domingo, 4 de diciembre de 2016

Si os atormentan los cuidados de los derechos maternales

BACANTE:


Durante las frecuentes celebraciones de la diosa Baco, las madres se entregaban a orgías, transformadas en bancantes, y recobraban, enfurecidas, el olulu ololu de las antiguas amazonas. Solo estas fiestas eran capaces de hacer salir a las madres de sus ciudades, a veces por varios días. "Y abrazadas por la furia de sus corazones, /el ardor que las posee a todas por igual las anima a buscar nuevas bóvedas. / Desertan de sus hogares, al viento ofrecen sus gargantas y cabelleras. /Pero otras, con penetrantes aullidos llenan el éter / y cubiertas de pieles, blanden las lanzas orladas de pámpanos". "¡Io! Madres, escuchad, allí donde esteis, madres del Lacio, / si alguna vez en vuestras almas piadosas anidó, hacia la desdichada Amata / alguna gracia, si os atormentan los cuidados de los derechos maternales, soltad las cintas de vuestros cabellos, entregaos conmigo a las orgías". (Extraído de la Biblioteca, conjunto de libros y fragmentos del pasado salvado por las amantes durate el último período del caos)



Borrador para un diccionario de las amantes. Monique Wittig y Sande Zeig

sábado, 3 de diciembre de 2016

Dos monstruos y un rosal

Yo y mis putas esperanzas

¿Cómo podría él entenderme y acompañarme en el despegue de mis hijes si nunca logró ni siquiera parirlos, ni llevarlos a la escuela, ni curarles una fiebre?

No esperes nada de mí

Con el malhumor que tengo, me pongo a pensar que me jode muchísimo que se me trate como institución (sea materna, sea amorosa, sea amistosa, sea universitaria, sea docente, sea lo que mierda sea que me requiere conductas esperables y estereotipadas) en vez de como a una persona cambiante, múltiple e inestable. Hola!!!!! ¿Cuánto hace que me conocés?

Ana Prada y Pata Kramer en el Caras y caretas

Los desposeídos

Empecé esta novela de Úrsula K. Le Guin que tenía en gatera hace bastante. Es genial. Conciencia de género en cada página.
Pienso en hacer un programa escolar para todos los cursos 2017 con canon puramente escrito por mujeres.

Descolocada, desgajada, insoportable

Enojada. Quizás es que estoy enojada. No entiendo (me). No sé.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Como autora, no está encasillada en un género en particular, lo que no siempre sucede con las escritoras mujeres

las12
VIERNES, 19 DE OCTUBRE DE 2012
VISTO Y LEIDO

Pasajera en trance

Gracias a El diván victoriano, novela corta de 1953 y publicada ahora por primera vez en español, llegamos a Marghanita Laski, una singular escritora inglesa que hace foco en la identidad y el lugar social de la mujer para reflexionar sobre el hecho de reconocer al cuerpo como propio.
 Por Malena Rey
En El diván victoriano, la novela corta de Marghanita Laski que acaba de publicarse en nuestro país, se tematiza uno de los miedos más recurrentes: el de despertarse un día y que ya nadie te conozca, que tu cuerpo no te pertenezca, que nadie te crea nada de lo que decís. A medida que avanza la narración, esa aparente pesadilla se vuelve realidad: la “normalidad” se trastroca por completo y gana terreno un extrañamiento radical sobre la identidad, el tiempo y la muerte.
Los hechos narrados son en apariencia simples, como es casi todo lo que se vuelve horroroso después. En la Inglaterra de 1950, Melanie Langdon acaba de dar a luz a su hijo y el puerperio la encuentra en pleno tratamiento por tuberculosis. El médico de la familia, en vistas de una leve mejoría, decide que se acerque a su familia en vez de permanecer recluida pero, como medida de cuidado, Melanie descansará en el diván del título en vez de usar los dormitorios principales. Ella está exultante, ansiosa, y se recuesta por primera vez allí para una corta siesta; los sonidos del entorno se aquietan y apagan, y se queda dormida. Grande es su asombro (y el de los lectores) cuando despierta en el mismo diván pero en una habitación desconocida, que huele mal, y en donde la llaman con otro nombre. Melanie ya no está en el siglo XX, sino en una casa de familia en pleno 1864. Pasado el desconcierto inicial, comienza a entender que ahora ocupa otro cuerpo, el de Milly Baines, quien, víctima también de la tuberculosis, está atravesando sus últimos días de vida presa de ataques de tos intolerables, rodeada de mujeres autoritarias que la hacen sufrir. ¿Cómo reconocer un cuerpo que no es el propio? ¿Qué argumentos sirven para convencer a los desconocidos de que ella no pertenece allí? Lo único que permanece inalterable es el diván victoriano...
Este libro de Marghanita Laski es todo un descubrimiento que hay que agradecerles a los responsables del flamante sello Fiordo. Julia Ariza, lectora apasionada y ahora también editora, apunta: “Llegamos a su obra a través de una editorial londinense que tiene un catálogo dedicado sobre todo a escritoras mujeres del siglo XX. Lo interesante de la obra de Laski es que ella se propuso en cada uno de sus libros trabajar temáticas y estilos diferentes. Como autora, no está encasillada en un género en particular, lo que no siempre sucede con las escritoras mujeres”. Efectivamente, la obra de Laski es una sorpresa. Nacida en Manchester en 1915, Marghanita creció en una familia judía de intelectuales (era la sobrina del pensador socialista Harold Laski) y trabajó en moda, periodismo y edición –se ocupó durante años de redactar entradas del Oxford English Dictionary y hasta participó de programas televisivos populares de preguntas y respuestas. Escribió ficción, ensayo, biografías, un guión y una obra de teatro, pero no hay ningún tipo de “homogeneidad” en su obra. El diván victoriano es su cuarta novela, y si bien podría considerarse un relato de terror o de espanto, parece ir bastante más allá: el encorsetamiento de los géneros literarios no funciona con Laski porque aquí hay una serie de niveles de lectura que se superponen; de la tragedia a la mística, de la intriga al sobrecogimiento. Con gran cantidad de diálogos y descripciones punzantes que permiten penetrar en los sentimientos de una mujer que entra en crisis, esta historia se lee de un tirón y nos plantea interrogantes potentes que bordean la desesperación. La cuidada traducción de Martín Schifino está a tono con la dimensión metafísica y filosófica del texto, que se destaca por su trabajo con el lenguaje y por su pulso literario.
El diván victoriano
128 páginas
Traducción de Martín Schifino
www.fiordoeditorial.com.ar

Leo y se me ocurren hipótesis muy feministas con cuerpo, identidad y empoderamiento

El cuerpo que habito

“El diván victoriano”, de Marghanita Laski, es un viaje en el tiempo que termina en pesadilla. Traducida por primera vez al español, revela una escritora secreta.

POR DOLORES GIL

La premisa es fantástica: a comienzos de la década del 50 una mujer se acuesta en un viejo diván victoriano; tiene un bebé pequeño pero ha sido separada de él porque desde el comienzo del embarazo se le diagnosticó tuberculosis. Es la primera vez que el médico le permite salir de la habitación en la está confinada hace ocho meses. Se queda dormida –el diván lo había comprado en un impulso difícil de explicar, cuando buscaba una cuna para su bebé en una tienda de antigüedades– y al despertar no está en su tiempo ni en su cuerpo: era Melanie Langdon pero ahora todos la llaman Milly Baines; es 1864, está postrada en el mismo diván en una casa que le es familiar pero que es oscura y huele mal. No puede moverse porque no tiene fuerzas, y porque está bajo la vigilancia férrea de una hermana nefasta, Adelaide, que la acosa con preguntas que no puede responder. De a poco empezará a leer este nuevo mundo y este nuevo cuerpo en el que está atrapada, y tendrá que leerlos como un texto, reponiendo la información que a todo el mundo le parece obvia, atando cabos, uniendo significados.

El diván victoriano es la quinta novela de Marghanita Laski –hasta ahora inédita en Argentina–, escritora inglesa nacida en 1915, y con ella debutan los editores de Fiordo, que con este primer volumen demuestran un afinado gusto por la buena literatura al que acompañan con un amoroso trabajo de traducción y edición.

Laski nació en Manchester en una familia judía de intelectuales, y, aunque siempre se confesó atea, mantuvo a lo largo de su vida un interés constante por la religión y las experiencias místicas, que dio como fruto el libro Ecstasy en 1961. Se graduó en Lengua inglesa en Oxford y trabajó en el mundo de la moda y como panelista de radio para la BBC. Escribió novelas, obras de teatro, biografías y cuentos. Entre sus títulos más conocidos están Love on the SupertaxLittle Boy Lost (con traducción castellana), The Village, y To Bed with Grand Music. Trabajó como editora y en las últimas décadas de su vida contribuyó con el Oxford English Dictionary.

“Muero en mi muerte y en las muertes/ de quienes me suceden” reza el epígrafe de T. S. Eliot con que abre El diván victoriano, y que resuena en la inquietante pregunta que le hace Melanie a su médico –si le puede jurar que no morirá, que ya está curada– y en la respuesta, obviamente negativa, que recibe. Muerte, vida, éxtasis y enfermedad serán los temas que sutilmente Laski enhebre en la novela: desde la primera escena optimista, con una Melanie cada vez más cerca de su libertad, el relato va oscureciéndose, porque su protagonista no entiende. El viaje al pasado –se había dormido pensando en el éxtasis: “El tiempo se fue apagando, la carga solitaria de la vida humana se transformó en algo glorioso y Melanie, replegada en éxtasis, se durmió”– revelará un despertar que no será sólo del cuerpo, sino también de la conciencia. El reconocimiento es paulatino y difícil, familiar y extraño al mismo tiempo; es decir, siniestro. La maestría de Laski está en que primero hace que Melanie reconozca el espacio, luego a las personas, y por último, su propio cuerpo, acaso la tarea más dolorosa de todas.

Las metáforas del mal 

Tanto ella como su álter ego victoriano son víctimas de la tuberculosis, enfermedad que debe leerse, desde sus metáforas, como el mal que aqueja a los excesivamente apasionados, que se consumen, física y espiritualmente, en las tribulaciones de los deseos sexuales mal conducidos, siempre desbordantes. Pero no es lo mismo ser tísico en 1864 que en 1950: Melanie lo sabe, aunque la certeza de la curación se le escape una y otra vez. La conciencia de Melanie-Milly, por momentos inseparables, tenderá hacia la desintegración, no sin antes descubrir cuáles son los demonios que persiguen a ambas y que unen sus vidas irremediablemente: la violencia ejercida por los hombres sobre el cuerpo femenino, la maternidad negada y reprimida, con su carga sexual arrolladora, y, sobre todo, el pecado como instrumento de sumisión de la mujer, que revela su componente idiosincrático y su condición de sujeción a los contextos histórico-sociales que lo determinan. Vida y muerte son las dos caras del éxtasis –que se consigue a través del sexo o de la religión–, de la aniquilación de la conciencia que ya no sabe si podrá volver al futuro, o si ese –la cárcel del presente– es el tiempo que le corresponde, el tiempo en que le tocará morir: “Nunca escaparé, pensó, y la prisión eterna que imaginó le carcomió la mente y Melanie perdió el conocimiento o se durmió en medio de una pesadilla sobre el acecho, la persecución y la pérdida”.

Podría argumentarse, como lo hizo P. D. James en su prefacio a la edición inglesa, que El diván victoriano es una novela de terror. Lo es, ciertamente, por el manejo de la anécdota fantástica: un viaje en el tiempo que se convierte en pesadilla. Pero es también mucho más. Laski aborda temas complejos y sutiles a través de una conciencia atrapada, y con ello nos sorprende en lo más íntimo: en nuestra emoción.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Proliferación inmotivada de visitas

Toda bloguera que se precie suele quejarse/vanagloriarse de las muchas visitas que tiene su blog aunque nadie deje medio comentario. Eso causa un efecto extraño de ser leída no se sabe por quiénes pero, además, la leve sospecha deque mucha gente entra engañada por un buscador que la lleva a cualquier verdura que una publicó con título engañoso.
Mis entradas típicas pueden tener entre 10 y 40 lectores. De repente alguna se dispara a los 134 o a los 265. O un para se gemelan y suben a las 334 y 337. Entiendo por qué pasa en algunos casos de nombres famosos o de mi cervantinas "Poemas cervantinas". Pero siempre hay fenómenos inexplicables porque son entradas tontas o muy personales o muy muy multitudinarias. Por ejemplo:

After earth (¿Esta peli con Will Smith será la que atrajo a los buscadores de tal manera?)
663
19/11/16

Sueños instantáneos (¿La narración pedorra de un sueño mío ligó las visitas de rebote?)
666
19/11/16

En el diván victoriano pasan cosas

Estoy leyendo una novelita corta de Marghanita Lasky que se llama El diván victoriano. De 1953. Una maravilla de la literatura fantástica. Fuera los clásicos Jeckil y Hyde y las vueltas de tuerca tan repetidas. Viva el canon femenino y feminista.

Autopercepción ficcional y amores realistas

Siempre tuve una percepción fantástica de la realidad (a veces hasta maravillosa): Creo en hadas, en duendes, en animales y plantas que hablan; me caigo como Alicia en cada borde de cama, en cada alfombra, en cada escalón, el tiempo es de chicle o un pedo en un canasto, mi noción de individuo es inestable y vacilante. ¿Cómo no amar los cuentos de Silvina Ocampo y las leyendas de todos los pueblos?

El tiempo entre costuras: Primer capítulo

Lo mejor es el título y las calles y ambientes de Madrid y Túnez. El argumento y los personajes son tan trillados que incluyen primeros planos de una mirada masculina y celeste hasta el amor a primera vista (demasiado para mi hipersensibilidad torta) tanto como heroínas abandonadas en plena joda. Es lindo aveces meterse en un culebrón clásico. Veremos si estoy de humor para seguirla.

The Expanse

Serie con la Tierra y Marte en guerra por el agua y el aire. Pueblos humanos surgidos fuera del planeta y esclavizados en medio de estos dos poderes: cinturoneros se llaman porque viven en el cinturón de asteroides que rodea la Tierra. No me salía el título (un amigo feisbuquero ya me lo tiró) y la empecé sin ganas y medio entre sueños anoche. Hoy me vi dos capitulitos más y pinta para seguir pero me pierdo en las intrigas políticas y las pistas policiales que mucho no me calientan.

lunes, 28 de noviembre de 2016

American Horror Story: Fin de la 3era temporada

Toda de brujas esta temporada. Me gustó porque eran todas brujas pero también porque se jugaba mucho la maternidad, la hijidad, la hermandad y los modos de herencia, linaje y complicidad entre mujeres. El capítulo final con el duelo de las 7 maravillas por ver quién era la nueva suprema fue genial y cada núcleo narrativo fue tirando la secuencia completa para un lado y para otro más de una vez en el mismo capítulo.
Genial el final a nivel amplitud de lo brujeril, la sonrisa de la que nunca creyó ser suprema pero lo es y el infierno doméstico de Fiona (Todos los infiernos estuvieron magníficos y parece que todos incluyen la repetición como lo más desesperante).

Ana Karenina

Agarré el final de la primera parte y la segunda completa por cable. Entiendo que para la época tener un hijo con el amante y no querer volver a casarse era escandaloso pero o no lograron plasmarlo en la peli o yo ya no me asusto con nada. Me emboló bastante.

El diccionario de la pareja. De Amor a Zombie

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Cada uno lleva la pena del amor perdido como puede. Algunos escuchan boleros y miran fotos viejas, otros escriben un diccionario. Eso hicieron Matías Moscardi & Andrés Gallina con el Diccionario de la separación. De Amor a Zombie, que acaba de publicar Eterna Cadencia y que se presenta esta misma semana. Un tratado sentimental contemporáneo; un manual de supervivencia ¿cómo seguir viviendo sin la persona amada?; una novela de aventuras; un ensayo filosófico sobre el fracaso de la pareja; un recorrido "Alta Fidelidad" por películas, libros y canciones que nos flecharon. Hay un vocabulario para el amor y otro para el desamor, Matías & Andrés lo recorren sin hacer cintura al dolor pero con la inteligencia y la alegría que transmite la parodia y el humor. Estamos chochos de que nos incluyan en su gira porteña (ambos viven en la costa atlántica) y que vengan a visitarnos en la última lectura del año. 
¡No se pierdan esta noche de instrucción sentimental, queridas vaquillonas! El viernes 2 de diciembre a las 20:00 en el Bar de La Tribu, entrada gratis.
Me encanta

¿Dónde están, hermosas evangelizadoras?

Dice en feis Felix Bruzzone
4 min
Hoy feriado me entretengo en un fondito de agua que se juntó con la lluvia del sábado en una pileta recién pintada. Hay que sacar ese fondito. Primero voy con dos baldes de 20 litros. Pero al ver la cantidad de agua digo, mejor no, mejor traigo una bomba. Vuelvo a casa. Cargo una bomba y la llevo. Un breve contratiempo que se diluye al pensar que no voy a tener que sacar todos eso a baldes. Mientras la bomba saca el agua remuevo la tierra que se pegó al piso con los pies descalzos. El agua se va de a poco y se ve que la pintura quedó perfecta, a pesar de haberse mojado antes de tiempo. Es un orgullo total para un piletero el que una pintura quede así de bien. En pleno brote de orgullo golpean las palmas en el portón. Como mi cliente no sale (los que aplauden son testigos de Jehová, es entendible que mi cliente siga tomando mate) salgo yo y los atiendo. Dos mujeres. Ana, 73 años, y Gladis, 37. Las dos muy bellas y muy simpáticas. Ana me entrega un papel para leer la biblia on-line. "Para que leas tu propia biblia", dice. Tiene un gorrito marinero casi igual al mío y lentes de sol. Después me lee un fragmento de una Biblia que lleva con ella. Yo estoy de increíble buen humor, así que escucho con gran atención, casi embobado. Es un pasaje breve que habla de Dios como refugio. "Es ideal para estos tiempos", dice Ana, y cuando ya veo que va a empezar a hablar de las cosas de las que hablan siempre los testigos de jehová, ella no, empieza a hablas de qué lindas plantas que tengo en el jardín, si se puede llevar una flor. No debería dejarla pasar. Mi cliente qué diría si el piletero deja entrar a extraños para llevarse flores. Le explico la situación. Les digo: "Son muy hermosas, las dos, y se merecen estas flores, y muchas más, pero no son mías. Yo estoy trabajando acá y..." "¿Cómo trabajando? ¿Vos no sos el dueño de casa?" "No, disculpe, soy el piletero." "¡Ah!, ¿pero entonces cuándo te voy a poder volver a ver?, ¡tenés que darme tu dirección, nene!" Gladis no dice nada, se ríe un poco de la ocurrencia de la vieja. Debe estar acostumbrada a que Ana diga cosas así. En ese momento veo que por el caño que sale a la calle no sale más agua, signo de que la bomba terminó y que está chupando aire, y que podría quemarse. "Esperenmé un segundito", les digo a las adorables evangelizadoras. Cierro el portón y corro a apagar la bomba. El trámite lleva un tiempo porque hay que evitar que el agua de las mangueras vuelva por gravedad a la pileta. Entonces aprovecho para sacar la bomba, enroscar las mangueras, terminar con la poca agua que la bomba no llegó a sacar y preparar todo para irme. Y mientras lo estoy haciendo pienso, bueno, ya que estoy aprovecho y me voy, quizá Ana y Gladis necesiten ir a algún lugar y hasta podría acercarlas. Así que cargo todo y enfilo para el portón. Pero entonces, al llegar, descubro que tardé demasiado. Ellas se fueron. Estoy con la bomba en una mano y las mangueras en la otra. Abrí el portón con el pie. Pasa una moto haciendo willy. Dios es mi refugio. Dios es amor. Ama y haz lo que quieras, decía San Agustín. ¿Dónde están, hermosas evangelizadoras? ¿Dónde estaba Dios cuando se fueron?

domingo, 27 de noviembre de 2016

Jorge Consiglio

La escritura de Consiglio recupera algo que parece perdido como esas esquinas llenas de identidad que uno deja de percibir y redescubre de pronto, casi como por casualidad, en el mismo lugar y con la misma implicancia de significado que siempre tuvo. Tal vez lo que vuelva en la literatura de Consiglio sea un tono, una textura muy propia de algunos escritores argentinos y de algunas películas del gran cine del 50 y del 60 en los que una porteñidad de grisura e intensidad complejas parece manifestarse más allá de la misma obra y más allá de la firma. Jorge Consiglio es un escritor de personajes redondos, de seres que irradian eso que sucede cuando la escritura es laboriosa y precisa: una percepción que se escapa de las páginas y le hace levantar la vista al lector porque algo de ahí habla directa, secreta y eficazmente con su propia soledad, con la propia hechura de su mundo.
Los Carne estamos muy contentos de que venga a leernos algo de su nuevo libro, Villa del Parque, este viernes, a nuestra última lectura del año aniversario,

sábado, 26 de noviembre de 2016

Jodiendo en femenina

¿Vos siempre jodiendo con lo de las palabras en femenino?, me dice un idiota.
Y me agarra la melomanía biográfica y me imagino a mí misma, grandilocuente, como entrada de wikipedia: "Autora de blabla y bla, siempre jodió con las palabras en "femenino" (sic según uso de su época) hasta corregir tal vicio por el, hoy lo sabemos, correcto y adecuado término: "palabras en femenina".

Bárbara Belloc

Bárbara Belloc, por los frentes que despliega en su escritura, es la infantería, una avanzada de hombres sobre animales que se meten en el terreno como estrategas que saben que no son ellos solamente los que conquistan, que tal vez también sea el terreno el que desgarra, el que los aborda intrépido en la noche oscura. Traductora, editora, poeta, claro, pero sobre todo buscadora específica y sofisticada; quien pudo asomarse a su Ira, o a su Ambición de las flores, o a su Espantasuegras o a cualquiera de sus libros, sabe que sus intereses son vastos e inusuales, eminentemente clásicos por su ambición de desparpajo, por la fidelidad de una relación posible con la lengua, una relación que incluye el silencio de los solos y la resaca orgiástica. A Bárbara Belloc nos acercamos con trancos muy lentos en lapsos demorados, pero aquí está, clara desde la costa de Carne Argentina, llega para leernos con esa voz, esa presencia potente, en este viernes de festejo. Sean todas las vacas anoticiadas para relamerse: este Viernes 2 de diciembre a las 20:00, en el bar de la FM La Tribu, Lambaré 873.
C O L E C C I Ó N V E R A N O
¡Última lectura del año!
Me encanta

Poemas cervantinas (femeninas)


¿No hace falta aclarar verdad? Mis poemas son femeninas (¿cómo algo puede ser femenino en masculino?) El lenguaje me confunde. Y llevo unos cuantos años leyendo y teorizando sobre "lo" femenino en Cervantes y sus modos de decir el deseo dentro de los moldes genéricos y catequizados de su tiempo.

POEMAS CERVANTINAS

Manuel de Sosa Coitiño, el enamorado portugués en Los trabajos de Persiles y Sigismunda, es mi tema de nueva ponencia para el año que viene. Pero se me volvió poema mientras leía el artículo de Aurora Egido: "Poesía y peregrinación en el Persiles: el templo de la Virgen de Guadalupe."
De paso arranco con una serie de nuevos poemas con Don Miguel que quizás me ayude a escribir menos cochudamente,con menos ironía y sarcasmo y me deje unificar despliegues universitarios,de lectora y de poeta buena (de bondad, no de calidad che).




POEMAS CERVANTINAS


Manuel de Sosa Coitiño
(En Los trabajos de Persiles y Sigismunda)



“Mar sesgo,
viento largo,
estrella clara.”
El enamorado portugués
boga y recita
“no a otro
tono de instrumentos que al de remos
que sesgadamente
por el tranquilo mar
las barcas impelían.”

Boga y recita y le cuenta
su vida de enamorado
a los peregrinos que se cruza
en su bogar. No sabe
que es personaje cervantino,
que es leído por mí
400 años después
de su bogar ficcional,
que los protagonistas son los otros
y que morirá
de muerte natural
al terminar el poema.

(El suyo, no éste
que lo revive)


Paula Irupé Salmoiraghi. Nov 2016

Mueren héroes, rockeros, patriarcas. Las mujeres no mueren

Dice en feis Rita Gonzalez Hesaynes
1 h
Hay algo que está muerto. Se lo siente. Es una muerte suave, largamente esperada, algo que fue muriendo desde hace tantos años que el pasaje al submundo es una delicadeza. Los comandantes mueren. Los generales mueren y es feliz que lo hagan. El pueblo, sin embargo, queda ahí: una y otra vez se reproduce como una masa viva que no puede extinguirse, que no quiere. Mueren héroes, rockeros, patriarcas. Las mujeres no mueren, o acaso mueren menos: todas son iguales, cíclicas, para la Gran Cultura.
Decía Hobsbawm que el siglo XX fue un siglo corto, que empezó con la Guerra, la primera, y terminó con la caída del Muro. No sé si estoy de acuerdo. En 1989 el siglo se jubiló y miró jugar a sus criaturas. Crías bobas de incubadoras bobas. Crías hiperinteligentes y aburridas, girando sobre sí mismas. Qué más da. Enfermo y detenido, deja de respirar, precisamente este año. Los padres mueren y quedamos solos con nuestras ideas. Encerrados con nuestro propio espejo. Van a surgir los padres de otro siglo: padres bobos, padres hiperinteligentes y aburridos. Entonces uno quiere saludar a lo que muere, a esa energía que transformó la tierra, y se colgó una azada o un fusil. Porque somos la tierra transformada, pero también la energía que transforma. Y quizás hoy seamos un poco más libres y quizás también sepamos a quién agradecerle. Agradezcamos. Tomémonos el tiempo, pero no levantemos más altares. Lo que importa es que las herramientas esperan en el rincón del óxido. ¿A quiénes? A nosotros. No hay nadie más en esta habitación.

jueves, 24 de noviembre de 2016

martes, 22 de noviembre de 2016

Carne chilena y cordobesa

Dos escritoras singulares y talentosas nos visitan en la última noche del año de Carne Argentina: Nadia Prado, poeta chilena, de las mejores de su generación, con una larga trayectoria y títulos como Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas (2011), Copyright (2003), Simple placeres (1992) y el flamante Jaramagos. Y Natalia Ferreyra, escritora cordobesa, que este año publicó su primer libro de relatos, El resto de los días (Nudista), que revela una mirada aguda y una prosa filosa, seguramente uno de los libros de relatos más interesantes de 2016. Así que el viernes 2 de diciembre vendrá con tonadas de la cordillera y de las sierras acompañando la preciosa escritura de estas dos mujeres. Arrancamos temprano, a las 20, porque ya van a ir viendo que la toldería de La Tribu estará pletórica de invitados despidiendo el 2016, nuestra década carneada.
Me encanta
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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...