sábado, 9 de enero de 2016

El cordón que se corta y no

Leí anoche todo Distancia de rescate de Samanta Schweblin de un tirón. Porque Corina quería mi opinión, porque me lo debía desde la cursada con Drucarof, porque intento escribir terror y no me sale.
Me puso nerviosa en muchas partes, me gustó mucho la idea del título y la angustia materna que causa situaciones de pánico con y sin motivos, esa herencia matrilineal que siempre está esperando una catástrofe y cree que la cercanía física puede dar seguridad (siempre me reí del clásico "Cruzá que te miro" como si la mirada materna evitara los accidentes)
Pero la nouvelle ni me voló la cabeza como se dice por ahí ni me parece rebien resuelta, me gustan muchísimo más todos los cuentos que leí de Schweblin. Ni sé de qué dicen que había que darse tanto cuenta en el final o algunos se dan cuenta ya en el inicio: ¿que la mina está muerta? No sé, no estoy segura y eso también me parece un acierto: los gusanos del inicio pueden ser los de la descomposición corporal pero también la sensación física que causa el pánico o el tener "un bicho adentro" como un niño transmigrado o un embarazo.
Para mí quedan cabos muy sueltos: qué son los chicos en la sala de espera, qué dibujan, qué hacen las enfermeras, la casa verde, los patos muertos, qué pito tocan los maridos y la atracción erótica entre las dos madres. Ya sé que el fantástico y blablabla, pero no pude reconstruir mucho con esos elementos.
Si fuera una novela mía diría que es una cagada que no está terminada. Como no es mía le veo muchos puntos a favor: buena idea, buen mecanismo, interesante la relación entre las dos mujeres, pequeños destellos muy potentes de monstruosa cotidianeidad.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...