viernes, 31 de julio de 2026

Vulnerabilidad extrema, desnudez e indefensión

Joan Didion. El año del pensamiento mágico. Pág. 44-45 



La gente que ha perdido hace poco a un ser querido tiene una expresión peculiar,

que tal vez solo reconocen quienes han visto esa misma expresión en su propia cara.

Yo la he visto en mi cara y por eso ahora la reconozco en otras. Se trata de una

expresión de vulnerabilidad extrema, de desnudez e indefensión. Es la expresión de

quien sale de la consulta del oftalmólogo a plena luz del día y con las pupilas

dilatadas, o bien de alguien que lleva gafas y de pronto le obligan a quitárselas. La

gente que ha perdido a un ser querido parece desnuda porque se cree a sí misma

invisible. Yo también me sentí invisible durante una época, incorpórea. Me daba la

impresión de haber cruzado uno de aquellos ríos legendarios que separaban a los

vivos de los muertos, de haber entrado en un lugar en el que solo me podían ver

quienes también habían perdido hacía poco a un ser amado. Por primera vez entendí

el poder de aquella imagen de los ríos, el Estigia, el Leteo, el barquero con su capa y

su pértiga. Por primera vez entendí el significado de la práctica del satí. Las viudas no

se tiraban a la pira en llamas por dolor. En realidad la pira en llamas era una

representación bastante precisa del lugar al que las había llevado su dolor: no sus

familias ni la comunidad ni la tradición, sino su dolor. La noche de la muerte de John

nos faltaban treinta y un días para cumplir cuarenta años de casados. A estas alturas,

ya habrán adivinado ustedes que a mí la «dura y dulce sabiduría» de los dos versos

finales de «Rose Aylmer» se me escapaba por completo.

Yo quería más que una noche de recuerdos y suspiros.

Yo quería gritar.

Yo quería que volviera.


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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...