miércoles, 5 de diciembre de 2012

Triple facultad de la obra de un escritor

TROYA LITERARIA (542): Benet contra Galdós (II)


[...] La gran novela se convierte en una cosa tan indispensable como las fuerzas armadas, la marina mercante o la red telefónica, un índice del país. Esa clase de patriótica convicción –incluso compartida por aquellos que han renunciado a vivir en un país influyente pero todavía alimentan la esperanza de que pueda producir genios–, que no podía sufrir que España no contribuyese a la gran corriente naturalista con un nombre señero, es la responsable no sólo de haber elevado a Galdós a un altar ridículo, sino también de ese desmedido afán por encontrar al gran hombre de letras que nos redima de la insoslayable decadencia.

La gloria de un escritor descansará, a mi modo de ver, sobre una triple facultad de su obra, a saber: 1) que siga siendo un motivo de gozo para la clase culta; 2) que sea un acicate y fuente de inspiración para el escritor posterior y 3) (y última) que se conserve como inagotable objeto de estudio para el profesor de letras. Y ni qué decir tiene que yo pongo las dos primeras muy por encima de la última, que es la única que en el caso de Galdós se cumple hoy en día. El escritor joven nada tiene que aprender de él, y si la burguesía lo sigue leyendo es más por deber y compulsión social que por fruición. Así que solamente los profesores (y no de letras) siguen entrando a saco en la golosina galdosiana para inundar el país con sus estudios, pero ¡qué estudios! Todos son sociológicos. Y si no abundan los literarios, ¿no constituye la mejor prueba de la escasa talla artística del interesado? La sociología literaria tiene una enorme virtud: se despreocupa de la calidad artística. Si atiende al estilo, al verbo, a la dicción o al lenguaje es... en cuanto a entes sociológicos. Con un arma tan contundente se puede brillar como crítico –como, por ejemplo, brilla Lukács en el firmamento europeo– sin dar en el clavo literario más que raras veces. Se puede escribir una robusta estética o un volumen de quinientas páginas sobre la novela histórica sólo para hablar de piezas literarias muy mediocres y para no emitir un solo juicio literario. Es el conocido subterfugio del falso hombre de letras que se introduce en el campo de la literatura no para hacerla sino para hacer uso de ella: no para consagrarse a los valores literarios sino para –tras elegir uno de los muchos atributos que las letras de ayer y hoy conllevan– predicar como valor esencial un valor subordinado y crear doctrina con la denuncia de toda otra literatura que no lo profese. Y aunque casi toda doctrina termina por traicionar –en el terreno de las letras– a todo escritor que la profese, rara vez aquel que solamente es literato podrá conocer un alivio a la presión que sufre por parte de la sociedad para que se defina a sí mismo en el campo de la ideología.

[...] Yo tengo para mí que el escritor más limitado acostumbra a ser aquel que subordina su oficio a... una doctrina literaria. Esto es, el que dice saber con certidumbre qué cosa es, o debe ser, la literatura: el que tiene ideas muy claras sobre ella y –mediante conceptos– puede delimitar el arte literario y establecer sus condiciones de contorno.

Tal era –no me cabe la menor duda– la postura de Galdós, un hombre que, deslumbrado por el ejemplo francés, se propuso una especie de levantamiento catastral de la sociedad de su tiempo y entendió la novela como el topógrafo puede entender un plano parcelario. Nada que ocurriera en aquella sociedad, tuviera un carácter relevante o pusiera de manifiesto su composición y estructura debía dejar de tener su correlato en la novela. Un proyecto tan vasto como poco literario, no sólo prefigurado por unas condiciones de contorno intransgredibles sino animado de la necesidad de cubrir con él toda concepción artística, habría alcanzado una cierta grandeza de haberlo hecho con cierta delicadeza. ¿La tuvo?


JUAN BENET, fragmento de Sobre Galdós, carta remitida a Pedro Altares para Cuadernos para el Diálogo, Madrid, marzo de 1970, y recogida en Ensayos de incertidumbre, Random House Mondadori, Barcelona, 2012, págs. 140-143


Publicado por Neorrabios@ en 00:07
Tomado de http://neorrabioso.blogspot.com.ar/2012/12/troya-literaria-542-benet-contra-galdos.html

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