martes, 19 de mayo de 2026

Durazno reverdeciente, de Dalia Rosetti

 Lo empecé con prejuicios: contra la literatura de los 90 y su reviente superadito, contra las literaturas del yo egocentradas y recurrentes, contra "todo lo que está bien" en el buen humor torta o cuir.

A pesar de todo eso disfruté bastante la nouvelle. Al principio me pareció hueca, rápida, liviana (defectos para mí en la literatura), banal, mal escrita. En el medio me empezó a entusiasmar, casi a calentar con la inestabilidad del ser la vieja de lengua, la solterona, la ni hetero ni torta, la de los gatos, la que quiere matar a alguien y mata a la planta que le regalo la amiga.

Después, hacia el final enloquecido, me acordé de Aira y de Bruzzone y, aunque esa narración que narra tanto y tan velozmente, tan desquiciada, tan sacada de sus goznes y girando como loca, no es de mis preferidas, la nouvelle me gustó. El diario de la vieja superada pasó a convertirse en otra cosa, autopercibiendose o no, casi autopercibiéndose en esa pendiente hacia arriba, abajo, a los costados, con pelo sin pelo con extensiones, metarreflexivamente.

Sí, buen desenlace.

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...