Sisi, parece que mi inconciente anda queriendo mandarme mensajes claritos claritos. O me conciente se está avivando y recibe mejor.
Sucedió en España, creo, o en algún lugar extranjero, hermoso, donde las gotas de lluvia caían de una manera especial: enormes, pesadas, visibles como en los dibujitos animados. Y yo estaba con un grupo de gente hermosa, que me hacía sentir parte y única, extranjera y bienevenida, recién conocida y ya amada. Veo a uno (pelo negro, cara afilada tipo el Quijote, joven, con barba, pícaro) que era mi amigo y me hacía bromas y decir cosas pícaras. Y veo a mi nuevo enamorado (más rubión, fuerte tipo gordito, no musculoso pero me viene a la cabeza mi bisonte). Me miraba tan hermoso. Me sonreía. No estábamos juntes todavía, pero les dos sabíamos y lo disfrutábamos, era la etapa previa de ronroneo, la que suelo decir que detesto cuando es levante y pavoneo. Esto era amor con los ojos.
Había en él un gesto de posesión que nunca he sentido de parte de nadie hacia mí pero conozco y deseo. Un gesto de orgullo, de alegría de que yo esté con él, de felicidad por ser yo con él. Un encanto.
Estabamos con un grupo más grande en un club o facultad o hostel o camping. El amigo quijotesco me decía que por favor le dijera a su hermana que en mi boca entraba lo que él tenía en la mano. Yo no sabía a qué se refería pero le decía que le hacía la gauchada de decir que sí para apoyarlo. Que yo era la mayor de cinco hermanes y sabía cómo era eso con les hermanes (??). Escena siguiente, viene mi amiga real, Cristina, que resulta que era la hermana en cuestión y me pregunta cómo es posible que me meta en la boca toda esa poronga, que el hermano le mostró un dildo de ese tamaño y le parecía imposible. Y me hace un gesto de petera y me dice que les enseñe, que ella nunca pudo, toda angustiada porque el tipo con el que estaba le exigía y ella no sabía cómo. Ahí yo veía a mi hermana real, no sé por qué conectaba con ella y sus deseos de complacer machitos nabos. Yo me mandaba toda una teorización sobre el sexo como experimentación y que ninguna poronga ni boca ni encuentro era igual a otro y que si ella no tenía ganas de jugar a eso no lo hiciera.
Toda la gente de este sueño era joven, tipo 20 pico, 30, yo no me veía a mí misma físicamente pero me sentía como hoy pero joven igual que elles. Después había una parte en que mi enamorado pasaba por delante mío y me rozaba apenas el brazo para sentarse en una banqueta al lado mío y enfrente de otro tipo que me estaba hablando, marcando territorio y pertenencia pero con una dulzura y una complicidad conmigo que creía que no era posible.
No sé si después o entre esas escenas venía la parte de la lluvia. Salíamos todes como a un bosque, como de cuentos de hadas, soleado, con árboles altos y senderos de hojas y una explanada que me hace pensar en Barcelona, en la Sagrada Familia (uy, acabo de conectar con mi deseo eterno de familia cisne). Corríamos primero a ver la lluvia y después adentro a seguir charlando.
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