Holanda es un país plano, que en última instancia se transforma en mar,
que es, en última instancia, Holanda. Los peces no apresados conversan en
holandés, convencidos de que su libertad es una mezcla de grabados y de
encajes. En Holanda no se puede subir a las montañas ni se puede morir
de sed; más difícil aún es dejar una huella clara al salir de casa en bicicleta;
en barco — con más razón. Los recuerdos son Holanda. Y no hay dique
capaz de contenerlos. En ese sentido he vivido en Holanda mucho más
que las olas locales, que se mueven a lo lejos sin rumbo fijo. Como estos
versos.
JOSEPH BRODSKY, 1993
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