comienzo
¿quién verá en ese ramo de otoños y veranos
la caída del agua, la tensa vibración
de la hoja, para decir después su resplandor
con qué palabra?
Clara madera en que la luz festeja
con destellos veloces la limpia destrucción.
El olor del café, denso como un abrazo,
en la casa quemada de amor,
roza al pato salvaje y a los duros limones
muertos en el fogón.
El que ve en las mañanas de mayo corromper
el otoño las uvas finales
tiembla y vacila.

viernes, 30 de enero de 2015

Sino en la eternidad del tiempo

A cada cual su isla




(La isla del tesoro, René Magritte)




No está sumergida
en un océano de agua
sino en la eternidad del tiempo
ya sin eras
del tiempo que se niega a ser
o a dejar de ser

—el tiempo sólo idéntico a sí mismo—

Perdida en el mar
no descubierto todavía:
el mar selene

Ni desierta ni habitada.
Ni populosa ni solitaria

Tiene palomas como plantas
cuyas raíces no pueden volar

Se eleva en el Imaginario
como un Dios temido
y deseado.





(Las musas inquietantes) 1999
Cristina Peri Rossi

Yo lo pedí ¿y ahora qué hago?

De repente tiro mucho de la cuerda, abuso de su paciencia, me encapricho, me enloquezco, lo acuso, le cambio de humor sobre el pecho, en plena cara, descaradamente. Y pienso que no va a resistir, que ahora huye, que ya me deja.
Pero él está, acaba de estar. Y sonreía.
Toda la vida pedí esto, no sé por qué me resulta tan extraño conseguirlo, merecerlo.

Siempre es para huir que cerramos una puerta

Orillas



Afuera ladra un perro
a una sombra, a su eco
o a la luna
para hacer menos cruel la distancia.

Siempre es para huir que cerramos
una puerta,
es desierto la desnudez que no es promesa
la lejanía
de estar cerca sin tocarse
como bordes de la misma herida.

Adentro no cabe adentro,
no son mis ojos
los que pueden mirarme a los ojos,
son siempre los labios de otro
los que me anuncian mi nombre.



Hugo Mujica

Contar la esclavitud


Dice en feis Márgara Averbach
Bueno, vi Doce años de esclavitud, en el cable, claro. Me indignó, así como la de Tarantino me fascinó y me pareció fabulosa en muchos sentidos. No comento la relación de la película con el libro que la inspiró, digamos, una "slave narrative" de alguien secuestrado en el Norte que era negro libre hasta ese momento. El mismo principio que hoy la trata de personas. La película está bien trabajada, en general, incluso Benedict Cumberbatch (que me encanta) como "amo bueno" y Fassbender (otro que me gusta) como "amo malo"... Pero es indignante: hay una visión de la docilidad como la forma de sobrevivir y de los grupos de esclavos como nada organizados ni rebeldes que se parece peligrosamente a la visión de la esclavitud que según Howard Zinn y otros es la "oficial"..., la que siempre se quiso imponer. La forma de defenderse del protagonista es solamente individual: yo estoy aquí injustamente (porque era libre, o sea ¿los demás no están aquí injustamente porque sí son esclavos?, digo yo), tengo que demostrarlo y cuando lo demuestre, gané... La única protesta contra la "Justicia" que lo arregla todo está en los carteles del final, donde se dice que aunque el protagonista (sorry, no me acuerdo los nombres) no pudo nunca meter en la cárcel a sus secuestradores, la justicia no lo permitió. ¡¡Y, gran cosa, ayudó al Tren Subterráneo!! Pero es la única mención de las muchas resistencias de los esclavos que nunca se hacían públicas. Ninguna otra. Alguna charla con alguna mujer que llora como resistencia y consigue que la vendan, claro... La historia de Patsy, la torturada "preferida" del "amo malo" es terrible y está en todas las "slave narratives" que leí... ¿Ella cómo va a zafar de lo que le pasa? ¿No era mejor aceptar matarla, como ella le pide? En fin..., si se va a contar la esclavitud tiene que haber algo de visión un poco más amplia. No me sorprende que haya ganado el Oscar. Para nada.

Cosas indestructibles


10 horas · 

“Hay cosas indestructibles que acompañan el cuerpo hasta la muerte como si hubieran nacido con él. Y una de esas es lo que surge entre un hombre y una mujer que viven juntos ciertos momentos.”
―Clarice Lispector

La animalidad no naturaliza sino que politiza

LITERATURA ARGENTINA

Las chanchas

Félix Bruzzone
Luciana Olmedo-Wehitt

“Es una tarde cualquiera en el Planeta Marte”: con esta frase Félix Bruzzone comienza Las chanchas, su nueva novela. Marte es una excusa. La misma que utilizó Alain Resnais en Toute la mémoire du monde, un cortometraje filmado en 1956 en el cual, siguiendo el recorrido de una guía de viaje inexistente titulada Mars, el director francés mostraba cómo se clasifica, se archiva, se preserva y se accede a la memoria. ¿Cómo clasificar una invención? ¿Cómo construir memoria desde el futuro?
Valiéndose de tres voces narrativas —Andy, Mara y Romina— a partir de las cuales se estructura la novela, Bruzzone no sólo ficcionaliza la propia experiencia —sus padres son desaparecidos— sino que la invierte —aquí las desaparecidas son hijas de alguien—, intensificando el desvío de un tema que recorre toda su producción. Andy —un amo de casa y cantante amateur— teme ser sorprendido por Romina, su mujer, en una escena de infidelidad con dos chicas —Lara y Mara— que le han pedido ayuda por creerse potenciales víctimas de un secuestro y a quienes ha ocultado en la sala donde ensaya karaoke. A partir del momento en que los protagonistas entran en contacto, es como si un zumbido parasitara sus razonamientos. La crónica de Andy, el cuaderno de apuntes y dibujos de Mara y el epílogo de Romina expanden la ficción del secuestro con más ficción, parodiándolo. Lo que se secuestra en la novela de Bruzzone es la lógica de representación.
A eso también contribuyen la humanización de los animales y la animalización de los humanos que recorren el texto: Andy es un hombre mitad oveja, mitad planta; Mara es a un tiempo chancha y oso polar; y Romina tiene el olfato de un perro y es mitad hiena asustada, mitad jirafa boba. La voz del cuerpo domina la voz de la conciencia en todos ellos: “En el camino de vuelta hablamos de lo que debe hacerse o lograrse en la vida, y de lo bueno que es este lugar, donde nadie se preocupa, y que viviendo así parecemos animales, y somos felices”. Incluso Romina —personaje nacido en Los topos (2008)que encarna durante gran parte de la trama la voz de la razón reclamando justicia por las secuestradas de formas más y menos convencionales, termina cediendo ante la lógica que reina en el texto. Por otra parte, Roberto, ese conejo blanco, inteligente y educado que viene del país de las maravillas y se ha convertido en el mejor amigo del hijo de Andy, encarna la esperanza capaz de dar ánimo a este mundo agotado; es la utopía del regreso a un origen de presocialización y prelenguaje que, por irrecuperable, sólo puede existir en una ficción.
¿Cómo construir memoria desde el futuro? Autorizando a la imaginación a permear los recuerdos, Bruzzone excava con la ayuda de sus marcianos hasta llegar a los restos de una nuda vida donde la inscripción de la animalidad no naturaliza sino que politiza, y obliga así a una relectura de estas formas de vida.

Félix Bruzzone, Las chanchasLiteratura Random House, 2014, 224 págs.


Tomado de Revista Otra parte

Los quiero todos!!!!!

Noticia

29 de enero de 2015

"Leer es Futuro": 21 libros de nueva narrativa, ilustrados por jóvenes dibujantes

Descargalos gratis aquí o buscalos en las distintas actividades culturales que realiza el Ministerio en todo el país.
"Leer es Futuro": 21 libros de nueva narrativa, ilustrados por jóvenes dibujantes
El Ministerio de Cultura de la Nación lanza “Leer es Futuro”, la colección de narrativa integrada por 21 libros con cuentos de 18 escritores noveles, ilustrados por jóvenes dibujantes, con el objetivo de difundir sus obras, fomentar la lectura y federalizar la palabra.
Los libros se distribuyen de forma gratuita en las diferentes actividades culturales que realiza el Ministerio en todo el país y también pueden descargarse, gratis, aquí.
  • "Un sentimiento suspendido en el tiempo", de Alejandra Zina. Ilustrado por Lula Urondo (Leer en línea | Descargar)
  • "Relativo a la eternidad de los instantes", de Martín Cantalupi. Ilustrado por Ernan Cirianni (Leer en línea | Descargar)
  • "Cómo meter un perro en una valija", de Laura Cedeira. Ilustrado por Juana Neumann (Leer en línea | Descargar)

Además, se distribuyen en forma gratuita "Cuentos", de Miguel Briante (ilustrado por Pedro Mancini) y "Las acrobacias del pez", de Pía Bouzas (ilustrado por Pol Corona).

Juan Diego Incardona, Leonardo Oyola, Hernán Vanoli, Pía Bouzas, Alejandra Zina, Esteban Castromán, Martían Zariello, Cezary Novek y Fabio Martínez son algunos de los autores de Córdoba, Salta, Entre Ríos, Santa Fe, Mar del Plata y Ciudad de Buenos Aires, entre otros puntos del país, que fueron convocados tomando en cuenta el contexto federal.
Los escritores elegidos -algunos publicados, otros no- trabajan para difundir y federalizar la literatura desde ciclos literarios, sellos editoriales, programas de radio, revistas, reseñas de prensa y redes sociales.
Los ilustradores participantes son jóvenes y talentosos dibujantes interesados en mostrar su trabajo. Nicolás Moguilevsky, Ezequiel García, Otto Zaizer, Ariel López V. y Daniela Kantor son algunos de los artistas que interpretaron las diversas miradas y los universos de los narradores para realizar el arte de tapa de cada libro.
La serie también incluye trabajos de Haroldo Conti, Miguel Briante y Roberto Arlt, padrinos de la colección por su compromiso social y su calidad literaria; y tres volúmenes de literatura infantil.
De este modo, el Ministerio de Cultura de la Nación continúa la tarea de promover las voces actuales de la narrativa nacional entre los argentinos ávidos de nuevas lecturas. Además, busca jerarquizar el trabajo del escritor acercando sus creaciones a un público más amplio.


Todo deseo es nuevo y no deseamos sino el momento falaz


MARCEL SCHWOB: de EL LIBRO DE MONELLE

...Los hombres buscan su alegría en el recuerdo y resisten a la existencia y se enorgullecen de la verdad del mundo, que ya no es verdadera puesto que se ha convertido en verdad.
Les aflige la muerte, la cual, sin embargo, no es sino la imagen de su ciencia y de sus leyes inmutables; les desconsuela haber escogido mal en el porvenir, que ellos han calculado de acuerdo a verdades viejas y en el que escogen según deseos viejos.
Para nosotros, todo deseo es nuevo y no deseamos sino el momento falaz: todo recuerdo es verdadero y nosotros hemos renunciado a conocer la verdad.
Y consideramos el trabajo como algo funesto, puesto que detiene nuestra vida y la hace semejante a sí misma.
Y todo hábito nos es pernicioso, pues nos impide ofrecernos íntegramente a las mentiras nuevas....

(en “El libro de Monelle”, Argonauta, Buenos Aires, 1974. Trad. de Teba Bronstein. La imagen, de Cornelia Hediger)

jueves, 29 de enero de 2015

Si la tecnología es una droga, ¿cuáles son entonces sus efectos secundarios?

:: LECTURAS ::


El espejo negro y el diablo



28-01-2015 |


Si la realidad es lo que perciben los sentidos, ¿qué sucederá cuando le demos a la tecnología el permiso para alterarlos?


Por Luciano Lamberti.
Entre las maestras que formaron mi verde cabecita en una escuela pública de la ciudad de San Francisco recuerdo a una en particular: se llamaba Marta, venía del profundo campo y en una de esas mañanas heladas y aburridas de principios de junio, entre un esqueleto y un planisferio colgado en la pared, nos enseñó a ver al diablo. Teníamos que estar solos en casa, encender una vela frente a un espejo y esperar mirando fijamente la oscuridad detrás nuestro hasta que sucedía. ¿Qué pasaba? Algo empezaba a moverse, unos ojos reptilianos parpadeaban sobre nuestros hombros, una mano nos hacía cosquillas en el cuello.
Años después me hago fan de una serie cuyo nombre remite a ese experimento diabólico y a una tradición bastante larga de alquimistas desenfrenados. Black Mirror, se llama, y es probablemente una de las mejores, al nivel de Los Sopranos o The Wire. Ya los veo refunfuñar, fanáticos, los veo atorarse con el café con leche ante tamaña comparación, y debo decirles que no me importa. Sobre todo porque Black Mirror es a) Una serie de ciencia ficción, o por lo menos con un elemento de ciencia ficción y b) a diferencia de las otras, está compuesta por unitarios, tres por temporada, algunos mejores otros geniales. Con esas limitaciones, los directores crean perfectos cuentos de hadas contemporáneos, pequeñas parábolas morales sobre nuestra vidas híperconectadas que ninguna serie puede alcanzar ni de cerca.
Cada uno de los capítulos plantea un futuro posible, una derivación potencial de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Pero es ese elemento el que cambia con respecto a nuestra realidad. No hay autos voladores ni grandes despliegues técnicos. Es una clase de ciencia ficción madura, centrada (como todo lo que vale la pena) más en los personajes y sus emociones que en la explicación técnica de tal o cual artilugio.
Hay un artista conceptual que obliga al Primer Ministro de Inglaterra a tener relaciones sexuales con un chancho. Hay un hardware instalado debajo de la oreja que permite registrar la memoria de lo que ves y proyectarla en una pantalla. Hay una chica que pierde al novio y lo reemplaza por un androide, que ha tomado su forma y su carácter de las redes sociales que frecuentaban.
Lo que problematizan los capítulos es la realidad creada por internet, o como esa realidad afecta nuestras emociones. La forma en que los dispositivos ya son –casi, casi– parte de nuestros cuerpos, y la pregunta sobre qué pasará cuando los incorporemos definitivamente. Si la realidad es lo que perciben los sentidos, ¿qué sucederá cuando le demos a la tecnología el permiso para alterarlos? ¿Hasta donde sabemos que no han sido alterados sin que nos demos cuenta? ¿Podemos vivir en las redes sociales? ¿No constituyen, ya, una realidad paralela en la que nos sumergimos durante más tiempo del que nos gustaría?
Estas preguntas confluyen la serie, pero no de un modo intelectual, si no desde las propias experiencias de los personajes, que son (al modo inglés) comunes y corrientes. Su creador, Charlie Brooker, declaró que “si la tecnología es una droga, ¿cuáles son entonces sus efectos secundarios?” como la cuestión disparadora de los capítulos. ¿Cuánto tenemos que esperar para que nazca una asociación de Adictos Anónimos al Facebook, con su histeria permanente y su permanente historia de parejas rotas? Leo que una chica se traga su celular para que su novio no lea los mensajes, no sé si es verdad o mentira, pero me gusta y me sirve. Toda esta cuestión está bien ilustrada y pensada en el libro “Las redes sociales” de Sebastián Robles, recientemente editado por Momofuku, que plantea un poco borgeanamente la posibilidad de redes sociales alternativas, muy creíbles porque están a un paso de nacer. Una para los que buscan el algoritmo de la pareja perfecta, otra para los que están a punto de morir, una tercera “para escritores realistas”. El mundo de Robles es otro y es el nuestro, a la vez.
A pesar de ser negro, el espejo de Black Mirror nos refleja como somos. Es, en cierto sentido, más realista que la propia realidad. El futuro llegó hace rato pero de un modo más tenebroso y sutil del que muchos escritores del sci fi imaginaron en los 50. Al final de “Un hombre enamorado” del noruego Karl Ove Knausgård, éste se plantea la necesidad de dejar atrás la ficción y escribir sobre lo que “realmente” le sucedió. La ficción ya no le sirve para decir lo que debe y recurre entonces a la autobiografía, a la primera persona, a descular el corazón del asunto sin callarse nada. La moda de las biografías, de los libros que hablan de una supuesta realidad, no es otra cosa que la respuesta de la narrativa a la extraña época en la que nos tocó vivir. Por eso el libro de Jorge Rial vende tanto, compruebo, mientras una mano helada me estruja mi verde corazón, quizás la del diablo que mi maestra me enseñó a ver en un espejo oscuro.



Tomado del blog de Eterna Cadencia

Como pequeñas semillas

El germen de la risa y del horror

Cuentos. “Ni puedo ni quiero” prueba la bella excentricidad de una autora poco conocida aquí, primera esposa de Paul Auster.

POR VIRGINIA COSIN


Qué es? ¿Un libro de cuentos? ¿Un libro, acaso? ¿O una pieza de arte contemporáneo con forma de libro? ¿Un cuaderno de apuntes? ¿Los descartes de una novela? ¿Un error? ¿Un acierto total? ¿Un disparate? ¿Una genialidad?
Remitámonos al título: Ni puedo ni quiero . De ahí en más, sabemos que no podemos pedir nada. Sólo sentarnos y leer, devorar y ser devorados por este extraño engendro que, como las criaturas mitológicas, muta, tiene el cuerpo de un animal y la cabeza de otro, posee extraños poderes.
Ni puedo ni quiero es el primer volumen de cuentos (para llamar de algún modo a este conjunto de textos, y para eludir una palabra tan antipática como “inclasificable”) de la escritora estadounidense Lydia Davis (Massachusetts, 1947), que se publica en una editorial argentina (Eterna Cadencia) y el que le sigue a sus Relatos completos , de 2009, que compilaba sus cuatro libros anteriores. Desde su aparición, los relatos de Lydia Davis produjeron un pequeño sismo en los círculos literarios de su país, y el temblor se fue extendiendo hacia otras superficies hasta llegar a lectores de Europa y Latinoamérica. El murmullo fue creciendo a partir del boca a boca y, recién ahora –después de que, en 2013, le otorgaron el Man Booker International Prize–, empieza a extenderse hacia un público más amplio. Antes, se decía, era “una escritora de escritores”. Como una delicatesen . Caviar.
Pero la excentricidad de Lydia Davis, su exquisitez, radica, precisamente, en la absoluta puerilidad de los asuntos que componen sus textos. Todo es susceptible de ser analizado, diseccionado, triturado y vuelto a ensamblar en operaciones mentales que se corresponden, a su vez, con diferentes formatos: cartas, notas tomadas durante una conversación telefónica, apuntes para la preparación de un curso, disquisiciones durante un viaje corto en tren, argumentos para cuentos o novelas, listas de cosas que haría o no haría o tendría que leer pero no querría leer, anotaciones de sueños y etc, etc. Todo eso que durante un día común y corriente a cualquiera se le ocurre y se le escurre, todas esas imágenes que pueblan nuestras mentes y no anidan en ninguna parte, ese fluido disperso, es coagulado por la pluma de Lydia Davis, puesto en palabras.
El efecto que producen estos textos es el de estar escuchando la voz de alguien que lee nuestro inconsciente.
Cuenta Davis, en una entrevista, que el hito fundante de su estilo radica en el descubrimiento de un poeta estadounidense, contemporáneo a ella, que leyó en una época en la que intentaba escribir historias bajo la sombra de sus héroes literarios: Beckett, Kafka, Flaubert. Ella y su por entonces marido, el escritor Paul Auster, vivían y trabajaban en el sur de Francia. Mientras él empezaba a perfilar su estilo, escribiendo regular y metódicamente, a ella se le escapaba su propia voz en la frustrante tarea de cumplir expectativas, de escribir lo que se suponía que había que escribir, del modo correcto.
El poeta se llamaba Edson Russel y sus brevísimas narraciones, como las de Lydia Davis, son objetos incompletos, extraños, como pequeñas semillas que en su interior contienen el germen de la risa y del horror, en igual medida.

Me gustan los venenos más lentos, las bebidas más amargas, las drogas más potentes, las ideas más insanas, los pensamientos más complejos, los sentimientos más fuertes


Ya escondí un amor por miedo de perderlo. Ya perdí un amor por esconderlo. Ya me aseguré en las manos de alguien por miedo. Ya he sentido tanto miedo, hasta elpunto de no sentir mis manos. Ya expulsé a personas que amaba de mi vida, ya me arrepentí por eso. Ya pasé noches llorando hasta quedarme dormida. Ya me fui a dormir tan feliz, hasta el punto de no poder cerrar los ojos. Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que ellos no existen. Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.
Ya pasé horas frente al espejo tratando de descubrir quién soy. Ya tuve tanta certeza de mí, hasta el punto de querer desaparecer. Ya mentí y me arrepentí después. Ya dije la verdad y también me arrepentí. Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar en silencio en un rincón. Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír. Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían. Ya tuve ataques de risa cuando no debía. Ya rompí platos, vasos y jarrones, de rabia. Ya extrañé mucho a alguien, pero nunca se lo dije.
Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar. Muchas veces dejé de decir lo que pienso para agradar a unos, otras veces hablé lo que no pensaba para molestar a otros. Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros. Ya conté chistes y más chistes sin gracia, sólo para ver a un amigo feliz. Ya inventé historias con finales felices para dar esperanza a quien la necesitaba. Ya soñé de más, hasta el punto de confundir la realidad. Ya tuve miedo de lo oscuro, hoy en lo oscuro me encuentro, me agacho, me quedo ahí.
Ya me caí muchas veces pensando que no me levantaría, ya me levanté muchas veces pensando que no me caería más.Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería. Ya corrí detrás de un carro, por llevarse lejos a quien amaba. Ya he llamado a mi madre en el medio de la noche, huyendo de una pesadilla. Pero ella no apareció y fue una pesadilla peor todavía. Ya llamé a personas cercanas de "amigos" y descubrí que no lo eran... a algunas personas nunca necesité llamarlas de ninguna manera y siempre fueron y serán especiales para mí...
No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre. No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón! No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente! No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!
Me gustan los venenos más lentos, las bebidas más amargas, las drogas más potentes, las ideas más insanas, los pensamientos más complejos, los sentimientos más fuertes. Tengo un apetito voraz y los delirios más locos. Pueden hasta empujarme de un risco y yo voy a decir: "Qué más da? Me encanta volar!"
Clarice Lispector

Ayer fui a control y me deprimí un poco

A veces me pinta el bajón, pienso en que no puedo ir a hacer los mandados, ni subir a un bondi, ni manejar. Después se me pasa, me digo que para qué me hago la deportista si las cosas que más me gustan en la vida se hacen sentada o acostada.



Dice el tordo que me deje de joder, que lo mío no es para bota ni media bota, que piense en no apoyar el pie por 3 o 4 meses.



Mercado del usado para postrados: Entrego chata como nueva (un solo meo de pánico la primera noche en casa). Recibo andador, muleta, bastón o elfo doméstico que me ayude a saltar en un pie.



Sería bueno , en estos momentos, tener un elfo doméstico. Juro que le regalaría un calcetín apenas pudiera caminar sola.

Magda norteña

Ya volvió. Tan feliz, tan entusiasta, tan llena de aventuras, tan contagiosa, tan reparadora, tan para sentirme tan tan orgullosa.

martes, 27 de enero de 2015

Lunares y pecas


Necesidades básicas

Mear, cagar, comer, coger. Todo con la pata en alto. Soy divina como flamenco.


La Sil es una genia

No sólo me banca todos los días desde que somos amigas sino que estuvo en la puerta de quirófano con Gus y Ju y viene a casa a cocinarme y mimarme con tanto entusiasmo que ni culpa me da. Hoy también nos tocó lavado de peluca y limpieza de cutis en la reposera y a manguerazo limpio.

Es nesario, Sambucetti

Volver a erotizar el cuerpo para purgarlo del dolor.

¡¡¡¡¡Sí!!!!! Anoche cogimos.

Como extraño a los elefantes cuando vuelvo del zoológico

Estimado Ezequiel, Hombre del Fernet:
Perdón por no haber ido a tu cumpleaños. Hacía mucho calor. Todos tus amigos iban a usar mucho la pileta que yo acababa de limpiar y no quería ver cómo la destrozaban con sus saltos espásticos, su crema solar y sus orines. Cumpliste 35 años. Nada. Igual te digo: pareces mucho más grande, un señor. ¿Trabajar en Sprayette te hizo de goma o tuviste una historia muy destructiva? Yo le apuesto a Sprayette. Conozco a muchos con historias horrendas que llegan a los 40 y todavía parecen niños. Te cuento: hoy fui otra vez a tu pileta y como vos no estabas me atendió tu tía. Una divina, la vieja. Me dijo: "Hoy no está Ezequiel pero el fernet te lo hace él", y me señalo a tu amigo de la moto. El tipo estaba en cuero. ¿Le viste el tatuaje de la morsa? ¿Qué hace ahí una morsa, rodeada de esa boa gigante y esas letras chinas? Me trajo un fernetazo. Enorme. Menos mal que me lo hizo liviano porque si no ahora en vez de escribir esto le estaba dando un beso en la boca a tu tía. Me asusta pensar en eso, pero puede pasar. Otra cosa: me dijo tu tía que el sábado ya se van, que vuelven los dueños. Bueno, quiero que sepas que nada va a ser lo mismo sin vos. Nada. Te voy a extrañar como extraño a los elefantes cuando vuelvo del zoológico. Tu tía me dijo que el jueves limpie la pileta otra vez. Espero que estés. Me gustaría despedirme. Darte un abrazo enérgico, electrizado, que dure hasta el año que viene, si es que el año que viene volvés, y si no, que dure para siempre. Si volvés, eso sí, seguí trayendo fernet. No te olvides de mí. Vos sos mi Hombre del Fernet, pero yo también soy tu Hombre del Fernet.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...