domingo, 13 de diciembre de 2015

Interiores bajo nueva membrana


Hay gente que transmite mucha paz (no me vengan con la luz) y otra que me saca absolutamente de quicio.



Salirse de quicio: como una roldana que se zafa o como una ventana que suelta sus bisagras o como una mecanismo de relojería cuyos engranajes enloquecen.



Hay gente cuyas pelotudeces amo con todo mi corazón y festejo y replico y me hago eco. Otra gente que me dice buen día y ya le veo el hilo de falsa, forra, huelecaca.



Qué feo ser tan huelecaca con el divino olor a tilo que hay por todos lados.



Silvana Albertina Oyarzabal sigue cocinando y es divina vista por pantalla pero no poder probar lo que me muestra es una tortura insoportable.



Ayer tenía 11 eventos (tres a los que sí o sí quería ir sí o sí), hoy tengo 6. Y yo clavada en casa con 5 tipos arriba del techo cambiando membrana. Odio el soplete.



En medio de que se largaba ayer la tormenta y los tipos de la membrana no habían terminado, mijita y yo poniendo bibliotecas y corriendo placares. ¿Será contagiosa o hereditaria?



Bueno, no pudimos poner el armario grande en la pieza chica y el placarcito en la de Magda porque no logramos sacar uno y meter el otro por ese pasillo diminuto. Lo de entrar al baño y salir para no sé dónde, sacando o no las puertas, nunca no salió.



Chica decidida y con agujereadora, no pide ayuda ni a chongos ni a hermanos aunque tenga claustrofobia detrás de un ropero.



Llegamos a la conclusión de que cuatro estantes largos son iguales que seis estantes cortos. ¿Dónde ponemos los otros?



"No me hagas pensar ahora", me dice con la agujereadora y los tarugos en la mano. Y es un orgullo entender exactamente el fastidio de mijita.



Desparramé libros por los 6 espacios no-bibliotecales que quedaron en casa después de la caída de la bibliotequita de estantes y guías negras que estaba en el cuartito del placard. Es raro separar a esos que estuvieron tanto tiempo juntos, encontrarles nuevas relaciones, obligarlos a hacerse amigos de otros de papel igual que ellos.



(El tipo del techo está bailando o tirando cosas y me pone nerviosa)

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...