miércoles, 20 de mayo de 2020

El beso de la liebre



El Beso de la Liebre de la autora Daniela Tarazona

Hipólita tenía una libreta delgada en la que anotaba una línea diaria.
La libreta llevaba escrita con plumón la palabra “defender”
en la primera página.


       Sobre la novela          


« Tú vas a resucitar, Hipólita, y la resurrección es ventura y ruina.»

El beso de la liebre es una novela sobre la inmortalidad protagonizada por Hipólita Thompson, quien lleva a cabo acciones de superheroína. Es dotada con poderes y facultades especiales por Dios; sin embargo, lo relevante de sus andanzas estriba en su patetismo, en sus accidentes y en sus constantes decesos. Hipólita es inmortal, desorientada y rebelde. Trabaja como panadera en las noches y, durante el día, realiza acciones para ejercer la justicia donde considera que no la hay. Sus actos de salvamento son ridículos dentro del contexto apocalíptico que habita, y parecen no tener sentido. En la historia de la literatura, existen personajes femeninos que han roto con cierto orden establecido y han tenido un destino fatal (p. e. Madame Bovary o Naná). En la Historia, mujeres que han visto otras dimensiones han sido quemadas: las brujas. La creación del personaje de Hipólita Thompson se fundamenta en ironizar la condición de víctima en el género femenino, en llevar esta victimización hacia la farsa para indagar qué puede sucederle a una mujer inmortal y con facultades especiales, también humana y errática, si su mayor poder consiste en resucitar. Hipólita ejercerá los poderes que le han sido otorgados (telequinesia, la “suspensión aérea”, el desplazarse a gran velocidad y el talento natural de adoptar las voces y de los otros, etcétera); luego renegará de los designios de Dios pero quizá su estabilidad y sus dones se verán mermados cuando se sienta enamorada (como le sucede a Wonder Woman, según Margaret Atwood). Matará a un dragón, comerá la hoja del Tunú (un árbol mágico), porque ella buscará a la muerte.


Algunas aventuras de Hipólita Thompson

Hipólita Thompson es enviada por Dios a la tierra de los hombres, donde Guillermo Thompson la encuentra dentro de una canasta, convirtiéndose en su padre terrenal en el Territorio de Aislamiento. Dios le ha dado a Hipólita facultades adivinatorias, la inmortalidad y la telequinesia, entre otros dones. Tras predecir la muerte de Guillermo, su padre, Hipólita deja el campo y se va a la ciudad a trabajar en una panadería, donde conoce a Marcelo, un chico peculiar a quien le sale pasto en las heridas, que quiere tomar un barco para irse al Norte pero antes lograrlo se convierte en una hermosa alfombra.

El universo apocalíptico donde Hipólita buscará hacer justicia ha pasado por varias guerras, como la Guerra de las Cinco Puertas. Los perros son peligrosos porque no existe alimento para animales ni asilos, y el pudín de las empanadas que se hacen en la panadería donde trabaja parece estar hecho con la de los soldados muertos en la guerra. Los hombres pueden parir hijos y la mayoría de las madres están secas y no son capaces de amamantar a sus hijos. Se vive en una guerra perpetua.

Dios está siempre al pendiente de Hipólita por medio de su emisario, a quien envía para que le cambie el corazón por uno nuevo, mejorado por la divinidad. Las hazañas la patética Hipólita, mediante su risible heroísmo, quien se ha confeccionado un traje a la medida, hacen que su fama crezca, por lo que empiezan a surgir imitadoras de circo, pero al ver el público que las imitadoras no resucitan, se van desengañados.

Después de una de sus varias muertes, Hipólita vuelve a nacer y a ser la hija de Guillermo, y vuelve a vivir lo mismo que en su vida anterior: se va la ciudad a trabajar en una panadería y habita el mismo lugar donde había vivido antes, y la señora que le renta el cuarto con cocina y baño (la mujer de alcurnia venida a menos), la reconoce de su vida pasada y se alegra de que haya vuelto.
En su segunda vida Hipólita sigue luchando contra las injusticias. Un día la manda a llamar el señor Smith, el empresario dueño de la única fábrica que produce el pan que se come en todas las mesas. El señor Smith la cita porque en las noticias Hipólita denuncia la injusticia de que la producción de pan esté monopolizada. Ante el encuentro con Hipólita, el señor Smith se empieza a sentir mal, con ganas de morir, y se muere.

Hipólita sigue experimentando la muerte pero siempre resucita, lo cual empieza a cansarla. Además, se da cuenta de que sus actos heroicos son inútiles y tras presenciar el abuso de un padre a su hija, y darse cuenta de que no puede hacer ya nada para impedir que esa historia se repita, se deprime y decide dejar de luchar, dejarse morir por la tristeza. También empieza a sentirse debilitada por el sentimiento que despierta en ella el emisario de Dios, el amor a su palabra.

Con cada nueva muerte, Hipólita cree que alcanzará la mortalidad definitiva. Un día decide unirse al ejército y, con la ayuda de Leónidas, su fiel caballo que también puede atravesar las dimensiones del tiempo y del espacio, lucha como una guerrera, pero los otros soldados del ejército se quejaban de su soberbia y cuando ella les pide que la protejan mientras carga su arma, la dejan sola. Por ello decide dejar el ejército y pelear por cuenta propia en La Guerra de las Tres Puertas. Un soldado del ejército enemigo le arranca el corazón, y empiezan a llover pájaros verdes, pero Hipólita sigue profiriendo palabras, demostrando de ese modo su amor por el emisario. Resucita y vuelve a morir por una bala perdida, pero de nuevo resucita y vuelve a morir decapitada por un soldado, y cuando se coloca la cabeza, la coloca desalineada, de modo que su barbilla apunta siempre a la derecha.

Mientras tanto, Madame Noël, quien es esposa de un gran cirujano plástico, aprende cada día más el arte de reconstruir seres humanos, de arreglar sus defectos físicos y de coser las pieles. Está obsesionada con su proyecto de crear al Ser. Hipólita la visita y le cuenta a Noël acerca de su infancia en el Territorio de Aislamiento. Pero el emisario es enviado de nueva cuenta por Dios para operarle el corazón a Hipólita, insertándole un filtro que hará que su sangre sea siempre nueva, como la de un recién nacido. Noël se da cuenta de esto y le saca el filtro del corazón a Hipólita colocando en su lugar una piedra que le haga sentir que todas sus decisiones son certeras. Quiere apoderarse del alma de Hipólita, pero Dios se da cuenta y la castiga, eliminando a todos sus antepasados de la Historia y enviándola al exilio a un lugar de la costa, donde Noël recobra sus fuerzas hasta que tiene que enfrentarse con un dragón.

Hipólita viajará al centro de la Tierra, se enfrentará a la bestia en la cueva y buscará el árbol de Tunú para obtener la mortalidad. Siente que ha perdido el corazón, pues no encuentra su júbilo. Mientras tanto, Noël, logra dar vida al Ser. Pero Hipólita está enamorada y su ánimo recae, así como su espíritu beligerante. Los ciudadanos, decepcionados, deciden quemarla. Al resucitar Hipólita se da cuenta de que también es un ser marino, por lo que decide irse al mar, pues piensa que es su hogar. Los ciudadanos revisan el ataúd donde supuestamente fue enterrada Hipólita y se dan cuenta de que está vacío. En sus últimas aventuras va a la cueva a matar al monstruo, y llega al Más Allá, donde nada fenece y sólo queda recostarse para no dormir nunca más.

Según se comentaba, Hipólita y Noël eran la misma persona, pero nunca hubo modo de probarlo.


Los personajes

Guillermo Thompson: es el padre humano de Hipólita Thompson. Huérfano, vive solo en el Territorio del Aislamiento, donde encuentra a Hipólita en una canasta.

Hipólita Thompson: hija de los dioses, es enviada a la tierra de los hombres para cumplir los designios de Dios. Se enamora del emisario y este amor debilita sus poderes.

El Emisario: es el mensajero de Dios. Se encarga de cambiarle el corazón a Hipólita y se enamora también de ella, aunque ese amor no pueda jamás realizarse como ella quiere.

Dios: siente tedio de la divinidad heredada. Envidia a los hombres su capacidad de vivir en el mundo y envía a Hipólita para cumplir sus designios en la tierra de los hombres.

Madame Noël: arregla las deformidades de los cuerpos humanos y su objetivo primordial es la creación del Ser.

Marcelo: compañero de trabajo de Hipólita en una panadería donde trabaja. Las heridas de su cuerpo cicatrizan y les crece pasto, hasta que se convierte en alfombra.

Ser: es la creación de Nöel, una masa viviente y gelatinosa del tamaño de una habitación, a quien Hipólita destruye.

Ori: el guía de Hipólita quien la conduce a el árbol de Tunú, que la llevará a la mortalidad.


Fragmentos de El beso de la liebre

«Se vio vencida por la fuerza del amor. Los humanos comunes eran, tal vez, más fuertes que los héroes, por eso soportaban la decadencia propia del enamoramiento y afrontaban con mayor suerte sus efectos. Para los héroes como ella, la bondad del afecto era un terrible antídoto de la fuerza física e interior. La única manera de salvarse del sufrimiento habría sido perder el corazón. Por eso soñó que le sacaban el corazón del pecho. Luego, el sueño se volvió realidad, como veremos, y ella misma miraría su corazón sostenido por alguien, su corazón fuera del cuerpo.»

«—Si tu fuerza se incrementa, los hombres querrán doblegarte, les parecerás una amenaza. El horror que les produce una mujer que logra subir a la copa de los árboles es el horror ante la serpiente.»

«Desde el autobús, Noël observaba las consecuencias de la virulenta epidemia. Los ciudadanos llevaban tapabocas, no caminaban juntos y guardaban entre sí la distancia necesaria para evitar el contagio. Se trataba de una enfermedad cuya potencia residía en la soledad de los hombres. La falta de convivencia y los innumerables fármacos que promovió la medicina preventiva del Estado habían dado lugar a un virus que atacaba la sangre de quienes se habían protegido con mayor ahínco contra las enfermedades conocidas.»

«—¿Y sus poderes, señorita Thompson?
—Los conservo, pero ahora no soy capaz de usarlos. Pocas cosas me parecen condenables. Si lo que usted busca es una justificación de mis actos, le puedo decir: he perdido interés en la tierra de los hombres, ahora me embarga un sentimiento que me vuelve incapaz de pelear, espero que los ciudadanos entiendan. Discúlpeme, si quiere, con el público televidente.»

«Nadie sabía que, en realidad, el amor en aquellos tiempos era una anomalía; con el amor se permitía fallas y los habitantes de la ciudad en guerra abominaban el error. Que acierte, decían. Que se defienda. Que abandone el amor. Que dé cuenta de sus capacidades, pues ha presumido de ser fuerte. Que se dedique a lo que debe hacer. Ellos esperaban.»

«Hipólita asestó la espada con toda la fuerza de su cuerpo y con la ira de Dios en sus puños. Luego miró al Ser derrumbarse sobre el suelo, hubo un temblor de tierra, y para asegurarse de haber terminado con aquel engendro, tensó la cuerda de su arco y escogió la mejor flecha, cuya punta estaba cubierta de una sustancia indecible, lanzó la flecha y notó que cuando se enterró en la carne, el corazón robado del engendro dejó de latir.»

«A la par de Dios, el emisario no pudo contener las lágrimas. Dios no le recriminó el llanto porque ambos estaban por perder a Hipólita. El emisario le pidió a Dios que le devolviera la vida eterna, pero Dios dijo que ya no quedaba tiempo. Entonces, el emisario le suplicó que lo llevara con ella para morir a su lado. Dios aceptó su petición y lo dejó ir.»


       Sobre la autora           

Daniela Tarazona (ciudad de México, 1975) es autora de El animal sobre la piedra (2008), considerada una de las diez mejores novelas mexicanas del año por el periódico Reforma. En 2011, fue publicada en Argentina y reconocida por el diario Clarín como uno de los seis libros de narrativa extranjera más relevantes. Entre su trabajo como ensayista destaca el libro Clarice Lispector (2009). Además, formó parte de la antología Trazos en el espejo. 15 autorretratos fugaces (2011). Fue reconocida por la Feria del Libro de Guadalajara como uno de los “Los 25 secretos mejor guardados de América Latina” en 2011, y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte-FONCA. Colabora en revistas y suplementos como Letras Libres, Renacimiento y Crítica.

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