De repente alguien me contesta mal, me tira una que no me esperaba, me enchufa su violencia desubicada. Y me avivo que ni elles entienden por qué saltan así, que no es premeditado, que blanquear la situación, reclamar, poner límites explícitos y dialogados es peor, peor se ponen porque les entendés, les explicás, les mostrás su propio lado desconocido. Así que, sin caer en la didáctica ni en la victimización, mejor huir calladita calladita, invisible, leve.
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