Leo a Úrsula K. Le Guin. Una de sus novelas, La rueda celeste, de 1971, y me vuelve la Paulita de los 80, la que la descubrió a los 16 años, la que ha estado en ese universo leguineano toda la vida, la que puede volver a pensarse en Terramar, en el multiverso onírico, al lado de personas personajes para quienes lo importante es narrar y vivir la dignidad, la integridad, la entereza.
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