viernes, 12 de agosto de 2011

Editorial española Alpha Decay

Entrevistas ::
Los ojos del recién llegado
12-08-2011 | Ana S. Pareja


Tomado del blog de Eterna Cadencia

Ana Pareja, directora de la editorial española Alpha Decay, habla del próximo desembarco de la editorial en el país.

Por PZ.

enric cucurella y ana pareja

La editorial Alpha Decay lleva siete años de labores y actualmente es dirigida por Enric Cucurella y Ana S. Pareja. Cucurella era lector para Carmen Balcells y cuando sintió que aquella etapa necesitaba avanzar hacia un proyecto editorial, abrió Alpha Decay y sedujo a Balcells a que participara en el proyecto. En 2008 se incorporó Ana S. Pareja y nacieron las nuevas colecciones que hoy gozan de mayor visibilidad: Héroes Modernos está enfocada a literatura más experimental de autores jóvenes (aunque también hay clásicos como Denton Welch); Alpha Mini trabaja con primeras traducciones de textos de autores clásicos. El catálogo se engrosa año a año con entre dieciocho y veinte títulos.

Del impulso editorial y el trato con autores argentinos que han publicado, les ha surgido el proyecto de desembarcar en el país. La editora Ana S. Pareja, en medio de las tareas que implica esta apuesta, habló con nosotros de la editorial, las expectativas de invertir energías en el mercado argentino y de la situación de las editoriales independientes en España.

—Habitualmente se dice que el mercado argentino es unas diez veces más chico que el español: ¿por qué, entonces, el interés de llegar a la Argentina en lugar de expandirse todo lo posible allá?

—No se trata sólo de un proyecto económico, sino cultural. Estar aquí es impagable: tener contacto con la gente que trabaja, con autores, con personas que hace cosas distintas, como cine, o música, o revistas… No se trata sólo de vender libros, y obviamente creo que va a ser una venta bastante modesta –ojalá no; quizá con algunos títulos consigamos vender mucho–; lo interesante es establecer el contacto con la movida cultural, ver las librerías, empaparnos de las cosas que se hacen aquí, que en muchos casos están mucho mejor que las que se están haciendo en España. Es un casi más un proyecto de desembarco cultural que económico.

—¿Cómo fue la decisión de llegar al país?

—Hace unos meses empezamos a establecer un vínculo con Argentina a partir de los autores argentinos que nos interesaban y que hemos empezado a publicar: Pola Oloixarac, Fabián Casas, J. P. Zooey –un escritor bajo su seudónimo–. Es habitual pensar que la Argentina es un lugar muy vivo, efervescente en todo lo relativo a la literatura: una amplia tradición literaria, autores muy buenos, muchas editoriales… Nos interesaba establecer un vínculo más directo con el escenario literario de Buenos Aires y al mismo tiempo traer el catálogo porque tenemos un número de títulos suficiente como para que se pueda generar un interés.

—¿Con qué primeros títulos llegan?

—Traemos bastante de la colección más clásica de ensayo y filosofía y algunos títulos de la colección Héroes Modernos, como por ejemplo Una novela de Tao Lin de Richard Yates, un libro que en España ha sido muy polémico, ha habido mucho debate. Hay otros títulos que van desde los Cuentos completos de Saki a En la juventud está el placer, de Denton Welch, que lleva una faja con una frase de Aira muy elogiosa. El plan es ir trayendo poco a poco lo que más nos interesa del catálogo, que es casi todo.

—¿La presencia en Argentina les hace replantear las cláusulas de derecho de autor en nuevas contrataciones?

—Sí. Por ejemplo, a JP Zooey le contratamos la segunda novela y como en un principio todavía no estábamos distribuyendo aquí, hicimos un contrato para el mundo de lengua española exceptuando la Argentina porque él pensaba que iba a poder publicarla aquí, pero ahora hicimos un nuevo contrato con una nueva cláusula para distribuirlo acá también. Obviamente ahora pienso que voy a trabajar con más autores argentinos y que voy a empezar a publicar autores que aún no han publicado aquí u obra que no esté publicada aquí de autores publicados.

—Es llamativo que se propongan llevar autores argentinos a España, pero también publicar inéditos argentinos aquí.

—Me interesa porque desde afuera se puede dar una mirada nueva, fresca. Llegamos aquí y el mercado o el circuito editorial está establecido, todo el mundo sabe qué autores son interesantes, todo el mundo tiene la vista puesta en ciertas editoriales. Sin embargo yo casi no conozco nada y esa frescura o inocencia quizá pueda provocar búsqueda por otros caminos. Me interesan las editoriales muy pequeñas autogestionadas o llevadas por gente que lo hace de manera underground o artesanal. Sé que hay unas ferias de libros de este tipo, la FLIA; me encantaría ir ahí, no sé si va a suceder mientras esté aquí. Es lo que hacemos también en España: buscar este tipo de autor que ni siquiera ha publicado y que tampoco ha llegado pensado seriamente en publicar. Es como una independencia de la independencia.

—¿Cómo llevan adelante la investigación? ¿Con quién se informan?

—Internet es un buen punto de partida. Un poco por los blogs, teniendo un poco de ojo para detectar gente que tiene aptitudes, que está haciendo crítica o que tiene ciertas inquietudes literarias, incluso proponiéndoles textos.

—¿Tienen pensados otros puntos de llegada en América latina? ¿Colombia, México?

—Siempre estamos dándole vueltas a México; todavía no nos hemos decidido por qué no conseguimos distribuidora. También queremos distribuir en serio en Chile; ya lo estamos haciendo pero no funciona muy bien.

—¿Y en España cómo siguen?

—Estos últimos años la editorial ha pegado muy fuerte, se ha puesto bastante de moda, tenemos mucha visibilidad en prensa. Estamos empezando a perfilar bastante el tipo de lector que nos sigue y eso nos ayuda también a seguir publicando con más ojo. Hay seguidores bastante fieles. Se produce el fenómeno curioso de gente que es completista de la colección y quiere tener todos los títulos, lo que para el editor es muy satisfactorio porque habla más del trabajo general, de fondo, que de la selección en sí. Todo va bien, exceptuando problemas derivados del tema de la crisis en España, que está empezando a afectar en serio. Pero todo va viento en popa.

—Recién contabas acerca de la investigación para descubrir autores. Luego, ¿cuál es el criterio para seleccionar las obras a publicar?

—Normalmente hay dos cuestiones. Una es la juventud del autor, que aunque no es condición necesaria, sobre todo para la colección Héroes Modernos me interesa trabajar con un rango de edad entre 20 y 30 años. Otra es la innovación, que sean textos que dicen algo nuevo, que despiertan alguna inquietud porque hay algún tipo de salto, de cambio, de postura beligerante frente a las cosas que se están haciendo, frente a lo establecido. Luego, sencillamente, que los textos sean de calidad.

—¿Cómo es la relación con otras editoriales independientes?

—Ahora existe una explosión de editoriales independientes en muchas ciudades, pero sobre todo concentradas en Barcelona y en Madrid. Tenemos una relación de amistad muy cercana con muchos editores, por ejemplo Periférica, Errata Naturae, Impedimenta, Blackie Books, Asteroide… Hemos crecido juntos; las editoriales empezaron más o menos al mismo tiempo y es gente con la que coincides muy a menudo en ferias, en eventos, en presentaciones. Se ha generado este grupo de gente que se lleva bien. No es como en otras épocas: otros editores más mayores cuentan que se llevaban mal entre ellos, que había mucha competitividad, pero ahora hay un ambiente muy bueno, muy sano. Se ha generado una sensación de unión entre los editores independientes, como de haber creado algo que es de todos y que nos ayuda a todos a crecer y a ir desarrollando las editoriales.

—Así como hay una generación de escritores de 35, 40, ¿hay también una generación de editores?

—Sí. Cuando empecé como editora era la más joven de España. Era bastante poco común que una persona de veinticinco o veintiséis años estuviera haciendo de director ejecutivo, eligiendo obras, y en los últimos años mucha gente de veintisiete, veintiocho, que ahora tienen treinta se han creado sus propias editoriales. De esa franja de edad, que es la mía, hay bastante gente que está haciendo trabajo editorial. Antes se tenía la figura del editor mayor, serio, inaccesible, y de repente todas estas editoriales vienen a cambiar esta percepción. Hay una nueva generación: Jan Martí y Diana Hernández, de Blackie Books, o Diana Hernández, Paca Flores de Periférica, Irene Antón y Rubén Hernández de Errata Naturae… No pasamos de los treinta y dos o treinta y tres años, estamos haciendo un trabajo bastante similar, no tanto en la selección de títulos o en la creación del catálogo, pero sí en la idea de nuestro propio trabajo y sobre lo que es una editorial independiente.

—¿Qué similitudes y qué diferencias encontrás entre el mercado argentinos y el español?

—Los editores que conocí hasta ahora, que son editores de mi edad, jóvenes, tienen una conciencia menos arraigada con el tema de ser editor. Aquí mucha gente trabaja de otra cosa al mismo tiempo que edita –por lo menos en los casos que he visto, que es una apreciación muy superficial–, llevan menos años, vienen de otras disciplinas. Veo una relación más relajada con la percepción que se tiene de la propia editorial, de la inversión de energía y trabajo. Parece más tranquilo, con menos competitividad entre editores, menos ansiedad con los proyectos. En librerías, en cambio, es alucinante: hay muchísimas más librerías que en cualquier ciudad española. La ciudad es mucho más grande, pero igual es evidente una superpoblación de librerías en la ciudad y eso es fantástico. Que exista una trama tan nutrida de librerías, de editores y de autores hace que todo sea más relajado también porque es algo que pertenece a la ciudad, que ya está asentado. En España todo está en un movimiento mucho más frenético, hay una lucha más palpable.

—¿Ese movimiento promueve más vanguardias que Buenos Aires?

—Yo creo que no. Los ojos de una persona que recién llega siempre son mucho más benévolos y entusiastas frente a lo que ven, pero aquí estoy viendo gente que hace muchísimas cosas interesantes, raras y complicadas, que no se sabe de dónde salen. En España todo está más pautado, más trillado. La gente está más acomodada y no soy la primera que lo piensa: tengo amigos editores que han venido aquí y han vuelto fascinados con la movida cultural.

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