jueves, 2 de julio de 2015

Libidizar el espacio universitario

POSPORNO


ACADEMIA, LIBIDO Y VERGUENZA



Al igual que ayer después de la performance en la Facultad de Ciencias Sociales, cuando en 2012, en la Universidad de la Plata se decidió que los baños no tendrían más género, hubo intensas polémicas periodísticas y en las comunidades académicas: debates en torno a la naturalización de las relaciones sociales y las tensiones entre lo que es público, lo privado y lo íntimo en la vida universitaria. En este ensayo, el doctor en Ciencias sociales y miembro del área de Comunicación, Géneros y sexualidades de la UBA Rafael Blanco reflexiona sobre cómo, desde ayer, esta compleja relación se tramó de nuevo a partir de un significante insistente: el de vergüenza.




Foto texto: Eduardo Carrera




Hace cinco años, haciendo entrevistas para una investigación acerca de la cotidianidad universitaria, una estudiante de Psicología me dijo que era necesario -retomando una reflexión de Michel Foucault- “libidinizar el espacio universitario”. Ese comentario me resonó ayer cuando se llevó a cabo una actividad denominada “Posporno”, como parte del ciclo denominado “Miércoles de Placer” que se realiza periódicamente desde el año 2012 en la Facultad de Ciencias Sociales de de la UBA organizada por el Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades. La décima edición de este ciclo contó con dos partes: una performance en espacios de tránsito de la Facultad a cargo de artistas activistas y del grupo español “PostOp” y posteriormente un debate, de hora y media de duración, entre quienes integran ese colectivo y estudiantes, investigadores/as y docentes de la Facultad.

Lo que circuló acerca de los propósitos y del marco en que se realizó la actividad en redes sociales, medios de comunicación y el boca a boca es una versión simplificada. La intervención artística, que como toda manifestación es plausible de ser juzgada en términos de gusto (“eso no es arte”, “me gustó”, “me pareció de más”, “es de mal gusto”, “no me dijo nada”, “me pareció como de los ochentas”, “del Di Tella” y otros juicios que se comentaron en estas vertiginosas horas), dio lugar a debates hasta ahora incipientes de la vida universitaria. Pareciera que ayer la sexualidad entró a la universidad, allí donde no estaba. Pero lo cierto es que la relación entre universidad y sexualidad es estrecha, y no se limita al hecho puntual de ayer como dan cuenta otros acontecimientos similares.

En el año 2009 parte de la comunidad académica de la carrera de Sociología de esa misma Facultad junto con un colectivo de artistas realizaron una intervención artístico-política denominada “Baño Revolution”. Esta consistió en modificar los cásicos íconos que indican la identidad femenina o masculina de los baños de una de las sedes de Ciencias Sociales, remplazándolos “por una multiplicidad de coloridas siluetas” diferentes de las conocidas, con el propósito de desnaturalizar “la binariedad impuesta”, y buscando así transformar “los baños en espacios de una universalidad que pretendía incluir todos los cuerpos y todos los géneros” en la facultad (Aguilar et al., 2009: 20). En 2012, por decisión de las autoridades de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata, “dejaron de existir los baños separados” por géneros: el comunicado institucional señala que “a partir de hoy, lunes 4 de junio, no existirán baños separados para varones y mujeres, sino que ahora serán en forma indistinta para varones, mujeres y para lo que cada uno decida y quiera ser”. Ambos hechos dieron lugar a intensas polémicas periodísticas y en las comunidades académicas respectivas, que se desarrollaron en distintos registros: desde el debate de ideas al agravio, en torno a la naturalización de las relaciones sociales y las tensiones entre lo que es público, lo privado y lo íntimo en la vida universitaria.
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Esta compleja relación se tramó de nuevo desde ayer a partir de un significante insistente: el de vergüenza. Fue usado como hashtag (#verguenzaFsoc), en intervenciones en los muros de las redes sociales (“siento vergüenza de estudiar acá”), o en su ajenidad (“da vergüenza que esto suceda en la universidad pública”). Pero la vergüenza es para mí un término muy escuchado en entrevistas a estudiantes: la vergüenza está presente en el modo en que se regula cotidianamente las formas posibles de habitar la vida universitaria. Sólo por tomar un ejemplo entre muchos, un grafiti en una pared del baño de mujeres de Psicología que encontré en 2009 decía: “¿dónde están las lesbianas en esta facultad?”. Otro sostenía: “Levanten las manos las les y bi de Psico, me siento la única acá”. Estas preguntas en las paredes, en una facultad en la que el 81,7% de sus estudiantes son mujeres, era un primer indicio para pensar el umbral de visibilidad que regula las expresiones de género y las identidades sexuales posibles en el espacio universitario. Si luego del año 2001, en la ciudad de Buenos Aires los debates en torno a la modificación de los marcos legales (las leyes de unión civil o matrimonio igualitario, entre otras) forjaron una redefinición de los márgenes de visibilidad de algunas sexualidades no heterosexuales (Hiller, 2010: 86), este proceso parecía presentar una discontinuidad en la vida universitaria.

La vergüenza está también presente en las formas desiguales de circulación de la palabra en la vida universitaria, desde en las clases hasta en las asambleas estudiantiles, donde a veces la profusa agenda política en torno a los géneros y sexualidades no redunda en una reflexividad sobre las propias prácticas y espacios de militancia a la hora de tomar la palabra, proponer agendas o modificar dinámicas. Nuestras prácticas docentes e investigativas también suelen esconder u olvidar el cuerpo, cuerpo siempre genérico y sexuado, algo que desde tradiciones feministas se buscó restituir en el espacio académico. Es el hecho de sentir vergüenza, el llamado a discreción o la autocensura de algunas expresiones, prácticas e identidades de género y sexualidad opera en la Universidad disciplinando lo visible, lo esperable, en el espacio público- político universitario (Blanco, 2014).

Desde ayer, en el interior mismo de la comunidad de la Facultad algunos opinan que quienes organizaron la actividad son “inútiles” que deberían ir a estudiar, que se trató de una muestra de “autoritarismo” sin antecedentes, una banda de “onanistas teóricos”, o una opereta en momento electoral (del que no se salva casi ningún candidato ni espacio político). También circuló el humor: “se terminó el mito de que en Sociales no se coge”, se tematizó el destino de la mesa en que se realizó un momento de la performance, o la del micrófono. Pero más allá del fulgor del acontecimiento, de la inmediatez de la respuesta ante la pregunta amarilla, del gusto personal o del sentido de la oportunidad de la intervención, la actividad de ayer puede ser una provocación en otro sentido: una invitación a repensar las regulaciones cotidianas de las expresiones e identidades de género en la vida universitaria, que hoy no son visibles, o dicho de otro modo: que permita redefinir las alcances de lo público de la universidad pública.



Referencias

Aguilar, P., Bacci, C., Fernández Cordero, L., Insausti, J., Peller, M., y Oberti, A. (2009). “La sociología en el tocador: apuntes sobre una intervención estético-política”. Ciencias Sociales, N° 74.
Blanco, Rafael (2014) Universidades íntimas y sexualidades públicas. La gestión de la identidad en la experiencia estudiantil. Buenos Aires: Miño y Dávila.
Hiller, Renata. (2010). “Matrimonio igualitario y espacio público en Argentina”. En: M. Aldao y L. Clérico (coord.), Matrimonio igualitario: Perspectivas sociales, políticas y jurídicas. Buenos Aires: EUDEBA.
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Se va para Barranquilla



Una cosa aventurera, una emoción muy privada e íntima

ENTREVISTA A WALTER LEZCANO


La poesía como modo de vida


Por Sebastián Basualdo




La poesía es una manera de vivir, no la mera función de largar al mundo criaturas poéticas, dijo alguna vez Marechal; y eso es exactamente lo que viene haciendo Walter Lezcano desde la publicación de su primer libro de cuentos, Jada Fire, en 2011, a lo que rápidamente le siguieron otros títulos como la novela Los mantenidos, luego Calle, editada por Milena Cacerola en 2013, y el libro de poesía Humo, por nombrar algunos de los trabajos de este joven escritor nacido en Corrientes en 1979. Su incansable labor periodística lo ha llevado a colaborar en varios de los medios gráficos más importantes, como ser Radar de Página/12, la revista Rolling Stone, Inckorruptibles, Crisis, suplemento Cultura de Tiempo Argentino y el Bacanal, entre otros.

Walter Lezcano acaba de publicar El condensador de flujo un libro de carácter existencial donde la cotidianeidad surge inaprensiva y frontal como pequeños instantes reunidos alrededor del tedio, el sexo, la amistad y el fantasma del fracaso como una mueca cínica asomándose a un costado del tiempo, vale decir la poesía “En mi caso, los libros de poesía surgen de un lugar medio enigmático e imprevisible”, dijo el escritor durante la entrevista a Télam. “En El condensador de flujo lo que quería era retratar ciertas experiencias con un lenguaje que no terminara de ser completamente accesible. Pero tampoco quería utilizar figuras retóricas que entorpeciera ese retrato. La pregunta sería, ¿cómo darle entidad y forma literaria a hechos rutinarios, y que tienden a pasar completamente desapercibidos, sin traicionar su esencia? Me di cuenta de que quise responder esa pregunta. Fracasé, por supuesto. Pero está bien que así sea. Porque la escritura lo que hace es impulsar cuestionamientos más resolver dudas. La escritura literaria no debe cumplir nunca una función asistencialista.”

¿Qué zonas sentís que te permite explorar la poesía que no encontrás en otros géneros?
Lo que tiene que ver con el caos y el misterio que significa hacer el intento de reflejar algo intangible y, a veces, indescifrable. Por otra parte, hay una cosa aventurera, de una emoción muy privada e íntima, en el hecho de buscar palabras que sirvan para atrapar un momento. Condensar significado es un laburo muy complejo. Y a esta altura del almanaque no está demás decirlo, la escritura de poesía es algo ingrato y atenta contra cualquier forma de confort. Me interesa ubicarme en esa zona de búsqueda. Por eso, también, los libros de poesía me salen muy cada tanto. Hay intensidades a las que conviene acercarse de forma espaciada y sabiendo los riesgos que se corre.



Entre tantos de los consejos magistrales de Rilke está ese famoso que dice: pregúntate en la hora más serena de la noche, ¿debo escribir? y si la respuesta es afirmativa entonces arma tu vida de acuerdo a eso. ¿Te hiciste esa pregunta alguna vez?
La verdad que sí, y agregaría algo a lo que dijo el bueno de Rilke. Porque la cuestión para mí no es tanto si debo o no escribir, sino preguntarme lo siguiente: ¿qué tipo de lenguaje es el que mejor me sirve para contar esto que quiero decir? ¿Con qué palabras me acerco a la verdad de mi texto? Ahí hay algo del orden de la desorientación y de la búsqueda en un espacio plagado de oscuridad y sin ninguna ayuda posible. Sos vos y el Word y nadie a quién pedirle un consejo. Lo tenés que encontrar solo. Como decía Bioy Casares: leer, escribir y pensar en lo que se escribe.

Sos escritor, periodista y docente, ¿de qué modo conviven todas estas actividades en vos?
Conviven de una manera un tanto complicada, y yo hago lo que puedo. Quiero decir, son tres cosas que amo hacer y son los modos que elegí de cómo habitar el planeta tierra. Pero en la vida real, esa de todos los días, los tiempos del reloj van marcándote a lo que tenés que prestarle atención y dónde estás en falta. Entonces, la entrega de una nota, la preparación de una clase y la escritura de un cuentito se superponen y piden atención sin que uno pueda hacer mucho para que las cosas se den de otro modo. Así que hay que elegir a qué ponerle fuerza, qué relegar y dónde canalizar mejor la energía. Y así se pasan los días. Eso sin contar que todavía no sé lo que es tener una cuenta de ahorro.

Cuando tenés que reseñar un libro que no te convence mucho ¿cómo abordás el trabajo?
Para el que sabe leer, incluso un mal texto siempre tiene algo para rescatar. Pero no en un sentido de beneficencia, sino en la manera en el que ese texto tiene algo para decirnos que hasta ese momento no habíamos advertido. Y también hay que ver qué tipo de lectura se hace y a qué tipo de estructura mental se está respondiendo. No es lo mismo ser un lector crítico o atento que ser un vigilante. Por ejemplo, por nombrar a alguien que me parece notable, Piglia es un lector atento y que establece relaciones impensadas en texto que ya son lugares comunes de nuestra literatura. Bueno, él encuentra ahí, en esos libros muy transitados, algo que no habíamos notado. Nunca es un lector “vigilante” en el sentido que le daba Foucault a esta palabra. Yo trato de ver de qué forma está construido un texto y trato en lo posible, además, de ver desde dónde puedo develar los hilos de su trama. Y después está la forma que hay de referir todo eso que leíste y el tiempo que hubo de pensar si realmente un texto fue comprendido. Y por otra parte, ¿cómo sabemos que realmente comprendimos el texto, cuánto tiempo hace falta para llegar a esa seguridad? Son cuestiones que muchas veces no se tienen en cuenta y habría que prestarles más atención. Es que a veces parece confundirse rigurosidad crítica con simple y desangelada opinión. Trato de moverme en sentido opuesto a ese. Es como le dijeron una vez a Bob Dylan: “recuerda, Bob, sin envidia, sin miedo y sin maldad.”

¿Estás escribiendo algo nuevo?
Estoy con tres cosas que me están volviendo loco: un ensayo y dos novelitas. El ensayo tiene que ver con Roberto Bolaño, entre otras cosas. Después, una de esas novelas que te dije, ya lo sé, me va a llevar mucho tiempo, años de búsqueda seria y endemoniada. La otra es más divertida y placentera: es una reescritura de un clásico argentino que siempre me gustó mucho. Vamos a ver qué pasa. El único plan que tengo, siempre, es terminar lo que se empieza. Deseame suerte.


TOMADO DE http://www.telam.com.ar/movil/notas/201507/111193-la-poesia-como-modo-de-vida.html

Las almas libres

Las almas libres son raras, pero las identificas cuando las ves: básicamente porque te sientes bien, muy bien, cuando estás con o cerca de ellas.



Charles Bukowski

Sanar los tejidos que han sido dañados

"La poesía es la conciencia de haber sido heridos, de haber perdido la alegría de la pura conexión con el mundo físico, y es también el poder que nos permite llegara tocar esa herida, con infinito cuidado, para sanar los tejidos que han sido dañados"


Claudia Masin, en Dificultades de la poesía, Ediciones del Dock

Poesía que tiemblan

Por qué tiemblan #8 especial Maestros argentinos
http://issuu.com/pablo-romero/docs/por_que_tiemblan_8
portada: Ant Fotografia.
maquetación: Águeda Alonso.

Crochet para las amigas

Mi blog que todo lo soporta

Me cago en vos y en la recalcada concha tuya. Hija de puta y soreta falsa e hipócrita, ¿por qué no te vas a lavar bien la jeta antes de ponérmela delante?

miércoles, 1 de julio de 2015

La Kodama jurado de cuento

Dice en feis Fernanda García Lao
1 hora · 
Estimados
Acá tienen la oportunidad de homenajear el experimento y despenalizar la obra de Jorge Luis. La Kodama, jurado de cuento. A ver esos cojones.
Bajo el tema “Cuentos de fantasía y realidad”, la Cámara Española de Comercio de la República Argentina convoca a su Segundo Concurso de Literario de...
LA-BALANDRA.COM.AR

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...