sábado, 17 de octubre de 2009

La peor mamá del mundo me mima


(Tomado de Las 12. Suplemento de Página 12 del viernes 16 de octubre)


La peor mamá del mundo me mima




Una buena noticia: en los últimos años la literatura infantil les ha dado un lugar preferencial a las madres, ya no es necesario ser huérfano para ser protagonista de un cuento. Una no tan mala: ellas aparecen representadas con sus manías, sus defectos y sus incoherencias. La ironía se ha instalado como fórmula estética para aplacar culpas, grandes exigencias y paliar el aburrimiento.


Por Liliana Viola



MATAR A LA MAMA

Había una vez, hace muchísimos años, un pacto tácito en la literatura infantil por el cual las madres –y muchos padres también– quedaron excluidos de todos los cuentos. Para ser protagonista había que ser huérfano. Desde Tom Sawyer hasta Harry Potter, existe toda una legión de niños y niñas solos, abandonados o directamente “sin madre” como El Principito, que debieron transitar por esta ausencia para llegar a lo que llegaron. La orfandad es un siniestro fantasma para los lectores –que Disney supo llevar a la pantalla y al paroxismo con Bambi, Dumbo y El Rey León– y una coartada que le asegura al protagonista del cuento el libre albedrío. Impulso brutal hacia la peripecia que despierta compasión y admiración en quien le siga los pasos, dos sentimientos clave para alentar la lectura. Justifica el paso temerario hacia un destino que nunca es más peligroso que el dolor de no tener familia, pero infinitamente más interesante. La ausencia de padres en las ficciones es también el equivalente de esa advertencia que hacen los escapistas: “No lo haga en su casa”. Si Tom Sawyer se aventura río abajo es porque no tiene madre. Si Pinocho cambia la escuela por las luces del teatro es, en parte porque no es un niño de verdad, no tiene madre. Los padres no están puestos en tela de juicio, simplemente han sido suprimidos. Los niños capitalizan sus valores y se libran del estorbo. Pagan por eso y crecen.

Dicho pacto secreto se cumple tanto en los libros escritos especialmente para la infancia como en los que se le fueron adecuando: Robinson Crusoe (1709) y Gulliver (1726) representan las pioneras ventajas de la orfandad: la posibilidad de crearse a sí mismo, de recorrer los más diversos mundos o sobrevivir a la selva, eso sí, llevando en el bolsillo la herencia de una educación como quien lleva, no el saquito o la manzana con la que nos corre la madre protectora, sino un abrelatas. En Moby Dick no hay madre, salvo que se interprete a la ballena como imagen materna, y no hay grandes madres en Salgari ni en Julio Verne. Entrando en el siglo XX hicieron su aparición Tarzán, Batman y toda una camada de superhéroes solitarios, que según algunos analistas llegaron para paliar la desatención de los niños varones en épocas en que los padres comenzaban a dedicar más horas al trabajo. Una especie de dosis de masculinidad administrada en capítulos.

Si bien hay excepciones, como Mujercitas, se podría armar una biblioteca entera con chicos: Oliver Twist, David Coperfield, Mowgli, Peter Pan. Poblaciones enteras, como los elfos, las hadas o los ogros, ni siquiera cuentan con árbol genealógico. En Alicia en el país de las maravillas, la madre está muy lejos de ese pozo y apenas ha sido remplazada por una hermana mayor que está distraída leyendo. En las recopilaciones de los Grimm, las penurias de muchas doncellas como Blancanieves y Cenicienta se inician con la falta de mamá. Son bastante escuetas, irresponsables o rematadamente locas algunas madres como la de Caperucita y Pulgarcito. A veces son reinas que apenas sirven para buscar el príncipe ideal pero enseguida se difuminan. Harry Potter, heredero de toda una tradición literaria que celebra la aventura, debe a la pérdida de sus padres, su marca en la frente, el inicio de su razón de ser y hasta el nombre de su peor enemigo. Otro hallazgo literario de la literatura contemporánea, Los hermanos Baudelaire, de Lemony Snicket, comienzan cuando Violeta, la hermana mayor, debe protegerse y proteger a sus hermanos de lo que queda en pie después del tremendo accidente en el que murieron sus padres.

¿Cuál es la razón para el sacrificio de tantos progenitores? No es una sola. Aunque no parezca, la literatura infantil, como toda literatura, ha ido variando con las generaciones, formando un canon de lo que se debe decir, cómo se debe leer, qué se puede imaginar y a quién se va a criticar. Según el especialista francés Marc Soriano, los editores durante todos estos años pusieron como consigna que de ningún modo se criticara a los padres. Fue en 1945 cuando la aparición de Pippi Calzas largas, de Astrid Lindgren puso en cuestión los límites de esta figura de niños héroes sin padres. Es que esta vez era una nena la que vivía sola, sin problemas económicos, dotada de una fuerza extraordinaria capaz de levantar caballos, trenzas rígidas, muchas pecas y medias largas, que desafiaba la autoridad de sus maestros, ridiculizaba a la policía y a toda la estupidez de toda institución que se le cruzara. Traducido a más de 60 idiomas, tuvo que tolerar primero que se lo tildara de dañino para la infancia en un momento en que el canon mandaba obediencia y disciplina. La censura, el miedo y cierta corrección política han sacado históricamente de la lista a todas aquellas fábulas de Esopo donde el padre insiste en tener relaciones incestuosas con las hijas. Son bastantes. También ha olvidado la crueldad lasciva del papá de Piel de asno.

¡Dónde queda la maldad de los grandes? Con los padres muertos, malos son los tíos, las tías y las madrastras. La falta de lazo de sangre directo, la falta del instinto materno es puerta abierta a los desamores y termina siendo un canto a la familia más tradicional. Aun los tíos buenos resultan insuficientes, es el caso de los pobres tíos de Dorothy en El mago de Oz, que permanecen tan grises y por más afectuosos que sean son incapaces de detener las tormentas. Tan sólo luego de haber vivido una temporada en el reino de Oz dan ganas de decir ante esos ancianos mansos que no hay nada mejor que volver a casa.
LA MADRE FALSA

Una fantasía, con la que muchos han podido sobrevivir parte de su infancia, propone que la mamá que vive en casa es una impostora. La verdadera, la buena, ha sido secuestrada por la mala que es con la que uno tiene que lidiar. Parecido a la interpretación que hacía Melanie Klein de la dupla madre-madrastra: para el chico la mamá es buena cuando concede y mala cuando niega. La fantasía va más allá soñando que un día la verdadera saldrá de su cautiverio para abrazarnos. Es una idea que aparece en versión invertida en El patito feo que no era feo sino hijo de la señora cisne y no de la señora pata como todos creíamos. El patito de Andersen no es sólo paladín de la diferencia sino de toda una estirpe mucho más bella y con más pluma. Mucho más acá, la historia de Coraline –la película se basó en la novela del escritor británico Neil Gaiman publicada en 2002– redobla la apuesta con recursos del terror. Coraline tiene dos mamás. Como sus padres no le prestan atención, la nena se pone a explorar los alrededores de su nueva casa y encuentra una puerta cerrada. Al abrirla descubre una casa idéntica a la suya, un mundo alternativo habitado por su “otra madre” y su “otro padre”, reproducciones casi exactas pero que tienen botones en lugar de ojos. Allí Coraline venderá su alma al diablo sin saberlo, por su deseo de que su madre no sea tal cual es, y tardará el resto del libro en regresar a aquella imperfección de antes, como Dorothy.
EN GLOBO, DE ISOL, LA MADRE GRITA TANTO QUE ESTA A PUNTO DE EXPLOTAR

Otra gran característica que Coraline comprarte con las ficciones de estas ultimas décadas es que la acción transcurre entre cuatro paredes. Ya no hay aventuras en la selva, no se recorre el mundo en globo, se ha descubierto que existe una trama interesante, cruzada por la psicología, la crítica social y cultural, en el seno de la familia. Y ahí entonces es donde hacen la aparición las madres y los padres. La impericia de los adultos para cumplir con los antiguos mandatos de perfección es lo que los ha vuelto interesantes y dignos de protagonizar series exitosas. Los Simpson es el mayor ejemplo. Habría sido impensable en el siglo XIX una saga montada sobre las imperfecciones domésticas, la miseria y la declinación moral. Si los Simpson no son los primeros son seguramente los personajes que con más ímpetu abren las puertas a toda una ficción que encuentra en la familia, el nuevo espacio del entretenimiento y la aventura.
LA SONRISA DE MAMA

El último capítulo de la serie de televisión South Park (que no será para chicos pero los cuenta entre sus principales espectadores) titulado En ocasiones veo famosos muertos, aparece Michael Jackson diciendo que no se murió y que ahora es una niña pequeña blanca. Su espíritu se apodera del hermano menor de Kyle, quien ahora vocifera “¡Les dije que no estaba muerto, soy un niño! ¡Vamos a jugar!”, mientras canta y realiza parte de sus famosas coreografías. Finalmente, el resto de personajes logran convencer al espíritu de Jackson de que lo van a presentar a un concurso de belleza. Otros famosos también fallecidos este año, como Patrick Swayze y Farrah Fawcett, aparecen en el mismo capítulo junto con David Carradine, la estrella de Kung Fu, quien está en un armario y todavía colgando de una soga vestido con medias y tacones.

Esta es la escena más estridente, al menos hasta ayer, del lugar que puede ocupar la ironía recargada en los productos dedicados a la niñez y la juventud. La posibilidad de consumir héroes y en la misma operación devorarlos, hace las delicias de padres y chicos que disfrutan tanto de Schrek donde la misma literatura infantil aparece sometida a una prueba de fuego.

No es casual que exista y que haya tenido éxito un libro muy interesante titulado 22 huérfanos, donde se puede reconocer a los personajes que han aparecido nombrados en esta nota pero ahora todos juntos y haciendo de las suyas en un orfanato.

En un libro editado hace poco en castellano, La magia de los cuentos infantiles, el especialista Seth Leader define con claridad el estado irónico de la infancia actual: “Esa mezcla de descontento urbano, sabiduría irritable, y distancia del tipo ‘yo ya estuve, ya me compraron, ya lo hice’ que afecta al niño moderno. Es el estado que no sólo ven los padres y los educadores, sino que los autores de literatura también. Los niños actuales viven en un mundo de falsas creencias. Aprenden que los otros mienten, que sus creencias tal vez no son compartidas por otros. Muchos niños aprenden que la diferencia entre apariencia y realidad no es tan clara y muchos niños aprenden entonces a cultivar un sentido del humor, una actitud de quien está de vuelta de todo frente al engaño o la decepción”.
SECRETO DE FAMILIA

La combinación exquisita entre ironía y la ternura (¿último bastión de lo verdadero?) se da de manera inequívoca en los libros ilustrados, de poco texto y geniales imágenes dedicados a los chicos que aún no leen. La saga de Olivia, esa chanchita que vive con padres y hermanos, es un ejemplo encantador y de que cada vez se comienza más temprano con las bromas dedicadas a mamá. Dos encantadoras prueba de ello son Globo y Secreto de familia de la argentina Isol (Fondo de Cultura Económica). La pequeña protagonista del Secreto explica así su problema: “Un día me levanté más temprano que de costumbre. Y Ahí estaba, preparando el desayuno antes de despertarnos”. La madre, sin arreglarse y con los pelos parados era un puercoespín. Esa visión no queda allí sino que da sentido a conductas maternas: “Ahora entiendo por qué tantos frascos de champú y cremas, y tarda horas en arreglarse para salir”. Su familia no era ya tan normal y tal vez ella misma tampoco lo fuera. Como es una niña práctica, decide revisar la casa de una amiguita para descubrir que las otras casas tampoco son como nos las muestran las publicidades de shampoo. En la misma línea pero editado unos años antes vio la luz en Editorial Juventud Mi madre es rara, de Rachna Gilmore (textos) y Brenda Jones (ilustraciones). Con trazos menos sutiles que los de Isol, pero con la misma intención, una niña cuenta que algunas mañanas cuando su madre despierta parece un monstruo y que las señas de su monstruosidad desaparecen recién después de tomarse el primer cafecito. No tardará en comprender que no siempre es así y el resto del libro se irá en la búsqueda de soluciones. La normalidad llega con el beso y con la aceptación de una fealdad que la rutina provoca.
MADRE HAY DOS SOLAS

Aunque rezagadas en lengua española y difíciles de encontrar en librerías que no sean especializadas, ya han aparecido libros ilustrados dedicados especialmente a tocar el tema de las mamás lesbianas. Ahora no será una sino dos las madres que caigan en las garras de los bromistas de la literatura infantil. Un tema que podría prestarse a la pancarta y al abuso de la corrección política, le permite a Vanda Carter, la autora del texto y las ilustraciones de If I had a hundred mummies (Si tuviera cien mamis), llevar al absurdo y al hartazgo el lugar de las madres en la vida de los niños. Se agradece entonces con más entusiasmo que la ironía venga al rescate. La niña comienza a imaginar cómo sería su vida si tuviera un millón de madres: aguantarse larguísimas conversaciones de amigas, festejar infinitos cumpleaños y repartirse para el Día de la Madre, escuchar consejos contradictorios, entre otras incomodidades harían las delicias de una vida cotidiana que, mirándolo bien, es casi perfecta cuando se tienen dos madres, que son más que una sola pero, por suerte, muchísimo menos que una multitud.
PAPA PERDIO SU CABEZA

El más reciente trabajo de Quentin Blake, el histórico ilustrador de Roal Dahl, es este libro, Daddy lost his head, editado por Random House, donde la virulencia de la broma surrealista cae esta vez sobre el padre. Ya desde la tapa impacta la figura de ese hombre descapotado al que los dos hijitos le están dando la mano. Adentro sabremos que un buen día el padre efectivamente perdió la cabeza. Mientras la esposa se preocupa por lo que dirán de ella vecinos y amigos cuando sepan que ella fue incapaz de mantener la cabeza del marido en su lugar, los niños se dedicarán a solucionar el problema. Le fabrican una cabeza en papel maché con las instrucciones que tanto han recibido en la escuela y le encuentran de a poco los beneficios. La madre está feliz porque tiene un marido que ya no ronca, lava los platos, no se apodera del control remoto y los chicos aprovechan para hacerle gastar la tarjeta de crédito. El padre es alimentado por un embudo y conviene evitar darle besos porque el papel se desintegra ante el contacto. A medida que el disparate va tomando proporciones cada vez más insoportables, se lee claro la crítica demoledora hacia los padres que se olvidan la cabeza en el trabajo, los matrimonios fundados en la rutina y la ausencia de la conversación, que es lo que menos se extraña de este papá que no emite sonidos. Con final feliz, el padre recupera su cabeza una vez que terminó el proyecto que lo tenía concentrado en su oficina, los niños de este cuento como en el de otros han vencido a sus progenitores con estilo. Definitivamente. O mejor dicho, por ahora, no habrá necesidad de matar padres y madres para hacer que resulte entretenido un cuento.

Como en cada época de la literatura para chicos, para algunos tanto parecerá un espanto, otros no lo notarán y otros les parecerá un hallazgo. Nunca se sabe exactamente qué es lo que se logra con cada experimento. Y es un alivio. O como decía sin ironía un escritor, que mucho sabía del tema: “No hay que olvidar que un niño no es una flecha que va en una sola dirección, sino muchas flechas que, simultáneamente, van en muchas direcciones”.



Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/las12/13-5239-2009-10-17.html

La molienda de Nurit Kasztelan

(Este es uno de los poemas con los que nos voló la cabeza ayer, leyendo recitando casi componiendo en voz alta con una cara de loca, de poseída, que la hacía vibrar como pocas veces he visto.)


La molienda


Estoy sola como el mundo.

Soy plana como el mundo.

Lo único que quiero

es provocar

un estado de tensión

en el que las cosas se rompan

y no haya ruido.

Funciono como las plantas,

si aspiro demasiado

me ahogo.

En Méjico me contaron

de una mujer

a medida que molía el maíz,

su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer

que se muele a sí misma.

me escribo

y desaparezco.

NURIT KASZTELAN

NURIT KASZTELAN


Tomado de http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com/2007/12/nurit-kasztelan.html


(Dice Nurit:)
Empecé a escribir a los trece años. Mis primeros poemas eran oscuros, casi negros. Me acuerdo de que a las pocas personas que se los mostré se asustaban. En ese entonces, la poesía funcionaba como un medio para expresarme, dado que era bastante reservada: no entendía las cosas que pasaban en mi casa y tomaba la escritura como un refugio. Luego, influenciada por cuadros de Dalí, escribía poemas donde lo primordial eran las imágenes y el juego con el lenguaje. Sin embargo, yo creo que el punto de inflexión fue un día que mi mamá me llevó a la feria del libro y me regaló tres libros: Girondo, Pizarnik y Orozco.

Ahí, comprendí que la poesía tenía que salir de mí, y esos autores se convirtieron en especies de amantes, al igual que Fernando Pessoa, a los que siempre vuelvo. Hasta los dieciséis escribí contando la métrica con los dedos, y después durante un período largo de tiempo no escribí más. Exploré otras disciplinas artísticas, como el teatro y la danza, pero ninguna de ellas me llenaba del todo.

Realicé algunos talleres de poesía, y hubo un momento, y creo que ahí sí fue el quiebre, ese punto de no retorno, cuando me di cuenta de que la poesía era algo colectivo. Entendí que era necesario mostrar lo que estaba escribiendo a mis amigos, a mis compañeros de taller y a otros poetas y, sobre todo, leer a otros poetas, a mis contemporáneos. Comencé también a ir a lecturas de poesía, donde en algunos casos, sentía que en esa instancia oral casi declamatoria, se recuperaba un poco “el aura” perdida, esa de la que hablaba Benjamin. En este momento de mi vida ya no escribo con la compulsión que tenía antes. Escribo cada tanto, y a pesar de escribir de un tirón soy más consciente en el momento, aunque ni yo, ni nadie, sepa lo que quise decir. Porque nadie lo puede saber. Porque lo que importa es el poema. Como si la escritura, a pesar de su fascismo de ordenar pensamientos, cobrara vida y se mantuviera a flote por sí misma. A pesar de que después de que uno escribe, las palabras no son más suyas, en el momento en que las escribe son de uno. Aunque todo ya haya sido dicho, la combinación de sintagmas es de uno. La disposición de los vocablos es de uno. El placer de escribir de uno. Quiero escribir. Escribo. Como una ecuación matemática.

No tengo una propuesta definida con mi escritura, sino temas sobre los cuales armo constelaciones, como la infancia, el lenguaje, los espacios, y sobre todo, aquello sobre lo que no se puede hablar. Creo que cuando empecé a escribir lo hacía de forma metonímica, desde afuera, nunca llegando a reponer del todo el sentido. Y ahora no quiero hacer más eso. Estoy tratando de escribir desde otro lugar. Quiero que mis poemas se procesen. Una de las razones por las que me gusta la literatura es porque me permite encontrar expresado de forma clara y precisa lo que estoy sintiendo. Quizá por eso los escritores que me gustan son aquellos que tienen esa capacidad de no tener filtro. Yo se que todavía lo que puedo mostrar es una parte íntima de lo que siento, que nunca voy a mostrar del todo esa "falla originaria" que creo que tengo, esa de la que hablaba Duras. Porque a veces, por más paradójico que suene, la sociedad me aleja de la escritura, porque una no puede mostrarse así desnuda siempre, como se muestra en su escritura, esa que a mí aún me da miedo, porque me asusto de mí misma. Y esa que a los escritores que a mí me gustan no les da miedo. Hay muchas razones que lo llevan a uno a escribir. Yo no se por qué empecé. Solo sé que no puedo no hacerlo. Y eso me basta. De todas las cosas que hago, siempre me llenan más las palabras. Escribir es crear mundos, pero también es cerrarlos. Me encantaría decir una frase inteligente, memorable, de esas que uno repite, como la explicación que dio Silvina Ocampo “Escribo para no tener que hablar”. Es casi paradójico porque muchos poemas míos son autorreflexivos ya que para mí la materia de la escritura es una preocupación constante pero me cuesta poner en limpio mis ideas. Por eso adjunto un poema que quizá funcione como explicación de mi procedimiento de escritura, si es que realmente se puede hablar de él. Mientras tanto, me quedo con lo que una vez dijo Marguerite Duras: “Se escribe para mirar morir una mosca”.

Ars poética

Hay distintos tipos de poemas.

Unos se vuelven ejercicio,

pensando el lugar vacío

donde se posa

cada palabra.

Otros rellenan letras,

forman figuras conspicuas,

producen sensaciones pictóricas.

Los musicales

acarician lo áspero, lo cotidiano

se columpia en la lengua.

Pero los que a mí me salen

son esos que se escriben de un tirón,

en cualquier lugar.

Brotan de mí,

fluyen en una masa amorfa

que se infla y desinfla

como un gato dormido.

Voy a vivir en el instante

que me prestaron por un rato.

Allí me veo,

obnubilada

por la resaca de la luz,

por el óxido de la tierra,

donde las palabras danzan

en un sinfín de roces perdidos.

Nurit Kasztelan


Selección de poemas del libro “Movimientos incorpóreos”


La calesita



Los caballos

giran y giran

en un círculo imperfecto.

Estáticos

no mueven sus crines.

Se oye la sortija

el tintineo débil del metal.

Los colores del techo

en un sinfín de vueltas

se hacen blancos.

La calesita frena

y el calesitero sonríe

ante un pompón que se desprende

de una bufanda indiscreta.


La ménsula


La pared corroída

encierra rastros de su pasado

caras sin nombre,

figuras sin sentido.

La humedad los deforma,

el calor los hace nítidos.

El silencio enmudece el cuarto

y la casa se vuelve morada

de espíritus y caballeros blancos.


Sarah


Escribe para los muertos. Para los no nacidos

evoca el ideograma de la locura.

En el lugar donde los buitres se divierten

y las calles aparecen

en el esbozo de una mano ajena.


Indicios satinados


Un poeta es el arúspice de las palabras,

el artífice de los hechos,

el titiritero de los minúsculos movimientos.


Paisaje velado


Anochece. La quebrada se refugia en la intemperie.

Los ojos miden la distancia

de una grieta cada vez más tenue.

Tallos, rizomas

pliegues que se desvanecen

en la sombra. Un niño se ahoga

en un bosque inexistente.


Ars poética


Hay distintos tipos de poemas.

Unos se vuelven ejercicio,

pensando el lugar vacío

donde se posa

cada palabra.

Otros rellenan letras,

forman figuras conspicuas,

producen sensaciones pictóricas.

Los musicales

acarician lo áspero, lo cotidiano

se columpia en la lengua.

Pero los que a mí me salen

son esos que se escriben de un tirón,

en cualquier lugar.

Brotan de mí,

fluyen en una masa amorfa

que se infla y desinfla

como un gato dormido.

Voy a vivir en el instante

que me prestaron por un rato.

Allí me veo,

obnubilada

por la resaca de la luz,

por el óxido de la tierra,

donde las palabras danzan

en un sinfín de roces perdidos.


Max


Modela un artificio a su gusto.

Quizá, en su intento,

se redime ante la ausencia de vida

del robot.

Tiene sensores por donde se lo mire.

Su pelaje opaco

cubierto de cables transparentes

se eriza con los soplos de la técnica.

El chip minúsculo

se esconde en la insistencia

del muñeco parlanchín.

Las funciones se multiplican

en un sinfín de inútiles reclamos

para oídos miniaturizados

perdidos en los avances

de una escucha digital.

Nada es sin razón.

Me acuerdo que nos repetía hasta el hartazgo

que tuviésemos “cuidado con el tiempo”.


Movimientos incorpóreos


Se agota en un lenguaje

cáustico, renovador,

donde se quiebra el contacto con la tradición.

Búsqueda del margen,

del valor de la obra.

Un punto de ruptura

donde se pierden los parámetros.

Cayeron los héroes

en ripios

arquetipos gastados

que forman un cuerpo extraño,

un puente hacia un género

que muestra el reverso

de un paisaje que sutura.

¿Qué pasaría

si nos diéramos cuenta

de que una ruptura contiene

la rebelión de un instante?

¿Cómo se representa el horror

cuando la lengua

ya no es inocente?


Runas


Una palabra en una hoja de papel

un juego entre mi mano y yo

una máquina de escribir que no funciona.

Artificios: encierro lo grande y lo pequeño

en una piedra.

Escribir. Gemir en cada letra.

Amordazar mis pensamientos en palabras.


Límites


Si las palabras

son golpes en la superficie

que rozan la lengua,

la poesía es el infante

que bucea en el barro de los significados,

ese lugar donde se borra el límite.

Es la mirada lo que se esconde en la palabra.

Se convierte en áspera melodía

el croquis que deja la materia.


SELECCIÓN DE POEMAS INÉDITOS


La crisálida



No quiere que los cuervos

revoloteen en círculos

cerca de ella.

Busca el silencio. No

lo encuentra

y cuando la amordazan

dice voces.

Sabe que lo perdido

está deshecho, pero traza

una genealogía con pájaros

y alas de crisálida.

Siempre le tuvo miedo

al extravío.

Y ahora tiene

esa pesadilla recurrente:

el pasillo blanco, el ruido a pulseras

su mamá de niebla.

No quiere que la lleven.

No quiere

que se convierta en carroña

No quiere que los cuervos bajen

y le ahuequen la cabeza.


El alhajero


Repetías los mismos gestos,

yo cerraba los ojos

ponía la radio a todo volumen

y te cosía los labios para que callaras.

Me aferraba a tu vestido como una ventosa

me convertí en ese juguete de nombre raro

que se pega y resbala por los vidrios

y perdí demasiado rápido.

Tu ausencia se redujo

a la filigrana de un camafeo

tan pequeño que apenas

entra en una caja.


La molienda


Estoy sola como el mundo.

Soy plana como el mundo.

Lo único que quiero

es provocar

un estado de tensión

en el que las cosas se rompan

y no haya ruido.

Funciono como las plantas,

si aspiro demasiado

me ahogo.

En Méjico me contaron

de una mujer

a medida que molía el maíz,

su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer

que se muele a sí misma.

me escribo

y desaparezco.


Una ménade en la cocina


Bebe un trago

largo de oporto

se pasa la lengua por los labios

lo saborea.

Sangra y el piso

se vuelve mancha roja

todo se mueve

y ella flota. Danza

una coreografía en la cocina,

su cintura dibuja

con la cadera un ocho

unta almíbar en sus pezones

se excita, se acuesta

sobre los azulejos fríos,

ella toda húmeda

se queda dormida

así, en la cocina.


Pintura negra


Se muerde la lengua, rompe

una botella contra el mármol.

Muele, sobre un plato de loza

el vidrio, amasa la harina

y la estira estira

por su cuerpo.

Se mete adentro

un pedazo de vidrio

cada vez más adentro

hasta que sangra.


Nurit Kasztelan


Nurit Kasztelan nació en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1982. Es licenciada en economía y cursa estudios de literatura en la Universidad de Buenos Aires. Desde mayo de este año, coordina el ciclo de lecturas de poesía La manzana en el gusano.

En agosto del 2007 publicó Movimientos Incorpóreos, por la editorial Huesos de Jibia. Poemas suyos aparecieron en la revista virtual No-retornable. También colaboró con reseñas para las revistas virtuales El interpretador y No-retornable.

"La hija ya mamushka"


"Las mamushkas dan a luz en la oscuridad.
Se asisten a sì mismas en el parto
se parten
en pedacitos
que la hija ya mamushka junta
para hacer un cubrecama finísimo."

"Una mamushka contiene en su vientre
la totalidad de las mamushkas."
-Roberta Iannamico-

MAMUSHKAS, roberta iannamico



Una mamushka contiene en su vientre
la totalidad de las mamushkas
porque no hay mamushka que no tenga
una mamushka adentro

Madre hay una sola




MAMUSHKAS, roberta iannamico, VOX , 2

Más Kamenszain

La boca del testimonio de Tamara Kamenszain

Tomado de http://www.minotaurodigital.net/textos.asp?art=190&seccion=Literatura&subseccion=Rese%F1as


El subtítulo de La boca del testimonio es Lo que dice la poesía. Así de claro y directo. Así de arriesgado. Por eso la autora declara que “intentar decir ese indecible a toda costa es el modo que tiene la poesía de aportar siempre, pero sobre todo en tiempos desérticos, una prueba de vida”.

Título: La boca del testimonio. Lo que dice la poesía
Autor: Tamara Kamenszain
Edita: Norma
Páginas: 162 págs.

El subtítulo de La boca del testimonio es Lo que dice la poesía. Así de claro y directo. Así de arriesgado. Porque contar lo que dice la poesía es tan difícil e impreciso como contar qué es la vida. La vida se vive, no admite otra explicación; la poesía se escribe y se lee, no admite otra vuelta o acabaremos diciendo como Bécquer “poesía eres tú” y no diremos nada más. Pero es que la poesía por necesidad también es vida y entonces lo dice todo. Y por ahí, tal vez, podríamos contar una experiencia, dar un testimonio.

Por eso la autora declara que “intentar decir ese indecible a toda costa es el modo que tiene la poesía de aportar siempre, pero sobre todo en tiempos desérticos, una prueba de vida”.

Desde hace unos años, bien como ensayista bien como poeta, Tamara Kamenszain ha estudiado el significado de la poesía y lo ha hecho con tan buen resultado que se ha convertido en una de las referencias ineludibles para comprender la poesía latinoamericana con una larga trayectoria que abarca desde De este lado del Mediterráneo (1973) a Solos y solas (2005), en poesía, y El texto silencioso. Tradición y vanguardia en la poesía sudamericana (1983) al presente libro, en ensayo.

En este volumen Kamenszain analiza tres actitudes extremas del testimonio poético: testimoniar en oxímoron, testimoniar sin lengua, testimoniar sin metáfora. Respectivamente, corresponden a César Vallejo, Alejandra Pizarnik y tres jóvenes poetas argentinos: Washington Cucurto, Martín Gambarotta y Roberta Iannamico. Son las tres partes en que se divide el libro, pero no podemos considerarlas tres ensayos independientes, sino que sólo es uno en el que cada parte contrasta y complementa a las otras dos. Incluso hay que considerar el libro como la lógica continuación de la obra anterior, pues los temas y los poetas estudiados son una revisión de lo ya publicado en ensayos anteriores. Retomarlos no sería, pues, una novedad, pero sí el análisis que los engloba, la línea de una poesía vital que emparenta unas actitudes tan disímiles y que, sin embargo, convergen en realidad trasmudada por la visión del poeta.

De César Vallejo se analiza la etapa de España, aparta de mí este cáliz, es decir, la poesía que trata de la Guerra Civil española, una llamada a la vida en contra de la barbarie de la guerra dirigida, más que a los combatientes, a los que considera sus compañeros, “ porque se trata de una poesía que, entre decir y callar, escribe B con V o V con B para que a los compañeros les llegue, directo al corazón, ese mensaje imperativo que siempre es de vida y/o muerte.” Hay una insistencia en no separar la vida de la muerte, pues ambas comparten el escenario de la guerra. Con mucho acierto, Kamenszain a menudo recurre a Paul Celan, quien seguramente es el mejor ejemplo de cómo un poeta del siglo XX lucha por crear, por sublimar los terrores interiores ante tanta tragedia. Otra referencia constante es Giorgio Agamben en alusión a su “lugar del testimonio” para buscar el intersticio que hay entre lo humano y lo inhumano. Es así como creemos entender este “Testimoniar en oxímoron” de Vallejo.

El caso de Alejandra Pizarnik quizás sea más controvertido para explicar esa lucha consigo mismo en el “Testimoniar sin lengua”. De nuevo aparece el modelo de Paul Celan, que podría haberse tomado en la aporía de manifestarse en una lengua – el alemán – cuando ésa fue de sus torturadores; pero Kamenszain prefiere fijarse en la problemática de la muerte y la identidad judía de ambos, Pizarnik y Celan, posiblemente desde la posición judía de la autora, y hable así de “la condición judía de toda muerte: ser sin resurrección.” Por supuesto, uno habla de lo que le interesa y como le interesa y, si se ha hecho con verdadera dedicación, es lógico que haya una implicación afectiva. El éxito de este libro radica en que la voz poética de Tamara Kamenszain también participe en el análisis de creaciones afines a estos poetas.

Entonces nos encontramos con la última parte, “Testimoniar sin metáfora”, la más subjetiva del libro. La poesía de Washington Cucurto, Martín Gambarotta y Roberta Iannamico es el intento de subvertir lo real mediante, en síntesis, un realismo atolondrado (Cucurto), la exploración de la realidad (Gambarotta) y el uso de lo real para crear donde no hay (Iannamico). Son intentos de renovación estética desarticulando el verso, la rima, el sentido de las palabras. La poesía se vuelve coloquial, directa, cercana y llega a perder su recurso estilístico fundamental, como es la metáfora.

El resultado, aunque variable, resulta interesante para acercarnos a la nueva poesía latinoamericana – en este caso la argentina – y aún puede ser más valioso si consideramos lo difícil que a menudo es difundir la literatura actual en los demás países de habla española.

En definitiva, ésta es una obra de gran calado, profunda y a la vez clara, de las que rebasan el mundo de los especialistas para acercarse al gran público. Es de agradecer que sea así tratándose de algo tan humano como la poesía.

óscar Martín

Ensayo de Tamara Kamenszain

PLEBELLA

....poesía actual



TESTIMONIAR SIN METAFORA, NARRAR SIN PROSA, ESCRIBIR SIN LIBRO:

La poesía argentina de los 90 [1]



En aquel célebre trabajo La lógica de la literatura [2], Kate Hamburguer planteaba, como condición ineludible para que exista un poema, que el sujeto enunciante no sea fingido. Lo que ella denomina yo lírico, entonces, sería un yo real que da cuenta en el poema de la realidad de su experiencia, más allá de que esa experiencia haya sucedido o no en la realidad. Esto diferencia claramente al yo lírico del yo del narrador, ése que siempre es ficticio (por eso la coherencia de la novela no la da su remisión a la experiencia de un sujeto sino a su propia estructura) Hamburguer pone dos ejemplos extremos de mediados del siglo XX donde el yo lírico parece a punto de caerse de los límites de su función: la poesía concretista y la poesía política. Hoy, a comienzos de un nuevo siglo, pasa algo parecido con la producción de la nueva poesía argentina de los 90. El yo lírico parece a punto de soltar su función de custodio de la experiencia o, para decirlo de otro modo, los poemas parecen haber abandonado aquella pretensión de intimismo que fue un secreto compartido entre lector y poeta a través de toda la historia de la poesía. Incluso en el vanguardismo post-mallarmeano el guiño cómplice de un yo que despliega ante el lector su condición de puro sujeto de la enunciación, fue a su manera un secreto compartido. Hoy, de vuelta de la conciencia enunciativa, el poema se instala en un universo que, en el polo opuesto de la intimidad, deja entrar a los otros en su acontecer. No hay un relato abortado por escansiones ni tampoco una invasión del poema sobre el campo de la prosa como sucedía con aquel híbrido, tan de moda en los setenta, denominado prosa poética, cuyo discurso transcurría sin escansiones ni encabalgamientos pero pasando a depender de la experiencia de un yo lírico. Aquí sucede todo lo contrario: en medio de las escansiones, sin prosa alguna, un yo acentuado por los otros se funde y se confunde en un ir y venir de personas que quedan a medio camino -barradas, escandidas- en su vocación de devenir personajes.

En Seudo de Martín Gambarotta habitan algunos de estos suedopersonajes. El prefijo Seudo remite a semi, a más o menos, a no tanto. Cuando en este libro se nombra a un tal Seudo, la remisión es indistintamente a un yo, a un tú y a un él: “en calle Padilla/ unos chinos vestidos de pachucos/ se reparten nombres: vos Zhang Cou/ te llamás Francisco, vos Xin Di/ te llamás Diego, vos Gong Xi: Pacino/ y yo Bei Dao, me llamo Pseudo (.....) Después discuten/ porque todos quieren llamarse Diego/ y le dicen a Bei Dao/ que Pseudo no es un nombre” En medio del acontecer, que en este caso podríamos llamar la calle, en medio de una calle, entonces, a la que se le recorta una ventanita que llamaremos poema, Seudo (a veces escrito con p y otras sin, como si lo coloquial y lo literario se intercambiaran según el caso) es, para un grupo de inmigrantes que se reparten nombres argentinos, una de las alternativas de cambio de identidad. Sin embargo, la cadena se detiene porque se dice que “Seudo no es un nombre” mientras la pelea es por Diego, porque ese sí sería un nombre. Bei Dao, un chino vestido de pachuco que, como las mulatas de La máquina de hacer paraguayitos de Washington Cucurto, vive en su yotibenco de la calle Padilla, se presenta en primera persona “Yo Bei Dao me llamo Seudo”. Pero ni Bei Dao ni los otros se afianza como personaje de un relato. Muy por el contrario, todos van deviniendo seudopersonajes de un poema, y esto se debe a que finalmente no pueden tener nombres. La escansión del verso se produce así, cortando y mezclando la cadena de nominaciones: “vos Zhang Cuo/ te llamás Francisco, vos Xin Di/ ....” Esos cortes operan como marcos de la ventanita que recorta lo que venía siendo un relato. Pero no es una ventana desde la que un yo lírico mira lo que sucede en la calle Padilla para reelaborarlo en la página como imagen poética intimista. Si aquí todavía pudiera rastrearse algún tipo de yo, seguramente éste habitaría la calle y su paso por entremedio de los extranjeros lo volvería alguien, le daría una identidad sin nombre. Y la nomenclatura de su particular naturaleza no humana sería Seudo. Dice otro poema de Gambarotta: “Pseudo es el objetivo frío/ de la mañana el más odiado el atleta/ Tiene nombre, sobrenombre y nombre/ científico y la suma de los tres da/ la nomenclatura de su naturaleza”.

En Punctum, primer libro de Gambarotta, son las cosas las que no tienen nombre y en su calidad de “seudo” repelen cualquier intimidad lírica: “cómo se llama eso que cuelga de la pared/ cómo se llama eso que cubre la lámpara/ rodeado de cosas sin nombre a mí también me hubiera gustado empezar esto/ con: de noche junto al fuego/ pero acá/ no hay, salvo en potencia, fuego/ y eso que se divisa, una oscuridad/ baldía sobre nosotros a duras penas/ puede ser llamada noche, nada/ hace suponer/ el final de la trasmisión nocturna/ que ahora termina y deja/ la pantalla nevada/ trasladando a la penumbra del pasillo/ la oscilación de un aire gris que no provoca/ ninguna emoción salvo en las cosas” A pesar de los incontables esfuerzos, dentro de la historia de la poesía, por fatigar metáforas en relación a la noche, aquí ya no hay recursos literarios que la nominen. Es la irrupción de lo real -la pantalla nevada de un televisor- lo que da la señal no sólo del final de una programación sino también de que algo, irremediablemente, está perdido para la poesía. La noche no puede ser más una experiencia intimista de un yo, lo que equivale a decir que para esta poesía argentina del nuevo milenio, la programación está finalizada. Si todavía queda algo que tímida y cautelosamente nos atrevemos a llamar poema, no es más una ventanita que se abre dentro del acontecer narrativo de un televisor: “Antes del corte de la programación estuvo/ el vuelo de una polilla en la pantalla/ a contrapunto de la banda de sonido del Gran Chaparral/ una japonesa que se tiraba a la pileta/ en otro canal un documental sobre cáncer de piel/ y en otro un delfín saltando aros de fuego/ y de nuevo la japonesa secándose la nuca”. Finalizada la programación televisiva, el relato viene de la calle cuando aquella “variación en los tonos de gris” del pasillo se funde “con el destello aguado de un aviso de yogur”. El aviso dice ni más ni menos que esto: “PORQUE LO IMPORTANTE ES UNO MISMO”. Queda claro, a través de esta leyenda publicitaria, que el yo es una virtualidad que sobrevive como recordatorio en un aviso de yogur. “Lo importante es uno mismo” es algo que debe ser publicitado porque no sólo en la poesía se terminó la programación. La calle misma es un desierto donde todos son nadie, extranjeros cuya identidad se juega en un intercambio fallido de nombres. El juego se llama Seudo, un juego peligroso que en Punctum tiene otra nomenclatura: Cadáver. Cadáver es un pseudopersonaje, una ficción menos que humana que tanto puede ser invocada en segunda persona, descripta en tercera o escuchada en primera. Es un aparecido que se levanta de en medio de aquellos cadáveres perlongherianos que señalaban desapariciones. Al famoso estribillo “hay cadáveres”, Punctum responde con un “no hay, no va a haber, no hubo/ no hubo no no hay no va a haber/ ni hubiese habido sí ni hubo, mejor serie que Kojak”. Y así continua ese seudorelato que recorta por dentro lo que estaba atrás de la pantalla nevada y atrás también de la pantalla-ventana porque eso, y sólo eso, es lo que hay. “No va a haber, Cadáver, mañanas/ reales de color tierra”.dice quien ahora le habla a Cadáver, su interlocutor resucitado. En la poesía de Perlongher, en medio de pajonales, de redes de pescadores y del tropiezo de cangrejales, las mañanas color tierra –o color barro mejor- dejan ver la presencia de los cadáveres como anticipo de una irrealidad que vendrá. Ahora lo real es la desaparición. “Primero aceptar la abstracción del mundo, sufriendo su frialdad y aquí, en este horizonte vacío, en el que, cegados por nuestra miseria nos movemos desesperadamente, buscar, buscar lo real hasta que caiga en nuestras manos un encuentro, un acontecimiento” dice Toni Negri [3] refiriéndose a ese desierto de la abstracción posmoderna que él considera un pasaje ineludible para lo que vendrá. Y el Cadáver es la única verdad de lo que ya no hay. Hijo único, comparte la singularidad espectral con su doble, un yo con acento, un post-yo lírico y post, también, narrador omnisciente, un puro operador de zapping en el desierto o una máquina de escandir cronogramas de acontecimientos callejeros sin intimismo.

Hal Foster, en El retorno de lo real [4] refiriéndose al arte posmoderno en términos de “cultura de la abyección”, donde lo real retorna en la presencia de lo abyecto, dice que “si hay un sujeto de la cultura de la abyección no es el trabajador, la mujer o la persona de color sino el Cadáver”. Se podría decir que, en esta nueva poesía, Cadáver es el trabajador, la mujer, la persona de color -como las mulatas de Cucurto- todos juntos ahora conviviendo sin nombre (o con nombre falso) reunidos en la calle como se reúnen las partes después de una autopsia. Sólo los cadáveres se levantan y andan, parece querer testimoniar este conglomerado post-humano. Sólo los cadáveres, ya no más las personas, ya no más los yoes infatuados de intimismo literario o post infatuados de textualismo.

En el desierto de la abstracción del que hablaba Negri, el acontecimiento es de ahora en más, Cadáver que nace. Ahí está, apareciendo de la nada, lo que sin embargo ya estaba. “Plagiar al plagiario” pide Cucurto en el epílogo a La máquina de hacer paraguayitos, “lo único original es el Cadáver” agrega Gambarotta y Roberta Dinámico condensa esta irrupción de lo real en el femenino “Mamushka”: (“una mamushka en el desierto/ rueda sobre la arena/ se pasa la lengua por los ojos/ para no morir de sed”). Así la presenta y así, Mamushkas, se llama uno de sus libros de poemas. De entrada, la tentación de hacer analogía resulta irreprimible: las muñecas rusas, que albergan unas a las otras, podrían simbolizar a la madre. Sin embargo, Iannamico lo desmiente: “Una mamushka contiene en su vientre/ la totalidad de las mamushkas/ porque no hay mamushka que no tenga/ una mamushka adentro/ Madre hay una sola”. De nuevo, como en el caso de la noche en Punctum, la poesía parece haber fatigado todas las metáforas para el significante madre y ahora, en esta poesía que, como decía Iannamico, es anterior al género, ya no hay madre capaz de dejarse sostener por el desdoblamiento metafórico que es como decir que “madre hay una sola”. En el desierto, en cambio, la que alberga dentro de sí la posibilidad de vida es la mamushka. Pero ojo, si no hay analogías tampoco se trata del producto delirante de una imaginación autoral: “hay mamushkas que ponen huevos rosados/ que contienen mamushkas/ que ponen huevos rubios/ o huevos verde agua/ pero puestas a empollar/ no hay gran diferencia”. No esperemos ver otra cosa que lo que está a la vista, “puestas a empollar no hay gran diferencia”, madre hay una sola, no hay engaño posible, el color de los huevos no es una cuestión estética, no son huevos pintados, son, sin ambages, la diferencia que no hay:. “Así tuviera ojos en la espalda, vería las cosas siempre igual” dice Iannamico en Tendal, otro de sus libros. En ese mismo libro hay un poema que puede hacer espejo con Mamushkas, se titula “Después del parto” y dice: “Estreno un camisón lavanda/ la misma seda del lirio/ de un lado la piel/ floja sobre la carne hinchada/ del otro lado el espejo/ del baño/ del hospital”. La sutil pulsión lírica que le da sostén a este poema parece un hilo a punto de cortarse por lo más delgado. Es que todo está a la vista, ninguna experiencia subjetiva parece querer darse a conocer aquí. Las capas de lo real –camisón, piel, espejo- son todas una misma capa: la desnudez. Ninguna esconde nada, no hay una intimidad oculta y es justamente ese despojamiento el que se convierte en llanto de mamushka: ”una mamushka considera a la cebolla de su misma especie/ no la corta ni la pica/ la pela apenas/ y esa desnudez/ la hace llorar”.

A esta altura no cabe duda que la que habla en primera persona después del parto es una Mamushka. No se trata, obviamente, de una poeta que acaba de ser madre y trasmite su experiencia pero tampoco sólo de su sombra, aquel yo lírico limitado a dar cuenta sólo de su enunciación. Un plus, un acento como el que pone Cucurto en la palabra yo (“yó” [5]), parece querer decir algo más a través del femenino que habla por boca de la mamushka de Iannamico. La alteridad mujer que para Foster dio lugar al Cadáver vive en este cadáver-mamushka como una sola madre que después del parto se niega a dejarse reflejar en ningún espejo metafórico. El espejo del hospital está ahí, del otro lado de la piel ajada, pelada. Y esa desnudez, lo real femenino, una resistencia que no se deja reflejar en espejo alguno, está siempre en el mismo lugar. Como los espejos en los hospitales, que siempre están en el baño. Aunque tengamos ojos en la espalda, diría Iannamico, las cosas están siempre en su lugar. “La verdad sólo puede ser constituida en el desierto, empecemos reuniendo las cosas más sencillas,” dice Negri. Y la mamushka, mujer después del estereotipo de mujer, hace una economía de lo que no hay para que haya: “Las mamushkas dan a luz en la oscuridad/ se asisten a sí mismas en el parto/ se parten/ en pedacitos/ que la hija ya mamushka junta/ para hacer un cubrecama finísimo”.

Para Iannamico la poesía es algo que está atrás del género [6]: una manera de ver-sentir-ver pasar. Esa pulsión, que comparten la mujer, el trabajador y la gente de color es lo que está dando nueva vida a la poesía argentina de hoy. .Dominicanas del demonio o paraguayitos de Cucurto, Seudos o El Cadáver de Gambarotta, Mamushkas de Roberta Inannamico, estas multitudes que pueblan los yotibencos, las calles del desierto local, le estén empezando a aportar a la argentinidad un nuevo color que justamente por habitar atrás del género, en el baño, en el WC (como Washington Cucurto, el seudónimo de Santiago Vega), nos atrevemos a llamar poesía. Poesía que está después de la literatura, tal vez, pero que no la excluye, aunque algunos críticos horrorizados ante el vacío que parecen provocarles las cosas sencillas, dicen que estos nuevos poetas escriben sin haber leído nada. En realidad, habría que decir más bien que, en la obra de estos poetas, la literatura está digerida y naturalizada hasta quedar transformada en una más de esas cosas sencillas . Zelarayán, el nombre de un poeta de culto de las generaciones anteriores, es usado por Cucurto para titular uno de sus libros. A su vez Gambarotta titula uno de sus libros Punctum, término acuñado por Roland Barthes en su libro Cámera Lúcida. Nunca dentro del libro se recupera o se justifica ese título, tampoco Zelarayán. Son robos a mano armada, préstamos que no se devuelven. Porque, como dice Anahí Mallol [7]: “ahora que (estos poetas) saben que lo privado es político, ya ni se preguntan si lo correcto (políticamente correcto) es hablar como la gente de cosas que le pasan a la gente (como Miguel Dalmaroni definió la estética sesentista de Gelman) o retraerse en la exploración de la subjetividad, la infancia, el miedo, al modo de Pizarnik”.

Si lo privado ya es político, entonces, no se trata de fabricar coloquialismos impostados copiándole a la gente su modo de hablar ni tampoco de cuestionarse si el intimismo pizarnikiano es o no revolucionario. En esta poesía de los 90 ya no hay intimismo ni coloquialismo, tampoco hay un autor que utilice técnicas narrativas ni lenguajes televisivos o rockeros. Estos poetas del nuevo milenio no escriben, si por escritura se entiende una operación meramente formal. Lo que hacen es forzar el punto de cese de lalengua [8] hasta hacer aparecer lo real. Y eso, sólo eso, es lo que ellos testimonian. Para escuchar esa nimiedad a lo mejor hay que hacer silencio. Como las mamushkas: “las mamushkas se callan cuando deberían hablar/ no pueden parar el murmullo que las habita/ nadan en el rumor/ de las hijas creciendo.”



Tamara Kamenszain





[1] Fragmento de un ensayo más amplio que formará parte del libro La boca del testimonio.

[2] Kate Hamburguer, La lógica de la literatura, Visor, Madrid, 1995

[3] Toni Negri, Arte y multitudo, Trotta, Madrid, 2000.

[4] Hal Foster, El retorno de lo real, Akal, Madrid, 2001.

[5] Washington Cucurto, en Cuarteto de las tickis, inédito.

[6] “yo le digo poesía no al género literario sino a lo que está atrás de eso, antes que se convierta en palabras. Una forma de ser-ver-.sentir- ver pasar”. Entrevista a la autora en Internet (www. poesía.com)

[7] Anahí Mallol, La poesía de los 90 en Argentina: muchachos futboleros, chicas pop y chicas que se hacen las malitas en Literatura argentina, perspectiva de fin de siglo, Eudeba, Buenos Aires, 2001.

[8] Jean Claude Millner , en El amor de la lengua (Visor, Madrid, 1998) llama “punto de cese” o “punto de poesía” a ese corrimiento permanente que realiza la poesía de aquello que en lalengua “no cesa de no escribirse”. Milner, como Lacan, escribe lalengua todo junto para, entre otras cosas, diferenciarla de aquel objeto recortado de la lingüística llamado lengua.



TOMADO DE http://www.plebella.com.ar/numero1/testimoniar%20sin%20metafora%20T%20Kamenzsain.htm

Uno de los textos que me desarmaron ayer

Ella

Por Tamara Kamenszain






Sentada al borde de la memoria de ella

me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja

entre nosotras las palabras se acortan

ella no habla yo dejo de decir lo que decía

la dejo que no diga para no avergonzarla

juntas vamos armando un presente que no dura

en ese instante precoz mi madre se queda sola

porque yo como los tontos elijo seguir de largo

creo que a futuro todo me espera

mientras nadie a ella le da esperanzas

así separadas nos vamos juntando

la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde

para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte

vienen y van nuestros pasados compartidos

van y vienen nuestros futuros distanciándose

ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?

le contesto comé vestite dormí caminá sentate

el chirrido de su robot le hace caso por hoy

a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.


¿Sucederá que vea

extenderse el desierto

hasta que también le falte

la caridad feroz de los recuerdos?

se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo mientras mi vieja se aleja encorvada

hacia el desierto público de su desmemoria

desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos

pero ella no encuentra la contraseña

quiero guiarla pero se le suelta la lengua

es tu mamá es tu papá

¿te acordás cómo se llamaban?

Avanza protegida por lo que no dice su amnesia

y me pierde a mí en otro idioma

nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas

soy ahora por ella la hija que crece sin remedio

para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos

así juntas nos vamos separando

trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas

porque hay otras fotos

y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa

entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica

ésa que me legó generosamente un parecido

todavía está viva y nada le impide

seguir siendo mi madre.





El último libro de poemas de la autora es Solos y solas (Lumen). Su último libro de ensayos es La boca del testimonio (Norma)

Jornada de ayer

Estuve en el Centro Cultural de la Cooperación (ver programa más abajo). Fue espectacular. Muy potentes las ponencias y el reciatl final con cinco poetas, decididamente demoledor. Me lloré todo con los poemas de Tamara Kamenszain sobre su madre en sus ùltimos días de vida. Impresionante. También Lila Zemborain llegada de New York para leernos su libro sobre el 11 de septiembre. Y Claudia Masin que me parecía conocida de alguna parte y no sé de dónde, y dos poetas muy jóvenes de Revista Plebella que leían maravillosamente (me voló la cabeza la forma de recitarse a sí misma de Nurit Kasztelan y se lo dije al final: "Cuando decís tus poemas te tranformás en otra").
Me llevé lista de lecturas para engrosar mi lista de pendientes: Los topos de Felix Bruzzone, dos poetas chilenas (Elvira Hernández y Winet Darroca), cuentos de María Fasce, "Celos" para hablar del deseo lésbico, Las noches de Flores de Cesar Aira y Un año sin amor de Pablo Perez).
Por si todo este alimento no fuera poco, hubo cafecito a media tarde y vino tinto y bocadillos y mouse de café en el final sumado a la charla feliz de las organizadoras felices con su logro en estas primeras jornadas dedicadas al arte alrededor del gènero. Una maravilla.

Micaela Férnandez Darriba

Nos conocimos en el 2007 en las Jornadas de Literatura y Estudios de Gènero cuyo programa subí en la entrada anterior. Ambas leíamos trabajos en la misma mesa y como yo debía coordinarla leí en suyo y el de las otras participantes con anticipación y revisé mis lecturas de la Wolf, la Gorodischer y de Clarice Lispector.
Son maravillososesos encuentros en Congresos y talleres. Micaela me invitó por mail a la Jornada a la que fui ayer. No la vi a ella pero le agradezco el jaber pasado una tarde tan interesante y poderosa.

Jornadas 2007 y ya vamos por más

Este fue el programa de las primeras jornadas sobre Estdios de Gènero en las que participé:

Primeras Jornadas de Debate sobre Literatura Latinoamericana y Estudios de Género
Centro Cultural "Francisco Paco Urondo" 25 de Mayo 221 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Actividad auspiciada por el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género y el Departamento de Letras de la UBA
jornadallyeg@gmail.com
http://www.jornadallyeg.blogspot.com/



VIERNES 26 DE OCTUBRE

9:00 HS
Inscripción

10:00 HS
Apertura y mesa 1

MESA 1 El cuerpo femenino en la ficción latinoamericana
Coordina: Laura Arnés

Micaela Fernández Darriba y Lucila Anigstein, "La construcción de las mujeres cautivas en la literatura argentina"

Paula Bertúa, "Caligrafías del cuerpo. Acerca de El retrato y la imagen de Estela Canto y Los dos retratos de Norah Lange

Adrián Ferrero, "El erotismo austral: metáforas somáticas en Canon de alcoba de Tununa Mercado y Querido amigo de Angélica Gorodischer"

Paula Bianchi, "Cuerpos hospitalizados, escindidos y olvidados en Gutural de Estela Dos Santos"

Natalia Soledad Catán, "El cuerpo reencontrado, identidad física de la mujer"


12:00 HS

MESA 2 Inclusión/ Exclusión. Políticas de construcción del canon
Coordina: Silvina Marsimian

Nora Mantelli y Natalia Sardiello, "La Venus Roja, cuestiones de género y canon escolar"

Alejandra Josiowicz, "C. Lispector y S. Ocampo. Literatura infantil y escritura menor"

Leonor Silvestri, "Me gusta cuando callas. Invisibilidad de la mujer productora de arte "

Ana Copes, "Género/ memoria/ identidad: recorridos en la narrativa argentina contemporánea"



15:00 HS

MESA 3 Viajeras, migrantes y exiliadas. Miradas femeninas sobre la ciudad
Coordina: Inés de Mendonça

Adriana Pidoto, "Syria Poletti: Una inmigrante escritora durante el primer peronismo"

Jesús Nieves Montero, "La ciudad como escenario accidental: La sensación de extrañamiento frente a los espacios en Latidos de Caracas de Gisela Kozak Rovero"

Paula Croci y Silvina Marsimian, "Silvina Ocampo, Niní Marshal, Clarice Lispector, relatos del exilio (no escritos por varones)"
María Carolina Li Gambi, "La erotización de espacios públicos y privados"
Cristina Corral Soilán, "El influjo de Rosalía de Castro en la obra poética de Juana de Ibarbourou"



MESA 4 Escribir/ leer como mujer
Coordina: Paula Salmoiraghi

Rosana López Rodríguez, "La política feminista en la escritura de Angélica Gorodischer"

Florencia Carla Propato, "La impronta femenina - Divagaciones en torno a la obra de Clarice Lispector: sobre los modos (im)posibles de escritura y lectura"

Marcela Croce, "Clarice Lispector: la extrañeza de lo cotidiano"
Micaela Fernández Darriba, "El anhelo de una habitación propia"


17:00 HS

MESA 5 El género sexual y los géneros literarios
Coordina: Paula Croci

Paula Salmoiraghi, "El camino de la heroína"

Eugenia Verónica Kessler, "Tuya: El género policial en la lucha de géneros sexuales"

Camilo Aldao y Liliana Guzmán, "De cómo la palabra poética borgeana permite pensarnos a la manera de cuento. La problemática del género en dos cuentos de Jorge Luis Borges"

Patricia Díaz Garbarino, "Cuerpos narrados/ cuerpos cercados en el relato testimonial latinoamericano"




SÁBADO 27 DE OCTUBRE

9:00 HS
Inscripción


10:00 HS

MESA 6 Escritura y Maternidad
Coordina: Nora Domínguez

Florencia Alam, "La ficción materna en Sylvia Molloy y Tununa Mercado: Una escritura que nace del quiebre"

Mariana Bendahan, "De Madres e Hijas: Una lectura de la maternidad conflictiva en el cine de Ripstein"

Débora Pérez Louro, "Nosotras que nos queremos tanto"
Florencia Amorena "El lugar de la mujer en la familia en los cuentos de Ana Basualdo y Tununa Mercado: Sentir la diferencia"


MESA 7 Figuraciones del género en la literatura y el teatro
Coordina: Paula Torricella

María Inés Grimoldi, "Lulú, un símbolo sexual"

Silvina Patrignoni, "Lo sexual y su ficción, entre el acatamiento y la emancipación (Una puesta en escena del imaginario colectivo)"

Natalia Aparicio, "Clown y comportamiento femenino frente al ridículo"

Nilda Redondo, "Cortázar y lo femenino"

12:00 HS

MESA PRINCIPAL: Debates actuales en los estudios de género I
Coordinan: Paula Torricella y Laura Arnés

Dialogan Nora Domínguez, Paula Viturro y Matilde Sánchez




14:00 HS

MESA 8 Literatura, política y género
Coordina: Teresa Gatto

Silka Freire, "Sujetos al borde de un Estado de riesgo"

María José Punte, "De la Sociedad de Beneficencia a Montoneros. El rol del peronismo en la conformación de los sujetos políticos femeninos"

Claudia María Biasioli, "De lo privado a lo público: Antígona. Un acercamiento a la obra La cabeza en la jaula de David Cureses"

Florencia Preatoni, "Contradicciones de la vanguardia política. Un estudio sobre el tratamiento del 'problema' de la homosexualidad en el interior de la Unidad Popular chilena"



MESA 9 El imaginario sociosexual en la literatura
Coordina: Sebastián Hernaiz

María Ximena Vergara, "Obrera del amor y carne de matadero"

Roxana Yattah, " Prototipos porteños y modos de amar en la cultura rioplatense"

Cintia Mannocchi, " Distintas versiones de la misoginia en las obras de Almafuerte yArlt"

Silvina Quiroga, "Pedro Lemebel y las espinas enquistadas en el corazón de Chile. Una lectura semiótica del relato "Las amapolas también tienen espinas""


16:00 HS

MESA 10 Otros modos de la escritura: mujeres ensayistas, periodistas y dramaturgas
Coordina: Silvia Jurovietzky

Oscar Blanco, "Victoria Ocampo: del testimonio como simulacro"

Lucía María De Leone, " 'En suma, soy periodista'. Modos de la figuración autorial en algunas zonas de la producción de María Moreno"

Pilar de León, "Intertextualidades en género"

Catalina Julia Artesi, "Prefiguraciones de un teatro comprometido en las dramaturgas argentinas de comienzos del siglo XX"


MESA 11 Debates actuales en los estudios de género II
Coordina: Mayra Leciñana

María Celeste Cabré, "Blogs pro ana mia, identidades disidentes y nuevas tecnologías"

Facundo Boccardi, "Avatares del performativo. Acerca de detractores y precursores del performativo butleriano"

Laura Arnés, "Adrenalina para el feminismo"

José Amícola, "Film y literatura bajo una mirada queer."

Claudia Pérez, "Closet e imaginario lesbiano en Estrategias del deseo, de C. Peri Rossi"

Las madres, por Mex Urtixberea

"En el fondo de todo, siempre hay una madre."



A todo lo que de madre hay en el Mundo:

A los gestos maternales,

A la sabiduría materna;

Al pensamiento de madre,

Al instinto maternal,

A la madre naturaleza,

A las madres de algo,

A las madres de uno,

A las madres de muchos,

A las madres de todos,

A todas las madres:

Feliz día, felices días.

A las madres del corazón,

A las Madres del Dolor,

A las Madres de Plaza de Mayo,

A la madre patria,

A las madres modernas,

A las madres de antes,

A la madre tierra,

A las madres solteras,

A las madres coraje,

A las madres sin hijos propios,

A las madres ejemplares y no ejemplares,

A la madre que todos llevamos dentro:

Feliz día, felices semanas.

A todo lo que de madre hay en las madres,

Al amor de madre,

Al abrigo de madre,

A la inteligencia de madre,

A la comida de madre,

Al remedio de madre,

Al consuelo de madre,

Al abrazo de madre:

Feliz día, felices meses.

A las madres que se toman prestadas,

A las madres varones,

A las madres leonas,

A la alma máter,

A las madrazas,

A las madrastras,

A las matronas,

A las mamitas,

A las mamushcas,

A la Pachamama,

A la Madre Santa,

A la mamma mía,

A la vieja,

A las idishe mamele,

A las reinas madres,

A las embarazadas,

A las madres de varones, de niñas,

A las madres de adolescentes, de adultos,

A las madres abuelas,

A las mamás que miman,

A las mamás que luchan,

A las mamás que piensan,

A las mamás que escuchan,

A las mamás que hablan,

A las mamás cansadas:

Feliz día, felices años.

A las madres que están,

A las madres que ya no están,

A las madres que van a seguir estando,

A las madres que de herencia nos dejaron un punto de vista sobre el mundo,

A las señoras madres,

A las madres presentes,

A las madres que no pudieron venir,

A las madres de algo,

A las madres de uno,

A las madres de muchos,

A las madres de todos,

A todas las madres:

Feliz día. Felices semanas, meses, años.

Y sálvennos de que el mundo se desmadre.

Por Mex Urtizberea

martes, 13 de octubre de 2009

JORNADAS (Des) tramando prácticas culturales urbanas desde el género y la sexualidad

JORNADAS

(Des) tramando prácticas culturales urbanas desde el género y la sexualidad
Un diálogo entre artistas, investigadores/as y activistas




Ciudad de Buenos Aires, 15 y 16 de Octubre de 2009
Centro Cultural de la Cooperación, sala Jacobo Laks


Organizan el Grupo Género y Sexualidades Contemporáneas
y el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE)
de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.
Con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes


En el marco de estas jornadas se presentarán, desde diferentes disciplinas y áreas de intervención, diversas prácticas, circuitos, estilos y representaciones literarias, artísticas y comunicacionales producidas en y/o sobre la ciudad de Buenos Aires en las últimas décadas en torno a tópicos asociados con el género (masculino/femenino) y las sexualidades. El objetivo es poner en diálogo algunos de los modos en que se construyen, actúan y escenifican, en la trama cultural urbana contemporánea, distintas figuraciones del erotismo, el cuerpo, los géneros y las sexualidades para proponer, a partir de este intercambio, un mapa posible de lectura e interpretación de estos procesos.










PROGRAMA

JUEVES 15

10.00 horas - Apertura
- Dora Barrancos (Directora del IIEGE, FFyLL – UBA)
- Nora Domínguez (Coordinadora interina del IIEGE, FFyLL-UBA)
- Representante del Grupo Género y Sexualidades Contemporáneas
- Representante del CCC

10.45 a 11.00 horas. Café

11:00 a 13:00 horas
Mesa 1: Arte, feminismo y ciudad. Cuestionando al entramado político-urbano
Coordina María Laura Rosa

-María Laura Rosa (IIEGE y Asociación Argentina de Críticos de Arte): “’Nos fundó el malestar y nos sostuvo el placer’. Mujeres Públicas, ¿cuestiones privadas? ”.

-Assumpta Bassas Vila (DUODA, Universidad de Barcelona): “De la ciudad de las damas al juego de las damas en la ciudad: prácticas artísticas que activan la política de las mujeres en el espacio público”.

-Micaela Fernández Darriba (Foeminas, Revista Virtual de Género): “De la palabra a la acción: arte, política y feminismo en el espacio urbano”

-Mabel Gentile (FADU-UBA): “Puerto Madero y sus calles: ¿un homenaje o una contradicción?”

- Graciela Schmidt (Comisión de Mujeres del Colegio de Arquitectos de Rosario): “Ciudad de todas”


INTERVALO


14:00 a 18:30
Mesa 2: Cuerpos en tránsito, sentidos en pugna

14:00 a 16:00
Primer bloque
Tomar las calles. Intervenciones políticas y luchas culturales
Coordina: Karina Felitti

-Sonia Sánchez (AMMAR Capital): “Ninguna mujer nace para puta”.
-Colectivo artístico-feminista Mujeres Públicas.
-Alejandra Vassallo (IIEGE y Grupo Oduduwa): “Mujeres que ponen el cuerpo: danzando la memoria del 24 de marzo”.
-Proyección de “Piedra Libre”, co-dirigido por Alejandra Vassallo y Pia Sicardi (27 minutos). Diálogo con el público.

16:00 a 16:15. Café

16:15 a 18:30
Segundo Bloque: Ellas en escena. Reflexiones desde la imagen y el movimiento
Coordina: Silvia Elizalde
-María Kusmuk (Fotógrafa) “Luces y sombras de la experiencia femenina: una lectura sobre el puerperio y la lactancia”.
-María de la Vega y Laura Garófalo (Bailarinas): “Espacios cotidianos. Cuerpos habitados”.
-Malena Bystrowicz (Documentalista): “Ellas, nuestro espejo”.
-Proyección de “Agujeros en el techo”, de Malena Bystrowicz (52 minutos). Diálogo con el público.

VIERNES 16
15 a 17:30 horas
Mesa 3: Voces, miradas e itinerarios de la literatura
Coordina: María Lucía Puppo

- Mariano García (UCA, CONICET): Metamorfosis del cuerpo y de la ciudad en Las noches de Flores, de César Aira.
- María José Punte (UCA, UNLP): La mirada de la infancia: nuevas cartografías familiares en los narradores del milenio que asoma.
- Emilio Bernini (UBA, Universidad del Cine): Una deriva queer de la pérdida. A propósito de Los topos, de Félix Bruzzone.
- Lucía De Leone (IIEGE, UBA, CONICET): Un viaje de ida y vuelta: "idea crónica" y tribu urbana en "No, mi ama" de María Moreno
- Laura A. Arnés (IIEGE, UBA, CONICET): Instantánea de un deseo: atisbos de una pasión lesbiana en “Celos” de María Fasce.

- Alicia Salomone (Universidad de Chile): Modernidades urbanas y subjetividades femeninas: Santiago de Chile-Buenos Aires
- María Lucía Puppo (UCA, CONICET): Poesía y políticas (del texto, la ciudad y los cuerpos)
17.30 a 17.45 horas. Café

18:00 a 19:30 horas
Lectura en vivo de poesía
-Tamara Kamenszain
-Lila Zemborain
-Poetas jóvenes

19:30. Cierre

Organizadoras: Grupo Género y Sexualidades Contemporáneas
Silvia Elizalde (IIEGE-UBA-CONICET)
Karina Felitti (IIEGE-UBA-CONICET)
María Laura Rosa (IIEGE y Asociación Argentina de Críticos de Arte)
María Lucía Puppo (UCA-CONICET)

lunes, 12 de octubre de 2009

Laberinto, de Andrés Gustavo Fernández

Con una excusa, la llevé hacia el Laberinto cuya Entrada y Salida es La Misma Puerta.
La invité a recorrerlo mientras lo Leía Todo desde el otro lado del Vacío.

En su iluminada Matriz el Sonido se hizo un Viento Mítico que se apoderó de ella; sumergida en aquella textura sinfónica traía y llevaba los retazos, los alientos como costuras en las Dimensiones de un Gran Tapiz.
_
Completamente desnuda, invocó su salida;
el Laberinto la Alumbró, como un amante cuyas Antiguas Palabras la aliviaran
una y otra vez.


(Tomado de su blog http://pachakamakinartimago.blogspot.com/ Ver link directo en columna de la derecha)

12 de octubre: Nada que festejar

Tomado de http://mirandoelmundoalreves.blogspot.com/






TAKI ONGOY - VICTOR HEREDIA
Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos.
Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo, se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y de ser así que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejado que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas.
Pero no nos han vencido, hoy, al igual que ayer todavía peleamos por nuestra libertad.

En este 12 de octubre desde mirando el mundo al reves queremos recordar a los millones de Indigenas ASESINADOS en nombre de la civilizacion , colonizacion y evangelizacion , el mayor GENOCIDIO perpetrado por los invasores Españoles , claro que como siempre y como hasta ahora con la ayuda de traidores a su propio pueblo. 12 DE OCTUBRE ....NADA QUE FESTEJAR!!!!!!!!!

Escribir en blogs según Pedro Mairal

Fragmento de una entrevista de P.Z. Tomada de http://www.hablandodelasunto.com.ar/?p=868 (Ver links a este blog en columna de la derecha)


¿Y ahora estás haciendo algo nuevo?

Estoy hecho un mercenario, la verdad. [Risas] Porque estoy escribiendo para cine y estoy escribiendo para diarios y revistas, para revistas latinoamericanas. Me piden muchas notas sobre mujeres maduras, las mujeres teens, una nota sobre el culo, sobre las tetas. Me hice como una especie de escritor sobre la mujer, supongo que por lo erótico, las cosas eróticas que escribí. Lo disfruto. Escribir estas cosas las disfruto, pero tengo también ganas de escribir mis propias cosas, quizá alguna de las crónicas o las notas que estoy haciendo las termine poniendo en un libro.

Después estoy escribiendo mucho en blogs -hablábamos de los blogs hace un rato-, escribo con seudónimo, a veces como mujer. Esto lo estoy pensando recién, pero yo nunca me había atrevido a hacer una novela polifónica, una novela donde haya muchas voces, muchos puntos de vista. En Salvatierra aparece poquito, una novela donde hay una historia de una familia, pero no hay muchas voces. En todo caso está la voz del padre y la voz del hijo, que por momentos, además, son una. Pero me parece que con los blogs lo que estoy haciendo es un poco la cosa polifónica. Estoy escribiendo con distintas voces. Quizás sea un poco exagerado decirlo, pero quizá estoy haciendo una novela a mí manera.

Estoy muy intrigado y me tengo que entregar a esta cosa que está pasando con la escritura online. Me parece que viene algo muy distinto, muy nuevo, no sé para dónde va francamente, no sé si es para bien o para mal, pero vale la pena experimentarlo. La escritura online, el texto con hipervínculos. Hay una velocidad de la información, la forma en que la gente lee medio salteado -viste que la gente no lee más de tres pantallas de computadora-, la lectura en internet es como arborescente, te vas para todos lados, y una de las formas que tiene la escritura con esa ansiedad de irse para todos lados es el blog. O la escritura online: escribo, me leen enseguida y a la vez puedo crear un texto que va para otras páginas, que se vincula a sí mismo y también con otro texto que puede ser propio.

No sé bien qué va a pasar con la novela. Digo, hoy en día, escribir una novela en una máquina que es tu correo, tus videos, tu pornografía, tu televisión, tu radio, tu música, tu vínculo con los amigos, tu enciclopedia, todo lo que es una laptop o una computadora enchufada a internet, escribir un libro con esa máquina es muy difícil, un libro como lo entendemos así en su sentido más clásico. Un libro que vos inventás desde la primera hasta la última palabra, inventás el orden de esas palabras y lo escribís y sale en papel, una novela. Me parece que esa máquina es una fuerte de distracción.

En lugar de luchar…

De alguna manera es como entregar la escritura a ese formato, a esa especie de atomización a ver qué pasa.

¿No tenés miedo de degradar tu literatura?

Primero que no me parece que la literatura sea algo tan excelso como que se pueda degradar. No me parece que sea una cosa que está en un pedestal y no se la pueda tocar. Justamente lo que me interesa de la literatura es llevarla para todos lados, no creo que se degrade.

Me parece, además, que todas las épocas consideran que algunas cosas que hacen los escritores es degradar la literatura, y después terminan siendo obras de arte considerables. No digo que yo lo vaya a hacer, pero por ejemplo Petrarca creía que sus obras trascendentes eran en latín y escribió unos sonetitos en ese dialecto que se hablaba, que era el italiano de la época. Lo único que la gente lee, salvo los académicos, son los sonetos de Petrarca.

La cosa medio bastarda, escrita así de costado, pensando esto no lo voy a publicar, esto no es literatura, muchas veces tiene más fuerza que la obra que el escritor cree que es literatura. Acá estoy metiendo un golazo con esto: ahí la pifió.

Le pasó también a Echeverría con El matadero, que lo escribió como de costadito, no lo quiso publicar o creo que se publicó en un diario uruguayo, pero no sé si en vida de él, puede que sí. Y escribió La cautiva: “Era la tarde, y la hora en que el sol la cresta dora de Los Andes”, un plomazo bastante considerable. El creía que su obra era La cautiva. Por supuesto que es un libro meritorio y hay que tenerlo en cuenta a La cautiva, pero tiene mucha más fuerza y mucha más autenticidad El matadero.

Entonces, no: no me da miedo degradar la literatura, está para experimentar y ver para dónde es capaz de ir la narración y la poesía.

Pequeñas delicias de la vida familiar

Mi ecosistema funciona equilibradamente:

Rafael toca una y otra vez las notas de su ejercicio en la guitarra que le regalé para el cumple después de haberla estado pidiendo un par de años.

Magdalena viene corriendo y con mala cara a cumplir con sus tareas (Limpiar el baño y la heladera y ayudarme a teñirme el pelo) entre un cumpleaños de quince el sàbado y la matiné del domingo con dormida en casa de amigas en manada de amigas ambas noches.

Julián, en vez de irse a bailar, este finde se ha traído a una chica a casa ("una amiga"). Cuando le pregunto si es la misma que "la otra vez" me dice: "Callate mami".

Mi gatita Pam está finalmente embarazada (yo ya tenía miedo de que fuera estéril que tanto paseo por los tejados sin descendencia) y pasea su panzota del tazón de leche al solcito del patio.

Mis rayitos de sol se abren y la enredadera ya ha llegado al techo.

Yo leo y escribo y de repente me doy cuenta de que de a poco empiezo a disfrutar de lo que YO quiero disfrutar y de que logro tener a raya la culpa que suele hacerme vivir atendiendo deseos ajenos.

El clan de los Peter Panes

"Mi secreto era la pasión. Así, nome bastaba, ni me havía bastado en ese período, contemplar cómo llovía; más bien había necesitado mojarme y calarme hasta los huesos."


Rosa Peña

Novela completa en un día

Hacía rato que no leía toda una novela de un tirón y después de ayer metida en las geniales complicaciones de Fastasmas de Daniel Link, hoy estuvo bueno estar al sol desde el medio día con El clan de los Peter Panes de Rosa Peña.
Chik lit, claro, medio naif, medio vengativa, medio llena de clichés, pero con un toque de originalidad, de sinceridad en los personajes y de complicidad con la primera persona (la de que lee y la que narra).

domingo, 11 de octubre de 2009

Gost in the sell 2. Innocence





Me encantó. Excelente los dibujos de este animé y la historia mucho mejor que la 1, aunque me dieron ganas de volver a ver la anterior. El tema de humanos y robots, clones y cyborgs, espíritu y cuerpo, esencia humana y animal, vitualidad y corporeidad. Excelente planteo y una sensación de desprotección en las imágenes de cuerpos reproducidos industrialmente.

sábado, 10 de octubre de 2009

Contratapa de la novela que ya quiero

COMO EN LA GUERRA. De Luisa Valenzuela

“El deseo es una pregunta cuya respuesta no existe”, escribió Luis Cernuda. Esta novela, esta aventura verbal de Luisa Valenzuela, describe las etapas de una busca impulsada por el deseo de un encuentro: el del yo consigo mismo. El protagonista de Como en la guerra se busca en los otros, en el mundo. Buscarse es salir de sí para mirarse desde fuera y regresar a sí. Fases de un viaje incesante.
Primero, en Barcelona, el protagonista procura entender (entenderse) durante varios encuentros y sesiones pseudo-psicoanalíticas con una mujer, sesiones a las cuales acude a veces disfrazado de mujer. Travestismo y transexualidad son formas de acceso al otro, a un yo diferente pero especular que quizá refleje la identidad deseada. La segunda etapa transcurre en México: una inmersión en el tiempo del mito, del fluir permanente sin desplazamientos cronológicos. Tercera etapa: Buenos Aires.
Un Buenos Aires que no pierde la inmediatez de lo real pero también se exalta en una vertiginosa alegoría. Otro nivel de indagación es fundamental en esta novela de Luisa Valenzuela: el lenguaje mismo. “Escribir es la incesante interrogación que los signos hacen a un signo: el lenguaje” (Octavio Paz). Buscarse es concebirse como una realidad oculta que sólo puede revelarse al
nombrar. Es decir, nueva busca, nuevo deseo de quien anhela esa palabra imposible y definitiva que designe y descifre a la vez.

ENRIQUE PEZZONI

La Valenzuela

Ayer me traje de la biblioteca del cole (de uno en los que trabajo pero tb del que soy egresada), sin mucho ànimo de devolverlo y con la excusa de leerlo en el fin de semana largo y con la excusa doble de que nadie lee los libros "no-escolares" que el ministerio mandó con muy poco criterio y con la triple excusa de que yo siempre, desde chica, revolví esos estantes del fondo que nadie toca y languidecen de polvo, el tomo uno de Cuentos Completos y uno más de Luisa Valenzuela.
Por supuesto que había leído y escuchado sobre ella desed hace rato y que pensaba disfrutar de los cuentos pero mi sorpresa fue superada ampliamente por mis expectativas. Son maravillosos, nunca había leído tantos cuentos seguidos (que unalee uno y se va para otra cosa). Siete en el día de hoy: uno mejor que otro.

Maravilloso cuento de Luisa Valenzuela

"Si esto es la vida, yo soy Caperucita Roja": Simetrías / Cuentos completos y uno más


Le dije toma nena, llévale esta canastita llena de cosas buenas a tu abuelita. Abrígate que hace frío, le dije. No le dije ponte la capita colorada que te tejió la abuelita porque esto último no era demasiado exacto. Pero estaba implícito. Esa abuela no teje todavía. Aunque capita colorada hay, la nena la ha estrenado ya y estoy segura de que se la va a poner porque le dije que afuera hacía frío, y eso es cierto. Siempre hace frío, afuera, aun en los más tórridos días de verano; la nena lo sabe y últimamente cuando sale se pone su caperucita.

Hace poco que usa su capita con capucha adosada, se la ve bien de colorado, cada tanto, y de todos modos le guste o no le guste se la pone, sabe donde empieza la realidad y terminan los caprichos. Lo sabe aunque no quiera: aunque diga que le duele la barriga.
De lo otro la previne, también. Siempre estoy previniendo y no me escucha.

No la escucho, o apenas. Igual hube de ponerme la llamada caperucita sin pensarlo dos veces y emprendí el camino hacia el bosque. El camino que atravesará el bosque, el largo larguísimo camino -así lo espero- que más allá del hosque me llevará a la cabaña de mi abuela.
Llegar ha.sta el bosque propiamente dicho me tomó tiempo. A1 principio me trepaba a cuanto árbol con posiblidades se me cruzaba en el camino. Eso me dio una cierta visión de conjunto pero muy poca oportunidad de avance.

Fue mamá quien mencionó la palabra lobo.
Yo la conozco pero no la digo. Yo trato de cuidarme porque estoy alcanzando una zona del bosque con árboles muy grandes y muy enhiestos. Por ahora los miro de reojo con la cabeza gacha.
No, nena, dice mamá.
A mamá la escucho pero no la oigo. Quiero decir, a mamá la oigo pero no la escucho. De lejos como en sordina.

No nena
Eso le digo. Con tan magros resultados.

No. El lobo
Lo oigo, lo digo: no sirve de mucho.
O sí: evito algunas sendas muy abruptas o giros en el camino del bosque que pueden precipitarme a los abismos. Los abismos -me temo- me van a gustar. Me gustan.
No nena.
Pero si a vos también te gustan, mamá.
Me as/gustan.

El miedo. Compartimos el miedo. Y quizá nos guste.

Cuidado nena con el lobo feroz (es la madre que habla).
Es la madre que habla. La nena también habla y las voces se superponen y se anulan.

Cuidado
¿Con qué? ¿De quién?

Cerca o lejos de esa voz de madre que a veces oigo como si estuvieras en mí, voy por el camino recogiendo alguna frutilla silvestre. La frutilla puede tener un gusto un poco amargo detrás de la dulzura. No la meto en la canasta, la lamo, me la como. Alguna semillita diminuta se me queda incrustada entre los dientes y después añoro el gusto de esa exacta frutilla.

No se puede volver para atrás. Al final de la página se sabrá: al final del camino.
Yo me echo a andar por sendas desconocidas. El lobo se asoma a lo lejos entre los árboles, me hace señas a veces obscenas. A1 principio no entiendo muy bien y lo saludo con la mano. Igual me asusto. Igual sigo avanzando.

Esa tierna viejecita hacia la que nos encaminamos es la abuela. Tiene los cabellos blancos, un chal sobre los hombros y teje y teje en su dulce cabaña de troncos. Teje la añoranza de lo rojo, teje la caperuza para mí, para la niña que a lo largo de este largo camino será niña mientras la madre espera en la otra punta del bosque al resguardo en su casa de ladrillos donde todo parece seguro y ordenado y la pobre madre hace lo que puede. Se aburre.

Avanzando por su camino umbroso Caperucita, como la llamaremos a partir de ahora, tiene poca ocasión de aburrimiento y mucha posibilidad de desencanto.
La vida es decepcionante, llora fuera del bosque un hombre o más bien lagrimea y Caperucita sabe de ese hombre que citando una vieja canción lagrimea quizá a causa del alcohol o más bien a causa de las lágrimas: incoloras, inodoras, salobres eso sí, lágrimas que por adelantado Caperucita va saboreando en su forestal camino mucho antes de toparse con los troncos más rugosos.
No son troncos lo que ella busca por ahora. Busca dulces y coloridos frutos para llevarse a la boca o para meter en su canastita, esa misma que colgada de su brazo transcurre por el tiempo para lograr -si logra- cumplir su destino de ser depositada a los pies de la abuela.
Y la abuela saboreará los frutos que le llegarán quizá un poco marchitos, contará las historias. De amor, como corresponde, las historias, tejidas por ella con cuidado y a la vez con cierta desprolijidad que podemos llamar inspiración, o gula. La abuela también va a ser osada, la abuela también le está abriendo al lobo la puerta en este instante.

Porque siempre hay un lobo.

Quizá sea el mismo lobo, quizá a la abuela le guste, o le haya tomado cariño ya, o acabará por aceptarlo.
Caperucita al avanzar sólo oye la voz de la madre como si fuera parte de su propia voz pero en tono más grave:
Cuidado con el lobo, le dice esa voz materna.
Como si ella no supiera.
Y cada tanto el lobo asoma su feo morro peludo. Al principio es discreto, después poco a poco va tomando confianza y va dejándose entrever, a veces asoma una pata como garra y otras una sonrisa falsa que le descubre los colmillos.
Caperucita no quiere ni pensar en el lobo. Quiere ignorarlo, olvidarlo. No puede.
El lobo no tiene voz, sólo un gruñido, y ya está llamándola a Caperucita en el primer instante de distracción por la senda del hosque.
Bella niña, le dice.
A todas les dirás lo mismo, lobo.
Soy sólo tuyo, niña, Caperucita, hermosa.
Ella no le cree. A1 menos no puede creer la primera parte: puede que ella sea hermosa, sí, pero el lobo es ajeno.
Mi madre me ha prevenido, me previene: cuídate del lobo, mi tierna niñita cándida, inocente, frágil, vestidita de rojo.
¿Por qué me mandó al bosque, entonces? ¿Por qué es inevitable el camino que conduce a la abuela?

La abuela es la que sabe, la abuela ya ha recorrido ese camino, la abuela se construyó su choza de propia mano y después si alguien dice que hay un leñador no debemos creerle. La presencia del leñador es pura interpretación moderna.

E1 bosque se va haciendo tropical, el calor se deja sentir, da ganas por momentos de arrancarse la capa o más bien arrancarse el resto de la ropa y envuelta sólo en la capa que está adquiriendo brillos en sus pliegues revolcarse sobre el refrescante musgo.

Hay frutas tentadoras por estas latitudes. Muchas al alcance de la mano. Hay hombres como frutas: los hay dulces, sabrosos, jugosos, urticantes.

Es cuestión de irlos probando de a poquito.

¿Cuántos sapos habrá que besar hasta dar con el príncipe?
¿Cúantos lobos, pregunto, nos tocarán en vida?

Lobo tenemos uno solo. Quienes nos tocan son apenas su sombra.

¿Dónde vas, Caperucita con esa canastita tan abierta, tan llena de promesas?, me pregunta el lobo relamiéndose las fauces.
Andá a cagar, le contesto, porque me siento grande, envalentonada.
Y reanudo mi viaje.
El bosque tan rico en posibilidades parece inofensivo. Madre me dijo cuidado con el lobo, y me mandó al bosque. Ha transcurrido mucho camino desde ese primer paso y sin embargo, sin embargo me lo sigue diciendo cada tanto, a veces muy despacio, al oído, a veces pegándome un grito que me hace dar un respingo y me detiene un rato.
Me quedo temblando, agazapada en lo posible bajo alguna hoja gigante, protectora, de ésas que a veces se encuentran por el bosque tropical y los nativos usan para resguardarse de la lluvia. Llueve mucho en esta zona y una puede llegar a sentirse muy sola, sobre todo cuando la voz de madre previene contra el lobo y el lobo anda por ahí y a una se le despierta el miedo. Es prudencia, le dicen.

Por suerte a veces puede aparecer alguno que desata ese nudo.
Esta fruta sí que me la como, le pego mi tarascón y a la vez
la meto con cuidado en la canasta para dársela a abuela. Madre sonríe, yo retozo y me relamo. Quizá el lobo también. Alguna hilacha de mi roja capa se engancha en una rama y al tener que partir lloro y llora mi capa roja, algo desgarrada.
Después logro avanzar un poco, chiflando bajito, haciéndome la desentendida, sin abandonar en ningún momento mi canasta. Si tengo que cargarla la cargo y trato de que no me pese demasiado. No por eso dejo ni dejaré de irle incorporando todo aquello que pueda darle placer a abuela.
Ella sabe. Pero el placer es sobre todo mío.
Mi madre en cambio me previene, me advierte, me reconviene y me apostrofa. Igual me mandó al bosque. Parece que abuelita es mi destino mientras madre se queda en casa cerrándole la puerta al lobo.

El lobo insiste en preguntarme dónde voy y yo suelo decirle la verdad, pero no cuento qué camino he de tomar ni qué cosas haré en ese camino ni cuánto habré de demorarme. Tampoco yo lo sé, si vamos al caso, sólo sé -y no se lo digo- que no me disgustan los recovecos ni las grutas umbrosas si encuentro compañía, y algunas frutas cosecho en el camino y hasta quizá florezca, y mi madre me dice sí, florecer florece pero ten cuidado. Con el lobo, me dice, cuidado con el lobo y yo ya tengo la misma voz de madre y es la voz que escuché desde un principio: toma nena, llévale esta canastilla, etcétera. Y ten cuidado con el lobo.
¿Y para eso me mandó al bosque?

El lobo no parece tan malo. Parece domesticable, a veces.
El rojo de mi capa se hace radiante al sol de mediodía. Y es mediodía en el bosque y voy a disfrutarlo.
A veces aparece alguno que me toma de la mano, otro a veces me empuja y sale corriendo; puede llegar a ser el mismo. El lobo gruñe, despotrica, impreca, yo sólo lo oigo cuando aúlla de lejos y me llama.
Atiendo ese llamado. A medida que avanzo en el camino más atiendo ese llamado y más miedo me da. El lobo.

A veces para tentarlo me pongo piel de oveja.
A veces me le acerco a propósito y lo azuzo.
Búúú, lobo, globo, bobo, le grito. Él me desprecia.
A veces cuando duermo sola en medio del bosque siento que anda muy cerca, casi encima, y me transmite escozores nada desagradables.
A veces con tal de no sentirlo duermo con el primer hombre que se me cruza, cualquier desconocido que parezca sabroso. Y entonces al lobo lo siento más que nunca. No siempre me repugna, pero madre me grita.

Cierta tarde de plomo, muy bella, me detuve frente a un acerado estanque a mirar las aves blancas. Gaviotas en pleno vuelo a ras del agua, garzas en una pata esbeltas contra el gris del paisaje, realzadas en la niebla.
Quizá me demoré demasiado contemplando. El hecho es que al retomar camino encontré entre las hojas uno de esos clásicos espejos. Me agaché, lo alcé y no pude menos que dirigirle la ya clásica pregunta: espejito, espejito, ¿quién es la más bonita? ¡Tu madre, boluda! Te equivocaste de historia -me contestó el espejo.
¿Equivocarme, yo? Lo miré fijo, al espejo, desafiándolo, y vi naturalmente el rostro de mi madre. No le había pasado ni un minuto, igualita estaba al día cuando me fletó al bosque camino a lo de abuela. Sólo le sobraba ese rasguño en la frente que yo me había hecho la noche anterior con una rama baja. Eso, y unas arrugas de preocupación, más mías que de ella. Me reí, se rió, nos reímos, me reí de este lado y del otro lado del espejo, todo pareció más libre, más liviano; por ahí hasta rió el espejo. Y sobre todo el lobo.
Desde ese día lo llamo Pirincho, al lobo. Cuando puedo. Cuando me animo.
Al espejo lo dejé donde lo había encontrado. También él estaba cumpliendo una misión, el pobre: que se embrome, por lo tanto, que siga laburando.
Me alejé sin echarle ni un vistazo al reflejo de mi bella capa que parece haber cobrado un nuevo señorío y se me ciñe al cuerpo.
Ahora madre y yo vamos como tomadas de la mano, del brazo, del hombro. Consustanciadas. Ella cree saber, yo avanzo. Ella puede ser la temerosa y yo la temeraria.
Total, la madre soy yo y desde mí mandé a mí-niña al bosque. Lo sé, de inmediato lo olvido y esa voz de madre vuelve a llegarme desde afuera.
De esta forma hemos avanzado mucho.

Yo soy Caperucita. Soy mi propia madre, avanzo hacia la abuela, me acecha el lobo.
¿Y en ese bosque no hay otros animales?, me preguntan los desprevenidos. Por supuesto que sí. Los hay de toda laya, de todo color, tamaño y contextura. Pero el susodicho es el peor de todos y me sigue de cerca, no me pierde pisada.
Hay bípedos implumes muy sabrosos; otros que prometen ser sabrosos y después resultan amargos o indigestos. Hay algunos que me dejan con hambre. La canastita se me habría llenado tiempo atrás si no fuera como un barril sin fondo. Abuela va a saber apreciarlo.
Alguno de los sabrosos me acompaña por tramos bastante largos. Noto entonces que el bosque poco a poco va cambiando de piel. Tenemos que movernos entre cactus de aguzadas espinas o avanzar por pantanos o todo se vuelve tan inocuo que me voy alejando del otrora sabroso, sin proponérmelo, y de golpe me encuentro de nuevo avanzando a solas en el bosque de siempre.
Uno que yo sé se agita, me revuelve las tripas.

Pirincho. Mi lobo.
Parece que la familiaridad no le cae en gracia.
Se me ha alejado. A veces lo oigo aullar a la distancia y lo extraño. Creo que hasta lo he llamado en alguna oportunidad,
sobre todo para que me refresque la memoria. Porque ahora de tarde en tarde me cruzo con alguno de los sabrosos y a los pocos pasos lo olvido. Nos miramos a fondo, nos gustamos, nos tocamos la punta de los dedos y después ¿qué?, yo sigo avanzando como si tuviera que ir a alguna parte, como si fuera cuestión de apurarse, y lo pierdo. En algún recodo del camino me olvido de él, corro un ratito y ya no lo tengo más a mi lado. No vuelvo atrás para buscarlo. Y era alguien con quien hubiera podido ser feliz, o al menos vibrar un poco.
Ay, lobo, lobo, ¿dónde te habrás metido?

Me temo que esto me pasa por haberle confesado adónde iba. Pero se lo dije hace tanto, éramos inocentes...
Por un camino tan intenso como éste, tan vital, llegar a destino no parece atractivo. ¿Estará la casa de abuelita en el medio del bosque o a su vera? ¿Se acabará el bosque donde empieza mi abuela? ¿Tejerá ella con lianas o con fibras de algodón o de lino? ¿Me podrá zurcir la capa?
Tantas preguntas.

No tengo apuro por llegar y encontrar respuestas, si las hay. Que espere, la vieja; y vos, madre, disculpáme. Tu misión la cumplo pero a mi propio paso. Eso sí, no he abandonado la canasta ni por un instante. Sigo cargando tus vituallas enriquecidas por las que le fui añadiendo en el camino, de mi propia cosecha. Y ya que estamos, decíme, madre: la abuela, ¿a su vez te mandó para allá, al lugar desde donde zarpé? ¿Siempre tendremos que recorrer el bosque de una punta a la otra?
Para eso más vale que nos coma el lobo en el camino.

¿Lobo está?
¿Dónde está?
Sintiéndome abandonada, con los ojos llenos de lágrimas, me detengo a remendar mi capa ya bastante raída. A estas alturas el bosque tiene más espinas que hojas. Algunas me son útiles: si antes me desgarraron la capa, ahora a modo de alfileres que mantengan unidos los jirones.

Con la capa remendada, suelta, corro por el bosque y es como si volara y me siento feliz. Al verme pasar así, alguno de los desprevenidos pega un manotón pretendiendo agarrarme de la capa, pero sólo logra quedarse con un trozo de tela que alguna vez fue roja.
A mí ya no me importa. La mano no me importa ni me importa mi capa. Sólo quiero correr y desprenderme. Ya nadie se acuerda de mi nombre. Ya habrán salido otras caperucitas por el bosque a juntar sus frutillas. No las culpo. Alguna hasta quizá haya nacido de mí y yo en alguna parte debo de estarle diciendo: nena, niñita hermosa, llévale esta canastita a tu abuela que vive del otro lado del bosque. Pero ten cuidado con el lobo. Es el Lobo Feroz.
¡Feroz! ¡Es como para morirse de la risa!
Feroz era mi lobo, el que se me ha escapado.
Las caperucitas de hoy tienen lobos benignos, incapaces. Ineptos. No como el mío, reflexiono, y creo recordar el final de la historia.
Y por eso me apuro.

El bosque ya no encierra secretos para mí aunque me reserva cada tanto alguna sorpresita agradable. Me detengo el tiempo necesario para incorporarla a mi canasta y nada más. Sigo adelante. Voy en pos de mi abuela (al menos eso creo).

Y cuando por fin llego a la puerta de su prolija cabaña hecha de troncos, me detengo un rato ante el umbral para retomar aliento. No quiero que me vea así con la lengua colgante, roja como supo ser mi caperuza, no quiero que me vea con los colmillos al aire y la baba chorreándome de las fauces.
Tengo frío, tengo los pelos ásperos y erizados, no quiero que me vea así, que me confunda con otro. En el dintel de mi abuela me lamo las heridas, aúllo por lo bajo, me repongo y recompongo.
No quiero asustar a la dulce ancianita: el camino ha sido arduo, doloroso por momentos, por momentos sublime.
Me voy alisando la pelambre para que no se me note lo sublime.
Traigo la canasta llena. Y todo para ella. Que una mala impresión no estropee tamaño sacrificio.

Dormito un rato tendida frente a su puerta pero el frío de la noche me decide a golpear. Y entro. Y la noto a abuelita muy cambiada.
Muy, pero muy cambiada. Y eso que nunca la había visto antes.
Ella me saluda, me llama, me invita.
Me invita a meterme en la cama, a su lado.
Acepto la invitación. La noto cambiada pero extrañamente familiar.
Y cuando voy a expresar mi asombro, una voz en mí habla como si estuviera repitiendo algo antiquísimo y comenta:
-Abuelita, qué orejas tan grandes tienes, abuelita, qué ojos tan grandes, qué nariz tan peluda
(sin ánimos de desmerecer a nadie).
Y cuando abro la boca para mencionar su boca que a su vez se va abriendo, acabo por reconocerla.
La reconozco, lo reconozco, me reconozco.
Y la boca traga y por fin somos una.
Calentita.

jueves, 8 de octubre de 2009

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...