viernes, 7 de octubre de 2016

Escribir árboles

Gabriela De Cicco: Poema en diálogo con Adrienne


·
                                             
"The trees inside are moving out into the forest"
                                                         -Adrienne Rich-

Desde el interior los árboles
parten hacia el bosque,
Adrienne, tú y yo lo sabemos
obsrvando paisajes distintos.
Distintas tonalidades de verde
que crecen tanto en las islas,
como en los jardines.

También conocemos como dialogan
dos mujeres, savias de árboles
diferentes; sabemos Adrienne

que la libertad es sentarse
frente al delta de la vida
y escribir extensas cartas
que no hablan de descubrimientos,
pero sí de la ansiedad
que crece como tus árboles,
como mis rosas; como crece
el cuerpo de la amiga
en la noche de amor.

Escribir árboles, Adrienne,
es decir sobre lo sabio,
sobre lo antiguo
que nos atestigua: dos mujeres
que en diferentes lenguas
se cruzan
hablando de lo que saben.


*Gabriela De Cicco (Argentina Santa Fe, 1965). Es poeta, ensayista y periodista. Dirige La Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), un portal y red de información e intercambio entre mujeres feministas. Publicó los siguientes libros de poemas: Bebo de mis manos el delirio(1987), Jazz me blues (1989), La duración (1994), Diario de estos días (1998) y Queerland (2011).
El poema que se transcribe està incluido en su libro La duración.


** Fallece la poeta norteamericana: Adrienne Rich (1929-2012): Tomado de la poeta Yolanda Pantin:

"Rich creía que el arte y la política no debían estar separados y se consideraba socialista."Para mí, el socialismo representa el valor moral, la dignidad y los derechos humanos de todos los ciudadanos" dijo al diario San Francisco Chronicle en 2005. "Es decir, los recursos de una sociedad deberían ser compartidos y la riqueza distribuida tanto como sea posible".Rich fue profesora en muchos colegios y universidades, incluyendo Brandeis, Rutgers, Cornell, San Jose State y Stanford.Ganó la beca MacArthur "genius", dos becas Guggenheim y muchos reconocimientos literarios, incluso el Premio Bollingen, la medalla a las artes creativas Brandeis, el premio de poesía Ruth Lilly y el premio Wallace Stevens. En 2003, Rich y otros poetas se negaron a asistir a un simposio de poesía en la Casa Blanca para protestar por la invasión a Irak."


jueves, 6 de octubre de 2016

La nena a la que le tocó el caballo feo y mal dibujado

libros
DOMINGO, 14 DE AGOSTO DE 2016
ANA MARIA SHUA

COMO UNA BUENA MADRE

Con unos cuarenta libros en su haber, Ana María Shua es una de las autoras más prolíficas y también versátiles de la literatura argentina, una de las primeras en experimentar el tan en boga microrrelato y en abordar tramas y personajes que eran apenas emergentes en su época, como sucedió con Soy paciente y Los amores de Laurita. Ahora, con Hija, es el turno de presentar una maternidad ambigua y llena de interrogantes, en la que se ponen en entredicho cuestiones de género, de identidad y parentesco quizás inimaginables años atrás. En esta entrevista Shua refiere los conflictos y peleas internas que le plantearon su nuevo libro y por qué decidió incorporar en sus páginas un diario de escritura.

 Por Violeta Serrano
Una esperaría ropa, zapatos o incluso frazadas. Y sin embargo, en los estantes de varios armarios de la casa de Ana María Shua hay, sobre todo, libros de Ana María Shua. Por decenas. Repetidos a veces, otras no. Sobre los muros de las paredes descansan colgados dibujos, una imponente escultura de madera y distintas fotos. En el living hay una especialmente grande que retrata a sus niñas cuando lo eran: Paloma, Vera y Gabi. Las tres crecieron maceradas en literatura. Fueron, siempre, sus críticas más feroces cuando les leía para ver cómo respondían a sus relatos para chicos. Ella, Ana María, ya lo sabemos, es escritora. Desde siempre. Aunque no desde siempre ejerció como tal a tiempo completo. Antes de eso trabajó durante quince años como creativa publicitaria. La misma ocupación que ha elegido para Esmé, el personaje de la madre en su última novela: Hija. “Yo a los 34 años dejé la publicidad. Ya empecé a escribir mis primeros libros mientras trabajaba como publicitaria. Esmé no era escritora y se quedó con eso y con la decadencia que eso comporta. Un creativo publicitario pierde muy rápidamente la frescura y juventud y vienen detrás las nuevas generaciones. Hay que estar muy en el mundo actual para poder hacer ese trabajo. Aprendí muchas cosas. Lo más importante para mí fue no depender de la inspiración. Cuando dejé las agencias pensé: así quiero trabajar con mi literatura, como si el día que no se me llegue a ocurrir nada, me despidiesen”.
Pero nunca ocurrió. Ana María Shua es una de las escritoras más prolíficas y versátiles de la literatura argentina. Ha desarrollado su arte en todos los géneros. Desde su primera novela publicada, Soy paciente, que ganó el premio de la editorial Losada en 1980, hasta esta última Hija, ha tenido tiempo para casi todo. Para recibir reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura o la beca Guggenheim, para ver llevada al cine Los amores de Laurita, para hacer suyo el sello de adaptar clásicos para niños respetando lo máximo posible el original, para inventar literatura infantil propia, para ser catalogada como la reina del microrrelato en Hispanoamérica cuando incursionó en el mercado español gracias al editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, y, justamente, de replicarle a los “gallegos” que desconocían el resto de su extensa obra, más allá del trono del microrrelato que ella inauguró, ya en la Argentina de 1984, con La Sueñera. Es cierto que no hubo muchos antes que hubiesen publicado un libro dedicado en exclusiva a ese género. Está, por supuesto, Cuentos breves y extraordinarios de Borges y Bioy. Pero hasta entonces, no mucho más.
“En realidad Soy paciente es la primera novela que salió, pero yo ya tenía otros dos libros, La Sueñera y Días de pesca, un libro de cuentos. Empecé con 25 páginas en las que estaba todo. Llegó a tener 200 páginas y después se estabilizó en 120. Y en esa época escribiendo a máquina me llevó un tremendo esfuerzo”.
Dice que se acostumbró a narrar así por su trabajo en la agencia publicitaria. Y a no fumar mientras escribía le obligó después la vida. Creyó que no iba a poder. Pero sí. Sustituyó el cigarrillo por el jugo de paraguas. Así le llama a los cortaditos de café descafeinado que se toma de mañana, con apenas leche, como si fuera su nafta para ejercer el oficio. Y la máquina de escribir pasó a ser una computadora. Cuando tiene entre manos una novela sólo la desarrolla en su lugar habitual de trabajo. Para el microrrelato, por ejemplo, puede salir. Incluso le hace bien producir a mano, en cualquier café. Pero sin música. Ana María Shua siempre escribe en silencio. Se reconoce “sorda musical”. Y, sin embargo, poeta.
“Poetisa, decíamos entonces”. Cuando tenía apenas diez años la decretaron como la poetisa oficial en su clase del colegio. Luego, a los 16, ese pasado cristalizó en el libro El sol y yo. Hoy se atreve a innovar también en ese campo y, como es habitual en ella, lo hace tendiendo a la síntesis. Así que actualmente experimenta con los haikus.

¿Los pensás publicar?

–No por ahora. Está bien tener algo inédito.
Y ríe. Porque se diría que ya lo ha publicado todo. Hasta algunas veces con pseudónimo, después de malas experiencias como la que tuvo en los 90 con El marido argentino promedio. “Me encasillaron. Fue feo para mi carrera. Era de un humor costumbrista. Muy sencillo. No es que fuera mal recibido sino que tuvo mucho éxito y tapó y borró totalmente todo lo demás. Dejé de ser escritora y me convertí en experta en maridos”.
Ni el humor ni el foco en el personaje del marido son el punto fundamental de Hija. En su última novela, Ana María Shua se propone indagar en un sentimiento dificilísimo y poco ortodoxo: el de una madre que, poco a poco, como una intuición irremediable, va dándose cuenta de que su hija, la única que tiene, no es buena persona. Con la responsabilidad que eso conlleva. Toda una proeza que, si no hubiera sido escrita por la prosa aireada de Ana María Shua resultaría, sin duda, asfixiante.
Por decisión propia y con el apoyo de su editora, Mercedes Güiraldes, Hija incluye un diario íntimo de la escritora que relata al lector cómo es el proceso de la gestación del libro que tiene en sus manos. Toda vez que terminamos un capítulo de la historia de Hija, aparece su par en forma de confesión de trabajo. “El diario en la novela fingirá ser siempre documento, pero en buena parte también será ficción”, se advierte en las primeras páginas. También se avisa de que ese diario, mecanografiado en un tipo de letra distinto, puede leerse o no: es algo que queda a juicio del lector. Y es cierto: puede éste saltárselo y la historia seguirá ahí, sin pestañear. Sin fallos notables, casi perfecta en su forma. “La gran diferencia entre un escritor y alguien que quiere serlo es la autocrítica”, afirma Shua parafraseando a Ricardo Piglia.

¿Hija es una de las obras que más trabajo te ha dado?

–Me costó mucho avanzar en la novela. Era tan desagradable la situación… la de una madre que tenía una hija en la que no podía confiar… De hecho, llegar al diario me provocaba cierto alivio.

¿Por qué te costó tanto avanzar?

–Por razones personales. Aunque ninguna de estas situaciones sucedió, en esta novela yo estaba expresando sentimientos y sensaciones muy íntimas. Y también estaba todo el tiempo muy preocupada de no escribir nada que pudiera molestar o dañar a mis hijas.

¿El diario lo escribiste en paralelo o al final?

–A la vez. No hubiera podido escribirlo después: es verdaderamente un diario.

CRIAR HIJOS

Las tres hijas de Ana María Shua son rubias. Por eso la “hija” de su novela es retratada forzosamente como una morocha, hermosa, con ojos de miel. Muy parecidos, según se describen, a los de la propia Ana María, que proceden, probablemente, de su rama paterna: su abuela era sefardí, del Peñón de Gibraltar, y su abuelo mizrahí, de Beirut. Por parte de madre ambos abuelos eran judíos polacos. Ana María no sonríe demasiado pero cuando lo hace la cara se le ilumina y su gesto cambia. Habla de sus tres hijas y la luz, de nuevo, regresa a su rostro. El orgullo le sube por la piel y se le queda acostado en los labios y en las pupilas casi imperceptibles entre el marrón de su iris. Pero es innegable que una de sus hijas se convirtió en un desafío para cualquier madre. De pequeña era una chica sedentaria, sin interés alguno por el mundo del deporte. Pero después cambió. Paloma Fabrykant dedicó, hasta hace poco, parte de su vida profesional a la pelea vinculada a las Artes Marciales Mixtas. Para ver de qué se trata y entender el temor de una madre al respecto basta con poner su nombre en Youtube y observar las imágenes. Ana María confiesa que sólo podía ver las peleas una vez que sabía que habían terminado y que Paloma estaba, de nuevo, sana y salva. Magullada, puede ser, pero en pie.

¿Esa experiencia con Paloma impulsó la temática de este libro?

–No. El hecho de tener hijos y que no se comporten como yo me hubiera comportado en determinada situación, sólo eso, alcanza para esta novela y mucho más.

¿Cómo se asume que un hijo es un ser autónomo que no forma parte de tu propio cuerpo?

–Es intolerable. Que sea una persona distinta de uno. Que no sea un clon. Es una cosa tremenda. Es lo natural. Todos somos hijos y lo hemos vivido como experiencia pero, por alguna misteriosa razón, es casi inevitable que volvamos a poner en nuestros hijos toda esa carga de que deberían ser continuaciones de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Sólo el hecho tan sencillo y tan obvio de que son personas diferentes a uno es muy difícil de aceptar. Creo que este sentimiento es lo que me llevó a escribir este libro. Llevándolo a las últimas consecuencias. ¿Qué hace una madre con una hija de la que poco a poco se va a dando cuenta de que es una mala persona? ¿Y qué hace con esa terrible sensación de responsabilidad?

¿Pensás que es más difícil criar a una mujer que a un hombre?

–No tengo la menor idea porque no tengo ninguna experiencia en criar hombres. Pero me parece que es tan difícil como criar mujeres. La gran diferencia que yo veo es que las mujeres nacen y los hombres se hacen. Una mujer es una mujer y ya está. Y no tiene que estar dándole vueltas a su condición de género. En cambio, la virilidad está siempre en entredicho y un hombre tiene que estar demostrándose y demostrando al mundo constantemente que es un hombre. Y eso debe ser muy difícil y muy penoso. También para los padres.

Acá se habla mucho de la dificultad de la educación. ¿Cómo se educa a una hija sin coartarla, advirtiéndole de los peligros pero dejándola caminar sola?

–A mí, igual que a mi madre, nos resultó muy sencillo criar mujeres fuertes porque nosotras somos mujeres fuertes. Más allá de lo que podamos decir o intentar o hacer, está nuestro ejemplo.

¿Qué opinás del personaje de la madre de Esmé?

–Es muy interesante. Me gusta. Es dura y es pragmática. Es un personaje complejo. Y tiene la pérdida de una hija que le marca la vida absolutamente. Eso es parte de la ucronía porque mi hermana se escapó en el 76 y a la hermana de Esmé la mataron en la dictadura. Mi hermana se fue a Chicago y allí se quedó. Ahora viene dos veces por año.
Ana María Shua habla de sus personajes como si fueran carne, huesos, pulmones y agua. Siente como ellos sienten. Sufre como ellos sufren y parece que riera como ellos ríen. Por eso esta novela, cuyo tema principal es francamente incorrecto, le incomoda, le preocupa, le cuesta. Demasiado frágil para tomarlo con liviandad y, al mismo tiempo, creado con una escritura tan oxigenada que delata el pulso de una autora que tiene un dominio absoluto sobre sus herramientas. Al fin y al cabo, todo está en la realidad.
La propia madre de Ana María Shua es recordada por ella como una mujer valiente y fuerte. Trabajó hasta una semana antes de morir, a los 82 años. Fue odontóloga y después, psicóloga. “Hubiera sido una gran médica. Fue un deseo que le pasó por los dos costados”, dice Ana María. Ella, que cuando estaba pensando qué estudiar, dudó en algún momento sobre esa especialidad, como si el deseo materno no realizado hubiese golpeado a la puerta de su propio camino. Pero hoy no se arrepiente. “La medicina me interesa sólo literariamente. Me fascina la terminología médica, esa especie de código secreto”.

¿Defendés que en literatura nada se inventa?

–Para mí la imaginación es arte combinatorio. No solo en la escritura, sino en el arte en general. La ficción opera como el sueño, sólo que con más control. Uno no sueña con algo que no conoce sino con elementos de la realidad que su mente combina de una manera arbitraria. Con menos arbitrariedad y más control, se crea la ficción. La realidad enriquece siempre. Poder volver a mirar la realidad con otros ojos, saltando de las convenciones culturales, es muy importante. Es decir, hay un punto en que todos dejamos de ver la realidad y la vemos a través del filtro que impone nuestra cultura. En todos los aspectos de la vida la mente de las personas está cuadriculada por los casilleros que le impone la cultura en que se ha desarrollado. Quien puede evitar esos casilleros y volver a mirar la realidad de otra manera, tiene la posibilidad de traer algo nuevo al mundo. Y no es algo que inventó. Es simplemente otra mirada.
Hija es, de algún modo, una suerte de ucronía de la propia vida de Ana María Shua. Un especie de retrato de lo que podría haber sido su existencia si todo hubiese llegado a salir mal. La novela se inicia con dos jóvenes que se marchan rumbo a París en plena dictadura argentina. Con una tensión magistral digna de una escritora dotada de toneladas de experiencia, Ana María Shua relata el viaje en barco con una mezcla de humor y patetismo, crudo, vital, horrible y maravilloso al mismo tiempo. Ella y su marido, Silvio, también se fueron a Europa, pero no huyeron perseguidos, sino porque desearon probar suerte allá. Pero regresaron porque extrañaban Buenos Aires. La que sí huyó por razones políticas fue la hermana de Ana María que ahora vive en Chicago. La hermana de Esmé no fue desaparecida. Pudieron enterrarla. Pero no pudo huir. El marido de Ana María no es el marido de Esmé. Guido, el personaje que hace de padre en la novela, se ausenta y dificulta la educación del conflictivo personaje de la hija. Todo lo contrario a lo que es, según Ana María, su pareja, Silvio Fabrykant. El peso de todo, como madre, como hija y como responsable, cae sobre el personaje de Esmé en la novela. Herramientas ficcionales de todo tipo exacerban esa sensación de angustia que llega a límites siniestros en las descripciones del carácter de esa hija que ni por asomo parece preguntarse, alguna vez, qué daño puede estar ocasionando con su actitud a la mujer que le dio la vida.

¿Cuánto de vos hay en la madre de Hija?

–Esmeralda sin duda es un alter ego mío. Buena parte de mis sentimientos en relación con la maternidad están expresados a través de Esmé.

En la obra los personajes femeninos tienen mucho peso, ¿qué significó para vos la reacción que hubo en el público después de que saliera tu libro Cabras, mujeres y mulas?

–Bueno, esa es la razón por la que luego publiqué Todo sobre las mujeres. Cabras, mujeres y mulas fue una antología de la misoginia, el odio y el miedo a la mujer en la literatura popular. Muchas mujeres, cuando lo leyeron, ignorando el prólogo, dijeron, ¡cómo, Ana María, decís eso de nosotras, qué barbaridad! Y otras, fue todavía peor. Bajaban la cabeza y decían: “Claro, es que todo lo que dice ahí es tan cierto: las mujeres somos malas, vengativas, veleidosas”. La baja autoestima personal se convierte en baja autoestima para todo el género. En general los hombres se quieren más.
Antes de ser proclamada, por consenso popular de sus compañeritos de escuela como la poetisa oficial de la clase, Ana María Shua sufrió un disgusto monumental que terminó siendo la causa de su prometedor futuro y de que hoy, en su departamento del centro porteño, los libros firmados por ella misma rebosen los estantes de los armarios. Y todo por culpa de un caballo negro y feúcho, que parecía tener todas las de perder al lado de una apetecible princesa, con su dragón y todo.
Hija. Ana María Shua Emecé 250 páginas

¿Recordás ese momento?

–Perfectamente. Yo entré a primer grado con cuatro años, cumpliendo en abril, así que cuando terminé, aún no había cumplido los cinco. Allá tenía una amiga. A ella y a mí, cuando finalizamos ese primer grado, nos regalaron dos libros de la colección Robin Hood. Uno con un dragoncito muy lindo en la tapa que se llamaba Artemito y la princesa y otro con un caballo, feo y mal dibujado, que se llamaba Azabache. Entonces lo jugamos a las figuritas. ¡Y a mí me tocó el del caballo feo!

Y las dos querían el del dragoncito.

–Sí. Lo lamenté muchísimo. Pero cuando lo empecé a leer no podía creer lo que me estaba pasando. ¡No lo podía creer! Fue algo extraordinario.

Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-5910-2016-08-17.html

martes, 4 de octubre de 2016

Amigo guardián

Me está pasando desde hace como quince días pero el domingo pasado, que fui a ver a mi editora para ultimar detalles de mi nuevo libro, me pasó tres veces: Te veo entre la gente, Martu. Por ahí es un gesto, una nariz, un movimiento de la mano de un hombre que pasa y me parecen los tuyos. Sé que estás conmigo aplaudiéndome los éxitos y las valentías.

Hija, leída

Terminé de leer Hija, de Ani Shua. Genialmente agobiante. Mañana les cuento y les copio.
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Comentarios
Norma Alegre Dale!!!!!
Paula Irupé Salmoiraghi Es impresionante cómo describe desde el deseo de tener una hija todo lo que va pensando y sintiendo esa madre que siempre cree que la nena es perfecta. Increíble el lenguaje y la sencillez con que te cuenta los horrores de la postdictadura y del matrimonio y la hija. Deslumbramiento aparte para el diario de escritura que se intercala entre capítulo y capítulo: allí las dudas de la autora,los materiales con que trabaja, lo que va leyendo.

Como la serpiente o las chicharras

Así me siento: como si estuviera cambiando de piel. O dejando atrás un cuerpito viejo. Doloroso pero vital.

lunes, 3 de octubre de 2016

El sapo que esperaba la muerte y llegó Felix

Dice en feis Felix Bruzzone
38 min
Hace tiempo que escucho croar a un sapo entre las cañas de mi clienta-filósofa. Al principio creía que se trataba de un motor que cada tanto metía algún ruido. Era algo muy rítmico. No parecía algo animal. Con el tiempo (hablo de meses) entendí que sí era algo animal. Algo casi bestial, diría. Incluso ominoso. Nunca el ruido entró en mis pesadillas. Pero pensarlo con posibilidades de entrar en alguna ya era en sí pesadillezco. Una pesadilla débil, que empieza como pesadilla y termina como sueño, pero pesadilla al fin, a tono con las últimas que tuve. Lo cierto es que pasó el tiempo y el croar resultó ser un sapo. Uno de los grandes. Tan grande que apenas se movía. Estaba ahí, quieto, devorando mosquitos y metiendo miedo. Y llamando, de alguna forma, a la muerte. Hoy, que me acerqué a verlo bien, también se quedó quieto. Esperaba que le hiciera algo, que lo ayudara a morir. Me pregunté cómo hacía para hidratarse, siendo que casi no se mueve. Entonces vi que estaba justo sobre el paso de una pérdida de agua que tiene la pileta. El sapo había encontrado un lugar ideal para estar. No tenía que hacer nada, solo quedarse ahí. Qué predador podría acercársele, oculto entre cañas y del lado de adentro del cerco de la pileta... Un piletero, únicamente. Solo que los pileteros no somos depredadores. Ni depredados. Somos pileteros. Ni vencedores ni vencidos. Lo vi tan cómodo ahí, tan seguro. Me dio envidia por un momento. Como si hubiera encontrado la paz y la felicidad. Sin embargo, más que eso, el sapo más parecía esperar la muerte. Era fácil verlo. Sus ojos saltones lo pedían a gritos. Intentamos conversar sobre este tema. Pero él no hablaba. O no quería hablar. Solo quería que alguien... Yo no iba a ser. No está bien matar. Además el pedido ese era un capricho. Era obvio que ese sapo ya estaba muerto.

Editora y poeta con medialunas

Ayer domingo me encontré con mi editora en su hotel cerca de Retiro. Fuimos al bar de la esquina (allí las medialunas). Nos pusimos de acuerdo en todo y amé que ella y su poeta jurado hayan sacado algunos de mis poemas: ni yo me hubiera animado a darle a leer esos a nadie.
Ya tenemos tapa e ilustraciones interiores: fotos de mi casita, vereda y jardín. Una preciosidad. Dice ella que se imaginó de todo con la foto de la máscara y las caritas de nena que tengo en la cocina. Tuve que contarle la verdad y desilusionarla un poco pero con mi poema "La bruja de los pedazos" dice que queda genial.
Hablamos de presentaciones en Baires, en Rosario y en Bella Vista. Todo viento en popa. Tirando a noviembre.

domingo, 2 de octubre de 2016

Emiliano Orlante: buscado

Luc Margarit ha compartido la foto de Buenos Aires Poetry.
19 h
Buenos Aires Poetry
Ese reguero
de incontables farsas…
ya es tiempo
de expiarlas.

Epa mis lectores

Apenas termino la entrada anterior, confesional como pocas, y pienso en cómo esconderla bajo parvas de otras entradas menos comprometedoras. Pero al editarla no más (la diferencia entre la entrada anterior y esta son 7 minutos) ya tiene 4 visitas. Me rindo: no puedo contra el poder de esos ojos ávidos.

La maternidad tiene fecha de vencimiento

Va este post a mí misma para dejar de andar llorando por ahí con el fin de mi rol materno centralizado y mis hijes que ya no me giran alrededor como solían. Me levanté pensando en mi familia de origen, cosas malas por supuesto, y, dos horas después de dar alegres vueltas rencorosas en la cama, se me ocurrió esto:
Tuve muchas oportunidades en los últimos años de ser la matrona de mi grupo. Las rechacé todas. No es lo que quiero, siempre lo supe aunque mariconee cuando pierdo terreno. Elegí tener hijos muy joven no porque ese fuera mi único destino sino porque necesitaba tiempo para cumplir ese, tan deseado, y otros destinos, tan deseados también. Pude hacerme cargo de los asados domingueros y de la casa originaria cuando mi mamá murió (2007): huí de ese lugar como de la lepra. Pude hacerme cargo de mi papá que envejecía y ya no podía vivir solo y mudarme con él pero me pareció un abismo que mis hijes adolescentes y yo no podíamos atravesar. Pude aceptar que mi hijo mayor y su primera novia con su bebé de un año se mudaran a mi casa pero les dije que mejor construir su intimidad en otro espacio y le saqué el cuerpo a la abuelitud de tiempo completo que es una reparación de la maternidad vencida. Pude hacerme cargo de la vida de mi hermana menor y de su hijita cuando me pedían a gritos y a puteadas que cuidara de una y soportara la locura de la otra, pero dije que no, que ser tía no es ser madre y que todo bien pero estoy ocupada en mi propia vida.
¿No es genial mi conclusión de domingo?¡YA NO DESEO SER MADRE!!!! Y eso que no estoy anotando las dos veces que el papá de mis hijes me propuso tener el cuarto: en 2002 cuando teníamos 33 años y en 2014 cuando teníamos 45, lo que hubiera prolongado monstruosamente el tiempo de materno-dependencia.
Sí anoto todas las formas geniales, nuevas y creativas en las que quiero aprender a ser madre de tres personas que no babean ni se cagan encima ni tengo que mirar para cruzar la calle ni van al colegio ni siquiera me avisan a dónde van, pero me sorprenden, me aman y disfrutan estar conmigo (a veces). Je.

Memoria rígida y esponja

Siempre pienso que llevo adelante cinco blogs, como antes, entre los 12 y los 25 años, escribí un diario muy poco "diario" pero muy cargado del día a día, porque necesito fijar partes de mí misma que mi memoria deja escapar por sus agujeros porosos. No creo que la intensión sea dejarlos a la posteridad o disponer de ellos en mi vejez alzeimica. Día a día me olvido de lo que dije ayer, de lo que pensé, de lo que sufrí, de mis conclusiones geniales, y me siento un poco fantasmal.no es malo del todo pero qué suerte que existen mis blogs.

sábado, 1 de octubre de 2016

Ferdidurke en Tadron

Acabo de llegar de Tadron Teatro: Genial el Ferdidurke de mi cumpa Cecilia De Paoli. Me encantó la puesta y los recursos y las cuatro actrices y el canto y los objetos y el lugar y meter al público y los temas y parlamentos del texto que no conocía y ya me pongo a leer.



Sala de profes falocentrados

Conversaciones en las que me quedo muda porque se supera toda mi medida de procesamiento intelectual y/o verbal y todavía no logro los poderes de Carrie: Sala de profesores, videíto de no sé qué hombre negro que aparece en una tormenta, comparación de miembro viril con termo con el que cebo mate.



Conversaciones en las que me quedo muda porque se supera toda mi medida de procesamiento intelectual y/o verbal y todavía no logro los poderes de Carrie: Segunda sala de profesores (no la misma del termo del negro), referencia a que los chinos la tienen chiquita y los negros grandota, pregunta de una profesora sobre por qué "entonces" los chinos se reproducen tanto.

Tecito invisible

Anoche me hice un té de menta y manzanilla pero me olvidé de meter el saquito adentro de la taza. Me avivé cuando fui a ponerle azúcar y el agua estaba demasiado transparente.

I zombie: Capítulo 1

Rara, de las que tratan de humanizar al monstruo: ella es divina, convive con amiga y familia sin que nadie sepa que está muerta salvo su compañero de laburo en la morgue. Comer cerebros parece algo gracioso si sele pone suficiente picante y da poderes telepáticos que sirven para develar casos de mujeres muertas. Buen planteo y resolución. Me gusta la estética con pantallas de comic y narración que muestra el artificio. Veremos cómo sigue.

Ambas

"Me parece que este finde te abandono", me dice ella y las dos temblamos levemente y ocultándolo. Me consuelo del dolor de separarme de ella pensando en el dolor, diferente, más difícil todavía que el mío, de ella al separarse de mí.

El clic

De repente estar sola, hasta "ser" sola, me parece una monstruosidad intolerable, un dolor que no podré sobrellevar. Al rato, como si se moviera la tecla de un velador, tengo la sensación de que estar sola, hasta "ser" sola, es lo queme da alas y me llena de aire y me hace vivir más intensamente. Como ahora que me voy al teatro, sola, a ver la versión de Ferdidurke que hace una compañera de facu con tres minas más en el Tadrón Teatro.

Aterradora extraña y hermosa

Warsan Shire | Para mujeres difíciles de amar


F: Amaal Said




Warsan Shire | Para mujeres difíciles de amar
[traducción: Griselda García]


Sos un caballo que corre solo
y él trata de domarte
te compara con una autopista imposible
con una casa que se quema
dice que lo enceguecés
que nunca podría dejarte
olvidarte
querer a alguien más que a vos
lo maréas, sos insoportable
cada mujer antes o después de vos
se empapa en tu nombre
llenás su boca
sus dientes duelen con la memoria de tu sabor
su cuerpo es sólo una larga sombra buscando la tuya
pero vos sos siempre demasiado intensa
desvergonzada y sacrificial
él dice que ningún hombre puede llegar a ser 
como el que vive en tu cabeza
y trataste de cambiar, ¿no?
te callaste más la boca 
trataste de ser más suave
más linda
menos volátil, menos despierta
pero aún dormida podías sentirlo
viajando lejos de vos en sueños
entonces ¿qué querías hacer, amor?
¿abrirle la cabeza?
no podés construir hogares en seres humanos
alguien ya debería habértelo dicho
y si él se quiere ir
dejalo que se vaya
sos aterradora
y extraña y hermosa
algo que no todos saben cómo amar



For women who are difficult to love

you are a horse running alone
and he tries to tame you
compares you to an impossible highway
to a burning house
says you are blinding him
that he could never leave you
forget you
want anything but you
you dizzy him, you are unbearable
every woman before or after you
is doused in your name
you fill his mouth
his teeth ache with memory of taste
his body just a long shadow seeking yours
but you are always too intense
frightening in the way you want him
unashamed and sacrificial
he tells you that no man can live up to the one who
lives in your head
and you tried to change didn't you?
closed your mouth more
tried to be softer
prettier
less volatile, less awake
but even when sleeping you could feel
him travelling away from you in his dreams
so what did you want to do love
split his head open?
you can't make homes out of human beings
someone should have already told you that
and if he wants to leave
then let him leave
you are terrifying
and strange and beautiful
something not everyone knows how to love.


Warsan Shire (Somalía, 1988). 
[traducción: Griselda García]

Tomado de http://griseldagarcia.blogspot.com.ar/2016/09/warsan-shire-para-mujeres-dificiles-de.html

El 8 sorpresivo con el que no hacemos rimas groseras pero casi

¡8 en parcial de alemán!!!!!!


No es Filosofía feminista, no tiene falocentrismo ni análisis de la opresión de las minorías, no hay que derrotar al patriarcado: ES SOLAMENTE MI PARCIAL PRESENCIAL DE ALEMÁN Y ME SAQUÉ UN 8.


En fecha de recuperatorio, en comisión ajena, recién caída de la Quebrada, con la cabeza quemada de emociones y bichos varios, hice mi primer parcial presencial del nivel medio de Alemán y 8888888888888.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...