jueves, 1 de diciembre de 2016

Como autora, no está encasillada en un género en particular, lo que no siempre sucede con las escritoras mujeres

las12
VIERNES, 19 DE OCTUBRE DE 2012
VISTO Y LEIDO

Pasajera en trance

Gracias a El diván victoriano, novela corta de 1953 y publicada ahora por primera vez en español, llegamos a Marghanita Laski, una singular escritora inglesa que hace foco en la identidad y el lugar social de la mujer para reflexionar sobre el hecho de reconocer al cuerpo como propio.
 Por Malena Rey
En El diván victoriano, la novela corta de Marghanita Laski que acaba de publicarse en nuestro país, se tematiza uno de los miedos más recurrentes: el de despertarse un día y que ya nadie te conozca, que tu cuerpo no te pertenezca, que nadie te crea nada de lo que decís. A medida que avanza la narración, esa aparente pesadilla se vuelve realidad: la “normalidad” se trastroca por completo y gana terreno un extrañamiento radical sobre la identidad, el tiempo y la muerte.
Los hechos narrados son en apariencia simples, como es casi todo lo que se vuelve horroroso después. En la Inglaterra de 1950, Melanie Langdon acaba de dar a luz a su hijo y el puerperio la encuentra en pleno tratamiento por tuberculosis. El médico de la familia, en vistas de una leve mejoría, decide que se acerque a su familia en vez de permanecer recluida pero, como medida de cuidado, Melanie descansará en el diván del título en vez de usar los dormitorios principales. Ella está exultante, ansiosa, y se recuesta por primera vez allí para una corta siesta; los sonidos del entorno se aquietan y apagan, y se queda dormida. Grande es su asombro (y el de los lectores) cuando despierta en el mismo diván pero en una habitación desconocida, que huele mal, y en donde la llaman con otro nombre. Melanie ya no está en el siglo XX, sino en una casa de familia en pleno 1864. Pasado el desconcierto inicial, comienza a entender que ahora ocupa otro cuerpo, el de Milly Baines, quien, víctima también de la tuberculosis, está atravesando sus últimos días de vida presa de ataques de tos intolerables, rodeada de mujeres autoritarias que la hacen sufrir. ¿Cómo reconocer un cuerpo que no es el propio? ¿Qué argumentos sirven para convencer a los desconocidos de que ella no pertenece allí? Lo único que permanece inalterable es el diván victoriano...
Este libro de Marghanita Laski es todo un descubrimiento que hay que agradecerles a los responsables del flamante sello Fiordo. Julia Ariza, lectora apasionada y ahora también editora, apunta: “Llegamos a su obra a través de una editorial londinense que tiene un catálogo dedicado sobre todo a escritoras mujeres del siglo XX. Lo interesante de la obra de Laski es que ella se propuso en cada uno de sus libros trabajar temáticas y estilos diferentes. Como autora, no está encasillada en un género en particular, lo que no siempre sucede con las escritoras mujeres”. Efectivamente, la obra de Laski es una sorpresa. Nacida en Manchester en 1915, Marghanita creció en una familia judía de intelectuales (era la sobrina del pensador socialista Harold Laski) y trabajó en moda, periodismo y edición –se ocupó durante años de redactar entradas del Oxford English Dictionary y hasta participó de programas televisivos populares de preguntas y respuestas. Escribió ficción, ensayo, biografías, un guión y una obra de teatro, pero no hay ningún tipo de “homogeneidad” en su obra. El diván victoriano es su cuarta novela, y si bien podría considerarse un relato de terror o de espanto, parece ir bastante más allá: el encorsetamiento de los géneros literarios no funciona con Laski porque aquí hay una serie de niveles de lectura que se superponen; de la tragedia a la mística, de la intriga al sobrecogimiento. Con gran cantidad de diálogos y descripciones punzantes que permiten penetrar en los sentimientos de una mujer que entra en crisis, esta historia se lee de un tirón y nos plantea interrogantes potentes que bordean la desesperación. La cuidada traducción de Martín Schifino está a tono con la dimensión metafísica y filosófica del texto, que se destaca por su trabajo con el lenguaje y por su pulso literario.
El diván victoriano
128 páginas
Traducción de Martín Schifino
www.fiordoeditorial.com.ar

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...