domingo, 1 de febrero de 2026
Cuidar un jardín y escribir
Dice Mauricio Kartun en feis:
Pocas cosas me hacen reír en soledad. Se ve que es rito social, porque sin gente me sale poco. Pero de entre las escasas hay tres que no me fallan: unos videítos de Capussoto, la aparición de alguna imagen suculenta mientras estoy escribiendo. Y la de la primera flor de alguna planta del jardín. Una alegría radiante. Y me río solo como los locos.
Yo soy tirando a agnóstico, pero mi mujer, que es más de fe, suele hablarme del concepto de la gracia, la manifestación de lo sagrado. Se ve que el humor, la poesía y las plantas son el módico altarcito que venero.
"Para ser feliz un rato, emborracharse. Para ser feliz una semana, hacer un viaje. Para ser feliz un año, casarse. Para serlo toda la vida, cuidar un jardín". Así dicen los chinos, tan proverbiales siempre los tipos. Grandes, los chinos.
Una verdad como un ombú: de nada disfruto tanto como de trabajar en el jardín. Y nada le va mejor, estoy convencido, al trabajo del escritor (le siguen, cerquita, los gatos, pero quedan segundos ahí).
Jardín y escritura son el par maestro. Y analógico: crear una pequeña utopía y habitarla. Recorrerla a diario metiendo mano aquí y allá. Sembrar. Componer. Podar. Sacar hojarasca. No hay nada de lo que hago con las manos en la tierra que no encuentre su semejante con las manos en la tinta. Y encima se alternan en secuencia prolija. Dejar el papel para ir a la tierra, y volver de la tierra al papel.
Creo mucho en la mano verde. No es un invento de las viejas ni una cursilería. Es el contacto profundo y paciente con lo lento y lo silencioso. Nada de quieto ni mudo: eso es ingenuo. Se mueven y hablan, sólo que hay que saber escuchar y tener paciencia.
Saber escuchar y esperar el crecimiento de una imagen: de nada sabemos mejor los chupatintas. A lo que llamamos allá mano verde, le decimos acá inspiración: gemelos separados al nacer.
Retoco la proverbialidad oriental: Para ser feliz toda la vida, cuidá un jardín parando de a ratos para escribir.
Opciones
Para frenar mis ataques de autocompasión me doy cuenta de todas las opciones que tengo y no elijo. Podría ir a miles de lugares, buscar gente y compañía, compartir comidas y zambullidas, charlas vanas o sólo música fuerte. Y no tengo ganas de eso. Yo elijo quedarme en casa con mis perros, mis gatas y mi jardín.
El cordón de mi vereda
No voy a decir que limpié la vereda porque limpia no quedó. Pero hoy domingo, a mediodía y bajo un sol tremendo, salí con pala ancha y escobillon, shorts, top y panza al aire, y junté las mugres de plástico, tiré algo de barro sobre el.pasto e hice correr el agua que suelta mi vecino el de la pileta. Justo en medio de mi frente se hace un pozo y el agua no corre ni para un lado ni para otro. Se estanca. Verdín pero inaquietable.
Lunes por la madrugada...
que sonríe cómplice de amor...












