martes, 20 de octubre de 2009

Rafaeliana

Rafael (que lo parí), 13 años, al teléfono con un amigo:

"Y sí, eso es un bajón, que te transés una piba y ya diga somos novios somos novios"

(Obvio, se comió el sermón maternal pero se defendía:

"Pero, má, si yo soy re-feminista" )

Lejos


"De ahora en más viviré viajando lejos de todo lo que me hace mal. Lejos está lo que yo estoy buscando..."

sábado, 17 de octubre de 2009

Nadia Prado

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Simples Placeres
Cuarto Propio. Chile 1992


Nadia Prado


A quien derrota la
tristeza



PUEDO PERDONAR
A MIS HERIDAS





"Tengo miedo. No soy sólida
sino hueca. Siento tras los
ojos una torpe carverna,
paralizada, un pozo infernal,
una bufonezca nada"

Sylvia Plath



Desperté
y todo estaba ahí
(la realidad completa)
No tuve más que tomarla o





desaparecer







En un tiempo fue normal
luego usted comenzó a tener pequeños ataques de ausencia
los pies helados y dolor de estómago
dice ... cómo dice ... asco a la society
no ... no creo ... debe ser otra cosa
tiene algo congestionados los sesos ... pero estará bien
tiene el lomaje algo gris ... sin embargo es recuperable
no se disperse demasiado
y deje las bebidas espiritosas





Histérica y perforada caigo bajo los autos
para arrancar de esta peste de acorralados
que cabalga a ciegas
dándole con los cascos en plena cara al camino





Los poetas arden
son una raza

arrodillada ante la noche







Dejé de creer muy joven ... cayó la lluvia
y dejé de creer en el hogar
Dejé de creer muy joven ... a los 25
Un cuarto de siglo feliz ... y el otro
con los ojos abiertos a la fuerza



Nunca hubo destino aquí
nunca hubo protección para nadie
no fui el único afectado



Ojos de neón secos y llenos de afiches







EL PAÍS DE LAS MUECAS





Nos arrojaron muy niños por acá ... sobre otros niños
había droga en los caminos para ensimismarse
en las tetas de una madre falsa y pedirle un beso sucio
pero eres sacado del hogar ... arrojado a pedazos

....................... otra vez

vertido al cemento o te meten en una caja de lata
por donde miras el pasar de los otros te atoras en el sudor
el sudor te come los pies de a poco

.......................................................... corres a casa
.......................................................... corres a casa

a tu gran casa .......caja de piedra....... jaula loca
cárcel hecha de tus propias tripas
el mundo está en todos los sitios....... la soledad no existe

huyo al baño....... es mucho más pequeño....... o al cuarto
no .......no es lo correcto

.......................en todas partes estoy yo
.......................y es peor que una muchedumbre





Éste es el territorio de los moribundos sin remedio
......también fui hecha bajo el ojo del error
nací y aquí me encuentro
un lagarto secándose al sol
arrastrando rumores por la calle para inmortalizarse
Vengo herida ......huyendo...... viajando

En mudanza





No soy Dios o dios o DIOS
no soy nada y no tengo nada
sólo garabateo al mundo
......pues tomé de él su basura
el antojo de la suerte



Vete al cuerno

no trates de hacer de un diablo una reina

Voy a sobajear mi rabia
Voy a pavonear mi pena

Ginsberg debe escucharme:
hombre o mujer da lo mismo
alguien a quien mirarle los ojos
alguien con quien huir
¡ah!...... el escape...... triunfar...... campanadas de gloria
..............fuego de gloria
soy un jinete montado en la cola del universo





El techo posee las sombras más temibles
los cuentos más extraños

Mi vida poco a poco
una herida en la noche
que se lo devora todo

...............................¡Yo soy anormal

................................y el mundo qué!

te hieren siempre
y el techo da

................................las imágenes
................................más extrañas

los sueños están allí
en el cielo oscuro y mudo





Hey ........................llévame lejos
................................sácame de esta que
me aburro............. planea un rescate que
me muero .............En este Far-West
................................no hay cantina





La madriguera es un hoyo oscuro
hondo......... oscuro......... y frío
caí
vivir o morir......... no hay más
babel city bacanal city subterráneo city
y tú postiza madre mía
queriendo marcharte......... queriendo quererme
al filo de la madrugada para que yo enloquezca
Buenos Aires punto en la colmena
estática de hierro
afuera la gente brama
para abrirse camino
sin regencia
Esa es la twilight zone......... twilight zone
el límite del límite
la zona seca del cerebro





Costra primitiva .........enferma de muerte
ya ves
la carrera por ganar la calle principal
se vuelve una marcha en reversa
Discordia del habla
Entre los hombres hay hielo
un ave humana gime
mientras sacude su cabeza en el vacío





Me han llamado perdida
ahora ando en la solitaria
mojando asientos
Me han llamado loca
¡pero qué va! esta vida no es una canción de amor
yo también soy un ángel descompuesto





Oye querida soñadora
dame un poco de ti
para saciar este deseo loco
que tengo por las noches
cuando clavo los ojos en el techo
Quizá necesite un agujero
para mirar el universo y perderme
Así he vagado mi vida
ciega y a tropezones
Oye ven acá
a cubrir mi paisaje
huele pestilente este silencio
Ven a llamarme
a satisfacer mi hueco
antes que vomite el corazón





SÓLO UNA VEZ LOGRÉ LLORAR
DESPUÉS DE HABER DEJADO SU PECHO



Por todos lados el amén de la porquería



SÓLO UNA VEZ LOGRÉ LLORAR
Y MIENTRAS PUDE SENTIRLA LEJOS
PENSÉ BREVE EN LA FELICIDAD





En un corto tiempo vendrá a visitarme mamá
entonces no tendrá que repetir siempre



CHICA ENCUENTRA A TU MADRE
Y DÉJAME TRANQUILA





La espalda le ofrecía cada noche
unas nalgas bien redondas
cinco hijas y el abandono





NO PUEDO VER EL CIELO





NI HORIZONTE SEGURO





Qué se debe hacer (1)

El hueco está repleto de transeúntes
Plagada ..... esa cueva .....esa guarida ..... la madriguera
Otra vez .........trafagar a la deriva ......... en el subte

Tapo tu cara de las otras
huyo del tráfico
inundo con violencia la ciudad
para encontrar los pastos

No es que alguien me saque de la vida
sino un viaje continuo con la manada (2)
yo .........ellos .....Cría Rock ......Cría Puercos ..... Cría Soledad
No queda donde dejar mi alma





Uno: mamar la teta de una vaca envenenada
Dos: pasito mono-riel





Socavo -dice la calentura-
la que se abre ......... llama
y yo no puedo saciarla

la que se abre .........llama
encendida hasta el fin
arden sus cabellos





Endemoniada mi vida se defiende
de algo hay que vivir
amansar la honestidad
Oh .........qué tal te va
a través de la muerte
qué tal te queda pequeña
la huesera ......... y el hueco glorioso





Camino a casa vi morir a un hombre boca abajo
tirado en el camino estorbando mi noche
era un puñal
no encajo en el cosmos
amor sádico .........mato para vivir
en un naufragio del continente podría comerte
fui adiestrada para eso
y sin embargo la intranquilidad devora
me tira como carnero de espaldas al techo amplio
de cada paisaje

................................... No puedo ver el cielo
................................... ni horizonte seguro

Hay un trazado de hierro en el aire
construido por algún ojo enfermo





* * *





Simples Placeres es un libro escrito al revés de la resignación, a favor de una palabra indisciplinada, pero que conserva toda su exactitud poética. Una palabra poética que se lanza en picada en contra de ciertas convenciones, en contra de ciertos prejuicios para originar a un sujeto femenino que interroga al lenguaje en torno a sus pulsiones, a sus conflictos y a su lícita insurrección, con la agudeza de un saber arcaico: "esta vida no es una canción de amor/ yo también soy un ángel descompuesto" y con la voluntad de llegar hasta "la zona seca del cerebro", Nadia Prado elabora un libro que la pone en el centro de la nueva escritura poética signada por la estética de la disconformidad.

Diamela Eltit .................





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Nadia Prado: Simples Placeres.
Cuarto Propio. Chile 1992.

Fue en la Bienal de Arte joven de 1989

¡Lo encontré! Reconstruyo mi memoria con datos de google (una vez soñé que me tejía la espalda, así que nada es sorprendente): Escuché a la Urriola en la Bienal del 89. Yo tenía 20, todavía no tenía hijos, vivía sola en el cuaatito de San Miguel, iba y venía para todos lados, leía del diario Tiempo Argentino, todavía no había corrido en ningún saqueo ni volado a comprar algo "con precio viejo".

Bio de:
Malú Urriola (Santiago de Chile, 1967). Ha publicado Piedras rodantes, 1988; Dame tu sucio amor, 1994 (Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura, FONDART) e Hija de perra, 1998. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales, entre ellos Bienal de Arte Joven, Buenos Aires, Argentina, 1989; Foro Joven Literatura y Compromiso, Málaga, España, 1993.

Sus textos han sido recogidos en diversas antologías: 16 poetas chilenos (Ediciones Cámara Chile, 1987); Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI. El turno y la transición, compilada por Julio Ortega (Siglo XXI Editores, México, 1997); Antología de poetas chilenas. Confiscación y silencio, preparada por Eugenia Brito (Dolmen Ediciones, Chile, 1998); Mujeres Poetas de Chile: Muestra Antológica, 1980-1995, compilada por Linda Koski (Editorial Cuarto Propio, Chile, 1998).

Participa junto a otros escritores latinoamericanos en la Guía del nuevo siglo, editada por Julio Ortega (Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998).

En el año 2002 recibe la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura (FONDART), para realizar el proyecto poético de intervención urbana Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos. Ha realizado trabajos como guionista.

Estos son los versos que tenía en mi memoria

"Que se suicide la poetita de mierda
cuando los gatos se agarren en los techos
lanzando gritos alucinantes
llantos de guaguas en celo
o se arrojen de cabeza
desde los árboles en otoño
que se mate de una vez
la loca chascona y borracha"


Malú Urriola

DE NOCHE TODOS LOS GATOS SON NEGROS

II DE NOCHE TODOS LOS GATOS SON NEGROS

"Voy a ver si se me pasa el dolor,
cantando un buen rockanrol,
mi vida"
Celeste Carballo



HECHO EN PIEDRA


La malú no existe, como la casuilística, sucede; pero es sólo una proyección inanimada más en esta gran pantalla indefinible y abstracto logos: VIDA, Donde cada elemento y secuencia está fotografiada, a punto de verbalizarla y transformarla así en movimiento, que no es otra cosa que representar la palabra y ni siquiera ya la palabra, sino el maldito enjambre del código alfabético u otro aún más carajo: representar gráficamente los sonidos de la palabra VIDA, la gran interrogante sin esclarecer que es nacer para vivir y ¿qué diablos es vivir?, me contesto estar viva y aquí lo peor, ¿qué puta abstracción es estar vivo? y otra vez el verbo contesta adjetivando y littereando, entonces ¿cómo representar esta gran obra brechtiana, en absoluto silencio oral e icónico?, ¿cómo también tragarse esta necesidad de lenguaje anexo al habla normal?, si todo cabe en este país hollywoodense, entonces pienso que la palabrería individual no lo es tanto como colectiva y vuelta a hacer en cada palabra VIDA y sujeto que la enuncie y que al fin y al cabo no es tan perfecta como la palabra MUERTE, puesto que carece, en castellano por lo menos, de dos letras.
..................................................................... la que no existe





I

Qué otra cosa
puedo pedirle a los pájaros
sino, que caiga
en la noche
una silueta de pájaro a pique
moviendo alitas y torso
moviendo ojos y cola
desplumándose
crotorando si fuese garza
patitas flacas, la flecha
de plumas chasconas
cayendo la noche en la garza
o en un murciélago en picada
repleto de perdigones
y cogerlo
y lamer la transpiración del susto
y de dejarlo herido de muerte
para contemplar la muerte
viniendo a buscar un pájaro extraviado
en la oscura noche que cae
arrastrando estrellas y lunas.




II

A magdalena labbé

Mi trabajo es perseguir lobos
quebrar garrafas de vino
mirarle los ojos idos a la noche
correr tras los gatos
desdibujar la tarde
quedarme sola
andar sola mirando moscas
con la boca abierta
esperar calor y frío
todos los años
recordarte
mencionarte en todas las cosas
y parezco sola
volviéndome sola
en la noche sola
buscando el sitio
donde va a morir la manada
extravíandome
en los ojos de Calamity Jane
en las ancas del potro negro
ebrio
dando vueltas en la pista del circo.




III

a mauricio manque

Extrañas los techos
apresados, corridos
viniéndosete encima
y los cadáveres de los gatos
secos, sobre los techos
cuando pucherea la tarde
y las rejas se ven lejanas.
Extrañas los cachureos de los techos
la música de Mick Jagger
sobre los techos
sobre la lluvia
sobre las gotas de la lluvia
cayendo de las casas
-muñecas antiguas, ahorcadas
meciéndose con la brisa de los techos-
y te quedabas mirando un cielito abierto
desnuda, malú, rasgándote los ojos
y los ojos de los gatos
que miran amarillo con una rayita negra
y caminaban como pisando un campo minado
mientras te clavaban los ojos en los ojos
y tú, morías cada noche, sobre el techo
bajo la lluvia despedazante
que pegaba sobre tu cabeza
hasta abrirla.



IV


Los gatos están esquivos
susurrándose cosas en las orejas
porque no quieren ser arrojados
en los techos
pero a mi se me ocurre
y ellos escapan de escaleras
y ojos.
Ella desnudándose sobre los techos
imagínense que ella
se desnuda sobre los techos
yo vestida, imaginándola a ella
que soy yo
desnuda sobre los techos
porque algo la sigue
y le oprime el cuello
y no sabe otro cosa, está confundida
extendiéndose en el texto
dejándose llevar en los gatos
que no la miran amarillo
con una rayita negra, que más da
ser loca y vivir en el placer
que da el error y la ignorancia
fulgurar
bla bla bla
entonces charlamos largo rato
y los ojos sin escaleras
se reniegan
y enceguecen.





V


Esos locos peludos, malú
están ebrios
sobre los techos cuando amanece
y un lloriqueo tinto
les cae por los ojos
en una noche amenazante de lluvia
pero nadie puede impedir que llueva
que carguen con una cola zigzagueante
por zinc y pizarreños
corriendo a cuatro patas
con los pelos pegados a las costillas
y los ojos solos de los gatos
las rayas de los ojos solas
en los ojos de los gatos
cuando el agua les diluye el amarillo
y no quedan ni ganas de bailarse un rock
o trasnocharse nuevamente
porque no tienes nada
porque un techo mojado
es como un campo de tiro
y ellos no pudieron evitar las minas
por más que caminaran lentito
-estúpidos sutiles-
o se quedaran mirando para arriba
esperando esa otra noche
que se suponía distinta
a las otras noches
pero luego del lluvión
nadie sabe nada
ni de la pigmentación en los ojos de los gatos
ni menos de los gatos
porque los arrojan a los techos
y luego arrojan la lluvia.




VI


La ventana abierta
provocando al frío
y las estrellitas en los zapatos
de Joe Cocker
miradas por estos gatos
ya tan trillados
es falso pretender que se han clavado
las uñas en los ojos
todo, todo el mundo
en la cuenta regresiva
archilocos, los maldicientes
que se revuelcan gruñendo
en la mierda que arrojaron
-perraje-
desbordándose, pero no en los ojos
las cosas no se desbordan en los ojos
en los siniestros cascabeles
del loco Isidoro
pero mira donde vamos
nadie sabe nada
estamos confundidos en el texto
desconstruyendo gestos y muecas
rascándonos
echando gente por la borda
del barco piñufla que comandamos
sin embargo me parece oír
el ridículo parásito del silencio
entre tanto dandy
porque no sabemos, todo, todo el mundo
en la cuenta regresiva
va afilando garras y flechas
capturando niebla y changos
y las estrellitas
en los zapatos de Joe Cocker.





VII


La cabrona vida
se te va por los codos, malú
con el humor avinagrado
de los viejos
y las palabras no son sino
piedras rodantes
en la mirada de una pendeja sola
en la cara fria del Dylan
cuando no tienes nada
ni gatos, ni la esquizofrénica
sonrisa del Lira. subiéndole las patillas
te vas con el rabo entre las piernas
engulléndote la rabia
cuando los gatos mean en silencio
sobre los techos
mientras al cielo todavía
le queda un poquito de azul
cuando comienza a caer la noche
la pesada noche
en los solos de batería
golpeándote el pecho
distraída
mirándole el trasero a los poetas
y que importan los murciélagos
cayendo en picada
y la saturación de gatos
a quién le importa nada
no me vengan con cuentos
ya las guitarras arden
en la carátula del negro Hendrix.





VIII

a nadia prado


¿Tú conoces mi locura?
que va, pendeja
ni siquiera los gatos
porque apenas cae un poco de sol
corren a enrollarse
a dormir la estupidez de la bestia
debiste arrancarte las costillas
a nadie le importa
el maldito lloriqueo
de una poeta de mierda
no hay que confundir las cosas
la gente, ni los gatos
porque los gatos no son sino
un atado de sinfundamentos
porque vives amarrada a tu home
piedra rodante
y ruedas del living a la cocina
de la cocina al techo
bailándote un rock
hasta que te salten las nalgas
estás sola pendeja
porque te agarró el hastío
que más quieren que les escriba
ni siquiera lo leen a fin de cuentas
los poetas sólo existen en la mente de los poetas
se fueron los días, malú
se fueron relejos
se fueron del barrio
VIVA VENECIA LIBRE
y la marihuana acabándose en las chimeneas
lo mío era mío, ya no hay que hacerle
y me engaño pensando en los gatos
volverán algún día
a poblar los techos.




IX


Que se suicide la poetita de mierda
cuando los gatos se agarren en los techos
lanzando gritos alucinantes
llantos de guaguas en celo
o se arrojen de cabeza
desde los árboles en otoño
que se mate de una vez
la loca chascona y borracha
apenas se termine el pisquito
(traguito chilensis)
que se pegue un tiro, entonces
la pendeja
cuando la brisa de papitas fritas
venga desde el oscuro carrito de la esquina
que cargue la pipa, el vaso
y se tire un gatillazo de fondo
bailándote un rock
porque a veces estás tan down
muchacha traviesa.



X



Hey, malú asume la vida de gato
que te toca saltar de techo en techo
porque ni siquiera un poco de sol
los hará volver
porque no nacimos para dar
pero tampoco para recibir
hay que asumir el costo
te estás chalando
nada te llena
y el hastío te agarra de espaldas
por eso le seguimos el juego
a los imbéciles
y corremos en esta carrera de equinos
de mala sangre
cuando el poeta canta su bar cécil
y Dios le guiña un ojo
y por el otro le cae un goterón de tinto
de aburrido tinto.
Hey, malú, nace una estrella
nadie quiere el nobel
pero se mueren de sólo pensarlo
los poetas se odian
toman juntos pero se odian
a quien le importa
que se maten
que se tengan pica hasta la muerte
total, de todas maneras
no tenemos quien nos abrace
porque los gatos se retiran de noche
quien sabe donde.
Hay que asumir, pendeja
que estás sola
que te bailas un rock
para quitarte las ganas -tú sabes de que-
porque de tanto perraje patriarcal trompeteado
estás hasta la tusa
y ellos siguen tirándose a partir
prejuiciados
amablemente discrepantes
hey, malú, una raja, que te importa
si ni siquiera encuentras algo que te importe
por eso callas y luego ríes
porque nadie te llena el hoyo;
ni el vino
ni los machitos
ni mirar sus traseros sin forma
no te queda más que caminar borracha
y llegar borracha a tu home
piedrita mendiga.




XI


Lo estropearon todo, baby
y te bailas un rock de malas ganas
porque ellos quieren verte
reventar de noche
ebria
sin hablar con nadie
y de día se lo pasarán pateando gatos
es entretenido verlos pavonearse
con sus chascas y ropitas excéntricas
pretendiendo volver al divino tesoro
que va, si son iguales a los demás
las grandes lumbreras del mundo
deborando ratas en las bibliotecas
bebiendo de noche en algún bar snob
de algún barrio snob
y salir snobmente borrachos
trágate esa vaga sensación de techos
despoblados, pendeja
y ve a emborracharte hasta que revientes
con tus amigos oligofrénicos
a quien le importa
que el último gato gris se aleje
en medio de los cachureos del techo
y que a lo lejos Bob Dylon gima
"like a rolling stone".




XII

a angélica saldaña


Hace tanto tiempo, querida amiga
acá los poetas mienten
y tus ojos son ya
un par de gorriones que se fornican
no sé donde
reniego de la poesía
y todas esas vanalidades
la mistral ha muerto
neruda ha muerto
lihn ha muerto
sólo quedamos los necios.
Recuerdas cuando nos emborrachamos
amparadas por una chimenea medio loca
tú, estás allá ahora, recordándolo todo
con un suave dejo de melancolía
la puta melancolía que has guardado
largo tiempo en el anonimato
y un sol turístico cae
sobre tu rimbombante isla en el Mediterráneo
mientras acá el sol pega
sobre cientos de cabezas hastiadas.
Ah, querida mía
los seres somos tan maleables
de ahí la distorsión a la que Hugo
intentó someter el alejandrino.





XIII

Stop in name of the humanity

PRODUCTOS ACME........
(letrero que muestra el coyote
antes de ser atropellado
por un ferrocarril).


Déjame terminar el cielo, nene querido
qué carajo hacer con tus ojos
nadie escucha ya el gran blablá del siglo
la cuestión del arte cansa
mejor es decir
la gente del arte aburre
quién puede saber lo que escribo
apenas soy un ápice de lo que escribo
hey, malú, que cielo ni que nada
o todo o nada, que al fin
viene siendo el mismo cuento
este cansancio espantoso
no queda sino agarrarte del pelo
cerrar los ojos
abstracta palabra: vida.
Qué domina ahora en rededor?
dos pendejos se besan en la plaza
asexuados
ellos son el cielo
sólo un par de estrellas,
Yo me acuerdo que en un tiempo
los recuerdos y las voliciones
eran cosas de gatos
pero aquí estoy dándole duro al oficio
que al fin y al cabo
no es más que oficio
y tus ojazos, nene, tus ojazos risueños
y la noche llenando de sombras
la gran ciudad capital
algo pensé decir que ahora olvido
tal vez prender el tape y escuchar un blue.
Puedes verme?
acaso, puedes verme
sentada aquí en mi silla
escribiendo cuanta sarta de tonteras
puedas imaginar.





Piedras rodantes
Malú Urriola.
Santiago de Chile : Surada Eds., 2002
57 páginas

A Malú Urriola

A Malú Urriola yo la escuché leer no sé dónde hace como veinte años (¿o 19? ¿Los años de Julián? ¿Fue cuando yo andaba con panza y por la casa de Carriego? ¿O antes? ¿Cuàndo yo tenía 19 e iba al taller de la Torres Molina en el hangar?). No sé. Fue en otra vida. No la anterior sino muchas vidas para atrás.
A Malú Urriola le escribí en aquel entonces un poema que (prometo buscar) decía algo sobre "suicidar a la pendeja" (porque sus poemas hablaban de suicidio)y también por ella escribí mi poema de los gatos (creo, o la memoria me construye pasados que no tuve).
Ayer la nombró una de las expositoras que hablaba sobre poesía chilena. Y me devolvió memoria, historia de mi misma (de la que tuve y de la que me inventé).
Hoy la busco en la red, la busco y la encuntro junto a Nadia Prado (con quien estaba, ahora recuerdo, también en aquel entonces). Creo que los poemas que copio ahora, creo, sólo creo, son los mismos que le escuché leer aquella vez.

La peor mamá del mundo me mima


(Tomado de Las 12. Suplemento de Página 12 del viernes 16 de octubre)


La peor mamá del mundo me mima




Una buena noticia: en los últimos años la literatura infantil les ha dado un lugar preferencial a las madres, ya no es necesario ser huérfano para ser protagonista de un cuento. Una no tan mala: ellas aparecen representadas con sus manías, sus defectos y sus incoherencias. La ironía se ha instalado como fórmula estética para aplacar culpas, grandes exigencias y paliar el aburrimiento.


Por Liliana Viola



MATAR A LA MAMA

Había una vez, hace muchísimos años, un pacto tácito en la literatura infantil por el cual las madres –y muchos padres también– quedaron excluidos de todos los cuentos. Para ser protagonista había que ser huérfano. Desde Tom Sawyer hasta Harry Potter, existe toda una legión de niños y niñas solos, abandonados o directamente “sin madre” como El Principito, que debieron transitar por esta ausencia para llegar a lo que llegaron. La orfandad es un siniestro fantasma para los lectores –que Disney supo llevar a la pantalla y al paroxismo con Bambi, Dumbo y El Rey León– y una coartada que le asegura al protagonista del cuento el libre albedrío. Impulso brutal hacia la peripecia que despierta compasión y admiración en quien le siga los pasos, dos sentimientos clave para alentar la lectura. Justifica el paso temerario hacia un destino que nunca es más peligroso que el dolor de no tener familia, pero infinitamente más interesante. La ausencia de padres en las ficciones es también el equivalente de esa advertencia que hacen los escapistas: “No lo haga en su casa”. Si Tom Sawyer se aventura río abajo es porque no tiene madre. Si Pinocho cambia la escuela por las luces del teatro es, en parte porque no es un niño de verdad, no tiene madre. Los padres no están puestos en tela de juicio, simplemente han sido suprimidos. Los niños capitalizan sus valores y se libran del estorbo. Pagan por eso y crecen.

Dicho pacto secreto se cumple tanto en los libros escritos especialmente para la infancia como en los que se le fueron adecuando: Robinson Crusoe (1709) y Gulliver (1726) representan las pioneras ventajas de la orfandad: la posibilidad de crearse a sí mismo, de recorrer los más diversos mundos o sobrevivir a la selva, eso sí, llevando en el bolsillo la herencia de una educación como quien lleva, no el saquito o la manzana con la que nos corre la madre protectora, sino un abrelatas. En Moby Dick no hay madre, salvo que se interprete a la ballena como imagen materna, y no hay grandes madres en Salgari ni en Julio Verne. Entrando en el siglo XX hicieron su aparición Tarzán, Batman y toda una camada de superhéroes solitarios, que según algunos analistas llegaron para paliar la desatención de los niños varones en épocas en que los padres comenzaban a dedicar más horas al trabajo. Una especie de dosis de masculinidad administrada en capítulos.

Si bien hay excepciones, como Mujercitas, se podría armar una biblioteca entera con chicos: Oliver Twist, David Coperfield, Mowgli, Peter Pan. Poblaciones enteras, como los elfos, las hadas o los ogros, ni siquiera cuentan con árbol genealógico. En Alicia en el país de las maravillas, la madre está muy lejos de ese pozo y apenas ha sido remplazada por una hermana mayor que está distraída leyendo. En las recopilaciones de los Grimm, las penurias de muchas doncellas como Blancanieves y Cenicienta se inician con la falta de mamá. Son bastante escuetas, irresponsables o rematadamente locas algunas madres como la de Caperucita y Pulgarcito. A veces son reinas que apenas sirven para buscar el príncipe ideal pero enseguida se difuminan. Harry Potter, heredero de toda una tradición literaria que celebra la aventura, debe a la pérdida de sus padres, su marca en la frente, el inicio de su razón de ser y hasta el nombre de su peor enemigo. Otro hallazgo literario de la literatura contemporánea, Los hermanos Baudelaire, de Lemony Snicket, comienzan cuando Violeta, la hermana mayor, debe protegerse y proteger a sus hermanos de lo que queda en pie después del tremendo accidente en el que murieron sus padres.

¿Cuál es la razón para el sacrificio de tantos progenitores? No es una sola. Aunque no parezca, la literatura infantil, como toda literatura, ha ido variando con las generaciones, formando un canon de lo que se debe decir, cómo se debe leer, qué se puede imaginar y a quién se va a criticar. Según el especialista francés Marc Soriano, los editores durante todos estos años pusieron como consigna que de ningún modo se criticara a los padres. Fue en 1945 cuando la aparición de Pippi Calzas largas, de Astrid Lindgren puso en cuestión los límites de esta figura de niños héroes sin padres. Es que esta vez era una nena la que vivía sola, sin problemas económicos, dotada de una fuerza extraordinaria capaz de levantar caballos, trenzas rígidas, muchas pecas y medias largas, que desafiaba la autoridad de sus maestros, ridiculizaba a la policía y a toda la estupidez de toda institución que se le cruzara. Traducido a más de 60 idiomas, tuvo que tolerar primero que se lo tildara de dañino para la infancia en un momento en que el canon mandaba obediencia y disciplina. La censura, el miedo y cierta corrección política han sacado históricamente de la lista a todas aquellas fábulas de Esopo donde el padre insiste en tener relaciones incestuosas con las hijas. Son bastantes. También ha olvidado la crueldad lasciva del papá de Piel de asno.

¡Dónde queda la maldad de los grandes? Con los padres muertos, malos son los tíos, las tías y las madrastras. La falta de lazo de sangre directo, la falta del instinto materno es puerta abierta a los desamores y termina siendo un canto a la familia más tradicional. Aun los tíos buenos resultan insuficientes, es el caso de los pobres tíos de Dorothy en El mago de Oz, que permanecen tan grises y por más afectuosos que sean son incapaces de detener las tormentas. Tan sólo luego de haber vivido una temporada en el reino de Oz dan ganas de decir ante esos ancianos mansos que no hay nada mejor que volver a casa.
LA MADRE FALSA

Una fantasía, con la que muchos han podido sobrevivir parte de su infancia, propone que la mamá que vive en casa es una impostora. La verdadera, la buena, ha sido secuestrada por la mala que es con la que uno tiene que lidiar. Parecido a la interpretación que hacía Melanie Klein de la dupla madre-madrastra: para el chico la mamá es buena cuando concede y mala cuando niega. La fantasía va más allá soñando que un día la verdadera saldrá de su cautiverio para abrazarnos. Es una idea que aparece en versión invertida en El patito feo que no era feo sino hijo de la señora cisne y no de la señora pata como todos creíamos. El patito de Andersen no es sólo paladín de la diferencia sino de toda una estirpe mucho más bella y con más pluma. Mucho más acá, la historia de Coraline –la película se basó en la novela del escritor británico Neil Gaiman publicada en 2002– redobla la apuesta con recursos del terror. Coraline tiene dos mamás. Como sus padres no le prestan atención, la nena se pone a explorar los alrededores de su nueva casa y encuentra una puerta cerrada. Al abrirla descubre una casa idéntica a la suya, un mundo alternativo habitado por su “otra madre” y su “otro padre”, reproducciones casi exactas pero que tienen botones en lugar de ojos. Allí Coraline venderá su alma al diablo sin saberlo, por su deseo de que su madre no sea tal cual es, y tardará el resto del libro en regresar a aquella imperfección de antes, como Dorothy.
EN GLOBO, DE ISOL, LA MADRE GRITA TANTO QUE ESTA A PUNTO DE EXPLOTAR

Otra gran característica que Coraline comprarte con las ficciones de estas ultimas décadas es que la acción transcurre entre cuatro paredes. Ya no hay aventuras en la selva, no se recorre el mundo en globo, se ha descubierto que existe una trama interesante, cruzada por la psicología, la crítica social y cultural, en el seno de la familia. Y ahí entonces es donde hacen la aparición las madres y los padres. La impericia de los adultos para cumplir con los antiguos mandatos de perfección es lo que los ha vuelto interesantes y dignos de protagonizar series exitosas. Los Simpson es el mayor ejemplo. Habría sido impensable en el siglo XIX una saga montada sobre las imperfecciones domésticas, la miseria y la declinación moral. Si los Simpson no son los primeros son seguramente los personajes que con más ímpetu abren las puertas a toda una ficción que encuentra en la familia, el nuevo espacio del entretenimiento y la aventura.
LA SONRISA DE MAMA

El último capítulo de la serie de televisión South Park (que no será para chicos pero los cuenta entre sus principales espectadores) titulado En ocasiones veo famosos muertos, aparece Michael Jackson diciendo que no se murió y que ahora es una niña pequeña blanca. Su espíritu se apodera del hermano menor de Kyle, quien ahora vocifera “¡Les dije que no estaba muerto, soy un niño! ¡Vamos a jugar!”, mientras canta y realiza parte de sus famosas coreografías. Finalmente, el resto de personajes logran convencer al espíritu de Jackson de que lo van a presentar a un concurso de belleza. Otros famosos también fallecidos este año, como Patrick Swayze y Farrah Fawcett, aparecen en el mismo capítulo junto con David Carradine, la estrella de Kung Fu, quien está en un armario y todavía colgando de una soga vestido con medias y tacones.

Esta es la escena más estridente, al menos hasta ayer, del lugar que puede ocupar la ironía recargada en los productos dedicados a la niñez y la juventud. La posibilidad de consumir héroes y en la misma operación devorarlos, hace las delicias de padres y chicos que disfrutan tanto de Schrek donde la misma literatura infantil aparece sometida a una prueba de fuego.

No es casual que exista y que haya tenido éxito un libro muy interesante titulado 22 huérfanos, donde se puede reconocer a los personajes que han aparecido nombrados en esta nota pero ahora todos juntos y haciendo de las suyas en un orfanato.

En un libro editado hace poco en castellano, La magia de los cuentos infantiles, el especialista Seth Leader define con claridad el estado irónico de la infancia actual: “Esa mezcla de descontento urbano, sabiduría irritable, y distancia del tipo ‘yo ya estuve, ya me compraron, ya lo hice’ que afecta al niño moderno. Es el estado que no sólo ven los padres y los educadores, sino que los autores de literatura también. Los niños actuales viven en un mundo de falsas creencias. Aprenden que los otros mienten, que sus creencias tal vez no son compartidas por otros. Muchos niños aprenden que la diferencia entre apariencia y realidad no es tan clara y muchos niños aprenden entonces a cultivar un sentido del humor, una actitud de quien está de vuelta de todo frente al engaño o la decepción”.
SECRETO DE FAMILIA

La combinación exquisita entre ironía y la ternura (¿último bastión de lo verdadero?) se da de manera inequívoca en los libros ilustrados, de poco texto y geniales imágenes dedicados a los chicos que aún no leen. La saga de Olivia, esa chanchita que vive con padres y hermanos, es un ejemplo encantador y de que cada vez se comienza más temprano con las bromas dedicadas a mamá. Dos encantadoras prueba de ello son Globo y Secreto de familia de la argentina Isol (Fondo de Cultura Económica). La pequeña protagonista del Secreto explica así su problema: “Un día me levanté más temprano que de costumbre. Y Ahí estaba, preparando el desayuno antes de despertarnos”. La madre, sin arreglarse y con los pelos parados era un puercoespín. Esa visión no queda allí sino que da sentido a conductas maternas: “Ahora entiendo por qué tantos frascos de champú y cremas, y tarda horas en arreglarse para salir”. Su familia no era ya tan normal y tal vez ella misma tampoco lo fuera. Como es una niña práctica, decide revisar la casa de una amiguita para descubrir que las otras casas tampoco son como nos las muestran las publicidades de shampoo. En la misma línea pero editado unos años antes vio la luz en Editorial Juventud Mi madre es rara, de Rachna Gilmore (textos) y Brenda Jones (ilustraciones). Con trazos menos sutiles que los de Isol, pero con la misma intención, una niña cuenta que algunas mañanas cuando su madre despierta parece un monstruo y que las señas de su monstruosidad desaparecen recién después de tomarse el primer cafecito. No tardará en comprender que no siempre es así y el resto del libro se irá en la búsqueda de soluciones. La normalidad llega con el beso y con la aceptación de una fealdad que la rutina provoca.
MADRE HAY DOS SOLAS

Aunque rezagadas en lengua española y difíciles de encontrar en librerías que no sean especializadas, ya han aparecido libros ilustrados dedicados especialmente a tocar el tema de las mamás lesbianas. Ahora no será una sino dos las madres que caigan en las garras de los bromistas de la literatura infantil. Un tema que podría prestarse a la pancarta y al abuso de la corrección política, le permite a Vanda Carter, la autora del texto y las ilustraciones de If I had a hundred mummies (Si tuviera cien mamis), llevar al absurdo y al hartazgo el lugar de las madres en la vida de los niños. Se agradece entonces con más entusiasmo que la ironía venga al rescate. La niña comienza a imaginar cómo sería su vida si tuviera un millón de madres: aguantarse larguísimas conversaciones de amigas, festejar infinitos cumpleaños y repartirse para el Día de la Madre, escuchar consejos contradictorios, entre otras incomodidades harían las delicias de una vida cotidiana que, mirándolo bien, es casi perfecta cuando se tienen dos madres, que son más que una sola pero, por suerte, muchísimo menos que una multitud.
PAPA PERDIO SU CABEZA

El más reciente trabajo de Quentin Blake, el histórico ilustrador de Roal Dahl, es este libro, Daddy lost his head, editado por Random House, donde la virulencia de la broma surrealista cae esta vez sobre el padre. Ya desde la tapa impacta la figura de ese hombre descapotado al que los dos hijitos le están dando la mano. Adentro sabremos que un buen día el padre efectivamente perdió la cabeza. Mientras la esposa se preocupa por lo que dirán de ella vecinos y amigos cuando sepan que ella fue incapaz de mantener la cabeza del marido en su lugar, los niños se dedicarán a solucionar el problema. Le fabrican una cabeza en papel maché con las instrucciones que tanto han recibido en la escuela y le encuentran de a poco los beneficios. La madre está feliz porque tiene un marido que ya no ronca, lava los platos, no se apodera del control remoto y los chicos aprovechan para hacerle gastar la tarjeta de crédito. El padre es alimentado por un embudo y conviene evitar darle besos porque el papel se desintegra ante el contacto. A medida que el disparate va tomando proporciones cada vez más insoportables, se lee claro la crítica demoledora hacia los padres que se olvidan la cabeza en el trabajo, los matrimonios fundados en la rutina y la ausencia de la conversación, que es lo que menos se extraña de este papá que no emite sonidos. Con final feliz, el padre recupera su cabeza una vez que terminó el proyecto que lo tenía concentrado en su oficina, los niños de este cuento como en el de otros han vencido a sus progenitores con estilo. Definitivamente. O mejor dicho, por ahora, no habrá necesidad de matar padres y madres para hacer que resulte entretenido un cuento.

Como en cada época de la literatura para chicos, para algunos tanto parecerá un espanto, otros no lo notarán y otros les parecerá un hallazgo. Nunca se sabe exactamente qué es lo que se logra con cada experimento. Y es un alivio. O como decía sin ironía un escritor, que mucho sabía del tema: “No hay que olvidar que un niño no es una flecha que va en una sola dirección, sino muchas flechas que, simultáneamente, van en muchas direcciones”.



Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/las12/13-5239-2009-10-17.html

La molienda de Nurit Kasztelan

(Este es uno de los poemas con los que nos voló la cabeza ayer, leyendo recitando casi componiendo en voz alta con una cara de loca, de poseída, que la hacía vibrar como pocas veces he visto.)


La molienda


Estoy sola como el mundo.

Soy plana como el mundo.

Lo único que quiero

es provocar

un estado de tensión

en el que las cosas se rompan

y no haya ruido.

Funciono como las plantas,

si aspiro demasiado

me ahogo.

En Méjico me contaron

de una mujer

a medida que molía el maíz,

su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer

que se muele a sí misma.

me escribo

y desaparezco.

NURIT KASZTELAN

NURIT KASZTELAN


Tomado de http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com/2007/12/nurit-kasztelan.html


(Dice Nurit:)
Empecé a escribir a los trece años. Mis primeros poemas eran oscuros, casi negros. Me acuerdo de que a las pocas personas que se los mostré se asustaban. En ese entonces, la poesía funcionaba como un medio para expresarme, dado que era bastante reservada: no entendía las cosas que pasaban en mi casa y tomaba la escritura como un refugio. Luego, influenciada por cuadros de Dalí, escribía poemas donde lo primordial eran las imágenes y el juego con el lenguaje. Sin embargo, yo creo que el punto de inflexión fue un día que mi mamá me llevó a la feria del libro y me regaló tres libros: Girondo, Pizarnik y Orozco.

Ahí, comprendí que la poesía tenía que salir de mí, y esos autores se convirtieron en especies de amantes, al igual que Fernando Pessoa, a los que siempre vuelvo. Hasta los dieciséis escribí contando la métrica con los dedos, y después durante un período largo de tiempo no escribí más. Exploré otras disciplinas artísticas, como el teatro y la danza, pero ninguna de ellas me llenaba del todo.

Realicé algunos talleres de poesía, y hubo un momento, y creo que ahí sí fue el quiebre, ese punto de no retorno, cuando me di cuenta de que la poesía era algo colectivo. Entendí que era necesario mostrar lo que estaba escribiendo a mis amigos, a mis compañeros de taller y a otros poetas y, sobre todo, leer a otros poetas, a mis contemporáneos. Comencé también a ir a lecturas de poesía, donde en algunos casos, sentía que en esa instancia oral casi declamatoria, se recuperaba un poco “el aura” perdida, esa de la que hablaba Benjamin. En este momento de mi vida ya no escribo con la compulsión que tenía antes. Escribo cada tanto, y a pesar de escribir de un tirón soy más consciente en el momento, aunque ni yo, ni nadie, sepa lo que quise decir. Porque nadie lo puede saber. Porque lo que importa es el poema. Como si la escritura, a pesar de su fascismo de ordenar pensamientos, cobrara vida y se mantuviera a flote por sí misma. A pesar de que después de que uno escribe, las palabras no son más suyas, en el momento en que las escribe son de uno. Aunque todo ya haya sido dicho, la combinación de sintagmas es de uno. La disposición de los vocablos es de uno. El placer de escribir de uno. Quiero escribir. Escribo. Como una ecuación matemática.

No tengo una propuesta definida con mi escritura, sino temas sobre los cuales armo constelaciones, como la infancia, el lenguaje, los espacios, y sobre todo, aquello sobre lo que no se puede hablar. Creo que cuando empecé a escribir lo hacía de forma metonímica, desde afuera, nunca llegando a reponer del todo el sentido. Y ahora no quiero hacer más eso. Estoy tratando de escribir desde otro lugar. Quiero que mis poemas se procesen. Una de las razones por las que me gusta la literatura es porque me permite encontrar expresado de forma clara y precisa lo que estoy sintiendo. Quizá por eso los escritores que me gustan son aquellos que tienen esa capacidad de no tener filtro. Yo se que todavía lo que puedo mostrar es una parte íntima de lo que siento, que nunca voy a mostrar del todo esa "falla originaria" que creo que tengo, esa de la que hablaba Duras. Porque a veces, por más paradójico que suene, la sociedad me aleja de la escritura, porque una no puede mostrarse así desnuda siempre, como se muestra en su escritura, esa que a mí aún me da miedo, porque me asusto de mí misma. Y esa que a los escritores que a mí me gustan no les da miedo. Hay muchas razones que lo llevan a uno a escribir. Yo no se por qué empecé. Solo sé que no puedo no hacerlo. Y eso me basta. De todas las cosas que hago, siempre me llenan más las palabras. Escribir es crear mundos, pero también es cerrarlos. Me encantaría decir una frase inteligente, memorable, de esas que uno repite, como la explicación que dio Silvina Ocampo “Escribo para no tener que hablar”. Es casi paradójico porque muchos poemas míos son autorreflexivos ya que para mí la materia de la escritura es una preocupación constante pero me cuesta poner en limpio mis ideas. Por eso adjunto un poema que quizá funcione como explicación de mi procedimiento de escritura, si es que realmente se puede hablar de él. Mientras tanto, me quedo con lo que una vez dijo Marguerite Duras: “Se escribe para mirar morir una mosca”.

Ars poética

Hay distintos tipos de poemas.

Unos se vuelven ejercicio,

pensando el lugar vacío

donde se posa

cada palabra.

Otros rellenan letras,

forman figuras conspicuas,

producen sensaciones pictóricas.

Los musicales

acarician lo áspero, lo cotidiano

se columpia en la lengua.

Pero los que a mí me salen

son esos que se escriben de un tirón,

en cualquier lugar.

Brotan de mí,

fluyen en una masa amorfa

que se infla y desinfla

como un gato dormido.

Voy a vivir en el instante

que me prestaron por un rato.

Allí me veo,

obnubilada

por la resaca de la luz,

por el óxido de la tierra,

donde las palabras danzan

en un sinfín de roces perdidos.

Nurit Kasztelan


Selección de poemas del libro “Movimientos incorpóreos”


La calesita



Los caballos

giran y giran

en un círculo imperfecto.

Estáticos

no mueven sus crines.

Se oye la sortija

el tintineo débil del metal.

Los colores del techo

en un sinfín de vueltas

se hacen blancos.

La calesita frena

y el calesitero sonríe

ante un pompón que se desprende

de una bufanda indiscreta.


La ménsula


La pared corroída

encierra rastros de su pasado

caras sin nombre,

figuras sin sentido.

La humedad los deforma,

el calor los hace nítidos.

El silencio enmudece el cuarto

y la casa se vuelve morada

de espíritus y caballeros blancos.


Sarah


Escribe para los muertos. Para los no nacidos

evoca el ideograma de la locura.

En el lugar donde los buitres se divierten

y las calles aparecen

en el esbozo de una mano ajena.


Indicios satinados


Un poeta es el arúspice de las palabras,

el artífice de los hechos,

el titiritero de los minúsculos movimientos.


Paisaje velado


Anochece. La quebrada se refugia en la intemperie.

Los ojos miden la distancia

de una grieta cada vez más tenue.

Tallos, rizomas

pliegues que se desvanecen

en la sombra. Un niño se ahoga

en un bosque inexistente.


Ars poética


Hay distintos tipos de poemas.

Unos se vuelven ejercicio,

pensando el lugar vacío

donde se posa

cada palabra.

Otros rellenan letras,

forman figuras conspicuas,

producen sensaciones pictóricas.

Los musicales

acarician lo áspero, lo cotidiano

se columpia en la lengua.

Pero los que a mí me salen

son esos que se escriben de un tirón,

en cualquier lugar.

Brotan de mí,

fluyen en una masa amorfa

que se infla y desinfla

como un gato dormido.

Voy a vivir en el instante

que me prestaron por un rato.

Allí me veo,

obnubilada

por la resaca de la luz,

por el óxido de la tierra,

donde las palabras danzan

en un sinfín de roces perdidos.


Max


Modela un artificio a su gusto.

Quizá, en su intento,

se redime ante la ausencia de vida

del robot.

Tiene sensores por donde se lo mire.

Su pelaje opaco

cubierto de cables transparentes

se eriza con los soplos de la técnica.

El chip minúsculo

se esconde en la insistencia

del muñeco parlanchín.

Las funciones se multiplican

en un sinfín de inútiles reclamos

para oídos miniaturizados

perdidos en los avances

de una escucha digital.

Nada es sin razón.

Me acuerdo que nos repetía hasta el hartazgo

que tuviésemos “cuidado con el tiempo”.


Movimientos incorpóreos


Se agota en un lenguaje

cáustico, renovador,

donde se quiebra el contacto con la tradición.

Búsqueda del margen,

del valor de la obra.

Un punto de ruptura

donde se pierden los parámetros.

Cayeron los héroes

en ripios

arquetipos gastados

que forman un cuerpo extraño,

un puente hacia un género

que muestra el reverso

de un paisaje que sutura.

¿Qué pasaría

si nos diéramos cuenta

de que una ruptura contiene

la rebelión de un instante?

¿Cómo se representa el horror

cuando la lengua

ya no es inocente?


Runas


Una palabra en una hoja de papel

un juego entre mi mano y yo

una máquina de escribir que no funciona.

Artificios: encierro lo grande y lo pequeño

en una piedra.

Escribir. Gemir en cada letra.

Amordazar mis pensamientos en palabras.


Límites


Si las palabras

son golpes en la superficie

que rozan la lengua,

la poesía es el infante

que bucea en el barro de los significados,

ese lugar donde se borra el límite.

Es la mirada lo que se esconde en la palabra.

Se convierte en áspera melodía

el croquis que deja la materia.


SELECCIÓN DE POEMAS INÉDITOS


La crisálida



No quiere que los cuervos

revoloteen en círculos

cerca de ella.

Busca el silencio. No

lo encuentra

y cuando la amordazan

dice voces.

Sabe que lo perdido

está deshecho, pero traza

una genealogía con pájaros

y alas de crisálida.

Siempre le tuvo miedo

al extravío.

Y ahora tiene

esa pesadilla recurrente:

el pasillo blanco, el ruido a pulseras

su mamá de niebla.

No quiere que la lleven.

No quiere

que se convierta en carroña

No quiere que los cuervos bajen

y le ahuequen la cabeza.


El alhajero


Repetías los mismos gestos,

yo cerraba los ojos

ponía la radio a todo volumen

y te cosía los labios para que callaras.

Me aferraba a tu vestido como una ventosa

me convertí en ese juguete de nombre raro

que se pega y resbala por los vidrios

y perdí demasiado rápido.

Tu ausencia se redujo

a la filigrana de un camafeo

tan pequeño que apenas

entra en una caja.


La molienda


Estoy sola como el mundo.

Soy plana como el mundo.

Lo único que quiero

es provocar

un estado de tensión

en el que las cosas se rompan

y no haya ruido.

Funciono como las plantas,

si aspiro demasiado

me ahogo.

En Méjico me contaron

de una mujer

a medida que molía el maíz,

su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer

que se muele a sí misma.

me escribo

y desaparezco.


Una ménade en la cocina


Bebe un trago

largo de oporto

se pasa la lengua por los labios

lo saborea.

Sangra y el piso

se vuelve mancha roja

todo se mueve

y ella flota. Danza

una coreografía en la cocina,

su cintura dibuja

con la cadera un ocho

unta almíbar en sus pezones

se excita, se acuesta

sobre los azulejos fríos,

ella toda húmeda

se queda dormida

así, en la cocina.


Pintura negra


Se muerde la lengua, rompe

una botella contra el mármol.

Muele, sobre un plato de loza

el vidrio, amasa la harina

y la estira estira

por su cuerpo.

Se mete adentro

un pedazo de vidrio

cada vez más adentro

hasta que sangra.


Nurit Kasztelan


Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Es licenciada en economía y cursa estudios de literatura en la Universidad de Buenos Aires. Desde mayo de este año, coordina el ciclo de lecturas de poesía La manzana en el gusano.

En agosto del 2007 publicó Movimientos Incorpóreos, por la editorial Huesos de Jibia. Poemas suyos aparecieron en la revista virtual No-retornable. También colaboró con reseñas para las revistas virtuales El interpretador y No-retornable.

"La hija ya mamushka"


"Las mamushkas dan a luz en la oscuridad.
Se asisten a sì mismas en el parto
se parten
en pedacitos
que la hija ya mamushka junta
para hacer un cubrecama finísimo."

"Una mamushka contiene en su vientre
la totalidad de las mamushkas."
-Roberta Iannamico-

MAMUSHKAS, roberta iannamico



Una mamushka contiene en su vientre
la totalidad de las mamushkas
porque no hay mamushka que no tenga
una mamushka adentro

Madre hay una sola




MAMUSHKAS, roberta iannamico, VOX , 2

Más Kamenszain

La boca del testimonio de Tamara Kamenszain

Tomado de http://www.minotaurodigital.net/textos.asp?art=190&seccion=Literatura&subseccion=Rese%F1as


El subtítulo de La boca del testimonio es Lo que dice la poesía. Así de claro y directo. Así de arriesgado. Por eso la autora declara que “intentar decir ese indecible a toda costa es el modo que tiene la poesía de aportar siempre, pero sobre todo en tiempos desérticos, una prueba de vida”.

Título: La boca del testimonio. Lo que dice la poesía
Autor: Tamara Kamenszain
Edita: Norma
Páginas: 162 págs.

El subtítulo de La boca del testimonio es Lo que dice la poesía. Así de claro y directo. Así de arriesgado. Porque contar lo que dice la poesía es tan difícil e impreciso como contar qué es la vida. La vida se vive, no admite otra explicación; la poesía se escribe y se lee, no admite otra vuelta o acabaremos diciendo como Bécquer “poesía eres tú” y no diremos nada más. Pero es que la poesía por necesidad también es vida y entonces lo dice todo. Y por ahí, tal vez, podríamos contar una experiencia, dar un testimonio.

Por eso la autora declara que “intentar decir ese indecible a toda costa es el modo que tiene la poesía de aportar siempre, pero sobre todo en tiempos desérticos, una prueba de vida”.

Desde hace unos años, bien como ensayista bien como poeta, Tamara Kamenszain ha estudiado el significado de la poesía y lo ha hecho con tan buen resultado que se ha convertido en una de las referencias ineludibles para comprender la poesía latinoamericana con una larga trayectoria que abarca desde De este lado del Mediterráneo (1973) a Solos y solas (2005), en poesía, y El texto silencioso. Tradición y vanguardia en la poesía sudamericana (1983) al presente libro, en ensayo.

En este volumen Kamenszain analiza tres actitudes extremas del testimonio poético: testimoniar en oxímoron, testimoniar sin lengua, testimoniar sin metáfora. Respectivamente, corresponden a César Vallejo, Alejandra Pizarnik y tres jóvenes poetas argentinos: Washington Cucurto, Martín Gambarotta y Roberta Iannamico. Son las tres partes en que se divide el libro, pero no podemos considerarlas tres ensayos independientes, sino que sólo es uno en el que cada parte contrasta y complementa a las otras dos. Incluso hay que considerar el libro como la lógica continuación de la obra anterior, pues los temas y los poetas estudiados son una revisión de lo ya publicado en ensayos anteriores. Retomarlos no sería, pues, una novedad, pero sí el análisis que los engloba, la línea de una poesía vital que emparenta unas actitudes tan disímiles y que, sin embargo, convergen en realidad trasmudada por la visión del poeta.

De César Vallejo se analiza la etapa de España, aparta de mí este cáliz, es decir, la poesía que trata de la Guerra Civil española, una llamada a la vida en contra de la barbarie de la guerra dirigida, más que a los combatientes, a los que considera sus compañeros, “ porque se trata de una poesía que, entre decir y callar, escribe B con V o V con B para que a los compañeros les llegue, directo al corazón, ese mensaje imperativo que siempre es de vida y/o muerte.” Hay una insistencia en no separar la vida de la muerte, pues ambas comparten el escenario de la guerra. Con mucho acierto, Kamenszain a menudo recurre a Paul Celan, quien seguramente es el mejor ejemplo de cómo un poeta del siglo XX lucha por crear, por sublimar los terrores interiores ante tanta tragedia. Otra referencia constante es Giorgio Agamben en alusión a su “lugar del testimonio” para buscar el intersticio que hay entre lo humano y lo inhumano. Es así como creemos entender este “Testimoniar en oxímoron” de Vallejo.

El caso de Alejandra Pizarnik quizás sea más controvertido para explicar esa lucha consigo mismo en el “Testimoniar sin lengua”. De nuevo aparece el modelo de Paul Celan, que podría haberse tomado en la aporía de manifestarse en una lengua – el alemán – cuando ésa fue de sus torturadores; pero Kamenszain prefiere fijarse en la problemática de la muerte y la identidad judía de ambos, Pizarnik y Celan, posiblemente desde la posición judía de la autora, y hable así de “la condición judía de toda muerte: ser sin resurrección.” Por supuesto, uno habla de lo que le interesa y como le interesa y, si se ha hecho con verdadera dedicación, es lógico que haya una implicación afectiva. El éxito de este libro radica en que la voz poética de Tamara Kamenszain también participe en el análisis de creaciones afines a estos poetas.

Entonces nos encontramos con la última parte, “Testimoniar sin metáfora”, la más subjetiva del libro. La poesía de Washington Cucurto, Martín Gambarotta y Roberta Iannamico es el intento de subvertir lo real mediante, en síntesis, un realismo atolondrado (Cucurto), la exploración de la realidad (Gambarotta) y el uso de lo real para crear donde no hay (Iannamico). Son intentos de renovación estética desarticulando el verso, la rima, el sentido de las palabras. La poesía se vuelve coloquial, directa, cercana y llega a perder su recurso estilístico fundamental, como es la metáfora.

El resultado, aunque variable, resulta interesante para acercarnos a la nueva poesía latinoamericana – en este caso la argentina – y aún puede ser más valioso si consideramos lo difícil que a menudo es difundir la literatura actual en los demás países de habla española.

En definitiva, ésta es una obra de gran calado, profunda y a la vez clara, de las que rebasan el mundo de los especialistas para acercarse al gran público. Es de agradecer que sea así tratándose de algo tan humano como la poesía.

óscar Martín

Ensayo de Tamara Kamenszain

PLEBELLA

....poesía actual



TESTIMONIAR SIN METAFORA, NARRAR SIN PROSA, ESCRIBIR SIN LIBRO:

La poesía argentina de los 90 [1]



En aquel célebre trabajo La lógica de la literatura [2], Kate Hamburguer planteaba, como condición ineludible para que exista un poema, que el sujeto enunciante no sea fingido. Lo que ella denomina yo lírico, entonces, sería un yo real que da cuenta en el poema de la realidad de su experiencia, más allá de que esa experiencia haya sucedido o no en la realidad. Esto diferencia claramente al yo lírico del yo del narrador, ése que siempre es ficticio (por eso la coherencia de la novela no la da su remisión a la experiencia de un sujeto sino a su propia estructura) Hamburguer pone dos ejemplos extremos de mediados del siglo XX donde el yo lírico parece a punto de caerse de los límites de su función: la poesía concretista y la poesía política. Hoy, a comienzos de un nuevo siglo, pasa algo parecido con la producción de la nueva poesía argentina de los 90. El yo lírico parece a punto de soltar su función de custodio de la experiencia o, para decirlo de otro modo, los poemas parecen haber abandonado aquella pretensión de intimismo que fue un secreto compartido entre lector y poeta a través de toda la historia de la poesía. Incluso en el vanguardismo post-mallarmeano el guiño cómplice de un yo que despliega ante el lector su condición de puro sujeto de la enunciación, fue a su manera un secreto compartido. Hoy, de vuelta de la conciencia enunciativa, el poema se instala en un universo que, en el polo opuesto de la intimidad, deja entrar a los otros en su acontecer. No hay un relato abortado por escansiones ni tampoco una invasión del poema sobre el campo de la prosa como sucedía con aquel híbrido, tan de moda en los setenta, denominado prosa poética, cuyo discurso transcurría sin escansiones ni encabalgamientos pero pasando a depender de la experiencia de un yo lírico. Aquí sucede todo lo contrario: en medio de las escansiones, sin prosa alguna, un yo acentuado por los otros se funde y se confunde en un ir y venir de personas que quedan a medio camino -barradas, escandidas- en su vocación de devenir personajes.

En Seudo de Martín Gambarotta habitan algunos de estos suedopersonajes. El prefijo Seudo remite a semi, a más o menos, a no tanto. Cuando en este libro se nombra a un tal Seudo, la remisión es indistintamente a un yo, a un tú y a un él: “en calle Padilla/ unos chinos vestidos de pachucos/ se reparten nombres: vos Zhang Cou/ te llamás Francisco, vos Xin Di/ te llamás Diego, vos Gong Xi: Pacino/ y yo Bei Dao, me llamo Pseudo (.....) Después discuten/ porque todos quieren llamarse Diego/ y le dicen a Bei Dao/ que Pseudo no es un nombre” En medio del acontecer, que en este caso podríamos llamar la calle, en medio de una calle, entonces, a la que se le recorta una ventanita que llamaremos poema, Seudo (a veces escrito con p y otras sin, como si lo coloquial y lo literario se intercambiaran según el caso) es, para un grupo de inmigrantes que se reparten nombres argentinos, una de las alternativas de cambio de identidad. Sin embargo, la cadena se detiene porque se dice que “Seudo no es un nombre” mientras la pelea es por Diego, porque ese sí sería un nombre. Bei Dao, un chino vestido de pachuco que, como las mulatas de La máquina de hacer paraguayitos de Washington Cucurto, vive en su yotibenco de la calle Padilla, se presenta en primera persona “Yo Bei Dao me llamo Seudo”. Pero ni Bei Dao ni los otros se afianza como personaje de un relato. Muy por el contrario, todos van deviniendo seudopersonajes de un poema, y esto se debe a que finalmente no pueden tener nombres. La escansión del verso se produce así, cortando y mezclando la cadena de nominaciones: “vos Zhang Cuo/ te llamás Francisco, vos Xin Di/ ....” Esos cortes operan como marcos de la ventanita que recorta lo que venía siendo un relato. Pero no es una ventana desde la que un yo lírico mira lo que sucede en la calle Padilla para reelaborarlo en la página como imagen poética intimista. Si aquí todavía pudiera rastrearse algún tipo de yo, seguramente éste habitaría la calle y su paso por entremedio de los extranjeros lo volvería alguien, le daría una identidad sin nombre. Y la nomenclatura de su particular naturaleza no humana sería Seudo. Dice otro poema de Gambarotta: “Pseudo es el objetivo frío/ de la mañana el más odiado el atleta/ Tiene nombre, sobrenombre y nombre/ científico y la suma de los tres da/ la nomenclatura de su naturaleza”.

En Punctum, primer libro de Gambarotta, son las cosas las que no tienen nombre y en su calidad de “seudo” repelen cualquier intimidad lírica: “cómo se llama eso que cuelga de la pared/ cómo se llama eso que cubre la lámpara/ rodeado de cosas sin nombre a mí también me hubiera gustado empezar esto/ con: de noche junto al fuego/ pero acá/ no hay, salvo en potencia, fuego/ y eso que se divisa, una oscuridad/ baldía sobre nosotros a duras penas/ puede ser llamada noche, nada/ hace suponer/ el final de la trasmisión nocturna/ que ahora termina y deja/ la pantalla nevada/ trasladando a la penumbra del pasillo/ la oscilación de un aire gris que no provoca/ ninguna emoción salvo en las cosas” A pesar de los incontables esfuerzos, dentro de la historia de la poesía, por fatigar metáforas en relación a la noche, aquí ya no hay recursos literarios que la nominen. Es la irrupción de lo real -la pantalla nevada de un televisor- lo que da la señal no sólo del final de una programación sino también de que algo, irremediablemente, está perdido para la poesía. La noche no puede ser más una experiencia intimista de un yo, lo que equivale a decir que para esta poesía argentina del nuevo milenio, la programación está finalizada. Si todavía queda algo que tímida y cautelosamente nos atrevemos a llamar poema, no es más una ventanita que se abre dentro del acontecer narrativo de un televisor: “Antes del corte de la programación estuvo/ el vuelo de una polilla en la pantalla/ a contrapunto de la banda de sonido del Gran Chaparral/ una japonesa que se tiraba a la pileta/ en otro canal un documental sobre cáncer de piel/ y en otro un delfín saltando aros de fuego/ y de nuevo la japonesa secándose la nuca”. Finalizada la programación televisiva, el relato viene de la calle cuando aquella “variación en los tonos de gris” del pasillo se funde “con el destello aguado de un aviso de yogur”. El aviso dice ni más ni menos que esto: “PORQUE LO IMPORTANTE ES UNO MISMO”. Queda claro, a través de esta leyenda publicitaria, que el yo es una virtualidad que sobrevive como recordatorio en un aviso de yogur. “Lo importante es uno mismo” es algo que debe ser publicitado porque no sólo en la poesía se terminó la programación. La calle misma es un desierto donde todos son nadie, extranjeros cuya identidad se juega en un intercambio fallido de nombres. El juego se llama Seudo, un juego peligroso que en Punctum tiene otra nomenclatura: Cadáver. Cadáver es un pseudopersonaje, una ficción menos que humana que tanto puede ser invocada en segunda persona, descripta en tercera o escuchada en primera. Es un aparecido que se levanta de en medio de aquellos cadáveres perlongherianos que señalaban desapariciones. Al famoso estribillo “hay cadáveres”, Punctum responde con un “no hay, no va a haber, no hubo/ no hubo no no hay no va a haber/ ni hubiese habido sí ni hubo, mejor serie que Kojak”. Y así continua ese seudorelato que recorta por dentro lo que estaba atrás de la pantalla nevada y atrás también de la pantalla-ventana porque eso, y sólo eso, es lo que hay. “No va a haber, Cadáver, mañanas/ reales de color tierra”.dice quien ahora le habla a Cadáver, su interlocutor resucitado. En la poesía de Perlongher, en medio de pajonales, de redes de pescadores y del tropiezo de cangrejales, las mañanas color tierra –o color barro mejor- dejan ver la presencia de los cadáveres como anticipo de una irrealidad que vendrá. Ahora lo real es la desaparición. “Primero aceptar la abstracción del mundo, sufriendo su frialdad y aquí, en este horizonte vacío, en el que, cegados por nuestra miseria nos movemos desesperadamente, buscar, buscar lo real hasta que caiga en nuestras manos un encuentro, un acontecimiento” dice Toni Negri [3] refiriéndose a ese desierto de la abstracción posmoderna que él considera un pasaje ineludible para lo que vendrá. Y el Cadáver es la única verdad de lo que ya no hay. Hijo único, comparte la singularidad espectral con su doble, un yo con acento, un post-yo lírico y post, también, narrador omnisciente, un puro operador de zapping en el desierto o una máquina de escandir cronogramas de acontecimientos callejeros sin intimismo.

Hal Foster, en El retorno de lo real [4] refiriéndose al arte posmoderno en términos de “cultura de la abyección”, donde lo real retorna en la presencia de lo abyecto, dice que “si hay un sujeto de la cultura de la abyección no es el trabajador, la mujer o la persona de color sino el Cadáver”. Se podría decir que, en esta nueva poesía, Cadáver es el trabajador, la mujer, la persona de color -como las mulatas de Cucurto- todos juntos ahora conviviendo sin nombre (o con nombre falso) reunidos en la calle como se reúnen las partes después de una autopsia. Sólo los cadáveres se levantan y andan, parece querer testimoniar este conglomerado post-humano. Sólo los cadáveres, ya no más las personas, ya no más los yoes infatuados de intimismo literario o post infatuados de textualismo.

En el desierto de la abstracción del que hablaba Negri, el acontecimiento es de ahora en más, Cadáver que nace. Ahí está, apareciendo de la nada, lo que sin embargo ya estaba. “Plagiar al plagiario” pide Cucurto en el epílogo a La máquina de hacer paraguayitos, “lo único original es el Cadáver” agrega Gambarotta y Roberta Dinámico condensa esta irrupción de lo real en el femenino “Mamushka”: (“una mamushka en el desierto/ rueda sobre la arena/ se pasa la lengua por los ojos/ para no morir de sed”). Así la presenta y así, Mamushkas, se llama uno de sus libros de poemas. De entrada, la tentación de hacer analogía resulta irreprimible: las muñecas rusas, que albergan unas a las otras, podrían simbolizar a la madre. Sin embargo, Iannamico lo desmiente: “Una mamushka contiene en su vientre/ la totalidad de las mamushkas/ porque no hay mamushka que no tenga/ una mamushka adentro/ Madre hay una sola”. De nuevo, como en el caso de la noche en Punctum, la poesía parece haber fatigado todas las metáforas para el significante madre y ahora, en esta poesía que, como decía Iannamico, es anterior al género, ya no hay madre capaz de dejarse sostener por el desdoblamiento metafórico que es como decir que “madre hay una sola”. En el desierto, en cambio, la que alberga dentro de sí la posibilidad de vida es la mamushka. Pero ojo, si no hay analogías tampoco se trata del producto delirante de una imaginación autoral: “hay mamushkas que ponen huevos rosados/ que contienen mamushkas/ que ponen huevos rubios/ o huevos verde agua/ pero puestas a empollar/ no hay gran diferencia”. No esperemos ver otra cosa que lo que está a la vista, “puestas a empollar no hay gran diferencia”, madre hay una sola, no hay engaño posible, el color de los huevos no es una cuestión estética, no son huevos pintados, son, sin ambages, la diferencia que no hay:. “Así tuviera ojos en la espalda, vería las cosas siempre igual” dice Iannamico en Tendal, otro de sus libros. En ese mismo libro hay un poema que puede hacer espejo con Mamushkas, se titula “Después del parto” y dice: “Estreno un camisón lavanda/ la misma seda del lirio/ de un lado la piel/ floja sobre la carne hinchada/ del otro lado el espejo/ del baño/ del hospital”. La sutil pulsión lírica que le da sostén a este poema parece un hilo a punto de cortarse por lo más delgado. Es que todo está a la vista, ninguna experiencia subjetiva parece querer darse a conocer aquí. Las capas de lo real –camisón, piel, espejo- son todas una misma capa: la desnudez. Ninguna esconde nada, no hay una intimidad oculta y es justamente ese despojamiento el que se convierte en llanto de mamushka: ”una mamushka considera a la cebolla de su misma especie/ no la corta ni la pica/ la pela apenas/ y esa desnudez/ la hace llorar”.

A esta altura no cabe duda que la que habla en primera persona después del parto es una Mamushka. No se trata, obviamente, de una poeta que acaba de ser madre y trasmite su experiencia pero tampoco sólo de su sombra, aquel yo lírico limitado a dar cuenta sólo de su enunciación. Un plus, un acento como el que pone Cucurto en la palabra yo (“yó” [5]), parece querer decir algo más a través del femenino que habla por boca de la mamushka de Iannamico. La alteridad mujer que para Foster dio lugar al Cadáver vive en este cadáver-mamushka como una sola madre que después del parto se niega a dejarse reflejar en ningún espejo metafórico. El espejo del hospital está ahí, del otro lado de la piel ajada, pelada. Y esa desnudez, lo real femenino, una resistencia que no se deja reflejar en espejo alguno, está siempre en el mismo lugar. Como los espejos en los hospitales, que siempre están en el baño. Aunque tengamos ojos en la espalda, diría Iannamico, las cosas están siempre en su lugar. “La verdad sólo puede ser constituida en el desierto, empecemos reuniendo las cosas más sencillas,” dice Negri. Y la mamushka, mujer después del estereotipo de mujer, hace una economía de lo que no hay para que haya: “Las mamushkas dan a luz en la oscuridad/ se asisten a sí mismas en el parto/ se parten/ en pedacitos/ que la hija ya mamushka junta/ para hacer un cubrecama finísimo”.

Para Iannamico la poesía es algo que está atrás del género [6]: una manera de ver-sentir-ver pasar. Esa pulsión, que comparten la mujer, el trabajador y la gente de color es lo que está dando nueva vida a la poesía argentina de hoy. .Dominicanas del demonio o paraguayitos de Cucurto, Seudos o El Cadáver de Gambarotta, Mamushkas de Roberta Inannamico, estas multitudes que pueblan los yotibencos, las calles del desierto local, le estén empezando a aportar a la argentinidad un nuevo color que justamente por habitar atrás del género, en el baño, en el WC (como Washington Cucurto, el seudónimo de Santiago Vega), nos atrevemos a llamar poesía. Poesía que está después de la literatura, tal vez, pero que no la excluye, aunque algunos críticos horrorizados ante el vacío que parecen provocarles las cosas sencillas, dicen que estos nuevos poetas escriben sin haber leído nada. En realidad, habría que decir más bien que, en la obra de estos poetas, la literatura está digerida y naturalizada hasta quedar transformada en una más de esas cosas sencillas . Zelarayán, el nombre de un poeta de culto de las generaciones anteriores, es usado por Cucurto para titular uno de sus libros. A su vez Gambarotta titula uno de sus libros Punctum, término acuñado por Roland Barthes en su libro Cámera Lúcida. Nunca dentro del libro se recupera o se justifica ese título, tampoco Zelarayán. Son robos a mano armada, préstamos que no se devuelven. Porque, como dice Anahí Mallol [7]: “ahora que (estos poetas) saben que lo privado es político, ya ni se preguntan si lo correcto (políticamente correcto) es hablar como la gente de cosas que le pasan a la gente (como Miguel Dalmaroni definió la estética sesentista de Gelman) o retraerse en la exploración de la subjetividad, la infancia, el miedo, al modo de Pizarnik”.

Si lo privado ya es político, entonces, no se trata de fabricar coloquialismos impostados copiándole a la gente su modo de hablar ni tampoco de cuestionarse si el intimismo pizarnikiano es o no revolucionario. En esta poesía de los 90 ya no hay intimismo ni coloquialismo, tampoco hay un autor que utilice técnicas narrativas ni lenguajes televisivos o rockeros. Estos poetas del nuevo milenio no escriben, si por escritura se entiende una operación meramente formal. Lo que hacen es forzar el punto de cese de lalengua [8] hasta hacer aparecer lo real. Y eso, sólo eso, es lo que ellos testimonian. Para escuchar esa nimiedad a lo mejor hay que hacer silencio. Como las mamushkas: “las mamushkas se callan cuando deberían hablar/ no pueden parar el murmullo que las habita/ nadan en el rumor/ de las hijas creciendo.”



Tamara Kamenszain





[1] Fragmento de un ensayo más amplio que formará parte del libro La boca del testimonio.

[2] Kate Hamburguer, La lógica de la literatura, Visor, Madrid, 1995

[3] Toni Negri, Arte y multitudo, Trotta, Madrid, 2000.

[4] Hal Foster, El retorno de lo real, Akal, Madrid, 2001.

[5] Washington Cucurto, en Cuarteto de las tickis, inédito.

[6] “yo le digo poesía no al género literario sino a lo que está atrás de eso, antes que se convierta en palabras. Una forma de ser-ver-.sentir- ver pasar”. Entrevista a la autora en Internet (www. poesía.com)

[7] Anahí Mallol, La poesía de los 90 en Argentina: muchachos futboleros, chicas pop y chicas que se hacen las malitas en Literatura argentina, perspectiva de fin de siglo, Eudeba, Buenos Aires, 2001.

[8] Jean Claude Millner , en El amor de la lengua (Visor, Madrid, 1998) llama “punto de cese” o “punto de poesía” a ese corrimiento permanente que realiza la poesía de aquello que en lalengua “no cesa de no escribirse”. Milner, como Lacan, escribe lalengua todo junto para, entre otras cosas, diferenciarla de aquel objeto recortado de la lingüística llamado lengua.



TOMADO DE http://www.plebella.com.ar/numero1/testimoniar%20sin%20metafora%20T%20Kamenzsain.htm

Uno de los textos que me desarmaron ayer

Ella

Por Tamara Kamenszain






Sentada al borde de la memoria de ella

me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja

entre nosotras las palabras se acortan

ella no habla yo dejo de decir lo que decía

la dejo que no diga para no avergonzarla

juntas vamos armando un presente que no dura

en ese instante precoz mi madre se queda sola

porque yo como los tontos elijo seguir de largo

creo que a futuro todo me espera

mientras nadie a ella le da esperanzas

así separadas nos vamos juntando

la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde

para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte

vienen y van nuestros pasados compartidos

van y vienen nuestros futuros distanciándose

ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?

le contesto comé vestite dormí caminá sentate

el chirrido de su robot le hace caso por hoy

a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.


¿Sucederá que vea

extenderse el desierto

hasta que también le falte

la caridad feroz de los recuerdos?

se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo mientras mi vieja se aleja encorvada

hacia el desierto público de su desmemoria

desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos

pero ella no encuentra la contraseña

quiero guiarla pero se le suelta la lengua

es tu mamá es tu papá

¿te acordás cómo se llamaban?

Avanza protegida por lo que no dice su amnesia

y me pierde a mí en otro idioma

nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas

soy ahora por ella la hija que crece sin remedio

para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos

así juntas nos vamos separando

trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas

porque hay otras fotos

y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa

entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica

ésa que me legó generosamente un parecido

todavía está viva y nada le impide

seguir siendo mi madre.





El último libro de poemas de la autora es Solos y solas (Lumen). Su último libro de ensayos es La boca del testimonio (Norma)

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...