sábado, 30 de julio de 2016

Me fui a Rosario y ¿no te lo conté?

A veces algunas cosas parecen tan difíciles, nos llenan tanto de miedo, y después que las hacés son tan geniales y estás tan orgullosa de vos misma: Sí, después de miles de planes con trenes, autos y bondis y sin enganchar a nadie que me acompañe (mal ahí todes ustedes), me fui a Rosario casi en piyama y volví para cenar en casa.


Ayer me fui y volví yo solita a Rosario. Mi libro en marcha y la alegría de hablar con mi editora Liliana Ruiz de caminos por acá, por allá y más allá en el tiempo y en el espacio. Hablamos de sus antepasados inmigrantes y de nuestras vocaciones contradictorias para nuestras familias de origen. Ella me contaba de cómo se hizo ingeniera urbanística porque tenía caminos en la cabeza todo el tiempo y cómo empezó a comprender los motivos cuando hizo el camino de Santiago entre los pueblitos donde nacieron sus viejos.


Me costó un montón, como siempre, salir de casa y no estar todo el tiempo pensando que algo iba a explotar en mi ausencia. Al final me levanté a las 7 de la mañana, llegué a Retiro sin pasajes ni nada y la tipa de la ventanilla me dice:"Hay un micro en plataforma, ¿le digo que te espere?" Occcccccvio: 8.35 estaba saliendo para Rosario y en el asiento (cama ejecutivo) me amé tanto a mí misma que no podía creer que las vaquitas entre los pastos de afuera no se pusieran a aplaudirme.


En Baltasara Editora firmamos contrato y copiamos las fotos de tapa e interiores de mi pendrive a la máquina de Liliana. Me mostró las posibilidades de colores en tapa y los grises de las páginas de adentro. Las imágenes de la mesada de mi cocina llena de manzanas peladas y semillas de tomate casero eran un lujo en ese destino poético. Después fuimos a almorzar y seguir charlando y a las cuatro me tomé el micro de regreso. Placer y más placer y mucho orgullo.

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...