miércoles, 30 de diciembre de 2015

Un placer vampírico de disfrute y observación

CULTURA // "LA DÉBIL MENTAL"

Ariana Harwicz y la contundencia de una narración impecable

10:25 | En una breve entrevista conocemos un poco más de Ariana Harwicz, esta autora argentina radicada en Francia, que nos ofrece una novela de esas que quitan el aliento y hacen temblar el cuerpo.

Por Mariana Kozodij // Jueves 10 de julio de 2014 | 10:25

Foto de Hugo Passarello Luna
Foto de Hugo Passarello Luna
No es novedoso, en nuestra literatura contemporánea,  encontrarse con una novela que se centre más en momentos y pausas que en el desarrollo de una "trama clásica". Sin embargo, Ariana Harwicz logra atrapar de una manera casi perversa al lector en un mundo de relaciones donde los cuerpos, los deseos y las pasiones resultan ser el motor que se imprime por sobre diálogos y acciones.

En la presentación de "La débil mental" (de Mardulce editora) , Luis Sagasti remarcó el ritmo de la prosa de Harwicz, sus armonías que fluyen como canciones. Una gran observación a la hora de destacar el espíritu de esta novela, independientemente de una historia que atrapa y que por momentos resulta demasiado incestuosa de una madre, su hija y sus parejas.

La carne de la trama se desarrolla con una prosa poética que se desangra de manera lenta, generando casi un placer vampírico de disfrute y observación de detalles y frases estimulantes para el lector.  ¿Hay amor o sólo deseo?; ¿Pueden exisistir el uno sin el otro?; ¿El amor filial puede ser tan perverso?.

"La escuché con el sobrecogimiento de una débil mental que se nubla y se pierde en mil detalles a su alrededor, una plaga de microbios sobre la explanada".

***
Intercambiamos un ida y vuelta con la autora, antes de que se vuelva al campo a seguir escribiendo.

- "La débil mental" puede ser leída como una novela de relaciones, hay vacíos y contundencias bellas ¿cómo trabajaste el proceso de escritura de esos vínculos humanos?
Ariana Harwicz (AH)- Puede ser como una novela de relaciones extremas, acorraladas, anti-sociales, y también como personajes lanzados al vacío, órbitas de sí mismos que no ven nada,  que avanzan en la niebla, armados.
Mi proceso de escritura no parte de lo vincular, de la familia, del diálogo, mientras los escribo todos están solos, el amante, la madre y la hija. Los vecinos también. Todos desean algo y en el deseo se cruzan, se comen, se asesinan.


- ¿Hay algo de psicoanálisis en tu novela? ¿O es más una investigación ficcional con tintes poéticos sobre lo que acontece en ese universo femenino?
AH- No hay una intención consciente de psicoanalizar, más bien al revés. De despojar lo más posible la escritura de los caminos interpretativos aprehendidos. De las inclinaciones a las que tendemos naturalmente. Escribir es aprender a mirar de otra manera. Ya se sabe que escribir es des-automatizar. Es una investigación existencial que adquiere forma de ficción.

"Tarde de moscas lentas"; "Mi cerebro son polillas en un jarro y se ahorcan"; "Y, mientras habito la antesala, soy un escarajo dado vuelta...";"Mamá dormida, la espalda con escoliosis la vuelve yacaré"

- Es llamativo que a lo largo de la trama siempre hay una referencia a la animalidad de ciertas sensaciones o a acciones que involucran animales, en especial insectos... ¿hay una tara con eso?
AH- Tara no sé, pero sí una suerte de relación cercana con el bicherío, con los animales salvajes y en especial, con los insectos. Andan por ahí, se meten por la ventana, chocan con el vidrio, se queman en las lámparas o se pegan a la computadora mientras escribo. Me invaden. Las babosas aplastadas cuando salgo a caminar,  el griterío en el cielo en época de migraciones, su presencia física es muy fuerte.


- ¿Cómo construiste los personajes de madre e hija?
AH- Se construyeron solitas. Primero la hija, después estaba parida la madre. Las dos nacieron grandes. Las dos nacieron viciosas, degeneradas. La imagen de una vecina atontada con la naturaleza dio pie a que empiece a ver vivir a una chica adulta pero aniñada enamorada de un hombre imposible, y ahí mismo se le adosó una versión más grande de ella que no cumplía el rol de madre pero lo era. Si se disfrazaran, si intercambiaran los roles, si apagaran la luz, cualquiera de las dos podría ser madre o hija en esa casa de campo.


- La novela podría ser vista como aconteceres de sensaciones, independientemente del avance de la historia ¿Creés que puede ser leída así?
AH- Puede ser leída de cualquier manera. Como poemas. Como escenas de un film. Como una obra de teatro discontinua. Como un monólogo. Como piezas sueltas.


- ¿Cómo lees?
AH- En voz alta cuando aparecen pasajes sorprendentes, para repetirlos, para pronunciarlos mejor. Subrayando, sí, escribiendo en los márgenes, también.
Metiendo  toda clase de papeles y boletos en los libros, doblándolos, escribiendo en las hojas en blanco, haciendo manías. Como verás, no soy purista sino bastante neurótica.


- ¿Tenés algún ritual para escribir?
AH- El ritual es entrar en “zona de escritura”, como un cartel te advierte en la ruta que tengas cuidado porque empieza la zona de derrumbe,  hay un precipicio o poca iluminación. Entrar en esa área donde todo puede suceder y reinan otras reglas.


- ¿A quiénes leés?
AH-A los contemporáneos para estudiarlos, a los clásicos, manuscritos, correspondencias, biografías, ensayos, apuntes académicos.

- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
AH-Regreso al bosque en unos pocos días, ahí se verá. Habrá que volver a salir a cazar.

***

Ciertamente los lectores estaremos atentos ante la nueva "presa literaria" que nos venga a ofrecer la prosa magnífica, y bellamente poética, de Ariana Harwicz.

"La débil mental" de Ariana Harwicz
Mardulce Editora, 2014 112 páginas.

Ariana Harwicz: nació en Buenos Aires en 1977. Su primera novela "Matate, amor" (Publicada en Argentina en Paradiso, y en España en Lengua de trapo , 2012) fue traducida al hebreo, y fue también adaptada al teatro. Además es autora de un libro escrito en colaboración, "Tan intertextual que te desmayás" (Contrabando, 2013).

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...