miércoles, 12 de octubre de 2011

Si una va montada en cicatrices



Escuela de pupilos para indios. Los escapados.





Louise Erdrich





A casa, es adonde vamos cuando dormimos.

Los furgones que se bambolean hacia el norte en sueños repetidos

no nos esperan. Nos subimos en marcha.

Las vías, viejas lesiones que amamos,

atraviesan la cara, paralelas, y terminan

justo bajo Turtle Mountains. Si uno va montado en cicatrices

no puede perderse. Cruzan por casa, siempre.



El guardia rengo prende un fósforo y hace menos tolerante

la oscuridad. Miramos a través de hendijas en las tablas

mientras la tierra empieza a rodar, a rodar hasta que duele

estar aquí, con frío, en ropa reglamentaria.

Sabemos que el comisario nos espera a mitad de camino

para llevarnos de vuelta. Su auto es cálido y callado.

La autopista no nos hamaca, zumba despacio

como un pasillo de insultos largos. Las marcas gastadas

de antiguos castigos llevan de ida y de vuelta.



Todos los fugitivos llevan vestidos, vestidos largos, verdes,


del color que uno creería que tiene la vergüenza. Fregamos


las veredas porque es un trabajo vergonzoso.

Nuestros cepillos cortan la piedra en arcos húmedos

y en lo empapado, tiemblan claros débiles bosquejos

por un momento, cosas que nosotros, los chicos, apretábamos contra la cara

oscura antes de que se endureciera, pálida, recordando

viejas heridas delicadas, las espinas de nombres y despedidas.



Pero con femineidad

Las mujeres poetas



las poetas mujeres

tenemos que juntarnos

para salir

para enfrentar

la humanidad hostil

pero hay que hacerlo con dulzura

¡FEMINEIDAD!


las poetas mujeres

hemos de unirnos

para vencer

a poemazo limpio

aunque nos tiren la casa abajo

a pedradas

a pleonasmos


las mujeres poetas

debemos mantenernos codo a codo

pero sin codearnos

mano a mano

pero sin manosearnos

check to check

pero sin chequearnos

y teté a teté

pero son pecharnos


muy difícil


las mujeres poetas

hemos de divorciarnos

¿y de quién? ¿y de quién?

de las poetas mujeres




hombres no hay hace rato




(31-VIII-86)





Susana Thénon (Buenos Aires, Argentina, 1935-1991)
de La morada imposible, Editorial Corregidor Biblioteca de Poesía, Tomo II
Edición a cargo de Ana M. Barrenechea y María Negroni
Poemas inéditos II, 1981-1988

lunes, 10 de octubre de 2011

La cara limpia y el alma expuesta

ELIJO A LOS QUE QUIERO... no por la piel u otro arquetipo cualquiera, pero sí por sus pupilas.
Tienen que tener un brillo cuestionador y tonalidad inquietante. No me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hábitos. Me quedo con aquellos que hacen de mí loco y santo. De estos no quiero respuestas, quiero mi revés. Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mí. Para e ...so, sólo siendo locos.
Los quiero santos para que no duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias. Elijo a mis amigos por la cara limpia y por el alma expuesta. No quiero solamente el hombro o la falda, quiero tambien su mayor alegría. Amigos que no ríen juntos, no saben sufrir juntos.
Mis amigos son todos así: mitad tontería, mitad seriedad. No quiero risas previsibles ni llantos piadosos. Quiero amigos serios, de aquellos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje, pero que luchan para que la fantasía no desaparezca.
No quiero amigos adultos ni estudiantes. Los quiero mitad infancia y otra mitad vejez. Niños, para que no olviden el valor del viento en el rostro, y viejos, para que nunca tengan prisa.
Tengo amigos para saber quién soy. Pues viéndolos locos y santos, tontos y serios, niños y viejos, nunca me olvidaré que la normalidad es una ilusión imbécil.


OSCAR WILDE

Thor

Estuvo buena. Personajes, historia de amor, efectos y acción, idea de la magia como ciencia que aún no podemos entender (con referencia CF y todo).
Tiene algunos lugares comunes muy comunes pero bien combinados: la pelea entre hermanos, el hijo pródigo y el adoptado, el camino del héroe desde la soberbia a la sabiduría e ida y vuelta a casa. Pero los únicos clichés que no me banqué fueron la muerte como sacrificio con resurrección y la chica que atropella chico con el auto.

Despertares de novela

Qué importante el momento en que una se levanta para comenzar el "día", la jornada: trágico si es con apuro y despertador, bucólico si es feriado como hoy.
En la novela que estoy escribiendo y no, desde enero, la protagonista aparece saliendo de la cama en varias ocaciones. Se me ocurrió que podría aprovechar en mi favor (y el de mi novela) estas repeticiones, recurrencias, monotematismos que tanto me acomplejan para volver significativo este hecho ¿fortuito? (digo, del que no me había percatado hasta ahora).
En vez de titularla provisoriamente "La tía Inés" podría cambiar "provisoriamente" a algo como: "Levántate y busca a tu abuela" (si estuviera bíblica o épica) o "Levantate y buscá a tu abuela" (si quisiera algo más coloquial, más onda "nena mové el culo" ¿no?)

domingo, 9 de octubre de 2011

Documental Perlongher


SE ESTRENA PERLONGHER EN ARGENTINA

Se estrena “Perlongher” el documental.

El documental “Perlongher” -que se estrena en la sala Artecinema, el 10 de octubre dentro del VII Festival transterritorial de cine undeground- presenta a través de entrevistas y textos recitados y escenificados al poeta del Neobarroso, que supo hacer de su literatura la expresión de su militancia sexual, herencia de los enunciados de los años 60, como una voz que emerge del éxtasis.
Con desenfado y sarcasmo, Nestor Perlongher aparece a través de los claroscuros de ausencia que el blanco y negro de la película de Jorge Barneau logra componer, a través del testimonio de figuras de la cultura, de sus allegados y la voz en off del poeta, un relato cinematográfico por medio de primeros, primerísimos planos y diversos tratamientos de la imagen.
El filósofo Tomas Abraham, el escritor Rodolfo Fowill, el poeta Reynaldo Jiménez, el teórico Christian Ferrer son algunos de los entrevistados que van descubriendo al poeta, al antropólogo, al militante, al hombre y al amigo como en el caso de Sara Torres.


Tomado de http://barneaumatinee.blogspot.com/2011/10/se-estrena-perlongher-en-argentina.html

Hay que ver

Peripecias del no


Por Maximiliano Tomas



No debe haber ninguna casualidad en que las tres películas argentinas más interesantes de los últimos años se hayan estrenado al margen del circuito tradicional y hayan sido producidas desoyendo los dictados de la industria y sin ayuda alguna del Estado. Tampoco debe ser casual que en las tres se haya visto involucrado de alguna manera Mariano Llinás: en Historias extraodinarias (2008) como director y guionista; en Excursiones (2009) como actor; y en El estudiante (2011) colaborando en el guión y como socio minoritario. Hay en todas ellas una manera de ver y entender el cine que nada tiene que ver con la de la mayor parte de la industria nacional y el Incaa. Para ponerlo de manera sencilla, la distancia que puede existir entre Historias extraordinarias y El secreto de sus ojos, por mencionar dos hitos del cine argentino reciente, es la misma que media entre un libro de Thomas Pynchon y uno de Wilbur Smith: dos universos paralelos e inconciliables.

De ellas, El estudiante (escrita y dirigida por Santiago Mitre, y que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Bafici y en el Festival de Locarno de este año), tal vez la más polémica, protagoniza desde hace semanas un extraño suceso de público en los dos únicos lugares donde se proyecta, la Sala Lugones y el Malba. Mitre fue guionista de Leonera y Carancho, los dos últimos trabajos de Pablo Trapero, y a lo largo de siete meses de 2010 filmó su propia película en los pasillos y las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. La historia es la de un joven de la provincia de Buenos Aires que llega a la ciudad para estudiar y se ve envuelto y seducido por la militancia universitaria, convirtiéndose en mano derecha y operador político del futuro rector. Un estudiante que no estudia y que madura aprendiendo los rudimentos básicos de la política de base. Lo novedoso de su objeto narrativo, y el talento con que está filmado el ámbito universitario (por momentos con fascinación entomológica, en otros con cierta fresca ingenuidad) hacen llevadera una película de más de dos horas basada en conversaciones, discusiones y diálogos.

Pero algo sucede en la escena final, justo antes de los títulos, donde el protagonista dice “no” y le niega ayuda a su mentor por primera vez: un mensaje ideológicamente confuso que resignifica lo visto hasta ese momento. Como si en esa renuncia hubiera una condena a toda la política (ayudado por la negatividad con que está retratado el conjunto de los personajes: no hay allí nadie que se salve, ningún alma bella, ni siquiera un progresista: todos buscan un cargo, un sueldo, aprobar una materia, y para ello traicionan y negocian, negocian y traicionan, en un círculo vicioso que jamás se rompe).

Ese “no” puede ser interpretado de varias maneras (una venganza del estudiante hacia el rector; el nacimiento mediante la traición de un nuevo delfín), pero una de ellas es la de la sustracción del protagonista del universo de la política, un territorio viciado e irrecuperable, sin fisuras. Un mensaje que condena a la política y la deja en manos del enemigo, lugar del cual no hay retorno. Aunque hay también otra posibilidad. El director es hijo de Ricardo Mitre, amigo y colaborador de Juan José Alvarez y secretario administrativo del Senado durante la vida breve de la Alianza. Leída en clave autobiográfica, las posibilidades interpretativas estallan y se multiplican. En todo caso, El estudiante es una película incómoda, que sin dudas hay que ver.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).

Ciencia-ficción y la revolución como pasado

SE PRESENTA LA NOVELA INÉDITA DE NICOLÁS CASULLO

Orificio, o el oficio de volver


Por Gabriel D. Lerman


El próximo jueves 13 de octubre a las 18.30, se presenta el libro nunca editado del notable filósofo y escritor. Será en Archibrazo, Mario Bravo 437. Participarán Fernando Spiner, Pablo De Santis, Claudio Zeiger y Liza Casullo, entre otros.

Nicolás Casullo (1944-2008) publicaba una novela por década hasta que la vida se lo llevó temprano y descubrimos, repentinamente, que había quedado una sin publicar. Casi sobre el final inesperado de su vida nos enteramos que en los años noventa había escrito una novela de ciencia ficción, de título Orificio, bastante más oscura e inflamable que las otras, bastante más dura. ¿Por qué no la había publicado? ¿Por qué postergó su corrección final hasta ese momento de extinción en que la vida se le iba y no quedaba más tiempo?

Antes que responder eso vale la pena preguntarse por Casullo de manera integral. Casullo acuñó la idea del pensar entre épocas como corte inexorable de tiempos históricos fenecidos y por venir, entre los cuales, sin embargo, se movían bisagras oxidadas y latían, como gustaba decir, antiguas reyertas que volvían transfiguradas. No había un despegue histórico incomunicado, indiferente, pero tampoco había con los años del horizonte revolucionario una continuidad lineal. Uno de sus conceptos metáfora más difundidos fue el de revolución como pasado, es decir, la idea de que vivimos un tiempo donde la transformación radical de estructuras es más un fondo histórico, un repertorio baldío, que un horizonte a futuro. Pero que el presente, de algún modo, le debe algo, en su configuración fantasmal, a esas ideas de cambio. Otro concepto fuerte es el del peronismo como memoria popular, como repertorio de prácticas, de gestos, de escisiones, que son pasibles de inscripción en nuevas telas, en nuevos andamios, sobre nuevos caballetes. Y, también, otra concepto imaginario que es el de mutantes, o sea el modo en que ciertas cosas se metamorfosean, se encriptan, se encarnan en otras… La novela Orificio fue escrita a comienzos de los noventa, en pleno auge menemista. Al peronismo desfigurado de los ochenta lo heredaba un peronismo traidor que liquidaba socialmente la Argentina. En esa escena política desoladora, mientras Ricardo Piglia escribe La ciudad ausente y el guión de La sonámbula, la película de Fernando Spiner; mientras Osvaldo Soriano escribe Una sombra ya pronto serás y Feinmann la emprende con su desbordada La astucia de la razón; Casullo escribe en voz baja, sin aspavientos, Orificio. Pero decide no publicarla. Sobreviene la crisis del 2001, y entonces el reloj empieza a correr nuevamente con rapidez.

La novela se compone de diez capítulos en los cuales, como una cámara subjetiva o una tercera persona con foco en el protagonista. Un hombre extraño, a quien le dicen Orificio, se mueve frenéticamente, con su ametralladora, liquidando uno y otro ser, de calle en calle. El relato nunca se aparta de Orificio, y lo sigue en su carrera loca, en su ascenso y acumulación, de barrio en barrio. Una sociedad de mutantes que viven en la anomia, en el año 2117, habita los antiguos barrios de la ciudad de Buenos Aires. Viven en tribus encapsuladas, con escasa relación y extraviadas a su libre albedrío y desesperación. ¿Quién es Orificio? En la composición de ese imaginario de una Buenos Aires de 2117 hay mutantes, seres que no son personas, acaso replicantes como en Blade Runner, acaso clones, copias como en Inteligencia artificial. De a ratos surgen retazos de un pasado distinto: guerrilleros, marxismo, luchadores, hordas psíquicas, talleres obreros, obispos, toda una nomenclatura y una toponimia que remiten a pasados sociales donde otras cosas han ocurrido y se han buscado, deseado. Quizás allí pone en juego, bajo otras ropas, las ideas de revolución como pasado y peronismo como memoria popular. Hay algo irreductible, negativo, imposible de resucitar. Hay algo indesmontable: el pasado. Nada vuelve de la misma forma, nunca, y si vuelve lo hace metamorfoseado, como un mutante. ¿Cómo, qué es lo viejo y lo nuevo?

Orificio se publica ahora, en 2011, al cumplirse tres años del fallecimiento de su autor. Se enmarca en el proyecto editorial ASTIER, una colección de novelas que propone una vuelta a la literatura argentina desde el placer y la voluntad del cambio social. Se trata de reencontrar las leyendas, las fábulas y las palabras de antaño, no donde permanece y se fosiliza el costumbrismo sino donde renace la extraordinaria singularidad de las identidades. No se trata de defender el realismo social contra una supuesta vanguardia formalista, ni los temas mal llamados sociales por sobre los mal llamados frívolos. Lo social en la literatura hoy aparece interrogado de un modo bastante distinto al de la polémica entre Boedo y Florida. Una muestra interesante de lo que puede hacer hoy la política con el arte es el NÉSTERNAUTA, aunque no se haya profundizado demasiado en ese poderoso símbolo. ¿Qué significa, en la Argentina de hoy, que el político más importante de la última década aparezca reconfigurado en un personaje de comic tan particular como Juan Salvo?



Tomado de http://revista-zoom.com.ar/articulo3979.html

sábado, 8 de octubre de 2011

Death Note

Hace como dos o tres años que mis alumnos me hablan del manga y que tengo que leerlo y ver la serie y que la relación entre escritura y muerte y si yo creo que se puede limpiar el mundo así. Y yo, ingenua, ignorante, que les hago leer "El poder de los nombres" de la Leguin.
Ahora vi la peli gracias a mi deeler cinematográfico de cabecera. Me encantó. Me causó un poco de inquietud, como siempre me causan las películas japonesas, las historias con niños o adolescentes, y todo aquello que tiene que ver con cosas en las que no debería creer pero..





viernes, 7 de octubre de 2011

Bolerización

"El mundo de la tecnología ha bolerizado el género epistolar. Ha generalizado el lenguaje de las postales románticas y ahora lo que toca es escribirse con palabras de novios antiguos de los años cuarenta. Y, aunque yo soy de esa generación en la que si tus padres te decían "te quiero" es porque o se iban a morir ellos o te ibas a morir tú, tengo el corazón débil y, cuando una persona me pide una cita con palabras tan melosas, soy incapaz de no creerme un poco la pasión que sienten hacia mí."


Elvira Lindo

La biografía transfigurada reinstala la ensoñación


: El libro en la pizarra ::
A la sombra de los durazneros
07-10-2011 | Marosa di Giorgio, Osvaldo Aguirre, Prólogos

En el prólogo a No develarás el misterio (Ed. El cuenco de plata), el libro que reúne treinta y dos entrevistas realizadas a Marosa di Giorgio entre 1973 y 2004, Osvaldo Aguirre habla sobre las particualaridades de la autora: “Como la obra, el relato de la vida aspira a situarse fuera del tiempo y del espacio”.

Por Osvaldo Aguirre.

no develaras el misterioLa entrevista periodística suele ser un lugar donde los escritores se confiesan, revelan aspectos de su intimidad y exponen sus propósitos. Con mayor o menor conocimiento, los cronistas quieren indagar detrás de las obras, reconstruir la historia de los autores según tópicos convencionales: cuándo comenzaron a escribir, cuáles fueron o son las lecturas e influencias determinantes, qué tipo de proceso descubren en el devenir de los textos. Buscan definiciones, en lo posible breves y simples, frases impactantes para un título, claves de interpretación. Y con frecuencia los escritores están dispuestos a dialogar en tales términos.

Hay que abandonar esas esperanzas antes de leer las entrevistas que siguen. Marosa di Giorgio dice y repite que no buscó nada, que no se propuso seguir un camino, que no hubo iniciación literaria, episodio fundante ni suceso que puedan reducir su experiencia a las expresiones habituales del periodismo cultural o la crítica académica. Por más que le pregunten, nunca termina de responder cómo escribe, y no tanto por reserva: si bien hay algo de un misterio que Marosa quiere preservar, el acto de la escritura, tal como ella lo entiende, se despliega como cualquier fenómeno de la naturaleza, y entonces comporta un margen inescrutable, más allá del designio personal.

No es que se desentienda de las preguntas. Marosa relata su vida de la manera en que compone su obra, con sus mismas figuras y procedimientos; la contempla y rehace según el mismo movimiento de transfiguración y fecundidad que anima su mundo creativo, la escribe, y de hecho prefería contestar por escrito, tal vez para que el mismo resplandor de su poesía iluminara los cuestionarios. Pero si la vida no explica la obra, la obra tampoco puede explicar la vida; Marosa rechaza, siempre con amabilidad, las proyecciones que algunos de sus interlocutores establecen a partir de sus relatos eróticos y que no indican sino la extrañeza que provocaba una obra ajena al mito del escritor y a los estereotipos del trabajo intelectual.

Esa extrañeza puede leerse en las preguntas que se reiteran, en una interrogación que insiste porque las respuestas nunca agotan la cuestión. No porque sean insuficientes, al contrario: Marosa dice más de lo que se espera, y lo inesperado lleva a la entrevista a un plano donde encuentra un límite y a la vez otra condición de posibilidad. En vez de cerrar el diálogo con una afirmación lo remite al espacio que le es familiar, el de la ensoñación y el encantamiento de la infancia. Es difícil referir la forma de la obra, su sentido de la construcción poética y de la sintaxis, las criaturas e historias que aparecen con el carácter de visiones, a las ideas convencionales de la crítica literaria. Marosa dice que escribe poesía, pero los textos, observan sus entrevistadores, están en prosa. Cuando dice que escribe novela, cuando se esperaría un relato lineal y con un desencadenamiento más o menos lógico, ofrece imágenes propias de la poesía, procesos donde personajes y cosas están regidos no por relaciones de causa y efecto sino por los haces de un arco iris, el florecer desmesurado, la reaparición multiplicada de lo perdido, la abolición del tiempo y de la muerte. En rigor, las distinciones son improcedentes: Los papeles salvajes pertenecen a la poesía y a la vez, por su unidad, conforman una novela. Las ideas de Marosa, en este punto, son tan sencillas como incontrastables: “Una novela, para ser realmente buena, debe a la vez funcionar como poema”, dice. Y a propósito de las reticencias para ubicar a Reina Amelia en el género: “¿Qué podría hacer poner en duda de que se trata de una novela? ¿Qué? ¿Acaso el lenguaje con centelleos? Pero, se entiende que una novela debe ser también una obra de arte, un acaecer sorprendente”.

Marosa escribe al azar. No puede explicar cómo comenzó, ni siquiera cómo compone un poema. La palabra trabajo le suena demasiado dura. No sigue una rutina, no tiene un momento para ponerse a escribir. “De pronto, percibo que otra rosa cayó del cielo”, dice al respecto: donde la razón periodística exige una revelación, redobla el misterio. En su relato no hay anécdota que pueda inscribir su experiencia en la historia común, ni un proceso de aprendizaje o de formación con los cuales argumentar una filiación u otorgarle un lugar en la tradición o en la literatura contemporánea. Marosa se desmarca hasta de los raros, sitio en el que la colocó una antología de Ángel Rama. Y su historial de lecturas permanece deliberadamente difuso, en una lejanía que parece calculada para contener posibles interpretaciones. Si bien reconoce un parentesco lejano con Alicia en el país de las maravillas, aclara que fue una lectura tardía, cuando su mundo de referencia estaba definido; a la hora de nombrar sus gustos, remite a la literatura universal (La Ilíada, el Quijote) o hace una selección de escritoras tan heterogéneas que no conforman ninguna línea; y por las dudas también se aparta de las escritoras feministas.

Como la obra, el relato de la vida aspira a situarse fuera del tiempo y del espacio. Marosa reconoce apenas dos marcas en su cronología personal. La primera aconteció cuando tenía 4 años: “se produjo un cambio en mi interior” y quedó “como una testigo, sensible y ardiente, de todas las cosas”. Este cambio, o perturbación, agrega más misterio, ya que las circunstancias y los agentes se tornan difusos, y la propia Marosa no puede o no quiere explicar demasiado. El segundo episodio tuvo lugar a los 13 años y refiere a la mudanza de la familia de la chacra natal a la ciudad de Salto. Más allá del recuerdo, son momentos asociados en la configuración de su obra: la separación, la pérdida del ámbito de origen, y la captación no de un registro de memoria sino del principio creativo para reinstalar ese ámbito a través de la escritura de Los papeles salvajes.

El cambio se produjo en el jardín, espacio clave en la poética de Marosa y en su recuperación de la infancia. El jardín es el lugar intermedio entre la casa y el afuera, trasladado bajo la imagen del bosque; una aparición de muchísimas flores anunció allí su nacimiento. Tiene un carácter sagrado, como demuestra su registro en la percepción infantil: en sueños Marosa lo asocia con la Iglesia, pero esta supuesta confusión señala ante todo su devoción y el culto por las cosas y los personajes revelados ante su mirada, las flores que continúan sus ciclos. El primer poema que recuerda haber escrito Marosa fusiona ambos espacios: es un poema sobre la Virgen María, “mezclando los frutos, las flores, el aire libre y el sol, con la estampa blanca y azul de la Virgen”. El jardín, además, se encuentra regido por la figura de la madre, y por extensión de las mujeres de la familia, abuela, tías y hermana; el afuera, el bosque, es el territorio del padre y del abuelo, agricultores, y de los relatos sobre las criaturas maravillosas y algo amenazantes que los recorren.

La mirada de Marosa, esa mirada que define tal vez su escritura, es la del que ve el mundo por primera vez. Así dice escribir, como si aquello que relata sucediera ante sus ojos, familiar y a la vez desconocido. La Creación acontece de nuevo y sigue aconteciendo, transfigurada, “no hay ni arriba ni abajo, lo que está atado volará, lo que está volando quedará fijo”. No hay un mundo cerrado y concluido sino en curso y en vertiginosa transformación. El misterio vuelve a afirmarse alrededor de esa percepción tan intensa que se proyecta en visiones, profecías y apariciones. La historia es inefable, remite incluso a la mitología griega, a cultos secretos, a las fórmulas de la alquimia: Marosa es el nombre de una planta italiana utilizada en rituales druídicos, ella misma es llamada Druida por sus allegados y traía reminiscencias de esa cultura, antes de que le hablaran al respecto, en la casa.

El sentido del tiempo que afirma Marosa es también ajeno a los ciclos del trabajo campesino. No hay un círculo, ni una preparación paciente y calculada de lo que irá a manifestarse. Los objetos, los diversos seres y relaciones que mantienen, se revelan de una vez; son apariciones fulgurantes y plenas, tal vez existían previamente, inadvertidas, pero en ningún caso podrían ser comprendidas en los términos biológicos o físicos convencionales. Del mismo modo se realiza la escritura: “Los textos aparecen y yo los recojo tal como nacieron”. El pasado no sólo forma parte del presente como algo vivo y renovado que imanta e ilumina cada cosa sino que llama desde el futuro, es lo que vendrá; pasado, presente y futuro se reformulan en un tiempo suspendido, de duración inalterable. El nacimiento y la muerte no tienen dominio, ya que el conocimiento y la intuición personal los trascienden.

En ese tiempo las figuras de la madre y el padre, opuestas y complementarias, persisten como presencias tutelares. La reelaboración de Marosa parece preservar sus primeras percepciones. Lo que cuenta el padre, la historia del hombre lobo, su comercio con murciélagos, inscribe el registro de la fábula y de las simbiosis alucinantes; subsiste algo del temor infantil, ya que el padre, en tanto narrador, hace visible a ese hombre lobo, lo encarna. A la vez el padre está ligado al trabajo con la tierra, y a lo que, al permanecer inalterable, alberga al propio ser fuera del tiempo: Marosa añora el regazo, es, dice, siempre la misma niña a la sombra de los durazneros de su padre.

La figura de la madre se proyecta en dos direcciones. Sanciona ciertas prohibiciones (“decía que las niñas no debían leer novelas”) e introduce la poesía en la vida de Marosa. Ella misma es poeta, una extraña poeta que no escribe, que escribe a través de su hija. En la casa natal la madre y las tías recitan poemas, hablan de libros, muestran fotos de Delmira Agustini. La inspiración materna también se encuentra en los gladiolos, las violetas y las rosas del jardín, en los arreglos ante el espejo y en la cocina. Pero no pudo haber tenido efecto sin la asociación con la figura paterna: “Soy los rayos de un remoto centro –dice Marosa-. Los relatos de mi padre, donde vivían el lobo y la nieve, se entrecruzaron y hasta diría se fundieron con las bromelias del jardín de mi madre, hechas con seda y brasas”.

La biografía transfigurada reinstala la ensoñación. Las raíces son en última instancia insondables. Hay algo inasible, dice Marosa, “que yo veo y no puedo describir”. No tanto por incapacidad sino por respeto y un especial sentido del decoro: explicar sería transgredir aquella misión sagrada que anunció un ángel en el jardín. Marosa di Giorgio habla de un misterio que se anuda en cada hilo y en la red que los contiene, que se muestra y antes de ocultarse, en el mismo movimiento, descubre la belleza de un espacio perdurable, un resplandor que cualquier palabra puede señalar y ninguna alcanza a nombrar.



Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=16963

jueves, 6 de octubre de 2011

Más Louise


Ya había casi terminado mi recorrido por calle Corrientes, comprado ofertas y cumplido con los encargos de mi viejo, cuando, desde un rincón de una librería en la que no suelo fijarme, sentí que me miraba.
Ya estamos en casa.

Derecho a la rabia

“Tengo derecho de sentir rabia, de manifestarla, de tenerla como motivación para mi pelea tal como tengo el derecho de amar, de expresar mi amor al mundo, de tenerlo como motivación para mi pelea porque, histórico, vivo la Historia como tiempo de posibilidad y no de determinación. Si la realidad fuera así porque estuviera dicho que así debe ser no habría siquiera por qué sentir rabia. Mi derecho a la rabia presupone que, en la experiencia histórica de la cual participo, el mañana no es algo predado, sino un desafío, un problema”


Paulo Freire

Manos enguantadas

“Nadie puede estar en el mundo, con el mundo y con los otros de manera neutral. No puedo estar en el mundo, con las manos enguantadas, solamente comprobando…”


Paulo Freire.

Germinal

"La historia es duración. No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento".



José Carlos Mariátegui

Los ritmos del Pachakuti


Raquel Gutiérrez Aguilar, mexicana, matemática y doctora en sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, activista social en México y Bolivia.

Profesora-investigadora del Centro de Estudios Andinos y Mesoamericanos, A.C. (CEAM). Fue integrante del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), un esfuerzo político-militar principalmente aymara que operó en el altiplano boliviano. Durante cinco años estuvo presa en la Cárcel de Obrajes, en la Paz Bolivia. Actualmente impulsa un proyecto colectivo para la reciprocidad “La Casa de Ondas”, ubicado en el centro de la Colonia Santa María La Ribera en la Ciudad de México. Entre sus libros publicados están: ¡A desordenar! Por una historia abierta de la lucha social (La Paz, 1995; México, re-edición 2006) y Desandar el Laberinto. Introspección en la feminidad contemporánea (La Paz, 1999). También compiló recientemente dos volúmenes sobre Movimiento indígena en América Latina: resistencia y proyecto alternativo (México, 2005 y 2006).



Los ritmos del Pachakuti es una apuesta por comprender y visibilizar desde puntos diversos de la geografía latinoamericana, las posibilidades existentes y latentes de resistencia y transformación que las clases trabajadoras, indígenas y populares de Bolivia han echado a andar en esta última década.

La mirada cuidadosa y comprometida de la Bolivia de abajo que Raquel Gutiérrez propone en este texto, parte de la construcción de una estrategia teórica que ayuda a comprender el despliegue de las capacidades de insubordinación y rebeldía de los pueblos, y particularmente del boliviano. Con este modo de comprensión se piensa a la lucha desde sus posibilidades y contradicciones, mismas que habitan en la compleja trama de explotación, destrucción, dominación y violencia de la vida en el capitalismo.

Este libro es fundamental para cultivar la convicción sobre la posibilidad real, concreta e históricamente viable de otros modos de regulación y auto regulación social distintos a los del capital y sus múltiples formas estatales. Ahí donde la realidad normalizada, lineal y aparente del orden dominante aparece como cerrada e inquebrantable, existe la resistencia cotidiana de las comunidades y pueblos de nuestra América profunda.


Tomado de http://coedicionessisifoediciones.blogspot.com/

Memoria


Memoria Originaria, de Alejandro García Ruiz

En defensa del agua


Pachakuti, En defensa del agua, de Alejandro Alvarez

Pachakuti


(Tomado de http://www.pachakuti.org/textos/historia.htm )


"Alguien dijo que el pueblo despierta cada cien años. Hoy han despertado las naciones de nuestro territorio, para no volver a dormir jamás. Han despertado en sus dimensiones multifacéticas y nadie Irá detenerlos en sus victoriosas marchas.Ese es el significado del PACHAKUTI."


PACHAKUTI es la transformación de la naturaleza de la historia y la sociedad, es el despertar de una nueva conciencia en sincronía vibracional con nuestras deidades sagradas que retornan con la energía revitalizadora de la Pachamama (Madre Tierra) y el Tata Inti (Padre Sol)



...en el aire espera el asalto al cielo, el Pachakuti y el trabajo, minka de todos para la conquista de nuestra tierra y del tiempo en que todo revierta, y el mundo al revés sea de una buena vez vuelto a la armonía. Tiempo mítico y futuro inmediato uno solo.

Un ciclo que provoca transformaciones políticas, sociales, éticas y culturales. La historia gira, cambia y borra los largos años de penurias y carencias.

De regreso a octubre, mes de octubre


El 12 de octubre ha sido designado por el Movimiento Indígena, como día de la Resistencia, y por tanto de Movilizaciones por sus Derechos.

Wiphala: resultado de la observación del cosmos


La Wiphala del Pusintsuyu o Tawantinsuyu

Debemos destacar que la patria ancestral de los Qhishwa - Aymaras cuenta entre sus emblemas más importantes como es la sagrada WIPHALA, compuesto de siete colores del arco iris y las de cuatro colores correspondiente a los cuatro SUYU, y podemos definir desde la óptica andina, los aymara-qhishwa conocemos históricamente a la WIPHALA, como emblema nacional del Pusintsuyu ó Tawantinsuyu.

Por eso la WIPHALA es el simbolo de identificaciön Nacional y Cultural de los Andes Amazónicos, es el emblema de la Nación colectivista y armónico.

Es la representación de las actividades diarias del hombre andino en el tiempo y en el espacio.
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Uno de los tantos investigadores de la cultura Aymara-Qhishwa como Carlos Urquizo S. confirma que la WIPHALA fué el emblema Nacional de la civilización andina, antes y durante el periodo de los INKA.
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Sobre la existencia y el uso de este emblema probablemente sea desde la misma creación de TIWANAKU hace más de 2000 años.
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De acuerdo a las investigaciones y excavaciones arqueológicas fueron encontradas restos de tejidos en diferentes regiones del Tawantinsuyu, que hoy comprende desde el Ecuador, Perú y Bolivia.
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Entonces se supone que la WIPHALA fue utilizada desde hace muchos siglos, en los trabajos agrícolas, en fiestas solemnes, en actos ceremoniales y culturales y en todo acontecimiento social del hombre andino.
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Según Germán Ch. Wanka: fué encontrado un objeto parecido a un estandarte en una tumba, de hace 800 años de antigüedad en la región de Chanqay, situado en la costa central del Perú.
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Un objeto como banderín, denominado Walqanka, anterior a los Inkas, en un gráfico de Ph.Waman Puma de A. del año 1612.
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Una WIPHALA pintada en una roca, que se encuentra en el lugar denominado Wantirani, en Qppakati Provincia Manko Kapajk del Departamento de La Paz.
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Dos WIPHALAS pintadas en Qiru ó vaso, que se encuentra en el Museo de Tiwanaku del Departamento de La Paz.
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Así mismo una WIPHALA junto a los tejidos en Koroma, que datan de época precolonial, en la Provincia Quijarro del Departamento de Potosi.
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En 1534 durante la invasion y ocupación de la ciudad de Qusqu hoy Cuzcu, los españoles encontraron la primera resistencia de los qhishwa-ayrnaras y vieron entre la multitud, objetos parecidos a la bandera de franjas y cuadros de siete colores del arco iris.

Creemos que con las investigaciones posteriores se podrán conocer más datos sobre la existencia de la WIPHALA.

Tenemos como tarea, para encontrar mucho más de los que todavia no hemos llegado a saber de las virtudes y conocimientos que tenian nuestros antepasados los AJAYUJS y ACHACHILAS.

Probablemente la palabra WIPHALA viene del antiguo idioma (Jhaqi-aru) (idioma del ser humano) posteriormente denominado por el cronista Polo de Ondegardo en 1554 como AYMARA, que se deriva de las palabras jaya-mara (años lejanos ó tiempo inmemorial).
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Entonces deciframos de la siguiente manera, primero (Wiphay) es voz de triunfo, usada hasta hoy en las fiestas solemnes y ena ctos ceremoniales.
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Segundo, el (lapx-lapx) producido por el efecto del viento, lo que origina la palabra (laphaqi) que se entiende, fluir de un objeto flexible.
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Juntando los dos sonidos (WIPHAY-LAPX) tenemos la WIPHALA, y la (px) se perdió por un pronunciamiento fácil de la palabra.









La Wiphala en las actividades del hombre andino

De acuerdo a las costumbres y tradiciones andinas, siempre está izada en todos los acontecimientos sociales y culturales, por ejemplo, en los encuentros de comunarios del Ayllu, en los matrimonios de la comunidad, cuando nace un niño en la comunidad, cuando se realiza el corte de cabello de un niño (bautismo Andino), en los entierros, etc.

La WIPHALA también flamea en las fiestas solemnes, en los actos ceremoniales de la comunidad, en los actos cívicos de la MARKA (pueblo) en los juegos de WALLUNk’A (columbio) en los juegos de competencia ATIPASINA (ganarse), fechas históricas, en las K'ILLPA (día ceremonial del ganado), en la transmisión de mando de las autoridades en cada periodo.

También se utiliza en las danzas y bailes, como en la fiesta del ANATA ó PUJLLAY (juego): en los trabajos agrícolas sin ó con yuntas, a través del ayni, la mink'a, el chuqu y la mit'a.

Al concluir una obra, una construcción de una vivienda y en todo trabajo comunitario del Ayllu y Marka.


Significado de los colores de la Wiphala

ROJO; representa al planeta tierra (aka-pacha), es la expresión del hombre andino, en el desarrollo intelectual, es la filosofía cósmica en el pensamiento y el conocimiento de los AMAWTAS.

NARANJA; representa la sociedad y la cultura, es la expresión de la cultura, también expresa la preservación y procreación de la especie humana, considerada como la más preciada riqueza patrimonial de la nación, es la salud y la medicina, la formación y la educación, la práctica cultural de la juventud dinámica.

AMARILLO; representa la energía y fuerza (ch'ama-pacha), es la expresión de los principios morales del hombre andino, es la doctrina del Pacha-kama y Pacha-mama: la dualidad (chacha-warmi) son las leyes y normas, la práctica colectivista de hermandad y solidaridad humana.

BLANCO; representa al tiempo y a la dialéctica (jaya-pacha), es la expresión del desarrollo y la transformación permanente del QULLANA MARKA sobre los Andes, el desarrollo de la ciencia y la tecnologia, el arte, el trabajo intelectual y manual que genera la reciprocidad y armonia dentro la estructura comunitaria.

VERDE; representa la economia y la producción andina, es el símbolo de las riquezas naturales, de la superficie y el subsuelo, representa, tierra y territorio, asi mismo la produeción agropecuaria, la flora y fauna, los yacimientos hidrológicos y mineralógicos.

AZUL; representa al espacio cósmico, al infinito (araxa- pacha), es la expresión de los sistemas estelares del universo y los efectos naturales que se sienten sobre la tierra, es la astronomía y la física, la organización socio económica, político y cultural, es la ley de la gravedad, de las dimensiones y fenómenos naturales.

VIOLETA; representa a la política y la ideologia andina, es la expresión del poder comunitario y armónico de los Andes, el Instrumento del estado, como una instancia superior, lo que es la estructura del poder; las organizaciones, sociales, económicas y culturales y la administración del pueblo y del pais.

Los colores se originan en el rayo solar al descomponerse del areo iris blanco (kutukutu), en siete colores del areo iris (kurmi), tomado como referencia por nuestros antepasados, para fijar la composición y estructura de nuestros emblemas, asi mismo organizar la sociedad comunitaria y armónica de los andes.

La wiphala es de propiedad de la nación originaria, es decir de los Qhishwa-Aymaras, Guaranies y de todo el pueblo.

Para los aymara-qhishwa, la wiphala es la expresión del pensamiento filosófico andino, en su contenido manifiesta el desarrollo de la ciencia, la tecnologia y el arte; es también la expresión dealéctica del Pacha-kama y Pacha-mama, es la imagen de organización y armonia de hermandad y reciprocidad en los andes.

Por eso la wiphala es sagrada, y nos corresponde difundir y defender la imagen, el significado de nuestro emblema, en todo el área andina, tanto en el Ecuador, en el Perú como en Bolivia y mostrar a los pueblos del mundo, nuestra identidad territorial, nacional y cultural.

Su manejo y uso debe ser permanenta y consecuente, como en el pasado glorioso de nuestros abuelos y nuestra cultura.

Debemos utilizar en los actos ceremoniales, en las fiestas, en las marchas, en los juegos y competencias, en actos de conmemoración, en los encuentros de comunidades de ayllus y markas, en los trabajos agrícolas, la wiphala debe estar presente en todo acontecimiento social y cultural, particularmente en las fechas memorables del QULLANA MARKA, y del Tawantinsuyu, como los comunarios vivimos identificados con nuestra esencia cultural. Por lo que la wiphala debe estar flameando en todo lugar y en todo acontecimiento del diario vivir del hombre andino.

En el momento de izar la wiphala, todos deben guardar silencio y al terminar alguien debe dar la voz de triunfo y de victoria del JALLALLA QULLANA marka, JALLALLA pusintsuyu ó TAWANTINSUYU.



Tomado de http://www.indigenas.bioetica.org/wiphala.htm

Jornada de Comunidades y lenguas originarias

Ayer estuve. En Puán.
Aprendí muchas cosas y confirmé otras. Sobre todo que la identidad se elige y se construye.

lunes, 3 de octubre de 2011

Saba premiado


El Premio Germán Rozenmacher, creado por el Centro Cultural Ricardo Rojas –dependiente de la UBA– y por el Festival Internacional de Buenos Aires, apunta a estimular la producción de autores argentinos de hasta 35 años y homenajear la memoria de este gran dramaturgo y cuentista. La séptima edición contó con un Jurado integrado por Mauricio Kartun, Susana Torres Molina y Matías Umpierrez; el primer premio fue para Mariano Saba por la obra Madrijo, y el segundo fue para Magdalena De Santo por Eduardo, la pelopincho. Además se otorgaron menciones a Juan. El campo, de María Luz García; Casi que no está, de Melisa Freund; La marea, de Josefina Recio; y Plantas de interior, de Sol Rodríguez Seoane.

Las obras ganadoras del primer y segundo premio son publicadas por la editorial Los Libros del Rojas en edición cuatrilingüe de mil ejemplares, con traducciones al inglés por Daniel Zamorano y Victoria Robertson, al francés por Françoise Thanas y al portugués por Jorge Wolff.

La presentación del libro y entrega de premios se realizará el 6 de octubre a las 18 en el Centro Cultural Ricardo Rojas, con la presencia de los ganadores, los jurados y las autoridades de ambas instituciones organizadoras.

Autoridades:

Rector de la UBA: Dr. Rubén Hallú

Secretario de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil: Lic. Oscar García

Coordinadora General de Cultura Adjunta: Cecilia Vázquez

Coordinador y Curador Área de Teatro: Matías Umpierrez

La Presentación de este Libro es una ACTIVIDAD GRATUITA. La entrada está sujeta a la capacidad de la sala.

Sos un genio, siempre

"Esforzáte por describir el oleaje que ya existe en tu mente. No tengas miedo ni vergüenza por la dignidad de tus experiencias, tu lenguaje o tus conocimientos. Escribí para que el mundo lea y vea la imagen precisa que tenés de él. Creación salvaje, sin límite, pura, surgida de las profundidades, en lo posible, alucinada. Sos un genio, siempre..."



Jack Kerouac

domingo, 2 de octubre de 2011

"Un lenguaje muerto no es sólo ese que ya no se habla o escribe, es ese lenguaje rígido, satisfecho de admirar su propia parálisis"

CONSTRUIMOS LENGUAJE

TONI MORRISON


Discurso leído al recibir el Premio Nobel
(Traducción de Colombia Truque Vélez)

Érase una vez una anciana. Ciega, pero sabia. ¿O era un anciano? O quizás un gúru. O una leyenda para calmar niños inquietos. He oído esta historia, o una exactamente igual, en el saber popular de varias culturas.
Érase una vez una anciana. Ciega. Sabia.

En la versión que conozco, la mujer es hija de esclavos, de raza negra, norteamericana, y vive sola en una casita a las afueras del pueblo. Su fama de sabia no tiene par y es incuestionable. Entre su gente, ella representa tanto la ley como su transgresión. El honor que se le rinde y la admiración temerosa que se le tributa, trasciende su vecindario y llega hasta lugares lejanos, hasta la ciudad donde la inteligencia de los profetas rurales da origen a mucha diversión.
Un día, la mujer recibe la visita de unos jóvenes empeñados en refutar su clarividencia y en desenmascararla por el fraude que ellos creen que ella es. Su plan es sencillo: entran en su casa y hacen la pregunta cuya respuesta depende exclusivamente de lo que la diferencia de ellos: su ceguera. Se paran frente a ella y uno de ellos dice: Anciana, tengo un pájaro en mi mano. Dime si está vivo o muerto.
Ella no contesta. Le repiten la pregunta: El pájaro que sostengo, ¿está vivo o muerto?

Todavía no responde. Es ciega y no puede ver a sus visitantes, y menos aún lo que esta en sus manos. No sabe cuál es su color de piel, género o tierra natal. Sólo sabe cuál es su motivo.

El silencio de la anciana se prolonga, a los jóvenes les cuesta contener sus risotadas.
Finalmente, la anciana habla y su voz es suave pero severa: No sé, dice. No sé si el pájaro que sostienen está muerto o vivo, pero sé que está en sus manos. Está en sus manos.

Su respuesta podría interpretarse de esta manera: si está muerto, fue porque así lo encontraron o porque ustedes lo mataron. Si está vivo, todavía pueden matarlo. Que siga vivo, es su decisión. De cualquier manera, es su responsabilidad.

Por hacer ostentación de su poder y poner en evidencia la debilidad de la anciana, los jóvenes visitantes reciben un regaño, se les dice que son responsables no sólo por el acto de burla, sino también por el pequeño manojo de vida sacrificado para lograr sus propósitos. La anciana ciega desplaza la atención de las afirmaciones de poder al instrumento a través del cual este poder se ejerce.

La especulación sobre lo que este pájaro-en-mano (aparte de su cuerpo frágil) puede significar, siempre me ha atraído, pero en especial, así lo pienso ahora, por la forma en que he sido con respecto al trabajo que realizo y que me ha traído hoy ante ustedes. Decido entonces interpretar al pájaro como lenguaje y a la anciana como un escritor experimentado. La anciana está preocupada por la forma en que el lenguaje en que ella sueña, que le fue dado al nacer, se maneja, se pone al servicio, incluso se le enajena para ciertos nefarios propósitos.

Al ser una escritora, ella considera el lenguaje en parte como un sistema, en parte como algo viviente sobre lo cual uno tiene control, pero sobre todo como un medio – como un acto con consecuencias.

Entonces, la pregunta que le hacen los muchachos, ¿Está vivo o muerto?, no es irreal, porque ella piensa en el lenguaje como algo susceptible de morir, de ser borrado; ciertamente puesto en riesgo y redimible únicamente por un esfuerzo de la voluntad. Ella cree que si el pájaro que está en las manos de los visitantes está muerto, sus custodios son responsables por el cadáver. Para ella, un lenguaje muerto no es sólo ese que ya no se habla o escribe, es ese lenguaje rígido, satisfecho de admirar su propia parálisis. Como el lenguaje del estadista, censurado y censurante. Despiadado en sus deberes policiales, no tiene otro deseo o meta que mantener el libre deambular de su propio narcisismo narcótico, su propia exclusividad y dominio. Aunque moribundo, no deja de tener sus efectos para bloquear el intelecto, ahogar la conciencia, suprimir el potencial humano de manera activa. Refractario a la interrogación, no produce ni tolera ideas nuevas, moldea los pensamientos ajenos, cuenta otra historia, llena silencios confusos. El lenguaje oficial hecho añicos para sancionar la ignorancia y mantener el privilegio, es una armadura lustrada para impactar con su relumbre, un cascajo del cual salió el caballero hace mucho tiempo.

Más aún, es tonto, predatorio, sensiblero. Suscitando reverencia en los escolares, dando refugio a los déspotas, evocando falsas memorias de estabilidad y armonía entre la opinión pública.

La anciana está convencida de que cuando el lenguaje muere, cae en el descuido o el desuso, en la indiferencia y falta de estima, o es asesinado por decreto; así no sólo ella sino todos lo que lo usan o producen son responsables por su defunción. En su país los niños han refrenado su lengua y usan balas en lugar de iterar la voz del lenguaje mudo, del lenguaje inhabilitado e inhabilitador, del lenguaje que todos los adultos han abandonado como dispositivo para resolver un problema usando el sentido, dar orientación o expresar amor. Pero ella sabe que el suicidio-lingual no es la elección sólo de los niños. Es común entre los pueriles jefes de estado y mercachifles del poder, cuyo vaciado lenguaje los deja sin acceso a aquello que resta de sus instintos humanos para que hablen sólo a aquellos que obedecen o con el fin de forzar a la obediencia.

Este saqueo sistemático del lenguaje puede reconocerse en la tendencia de sus hablantes a renunciar a sus propiedades de matiz, complejidad y alumbramiento, a cambio de la amenaza y la subyugación. El lenguaje opresivo hace más que representar la violencia: es violencia; hace más que describir los límites del conocimiento: limita el conocimiento. Ya sea el oscuro lenguaje estatal o bien el pseudolenguaje de los insensatos medios de comunicación; ya sea el orgulloso pero calcificado lenguaje de la academia o bien el lenguaje de la ciencia impulsado por los productos; ya sea el pernicioso lenguaje del derecho-sin-ética o el lenguaje diseñado para el extrañamiento de minorías – que esconde su expoliación racista en su tupé literario-, debe ser rechazado, transformado y puesto en evidencia. Es el lenguaje que chupa sangre, encubre vulnerabilidades, oculta sus botas fascistas bajo crinolinas de respetabilidad y patriotismo, mientras se mueve implacablemente para vigilar los rangos inferiores y la mente de los peores. Lenguaje sexista, lenguaje racista, lenguaje teísta – todos son típicos de los policíacos lenguajes del poder, que no pueden permitir el nuevo conocimiento o animar el mutuo intercambio de ideas.

La anciana es muy consciente de que a ningún mercenario intelectual, ni insaciable dictador, ni político o demagogo profesional ni a ningún falso periodista, lo convencerían sus ideas. Hay y habrá un lenguaje conmovedor para mantener a los ciudadanos armados y dispuestos a hacer que otros se armen; muertos en masa o masacrando en las galerías, en los tribunales, en las oficinas de correos, en las canchas deportivas, en los dormitorios y bulevares; promoviendo o memorizando lenguaje para enmascarar la piedad y el desperdicio de tanta muerte innecesaria. Habrá más lenguaje diplomático para aprobar el ultraje, la tortura, el asesinato. Hay y habrá más lenguaje seductor mutante, diseñado para estrangular mujeres, para empacar sus gargantas como paté de ganso con sus propias indecibles y transgresoras palabras; habrá más lenguaje de vigilancia disfrazado como investigación, de política e historia calculado para hacer enmudecer el sufrimiento de millones; lenguaje estilizado para emocionar a los insatisfechos y afligidos por el asalto de sus vecindarios; lenguaje arrogante pseudoempírico pensado para encerrar a la gente creativa en jaulas de inferioridad y desesperanza.

Debajo de la elocuencia, de la elegancia, de las asociaciones académicas, por más conmovedor o seductor, el corazón de tal lenguaje es lánguido, o tal vez sin pulso en absoluto – si el pájaro está ya muerto.
La anciana ha pensado cuál habría sido la historia intelectual de cualquier disciplina si no hubiera existido quién insistiera, o no se hubiera visto obligado a avanzar. El desperdicio de tiempo y vida que las racionalizaciones y representaciones de y para el dominio, exigían – discursos letales de exclusión bloqueando el acceso al conocimiento tanto para el que excluye como para el excluido.
La sabiduría convencional de la historia de la Torre de Babel es que el colapso fue una desgracia. Que fue la distracción o el peso de muchos lenguajes los que precipitaron la arquitectura fallida de la torre. Que un lenguaje monolítico hubiera facilitado la construcción y se habría alcanzado el cielo. ¿El cielo de quién?, se pregunta la anciana. ¿Y qué clase? Tal vez el logro del Paraíso fue prematuro, un poco mal intencionado si nadie tuvo tiempo para entender otros lenguajes, otros puntos de vista, otro período de narrativas. Pudieran ellos haber encontrado a sus pies el cielo que imaginaban. Complicada, exigente, sí, pero una visión de cielo como vida, no un cielo como más allá de la vida.

La anciana no quería dejar a sus jóvenes visitantes con la impresión de que el lenguaje debería forzarse a mantenerse vivo de cualquier manera. La vitalidad del lenguaje radica en su capacidad para retratar vidas reales, imaginadas y posibles de sus hablantes, lectores, escritores. Aunque su equilibrio está a veces en desplazar la experiencia, esta experiencia no lo sustituye. El lenguaje apunta al lugar donde puede hallarse el sentido. Cuando un Presidente de los Estados Unidos reflexionó sobre cómo su país se había convertido en un cementerio, y dijo: El mundo casi no notará y menos aún recordará lo que decimos aquí. Pero nunca olvidará lo que hicimos aquí, sus solas palabras son vigorizantes en sus propiedades de afirmación vital porque se niegan a encapsular la realidad de 600.000 muertos en una cataclísmica guerra racial. Al negarse a monumentalizar, al desdeñar la última palabra, la recapitulación exacta, al reconocer su poco poder para agregar o quitar, sus palabras indican deferencia hacia la incapturabilidad de la vida que lamentan. Es esta deferencia lo que las mueve, este reconocimiento de que el lenguaje nunca puede mantenerse fiel a la vida de una vez por todas. Ni debería. El lenguaje nunca puede inmovilizar la esclavitud, el genocidio, la guerra. Ni debería anhelar arrogancia de ser capaz de hacerlo. Su fuerza, su felicidad esta en alcanzar lo inefable.

Ya sea preeminente o precario, oculto, detonante, o se niegue a santificar; ya se ría a carcajadas o bien sea un aullido sin alfabeto, la palabra escogida, el silencio escogido, el lenguaje tranquilo bulle hacia el conocimiento, no hacia su destrucción. Pero, ¿quién no conoce de literatura proscrita porque es interrogativa, desacreditada porque es crítica, borrada porque es alternativa? ¿Y cuántos no se sienten ultrajados por la idea de una lengua autodestruida?

El trabajo-de-la-palabra es sublime, piensa la anciana, porque es generativo, produce el significado, que garantiza nuestra diferencia, nuestra humana diferencia – la manera en la cual somos como ninguna otra vida.

Morimos. Ese debe ser el significado de la vida. Pero construimos Lenguaje. Esa debe ser la medida de nuestras vidas.

Érase una vez,...unos visitantes hicieron a una anciana una pregunta. ¿Quiénes son, estos muchachos? ¿Qué hicieron con este encuentro?.. ¿Qué oyeron en estas palabras finales: El pájaro está en sus manos? Una frase que señala hacia una posibilidad o un signo que capta enseguida la idea. A lo mejor lo que los muchachos oyeron fue: No es mi problema. Soy mujer, soy vieja, soy negra, soy ciega. La sabiduría que poseo ahora está en saber que no puedo ayudarlos. El futuro del lenguaje les pertenece.

Ellos estaban ahí, de pie. Supongan que no había nada en sus manos. Supongan que la visita era sólo un ardid, una jugarreta para lograr que les hablaran, los tomaran en serio como no lo habían sido antes. Una oportunidad para interrumpir, para violar el mundo adulto, su miasma de discurso sobre ellos, por ellos, pero nunca para ellos. Preguntas urgentes están en juego, incluyendo esa que ellos hicieron: ¿Está el pájaro que sostenemos vivo o muerto? Quizá la pregunta quería decir: ¿Podría alguien decirnos qué es la vida? Nada de artilugios; ninguna estupidez. Una pregunta directa digna de la atención de una sabia. De una anciana. Y si la anciana visionaria que ha vivido la vida y afrontado la muerte no puede describir a ninguna de las dos, ¿quién puede?

Pero no lo hace, guarda su secreto, su buena opinión de sí misma, sus gnómicos manifiestos, su arte sin compromiso. Mantiene su distancia, la refuerza y se retrae en la singularidad del aislamiento, en un espacio sofisticado, privilegiado.

Nada, ninguna palabra sigue a su declaración de transferencia. Este silencio es profundo, más profundo que el significado contenido en las palabras que pronunció. Este silencio se estremece y los muchachos, fastidiados, lo llenan con lenguaje inventando sobre el terreno.

¿No hay discurso, le preguntan, no hay palabras que usted pueda darnos para ayudarnos a abrirnos paso en su expediente de fallas? ¿A través de la educación que ustedes nos dieron, que no es en absoluto educación porque estamos presentando mucha atención a lo que han hecho, así como a lo que han dicho? ¿Hasta la barrera que ustedes han erigido entre generosidad y sabiduría?

No tenemos ningún pájaro en nuestras manos, vivo o muerto. No la tenemos sino a usted y nuestra importante pregunta. ¿Es la nada que está en nuestras manos algo que usted podría cargar para contemplar, para adivinar siquiera? ¿Ya no se acuerda siendo joven cuando el lenguaje era mágico sin significado? ¿Cuando lo que usted podía decir, podía no significar? ¿Cuando lo invisible era lo que la imaginación se esforzaba en ver? ¿Cuando preguntas y peticiones de respuesta ardían tan brillantemente que usted temblaba de furia al no saber?

¿Tenemos acaso que comenzar a ser conscientes con una batalla de heroínas y héroes, así como usted luchó y perdió dejándonos con nada en las manos salvo lo que usted imaginó que está en ellas? Su respuesta es artificiosa, pero su artificiosidad nos avergüenza y debe avergonzarla a usted. Su respuesta es indecente en su autocomplacencia. Un guión-para-televisión que no tiene sentido si no hay nada en nuestras manos.

¿Por qué no se comunicó, y nos tocó con sus dedos suaves, demorando la mordedura de sonido, la lección, hasta saber quiénes éramos? ¿Tanto despreció nuestra jugarreta, nuestro modus operandi, que no pudo ver que estábamos confundidos sobre cómo lograr su atención? Somos jóvenes. Inmaduros. Hemos oído durante todas nuestras cortas vidas que tenemos que ser responsables. ¿Qué podría eso significar en la catástrofe en que este mundo se ha convertido, donde – como dijo un poeta- nada necesita ser expuesto cuando es ya descarado? Nuestra herencia es una afrenta.

Usted quiere que tengamos sus viejos y vacíos ojos, y veamos solamente la crueldad y la mediocridad. ¿Piensa que somos lo suficientemente estúpidos para perjurarnos una y otra vez con la ficción de independencia nacional? ¿Cómo se atreve a hablarnos de deber cuando estamos hundidos hasta la cintura en el veneno de su pasado?
Usted nos banaliza y además trivializa el pájaro que no está en nuestras manos. ¿No hay contexto para nuestras vidas? Ninguna canción, ninguna literatura, ningún poema lleno de vitaminas, ninguna historia unida a la experiencia que pueda pasarnos para que no ayude a marchar bien? Usted es un adulto. La anciana, la sabia. Deje de pensar en salvar su pellejo. Piense en nuestras vidas y cuéntenos cómo es su mundo individual. Invéntese un cuento. La narrativa es radical, nos crea en el mismo momento en que está siendo creada. No la culparemos si su alcance sobrepasa su control, si el amor inflama tanto sus palabras que estas caen en llamas y nada queda sino su quemadura. O si, con la reticencia de las manos de un cirujano, sus palabras suturan sólo los lugares donde puede manar la sangre. Sabemos que usted nunca podrá hacer esto apropiadamente – de una vez por todas. La pasión no es nunca suficiente; tampoco la destreza. Pero inténtelo. Por nuestro bien y el de usted, olvide su nombre en la calle; díganos lo que el mundo ha sido para usted en los sitios oscuros y en la luz. No nos diga lo que hay que creer, lo que hay que temer. Muéstrenos la ancha saya de la creencia y la puntada que desenmaraña el amnios del temor. Usted, anciana, bendecida con la ceguera, puede hablar el lenguaje que nos dice lo que sólo el lenguaje puede decir: cómo mirar sin imágenes. Solamente el lenguaje nos protege de las cicatrices de las cosas sin nombre. Solamente el lenguaje es meditación.

Díganos lo que es ser una mujer de modo que podamos saber lo que es ser un hombre. ¿Qué se mueve en el margen? ¿Qué es no tener un hogar en este lugar? Soltarse de aquel que uno conoció. ¿Qué es vivir a las afueras de ciudades que no pueden soportar la compañía de uno?

Háblenos sobre barcos que regresaron de los bordes de la playa en la Pascua Florida, placenta en un campiña. Háblenos de una carretada de esclavos, ¿Cómo cantaban tan suavemente que su respiración no se distinguía de la caída de la nieve? ¿Cómo por el encorvamiento del hombro más cercano supieron que la próxima parada podía ser la última para ellos? ¿ Cómo, con las manos puestas en oración sobre sus sexos, pensaron en el calor, luego en el sol, alzando sus rostros como si estuviera allí para entrar? Volteándose como para entrar. Se detuvieron en una hospedería. El conductor y su compañero entraron con la lámpara, dejándolos zumbando en la oscuridad. El hueco del caballo humea en la nieve bajo sus cascos, y su siseo y licuefacción son la envidia de los congelados esclavos.

La puerta de entrada se abre: una muchacha y un muchacho salen de su luz. Trepan en la cama del vagón. El muchacho tendrá un revolver en tres años, pero ahora lleva una lámpara y un cántaro de sidra tibia. Se lo pasan de boca en boca. La muchacha ofrece pan, pedazos de carne y algo más: una mirada a los ojos de aquel a quien sirve. Una ración para cada hombre, dos para cada mujer. Y una mirada. Ellos se la devuelven. La próxima parada será la última para ellos. Pero no ésta. Porque ésta ha sido entibiada.

Hay silencio otra vez cuando los muchachos terminan de hablar, hasta que la mujer lo rompe.

Finalmente, dice, les creo ahora. Les creo con el pájaro que no está en sus manos porque verdaderamente lo capturaron. Miren. Cuán hermoso es esto que hemos hecho – juntos.

(Tomado de Discursos Premio Nobel, Editorial Común Presencia, tomo 2. Bogotá, 2003

TONI MORRISON Lorain, Ohio, USA (1931). Premio Nóbel de Literatura 1993.

Esta escritora estadounidense y cuya obra describe la vida de la comunidad negra de su país, en 1988 fue galardonada con el premio Pulitzer por su obra Beloved publicada un año antes. Tras una larga vida dedicada a la enseñanza, en 1964 abandonó este oficio para trabajar como editora en la Random House de Nueva York. Su primera novela, Ojos Azules (1970), y que resultó una autentica revelación, fue seguida de una prolífica obra narrativa, aclamada siempre por la crítica. Entre sus publicaciones más reconocidas se destacan: Sula (1973), La canción de Salomón (1977), La isla de los caballeros (1981), Jazz (1992), Paradise (1998), y Jugando en la oscuridad (1992).

Esposa

"... sus perspectivas se reducían a ser sirvienta, prostituta o esposa y, aunque se contaban cosas terribles de cada una de esas ocupaciones, la última parecía la más segura."


Toni Morrison. Una bendición

Maternidad, esclavitud y amor fou


"Le pedí que te llevara a ti. Llevaos a mi hija. Porque comprendí que el hombre alto te veía como a una niña, un ser humano, no como piezas de a ocho. Me arrodillé ante él esperando un milagro. Él aceptó.
No fue un milagro concedido por Dios. Fue un favor ofrecido por un hombre. Seguí de rodillas. En el polvo, donde mi corazón permanecerá todas las noches y todos los días hasta que comprendas lo que sé y anhelo decirte: que te den el dominio de otro ser es duro: arrebatar con violencia el dominio de otro ser es un error; entregar el dominio de ti mismo a otro es mala cosa.
Oh, Florens. Escucha a tua mae."




Toni Morrison. Una bendición

Al contrario que las hembras de los animales


"El herrero y Florens se contorcionaban y, al contrario que las hembras de los animales de la granja en celo, la muchacha no permanecía quieta bajo el peso y la acometida del macho. Lo que Dolor veía más allá, en la hierba que crecía bajo un nogal, no era la silenciosa sumisión a las lentas acciones detrás de un montón de leña o a la apresurada en un banco de iglesia que Dolor conocía. En este caso la hembra se estiraba, clavaba los talones y movía la cabeza a derecha e izquierda, una y otra vez. Era una danza. Florens se dio vuelta y se puso encima de él. El herrero la alzó contra el tronco del nogal; ella apoyó la cabeza en su hombro. Una danza. Horizontal ahora, luego vertical."


Una bendición. Toni Morrison.

Dos cosas


"La cabeza me da vueltas debido a la gran confusión sobre dos cosas: el hambre de ti y el temor de perderme. Nada me asusta más que este encargo y nada es más tentador".


Una bendición. Toni Morrison.

Mujeres negras

El color de la escritura
Alice Walker, Toni Morrison y Gloria Naylor, protagonistas del éxito de la literatura afroamericana

CECILIA CERIANI - Madrid - 28/03/1989



La fuerza con que han surgido las obras de las escritoras negras en la literatura norteamericana de estas dos últimas décadas es tan sorprendente como reconfortante. La sorpresa viene dada porque después de una historia de silencio en la que la mujer de color ha sido relegada a un casi invisible segundo plano, surge un número más que considerable de escritoras negras y detrás de ellas todo un apoyo editorial, estudios críticos y cursos sobre el tema. Alice Walker, Toni Morrison y Gloria Naylor son algunas de sus representantes.


Toda esta corriente no se ha construido a partir de una moda sino de unas voces nuevas, auténticas, y tan auténticas como ricas en su expresión dentro del panorama literario norteamericano. En un caldo de cultivo donde, prevalece el gusto por lo posmoderno, el minimalismo y las autobiografías, nos encontramos así con una prosa tibia, cadenciosa, cargada de imágentes y metáforas."Como mujeres negras hemos estado muy mal preparadas para defender aquello que más debía importarnos. Nuestros modelos dentro de la literatura y en la vida han sido, en su mayoría, devastadores", escribe Alice Walker en su ensayo Si el presente se parece al pasado, ¿a qué se parece el futuro? Las escritoras negras de la década de los setenta comenzaron a expresar lo que nadie decía y ellas "querían y necesitaban oír", introduciendo en la literatura un perfil distinto de su experiencia como mujeres y como negras.

El resultado es una literatura sin miedos donde la palabra liberación sigue siendo clave. Para alcanzarla arremeten contra los retratos distorsionados, las imágenes ambiguas, y recogen sólo aquello que consideran auténtico, identificatorio: como la experiencia de la opresión racista, sexista y clasista, las vivencias en ciertas comunidades, la exploración de las emociones y la musicalidad del lenguaje tal y como lo utiliza la raza negra.

Dentro de esta línea actual de la novela encontramos escritoras como Alice Walker, Maya Angelou, Gayl Jones, Toni Cade Bambara, Gloria Naylor, Margaret Walker y Toni Morrison, entre otras. La calidad de este verdadero alud creativo ha sido tal que muchos de los premios literarios norteamericanos de esta década recayeron en manos femeninas de color. Como el American Book Award de .1981 a Toni Cade Bambara por su novela Thesalt eaters, y el de 1983 a Gloria Naylor por The women of Brewsterplace, también en 1983 el National Book Award y el Premio Pulitzer de Novela a Alice Walker por El color púrpura, y el año pasado el Pulitzer de Novela se lo llevaba nuevamente una mujer negra: Toni Morrison por su obra Beloved.

A España están llegando ya algunos nombres de esta oleada, traducidos en fechas recientes. El primero y más conocido es el de Alice Walker con El color púrpura, que -catapultada por la versión cinematográfica del mismo nombre- alcanzó su octava edición en lengua castellana en julio de 1987 (editorial Plaza y Janés).
Opresión

El eje de El color púrpura son esas relaciones femeninas que se desarrollan para hacer frente tanto a la opresión del hombre negro como a la del blanco. La obra se inscribe en la más pura tradición narrativa del sur de Estados Unidos, de la que recibe -entre otras- una fuerte influencia faulkneriana y del dialecto negro.Toni Morrison cuenta ya con prácticamente toda su obra traducida al español. Una labor de la que se ha ocupado casi en exclusiva Ediciones B, de Barcelona, publicando el año pasado La canción de Salomón, Sula, La isla de los Caballeros (traducida y publicada por Argos Vergara en 1981) y Beloved. Para Morrison, el conflicto fundamental de su raza se da dentro de la misma comunidad negra, y allí es donde localiza a sus personajes: metafóricos viajeros en busca de su identidad personal, dentro de sí mismo y de su comunidad. En cualquiera de estas cuatro obras de Toni Morrison esa búsqueda se presenta como algo confuso y penoso, una travesía lenta a través de la pobreza, el dolor y la ignorancia.

Beloved, su última obra, se interna en el mundo de aquellos seres que vivieron el paso histórico de la esclavitud a la libertad, que fueron esclavos y también ex esclavos. Pasajeros que, provenientes del terror y la confusión, se dirigen hacia un mundo que les es ajeno.

El poder del lenguaje en Toni Morrison se percibe ya desde las primeras páginas de sus obras: expresiones, colores y ritmos que alcanzan una densidad próxima a la de la música negra. Una prosa que combina perfectamente, en el caso de Beloved, el lenguaje escrito y el oral. Que puede leerse y casi escucharse. Su capacidad de recoger y fusionar el mundo real, cotidiano, con el folclor, la magia, la superstición, tan propios de la cultura en la que creció, confieren un sabor muy especial y una tensión que nos recuerda, en ciertos momentos, al realismo mágico de la novela latinoamericana.

Mama Day, de Gloria Naylor, es el título más reciente, dentro de esta línea, editado en español. Publicado el año pasado en EE UU bajo el.mismo nombre es, además, la última novela de Naylor. Mama Day se sitúa en Willow Springs, una isla surefla que -como Yoknapatawplia en Faulkner, Macondo en García Márquez o Santa María en Onetti- está cargada de fuerza mítica y no existe en otra geografia más que en la creada por su propio autor.

En ese mundo insular y enigmático vive Miranda (Mama) Day, una negra de casi un siglo de edad, sabia en secretos ocultos, magias y hechizos. El personaje de Mama Day es magnífico en su perfil humano y está cargado de salud racial.

Ese enorme celo en la elección de cada imagen, de cada palabra, el recurso de repetición, debería -por tanto- ser respetado al máximo por el traductor español. Es difícil reflejar palabras cortadas, giros o la mala utilización de formas verbales tan características del lenguaje negro en inglés. Pero hay palabras más negras que otras en nuestro idioma, y un traductor debe buscarlas. Lo mismo sucede con las repeticiones que crean un ritmo en el texto inglés: no deben adulterarse. En ese sentido, El color púrpura y Mama Day logran salir más indemnes del trauma que la traducción supone para este tipo de narrativa donde la palabra y su música son fundamentales. Es una pena que de Beloved no podamos decir lo mismo.

Cada historia contiene su monstruo"


ENTREVISTA: Toni Morrison Escritora
"Amor es una palabra gastada, pero aún nos eriza"

RAQUEL GARZÓN - Madrid - 14/05/2004



Convencida de que "la ficción nos enseña a entender mejor la vida", la narradora afroamericana, premio Nobel de Literatura 1993, ha presentado en Madrid su nueva novela, Amor (Areté), el retrato de dos mujeres que, apasionadas por el mismo hombre, han hecho del odio mutuo un arte. "Cada historia contiene un monstruo", afirma.

Sigue enseñando en la Universidad de Princeton, aunque "sólo un semestre por año, para tener más tiempo y poder escribir". Tras haber ganado el Premio Pulitzer por Beloved (1988) y el Nobel de Literatura en 1993, Toni Morrison (Chloe Anthony Wofford, en los papeles, nacida en Ohio, EE UU, en 1931, segunda de cuatro hermanos de una familia de clase trabajadora y dueña de una hipnótica melena gris peinada a lo rasta), dice que sueña "con más: más y más libros". Su nueva novela, publicada por Areté, se titula Amor, a secas. "Tuve muchas dudas al elegir el título", confesó ayer Morrison en Madrid, donde por la tarde pronunció una conferencia en el Foro Complutense titulada Escribir desde la memoria. "Amor es una palabra peligrosa, manoseada, remanida. Pero al escucharla en boca de mi editor, me ericé. Y una palabra que todavía es capaz de erizarnos quiere decir algo".




Amor narra un triángulo pasional entre Bill Cosey, dueño de un hotel de la Costa Este, lugar de encuentro de la gente negra "con dinero y ganas de divertirse" en los años cuarenta, y dos mujeres que han vivido para él odiándose entre sí: Heed y Christine. Ya ancianas, ambas se ven obligadas a convivir.

Novela coral donde a estas voces se suman las de L., vieja cocinera del hotel; Sandler, compañero de pesca de Cosey; Junior, la joven ambiciosa que llega a la casa a pedir trabajo y desempolva antiguos rencores. Amor es fiel a los temas, compromisos y preocupaciones de la autora de La canción de Salomón (1978): el poder de lo femenino, la tensión entre una comunidad y el que es percibido como diferente, la lucha de los afroamericanos por sus derechos civiles y la memoria, "algo desprestigiado en un país donde todo tiene que empezar hoy". Defensora de Clinton durante el escándalo Lewinsky ("dije que era el primer presidente negro de EE UU, porque se le humillaba como a un afroamericano"), Morrison condena a la Administración de Bush por "sectaria, estrecha y fanática", por el "desastre de Irak, sus mentiras prefabricadas y sus consecuencias". "Lo hicimos en Panamá, lo hicimos en Granada y así está el mundo".

Pregunta. Amor define en una frase inquietante su idea central: "Cada historia contiene un monstruo". ¿Cuál es el que se esconde en las vidas de sus personajes?

Respuesta. Creo que el monstruo principal es un hombre ya muerto: Bill Cosey. Lo que intento sugerir, más allá de la idealización de Heed y Christine, que lo han endiosado, es que él sólo veía a las mujeres de su familia como proveedoras. Estaba en otra parte, manteniendo un larguísimo romance con Celestial. La mujer que dice esa frase, L., enumera otros monstruos: amigos que traicionan, malas madres, padres crueles que han convertido a la joven generación que ella condena, la de Junior, en vidas perdidas, sin valentía ni sueños.

P. L. es quien abre y cierra la novela. ¿Qué valor narrativo y simbólico le asigna a ese personaje?

R. Cada capítulo aborda la relación de alguien con Bill Cosey, pero ninguno de los personajes sabe quién era él en verdad. L. es la única que realmente ha conocido a Bill y que sabe, además, los secretos de todos. En lugar de usar una voz narrativa que explicara qué significa cada gesto, imaginé a alguien que participara de la acción, pero que pudiera también mirarla desde fuera. Así nació L. Ha sido testigo de todas esas vidas y expresa en su monólogo las diferentes clases de amor que hay en el libro: apetito, lujuria, amistad trocada en odio, relaciones entre padres e hijos. Tiene una mirada amplia porque su amor no es incondicional. Juzga a la gente, pero no la traiciona ni la abandona. Digamos que es una mujer dura, aunque no te delataría a la policía...

P. Gran parte de la novela es pura evocación. ¿Qué poder asigna a la memoria en su literatura?

R. Esencial. La mayoría de mis libros son recolecciones del pasado, del sentido del pasado como un camino hacia el futuro. Todos tenemos que negociar con el pasado. En EE UU la memoria es y ha sido un gran problema. Históricamente nos hemos visto como un pueblo sin pasado. Todo empieza ahora: "Si eres inmigrante, ven a esta tierra nueva. Empieza tu vida de nuevo". Lo mismo sucede con los afroamericanos: no hay relación con África, está reprimida u oprimida. La inclinación a luchar para recuperar el pasado es muy reciente en EE UU, comenzó en los años cincuenta. Pero siempre ha sido una excepción y ésa es una falla poderosa, una honda distorsión de la vida y de la historia.

P. Algunos autores, David Lodge entre ellos, explican el éxito actual de lo autobiográfico a partir de una pérdida de autoridad de la ficción. ¿Coincide con esa lectura?

R. No, para mí las memorias también son ficción. Recordar es un proceso de selección, hay que definir los hechos, darles forma. Dos personas que han vivido lo mismo no lo recuerdan del mismo modo. Aprecio la literatura biográfica, pero no creo que la ficción haya perdido autoridad, aunque sí es cierto que la gente profesa un raro respeto hacia aquello que se presenta como vivencia. Siento, sin embargo, que las buenas novelas perduran y que la imaginación puede ser mucho más reveladora que un reality show.

P. Otra idea perturbadora de Amor: el odio puede convertirse en un arte. ¿La pasión es el motor de sus novelas?

R. Siempre imagino situaciones en las que se dirimen pasiones colosales. Básicamente, porque no me interesa la vida normal, aburrida, como es, en verdad, la mía (se ríe). En las novelas necesitas lo excepcional para encarnar el debate que quieres plantear. Imagino gente que es capaz de tener sentimientos extremadamente poderosos, aunque sólo para los libros.

P. Desde su primera novela, Ojos azules (1970), la crítica ha marcado claves de lectura de su obra: su manejo de la oralidad, su compromiso con el universo femenino y afroamericano... ¿Cuáles son para usted las señas de su estilo?

R. He conseguido algunos logros en el uso del lenguaje: la mezcla de lo coloquial y lo culto, para hacer una tercera lengua elocuente, viva, bella, que tiene gotas de realidad y de sangre. Siempre he intentado que el lector olvide que lo que tiene entre las manos es un libro. He ambicionado cierta intimidad, que la lengua lo incluya en el relato, lo tire hacia adentro. Me gusta imaginar la posibilidad de que no haya distancias entre el acto de leer y la revelación de la escritura. Creo, además, que hay un estilo propio en el modo de dosificar, de retener la información para que el rompecabezas se resuelva morosamente y el suspenso se mantenga hasta la última página.

P. Al recibir el Nobel en 1993 dijo que ese premio "cambiaba el campo de lo entendido hasta entonces como gran literatura".

R. Yo sentía que era un reconocimiento a la literatura vista hasta entonces como marginal y exótica: la escrita por mujeres y especialmente por afroamericanos como yo. Sentí que esas obras entraban en el mainstream [corriente dominante] y se institucionalizaban como competitivas. La literatura comenzaba a marchar como las mujeres y los negros estábamos marchando y eso me hizo feliz.

P. ¿Qué huellas han dejado en usted Faulkner y Virginia Woolf, citados entre sus influencias?

R. Me fascinaron por razones diferentes: Faulkner fue uno de los pocos escritores de EE UU que entendió la relación entre el pasado y el presente, incluyendo la realidad afroamericana. De Woolf me apasionaron la voz depurada y la moderna mirada femenina. Creo, sin embargo, que mis influencias mayores son la literatura africana y Flannery O'Connor, una autora que podía mirar algo y verlo tal como era, más allá de que fuera placentero o terrible, con esa intimidad arriesgada que le hacía escudriñar la desnudez del alma humana sin esconder sus miserias, pero sin ceder una pulgada de belleza. Para ella nada era depresivo u opresivo, simplemente estaba allí y había que contarlo, sin perdón ni disculpas.

sábado, 1 de octubre de 2011

Asexuar a la parlamentaria (Que las tetas vendan o seduzcan pero no hagan política)

El miedo a un escote

Por Pedro Mairal

01/10/11 - 12:05


La foto de una miembro del Parlamento en Canadá, Rathinka Sitsabaiesan, fue alterada con Photoshop para la página web oficial. En la original se la ve con un vestido blanco del que asoma un escote apenas insinuado, un poco de sex appeal, pero sin que sea para dejar boquiabierto a nadie. En la foto de la web del Parlamento borraron sus curvas y esfumaron su línea del escote para asexuar a la parlamentaria. Todavía no se sabe bien de dónde vino la orden puritana para el Photoshop estatal. ¿Por qué tanto miedo a un escote? Es cierto que el escote de las mujeres es la rendija por donde se cuela y se pierde parte del raciocinio de algunos interlocutores. Pero será problema de ellos, no de la escotada. El caso es llamativo porque revela un uso inverso del que se le suele dar al Photoshop, que en general intenta embellecer, agregando sex appeal o restituyendo la juventud perdida. Las revistas están repletas de fotos de caras y cuerpos esfumados hasta ese punto en que las celebridades parecen su propia versión en cera. Una especie de tez, no de persona joven, sino de maniquí, una lozanía plástica, inhumana. Se borran las patas de gallo, se retrotraen las papadas, se enderezan y blanquean las sonrisas, se adelgazan las cinturas... Algún día los famosos tendrán su doble mediático digital, su avatar deslumbrante, detenido para siempre en su momento de mayor belleza, que aparecerá en cámara por ellos. Un gran cuento de María del Carril, de su libro El utrabosque, se llama La disolución de Marta Gloria. Es la historia de una diva argentina que a medida que envejece aparece más y más fotoshopeada hasta que en sus últimas imágenes “era una difusa mancha roja sobre un fondo color crema”.

¿Octubre?

¿Ya? ¿Y septiembre dónde quedó?

La muchacha vuelve a escalar el viento

SALVACIÓN


Se fuga la isla
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta
Ahora
es el fuego sometido
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilación
que purifica la caída de la noche
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.



Alejandra Pizarnik

Déjate caer

35


Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de silencio in-
genuo, de piedras verdes en la casa de la
noche, déjate caer y doler, mi vida.



Alejandra Pizarnik. Árbol de diana.

Mirar y tocar sin pudor


Para que los hombres...


Juan L. Ortíz




Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...