lunes, 26 de diciembre de 2016

A cien metros libros

Dice en feis Natalia Romero
1 h
Cuando empecé con la librería A Cien Metros Libros vivía con mi hermana en un departamento del barrio de Almagro y los libros los guardaba en estantes arriba de mi cama. Las entregas las hacía en bici cuando salía de mi trabajo en un local de diseño.
Lo que más me gustaba era llevar libros que acaba de leer, en general de poesía. La primer caja que inauguró la librería de hecho fue de la querida editorial VOX, de mi ciudad natal, y de poesía.
Al mudarme sola la librería tuvoen espacio en el living de mi casa. Pero solo era eso. Un espacio más grande para más libros. El living era un poco oscuro y el barrio no estaba tan a mano. Estuve en pausa durante casi un año.
Estaba a punto de cerrar el proyecto, entonces decidí darme una última chance. El movimiento fue una nueva mudanza. Así apareció el departamento de San Telmo, donde la librería tendría un espacio propio, con ventanas, con lugar para que vengan visitas, para tomar mate y leer los libros, con la posibilidad de sumar nuevas editoriales.
Al mes de estar en la nueva casa la librería estaba funcionando muy bien. Tenía visitas todos los días. Recibía libros nuevos, leía mucho. La casa me parecía mágica.
Después pasó algo. Se inundó el espacio de los libros en una tormenta fuertísima.
Después el cambio hizo que volaran los precios de todo. Sostener el alquiler y la venta de los libros era difícil.
En la última mudanza (en todas, desde el principio, hace ya 6 años, estuvo conmigo Pepa, mi compañera, la encargada de abrazar a cada una y cada uno que llega a casa), tuve que hacer el trabajo que no pensé que me tocaría. Devolver libros. Muchos, muchos. A quienes me los habían dejado en consigna, a amigos, a editores, a distribuidoras.
Me quedé con los libros que ya había comprado y con algunos en consigna de la poesía que no soltaría nunca.
Tuve la comprensión de todos ellxs y de colegas a quienes les agradezco mucho.
La librería ahora está en Almagro, ha vuelto casi por casualidad, a su lugar de origen, y es un espacio chiquitito, una biblioteca de poesía que se va armando en el living donde ocurren los talleres de escritura que doy en casa.
Si no fuera por el amor que recibo de mis alumnos y por la felicidad que me produce que alguien se lleve un libro que adoro, la librería no seguiría viva.
Quiero agradecer a todxs mis colegas que siguen adelante en este rubro tan necesario y sobretodo a las editoriales que siguen creciendo, naciendo, y trabajando para que tengamos un país con la literatura que nos haga bien.
Si hay algo que no nos van a poder sacar nunca es la fuerza que tenemos para hacer lo que nos nace del deseo, del corazón.
Estaremos en reacomode hasta febrero.
Que tengamos un año nuevo con más libros, con más y más poesía.
Ph. Pau Schrott
Me encanta

Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...