Para construir hay que conversar. 

No le hemos dado la importancia que se merecen “las conversaciones incómodas”
.

Nos enfrentan con verdades que preferiríamos evitar, nos obligan a salir de nuestra zona de confort y nos desafían a crecer. Son el puente entre el conflicto y la comprensión, entre la ignorancia y el aprendizaje.
Evadir estos diálogos puede dar una falsa sensación de paz, pero a largo plazo solo acumula tensiones no resueltas. En cambio, afrontarlos con honestidad y respeto fortalece nuestras relaciones, nos ayuda a entender diferentes perspectivas y nos permite evolucionar como personas.
Ilustración de 72 kilos
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