martes, 29 de diciembre de 2015

Que uno nace poeta y ya

"... una tarde vi salir a las jóvenes muy bien vestidas y compuestas, y cuando les pregunté para dónde iban, me dijo Araceli que iban para el taller de Ian.
-¿Para el taller de quién? ¿Van a arreglar un radio o la hornilla?
- Poesía -dijeron ellas-. Vamos a aprende poesía -y entonces descubrí que la poesía se aprende.
Yo pensaba que esas cosas no había que aprenderlas, que uno nace poeta y ya, pero no, me caí de nalgas con eso, y luego se le sumó Prince, que desde que el Gringo se había largado estaba más solo que el diablo y ya no le bastaba con dar sermones al pie de esa catedral demente que nunca terminaron de edificar su padre y los demás locos. La Catedral de los Negros, le dice la gente de Punta Gorda para burlarse, los hijos de puta. Pues bien, al hijito del papá le dio también por la poesía y salía todos los sábados por la tarde con las dos muchachas directo al taller de poesía en vez de dedicarse a aprender el oficio de su padre al menos, como si ya no tuvieran un artista en la familia: la tal Johannes, que en ese tiempo estudiaba en el ISA y tenía su novio italiano, un chamacón joven, de pelo largo, tatuajes y pantalón roto por ambas rodillas que, sin embargo, era buena gente e incluso se pegaba con el padre de tú a tú a construir la jodida Catedral de los Negros."




Marcial Gala. La Catedral de los Negros.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...