jueves, 3 de septiembre de 2026

Las hadas modernas, de Clare Pollard

 El 7 de septiembre, la voz punk, irreverente y radicalmente divertida de Clare Pollard aterriza en nuestro catálogo con «Las Hadas Modernas».


París, finales del siglo XVII. Mientras Versalles se desangra entre venenos y perfumes, un grupo de mujeres nobles (encabezado por Marie-Catherine d’Aulnoy, recién rehabilitada tras un escándalo y un matrimonio brutal) se reúne para contar historias. Un siglo antes que los hermanos Grimm, son ellas, junto a Charles Perrault, quienes están dando forma al cuento de hadas moderno: Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Rapunzel…


Historias que hablan también de sus propias vidas: de maridos violentos, encierros, hijas vendidas, amantes desaparecidos y de todo aquello que resultaba demasiado peligroso decir en voz alta. Pero entre ellas se ha colado un lobo. Y está dispuesto a llevarlas al cadalso, una a una.


Crudeza, deseo, rebeldía y mucho filo político. Bienvenidos a los verdaderos cuentos de hadas.




Tres novelas distintas con el mismo título y tema

 Las cervantas, de Martha Bátiz



MADRID, 1599. Isabel, una chica de quince años, pierde a su madre y descubre entonces la verdad que siempre le ocultaron: su padre es Miguel de Cervantes, el famoso soldado y poeta... a quien jamás ha visto. A partir de ahí, es obligada a mudarse de casa, fingir que es la criada para no mostrar su ilegitimidad y aprende a lidiar con una prima celosa y confiar en sus tías, mientras espera el regreso de ese padre ausente.

Cerca de allí, en Esquivias, Catalina, la devota esposa de Cervantes, también espera a su marido, sin sospechar que una muchacha ha irrumpido en secreto en la historia de su familia.

En tanto que Cervantes escribe su gran obra, Isabel crece, ama, se equivoca y desentraña secretos que pueden destruirlo todo. En una sociedad que le niega hasta el apellido, deberá decidir quién quiere ser... y qué está dispuesta a sacrificar para forjar su propio destino.

Con una voz vibrante y un minucioso detalle histórico, Martha Bátiz nos invita a vivir el Siglo de Oro desde los ojos de una joven inolvidable.

"Una novela conmovedora que describe con extraordinaria intimidad y veracidad las apasionantes y difíciles vidas de las mujeres que rodearon a Cervantes".

Rosa Montero

"Mientras Miguel de Cervantes inventaba al caballero andante de cuyo nombre nadie puede olvidarse, las mujeres de su familia libraban sus propias batallas contra la asfixia de la honra y las oscuridades del Siglo de Oro. Con un fabuloso pulso literario, en el telar de la mejor novela histórica, Martha Bátiz logra que las sintamos vivas, palpitantes, recobradas, inolvidables".

Irene Vallejo

"Cada palabra de este libro es un bordado donde las mujeres, las grandes solapadas de la Historia, las anónimas, las hijas bastardas, las esposas y las hermanas se reúnen finalmente en la fiesta de su propia gloria".

Elaine Vilar Madruga

"No son sombras alrededor de un genio: son el corazón que late en esta historia. Viven, trabajan, aman, se equivocan y resisten. En los corrillos del barrio, ante los jueces y en los cuartos donde se cose y se sueña, las "Cervantas" cargan con el peso de la fama ajena y de una época que vigila sus cuerpos y sus deseos. La novela coloca a Isabel, la hija silenciada, en el centro del escenario y le devuelve la voz que la historia le negó. No es una historia de estatuas, sino de piel y de riesgo: la peste en las calles, el rumor que condena, la ternura clandestina y la dignidad que no se deja domesticar. Al terminar la lectura de esta obra luminosa de Martha Bátiz nos queda la feroz experiencia de haber escuchado, por fin, a quienes nunca dejaron hablar".

Pedro Ángel Palou







Las Cervantas

Leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes

Sinopsis de Las Cervantas

Una investigación que devuelve a las mujeres de la familia Cervantes el lugar que se les negó y desmonta el mayor prejuicio de la tradición cervantina. 

Durante siglos, las mujeres de la familia de Miguel de Cervantes han permanecido a la sombra del escritor más universal de nuestras letras. Sus nombres apenas aparecen en los márgenes de las biografías cervantinas y, cuando lo hacen, suelen estar envueltos en rumores, prejuicios y sospechas. Este libro habla de ellas. De las madres, hermanas, hijas, sobrinas y esposas que sostuvieron a la familia Cervantes en tiempos de dificultades y que la historiografía convirtió injustamente en protagonistas de una leyenda negra.

A partir de documentos notariales, pleitos, testamentos, dotes y archivos apenas explorados, la antropóloga e investigadora Isabel Castro Latorre reconstruye la vida de estas mujeres y las devuelve a su verdadero contexto. Lejos de la imagen de oportunistas o mantenidas que durante décadas difundieron algunos estudiosos, las Cervantas aparecen aquí como mujeres cultas, trabajadoras, emprendedoras y capaces de defender sus derechos en una sociedad dominada por los hombres.

Las Cervantas es una investigación rigurosa y reveladora sobre la vida cotidiana, los afectos, los conflictos y las estrategias de supervivencia de una familia excepcional. Un libro que desmonta mitos, corrige una injusticia histórica y ofrece una nueva mirada sobre el universo de Cervantes a través de quienes más cerca estuvieron de él.

2 de septiembres lluviosos

 Rafa siempre decía que llovía todos sus cumples, yo le discutía que no todos. Que ele día que él nació sí llovió, fue el típico parto con corrida a las 12 de la noche en día de tormenta y montón de bebés naciendo en el Posadas a las 3 de la mañana.

Ayer le digo: Mirá qué lindo día te tocó hoy". Soleado, con jazmines de inicio de primavera. A las 23.54 de la noche se larga a llover, de la nada. Media hora antes yo había entrado el tender pensando que era al pedo total no estaba ni nublado y la ropa la había colgado tarde y empapada. Y llovió. Increíble.

Leer y escribir

 Son, para mí, como movimientos digestivos. Cosas que entran y salen, cosas que incorporo, descarto o doy a otres como alimento. Quizás también cosas que se me atragantan, que no puedo diferir, que me caen pesadas o que debo purgar.

Leer me es mucho más fluído, activo, menos conflictivo que escribir. Pero escribir es mucho más intenso en todos los sentidos, cuando lo logro y cuando no.

El otro día no sé qué le dije a mijita sobre qué libro (algunas de mis epifanías de lectura, esas que me hacen decir cosas enormes) y ella me contestó: "A mí nunca me pasó algo así con un libro". Una pena no acordarme qué le dije y sobre qué libro (de todas las enormidades que he estado leyendo). Recién ahí me avivé de que no es común esto que me pasa como lectora. Y mirá que conozco muches lectores, buenes, mediocres, caretas, pero muchas veces siento que es falta de expresión o de comunicación externa de lo que sienten al leer, nunca pensé que no lo sintieran como yo.

Te banco pero tenés que salir un poco

 Me quieren sacar de mi casa, agarrar en sus terrenos resbaladizos, llenos de caca patriarcal. Acá, en La Colorida, no pueden hacerme daño. Si elles entraran deberían reconocer lo lejos que están meando del tarro.

Soy tu piedra en el zapato

 Claro, giran unes alrededor de otres, chucéandose, atrayéndose, repeliéndose, midiéndose la chota aunque tengan concha, con fundiendo amor con dinero, reconocimiento con envidia, rivalidad con admiración, dependencia con ternura. Pobres. Y todo dentro de una imagen y un discurso muy aceptable, muy qué barbaridá, muy reconocible, clásico y apreciable por toda gente de bien.

Claro, cuando caigo yo como peludo de regalo se les oxidan todos los engranajes y no hay lubricando de mierda que les haga encontrarme un lugar adecuado en sus maquinarias.

Gente que flashea abundancia

 Es la última palabrita flasheo místico para decir que necesitan guita. Qué novedad!!! No me eufemistiques. Claro cuando les hablo de la abundancia de mis jazmines y de mis pastos de pradera llena de yuyitas me odian.

Agosto bloguer

 Vengo acá en este jueves a mediodía, recién levantada y desayunada, para entrar en calor con la escritura y descontaminar mi cuerpa de emociones exteriores, ajenas, pegagosas. Me encuentro con que empezamos etiquetas nuevas de septiembre y que agosto superó en cantidad de entradas a todos los meses anteriores del año, por mucho. No me pregunten: no calculo ni dosifico.

Casi volver al escritorio

 Con la llegada del calorcito y sin necesidad de pegarme a la estufa, me gustaría sentarme de nuevo en el escritorio que funciona como escritorio en la biblioteca, pieza que funciona como biblioteca (además del resto completo de la casa). Pero la Tigri se ocupó mi butaca y me da pena sacarla. Otras veces la dejo a ella ahí y pongo para mí una silla de las del comedor, pero son muy duras para una jornada completa de escritora.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Ganas de dibujar y pintar





 

Buscando poeta guatemalteco me ligué etos chiches usaditos






 

La primavera será nuestra!!!












 

Hace 30 años



 

Los 30 de Rafa












 

Basta de responder a demandas que nadie hace

 Yo sola me enrosco. Creo que sé lo que se espera de mí. Puaaaaaa.

Mucho compartir demasiado

 Desde el miércoles que pasado que vengo con actividades extrahogareñas. Buenas y malas. Pero basta. Quiero leer y escribir todo el día. Mañana por ahí te voy a la farmacia, al chino y nada más. Me harta mi propia responsabilidad, el querer cumplir con todo y con todes.

Tenés que

 ¿Por qué? ¿Y si no quiero?

Carne viva

 No quisiera alardear de sensibilidad extrema pero me siento toqueteada, manoseada, usada, gastada de andarme juntando con gente que me chupa, me lija, me opina, me juzga. No es que yo le actúe nada pero me rigidiza hasta sus miradas, sus voces. No quiero saber nada. Cero contacto.

martes, 1 de septiembre de 2026

Es mejor gastar dinero que corazón. El dinero crece de nuevo más deprisa.

"Es mejor gastar dinero que corazón. El dinero crece de nuevo más deprisa."


El jardín de vidrio. Tatiana Tibulack

«No te abres de piernas sin papeles.» «Grano o cizaña, tú eliges.¿Has entendido?»

 Fragmento de El jardín de vidrio de Tatiana Tibulack. P 76-77



Los hombres te apuñalan bien dentro, te dejan la espalda como un colador. Te atraviesan como si fueras una estación de tren y escupen tu corazón como si fuera una colilla. ¿Has entendido?

Había comenzado la temporada de las conservas, la ciudad bullía con el ajetreo de las mujeres. Las vecinas no habían estado nunca más guapas ni más desnudas. El verano no solo las había despojado de la ropa, sino también del resto. Şurochka llevaba una bata vieja, de percal, que la tapaba solo por aquí y por allá, y no siempre dondedebía. Y Raia anduvo en bragas y sujetador todo un mes, hasta que en la plaza se terminaron los pepinillos, los tomates y los pimientos. Tamara Pavlovna se había ido a Odesa y yo me había quedado para encurtir las coles. Tenía que ayudar a Şura y a Raia, ellas me ayudarían a mí y al final me llevaría a casa dos estantes de conservas para el invierno. Sin embargo, eso habría sido demasiado simple. Libres para hablar de lo que quisieran, sin ropa y en celo, las mujeres empezaron a instruirme.

 «Que no se te ocurra meterte ahí el dedo, ¿o te lo has metido ya?» «Si se te acerca algún hombre con caramelos o con otra cosa, echa a correr y grita. ¿Has entendido?»

La autoridad en este ámbito era, evidentemente, Raia. Su barriga grande y flácida estaba rajada por todas partes, señal de que por ahí habían salido niños. Y no de cualquier manera, sino con grandes suplicios, como una heroína. Los pechos de Raiechka corroboraban también la teoría de que su dueña había sido una madre extraordinariamente nutritiva. Le llegaban casi hasta el ombligo, como dos medias de lana sorprendidas por la lluvia. Tenía además Raia un culo que merecía ese nombre y, sobre todo, una lengua larga y desvergonzada.

«Si te crecen las tetas, escóndelas, que no son ojos.» «Las chicas no se sientan en sitios fríos, las mujeres no llevan minifalda. ¿Has entendido?»

Şurochka, por otra parte, era mujer sin serlo. La parte inferior de su cuerpo, carente de encanto, había empezado a estropearse de joven, mientras la superior apenas había descubierto qué era el placer. Nadie sabía con exactitud qué enfermedad tenía Şurochka, pero tampoco hacía falta demasiada exactitud. «Гнилые ноги, tengo las piernas huecas», decía ella con orgullo cuando le pedían una prueba de invalidez. Nadie preguntaba nada más. Sus piernas estaban, verdaderamente, huecas. Las venas de Şurochka, al igual que la lengua de Raia, rezumaban veneno, y era suficiente que se arremangara un palmo la falda para que todos se apresuraran a dejarle el asiento. Además, Şurochka también apestaba, aunque, para ser los tiempos que eran, tampoco era demasiado.

«No te abres de piernas sin papeles.» «Grano o cizaña, tú eliges.¿Has entendido?»

El repollo salió bueno, me llevé ocho tarros.

Leonas al acecho de venta quebrantable


7 poemas de Wingston GonzálezWhatsApp

Wingston González es un artista transdiciplinario nacido en Livingston, Guatemala, en 1986. Vive en Ciudad de Guatemala. Entre otras cosas, es autor de textos como Los magos del crepúsculo [y blues otra vez] (2005), Miss muñecas vudú (2013), san juan – la esperanza (2013), traslaciones (Cultura, 2015) y No budu please (2018, traducción al inglés de Urayoán Noel). Ha participado en intervenciones artísticas como Espuma sobre las piedras (2014, coreografía de Alejandra Garavito), Lugar de consuelo (2016, 2021 y 2024, con Naufus Ramírez-Figueroa), La playa espera por vos (2017, con Naufus Ramírez-Figueroa), Nuevo manual de procedimientos para una educación sentimental (2017, con Bernabé Arévalo) y Ounagülei, messenger of the ancestors (2021, con Ayrson Heráclito). Además, traduce poesía, habla demasia’o, es editor autónomo, guía de lectura y miembro del colectivo literario La Retaguardia.

***

Centavos del cielo

Tenía treinta y dos años
mis manos no eran solo mías
se agitaban en la brisa del mundo
nervaduras de un árbol que supo
demasia’o tarde de vida y estrías

Yo miraba a mis enemies, mis aliados
leonas al acecho de cebra quebrantable

Músculos la penumbra de mis ganas
Mi amor me decís por el teléfono
vi la luz del money, pero no su dulzura
vi el sol líquido del verano nuyorquino
petardo de medianoche disuelta

Y si el albor es nomás el aullido
y el anuncio la calentura no es nomás

Doble Ve, febril, la mano ciega y vagabunda
como bestia en su hora la verás
como una luz iracunda.

***

El culto a la belleza

Ayer volví a soñar con vos:
Tengo 30 y pico, una cuarto
en la casa de mi madre
Sos una invitada, te digo
esta noche te tengo de visita
Viene en un vagón de ferrocarril
la Señora que me ama
en una barca de sol a sol
como de Oriente a Occidente
y en su descenso de vértigo
yos montes ladran, los perros huyen

¿Y qué pasó, amada mía, bebé
con este hielo a medio hacer
con este hijo que nos separó
en la noche más del carajo?
¿Qué pasó, mi amor, mi Señora
con el culto a la belleza
con el amor me que profesabas
sin que lo supiera mi cabeza?

Del cuerpo los sentidos, del
sueño los apetitos y de la mente
el clima y la intemperie
Hoy volví a soñar con vos
en una loma seca
en la cama de mi madre
a donde pienso enviarte
como herramienta
que se arroja en el campo
para ser trasformada
en loto, en mano de lagarto.

***

Poema 2

vender el páramo repleto de fantasmas
las lenguas rupestres colgadas al sol
los costados cabezalcielo las trenzas
vendieron la campiña desnuda y helada
el techo rojo del sagrario la bandera
y una inmensa tv pegada a mi historia
aun temprano un funeral en el cartoon
network : en cuya plena oscuridad estoy
sujeta lingüística variante filosófica
de los huesitos de la angela yvonne davis
dislocación del mississippi cuerpo soy
de una escalera en la costa temblorosa
al sur encontraron muertos los buzos
que enviamos a buscar mi osamenta
somos a lo más tesoros sumergidos con los
desaliñados barcos de la civilización

***

Para no chambear en el más allá

Según yo que lo sabías todo, Abelino Martínez
que eran nuestros núcleos delgadas ánforas
repletas de aceite y entrañas. Y vaya que no

qué poco sabés, difunto Abelino Martínez, llega a ser

lo disperso nuestra raíz, lo inmóvil
ese y no otro nuestro cielo

Te fue dicho: puede la cepa de nuestro anhelo
violentar la justicia del mundo

Y calambre de mandíbulas abiertas
dar por cerrada toda creación e instalarnos
en el tiempo, como un aluvión de fango
para no trabajar en el más allá y afanarnos
en la figura del deseo.

***

Parranda

Que todo lo que permanecerá:
Comer como un pueblo sin reyes
Pensar como una brisa sin cambio
Adornar la frente de florescencia pura
Florecer y nada más.

***

Canción de los funerales

La otra noche estuve en un funeral, en Zacapa
«Ahora estamos agotados», dije
A la amable concurrencia que quiso escucharme
«Por el hambre, por el peso de los viejos y la liviandad de los niños
»Pero sobre todo, por tanto desvuelo estamos
»Que ya no damos una. Siempre
»Viajando, siempre confundidos, golpeamos
»A las puertas de la gente de bien
»Con las manos mortalmente heridas»

Y dije aún más—muchísimo más
Pero fuera de la familia, ni una palabra

Solíamos tener un corazón orgulloso
Y mucha high resolution frente a los vendavales
Pero ahora toca decir
«Templanza, cabecita mía, templanza»

Pasadas unas semanas, otro funeral, ahora en la Quinta Avenida
Una difunta de apellido Sánchez Rosales
Aguda como una lanza, su imagen
Recogía la transparente pátina de nuestras dudas e inquietudes
«No lloren ni por los muertos», nos dijo
«Ni por los desaparecidos. Lloren, más bien,
Por los vivos, por sus primos y sus hermanos
Asesinados frente a su puerta»

Y ofreció algunas soluciones—de hecho
Muchísimas soluciones poco agradables, paqué les cuento

Solíamos tener un corazón orgulloso
Y mucho cuero duro ante las inclemencias
Del clima y la locura del hombre
Pero ahora toca decir
«Sé paciente, vasija mía, sé paciente».

***

Como una novia

Me las arreglo para ir a ver a mi padre
como quien va de camino
a la casa de una novia, me pongo

el menos gastado de los tres pantalones
que cuelgan a los flancos
del armario de mi infancia:

Camisa limpia, corte de pelo
moderno, lentes de sol no
porque a mi papi

he de verlo de lejos, más o menos
como el cielo de Manhattan
bajo la piedra del invierno

Vos no lo sabés, pero me atavío
exactamente igual para ir a verte en
al templo los domingos

que a mi padre en enero

Es decir: de hombre completo
crecido entre espinos y regado
por yermos, excepto

que de mi padre no espero
ni más estéril beso
Qué la que hay, mi amor

has venido en un sueño
Estos son tus hijos y estos son
tus nietos

Todas las cosas ocultas vuelven
a la vida, tiempo y hambre
de por medio

Los árboles de Central Park
han florecido
como una novia en celo.

lunes, 31 de agosto de 2026

Wingston González, poesía en garífuna

 





La poesía escrita en garífuna recibe uno de los principales reconocimientos a las literaturas indígenas del continente.


Wingston González obtuvo el Premio de Literaturas Indígenas de América 2026 por Un poquito más allá. El jurado destacó cómo la obra entrelaza historia, tradición oral, espiritualidad e identidad garífuna.


González recibirá el premio el 4 de diciembre durante la FIL Guadalajara, donde también se reconocerá una obra que mantiene al garífuna como lengua de creación literaria.

Traviesa


 

En Macondo llovió durante cinco años seguidos













 

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...