sábado, 18 de julio de 2009

"Furtiva pareja contra las piedras del muro"

POEMA ERÓTICO DE ENRIQUE MOLINA



Furtiva pareja contra las piedras del muro,

oculta en la sombra.

Atraídos por sus besos

los blancos demonios de los paraísos del infierno

lanzan sobre ella su lengua arrojadiza

con promesas que no cumplirán nunca.

La ciegan con relámpagos, ansiedades,

paisajes errantes de la vagina

en una niebla de pantanos poblada de iguanas.

Ella tiembla con su rápida boca

y en sus sueños

entreabre el jardín de sus rodillas,

sus legendarios pezones resplandecen

en las colinas del verano. Él la arrastra,

la estrangula en una ardiente liturgia,

le arranca la ropa, gime por una gracia de amor,

la azota con furia, la rapta

en una oscilante piragua y el susurro del follaje

es apenas vapor de aliento, locura.

La Encantadora de Serpientes es ella,

canta en la arena

seducida por borrachos y vendedores de helados.

Amor mío, amor mío,

pero sólo unas piedras inhóspitas y la casa

se alza en un espejismo de color de brasa de leche,

el dulce techo no existe, ni la lámpara

cuando ella le clava los dientes y él aúlla

entre las fibras de su médula, congestionado,

aunque en verdad

sólo dialogan con ternura en praderas flotantes,

no palabras sino un ligero fulgor en los labios.

Pero no junto al muro sino en el espacio insensato,

más allá del Cabo de las Tormentas y el Golfo de Sumatra,

en la irrealizable ansiedad de sus almas.

Amor mío, amor mío, el humo del asado

ha invadido la casa, envuelve los cuerpos,

y tan poderoso sol en el vino y la harina,

así estaremos un día en la creación del mundo.

Ambos están revestidos por una especie de plumaje

erizado,

pero en la calle sólo hay garras,

y esa pareja

comunicándose a través de sus ramificaciones nerviosas

en cada uno de cuyos extremos

arde una chispa sofocada

en pos de ese lecho fantasma que alza su

arboladura a través de los mares

con la doncella ruborosa saltando en la fiebre.

Y él la besa

sobre la hierba del bosque donde ha caído,

porque viajan en trenes que rugen en lugares

volcánicos,

poblados de cactus, corriendo y corriendo

en el viento de la luna,

en semejante noche, en tales patíbulos donde el

condenado

muere de placer en un trono de fuego.

Amor mío, amor mío, ésta es una sonata en la calle

donde braman los ómnibus,

pero el ronco soplido de la marea está aquí,

y el tribunal de desnudas verdugas con altas botas

negras

y un látigo en la mano, las furias,

porque de todo amor nace un relámpago inconcluso.

En tales circunstancias

la mutua seducción de esas enamoradas criaturas

es sólo realidad en la carencia,

en el aire regido por los dioses,

y siempre faltará algo en la vocación de todo sueño

nacido de la tierra,

un gesto, un aleteo,

y ese destello de la presencia total

con la imposible gloria de Sodoma y Gomorra cada

vez más espléndida

en la desamparada callejuela donde, contra el muro,

una pareja se desvanece en el aire sin socorro

en una interminable cacería.

ENRIQUE MOLINA

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Lunes por la madrugada...

Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...