martes, 29 de diciembre de 2015

Lo escuché en Escribir en el aire

libros
DOMINGO, 3 DE FEBRERO DE 2013

Animales sueltos

 Por Juan Pablo Bertazza
Existe cierto parentesco entre la literatura y las alturas. Hay obras llanas y hay obras que marean, obras construidas a ras del suelo y obras donde el aire escasea, obras donde la pelota no dobla. Bailando con los osos, el primer libro de relatos del programador y guionista Fernando Krapp, transcurre a varios metros de altura sobre el nivel del mar y es, por otro lado, uno de esos libros que ofrecen una escalera hacia el comienzo y otra hacia el final; puentes, acondicionadores para graduar la temperatura entre el mundo cotidiano y la cápsula literaria que no deja de ser, en el fondo, otro mundo posible.
La escalera inicial es la bellísima frase de Madame Bovary que sirve como epígrafe al libro: “la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas”. El desvío, el malentendido inicial del lenguaje y, de nuevo, las alturas. La escalera final, el gradual descenso al mundo ordinario es “Agradecimientos”: último relato del libro o posfacio muy inventivo, depende de cómo se vea, en el que Krapp explica su mito de origen como escritor a partir de una anécdota en una estación de tren, en la cual se encuentra con un genio al mejor estilo Las mil y una noches que le concede un deseo. El problema es que el genio –que, por definición son estafadores o vendedores de humo proque ni siquiera ellos pueden controlar el deseo– no entiende, no es capaz de interpretar su pedido.
Relatos de incertidumbre fantástica, como las dudas que surgen ante la vista área de un paisaje visto a ras del piso, Bailando con los osos tiene cuentos importantes como “En un principio”, donde una mujer sumisa pero ardiente de deseo empolla literalmente un hijo; “Pieles”, en que un padre fracasado lleva a su hijo escéptico a cazar animales que, acaso, no pertenezcan al reino animal; o “La milonga del futuro”, sobre un mediocre buscavidas que, en su afán por contratar a imitadores perfectos de tangueros difuntos, termina generando una tragedia digna de una película de zombies. Especialmente apto para quienes temen a las alturas, Bailando con los osos es una ópera prima que consigue producir vértigo.
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Bailando con los osos. Fernando Krapp 17 grises 121 páginas

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...