domingo, 25 de septiembre de 2022

Gerhard Richter

 

CULTURA

Gerhard Richter cumple 90: la obra de uno de los mayores pintores de nuestro tiempo

El pintor alemán Gerhard Richter es uno de los artistas plásticos más importantes de la actualidad, premiado y reconocido a nivel internacional. Este 9 de febrero cumple 90 años.

    
Deutschland Maler Gerhard Richter

Con su apariencia discreta y humilde, Gerhard Richter podría pasear sin ser reconocido por la ciudad de Colonia, su hogar por adopción. Pero sus ojos siempre inquietos podrían delatarlo. El artista plástico alemán es calificado por sus críticos como el "Picasso del siglo XXI”. De hecho, Richter es uno de los artistas contemporáneos más exitosos. Sus obras se venden por sumas récord en el mercado del arte, y el mundo lo colma de premios.

Pero Gerhard Richter apenas se asemeja en algo a Picasso, el precursor del arte moderno en el siglo XX, a no ser en la fama que lo acompaña. El pintor alemán evita ser el centro de la atención pública, apenas da entrevistas y casi no aparece en los lugares donde se reúne el glamuroso mundo del arte. "Toda la escena del arte es un gigantesco teatro de pobreza, mentiras, fraude, depravación, miseria, estupidez, tonterías, descaro”, dijo Richter una vez en entrevista con el semanario Die Zeit.

A diferencia de Picasso, Richter tampoco hizo de su propia biografía la medida de su arte. Muy por el contrario, como subraya su biógrafo, Dietmar Elger, en entrevista con DW: "Gerhard Richter siempre negó su vida privada, donde quiera que la pintara”. Pero algo tiene Richter en común con Picasso: estilísticamente estuvo siempre en constante evolución. Este ya era el caso de sus primeras pinturas de arte pop y los primeros intentos de expresionismo abstracto, a principios de la década de 1960, que calificó de "realismo capitalista”.

Gerhard Richter en su atelier, trabajando en el modelo de una exposición en el Museo Barberini. (2018).

Gerhard Richter en su atelier, trabajando en el modelo de una exposición en el Museo Barberini. (2018).

Huida de la ex República Democrática Alemana

Esa fue la respuesta, irónica y crítica del consumismo, de Richter, un alemán oriental, a la doctrina artística oficial de la entonces República Democrática Alemana (RDA), el "realismo socialista”. Nacido en Dresde, abandonó su terruño en 1961 y se dirigió a la República Federal de Alemania. Poco después surgió su "Atlas”, en el cual reunió recortes de periódico, fotografías, bosquejos, estudios de color, retratos, naturalezas muertas, material histórico y collages. Una especie de archivo de temas que exhibió en 1997 en la muestra de arte Documenta X, en Kassel, y del cual extrajo motivos una y otra vez durante su carrera.

Gerhard Richter: Paisaje (1986, óleo sobre lienzo, 86 x 121 cm).

Gerhard Richter: "Paisaje" (1986, óleo sobre lienzo, 86 x 121 cm).

La marca de Richter: la ruptura estilística

Richter pintó paisajes en el estilo tradicional del romanticismo, nubes y mares, como "Wolke" (1976) y "Seestück (See-See)" (1970). Así nacieron también naturalezas muertas y retratos. Trasladó la pintura a la era de la fotografía, y supo reinventarse siempre, ya sea con representaciones hiperrrealistas de la naturaleza o con imágenes fuera de foco, unas veces con objetos de cristal, instalaciones y sobrepinturas, y otras con inmensas orgías de color. La ruptura de estilos se volvió el sello de su arte. "No persigo ninguna intención, ningún sistema, ninguna dirección”, describió Richter su concepto artístico en 1966. "No tengo programa, ni estilo, ni asunto”.

Pero cuesta creerlo. Casi nadie ha explorado las posibilidades de la pintura como Gerhard Richter. Y al final logró aquello en lo que el mundo del arte ya no creía: "Richter rescató la pintura en el siglo XXI”, dice Dietmar Elger, que dirige el Archivo Gerhard Richter de la Colección Estatal de Arte de Dresde.

Wolke (1976, óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm), de Gerhard Richter.

"Wolke" (1976, óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm), de Gerhard Richter.

Comienzos difíciles en la RDA

Gerhard Richter nació en Dresde, la capital de Sajonia, el 9 de febrero de 1932, hijo de una librera y de un maestro de escuela secundaria. Allí asistió a la Escuela Comercial, tomó cursos nocturnos de pintura, y luego se formó como pintor de letreros en Zittau, trabajando también como asistente de pintura escenario en el teatro municipal de esa ciudad. Cuando decidió emprender la carrera de Bellas Artes, en 1951, la RDA cumplía dos años de existencia.

Richter fracasa en ingresar a la Facultad de Bellas Artes. Se desempeña entonces como pintor en la Empresa Alemana de Publicidad y Anuncios (DEWAG), el monopolio de propaganda del gobierno comunista, antes de poder iniciar sus estudios en Dresde. Fueron "años formativos” para él, señala Richter en retrospectiva en su página web: "Pero la gran tradición de la pintura alemana solo me fue comunicada de una manera muy fragmentada, en primer lugar, a través de la contemplación ideológica del arte que nos enseñaron y, en segundo lugar, a través del concepto actual del arte moderno, que nos llegó más o menos deformado desde Occidente". Richter completó sus estudios en 1956 con un mural en el Museo Alemán de Higiene de Dresde, que más tarde fue sobrepintado.

El artista deja la RDA en 1961 y va a Düsseldorf, donde se matricula en la Academia Estatal de Arte con el pintor informalista Karl-Otto Götz. Luego de menos de 10 años, Richter es nombrado allí profesor. Se muda a Colonia, y en los años siguientes recibe numerosos premios, incluido el Kaiserring de Goslar (1988), y el León de Oro en la Bienal de Venecia (1997). El Moma de Nueva York lo honró en 2002 con una retrospectiva completa: "Cuarenta años de pintura”. El New York Times dijo que la muestra "se hizo con retraso”.

Vela (óleo sobre lienzo, 95 x 90 cm), obra hiperrealista de Gerhard Richter.

"Vela" (óleo sobre lienzo, 95 x 90 cm), obra hiperrealista de Gerhard Richter.

Richter: "Casi todo es una casualidad”

Las obras de Richter se convirtieron en objetos de especulación que alcanzan sumas siderales en las subastas. En el ránking del Kunstkompass, la lista alemana de los artistas contemporáneos más cotizados, Richter figura como líder indiscutible y el pintor más caro, en el puesto número uno desde hace casi 20 años. Hace tiempo que el artista se siente incómodo con su éxito material: "Hay una completa desproporción entre el valor y la relevancia del arte y los precios desorbitados que se pagan por él", criticó en 2005 en la revista Der Spiegel. La Manager Magazin estimó la fortuna de Richter en 2019 en 700 millones de euros. Esto lo coloca en el puesto 230 entre los "1001 alemanes más ricos".

En cuanto a la película sobre su obra del director Florian Henckel von Donnersmarck, de 2018, "Obra sin autor”, basada en la vida de Richter, el artista se distanció de ella diciendo que hizo mal uso de su biografía. A pesar de ello, el filme fue un éxito de taquilla en Alemania, pero se quedó sin el Óscar de Hollywood.

Los vitrales de la Catedral de Colonia realizados por azar por computación por el artista Gerhard Richter.

Los vitrales de la Catedral de Colonia realizados por azar por computación por el artista Gerhard Richter.

"Estoy fascinado con las coincidencias”, admitió Gerhard Richter una vez. "Casi todo es una casualidad: cómo somos, por qué no nací en África, sino aquí, todo es producto del azar”, dijo Richter en una conversación en video con el curador del Museo Louisiana de Arte Moderno de Dinamarca. Y así es como también dejó al azar del sistema de un ordenador el diseño de su famoso y debatido vitral de la catedral de Colonia en 2007, con más de 11.000 cuadrados de colores como motivo.

Una pieza tan multifacética e inescrutable como toda la obra de Richter, sobre cuyo legado pictórico comenzó una carrera hace tiempo. Dresde trata de obtenerla, y Colonia también. Pero las mejores cartas las tiene la Antigua Galería Nacional de Berlín, a la cual el artista prestó en forma permanente en 2021 cerca de 100 obras, entre ellas, su ciclo "Birkenau”, un cuadríptico monumental sobre el Holocausto perpetrado por la Alemania nazi, que toma como punto de partida los documentos fotográficos de un exprisionero judío del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau.

Gerhard Richter junto a su cuadríptico Birkenau, en el Museo Frieder Burda, de Baden Baden. (2016).

Gerhard Richter junto a su cuadríptico "Birkenau", en el Museo Frieder Burda, de Baden Baden. (2016).

Con motivo de su cumpleaños 90, este 9 de febrero de 2022, la biblioteca de arte de la Nueva Galería Nacional exhibe por primera vez los libros de artista de Gerhard Richter en una gran muestra general. Aun cuando su apariencia discreta no sugiera que es una estrella, Gerhard Richter, que vino de Alemania Oriental y maduró en Alemania Occidental, se ha convertido en un artista panalemán de fama mundial.

(cp/ers)

Ficción y vida de Gerhard Richter

 

Crítica de 'Nunca apartes la mirada': el arte como la verdad de las cosas

La tercera película de Donnersmarck, 'Nunca apartes la mirada', examina las circunstancias de un pintor ficticio muy similar a Gerhard Richter. 



No recuerdo mi primer contacto con la obra de Gerhard Richter, pero si no me equivoco navegaba en la Internet el día en que descubrí sus pinturas fotorrealistas. Fue hace muchísimos años atrás. El impacto que me causó me obligó a estudiar y a apreciar sus telas por esa característica fantasmagórica e hipnótica, en la que recurre a un realismo austero y borroso que parece embalsamar los recuerdos de su existencia a través de las fotografías de familiares, de paisajes y de crónicas periodísticas. Son pinturas hechas a base de fotografías. Aunque Richter revolucionó la vanguardia de la segunda porción del siglo XX con ese estética figurativa tan rupturista, la abandonó a finales de los sesenta para moverse a una etapa constructivista y más tarde a su reconocida abstracción. Debido a su producción artística heterogénea y polisémica, Richter está considerado como uno de los artistas contemporáneos más importantes. Pero no le da mucha importancia a su reconocimiento. Es un genio hermético. Rara vez habla de su arte. Y se ha mostrado reacio a comentar su tormentosa vida personal, aunque existen entrevistas, documentales y libros autobiográficos que nos dan una aproximación de su pensamiento como artista.

La carrera de Richter aparenta ser la fuente de inspiración de Nunca apartes la mirada, la película del director alemán Florian Henckel von Donnersmarck que explora las vicisitudes de un pintor a lo largo de la historia alemana posguerra, a pesar de que en ningún instante, ni siquiera en los créditos, se vincula la película a su nombre. Imagino que solo aquellos que conozcan los aspectos más traumáticos de la biografía de Richter entenderán la críptica analogía. Tengo entendido que antes de realizarla, Donnersmarck investigó incisivamente los trabajos de Richter hasta encontrar coincidencias y rastros autorreferenciales en sus famosos retratos fotorrealistas, además de entrevistarlo durante semanas para obtener la información necesaria para escribir el guion. El resultado reemplaza la imagen de Richter por el de una figura ficticia, logrando mutar lo real y lo ficcional con géneros tan cautivantes como el drama, el suspenso y el romance. No se trata por lo tanto de un biopic que busca ilustrar a una persona que se refugia en la creatividad para aliviar el sufrimiento, sino más bien, de una película que se aleja de las convenciones genéricas para subrayar el arte como la verdad de las cosas, estableciendo un símil novedoso entre la ficción y los hechos.

Nunca apartes la mirada
Saskia Rosendahl como la tía Elisabeth. Fotograma de Sony Picture Classics.

Comienza como un drama de mayoría de edad, mostrando al protagonista, Kurt Barnet (Cai Cohrs), como un niño en los tiempos de la Alemania Nazi, donde disfruta la ingenuidad de sus días en Dresde junto a su tía Elisabeth (Saskia Rosendahl), una mujer bella y excéntrica. Con ella visita una exposición itinerante del “arte degenerado” de lienzos de grandes pintores. Ella le enseña que el arte es un manantial de liberación, incluso en los instantes más difíciles, que ayuda curar la amargura. Kurt también es obligado a unirse a las juventudes hitlerianas. Un día, el pequeño Kurt encuentra a la tía Elisabeth desnuda tocando el piano, como si estuviese hipnotizada por la euforia. Luego de golpearse la cabeza con un plato de vidrio, su familia la interna en un sanatorio porque aparentemente pierde la cordura. A partir de la dramática despedida, ella le dice a Kurt que "nunca mire hacia otro lado" porque "todo lo que es verdadero tiene belleza".  Tiempo después, Elisabeth es esterilizada por los nazis cuando se sospecha que es esquizofrénica. El cirujano a cargo del programa de esterilización es el macabro Carl Seeband (Sebastian Koch), un profesor de ginecología y oficial de alto rango del cuerpo médico de las SS que ordena de inmediato la muerte de un centenar de mujeres en una cámara de gas.

Nunca apartes la mirada
Cai Cohrs como el pequeño Kurt. Fotograma de Sony Picture Classics.

Con el transcurso de los años, Kurt (Tom Schilling) trata de olvidar los sucesos trágicos de la beligerancia instalándose en una escuela de pintura en Dresde en Alemania Oriental, donde estudia pintura bajo las condiciones totalitarias del realismo socialista, condenado a perpetuidad a pintar murales gigantescos que reflejan los conceptos ideológicos de la clase obrera, sin posibilidad alguna de expresar lo que verdaderamente siente en el lienzo. Allí es admirado por su profesor y por otros alumnos. Su crónica da un giro cuando se enamora de una estudiante de diseño de moda llamada Elisabeth (Paula Beer), la cual comparte cierto parecido con su tía fenecida. Ambos mantienen un noviazgo sin que la adinerada familia de Elisabeth lo sepa. Sin embargo, la tragedia vuelve a ocupar un trozo de su trayectoria, primero, al atestiguar el chocante suicidio de su padre y, segundo, al desconocer que Carl Seeband es el padre de Elisabeth, quien luego de haber ayudado a un oficial ruso durante la conflagración, borró los registros de sus crímenes contra la humanidad y ahora vive de una riqueza considerable, además de que no aprueba la relación que tiene con Elisabeth por considerarlo inferior y está empeñado en destruirla.

Nunca apartes la mirada
Tom Schilling como Kurt y Paula Beer como Elisabeth. Imagen de Sony Pictures Classics.

Para tener una duración de tres horas, Donnersmarck consigue cohesionar el relato notablemente sin que la narrativa pierda ritmo en ningún momento en el núcleo de su estructura. No hay ni una escena que no me parezca interesante cuando abarca varias décadas de la historia política alemana desde el período posguerra. En la primera mitad adquiere los semblantes de un thriller romántico cuando el protagonista honesto y reservado goza de un idilio apasionado con la chica que ama mientras secretamente es manipulado por el suegro nazi que, recurriendo al engaño y la hipocresía, anhela preservar el estatus social y la reputación de la familia impidiendo que nazca el hijo de la pareja (es posible que fuera de campo le practicara un aborto a Elisabeth causándole graves daños físicos en el útero). Se vuelve un poco agridulce cuando los personajes escapan hacia Alemania Occidental y luchan para concebir hijos cuando se casan.

En cambio, en la segunda mitad se convierte en una ilustración dramática y subjetivista de la crisis creativa de un artista que batalla por hallar su propia voz, particularmente en las escenas en que Kurt estudia en la prestigiosa Academia de Arte de Düsseldorf donde todos los estudiantes abordan el arte vanguardista con cierta libertad y sus experiencias íntimas le impiden descubrir un método más allá del medio de la pintura figurativa, incluyendo, dicho sea de paso, la condición socioeconómica que lo sujeta a la miseria, pues gracias a Seeband obtiene un empleo como conserje mientras Elisabeth trabaja cosiendo en una fábrica textil.

Sebastian Koch como Carl Seeband. Fotograma de Sony Pictures Classics.

La metáfora concibe una lectura valiosísima que esboza el poder curativo que posee el arte para sanar las heridas del pasado del artista y, a la vez, revelar los misterios que oculta la realidad. Lo observo en las en que Kurt, desconociendo el historial criminal de Seeband, mira una artículo periodístico sobre la captura de un doctor nazi que fue jefe de Seeband durante la guerra y, como si estuviera iluminado por una idea brillante, empieza a reproducirlo en los cuadros junto a fotografías personales en blanco y negro (las de su tía), proyectándolas en el lienzo antes de trazar las líneas del dibujo, pintándolas con colores grisáceos que simbolizan la melancolía y más adelante añadiendo un misterioso desenfoque que crea un toque espectral. Al hacerlo, vence sus inseguridades como artista e inconscientemente aplasta la inmoralidad del fugitivo Seeband cuando este ve un collage superpuesto de la tía de Kurt, su antiguo superior y él mismo como un intento revelatorio de venganza, lo que lo lleva a huir aterrado pensando que el yerno descubrió su secreto.

La extraña ironía es que algunos episodios de la historia de Richter fueron mucho más dolorosos que los de Kurt. A pesar de todo el dolor sufrido, supo equilibrar su voluntad para imprimir en sus primeros lienzos el amargo sabor de la desilusión, ocultando constantemente las referencias a sus experiencias individuales y transformando la desgracia interna en una creación avant-garde. Y esa es la misma narración que bosqueja la película. Por esa razón, Donnersmarck utiliza parte de sus capítulos biográficos, digamos, para elaborar una alegoría del potencial del arte para reflejar la verdad de las sensibilidades humanas más recónditas.

Nunca apartes la mirada
Tom Schilling como Kurt. Foto de Sony Pictures Classics.

La película del realizador de La vida de los otros marca su regreso al cine alemán con un riguroso homenaje a uno de los artistas plásticos más sobresalientes de las últimas décadas. Quizá se toma ciertas licencias a la hora de establecer los trazos limítrofes del currículo de Richter. Pero nada se sale de lugar cuando dibuja la delgada simbiosis entre el mito y la realidad. La puesta en escena está ejecutada con una estupenda banda sonora de Max Richter y con un elegantísimo estilo visual que encuadra la época con una autenticidad inquebrantable y una colorización que resalta, con un tono azulado, la introspección de ese protagonista que nunca aparta la mirada de sus cuadros. Tiene actuaciones conmovedoras de Tom Schilling, Paula Beer y Sebastian Koch. Y me cautiva en la parte que recrea el famoso retrato de Ema (Desnuda en una escalera), de Richter, en una especie de parábola minuciosa sobre el significado de la maternidad. Es un ejercicio portentoso y absorbente sobre las reminiscencias, las confidencias familiares y la preponderancia reformadora del arte. Le hace justicia a la efigie de Richter con unos artificios que, a veces, lucen reales. Después de todo, supongo, siempre hay algo de verdad detrás de cada ficción.


Ficha técnica
Título original: Never Look Away (Werk ohne Autor)
Año: 2018
Duración: 3 hr 09 min
País: Alemania
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
Guion: Florian Henckel von Donnersmarck
Música: Max Richter
Fotografía: Caleb Deschanel
Montaje:  Patricia Rommel
Reparto: Sebastian Koch, Tom Schilling, Paula Beer, Lars Eidinger, Rainer Bock
Calificación: 7/10

Nunca apartes la mirada

Se la recomendaron a Magda y vino ella ayer sábado y la puso en mi tele decidida a que la veamos juntas. Pero se quedó dormida a la hora y pico y la peli dura tres. Seguí sola y emocionadísima.

 No dejes de mirar, o mejor: Nunca bajes la mirada: Hermoso peliculón! Intensa, divinamente extensa y rebrotante, dolorosa, bella en imágenes, sonidos, ideas, gestos, pasiones y odios. Detesto las pelis sobre la guerra y el nazismo, me parece algo que no merece ser contado, pero esta rompe de un modo tan extraordinario los clichés sobre narraciones políticas, bélicas, biográficas o teóricas del arte que me cautivó completamente.

Mi cara y mi casa con el celu nuevo























 

Hoy y mañana

 Hoy empecé un cuento en modo diario de transplantada-loca que ve gente muerta. Mañana vuelo a Jujuy.

Este celu saca fotos buenas de noche e interiores



 

Rebrotes y adoptadas que me trajeron las chicas ayer
























 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...