Acabo de llegar de la facu. Molida, dormida, muerta de hambre. Desde las 7 de la mañana que salí en bondi, tren, bondi con Yani (mi guía espiritual en esto de ser una chica prolija) hasta ahora que vuelvo en auto con Ariel (promesa, promesa que seguimos juntos en esta).
La profe del seminario que elegí con tanta ilusión no vino ni avisó nada, el profe de Linguística me aburrió un poco, me organizó otro poco y no nos dio recreo.
Pero yo hice mis propios recorridos: ante la ausencia me fui al aula de Vila donde siempre hay amigas, amigos y Quijote, ante al hambre me clavé una tarta carísima y riquísima en la vereda de enfrente (postal ideal al sol del sábado y junto al adoquinado y la bicisenda), ante el aburrimiento me quedé con mi amiga Celia, flamante becaria del Conicet, y con el tesorito de Juan dos horas en los pasillos.
Porque la vida es bella y se vive en Letras.
sábado, 22 de marzo de 2014
Trenzar la tristeza
Trenzaré mi tristeza
Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los harìa llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.
Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.
Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…
Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.
Texto: Paola Klug
Imagen Alfredo Ramos
viernes, 21 de marzo de 2014
World Poetry Day
El origen del Día Mundial de la Poesía

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, una festividad literaria promovida por la UNESCO y con la que se pretende animar a todo el mundo a disfrutar de una de las artes literarias más valoradas pero, al mismo tiempo, más olvidadas: la poesía.
En 1999 la UNESCO se planteó instaurar un día a nivel internacional, no sólo para homenajear a los grandes poetas sino para acercar la poesía al máximo de personas posible. A partir del año 2000 se instauró definitivamente y hoy en día sirve también para dar el pistoletazo de salida al abril de los poetas, un mes floral y de primavera en el que muchos países organizan premios, recitales, homenajes y otras muchas actividades relacionadas con la poesía.
Y es que, en palabras de la UNESCO:
El principal objetivo de esta acción es sostener la diversidad de los idiomas a través de la expresión poética y dar a los que están amenazados la posibilidad de expresarse en sus comunidades respectivas
Sin embargo, el Día Mundial de la Poesía ya existía antes de que la UNESCO realizara su habitual labor para unificar y promocionar eventos a nivel internacional. El día escogido por muchos países para esta celebración era el 15 de octubre, fecha en la que se conmemora el nacimiento del poeta clásico latino Virgilio, autor de la Eneida o las Bucólicas, y que muchos conoceréis por ser el guía de Dante en su viaje al Infierno y el Purgatorio de La divina comedia. Todavía hoy, este día es utilizado para celebrar el Día Nacional de la Poesía en algunos países, o bien alguna fecha cercana, como el 5, en el caso de Inglaterra (país que, en su línea habitual, tampoco celebra el Día del Libro el 23 de abril sino el primer jueves de marzo).
Con la cercana muerte de dos grandes poetas de la generación de los novísimos, Ana María Moix y Leopoldo María Panero, esta celebración estará teñida de cierta tristeza para el mundo de la poesía en castellano. En cualquier caso, la palabra herida, la poesía, sirve para conjurar y desterrar con la misma facilidad con la que crea y destruye.
Los duendes abril y mayo
OTOÑO
Por un camino largo
color abano
juntando margaritas
se va el verano,
y se quedan los duendes,
abril y mayo,
haciendo los deberes
sobre un zapallo.
Por un camino largo
color abano
juntando margaritas
se va el verano,
y se quedan los duendes,
abril y mayo,
haciendo los deberes
sobre un zapallo.
jueves, 20 de marzo de 2014
Essas coisas que me devoram permanentemente
“Às vezes eu tenho vontade ser menos intensa, só pra poder entender como o resto do mundo aguenta essas coisas que me devoram permanentemente e de uma forma tão absurda...”
Clarice Lispector
Incapaz de imaginar el universo sin...
:: IMPRESCINDIBLES ::
Los imprescindibles de Carlos Gamerro
19-03-2014 | Carlos Gamerro
El autor de Las islas elige sus diez libros de cabecera.
Dice Gamerro: “´No puedo imaginar el universo sin la interjección de Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted! O sin el Bateau ivre o el Ancient Mariner, pero me sé capaz de imaginarlo sin el Quijote. (Hablo, naturalmente, de mi capacidad personal, no de la resonancia histórica de las obras.)´, dijo alguna vez Pierre Menard. Aquí va, entonces, una lista de diez obras sin las cuales, hoy, me sé incapaz de imaginar el universo”.
1. Moby-Dick, Herman Melville.
2.Enrique IV Partes 1 & 2, Shakespeare.
3. Almuerzo desnudo, William Burroughs.
4. Don Quijote de la Mancha, Cervantes.
5. Ulises, James Joyce.
6. El Gran Gatsby, F. Scott Fizgerald.
7. El Aleph, J. L. Borges.
8. Los sietes locos + Los lanzallamas, Roberto Arlt.
9. Soledades, Góngora.
10. Absalón, Absalón, William Faulkner.
Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/34190
Los imprescindibles de Carlos Gamerro
19-03-2014 | Carlos Gamerro
El autor de Las islas elige sus diez libros de cabecera.
Dice Gamerro: “´No puedo imaginar el universo sin la interjección de Poe: Ah, bear in mind this garden was enchanted! O sin el Bateau ivre o el Ancient Mariner, pero me sé capaz de imaginarlo sin el Quijote. (Hablo, naturalmente, de mi capacidad personal, no de la resonancia histórica de las obras.)´, dijo alguna vez Pierre Menard. Aquí va, entonces, una lista de diez obras sin las cuales, hoy, me sé incapaz de imaginar el universo”.
1. Moby-Dick, Herman Melville.
2.Enrique IV Partes 1 & 2, Shakespeare.
3. Almuerzo desnudo, William Burroughs.
4. Don Quijote de la Mancha, Cervantes.
5. Ulises, James Joyce.
6. El Gran Gatsby, F. Scott Fizgerald.
7. El Aleph, J. L. Borges.
8. Los sietes locos + Los lanzallamas, Roberto Arlt.
9. Soledades, Góngora.
10. Absalón, Absalón, William Faulkner.
Tomado de http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/34190
Teatro militante
TEATRO › SE PRESENTA HOY EN EL MUSEO DEL LIBRO Y DE LA LENGUA TEATRO MILITANTE, DE LORENA VERZERO
Cuando la escena era un arma política
La investigadora sostiene en su libro que el “teatro militante”, gravitante en el período 1969-1974 y luego resquebrajado, fue crucial para el desarrollo de la escena comunitaria en la democracia y para las experiencias actuales en cárceles, villas y fábricas.
Por María Daniela Yaccar
“¿Acaso no flota en el ambiente algo del aire que respiraron quienes nos precedieron?” Con esta frase de Walter Benjamin la investigadora Lorena Verzero abre el capítulo uno de su libro Teatro militante, radicalización artística y política en los años 70. La respuesta está implícita en las 400 páginas del título publicado por Biblos, que reúne historias de obras y de bombas en unidades básicas, de asados compartidos con el público/pueblo, manifiestos políticos firmados por colectivos de artistas, de dramaturgias surgidas de fábricas y villas, de un teatro que transitaba por el país en una casa rodante o que apoyaba explícitamente campañas políticas. A las anécdotas, contadas por los mismos protagonistas, se suma la reflexión teórica. Hoy, en la Biblioteca Nacional, la autora presentará el libro junto a representantes de lo que ella denomina “teatro militante”.
La hipótesis de Verzero, doctora en Historia y Teoría de las Artes, magister en Humanidades y licenciada y profesora de Letras, es que en los sesenta y setenta se inició en el país “un proceso de constitución de una identidad social en consonancia con los procesos mundiales y, particularmente, latinoamericanos”, que engendró un tipo específico de teatro: el militante, que comenzó a existir en 1969 y que a mediados de 1974 comenzó a resquebrajarse. Pero quedó flotando en el aire. Y, según la investigadora, fue crucial para el desarrollo del teatro comunitario en la democracia y para las experiencias en cárceles, villas y fábricas que continúan existiendo al día de hoy.
Dice Verzero, con terminología de especialista, que cuando eligió este objeto de estudio se encontró con “un desborde del campo”: “Este tema me permitía salir de los circuitos establecidos por las historias del teatro, de las metodologías y teorías. Analizar un texto o una puesta está buenísimo, pero el teatro militante desborda esa capacidad”, explica. Claro: no podía analizar textos, porque la mayoría fueron quemados o guardados quién sabe dónde ante los riesgos de la época, o ni siquiera fueron escritos. Por eso, la investigadora desarrolló su trabajo trazando un “camino transversal”, conectado con otras artes, y apeló, sobre todo, a entrevistas. “Yo venía de Letras... ¡no sabía hacerlas!”, reconoce. Pero hizo muchísimas. “No había casi registros. Si hubiese encontrado un video hubiera sido feliz”, dice.
El recorrido que traza la investigadora comienza con el teatro independiente de Leónidas Barle-tta, que fue un germen de lo que pasaría después. Pero, a diferencia del teatro militante, quedó atrapado en el idealismo de la izquierda tradicional y se acercó solamente a las clases medias, explica la autora. A la experimentación de los sesenta (con Nacha Guevara como figura importante y el Di Tella como epicentro) le siguió una relación distinta con la política, que Verzero resume del siguiente modo: se pasó de un intelectual sartreano a uno enfocado en la acción, que creía en la cultura como herramienta revolucionaria. Es en este marco que nacen Octubre, el Centro Cultural Nacional José Podestá, Once al Sur y Libre Teatro Libre, encabezados por Norman Briski, Juan Carlos Gené, Oscar Ciccone y María Escudero, respectivamente. Muchos participantes de estos grupos militaban en partidos políticos, otros consideraban que la actividad artística constituía una militancia. Y no todos eran artistas.
“Un día llegamos a Entre Ríos para hacer una obra de teatro sobre un tema burocrático del lugar –cuenta Briski–. Cuando estábamos haciendo la obra, sobre una casa rodante, apareció la policía. ‘Señor Richardet, detenga la obra’, le pedían los uniformados a Paty Richardet, un vecino que colaboraba con nosotros. Y él le empezó a contestar a la policía: ‘Ya termina la obra. Después vamos’. El público empezó a decir ‘que se vaya la yuta asquerosa’. Los tipos estaban decididos a detenernos y llevarnos a la comisaría, cosa que no sucedió gracias a Richardet.” En sus tiempos de militancia en el Peronismo de Base, el actor y director encabezó Octubre. Fue entre 1970 y 1974. Llegaban a las villas miseria y a los barrios y generaban allí historias con temas urgentes que preocupaban a la comunidad.
A sus veintipico, Mauricio Kartun integró el Centro Cultural Nacional José Podestá, popularmente conocido como La Podestá, agrupación de artistas que otorgaba un lugar preponderante a la música y que apoyó la campaña electoral de Cámpora-Solano Lima. Cuando triunfó la fórmula, el grupo estrenó Fiesta de la victoria, su segundo y último espectáculo. “La Podestá no fue exactamente un grupo, sino una agrupación dentro de la cual se formaron grupos. Lo que la caracterizaba era cierto carácter heterogéneo: se intentaba agrupar a artistas con un pensamiento ideológico común, no para hacer un proyecto artístico, porque trascendía eso”, reflexiona el dramaturgo en diálogo con Página/12. De La Podestá se desprendieron Cumpa, con Kartun a la cabeza, y el grupo que coordinaba Laura Yussem, por ejemplo.
Un dato de color es que muchos temas que después formaron parte del cancionero popular surgieron de sus espectáculos. Por ejemplo, “Para el pueblo lo que es del pueblo”, de Piero. Marilina Ross también era miembro de la agrupación, que era numerosa. “Recuerdo una función en Derqui. Al terminar, nos quedamos hasta la madrugada en la plaza del barrio, en una choriceada improvisada. Las obras continuaban en la convivencia con el espectador. Otro día, con el negro (Carlos) Carella, Ross y Oscar Rovito nos quedamos comiendo milanesas en una casa. Pero las freían en otra. Desde la otra casa llegaban bandejas interminables de milanesas”, relata Kartun. Y continúa: “La cuarta pared era una ilusión absoluta. Era un teatro cara a cara”. La Podestá comenzó a emerger en el San Martín. Las primeras reuniones eran clandestinas. Los artistas golpeaban en código las puertas de los camarines. “Había algo que trascendía la ingenuidad y que por momentos se volvía negador. Seguíamos haciendo funciones a pesar de que un rato antes volara una unidad básica a la que íbamos a laburar.”
Verzero repasa también la importancia de la visita del brasileño Augusto Boal, creador del Teatro del Oprimido y del Teatro Periodístico, con quien Briski tuvo una profunda polémica. Once al Sur, el grupo de Ciccone, privilegió la estética, a diferencia de los otros grupos. Como cuenta Kartun, en el suyo, todo tenía cierta desprolijidad. Rubens Correa, director del Cervantes, fue uno de los miembros de Once al Sur, que trascendió fronteras y viajó a Estados Unidos y Centroamérica, gozando de reconocimiento internacional. Libre Teatro Libre (LTL), marcado por las movilizaciones cordobesas de los sesenta y surgido en el marco del Departamento de Teatro de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, fue la síntesis entre militancia política y exploración estética. “Nuestra manera de encarar la creación colectiva se tiñe desde el principio con la práctica de los sectores populares marginados de la cultura burguesa”, explicaba el grupo, “brazo teatral del frente cultural del PTR”, en uno de sus manifiestos.
“Debido a la imposibilidad de continuación de un programa (cultural o político) sustentado en el trabajo con las bases, entre 1974 y 1975 todos los colectivos de teatro militante se disolvieron”, sentencia la autora en las conclusiones. Algunos artistas-militantes desaparecieron, otros se exiliaron y las personas dejaron de verse. Hacia el final del libro, Verzero plantea la necesidad de que alguien recoja el guante y continúe su investigación. El teatro comunitario con la vuelta de la democracia y las actuales experiencias que se desarrollan en villas, cárceles y fábricas (fortalecidas desde 2001) serían el correlato del teatro militante con características específicas que ella ubica entre 1969 y 1975.
Briski no puede con su genio, le sale el cuestionamiento. Para él, lo que pasa en el presente es tan importante como lo que sucedió en el pasado y debería figurar en el análisis, pese a que lo considera “muy valioso”. El cree que sigue existiendo el teatro militante con todas las letras. “En la Villa 21 hicimos una obra que se llama Empanada verde. El tema es sorprendente: el acoso político a la población. Cada tanto viene algún evangelista de La Cámpora o de Macri. Es como si no los pudieran dejar tranquilos para que resuelvan sus temas. Todos vienen y no resuelven nada. La obra habla de una señora podrida del acoso, de las alternativas divinas a la pesadilla de la pobreza. La señora tiene una canilla rota y nadie se la arregla”, cuenta el dramaturgo. Los discípulos del actor andan también por Tigre. “El ojo del río –así se llama la obra que hicieron con gente del lugar, escrita por Briski– es un éxito. Se llena siempre. Están pasando muchísimas cosas, aunque un poco invisibles.”
Hoy, cuando le toque su turno, Briski hablará de esta tensión entre historia y presente. Kartun, por su parte, tiene otra opinión: “El teatro militante es una actividad inseparable de aquella época. Por supuesto que puede tomar nuevas formas. Pero aquélla estaba cargada de un fervor inevitablemente ingenuo, sobre todo a la luz de lo que siguió. La actitud negadora frente a los riesgos que nosotros teníamos no se corresponde con la época actual. Si hubiese hoy una actividad de teatro militante no se correspondería con esa condición”. Quizá, la diferencia de puntos de vista sea nada más que conceptual. Cuesta aceptar sin cuestionamientos un término como “teatro militante”, así como genera ruido el de “teatro político”, cuando hoy existe un consenso de que todo es un acto político, de que el teatro lo es sin dudas y de que el sujeto es, necesariamente, político.
Otra persona para responder al interrogante de cuán vivo está hoy el teatro militante es Ricardo Talento, que integró La Podestá y mamó de ese grupo todo lo que desarrolló después: dirige, desde 1987, el grupo Los Calandracas, con el que fundó, en 1996, el Circuito Cultural Barracas. Es uno de los grandes referentes del teatro comunitario. “La Podestá no es un museo. Aunque duró breve tiempo, está presente en la actualidad. Siempre digo que soy su producto conceptual. Duró un año y pico o dos, pero en ese tiempo se establecieron conceptualizaciones sobre la cultura, el derecho del pueblo al arte y la relación del artista con su comunidad que tienen que ver con la tarea que realizo con los vecinos”, dice Talento.
“Sigo utilizando documentaciones de La Podestá, como un escrito de Gené de cuando asumió como presidente de la Asociación Argentina de Actores, que nos sigue atravesando hoy”, recalca. “El teatro comunitario es profundamente político. No es partidario porque eso implicaría violentar a los vecinos. Pero no somos inocentes: sabemos que estamos construyendo política comunitaria.” Cuando 300 vecinos se ponen de acuerdo respecto de lo que quieren contar, se está haciendo política, opina Talento. “Y me sigo asombrando de cómo la comunidad tiene claro de qué hablar.”
Según él, los vecinos tienen capacidades predictivas: Los chicos del cordel anticipó la crisis de 2001, y por eso ha sido hiperanalizada. “No queríamos hablar de tango, sino de las drogas, de la gente que comía en los tachos de basura. Hoy estamos construyendo, se ha rehabilitado el hecho político, la juventud tomó la política como fundamental. Es un buen momento para revisar el cómo de eso. Si no lo hacemos nos encontramos con sorpresas. Me asombro de cómo la comunidad se adelanta a cómo viene la mano”, se explaya el director. “Somos producto de una época. Eramos adolescentes en los sesenta, jóvenes en los setenta. Eso atraviesa al teatro comunitario.”
“Tengo ganas de estudiar el presente. Pero este libro me llevó cinco años. Quedé agotada”, dice la autora. “Por supuesto que hoy podemos seguir hablando de teatro militante, pero entendiendo la militancia como noción coyuntural que se define en cada momento. La militancia hoy es distinta de la de los setenta y de la de los anarquistas de principios de siglo”, concluye.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Una siempre compara y ellos siempre son distintos
No es que sea la primera vez que tengo a un Olivera que parí como alupno: Julián estuvo en mi salón tres años seguidos y sobrevivimos y siempre digo que no sé si él aprendió mucho pero yo, un montón: a adaptar mis consignas, a medir y mejorar mis explicaciones, a retomar, a dar más tiempo.
Pero Ju era más chico y más mansito, Ju y sus amigos y amigas venían a casa y la pasaban bien y, a los 23 años, siguen diciéndome Profe y queriéndome. Rafa es mucho más crítico, mucho más difícil de conquistar, y es nuevo en la escuela y con muchas ideas propias en contra del sistema educativo. Por suerte parece que la literatura y mamita aún tienen una oportunidad.
Pero Ju era más chico y más mansito, Ju y sus amigos y amigas venían a casa y la pasaban bien y, a los 23 años, siguen diciéndome Profe y queriéndome. Rafa es mucho más crítico, mucho más difícil de conquistar, y es nuevo en la escuela y con muchas ideas propias en contra del sistema educativo. Por suerte parece que la literatura y mamita aún tienen una oportunidad.
La vieja de lengua es mi mamá
Y acá estamos con Rafa en 5to 1era Sociales en el Merca: el único 5to año que tengo en la escuela y él va y lo elije. Yo le avisé que me iba a tener y él solito (lo-me) eligió.
Y sí, una orgullo, una ternura, un desafío después de todo el año de peleas y la angustia de que quisiera dejar el cole y que repita y que decida lo que decida poder apoyarlo.
Para mañana les tengo armada una lista de novelas realistas para elegir... Leo La traición de Rita Hayword pensando en Olivera y sus compañeritos nuevos, leo Lengua madre, leo Villa. Y agrego el clásico El juguete rabioso y el exitoso Los pichiciegos y el censurado El cartero de Neruda. Vamos a ver si les gustan.
Qué difícil hacer madre y de profe y ser observada, evaluada, juzgada mientras una finje ser la que tiene el poder de dar tarea y decidir y calificar.
Y sí, una orgullo, una ternura, un desafío después de todo el año de peleas y la angustia de que quisiera dejar el cole y que repita y que decida lo que decida poder apoyarlo.
Para mañana les tengo armada una lista de novelas realistas para elegir... Leo La traición de Rita Hayword pensando en Olivera y sus compañeritos nuevos, leo Lengua madre, leo Villa. Y agrego el clásico El juguete rabioso y el exitoso Los pichiciegos y el censurado El cartero de Neruda. Vamos a ver si les gustan.
Qué difícil hacer madre y de profe y ser observada, evaluada, juzgada mientras una finje ser la que tiene el poder de dar tarea y decidir y calificar.
martes, 18 de marzo de 2014
La literatura como vehículo más poderoso de ese amor y esa fraternidad
Mi propósito personal es éste: hablar, escribir para nosotros. Estaremos más cerca de una liberación verdadera si, en lugar de atender al enemigo, de entrar en su juego de constante competencia y aniquilación, optamos, como las grandes escritoras, por propagar entre nosotros un saber que tienda puentes más allá del tiempo y el espacio y de los muros antiguos y nuevos. Si nos atrevemos a revivir, comprender, y consolar al niño que fuimos; si comprendemos a literatura como el vehículo más poderoso de ese amor y esa fraternidad, y tratamos de escribirla para los que aun hoy, todavía, los necesitan como el agua y el pan.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Cuando cambiar se vuelve una cuestión de vida o muerte
... el varón con poder sólo cambia cuando aquellos de cuya explotación depende consiguen escapar o al menos correrse un poco de lugar, y los dejan sin base. Es decir, cuando cambiar se vuelve, para ellos, una cuestión de vida o muerte, y por fin ven la necesidad de cargo, a solas, de su destino.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
El peligro de su propia disolución
...en cada cosa desconocida con que se confrontan no ven una posibilidad de enriquecerse, sino el peligro de su propia disolución… Prueba de que todavía hay que ir con mucha prudencia: porque no hay nada más violento que un negador acorralado.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Enfermos de pudor
Los muchachos se burlan, por ejemplo de la admiración de los “maricones” por las mujeres escritoras, como si no fuera más que una variación del amor delictual por la madre; no ven que, como señala Wayne Koesterbaum, lo que el “maricón” celebra de las “divas” es un exceso de voz sólo comparable a la magnitud de su propia imposibilidad de decir, y a la tradición perdida que esa voz de diva devuelve, por sorpresa, con vitalidad arrasadora. Los muchachos se ríen de los “maricones” por la franqueza con que éstos quieren expresar sentimientos, asimilándolos mecánicamente al kitsch, que tanto maricón celebra; enfermos de “pudor” (ese mecanismo parecido a la vergüenza pero que va más allá: porque es el castigo autoinflingido a su parte “femenina”) los varones niegan así su propia incapacidad para lidiar con lo que sienten, y esa risa es lo poco que pueden hacer con su desesperación.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Transformar nuestras homéricas cargas de dolor, odio y violencia contenida
Leer a las mujeres fue un modo de transformar nuestras homéricas cargas de dolor, odio y violencia contenida en una fuerza productiva alternativa y nueva. Y quizá llegó el momento de describirla, para no sobrevalorarla y exponerse a un daño mayor. ¿En que consiste, hoy por hoy? En principio, creo que todo maricón que sobrevive a la infancia consigue distanciarse y comprender, no sólo el por qué de las violencias que se ejercían sobre él, sino los terrores e impotencias que también torturan, secretamente, a los violentos.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Subvertir por la poesía la convención masculina
Y si escribir literatura, como dice Gilles Deleuze, es inventar una lengua extranjera dentro de la lengua; y si la tarea de las mujeres ha sido subvertir por la poesía la convención masculina, ¿quién nos lo reveló mejor que Sara Gallardo, con ese Eisejuaz mataco santo o loco que es su alter ego -ese personaje insólito capaz de sugerir, en un lenguaje nuevo, todo aquello que la cultura argentina no había podido nombrar nunca?
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Una experiencia de incomodidad y rebeldía
Por supuesto, detrás de aquella pregunta “pero ¿por qué leés tantas mujeres?” uno creía entender: “no son tan buenas” Pero ya nos dábamos cuenta de que la literatura escrita por mujeres poseía valores que pocos varones podían apreciar. Básicamente, esa capacidad de invención y manejo de herramientas que representaban, más o menos disimuladamente, una experiencia de incomodidad y rebeldía; produciendo esa experiencia única que llamamos arte y que implica no sólo goce estético, sino transformación profunda de la percepción de la realidad.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Como un animal perseguido que descubre de pronto el único lugar del mundo que se parece a su primer cubil
Empezamos a leer escritoras, digamos, “espontáneamente”, como un animal perseguido que descubre de pronto el único lugar del mundo que se parece a su primer cubil; pero fue allí, también casi por sorpresa, donde encontramos permiso para ser lo que se nos había prohibido, y armas para lograrlo.
Para horror de quienes sostienen que lo único importante es el texto, nunca buscamos solamente libros: buscábamos autores cuya experiencia pudiéramos adivinar detrás del enigma de sus obras. ¿Y cómo podía dejar de interesarnos un nombre de mujer en la tapa de un libro, si era la prueba de que alguien, en sociedades aun más opresivas que la nuestra, había hecho algo que los demás no esperaban de ella, y había pagado precios altísimos por hablar, ya que sus contemporáneos no podían comprenderla, con algún “hermano del futuro”, es decir, con nosotros mismos?
Leopoldo Brizuela
Para horror de quienes sostienen que lo único importante es el texto, nunca buscamos solamente libros: buscábamos autores cuya experiencia pudiéramos adivinar detrás del enigma de sus obras. ¿Y cómo podía dejar de interesarnos un nombre de mujer en la tapa de un libro, si era la prueba de que alguien, en sociedades aun más opresivas que la nuestra, había hecho algo que los demás no esperaban de ella, y había pagado precios altísimos por hablar, ya que sus contemporáneos no podían comprenderla, con algún “hermano del futuro”, es decir, con nosotros mismos?
Leopoldo Brizuela
La íntima, infinita vileza del entramado social
Lo perverso del mecanismo de hostigamiento al “maricón” reside en que, como es demasiado fácil ejercer violencia sobre el débil -tanto más cuanto que el propio grupo le ha impedido desarrollar su fuerza-, quien lo agrede demuestra menos su masculinidad que la íntima, infinita vileza del entramado social. Y por eso la violencia contra el maricón se reitera cotidiana, incesantemente, en pos de esa demostración imposible; causando en sus víctimas daños de por vida sobre los que la sociedad de hoy, al fin, parece al fin abrir los ojos. Daños para los que, durante siglos, casi no ha habido otra salida que la lectura.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
El que se aleja de la madre
Dicen los especialistas que en sociedades como la nuestra se “hace varón” el que se aleja de la madre; se echa al varón de la casa, a la escuela o a la calle, para que otro aprendizaje mucho más importante que el que declaran los colegios: la masculinidad, esa condición que es un valor en sí y que le permitirá ocupar, durante el resto de su vida, los espacios de poder del patriarcado.
Leopoldo Brizuela
Leopoldo Brizuela
Brizuela, lector de mujeres
:: COLABORACIONES ::
El derecho a leer a las mujeres
12-03-2014 | Leopoldo Brizuela
“Leer a las mujeres fue un modo de transformar nuestras homéricas cargas de dolor, odio y violencia contenida en una fuerza productiva alternativa y nueva”, dice el autor de Inglaterra. una fábula y de Una misma noche.
Por Leopoldo Brizuela.
Desde que empecé a escribir, y sobre todo, desde que empecé a publicar y a hablar públicamente sobre mis lecturas, amigos, colegas, periodistas, críticos, me han hecho la misma pregunta: ¿por qué leés tantas mujeres? Una pregunta que siempre me perturbó tanto como para contestarla, apenas, con evasivas o subterfugios. Como si decir la verdad –una verdad de la que yo mismo era apenas consciente, a fuerza de no discutirla- pudiera exponerme al peor peligro.
Yo balbuceaba: “Bueno, no te mencioné tantas”. Y era verdad: la recriminación ocurría a la segunda o tercera escritora citada, pero ya eran más de las que el propio interlocutor conocía o juzgaba prudente conocer. Otras veces yo fingía recoger el guante de un duelo del que sabía que desertaría: “Si yo hubiera mencionado sólo escritores varones, ¿vos me lo habrías hecho notar?” Porque era obvio que no. Y ni aun a las autoras mujeres que sólo nombran escritores varones, ni siquiera a las críticas o profesoras que sólo incluyen libros de escritores varones en sus programas, antologías, ensayos, este interlocutor les habría objetado ningún tipo de ignorancia.
Pero yo no respondía, y el otro, envalentonado, como si hubiera desenmascarado una artimaña o una conspiración, remataba: “te pregunto simplemente porque es raro”. Se erigía, en fin, como representante o árbitro de la normalidad, y todo parecía volver a ella. Me había recordado, y era su victoria, la ley que rige para todos, varones y mujeres: sólo el que se disimula sobrevive.
Dos vías
Primera salvedad. Quizá yo no me haya atrevido hasta hoy a contestar claramente esa pregunta, por carecer de otra ayuda que los libros de las mismas escritoras. Porque formular en términos teóricos lo que me habían revelado la inercia de las protagonistas de Jean Rhys y la lucidez de las heroínas de Doris Lessing; demostrar por qué las reflexiones que Simone de Beuvoir o de Adrienne Rich sobre el “segundo sexo” podían también aplicarse a mi experiencia, era una tarea que iba más allá de mis capacidades. Hoy, en cambio, contamos con las teorías sobre la construcción de la masculinidad; y esas teorías pueden ayudarme a explicar cómo la violencia y el terror que corrían soterrados bajo esa escena repetida, echan raíces en la infancia.
Dicen los especialistas que en sociedades como la nuestra se “hace varón” el que se aleja de la madre; se echa al varón de la casa, a la escuela o a la calle, para que otro aprendizaje mucho más importante que el que declaran los colegios: la masculinidad, esa condición que es un valor en sí y que le permitirá ocupar, durante el resto de su vida, los espacios de poder del patriarcado. Como lo explica Ariel Sánchez en Marcar la cancha este aprendizaje se da por dos vías. Por un lado, el varón busca un grupo de varones en el que pueda adquirir y desarrollar fuerza, entendida ésta como la capacidad de ejercer violencia sobre los demás. A través del mecanismo básico de la competencia, y de la medición de fuerzas que ésta posibilita, se establecen las jerarquías dentro del grupo; y la lealtad a éste y a sus jerarquías se entenderá como una verdadera condición de existencia.
Y por otro lado, la construcción de la masculinidad depende del hallazgo de un varón a quien calificar de “maricón”; mediante su hostigamiento permanente, el varón pretenderá demostrar su rechazo de todo lo femenino, es decir, su ya definitivo alejamiento de la madre. Como recordará cualquier persona de mi edad, para los niños de los años sesenta el mote de “maricón” no tenía que ver con la homosexualidad –la mera idea de “sexualidad” era ajena a nuestro mundo – sino con una u otra característica de personalidad que los demás varones identificaban como “femenina”. Eran características sorprendentemente variadas -podían ir de una manera de moverse o de hablar, a un rasgo físico o, precisamente, según me cuentan amigos mayores, a la afición a la lectura-; pero todas parecían vincularse con una carencia de fuerza física, o con una disidencia respecto del uso de la fuerza.
Ahora bien. Lo perverso del mecanismo de hostigamiento al “maricón” reside en que, como es demasiado fácil ejercer violencia sobre el débil -tanto más cuanto que el propio grupo le ha impedido desarrollar su fuerza-, quien lo agrede demuestra menos su masculinidad que la íntima, infinita vileza del entramado social. Y por eso la violencia contra el maricón se reitera cotidiana, incesantemente, en pos de esa demostración imposible; causando en sus víctimas daños de por vida sobre los que la sociedad de hoy, al fin, parece al fin abrir los ojos. Daños para los que, durante siglos, casi no ha habido otra salida que la lectura.
Vida y literatura
Segunda salvedad. Quizá la pregunta ¿por qué leés tantas mujeres? me habría perturbado menos si yo hubiera empezado a hacerlo por algún tipo de estrategia política o deliberación. No. Empezamos a leer escritoras, digamos, “espontáneamente”, como un animal perseguido que descubre de pronto el único lugar del mundo que se parece a su primer cubil; pero fue allí, también casi por sorpresa, donde encontramos permiso para ser lo que se nos había prohibido, y armas para lograrlo.
Para horror de quienes sostienen que lo único importante es el texto, nunca buscamos solamente libros: buscábamos autores cuya experiencia pudiéramos adivinar detrás del enigma de sus obras. ¿Y cómo podía dejar de interesarnos un nombre de mujer en la tapa de un libro, si era la prueba de que alguien, en sociedades aun más opresivas que la nuestra, había hecho algo que los demás no esperaban de ella, y había pagado precios altísimos por hablar, ya que sus contemporáneos no podían comprenderla, con algún “hermano del futuro”, es decir, con nosotros mismos? Si una película nos había iniciado en la compasión por Anna Frank y su muerte trágica, lo que nos cautivó para siempre de su Diario fue su decisión de sostener, ante la asfixia del confinamiento político y familiar, el deseo de dialogar consigo misma, y convertirse, así, en una escritora. Si una canción compuesta por dos varones nos había hablado del suicidio de Alfonsina Storni; la solapa del primer libro de ella que pedimos que nos compraran nos llevó a leer cada uno de sus poemas como otra creación no deseada por los hombres y salvada de su vigilancia omnímoda.
Por supuesto, detrás de aquella pregunta “pero ¿por qué leés tantas mujeres?” uno creía entender: “no son tan buenas” Pero ya nos dábamos cuenta de que la literatura escrita por mujeres poseía valores que pocos varones podían apreciar. Básicamente, esa capacidad de invención y manejo de herramientas que representaban, más o menos disimuladamente, una experiencia de incomodidad y rebeldía; produciendo esa experiencia única que llamamos arte y que implica no sólo goce estético, sino transformación profunda de la percepción de la realidad. Así, aunque pocos varones pudieran comprenderlo, una sola frase de Carson McCullers, apenas la primera de su primera novela: “En el pueblo había dos mudos y estaban siempre juntos” podía generar una experiencia estética infinitamente más rica que todos los cuentos de Ernest Hemingway, con sus alardes de macho que se foguea entre soldados, mafiosos, cazadores y toreros.
Y si escribir literatura, como dice Gilles Deleuze, es inventar una lengua extranjera dentro de la lengua; y si la tarea de las mujeres ha sido subvertir por la poesía la convención masculina, ¿quién nos lo reveló mejor que Sara Gallardo, con ese Eisejuaz mataco santo o loco que es su alter ego -ese personaje insólito capaz de sugerir, en un lenguaje nuevo, todo aquello que la cultura argentina no había podido nombrar nunca?
Una fuerza secreta
Creo que ya puedo empezar a responder. Leer a las mujeres fue un modo de transformar nuestras homéricas cargas de dolor, odio y violencia contenida en una fuerza productiva alternativa y nueva. Y quizá llegó el momento de describirla, para no sobrevalorarla y exponerse a un daño mayor. ¿En que consiste, hoy por hoy? En principio, creo que todo maricón que sobrevive a la infancia consigue distanciarse y comprender, no sólo el por qué de las violencias que se ejercían sobre él, sino los terrores e impotencias que también torturan, secretamente, a los violentos.
En este sentido, desde muy temprano he visto a mis compañeros escritores como los niños que fueron, empeñados en la agotadora tarea de demostrar su poder ejerciéndolo de aquellas mismas dos maneras. Mírenlos en cualquier congreso de literatura: cómo se camuflan, como compiten, cómo intentan seducir: sobreactúan su masculinidad, acaso porque la poesía, convengamos, no es la habilidad que un coronel de caballería quisiera para su primogénito. Escúchenlos hablar –quizá sería excesivo pedirles que dialoguen con ellos-. Formateados por el fútbol, su primera preocupación ha sido integrarse a “un equipo” bajo el ala de un “director técnico” que les dijera qué y cómo escribir de modo que cada frase, cada palabra, diera testimonio de sus atributos viriles. Y hablan del “campo literario” como de la cancha en donde han salido a jugar un campeonato permanente; y de ganar premios como de “hacer un centro”, y de “meter” libros en una editorial importante, o un artículo en un medio masivo, como quien habla de goles. Y es cierto que cada tanto nombran a escritoras, cómo no; pero son siempre aquellas que, alegres convictas de la parcela que la cultura les asignó, le sirven para ejemplificar viejas categorías, aquellas que hasta los vivan y alientan como las porristas más sofisticadas de la historia.
Y en segundo lugar, guiados por aquellos “directores técnicos” que son siempre grandes humilladores, los muchachos se aplican a señalar a “los maricones de la literatura”-ésos que no se debe ser- ; y a la literatura “maricona” – aquello que no se debe escribir. Hoy como ayer, lo “maricón” no tiene que ver necesariamente la elección sexual de un escritor, sino con aquellas características que se corresponden los estereotipos de lo femenino; características tan asombrosamente variadas como para pertenecer a campos tan distintos y vastos de la cultura que, a fuerza de rechazarlos, la mayoría de los varones destaca por una ignorancia sobrecogedora. Pero volviendo a nuestro tema. Los muchachos se burlan, por ejemplo de la admiración de los “maricones” por las mujeres escritoras, como si no fuera más que una variación del amor delictual por la madre; no ven que, como señala Wayne Koesterbaum, lo que el “maricón” celebra de las “divas” es un exceso de voz sólo comparable a la magnitud de su propia imposibilidad de decir, y a la tradición perdida que esa voz de diva devuelve, por sorpresa, con vitalidad arrasadora. Los muchachos se ríen de los “maricones” por la franqueza con que éstos quieren expresar sentimientos, asimilándolos mecánicamente al kitsch, que tanto maricón celebra; enfermos de “pudor” (ese mecanismo parecido a la vergüenza pero que va más allá: porque es el castigo autoinflingido a su parte “femenina”) los varones niegan así su propia incapacidad para lidiar con lo que sienten, y esa risa es lo poco que pueden hacer con su desesperación. Porque están desesperados, es evidente: habiendo “naturalizado” su ignorancia hasta sentirla como un rasgo de su propia identidad; en cada cosa desconocida con que se confrontan no ven una posibilidad de enriquecerse, sino el peligro de su propia disolución… Prueba de que todavía hay que ir con mucha prudencia: porque no hay nada más violento que un negador acorralado.
Una necesidad y un derecho
Una necesidad y un derecho
En fin, ¿por qué leemos a las mujeres? Porque es una necesidad, quizá nuestra necesidad más profunda, y donde hay una necesidad hay un derecho. Porque ese derecho es el de toda una tradición que sobrevive, fortalece y se libera cuando leemos y respondemos a la lectura con nuestras propias obras Y porque, por mucho que intenten convencernos de que todo cambió, como si la utopía del viejo feminismo hubiera sido la única alcanzada, el cambio sólo afecta a la superficie de lo social, no al sustrato de las costumbres y al estrato profundo de las mentes.
¿Cómo se explica que, en una época en que ya nada dificulta el libre intercambio sexual entre dos personas adultas, los varones sigan haciendo florecer, en secreto, como tratantes pero también como clientes, la explotación sexual? No menos misteriosa resulta otra evidencia: aunque muchos de los grandes libros de todas las literaturas hayan sido escrito por mujeres, y aunque las mujeres sean mayoría en las carreras de letras, las editoriales, los talleres literarios, etc. la presencia de mujer en la literatura aun sigue considerándose una anomalía?
¿Qué hacer con esta ceguera de los varones? Hay quien piensa que el cambio es imposible, o sólo posible en el caso de una remotísima mutación genética, y que nuestra tarea es combatir, aunque la manera de hacerlo resulte bastante inconcebible y, como sea, la disparidad de fuerzas todavía nos asegure una derrota inmediata. Otros sostienen que el camino es persuadir, olvidando que la persuasión, como señala Hanna Arendt, sólo es posible entre dos seres humanos en pie de igualdad, sin otra arma que la excelencia de sus argumentos. Incapaz de arriesgar un sólo consejo, me limito a señalar una comprobación: el varón con poder sólo cambia cuando aquellos de cuya explotación depende consiguen escapar o al menos correrse un poco de lugar, y los dejan sin base. Es decir, cuando cambiar se vuelve, para ellos, una cuestión de vida o muerte, y por fin ven la necesidad de cargo, a solas, de su destino.
Mi propósito personal es éste: hablar, escribir para nosotros. Estaremos más cerca de una liberación verdadera si, en lugar de atender al enemigo, de entrar en su juego de constante competencia y aniquilación, optamos, como las grandes escritoras, por propagar entre nosotros un saber que tienda puentes más allá del tiempo y el espacio y de los muros antiguos y nuevos. Si nos atrevemos a revivir, comprender, y consolar al niño que fuimos; si comprendemos a literatura como el vehículo más poderoso de ese amor y esa fraternidad, y tratamos de escribirla para los que aun hoy, todavía, los necesitan como el agua y el pan.
Muñecas chancay
Las muñecas chancay provienen de una civilización preincaica que se desarrollo en los valles de Chancay, Chillón, Lurín y Rimac, en la costa central del Perú, entre los años 1200 -1400 D.C.
Las mismas eran confeccionadas partiendo de armazones de junco, se las forraba con hilos de colores y se las vestía con trajecitos hechos de prendas elaboradas especialmente para tal fin. No eran juguetes (pese a su aspecto de muñeca de trapo para juegos infantiles), sino objetos de valor mágico-religioso, es por ello que se las ha encontrado en las tumbas, atadas alrededor de las momias a veces formando escenas de la vida del difunto o de personas allegadas y queridas, que de este modo les acompañaban en la otra vida.
Las mismas eran confeccionadas partiendo de armazones de junco, se las forraba con hilos de colores y se las vestía con trajecitos hechos de prendas elaboradas especialmente para tal fin. No eran juguetes (pese a su aspecto de muñeca de trapo para juegos infantiles), sino objetos de valor mágico-religioso, es por ello que se las ha encontrado en las tumbas, atadas alrededor de las momias a veces formando escenas de la vida del difunto o de personas allegadas y queridas, que de este modo les acompañaban en la otra vida.
Oiga, muchacha, nada es lo que parece
No espero agradarte
Tal vez sí a la madre hoy tierra de nadie
Tal vez a la muerte pa que hoy no me aguarde.
FÉMINA
Tal vez sí a la madre hoy tierra de nadie
Tal vez a la muerte pa que hoy no me aguarde.
FÉMINA
Yo nada que ver
Mijita escucha una banda que se llama Féminas, otra Las taradas, a Sara Hebe y a Miss Bolivia. Yo me hago la desentendida.
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Lunes por la madrugada...
Yo cierro los ojos y veo tu cara
que sonríe cómplice de amor...
que sonríe cómplice de amor...



























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