De repente creés que sí podés confiar plenamente en esa persona, que podés bajar la guardia, darlo todo, darte toda. Y no. Era no más que le venías viniendo bien, que le servías para sus fines, que estabas diciendo todo que sí y sonriendo mucho. Basta que digas esto no para que lance el manotazo de nuevo, para que su violencia te golpee aunque ya no te agarre de sorpresa, para que te conviertas en un monstruo al que poner límites y vos entiendas. Sí, ya entiendas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario