sábado, 9 de diciembre de 2017

Y me voy a hacer este vestido

Negro, bodeaux, rosa, amarillo y manteca: rayado fino vertical en bandas horizontales.


Nola Darling

Genial el modo en que Nola les corta el rostro a sus tres amantes porque no pasan la prueba del vestido

El vestido de Nola Darling o por qué ir sexy no significa “pedir guerra”

El tercer capítulo de la serie de Spike Lee para Netflix analiza muy bien cómo el atuendo de una mujer no da derecho a que los hombres la miren, la juzguen o se propasen con ella. Incluso aunque sean su pareja.

El vestido de Nola Darling o por qué ir sexy no significa “pedir guerra”
– ¿Estás diciendo que es mi culpa que me asaltaran?
– No, solo digo que ese vestido…
Ese vestido. Un vestido negro, corto y escotado que simboliza todas esas veces que los hombres se creyeron con derecho a mirar, juzgar o propasarse con una mujer solo porque, según ellos, su ropa “iba pidiendo guerra”. El mismo que lleva la joven artista Nola Darling en el tercer capítulo de la serie homónima de Netflix, basada en la ópera prima de Spike Lee. La ficción sintetiza en poco más de media hora esa situación a la que muchas mujeres se han visto expuestas por el simple hecho de elegir un atuendo sexy y ajustado. El argumento, que es desmontado por la protagonista en el capítulo más debatido de la serie, ha servido incluso para exculpar a violadores como el del ‘caso de la minifalda’, en el que la Audiencia de Lleida afirmó que la denunciante “pudo provocar” al violador “por su vestimenta”.

Nola Darling es la heroína que necesitaba la televisión. FOTO: DAVID LEE/NETFLIX
Nola Darling cuenta la historia de una joven artista que sobrevive en Brooklyn intentando vivir de su obra mientras explora su identidad y disfruta del sexo con sus tres amantes. Una noche (atención, spoilers de baja graduación) un desconocido la asalta por la calle y, aunque consigue librarse de él, el suceso marca su rutina. Nola decide transformar su impotencia y frustración en la campaña My Name Isn’t,carteles que empapelan el barrio con su cara y la de otras mujeres. Al lema “Mi nombre no es” le siguen adjetivos como “tu zorra”, “tu mamita” o cualquiera de los improperios que muchos viandantes sueltan a las mujeres por la calle. Un grafitero anónimo destroza la obra con insultos y dibujos obscenos, en otra metáfora más de la sumisión del trabajo femenino en la actualidad. Nola decide visitar a una psicóloga después de ver cómo, tanto su arte como su cuerpo, son atacados de manera sistemática. Intentando seguir adelante con su vida y sentirse querida por ella misma, Nola se compra un vestido caro y atrevido siguiendo los consejos de su terapeuta.
“Me encanta tu vestido negro, estoy deseando quitártelo. Pero joder, esto no es una discoteca de Miami”, le dice uno de sus amantes, de posición social privilegiada, mientras la cubre con una chaqueta que ella tira al suelo acto seguido. “Francamente, Nola, si no quieres que te miren no deberías llevar este vestido”, añade más tarde. La cosa no va mucho mejor con sus otras dos parejas. Mars, un boricua a medio camino entre lo nerd, lo hispter y la estética rap, alaga su vestido para más tarde responsabilizarlo de una trifulca discotequera con otro hombre que intentaba sobrepasarse con Nola. “¿Sabes qué? Mi vestido no tiene la culpa de que ese tío sea idiota, es cosa suya. Me pongo lo que me da la gana y punto. Si no puedes lidiar con este vestido quizá no puedas lidiar conmigo, Mars”, afirma para después abandonarlo en mitad de la calle. Greer, el tercero en discordia; fotógrafo y narcisista de profesión, encuentra en el vestido una excusa para cosificarla y tratarla como si fuera una de sus modelos.
Una de las imágenes contra el acoso callejero que crea el personaje. FOTO: NETFLIX
Ninguno de los tres entiende por qué Nola se cabrea. Tampoco parece que su intención inicial fuera ofender a ‘su’ chica. Pero todos lo hacen. Por eso el capítulo ha conseguido poner sobre la mesa –y sobre lostimelines de las redes sociales–, la reflexión que muchos de estos individuos deberían de hacerse antes de opinar sobre el atuendo o el cuerpo de una mujer. Incluso aunque la conozcan y, por descontado, si son extraños. “A medida que los hombres utilizamos las redes sociales para denunciar comportamientos como el de los depredadores de Hollywood y dejar claro que no somos como la escoria de nuestro género, un episodio como este provoca que incluso nosotros, tipos decentes, tengamos que reflexionar sobre cómo nuestras palabras y nuestras acciones podrían herir, sin saberlo, a las mismas mujeres que amamos”, resume Matt Melis en su crítica para Consequence of Sound.
El personaje interpretado por DeWanda Wise es juzgada por ser mujer, negra y artista. FOTO: DAVID LEE/NETFLIX
Nola Darling aborda en ese capítulo un debate tan interesante y actual como los que plantea en los otros nueve. Como decíamos al principio, la serie es una adaptación de la ópera prima de Spike Lee (She’s Gotta Have it), y cuya relectura se levanta ahora como una obra tan ejemplificadora como vergonzante de la sociedad en la que vivimos: 30 años después, los pecados de la sociedad siguen repitiéndose. Nola Darling es la heroína de un tiempo en el que ya no debería serlo, que lucha contra el acoso callejero, disfruta y reclama la libertad sexual femenina, defiende que no son necesarias las operaciones de estética para gustar a los hombres y se enfrenta a la gentrificación en tiempos de Trump. El guion, acompañado por los monólogos de Nola mirando a cámara, resume todos los debates que ocupan la actualidad con un punto documental (hasta las portadas de los maravillosos discos que suenan se insertan entre las imágenes) y despreocupado al mismo tiempo. Por medio de hashtags como #BlackLivesMatter (homenaje al movimiento activista), Lee bautiza los capítulos y los temas de actualidad sobre los que quiere hacer reflexionar al espectador.
Una de las imágenes de la película en la que se basa la serie.
Nola Darling envía un necesario mensaje a todas las mujeres del mundo que sigan sus aventuras al otro lado de la pantalla. “No es no” aunque se tengan tres “follamigos”. Aunque primero se les haya dado pie a mantener relaciones sexuales y después se decida no continuar. “No es no” aunque se esté liberada sexualmente y se quiera disfrutar del sexo sin etiquetas. Y, por supuesto, “no es no” aunque se lleve un vestido negro corto y escotado capaz de poner en pie al restaurante más frecuentado a este lado del río Hudson. Su historia ya ha inspirado a mujeres que como @VivaLaCaLeah han decidido compartir sus experiencias en Twitter al ponerse sus minivestidos tras ver la serie. Aquíaquí y aquí dejamos tres vestidos negros, cortos y escandalosamente ajustados para todas aquellas que quieran seguir su ejemplo.

Decime afrocéntrica

She’s Gotta Have It’, la serie feminista, afrocéntrica y anti-gentrificación de Netflix que todos deberíamos ver

“Pansexual poliamorosa sexo-positiva”. Así se autodefine Nola Darling, la protagonista de la nueva serie de Netflix que está haciendo furor: She’s Gotta Have It. En esta adaptación de la ópera prima de Spike Lee de 1986, la historia de Nola, una artista emergente de 27 años de Brooklyn que ya se ha convertido en la heroïna feminista de Lee, se actualiza con una serie irresistible de 10 episodios que pone en la coctelera la gentrificación, el machismo, el mandato Trump o el panafricanismo con una exquisita banda sonora (ilustrada con ráfagas de portadas de los álbumes después de que suene cada canción), el papel central del arte africano y de la diáspora y guiños constantes al cine que definen a toda una generación.
DeWanda Wise, la actriz que interpreta a Nola Darling, protagonista de la nueva serie de Netflix, ‘She’s Gotta Have It’.
Alguien podría ver en esta serie una versión contemporánea y para la clase media de Sexo en Nueva York. Para Wiriko, quizás tenga mucho más en común con la serie ghanesa An African City. Sin embargo, nada que ver ni con la una, ni con la otra: los clichés no tienen cabida en She’s Gotta Have It, articulada desde una perspectiva orgullosamente negra y desde el universo de la clase trabajadora urbana, afrontando retos cotidianos a los que todos, y especialmente todas, podemos sentirnos identificadas.
La actriz DeWanda Wise, que da vida a Nola en la serie, interpreta a una artista luchadora en cuya vida el sexo tiene un papel fundamental. Es criticada y juzgada por una sociedad machista por ser una mujer culta, segura de sí misma y urbanita que se atreve a disfrutar del sexo sin prejuicios rechazando la monogamia. En su “cama amorosa” practica malabarismo con tres amantes masculinos bien diferentes: el empresario de Wall Street Jamie Overstreet (Lyriq Bent), el modelo y fotógrafo narcisista hijo de una francesa y un Pantera Negra, Greer Childs (Cleo Anthony) y su mejor amigo, el mensajero-rapero mitad puertorriqueño Mars Blackmon (Anthony Ramos). También entra en juego una amante femenina, la lesbiana Opal Gilstrap (Ilfenesh Hadera). Pero lógicamente, Nola no es siempre ni un personaje sexual ni una superheroína, y así, consigue rehuir los estereotipos sin dejar de representar un icono feminista negro.

Feminismo y arte urbano contra la misoginia:

No es casual que la mirada femenina marque esta serie. Tras las críticas que Spike Lee recibió por su trato a Nola en la película, como un personaje femenino ideado por un director masculino, ahora un elenco de mujeres se ha encargado de nutrir los guiones de la serie. La esposa del director, Tonya Lewis Lee, su hermana Joie Lee (que también participó en la película original e interpreta a la madre de Nola en la serie), y su hija Satchel Lee, forman parte de este elenco de afroamericanas, que incluye a las dramaturgas Eisa Davis y Lynn Nottage.
Una de las características esenciales de la serie es el retrato constante que hace de la misoginia generalizada. El hostigamiento se presenta como un elemento cotidiano de la vida de las mujeres; una amenaza constante que puede manifestarse en diversas formas de opresión. De hecho uno de los catalizadores del activismo y del arte de Nola es la agresión sexual que sufre en la calle, volviendo sola de noche. “Sexy ! ¡Sexy! ¿Cuál es tu nombre, niña?”, le grita un individuo mientras la agarra por el brazo. No es un escenario para nada infrecuente en Nueva York. Los espacios públicos son igual de hostiles para la mujer en Madrid, Barcelona, Nairobi o cualquier ciudad del mundo, y la serie se ha querido hacer eco de ello, generando un impacto real fuera de las pantallas. Tras el éxito del viral#MeToo (#YoTambién), en octubre de 2017, para denunciar el acoso, la agresión sexual y la naturaleza generalizada de la conducta misógina a través de Twitter, la campaña de la serie tenía el terreno abonado.
Lee se ha inspirado en el trabajo de la artista Tatyana Fazlalizadeh, creadora de la campaña de arte público “Stop Telling Me Smile” en 2012, para generar la intervención urbana de empapelar las calles de Brooklyn con la campaña #MyNameIsnt, una serie de carteles con caras de mujeres negras y un texto superpuesto que dice “Mi nombre no es…” seguido de varios insultos a los que Nola, como tantas otras mujeres, han sido llamadas por la calle, por ejemplo: “puta” o “perra”.

La importancia del arte africano para los afroamericanos:

La revista de negocios Bloomberg Buisiness, ya advertía en 2015 que el boom del mercado del arte africano estaba en camino. El personaje de la comisaria y galerista Clorinda Bradford (interpretada porMargot Bingham), encarna perfectamente esas predicciones, y muestra el creciente interés de los norteamericanos, especialmente las comunidades afroamericanas en búsqueda de sus raíces negadas durante siglos, por el arte africano y la diáspora africana. Antes de abrir su galería, afirma a su amiga Nola, que en esa galería habrá tanto arte negro que la gente creerá que está en la “Madre África”. “Aparta,Wangechi Mutu“, advierte Clorinda postulando a Nola como competencia directa para la artista keniana, que recibió el premio a Artista del Año del 2013 por el Museo de Brooklyn.
“Bienvenidos al Diastopian”, anuncia la comisaria imaginando la apertura de la galería. “Se trata de un movimiento de artistas Afro-céntricos con visión de futuro que cruzan fronteras para fabular, deconstruir, redefinir, afirmar y expandir la amplitud y el alcance de las voces millennials de la gente de la diáspora africana”.
Tampoco es casualidad que uno de los amantes de Nola, Jamie Overstreet, tenga en casa diferentes cuadros de la artista senegalesa-italiana Maïmouna Guerresi. O que aparezcan los famosos retratos pop del marroquí Hassan Hajjaj.
She’s Gotta Have It
Además, la serie critica especialmente cómo los blancos siguen dominando el mercado de las artes y cómo se establecen los cánones estéticos de lo que es o no es vanguardista en las creaciones emergentes de los afroamericanos desde fuera de estas comunidades. Esto queda bien reflejado con el personaje de Julius Kemper (interpretado por el actor Wallace Shawn), crítico de arte, que personifica perfectamente la figura de “foráneo” definiendo lo que debe (o no debe) ser la perspectiva política del “ser afroamericano”, generando frustraciones y traumas a jóvenes artistas que se encuentran con un conflicto interno a la hora de encontrar y construir sus propias voces.

Gentrificación, el problema del urbanita de clase media en el siglo XXI:

El barrio de Fort Greene, en Brooklyn, Nueva York, es escenario de gentrificación y el lugar escogido por Spike Lee para emplazar la serie “She’s Gotta Have It”.
Ya lo habíamos visto con otras series de Netflix, como The Get Down, centrada en el gentrificado barrio neoyorkino del Bronx. En ‘She’s Gotta Have It’, Nola reside en el barrio de Fort Greene, en Brooklyn. Un lugar aburguesado, ejemplo de un ecosistema urbano mutante donde la joven y sus padres artistas, Septima (Joie Lee, que interpretó a Clorinda en la película) y Stokely (Thomas Jefferson Byrd), luchan para construir el presente codo a codo, pero no sin conflictos y traumas, con los nuevos residentes. El aumento de los alquileres, códigos culturales diferentes trazados por los nuevos vecinos blancos y ricos, el desplazamiento de vecinos negros y latinos que, como Nola, han vivido en Brooklyn durante toda su vida… acaban por colisionar en las reivindicaciones de#BlackLivesMatter durante una reunión vecinal que contrapone a los diferentes grupos raciales del barrio.
Cada episodio se abre con la imagen de un cartel de propiedades que muestra los costosos alquileres de la vivienda en Brooklyn. Y Lee no titubea en volver a poner el arte urbano al servicio de la denuncia social, pintando letras “G” verdes en las paredes de los pisos para indicar aquellos edificios que están gentrificados. Una de las vecinas blancas de Darling, Bianca, que se queja del ruido, los vagabundos, los malos olores, los graffitis y otras “molestias” que hallan en su vecindario, dice que esa “G” es un símbolo del racismo invertido, cosa que levanta la indignación de todos los vecinos “nativos”.
La lucha cotidiana de los residentes para poder seguir viviendo en su barrio es evidente en cada uno de los personajes. Para poder salir adelante y pagar su alquiler, Nola da clases de arte en la escuela primaria de Crown Heights y pasea a perros de blancos mientras su trabajo (aún) no le da de comer. Con todo, a duras penas consigue llegar a fin de mes y costear la terapia de psicología que sigue tras haber sido agredida por la calle, con el riesgo de tener que volver a casa de sus padres si no consigue el dinero para su piso, que es a la vez su estudio de trabajo.

Ser africano o afrodescendiente bajo el mandato Trump (¿y el de Rajoy?):

Wole Soyinka, el primer africano en ganar el Nobel de Literatura, destruyó su Tarjeta de Residente Permanente en Estados Unidos tras la elección de Donald Trump como presidente. Y no es de extrañar, el discurso racista y anti-inmigración de Trump ha dado evidencias de que el país más poderoso del mundo tiene a su cabeza un presidente “intelectualmente y temperamentalmente deficiente y moralmente en bancarrota”, como decía hace escasas semanas un columnista de The New York Times.
Un artículo reciente del Huffington Post explica que los afroamericanos son casi tres veces más propensos que los blancos a ser asesinados por el uso de la fuerza por parte de la policía estadounidense, que los indígenas tienen casi el triple de probabilidades de sufrir tal destino y los hispanos tienen el doble de probabilidades. Día tras día, la administración Trump demuestra que la segregación racial y la xenofóbia están lejos de ser un asunto superado. Sin ninguna vergüenza, el presidente Donald Trump apoyó a los supremacistas blancos y neonazis de Charlottesville el pasado agosto e indultó al conocido xenófobo antiinmigrante Joe Arpaio, el sheriff de los “campos de concentración” para hispanos…
Es por ello que Trump es otra de las piezas clave en la crítica de Spike Lee en la versión serializada de su primera película como director. Un episodio refleja la elección del presidente Trump con un descorazonador montaje de cinco minutos con “Klown Wit Da Nuclear Code”, o “Payaso con el Código Nuclear”, de Stew & The Negro Problem.
Muchos, ignorantes de las realidades cotidianas de mujeres o de negros, podrán pensar que She’s Gotta Have It es una serie más, o quizás, que no representa la realidad que nos toca vivir a los hispanoparlantes, y a los afrodescendientes que conforman nuestras sociedades… Malas noticias para ellxs: centenares de personas migrantes y racializadas tuvieron que salir el pasado 12 de noviembre en Madrid para protestar contra el “racismo estructural en España”. Y es que el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de la ONU ya ha denunciado en varias ocasiones al gobierno de Mariano Rajoy por prácticas policiales discriminatorias, las famosas devoluciones en caliente, los CIEs o las escuelas gueto.
¿Y qué decir sobre la situación de la mujer en España? En lo que llevamos de 2017 ya han sido 44 las mujeres asesinadas en España por la violencia machista más de 1,4 millones de mujeres sufriendo agresiones, abusos y acoso sexual.
¡Spike Lee ha dado en el clavo con problemas que nos afectan a todxs!
¡No os la perdáis!
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Gemma Solés i Coll
Licenciada en Filosofía (UB), posgraduada en Sociedades Africanas y Desarrollo (UPF) y Master euroafricano en Ciencias Sociales del Desarrollo: Culturas y Desarrollo en África (URV). Le interesan la música, el activismo cultural, las ciudades africanas y el turismo sostenible. Coordina la sección de Música y Artes Escénicas y presenta y dirige el magacín radiofónico Wiriko en M21. Contacto: gemma@wiriko.org

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...